Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.

jueves, 2 de marzo de 2017

"Soldados de las ideas: una visión crítica de la batalla cultural".

~
Muchos andan enfrascados en la batalla cultural, ya sea en nombre de la igualdad, de la libertad, de la tradición o de la identidad. Yo mismo asumí con gusto ese papel en numerosas ocasiones, y no descarto volverlo a asumir en el futuro, pero ahora mismo me resulta de lo más tedioso. Ser soldado a tiempo completo exige una completa dedicación, así como asumir una fe cuasi religiosa en la bondad y necesidad de tu causa, lo que te impide librar otras batallas. Y a eso es a lo que yo no estoy dispuesto a renunciar; me interesan tanto o más esas otras batallas: la filosófica por la ´reforma del entendimiento`, o la moral, entendiendo por ésta la que busca mejorar la convivencia en el seno de un grupo establecido (a diferencia de la ética, cuyo objeto, siguiendo la definición clásica, sería el individuo). Y es que estas dos últimas batallas son incompatibles con la anterior siempre que ésta, la de las ideas, se asuma de forma íntegra (o más valiera decir “integrista”). Porque no es otra cosa sino integrismo el dedicarse en cuerpo y alma a defender una idea, una forma de ver el mundo, pero contra al mundo, es decir, desatendiendo todo interés, y por tanto eludiendo toda responsabilidad, por esa dimensión filosófica y moral. Es como pretender reformar a todos los demás y negarse a reformarse uno mismo. Es como pugnar por que otros cedan en tu favor sin estar dispuesto tú a ceder ni un ápice en el suyo. No sólo implica una especie de autismo, sino también una gran dosis de inmadurez. Yo contra el mundo..  “Yo, que me basto a mí mismo, pues nada que sea verdad está fuera de mí, proclamo mi evangelio".. Yo soy El CaminoPorque si los demás parecen empeñarse en hacer caso omiso de esta "revelación", de la que tan generosamente les hago partícipes, no contemplo otra reacción que no sea redoblar los esfuerzos: volver a la carga todavía más enconado. Y aquí ya me distingo poco del que intenta derribar un muro a cabezazos.

Porque ese sería el perfil del soldado en la llamada “batalla de las ideas” o “batalla cultural”. Es el perfil de un miope que persigue incansablemente a astigmáticos, hipermétropes y daltónicos, cada vez más frustrado porque no reconocen sus defectos visuales. No es otra, al menos, la impresión que uno recibe cuando comprueba cuáles son las cuitas y los interrogantes que quitan el sueño a esos batalladores de las ideas, da igual la trinchera a la que pertenezcan. Son tribus que, cuanto más se encierran en sí mismas, más se reafirman en su condición de iluminadas, y cuyas tribulaciones giran todas en torno a resolver el enigma de “cómo es que todavía la mayor parte de mortales no ha visto la luz”. Y es que el soldado plenamente inmerso en esta batalla de las ideas se asemeja al hombre plenamente inserto en La Caverna, sólo que éste del que hablamos conoce el Mito de Platón y precisamente cree ser él quien ha escapado de ella, por lo que es todavía más difícil persuadirle de su error. Volviendo a la analogía anterior, es como intentar convencer al miope de que, por más que haya astigmáticos, hipermétropes y daltónicos, ello no garantiza que quien no posea ninguno de esos defectos vea perfectamente, es decir, que no padezca otro distinto.

Por ello mi valoración de lo que implica la batalla cultural será negativa siempre que no resulte ésta complementada u orientada por aquellas otras coordenadas, que a su vez constituyen también batallas: la filosófica, que perseguiría la reforma (el estudio y la mejora) del entendimiento; y la moral, que también buscaría mejorar el entendimiento, pero en este caso no el del individuo, sino entre los individuos. Y es que el propósito de esta última batalla, quizá la más ardua, es la resistencia a convertirnos en mónadas, como las de Leibniz. Porque hacia ese infierno caminamos –si les sorprende que lo califique así, recuerden el relato de ´Johnny cogió su fusil`- cada vez que asumimos la batalla de las ideas al modo militante o "evangélico", enviando al mundo el mensaje tácito de “si no me haces caso, no quiero saber nada de tí”.
~

miércoles, 1 de febrero de 2017

"El mito del librepensamiento y el complejo de Sheldon Cooper".

~
Imagina que todos lleváramos lentillas de distinta graduación pero todas ellas mal graduadas, y que, no siendo conscientes de ello, nos pasáramos el día intentando persuadir a los demás de que son miopes, tras comprobar que no perciben los objetos de igual modo que nosotros. Esto es exactamente lo que ocurre con los llamados “prismas” o “filtros” ideológicos.

A veces nos cuesta comprender que otros tengan una imagen del mundo tan alejada de la nuestra, que vean “otra realidad” casi opuesta a la que vemos nosotros. Pero no es tan difícil entender el porqué: ese mundo y esa realidad serán siempre inconmensurables, con lo que nos va a ser imposible formarnos un concepto de ellos sin algún criterio que oriente nuestra atención hacia unos puntos u otros de ese espacio inagotable, sin alguna forma de discriminar lo sustancial de lo superfluo, de separar el grano de la paja. Y en lo que cada cual entienda por “grano” y por “paja” está justo el quid del asunto, y en ello consistirá toda la dificultad de lograr un consenso.

En ciencias sociales existe una tentación constante de creer que ya se ha dicho la última palabra, seguramente debido a que nuestro cerebro, en el proceso evolutivo, fue programado para buscar certezas a cualquier precio. Sin embargo, la vaguedad y falibilidad inherente a estas “ciencias” nos obliga a ser en extremo cautos, en extremo humildes, y a concienciarnos de que el camino siempre está por hacer y de que hasta las teorías que aparentemente resultan más satisfactorias para interpretar la realidad contienen no pocas lagunas que llenar y no pocas aristas que pulir.

De ese choque entre nuestro insaciable hambre de certeza y la extrema dificultad que supone alcanzarla es de donde surge, imagino, aquel sesgo tan extendido entre intelectuales y menos intelectuales que me gusta llamar “complejo de Sheldon Cooper”: si los opiniones de los demás difieren de las nuestras sólo puede deberse a que no están a nuestra altura intelectual; una explicación conveniente que nos ahorra someter nuestras teorías a una validación más amplia, más exigente. Al apresurarnos a suponer que las explicaciones causales que sostenemos son las óptimas, nos apresurarnos a suponer también que aquel que sostiene otras distintas no puede sino acusar una estrechez de miras o bien no haber alcanzado todavía el nivel de comprensión en que nos hallamos nosotros. Se trata de un razonamiento ad hoc, el tipo de justificación que buscan y siempre encuentran las personalidades ególatras, más pendientes de afirmarse a sí mismas que de expandir genuinamente su entendimiento del mundo y de los fenómenos que lo conforman

Debe precisarse, empero, que la descripción de este tipo psicológico corresponde a un modelo ideal, por lo que no será raro encontrar trazos o manifestaciones del mismo en todos nosotros.


No podemos menos que reconocer en este “complejo” una tentación demasiado poderosa como para no caer en ella más veces de las que desearíamos. 

Porque la cruda verdad es que todos somos parcialmente "miopes": todos llevamos puestas nuestras “gafas ideológicas”; y los que más presumen de carecer de ellas, probablemente sean los más ideologizados de todos. 

Desconfiad, pues, de todo aquel que os dice: “esto no es ideología, son hechos”; porque “hechos” hay muchos, pero la mera selección o presentación de los mismos ya está guiada necesariamente por un filtro concreto: no existe ni puede existir jamás una selección “neutral”; una aproximación neutral en realidad implicaría carecer de criterio, por tanto, no seleccionar en absoluto, sino presentar todos los hechos en bruto (suponiendo que eso fuera posible). 

