Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.

miércoles, 1 de febrero de 2017

"El mito del librepensamiento y el complejo de Sheldon Cooper".

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Imagina que todos lleváramos lentillas de distinta graduación pero todas ellas mal graduadas, y que, no siendo conscientes de ello, nos pasáramos el día intentando persuadir a los demás de que son miopes, tras comprobar que no perciben los objetos de igual modo que nosotros. Esto es exactamente lo que ocurre con los llamados “prismas” o “filtros” ideológicos.

A veces nos cuesta comprender que otros tengan una imagen del mundo tan alejada de la nuestra, que vean “otra realidad” casi opuesta a la que vemos nosotros. Pero no es tan difícil entender el porqué: ese mundo y esa realidad serán siempre inconmensurables, con lo que nos va a ser imposible formarnos un concepto de ellos sin algún criterio que oriente nuestra atención hacia unos puntos u otros de ese espacio inagotable, sin alguna forma de discriminar lo sustancial de lo superfluo, de separar el grano de la paja. Y en lo que cada cual entienda por “grano” y por “paja” está justo el quid del asunto, y en ello consistirá toda la dificultad de lograr un consenso.

En ciencias sociales existe una tentación constante de creer que ya se ha dicho la última palabra, seguramente debido a que nuestro cerebro, en el proceso evolutivo, fue programado para buscar certezas a cualquier precio. Sin embargo, la vaguedad y falibilidad inherente a estas “ciencias” nos obliga a ser en extremo cautos, en extremo humildes, y a concienciarnos de que el camino siempre está por hacer y de que hasta las teorías que aparentemente resultan más satisfactorias para interpretar la realidad contienen no pocas lagunas que llenar y no pocas aristas que pulir.

De ese choque entre nuestro insaciable hambre de certeza y la extrema dificultad que supone alcanzarla es de donde surge, imagino, aquel sesgo tan extendido entre intelectuales y menos intelectuales que me gusta llamar “complejo de Sheldon Cooper”: si los opiniones de los demás difieren de las nuestras sólo puede deberse a que no están a nuestra altura intelectual; una explicación conveniente que nos ahorra someter nuestras teorías a una validación más amplia, más exigente. Al suponer apresuradamente que las explicaciones causales que sostenemos son las óptimas, nos apresurarnos a suponer también que aquel que sostiene otras distintas no puede sino acusar una estrechez de miras o bien no haber alcanzado todavía el nivel de comprensión en que nos hallamos nosotros. Se trata de un razonamiento ad hoc, el tipo de justificación que buscan y siempre encuentran las personalidades ególatras, más pendientes de afirmarse a sí mismas que de expandir genuinamente su entendimiento del mundo y de los fenómenos que lo conforman

Debe precisarse, empero, que la descripción de este tipo psicológico corresponde a un modelo ideal, por lo que no será raro encontrar trazos o manifestaciones del mismo en todos nosotros.


No podemos menos que reconocer en este “complejo” una tentación demasiado poderosa como para no caer en ella más veces de las que desearíamos. 

Porque la cruda verdad es que todos somos parcialmente "miopes": todos llevamos puestas nuestras “gafas ideológicas”; y los que más presumen de carecer de ellas, probablemente sean los más ideologizados de todos. 

Desconfiad, pues, de todo aquel que os dice: “esto no es ideología, son hechos”; porque “hechos” hay muchos, pero la mera selección o presentación de los mismos ya está guiada necesariamente por un filtro concreto: no existe ni puede existir jamás una selección “neutral”; una aproximación neutral en realidad implicaría carecer de criterio, por tanto, no seleccionar en absoluto, sino presentar todos los hechos en bruto. 

Y si, como digo, es necesario poseer un criterio de selección, es necesario también mantener una postura teórica, sea ésta más “flexible” o más “rígida”. En realidad no nos referimos a otra cosa que a esa “flexibilidad” cuando calificamos a alguien de “librepensador”. Pero no hay librepensamiento como tal, en el sentido de “estar por encima de ideologías”. Lo que hay son heterodoxias, o posturas que intentan ser lo menos sectarias posible, pero ninguna de ellas deja de ser ideológica.

Me temo, por ello, que estamos frente a otro mito que convendría derribar. Yo mismo he querido auto-titularme en ocasiones como "librepensador"; pero finalmente he caído en la cuenta de que el mismo concepto arrastra una ingenuidad y una arrogancia notables. Muchos lo asociamos en su momento con superar la (engañosa) dicotomía entre "izquierda" y "derecha"; pero lo cierto es que ya existen posiciones ideológicas establecidas que no pueden englobarse en ninguno de esos dos conjuntos, bien porque incluyen ideologemas contenidos en ambos o bien porque dan lugar a otros nuevos. Ejemplos de ello son el liberalismo y el tercer-posicionismo. 

Y es que, aun en el caso de no reconocernos enteramente bajo ninguno de los rótulos canónicos (conservadurismo, progresismo, liberalismo, socialismo..), jamás podremos afirmar que estemos a salvo de toda influencia, que no nos basemos en criterio alguno, o que no suscribamos ninguna de las posiciones que unos u otros mantienen. Y es en ese sentido que es imposible concebir un “pensamiento libre”, flotando en el aire sin asidero alguno, un pensamiento que se ha creado a sí mismo, como el dios del Antiguo Testamento.

Lo único que hay son formas de pensamiento más informadas o más desinformadas, más vulgares o más sofisticadas, más dogmáticas o más escépticas; pero ahí acaba toda distinción; por lo demás, ninguna de ellas deja de ser ideológica. Sí, puede que algunos seamos más exigentes, más críticos, menos conformistas.. que a la hora de “comprar un paquete ideológico” no nos contentemos con los “paquetes estándar” que vemos en los supermercados (rojo o azul/progre o facha) y vayamos a tiendas especializadas donde uno escoge cuidadosamente ideologemas de unas y otras procedencias y “se construye” su propia ideología. Bien, pero de todos modos hemos adoptado un sistema de pensamiento, por más heterodoxo y minoritario que sea.

Lo demás… es pura metafísica.

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Afirmar que careces de ideología es un pretexto para permanecer en la zona de confort y vacunarte contra todo escepticismo, tan necesario éste para evitar convertirte en la peor clase de ignorante: aquel que cree que no le queda nada por aprender. El librepensamiento es el subterfugio mediante el que camuflamos una postura ideológica, y por tanto subjetiva, presentándola como de mero sentido común, y por tanto objetiva. Así, el insondable misterio de que haya gente que no comparte nuestra opinión será finalmente explicado, bien por falta de empatía o de conciencia social (subterfugio típico de las izquierdas), bien por miedo a ser políticamente incorrecto (subterfugio típico de las derechas y los neofascismos), o bien por carecer de recto entendimiento y genuína comprensión del mundo (Complejo de Cooper propiamente dicho, y a su vez subterfugio típico del liberalismo).
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2 comentarios:

  1. Excelente.
    ¿Publicas solamente acá?
    Encontré esta entrada en Facebook, de hecho: .

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  2. Relativizar la noción de objetividad empírica me parece productivo, negarla y decir que todo es ideología me suena a posmodernismo anticientifico. La realidad existe, el genocidio nazi fue real, es un hecho, no una interpretacion. Tomar con pinzas la ideología y someterla al escrutinio de datos empíricos no nos vuelve inmunes a las ideologías, como usted bien dice. Pero nos ayuda a no caer en el dogmatismo fanático que tanto abunda en política.

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