Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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lunes, 24 de agosto de 2015

"EL MIEDO A LA LIBERTAD" (III)

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1- Autoridad, credo, o independencia.

«Aun cuando aquellos que ejercen la autoridad fueran malos o desprovistos de fe, la autoridad y el poder que ésta posee son buenos y vienen de Dios. Por lo tanto, donde existe el poder y donde éste florece, su existencia y su permanencia se deben a las órdenes de Dios. (....) Dios preferiría la subsistencia del gobierno, no importa cuán malo fuere, antes que permitir los motines de la chusma, no importa cuán justificada pudiera estar en sublevarse. (...) El príncipe debe permanecer príncipe, no interesa todo lo tiránico que pueda ser. Tan sólo puede decapitar a unos pocos, pues ha de tener súbditos para ser gobernante.» 

(Martín Lutero .. cabrón con pintas.)
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Hoy por hoy, a casi nadie se le ocurre proponer que las religiones ya no se escojan libremente  y que vuelvan a ser impuestas desde las élites gobernantes. Sin embargo, vemos por completo legítimo que se nos impongan modelos económicos o políticos. Y no hablo de regímenes dictatoriales. En las democracias de Occidente se asume sin menor problema que el 51% de los votantes (que no tiene porque ser siquiera el 51% de la población) pueda decidir sobre el resto de la ciudadanía. Quizá en un futuro resulte esto tan indefendible como lo es hoy que se nos imponga una religión desde fuera.

Y durante cierto tiempo, en torno a los siglos XVIII y XIX, esto pareció entenderse, pareció respetarse, y pareció avanzarse decididamente en ello. Aunque hay que decir que, como siempre en la historia humana, no se trató de un progreso, ni de una evolución en sentido estricto, pues no vemos constante alguna, temporal o espacial. Por eso tampoco la hay ahora. Y por eso podemos confirmar, de hecho, un franco retroceso en todo el pasado siglo respecto a esos avances que, no hay duda, se hicieron en los dos que le precedieron. Y obvio que, como hoy tampoco existen constantes geográficas, los retrocesos constatados no se han producido en la misma medida en todos los países.

Se califica al XIX como "el siglo del liberalismo". Como lo fue el XX el de los totalitarismos y las democracias progresivamente desvirtuadas y reincidentes "víctimas" de tentaciones liberticidas. Por ello en aquel siglo, en el mapa general, vemos como triunfó por doquier la idea de los derechos del individuo y las libertades civiles, al menos en nuestro contexto cultural, y siempre en distinta medida según las geografías. Y por ello en el que clausuramos hace década y media se deshizo gran parte de ese camino que se había iniciado tan decidida y exitosamente en etapas anteriores.


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2- Dependencia, bienestar y atomismo.

«La gente que se ha acostumbrado a contar con el Estado nunca aprende el arte de la 
confianza en uno mismo ni adquiere los hábitos de la acción cívica.»

(Anthony de Jasay.)

¿Anarco-capitalismo? ¿Neo-liberalismo? Nada de eso. Yo prefiero siempre hablar de ´anarquismo` sin aditivos ni adjetivos. Los anarquistas "de izquierda", igual que los "de derecha", siempre han rechazado claramente el concepto "estado de bienestar" (al menos hasta hace poco, pues los primeros, hoy por hoy, casi se han rendido del todo a esa golosina envenenada, traicionando así sus más elementales principios. Pero ese pleito lo dejamos para mejor ocasión.)

La cosa es que, hace un tiempo, todo anarquista tenía claro que, tanto en una sociedad capitalista como en una comunal, mutualista.. cual sea, el acostumbrarte a que cada vez más cosas te sean provistas desde el estado, necesariamente te vuelve perezoso, inmaduro y egoísta.

Sí, ya sé que la idea más extendida es la contraria, que el egoísta es el que se opone al estado benefactor. (Pero sucede que la opinión mayoritaria no tiene por qué ser la acertada, y de hecho, rara vez lo es). Lo hechos más bien muestran que es en la ausencia de cualquier ente benefactor cuando uno se ve obligado a colaborar socialmente, ya que, en caso de no ayudar a los demás, ellos tampoco te ayudarán en el futuro.