Y si, como digo, es necesario poseer un criterio de selección, es necesario también mantener una postura teórica, sea ésta más “flexible” o más “rígida”. En realidad no nos referimos a otra cosa que a esa “flexibilidad” cuando calificamos a alguien de “librepensador”. Pero no hay librepensamiento como tal, en el sentido de “estar por encima de ideologías”. Lo que hay son heterodoxias, o posturas que intentan ser lo menos sectarias posible, pero ninguna de ellas deja de ser ideológica.

Me temo, por ello, que estamos frente a otro mito que convendría derribar. Yo mismo he querido auto-titularme en ocasiones como "librepensador"; pero finalmente he caído en la cuenta de que el mismo concepto arrastra una ingenuidad y una arrogancia notables. Muchos lo asociamos en su momento con superar la (engañosa) dicotomía entre "izquierda" y "derecha"; pero lo cierto es que ya existen posiciones ideológicas establecidas que no pueden englobarse en ninguno de esos dos conjuntos, bien porque incluyen ideologemas contenidos en ambos o bien porque dan lugar a otros nuevos. Ejemplos de ello son el liberalismo y el tercer-posicionismo. 

Y es que, aun en el caso de no reconocernos enteramente bajo ninguno de los rótulos canónicos (conservadurismo, progresismo, liberalismo, socialismo..), jamás podremos afirmar que estemos a salvo de toda influencia, que no nos basemos en criterio alguno, o que no suscribamos ninguna de las posiciones que unos u otros mantienen. Y es en ese sentido que es imposible concebir un “pensamiento libre”, flotando en el aire sin asidero alguno, un pensamiento que se ha creado a sí mismo, como el dios del Antiguo Testamento.

Lo único que hay son formas de pensamiento más informadas o más desinformadas, más vulgares o más sofisticadas, más dogmáticas o más escépticas; pero ahí acaba toda distinción; por lo demás, ninguna de ellas deja de ser ideológica. Sí, puede que algunos seamos más exigentes, más críticos, menos conformistas.. que a la hora de “comprar un paquete ideológico” no nos contentemos con los “paquetes estándar” que vemos en los supermercados (rojo o azul/progre o facha) y vayamos a tiendas especializadas donde uno escoge cuidadosamente ideologemas de unas y otras procedencias y “se construye” su propia ideología. Bien, pero de todos modos hemos adoptado un sistema de pensamiento, por más heterodoxo y minoritario que sea.

Lo demás… es pura metafísica.

~
Afirmar que careces de ideología es un pretexto para permanecer en la zona de confort y vacunarte contra todo escepticismo, tan necesario éste para evitar convertirte en la peor clase de ignorante: aquel que cree que no le queda nada por aprender. El librepensamiento es el subterfugio mediante el que camuflamos una postura ideológica, y por tanto subjetiva, presentándola como de mero sentido común, y por tanto objetiva. Así, el insondable misterio de que haya gente que no comparte nuestra opinión será finalmente explicado, bien por falta de empatía o de conciencia social (subterfugio típico de las izquierdas), bien por miedo a ser políticamente incorrecto (subterfugio típico de las derechas y los neofascismos), o bien por carecer de recto entendimiento y genuína comprensión del mundo (Complejo de Cooper propiamente dicho, y a su vez subterfugio típico del liberalismo).
~

sábado, 12 de noviembre de 2016

"NATURALEZA Y CIVILIZACIÓN" (I)

~
El Mito de La Naturaleza.

En este espacio nos hemos dedicado con frecuencia a desmontar los grandes mitos de la Modernidad, así como a descubrir su genealogía en mitos pre-modernos, haciendo especial hincapié en la secularización de conceptos religiosos que, inadvertidamente, asume la mayoría como ideas perfectamente racionales y “científicas”, Nos hemos dedicado, en suma, a despertar al hombre contemporáneo de su pretensión de ser incomparablemente más racional (o menos supersticioso) que sus antecesores.

El mito que nos hemos propuesto demoler en esta ocasión es quizá uno de los que más determinan nuestra concepción actual del mundo. Es además el que probablemente tenga más alcance, en cuanto afecta o distorsiona nuestro juicio en un mayor número de cuestiones. Es, por ello, a la vez el que más urge desmontar y el que más resistencia opone a serlo finalmente. Nos referimos, como ya adelanta el encabezamiento, al mito de “La Naturaleza” como opuesta a “La civilización”, y lo que es más problemático aún, al mismo ser humano.
Vista del Real Palacio de Riofrio, Fernando Brambilla, 1830.
El Mito de La Naturaleza, bien como un ente amenazador, bien como
un lugar de armonía y reencuentro con nuestras raíces, empieza a
tomar la forma actual dentro del Romanticismo.

En los siglos en que la hegemonía estaba en manos de la Iglesia de Roma, y más tarde de las diversas sectas protestantes, se consideraba al Hombre “tocado por La Gracia Divina”, y era esto lo que le situaba por encima del resto de seres y de algún modo lo “apartaba del Reino Natural”.

Como explica y fundamenta Gustavo Bueno en ´El Mito de la Cultura`, esa idea religiosa del Reino de La Gracia se corresponde de manera sorprendente con la idea secular de Reino de La Cultura. Es por ello que el autor sostiene, y yo con él, que se trata de un mito oscurantista; esto es, un mito que sirve para confundir y no para aclarar.

Porque la confusión es, a estas alturas, morrocotuda. Cosa que se mostrará a las claras tan pronto intente usted responder a las siguientes preguntas:

¿Qué separa realmente a la Naturaleza de la Civilización, a la biología de la cultura? ¿No será tan sólo una impostura, una conceptualización artificial? ¿Qué es, por cierto, lo artificial y lo natural? 

Los urbanitas acostumbramos a vernos como seres “alejados de la Naturaleza”. ¿Pero de qué naturaleza? ¿Acaso decimos lo mismo del ave en su nido, de la hormiga en su hormiguero, del castor en su presa, o incluso del caracol o la tortuga en su concha?

Si la vida se muestra cada vez más diversa y más compleja, ¿no son nuestra civilización, nuestra tecnología y nuestra ciencia una forma más sofisticada de “concha”, de “nido” o de “presa”?

