Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.

jueves, 2 de marzo de 2017

"Soldados de las ideas: una visión crítica de la batalla cultural".

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Muchos andan enfrascados en la batalla cultural, ya sea en nombre de la igualdad, de la libertad, de la tradición o de la identidad. Yo mismo asumí con gusto ese papel en numerosas ocasiones, y no descarto volverlo a asumir en el futuro, pero ahora mismo me resulta de lo más tedioso. Ser soldado a tiempo completo exige una completa dedicación, así como asumir una fe cuasi religiosa en la bondad y necesidad de tu causa, lo que te impide librar otras batallas. Y a eso es a lo que yo no estoy dispuesto a renunciar; me interesan tanto o más esas otras batallas: la filosófica por la ´reforma del entendimiento`, o la moral, entendiendo por ésta la que busca mejorar la convivencia en el seno de un grupo establecido (a diferencia de la ética, cuyo objeto, siguiendo la definición clásica, sería el individuo). Y es que estas dos últimas batallas son incompatibles con la anterior siempre que ésta, la de las ideas, se asuma de forma íntegra (o más valiera decir “integrista”). Porque no es otra cosa sino integrismo el dedicarse en cuerpo y alma a defender una idea, una forma de ver el mundo, pero contra al mundo, es decir, desatendiendo todo interés, y por tanto eludiendo toda responsabilidad, por esa dimensión filosófica y moral. Es como pretender reformar a todos los demás y negarse a reformarse uno mismo. Es como pugnar por que otros cedan en tu favor sin estar dispuesto tú a ceder ni un ápice en el suyo. No sólo implica una especie de autismo, sino también una gran dosis de inmadurez. Yo contra el mundo..  “Yo, que me basto a mí mismo, pues nada que sea verdad está fuera de mí, proclamo mi evangelio".. Yo soy El CaminoPorque si los demás parecen empeñarse en hacer caso omiso de esta "revelación", de la que tan generosamente les hago partícipes, no contemplo otra reacción que no sea redoblar los esfuerzos: volver a la carga todavía más enconado. Y aquí ya me distingo poco del que intenta derribar un muro a cabezazos.

Porque ese sería el perfil del soldado en la llamada “batalla de las ideas” o “batalla cultural”. Es el perfil de un miope que persigue incansablemente a astigmáticos, hipermétropes y daltónicos, cada vez más frustrado porque no reconocen sus defectos visuales. No es otra, al menos, la impresión que uno recibe cuando comprueba cuáles son las cuitas y los interrogantes que quitan el sueño a esos batalladores de las ideas, da igual la trinchera a la que pertenezcan. Son tribus que, cuanto más se encierran en sí mismas, más se reafirman en su condición de iluminadas, y cuyas tribulaciones giran todas en torno a resolver el enigma de “cómo es que todavía la mayor parte de mortales no ha visto la luz”. Y es que el soldado plenamente inmerso en esta batalla de las ideas se asemeja al hombre plenamente inserto en La Caverna, sólo que éste del que hablamos conoce el Mito de Platón y precisamente cree ser él quien ha escapado de ella, por lo que es todavía más difícil persuadirle de su error. Volviendo a la analogía anterior, es como intentar convencer al miope de que, por más que haya astigmáticos, hipermétropes y daltónicos, ello no garantiza que quien no posea ninguno de esos defectos vea perfectamente, es decir, que no padezca otro distinto.

Por ello mi valoración de lo que implica la batalla cultural será negativa siempre que no resulte ésta complementada u orientada por aquellas otras coordenadas, que a su vez constituyen también batallas: la filosófica, que perseguiría la reforma (el estudio y la mejora) del entendimiento; y la moral, que también buscaría mejorar el entendimiento, pero en este caso no el del individuo, sino entre los individuos. Y es que el propósito de esta última batalla, quizá la más ardua, es la resistencia a convertirnos en mónadas, como las de Leibniz. Porque hacia ese infierno caminamos –si les sorprende que lo califique así, recuerden el relato de ´Johnny cogió su fusil`- cada vez que asumimos la batalla de las ideas al modo militante o "evangélico", enviando al mundo el mensaje tácito de “si no me haces caso, no quiero saber nada de tí”.
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