El lugar común reza que los habitantes de la ciudad estamos “desnaturalizados”, a diferencia de los habitantes del medio rural, que están más “en contacto con La Naturaleza”. Pero dado que la “Naturaleza” con mayúsculas no es sino un mito, a no ser que incluyamos al homo sapiens junto a todas sus obras “artificiales” en ella; es decir, a no ser que entendamos “Naturaleza” como sinónimo de “Universo” –o Multiverso-, es decir, de “todo lo existente”, la expresión únicamente podría adoptar la forma subjetiva: “en contacto con su naturaleza”. ¿Y cuál es nuestra naturaleza? Si mantenemos la perspectiva que defendemos aquí, el entorno natural o “ecosistema” del urbanita es la ciudad, como el del pueblerino es el campo. Pero suponiendo que aceptamos la validez de esa idea de “Naturaleza” en la que no se incluyen las obras humanas, ¿cómo exactamente se aleja o se aísla el urbanita de ella? Podríamos decir que lo hace levantando muros, pavimentando el suelo y construyendo carreteras, además de otras invenciones más recientes que, por otra parte, ya empiezan a ser tan comunes en el mundo rural como en el urbano (véase: los alcantarillados, las tuberías, las neveras, las farolas, los edificios de varias plantas, los urinarios, los lavabos, los teléfonos, televisores y ordenadores). Pues bien, ¿en qué se diferencia esto, en esencia, de la forma en que el ave se aísla en su nido, la hormiga en su hormiguero, e incluso el caracol en su concha? (porque aunque no sea esta última una creación cultural, de todos modos le aísla). ¿Cuál es exactamente el punto de corte entre la tecnología y la cultura desarrollada por los grandes simios, así como por los castores, por los elefantes o por los delfines, y la evidentemente mucho más compleja que nuestra especie ha llegado a desarrollar a día de hoy? Y la precisión temporal no está de más, teniendo en cuenta que esos “modos de vida natural” no sólo se identifican con lo rural, sino también con las “comunidades primitivas”. Y si ese fantasmal punto de corte entre lo “natural” y lo “artificial” rebasa incluso el punto de corte (no fantasmal pero sí arbitrario) entre nuestra especie y todas las demás, tenemos que acabar por concluir que, de existir, se encontraría en algún punto –de nuevo arbitrario- entre el “hombre antiguo” y el “hombre moderno”. ¿El calzado, la rueda y el arado pueden concebirse todavía dentro de la denominación “modo de vida natural”? ¿Es la imprenta, la pólvora o la máquina de vapor lo que nos aleja definitivamente de las “comunidades primitivas” que viven “en equilibrio con la Naturaleza”?

Gustavo Bueno. Filósofo español creador de todo un
sistema de pensamiento: el Materialismo filosófico.
El mito se extiende por tanto a una parte de la historia de nuestra especie y a una parte de las comunidades etno-culturales que existen a día de hoy. Y, en cuanto esos “modos de vida natural” (o arcaicos) logran acogerse a élson sacralizados junto a esa Naturaleza no sólo idealizada sino contrapuesta dialécticamente al “hombre moderno”. Este último resultará otro concepto clave en la cosmovisión dualista que aquí ponemos en cuestión, no menos vago que el de Naturaleza y, por ello, no menos engañoso; cosa que tiende por desgracia a traducirse en “apto para engañar y conquistar a las masas”. De ahí la importancia de aclarar los conceptos y el tan útil rol que cumple, por más que digan, la filosofía. Algo parecido hubiera dicho, o nos habría gritado mientras nos llamaba “imbéciles” -genio y figura-, el ya citado Gustavo Bueno. De su también mencionada obra ´El mito de la Cultura` es este extracto que, espero, ilumine un poco estas reflexiones:
«En el “todo complejo” que es la cultura (...) no sólo se contienen formas admirables, dignas de suscitar el entusiasmo, sino también formas repugnantes, que habrá que considerar, antes que como expresión de cualquier espíritu creador, como delirio de un animal enfermo.»
Y exactamente el mismo juicio podrá hacerse sobre la Naturaleza, algo previsible teniendo en cuenta que son mitos análogos. De ahí que la exhortación a la conservación, sea de formas naturales o de formas culturales, resulte un mandato contra el que cabe rebelarse por arbitrario e irracional, además de anti-vital. ¿Por qué debe conservarse lo que no sirve, lo que entorpece, y menos aún lo que destruye, impide o amenaza el desarrollo de otras formas de vida? 

La sacralización de la Naturaleza o la sacralización de la Cultura son puro espiritualismo, y por ello es que podemos acusarlas de anti-vitales. Tanto la Naturaleza como la Cultura se abren paso constantemente a través de la destrucción de parte de lo que las contiene. 

Nada es sagrado, todo es contingente. Empeñarse en conservarlo todo intacto equivale a defender la parálisis e impedir todo progreso.

Los ecosistemas y las culturas son sistemas dinámicos. Nada más absurdo que pretender que se tornen estáticos. Todo fluye, nada permanece: esa es la máxima de la evolución y de la vida. Ocurre que, como seres finitos, nos cuesta asumirlo y queremos formarnos la ilusión de algo permanente, pero tan siquiera las células que nos constituyen hoy son las que nos constituyeron ayer.

El ecologismo es una rebelión contra la Naturaleza y una negación de la misma, ya que exhorta a la conservación mientras que las leyes de la vida implican transformación permanente: un ciclo eterno de creación y destrucción.

Seguro que tras afirmaciones tan tajantes, tras semejante serie de aforismos que por su radicalidad podrían otorgarse al mismo Nietzsche se han quedado ustedes pensado que quien escribe ésto posee un ego comparable al del sajón y probablemente una cordura tan frágil como la suya. Sin embargo, mi intención era precisamente provocar, tanto en el plano moral como en el intelectual; cosa que constituye el núcleo de lo que me gusta llamar ´Método Socrático-Nietzschiano`, que a mi modo de ver sería un eficiente "truco" o "atajo" para fomentar el espíritu crítico o científico, en cuanto nos colocara frente a perspectivas que, por novedosas y “ofensivas”, nos forzaran a replantearnos convicciones (o convenciones) que ya teníamos interiorizadas (o esclerotizadas).

Porque, una vez más, esa es o debería ser la función de la filosofía. Por ello me interesa dejar meridianamente claro que la intención de este texto no es defender la “explotación de la Naturaleza” o cualquier otro perentorio fin instrumental, sino mostrar perspectivas alternativas a las más habituales que nos inspiren provechosas reflexiones, todo ello con el objetivo de avanzar en nuestro pensamiento y en nuestra comprensión del entorno y de nosotros mismos.

Mi propósito no es por tanto que dejen ustedes de ser ecologistas, en el caso de que se adscriban a esa etiqueta, sino mostrar que hay una contradicción en que se nos inste por un lado a respetar a "nuestros hermanos los animales" -cosa que comparto, al menos a grandes rasgos- y que por el otro se considere al ser humano como "algo aparte" del resto de seres, una especie de "intruso en la Naturaleza".

Pero el motivo que nos ha llevado a mantener esta cosmovisión no es otro, en el fondo, que el mismo que en otro tiempo nos llevó a defender nuestra supremacía y derecho a dominar a esa “Naturaleza”. Porque la confusión de origen no radica en la posición moral que asumamos frente a ella sino en el hecho de concebirla como algo ajeno, separado ontológicamente de nuestra especie, la cual no hemos dejado de considerar “especial”, sea la connotación de ese adjetivo positiva o negativa. Ya el propio lenguaje nos alerta de la trampa inherente a concebirnos de tal modo. Pues, ¿qué es lo que nos hace considerarnos tan especiales, sea para bien o para mal?; sea para auto-otorgarnos el derecho a “reinar sobre el resto de criaturas” o sea para fustigarnos continuamente por concebir nuestra existencia como una maldición para esas otras criaturas y sus ecosistemas, que de no ser por nosotros seguirían su curso “natural”.
En ocasiones se ha comparado a los grandes edificios de varias plantas 
con los termiteros. Esta simple metáfora nos obliga  a cuestionar la idea 
de que el urbanita o el hombre moderno esté "aislado de La Naturaleza".

Lo primero que debería traerse a colación es que los seres vivos, por definición, consumen recursos y transforman el medio.Y si bien es cierto que el ser humano es el animal que consume más recursos y transforma (o destruye) más ecosistemas, también es el único, que yo sepa, que planta árboles, crea reservas naturales, y garantiza la supervivencia de especies. No sólo eso, sino que además es el único animal que, con sus herramientas, es capaz eventualmente de frenar o paliar fenómenos naturales que amenazan a esos ecosistemas e incluso al planeta en su conjunto.

Si el hombre actual hubiera convivido con los dinosaurios, podemos estar seguros de que éstos no se hubieran extinguido. Aunque, por otra parte, gracias a su extinción pudieron surgir muchas otras especies. Entre ellas, la nuestra.

No podemos, por ello, dejar de insistir en que la evolución de las formas de vida y de las formas culturales consiste en un eterno ciclo de creación y destrucción; y éste es el motivo por el que el ecologismo preservacionista -aquel que pretender conservar todo tal cual está- resulta filosóficamente contradictorio y en última instancia no podemos sino calificar de absurdo.

Sólo existen, en resumen, tres formas posibles de enfrentarnos a este dilema, y ustedes me dirán cuál de ellas parece más sensata, o encaja mejor con los hechos que conocemos. La primera es considerar al ser humano "tocado por la Gracia Divina" o alguna otra misteriosa instancia, idea de la que derivamos la defensa de su supremacía y derecho de dominio sobre La Naturaleza. La segunda consistiría en invertir la primera, como se ha hecho reciéntemente, y suponer que ha sido "tocado por una entidad maligna", algo así como un demonio que le impele a destruir todo a su paso, de lo que extraemos la conclusión de que no merece ni el suelo que pisa. La tercera consiste en enfocar el problema desde la biología, y considerar al homo sapiens, ya con esa denominación que le otorgan los zoólogos, como otra especie animal y, por tanto, como parte integrante de esa Naturaleza, por más que sea la parte y especie más compleja (o avanzada) de la misma; cosa que de ningún modo la hace "especial", dado que también un elefante es mucho más complejo (o avanzado) que una hormiga, y ésta a su vez lo es más que una bacteria.
«Yo soy zoólogo, y el mono desnudo es un animal. Por consiguiente, éste es tema adecuado para mi pluma, y me niego a seguir eludiendo su examen por el simple motivo de que algunas de sus normas de comportamiento son bastante complejas y difíciles.» (Desmond Morris, Introducción a ´El mono desnudo`).
~

jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Cómo se origina la creatividad?

Autorretrato de Vincent Van Gogh, 1889. El pintor holandés
es una de las primeras figuras que nos viene a la mente
cuando hablamos de neurosis y creatividad.
~
Comencé a reflexionar e indagar sobre este asunto a partir de una pregunta que me vino a la mente y que pensé que podría ofrecer alguna clave al respecto. 

La pregunta era ésta: ¿Es posible que la vinculación entre neurosis y creatividad tenga que ver con el esfuerzo que se ve obligado a hacer el neurótico para encajar en el grupo, así como para dominar, o bien disimular, sus propias neuras; todo lo cual requiere un uso imaginativo (creativo) de los recursos con que cuenta?

Si lo planteo como pregunta es, evidentemente, porque no pasa de ser una hipótesis. Y, aunque prometedora y fecunda, hay explicaciones alternativas que parecen igual de plausibles y que tampoco implicarían necesariamente descartarla, si partimos de la base de que estamos ante un fenómeno multi-causal.
El proceso de darle vueltas a un asunto de forma recurrente y con pensamientos negativos (la neurosis) tendría un beneficio: la generación de nuevas ideas. (Fuente aquí)
Esta sería otra hipótesis con visos de dar una explicación, como digo, al menos parcial del fenómeno que nos hemos propuesto analizar. Guardémosla pues en la recámara, porque nos seguirá siendo útil aun en el caso de que la presentada aquí resulte tan provechosa como intuímos.

Hecha esta aclaración, puedo permitirme desarrollar la idea con más detalle.

Se ha comprobado, por un lado, que hay más porcentaje de personas creativas entre los neuróticos que entre los no neuróticos. Por otra parte, también muchos han comprobado, al menos a nivel personal, que la creatividad en una disciplina concreta ayuda con frecuencia a desarrollarla en otra, y que en cuantas más disciplinas se desarrolle, se hace cada vez más fácil extenderla al resto, igual que ocurre con la facilidad para aprender idiomas. Y quizá la forma de creatividad más básica es la social e inter-personal: idear “trucos”, caminos alternativos, creativos, para burlar los patrones de conducta que observamos en nosotros y que juzgamos contraproducentes.

Pero intuyo que va más allá de la neurosis (o de la psicosis) como rarezas concretas y que es aplicable a cualquier tipo de “rareza”, de desviación de la media. Podría tomarse en cuenta por ejemplo la relación no confirmada pero sí observada a menudo entre creatividad y homosexualidad; y aunque quizá no resulte tan clara como la anterior, parece responder a la misma lógica: la necesidad de ser creativo en orden a disimular lo que nos hace “demasiado” peculiares y así lograr encajar en el medio (y en la media) social. Y si bien hoy, y al menos en Occidente, en el caso de los homosexuales ya no resulte tan imperativo, sí lo ha sido históricamente. 

Sería por lo tanto extensible, como digo, a cualquier característica que haga al individuo marcadamente distinto al resto de sujetos en su entorno. Se aplicaría, entonces, también a una mujer en un mundo de hombres (o viceversa), así como al judío entre cristianos o al africano entre europeos. Sería bien interesante a este respecto estudiar la biografía de los más destacados músicos o artistas afroamericanos. Y sería no menos interesante relacionarlo con lo mestizo y lo fronterizo: hay también un gran porcentaje de personas creativas o que destacan en diversas disciplinas entre quienes tienen doble nacionalidad y hablan fluidamente dos idiomas; esto es: entre los que se hallan a caballo entre dos mundos.
Algunos estudios con niños bilingües indican la presencia de ventajas cognitivas en tareas de creatividad verbal. (Fuente aquí)
Desde luego, existen enfoques muy diversos sobre la creatividad. Se han ensayado muchas formas de definirla y ubicarla dentro de las capacidades cognitivas. Aquí nos hacemos eco especialmente de lo que se ha llamado modelo transaccional.

Este modelo "explica la creatividad sobre la base de la interacción con el medio ambiente. La meta esencial del organismo es dar forma al entorno, más que ser conformado por él. Esta tendencia de configurar al medio puede ser bloqueada por las fuerzas sociales (educativas) impositivas que adoptan maneras de condicionamiento e instrucción en la conformidad." (Fuente aquí)

A su vez, esta perspectiva entronca en gran medida con la forma en que entiende este potencial Albert Reyndsy. Según él, la creatividad “se expresa a través de decisiones y no de productos, utiliza como medio el conocimiento de la personalidad y del mundo propio, es altamente intencional, es emergente, y se convierte en un compromiso interno.” (Fuente aquí)

Si el entorno es de algún modo hostil, si adaptarse a él constituye un desafío, el potencial creativo del individuo, que quizá en otro caso pudo quedar inexplorado, se ve obligado a desarrollarse en orden a sobrevivir y optimizar la relación con el medio.

El caso de Freddy Mercury, sin duda uno de los mayores genios
musicales del s. XX, podría ser muestra del posible vínculo entre 

la actitud o talento creativo y la peculiaridad biográfica
de hallarse tanto a caballo entre dos mundos (su 

Zanzibar natal y la Inglaterra que le acogió) 
como entre dos sexualidades.
Por tanto debería darse una coincidencia entre el potencial alojado en el sujeto y el estímulo procedente del exterior. Ya sea la creatividad algo que poseen todos los individuos o unos pocos 
–no hay datos concluyentes sobre ello- aceptaremos que no está igual de desarrollada en todos, y parecería sensato asumir que tampoco está homogéneamente extendido el potencial para desarrollarla. 

Pero aún debe darse otra coincidencia más. Pues la personalidad parece ser otro factor clave. Y aunque se ha definido a ésta de distintas formas, todos los estudiosos parecen coincidir en ciertos rasgos propensos a favorecer el desarrollo de una vocación creativa, como son el inconformismo, la ambición o la fuerte afirmación de la individualidad.
Eysenck plantea tres tipos de variables para obtener resultados creativos. En primera instancia menciona las variables cognitivas, en donde se destacan la inteligencia, los conocimientos, las habilidades técnicas y el talento especial. Luego menciona las variables ambientales, como los factores políticos, religiosos, culturales, socio-económicos y educacionales. Por último, se refiere a las variables de personalidad, que son la motivación interna, la confianza y la disconformidad. Por su parte, Gardner menciona algunos rasgos de la personalidad comúnmente presentes en los creativos: Los estudios de personas muy creativas indican que éstas tienden a destacar más por la configuración de su personalidad que por su puro poder intelectual. Cuando ya son capaces de realizar obras que se consideran creativas, difieren de sus compañeros en cuanto a ambición, confianza en sí mismos, pasión por su trabajo, insensibilidad a la crítica y por su deseo de ser creativos, de dejar huella en el mundo. Para Maslow la actitud creativa requiere fortaleza y coraje e indica que los estudios sobre personas creativas presentan algunas características relacionadas con esta condición como la obstinación, la independencia, la autosuficiencia, algo de arrogancia, fuerza de carácter y del ego. (Fuente aquí)
Hablamos pues, más que de una triple coincidencia como condición necesaria, de tres factores que contribuyen a que aparezca la “mente creativa”, los cuales se refuerzan entre ellos. No aparecerá únicamente si todos se dan con pareja intensidad, sino que dependiendo de la fuerza con que se presenten unos y otros, esa creatividad se verá más o menos potenciada. O al menos esa es la explicación que parece hasta el momento más completa y satisfactoria. Además la idea esencial parece encajar también con la Teoría Triárquica de la inteligencia de Robert J. Sternberg. 
                                                        ~
Pero todavía podemos dar un salto conceptual y enfocar la creatividad de una forma, digamos, más metafísica. Y es que, en un sentido muy esencial, la misma vida implica creatividad. Según Perls, Hefferline y Goodman, "todo contacto es el ajuste creativo entre el organismo y el entorno." 
(Fuente aquí)

Debemos recordar a colación de esto que la función evolutiva del cerebro no es otra que la adaptación al medio y la transformación del mismo. Y ese medio en el caso humano consiste en gran medida en otros humanos, lo que antes llamábamos la tribu y lo que ahora llamamos el entorno social más cercano.

Se puede inferir por ello sin demasiado riesgo que tanto el lenguaje como la empatía y la creatividad nacieron también con esa principal función. Parece reforzarse así la idea inicial de que es esa dificultad extra en la adaptación al medio la que puede hacer saltar la chispa de un potencial creativo hasta entonces dormido.
                                                         ~
Y ya para concluir, no podría dejar de mencionar aquí otra hipótesis de la que ya he hablado más veces, y que parte de la intuición, por momentos convicción, del estrecho vínculo que existe entre la creatividad y la libido.

Freud por supuesto ya habló de algo similar. Él lo llamó sublimación, y lo describió como “el proceso en el que las fuerzas instintivas sexuales son desviadas de sus fines sexuales y orientadas hacia otros distintos, proporcionando poderosos elementos para todas las formaciones culturales.” 
(Fuente aquí)

No obstante, si bien guarda relación con la hipótesis que mantengo, no se trata exactamente de la misma idea. El proceso descrito por Freud, sea real o una mera elucubración, consiste en la transformación y redireccionamiento de los instintos sexuales, mientras que en el que intento describir yo, el impulso sexual, más que transformarse en otra cosa (en creatividad artística o de cualquier otro tipo), la potenciaría.
Sigmund Freud ideó un método de análisis y terapia
psicológica bastante cuestionable pero asimismo
aportó grandes hallazgos a la ciencia psiquiátrica
y fue enormemente fecundo en intuiciones
sobre la psique y la condición humana a las que
todavía hoy seguimos dando vueltas.
Aun con todo, sería posible que ambas cosas fuesen ciertas y resultasen complementarias. Podría ocurrir que en una fase más primitiva de nuestro desarrollo cultural, la creatividad vinculada a la búsqueda de pareja sexual se limitara a las estrategias propiamente reproductivas, y que al desarrollarse la civilización, y con ella la represión que según el mismo Freud la sostiene, parte de esa energía se sublimase y transformase en una creatividad de tipo más sofisticado; lo cual de todos modos no estaría por fuerza alejado de la pura y dura estrategia reproductiva, dado que, al mismo tiempo que nuestra sociedad se torna más compleja, también lo hacen las diversas estrategias para encontrar pareja.

Podríamos hallar una explicación de todo ello, de nuevo, en la programación evolutiva. Encontrar parejas sexuales es uno de los más acuciantes objetivos en todo ser sexuado. Tiene sentido, por tanto, que nuestra capacidad creativa se dispare ante la perspectiva del coito. Encontraría explicación así que un pico en nuestra libido vaya acompañado de otro pico en nuestra creatividad, ya que la competencia de otros machos obligaría a dar lo mejor de sí y buscar trucos y atajos varios para lograr atraer a las hembras. Y no sólo tendría sentido en el caso masculino, sino que es muy posible que lo tenga igualmente en el caso de las mujeres, dado que ellas también se ven obligadas a competir por los machos disponibles.

La capacidad creativa humana, en suma, parece consistir en una sofisticación, como en tantos otros ámbitos, de la creatividad inherente a todo ser vivo. Es por ello mucho más compleja, diversa e impredecible; y es también por ello mucho más fascinante y misteriosa, capaz incluso de obrar lo que a nuestros ojos parecen “milagros”.
~*~

miércoles, 19 de octubre de 2016

Enemigos del placer .. Enemigos de la espontaneidad .. Enemigos de la realidad.

~~
La nueva izquierda ya nos tiene acostumbrados a sus ocurrencias, a sus magufadas y a sus circos. Cada día nos salen con una nueva idea de bombero, y hace tiempo que nos preguntamos si carecen por completo de sentido del ridículo o si es que están tan encantados de conocerse a sí mismos, y tan arropados por un público incapaz de cuestionar ni una coma de su discurso, que se crecen.. y se crecen.. hasta que finalmente logran coronar todas las cumbres de la vergüenza ajena. 

Creo que el evento que pasamos a comentar a continuación va a ser, en este sentido, una marca difícil de superar. Reproduzco a tal efecto las reflexiones que Beatriz Gimeno, número tres por Podemos en la Comunidad de Madrid, realiza en torno al mismo. 
Espero poder estar en la presentación el día 19 porque estoy trabajando este mismo tema desde el punto de vista no gay, sino feminista y heterosexual. Me interesa mucho el culo masculino como lugar de la vergüenza y como espacio altamente simbólico donde se concentra la pasividad entendida como feminización (degradante) y como lugar de placer inasumible para los hombres heterosexuales. La penetración anal o vaginal tiene importantes significados simbólicos en torno a los cuales se concentra una parte importantísima del discurso sexual patriarcal especialmente en lo que hace referencia a la feminidad/pasividad (impotencia) y masculinidad/actividad (agencia, potencia) Y, sin embargo, el ano es una de las principales zonas erógenas para hombres y mujeres, pero especialmente para los hombres. Estoy convencida, cada vez más, que para que se produzca un verdadero cambio cultural tienen que cambiar también las prácticas sexuales hegemónicas y heteronormativas y que sin ese cambio, que afecta a lo simbólico y a la construcción de las subjetividades, no se producirá un verdadero cambio social que iguale a hombres y mujeres.

Sabía que la Gimeno tenía que andar detrás de esto. Huelga decir que mientras estos “talleres” sean voluntarios, cada cual puede perder (o no) el tiempo como más le plazca y creer en las soplapolleces que le dé la gana. Ahora, no estaría igual de tranquilo si esta sujeta tuviera acceso al BOE. De hecho, en la Comunidad de Madrid ya ha participado de un proceso legislativo que arroja no pocas sombras.

Como ya habré dicho otras veces, estamos ante una nueva especie de puritanismo. Este ya no te dice que todo placer sexual es malo: tan sólo el principal de ellos, o el preferido por la mayoría. La penetración vaginal es expresión del patriarcado, y por tanto hay que combatirla y sustituirla por “otras formas de placer”. Pero lo más llamativo es que no sólo se pretende desalentar las prácticas sexuales más habituales para sustituírlas por otras cualesquiera, sino que también se nos pretende orientar “moralmente” en esa sustitución, promoviendo prácticas concretas como la penetración de la mujer al hombre mediante, claro está, un dildo. 

Nos vemos obligados a analizar esto por partes (nunca mejor dicho). Lo primero que yo percibo es una clara intención revanchista: “hay que hacerle sentir al varón lo que es ser penetrado” … “que aprenda a ser el elemento pasivo y la mujer el activo”. Lo cual, más allá de la bajeza o inmadurez del sentimiento que motiva la idea, me lleva a preguntarme hasta qué punto no implica sacrificar el placer en aras de una impostura ideológica; porque, seamos sinceros, ¿cuántos hombres disfrutan siendo penetrados analmente?; y más importante aún: ¿cuántas mujeres obtienen genuíno placer de una práctica en que, por más que sean ellas protagonistas y parte activa, no están igual de presentes ni activas sus zonas erógenas? 

Repito: para quien guste de esas prácticas y le resulten placenteras, perfecto. Pero la mayoría de la gente disfruta con las “prácticas patriarcales”, y esto es lo que desaprueba y pretende reorientar la señora Gimeno. 

Luego hay una contradicción implícita, y muy llamativa, entre la idea de “deconstruir la masculinidad” mediante el descubrimiento del placer anal y aquella otra de que la orientación sexual de un sujeto no tiene nada que ver con la forma en que obtenga placer, cosa que suscribo, puesto que creer que uno se “vuelve homosexual” o “menos masculino” por disfrutar de ciertas zonas erógenas es propio de un total catetismo en materia sexual.

¿Cómo conciliar, entonces, ambas ideas? Pues de ninguna forma. El discurso de Beatriz Gimeno y los suyos es pura contradicción, pura inconsistencia. Hablando en plata, tienen un cacaó en la cabeza de no te menées (por ser generosos y no hablar de otras sustancias de la misma coloración).
¿No estaremos confundiendo el símbolo con lo representado? ¿También deberemos
"problematizar" el acto de masticar por ser un "símbolo de agresividad",
o el de orinar, por ser un símbolo de "marcaje territorial del macho"?
¿De verdad creen que el camino más corto, o más sencillo, o más efectivo para lograr la igualdad entre hombres y mujeres en los distintos ámbitos es modificar sus hábitos sexuales y convertir el que venía siendo un espacio para la desinhibición y la entrega a tu pareja en una clase práctica de moral o política sexual, en un experimento o una representación teatral de dudoso potencial recreativo? 

Este nuevo puritanismo, este nuevo moralismo, este fascismo rosa quiere meternos la política, literalmente, hasta en los lugares más recónditos.
~~




viernes, 7 de octubre de 2016

Pornografía, feminismo y sexualidad. (II)

~~
Lo que se dice en este debate me ha motivado nuevas reflexiones en torno a las muchas cuestiones que se tratan en él, directa o tangencialmente, y ello me ha animado a escribir una segunda parte del texto que publiqué hace unos días.


Quizá sorprenda a algunos que sea Amarna Miller la que mantiene, de entre todos, un discurso más coherente y la que parece tener las ideas más claras. El resto de opinadoras (porque son todas mujeres excepto el moderador) no saben hilar dos frases sin meter por medio las palabras “heteronormatividad”, “patriarcado” y “capitalismo”. Sus argumentaciones no son tales: consisten más que nada en proclamas que aprendieron y que regurgitan como autómatas.

Atiborradas de dogmas, intentan pasar por “modernas” y “desinhibidas” sin poder ocultar el pestazo a moralina que rezuman sus querellas contra el que es para ellas, fuera y dentro de la pornografía, un mundo ciertamente perverso. Siguen viendo en el porno “mainstream” (es decir: mayoritario) una voluntad de modificar o fomentar ciertos deseos en los consumidores. Como tienen esa concepción tan delirante de la economía según la cual las empresas no ofrecen lo que el cliente busca sino que se afanan por orientar sus gustos en un “sentido heteronormativo y patriarcal”, parecen sugerir que si la mayoría de la gente es heterosexual es porque ven porno heterosexual, y no al revés. El mito de la Tabla Rasa hace de nuevo su aparición.. Todo proviene de la culturaLa heterosexualidad se construye..

¿Qué ocurre entonces con el porno homosexual? ¿Son conocedoras de lo importante que es ese sector de la industria o simplemente hablan de la pornografía, como de todo, de lejos y de oídas? ¿El porno homosexual pretende también “homosexualizar” a la gente? … De hecho, si comparáramos el porcentaje que hay de homosexuales entre los hombres con el porcentaje de pornografía homosexual que se hace dentro de esa industria, la heterosexualidad quedaría infra-representada en proporción. Por lo que, según su lógica, podríamos afirmar con igual o mayor convicción que ese “capitalismo neoliberal” persigue la “homo-normativización”.

Además, en qué quedamos: ¿Las empresas buscan el beneficio a cualquier precio o están dispuestas a ganar menos con tal de realizar una supuesta ingeniería social “que fortalezca al sistema”? ¡Por Júpiter! Si “el capitalismo” ha comercializado camisetas del Che y toda la iconografía comunista que se pueda imaginar, ¡qué problema va a tener, aun dando por bueno ese vínculo con el “patriarcado”, en vender todas las clases de pornografía que el público demande! Esta gente tiene la cabeza tan llena de ideología que no queda apenas espacio en ella para que el sentido común y la lógica asomen de tanto en tanto.

Pero no vayamos a dejar fuera de la crónica a Monedero. Otro que pretende jugar a dos bandas: a pro-porno y a anti-porno, a desinhibido, liberado y sin complejos por un lado, mas sin poder frenar por otro su moralismo, sus prejuicios y sus tabúes. El tipo es un trilero en toda regla, y tan siquiera se avergüenza de ello. Analicemos sus dos intervenciones estelares: En la primera se luce poniendo en cuestión que uno pueda hacer lo que quiera con su propio cuerpo “argumentando” que por esa regla de tres una podría “vender a su hijo recién nacido”.. ¡¿Acaso un niño que se acaba de dar a luz es “parte del cuerpo” de la madre y “le pertenece” igual que su brazo o su pierna?! … Ante la negativa de la Miller a aceptar ese “argumento”, Monedero se reafirma defendiendo la “racionalidad” del mismo e intenta arreglarlo reconduciéndolo a la venta de órganos. Pues no señor, tampoco. Un riñón efectivamente pertenece a su dueño pero sigue sin ser comparable a “vender tu cuerpo” en representaciones pornográficas puesto que, por muchas de ellas que uno haga, sigue conservando todos sus miembros y sus órganos en su sitio. Pero vamos a la segunda, que tampoco se queda atrás; pues, ni corto ni perezoso, este señor se lanza a comparar la realidad “capitalista” actual con el paraíso comunista soñado –no con el real, o qué os pensabais-, alegando que, mientras en las sociedades capitalistas muchos quizá se “vean obligados” a dedicarse a la pornografía o a la prostitución, en otro tipo de sociedad con renta básica y todas esas cosas las mismas profesiones "tendrían otra lógica”. Sí, que les pregunten por esa “lógica” a las cubanas, que son a buen seguro, de las mujeres de todos los países, las que menos presionadas se ven para prostituirse. De verdad hace falta ser miserable, o quizá estúpido, o sencillamente torpe, para decir algo así y quedarse tan ancho.

Y qué decir de Beatriz Gimeno. ¡Ay! La Gimeno.. Cuántos momentos de humor surrealista no nos dará esta mujer. Su percepción de la realidad camina entre lo cómico y lo grotesco. La buena señora ni admite ni aprueba que a la mayoría de las mujeres les gusten los hombres y les gusten sus penes, y que además les encante ser penetradas por ellos. Su feminismo dialéctico, como yo lo he bautizado, no es sino una versión moderna del puritanismo más enfermo. Ella viene a proclamar –entre líneas- que la Naturaleza lo hizo mal, que es esencialmente injusto que nos hiciera a unos cóncavos y a otros convexos. ¡Pero qué arbitrariedad es esa! ¿Por qué unos van a tener entrantes y otros salientes! ¡Todos planos! Y si ello nos pone francamente difícil obtener placer de nuestros cuerpos, ¡pues que así sea!: lo importante es que entonces seremos al fin iguales. Es un camino más enrevesado que aparenta ser contrario pero que acaba llegando al mismo sitio, como digo, que el puritanismo religioso: “el placer que sentimos está mal”, “¡es pecado!”; “es obra del demonio!” (léase: el capitalismo, el patriarcado, las “fuerzas oscuras” del mercado.) Así lo muestra su negativa a aceptar los argumentos en pro de los derechos individuales que blande contra ella la Miller. “Lo que a tí te guste no es un argumento”. Pero por lo visto, lo que a la Gimeno no le guste “El porno mainstream no puede gustarle a ninguna feminista”. Es decir, que ella no sólo tiene autoridad para distinguir qué valoraciones constituyen argumentos, sino que, al parecer, también sabe -o dicta- lo que puede gustarle o no a las feministas de todo el Globo, las del pasado, las del presente y las del futuro. Y ya la joya de la corona es su afirmación de que “si todo consistiese en una suma de derechos individuales, no se podría hacer política”. Porque así es: si se respetasen por entero nuestros derechos individuales, ella y los suyos no podrían meter sus narices en nuestras vidas y en lo que nos da placer o nos lo quita. ¿De verdad a nadie le espanta que algunos pretendan mezclar la política con el ámbito de la más estrecha privacidad? ¿No es esa la definición más perfecta de “totalitarismo”?
"Debemos problematizar nuestras prácticas y nuestros deseos".
"Debemos averiguar qué fuerzas oscuras
se esconden tras ellos".
....
 ¡Arrepentíos!
Pero la palabra estrella del debate, en boca de casi todos, es “problematizar”. El término-mantra en cuestión no podría ser más elocuente: convertir en problema lo que no lo es, o que hasta ahora nunca lo había sido. Por supuesto no se atreven a decir a las claras que algunas prácticas las consideran inmorales, y por eso comienzan a hacer funambulismo ético, reconociendo por un lado el derecho de cada mujer a fantasear o practicar lo que le plazca y elucubrando por otro sobre los roles que supuestamente pretende fomentar en nosotros “el heteropatriarcado capitalista”, usando tales elucubraciones carentes por completo de base empírica como pretexto para admitir la necesidad de una suerte de “ingeniería social inversa”. Es la misma lógica del Marxismo-leninismo de siempre: convencernos de que el actual estado de cosas es producto de una imposición para así justificar otra imposición: la de ellos. Elaborar teorías que ni quieren ni pueden probarse -esto es: pseudocientíficas- con el único objeto de volver legítima, y hasta necesaria, una violencia y un autoritarismo análogos a los que ellos han construido en su imaginación y en su propaganda.

Pero deben ustedes mojarse, señoras. O defienden la libertad individual o no. No hay terceras vías. Relativizar principios éticos que no podrían ser más claros inspira muy poca confianza. ¿Quieren ustedes dictar cómo deben obtener placer las mujeres o no? Díganlo claramente, y déjense de medias tintas y de vaguedades.

Por su parte, el papel de Amarna Miller en el debate, como dijimos, representa algo así como “la voz de la sensatez”. Los principios que defiende son bien claros, a diferencia de la caterva marxofeminista. Sus reclamaciones son también claras y perfectamente entendibles por cualquiera: la situación de a-legalidad del cine porno en España deja desprotegidos a sus trabajadores ante posibles abusos o malas prácticas –no en el terreno sexual necesariamente, sino también en el laboral-. Ella, que ha trabajado también en la industria de Estados Unidos, ha podido comprobar la ventaja de desarrollar esa profesión –para ella un hobbie- con todas las garantías que ofrece una ley sensata y funcional,  con controles de ETS´s más rigurosos, y donde los contratos están bien especificados y el poder de negociación de todas las partes más equilibrado.

La porn-star madrileña lanza además una pregunta retórica que es un desafío a los prejuicios mal ocultados de las de “el sexo también es política”: ¿Quién puede, de verdad, saber lo que degrada o humilla a una mujer? Exactamente la misma pregunta que lancé yo en la primera parte de estas reflexiones. Apenas se percatan de lo terriblemente arrogante que es pretender adivinar lo que los demás sienten (y sin entrar en el terreno, en el que ellas sí entran de forma mal disimulada, de lo que deberían sentir). Por supuesto que cuando contemplamos en la pantalla una práctica sexual que a nosotros nos desagrada, y que valoramos desde nuestra perspectiva negativamente, proyectamos nuestra vivencia sobre la persona que está representándola y por cualquiera que pudiera representarla en el futuro, y por tanto asumimos instintivamente que ella experimenta, o debiera experimentar lo mismo que nosotros. Pero eso es una trampa psicológica de sobras conocida, y parece mentira que personas hechas y derechas sigan confundiendo su ego con la realidad objetiva. Es como si todavía estuvieran en esa fase de la primera infancia en que el bebé no sabe distinguir lo que forma parte de su cuerpo de lo que es exterior a él.
Cierto escritor español dijo de ´Garganta profunda” que le resultaba un film “inverosimil”.
Quizá por aquel entonces muchos no caían en que en ello consiste justamente su poder de atracción,
en que no pretende mostrarnos la realidad, sino una ensoñación tan irresistible como turbadora.

No obstante, sí hay algo de lo que dice Amarna Miller que es más debatible, y sobre lo que me gustaría hacer una reflexión en cierta profundidad. El deseo expresado por ella de que la pornografía comience a verse como un trabajo más, y que se vaya diluyendo el estigma que acompaña a quienes se dedican a ello es sin duda un deseo legítimo, pero también ingenuo, y nos plantea algunas paradojas bien interesantes. Por un lado ese halo de “prohibido”, “sucio” y “oscuro” es ingrediente fundamental de la atracción que produce en la mayor parte, por no decir todos, de sus consumidores. Ella misma alude, si mal no recuerdo, al componente transgresor del porno. Y en efecto es éste un componente sin el cual esos productos audiovisuales perderían gran parte de su atractivo. Si la pornografía no buscara desafiar los límites y jugar con nuestra idea -siempre cambiante- de “lo perverso”, sencillamente dejaría de ser pornografía y pasaría a convertirse en una aburrida clase de educación sexual.

La realización o representación de fantasías sexuales requiere mantener un difícil equilibrio entre la costumbre y el tabú, entre lo agradable y lo desagradable, entre lo bello y lo grotesco, lo dulce y lo brutal, y esencialmente entre lo falso y lo real.

Como precisamente se trata de una receta que exige ese difícil equilibrio y esa precisión en cuanto a los ingredientes que se usan para elaborarla, en la que no puede haber ni demasiado picante, porque abrasa, ni demasiada realidad, porque repele, ni demasiado fingimiento, porque distancia, no toda la pornografía nos provoca o nos interesa o nos excita a todos por igual. Por ello los autores de ´La ceremonia del porno` nos hacen ver lo mal que entendemos habitualmente en qué consiste esa ceremonia. Creemos que el producto pornográfico es “fácil”, que es fabricado en serie y que no se distingue uno de otro, que con mostrar lo que hay que mostrar basta para lograr el objetivo: la excitación.

Pero nada más lejos de la realidad. Quizá eso bastara cuando hizo su aparición (aunque, como también se nos explica en el libro, ha existido desde siempre en distintas formas). Quiero decir que quizá cualquier cosa sirviera para llamar la atención del que nunca había visto imágenes pornográficas, o meramente eróticas, proyectadas con un cinematógrafo. Pero sin duda si esta persona se hacía aficionada a esas imágenes empezaría a buscar aquellas que más sintonizasen con sus deseos, probablemente los más inconfesables.

Y es que con ello hemos aterrizado en la, digámoslo así, Piedra Rosetta del fenómeno pornográfico, y puede que también del erótico: los deseos inconfesables, nuestro lado oscuro.

Porque todos tenemos deseos inconfesables. Y las fantasías que probablemente más les espantan a las que ven conspiraciones patriarcales y capitalistas detrás de todo son una vía de escape mediante las que aquél, nuestro lado oscuro, puede salir a la luz aunque sea tímidamente y en un entorno controlado; y de ese modo quizá evitar que acabe explotando en un momento mucho menos apropiado, sin ningún control que lo frene, y en el peor de los casos, causando daño a terceros.
Las prostitutas sagradas eran muchachas jóvenes que mantenían relaciones sexuales 
como parte de rituales religiosos en lugares sagrados y como ofrenda a los dioses. 
Existen varias teorías sobre la aparición de las prostitutas sagradas y de las funciones 
que desempeñaban. Unos dicen que la sexualidad y la espiritualidad estaban tan unidas 
que el sexo se convertía en una ofrenda para los dioses. (Fuente aquí)
Ya lancé en la primera parte de este ensayo una hipótesis sobre la posible, o no, función social de la pornografía. Alguien tan poco sospechoso de relativista o postmoderno como Guillaume Faye compartía esta intuición, y lógicamente la hacía extensible al papel de las prostitutas. En su inclasificable obra ´Arqueofuturismo`, Faye recordaba al hilo cuáles eran algunas de las atribuciones de muchas sacerdotisas en los antiguas religiones paganas, y cómo en aquellas sociedades cumplían también al parecer una función irremplazable. La ventaja es que ahora tenemos acceso a todos los templos del mundo y a todas las sacerdotisas sin movernos de nuestro silla y con un click de ratón.

Así pues, concluyo lanzando una nueva provocación que puede inspirar, al menos desde mi punto de vista, fecundas reflexiones. ¿Serían las actrices porno las nuevas prostitutas sagradas? Creo que hay motivos para creerlo así: el servicio que prestan no es como el mero trabajo sexual que se desempeña en el ámbito privado. En este caso se trata, como ya dijimos, de un rito, o un aquelarre; una ceremonia de concentrada intensidad en que se funde lo íntimo y lo público, en que se transgreden calculadamente las normas y los tabúes, los límites y los pudores… hasta dar con el justo equilibrio entre perturbación y curiosidad, esa receta precisa que a usted en particular le despierta el arrebatamiento que andaba buscando desde siempre, quizá sin saberlo y sin haber oído nunca de él, pero que desde ahora no cambiaría por nada y que, al lado del cual, lo que antes conocía como excitación le resulta un mero simulacro.

Pero no las juzguen ni se juzguen: a las sacerdotisas, a las fantasías que representan, o a ustedes mismos por disfrutarlas. Tan sólo sean conscientes de ellas. No hay cosa, por terrible que parezca, que sea preferible ignorar a conocer. La ignorancia sobre las cosas del mundo puede hacernos infelices, pero nunca tanto como la ignorancia sobre nosotros mismos.

Sí, pudo escribirlo Sócrates. No pretendía reclamar la autoría por esa reflexión.

Pero ésta sí la firmo: Deseen lo que deseen, ocúltenselo a quien quieran menos a ustedes mismos. Conózcanse y acéptense con sus zonas oscuras incluídas. Se sentirán más enteros y más dueños de sí mismos. El conocimiento es poder, y el auto-conocimiento es por tanto una forma de asumir mayor control sobre nuestras decisiones: de hacernos más libres. Y en eso creo que la srta. Amarna Miller puede servir de ejemplo, por mucho que ahora la odien, la juzguen, o elucubren sobre por qué hace lo que hace y piensa lo que piensa. Y con ello me refiero a la gente en general pero también a mí mismo porque, como la mayoría, tengo sentimientos encontrados. Ninguno estamos a salvo de prejuzgar, despreciar o apartar a otras personas cuando sus valores, sus percepciones o sus sentimientos no coinciden con los nuestros.

Yo mismo me he visto dividido entre la admiración, la incomprensión y la repulsión al indagar en la figura de Amarna Miller, ojeando su blog y algunas de las entrevistas que ha concedido. Es difícil aun hoy, por más “liberados” que nos creamos, asumir que alguien pueda entender y ejercer con tanta naturalidad el sexo como profesión, negocio y/o espectáculo. Nos gusta consumirlo, pero entraríamos en cólera si nuestra hija se dedicara a ello. ¿Hipocresía? Más bien imperfección congénita humana. De nuevo: no nos culpemos, no nos fustiguemos por no ser lo suficientemente “abiertos” o “modernos”. No todos estamos hechos de la misma pasta. Porque si algo me ha quedado claro es que Amarna Miller está hecha de una pasta muy especial. Ni mejor ni peor. Simplemente distinta al resto de nosotros. Quizá sea una muestra del próximo escalón en la evolución humana: una inteligencia emocional capaz de conciliar algunas de las hasta ahora insalvables contradicciones del homo sapiens. O al contrario: su moralidad innata acusa unas carencias que no serían beneficiosas para la especie. Pero también puede que sólo constituya un rara avis. Ya dije que no tiene por qué ser ni mejor ni peor.
Ishtar, entre los semitas orientales, era equivalente a la Diosa del Cielo sumeria. 
Por su relación con la fecundidad y la maternidad fue considerada diosa del amor, 
tanto en el aspecto familiar como en el sensual y voluptuoso. De ahí el que fuera 
la patrona de la prostitución sagrada, ejercida por hombres y mujeres 
en los templos, de cuyo personal formaban parte. (Fuente aquí)

*
Pero una cosa sí es innegable. Escuchar y leer sus confesiones me excita todavía más que verla en acción. Quizá precisamente porque, mientras la escucho o la leo, sigue presente la acción en mi memoria.

Su transgresión me provoca, me repele, me intriga, me turba, me fascina, me ofende, y me excita sobremanera a un tiempo.

Ecce Homo… .
~~