¡Ah! Pero en la "sociedad del bienestar", todos esos lazos sociales que costó generaciones y generaciones construir ya no tienen ningún incentivo para mantenerse -ya que "el estado provee"- con lo que, con mayor o menor rapidez, van disolviéndose atendiendo a una lógica que nos incentiva a desarrollar un individualismo, o atomismo, cada vez más acusado.

mmmm ...Entonces llega la crisis, la burbuja del gasto público..
¡El "régimen benefactor" es insostenible! 
Pero todos nosotros nos hemos acostumbrado a que esté ahí, y nos hemos vuelto casi unos inútiles funcionales a falta de él. 
Desconocemos en absoluto como proveernos nosotros mismos de los servicios de los que él nos proveía, y en el camino hemos destruido toda alternativa que una vez hubo a ese monopolio asistencial.

HE AHÍ, PUES, LA TRAMPA. 
Y sobre todo, HE AHÍ LA TRAGEDIA.
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El Estado del Bienestar, lejos de lo que reza la mitología que lo sustenta, no se construyó desde abajo, sino que se impuso desde arriba. No fue una "conquista social" sino la conquista del Estado sobre la sociedad.

Lo que en verdad fue construcción laboriosa de muchas generaciones son las sociedades de ayuda mutua, los vínculos que fueron creándose en las comunidades vecinales sin ayuda del estado.

Al crear los políticos una red de servicios públicos centralizada, lo que buscaban no era atender mejor a los ciudadanos (quizá sí lo creyeran los más cándidos de ellos) sino que buscaban meterlos a todos en el redil de la política, y así, controlar la sociedad civil desde arriba. 
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3- Atomismo, hedonismo y prohibicionismo.

«Si nos limitamos a considerar solamente las necesidades económicas, en lo que respecta a las personas "normales", si no alcanzamos a ver el sufrimiento del individuo automatizado, entonces no nos habremos dado cuenta del peligro que amenaza a nuestra cultura desde su base humana: la disposición a aceptar cualquier ideología o cualquier "líder", siempre que prometan una excitación emocional y sean capaces de ofrecer una estructura política, y aquellos símbolos que aparentemente dan significado y orden a la vida del individuo.»

(Erich Fromm, ´El miedo a la libertad`.)


Me he referido en otras ocasiones a la acusada tendencia al "modo de vida adicto" en nuestras sociedades modernas. Tal vez buscamos, o tal vez "nos muevan" a abrazar un modelo de existencia basado en la búsqueda del placer a cualquier precio. Gran parte de la actividad comercial y de la publicidad están orientados a ofrecernos aquellos productos (de la clase que sean) que tienen cierta capacidad de "engancharnos". Nos enganchamos a un producto de bolleria, nos enganchamos a un refresco, nos enganchamos a un programa de televisión o a un videojuego, nos enganchamos al tabaco, al alcohol o al café.
Las dos opciones (las dos únicas opciones) frente a esta situación son:
1) Considerarte un individuo libre que debe asumir la responsabilidad por sus acciones. Y..
2) Considerarte una víctima, en mayor o menor grado, de un sistema que busca convertirte en adicto a cualquier cosa, y a cualquier precio.
Muchas veces asumimos la segunda de las premisas incluso inconscientemente, de tal forma que acabamos hablando de un "sistema de dominación" casi como lo haría un marxista. Pero esto no es casual. Es propio de nuestra educación judeo-cristiana el buscar, primero de todo, un culpable. 

¡Y ahí está el error fatal!, porque, si no salimos de él, nos embarcaremos en una carrera de prohibicionismos que no tendrá fin; iniciaremos una cruzada que difícilmente ganaremos, porque ésta siempre tiene una todavía más difícil conclusión.

Primero vendrá el alcohol (está claro que me estoy refiriendo a hechos consumados y hace unas cuantas décadas). La Ley Seca engendrará su "antítesis", su consecuencia necesaria, que es el gangsterismo (los gangsters ya existían, pero es con el tráfico de alcohol cuando multiplican por cien su poder y su actividad). Una vez restablecida la normalidad -es la normalidad que el alcohol sea corriente y aceptado en toda cultura europea-, los traficantes se resistieron a perder su poder y, finalmente, encontraron una salida en el tráfico de otras sustancias más extrañas al contexto cultural de Occidente. (Pero eso es un asunto, a la vez fascinante y terrible, que nos llevaría demasiadas líneas abordar ahora.)
Decía, para sintetizar, que primero viene la tentación de prohibir el alcohol, porque se aprecian problemas derivados de su abuso. Luego (o antes, da igual) vienen otras sustancias, como hemos visto recíentemente con la demonización del tabaco y hasta de los propios fumadores. Pero en torno a los 60 se impulsa desde USA la prohibición a nivel mundial de numerosos estupefacientes que, en primer lugar, no habrían aparecido con esa virulencia de no ser por el mercado negro que originó la Ley Seca (aunque sé, desde luego, que no es ni mucho menos tan sencilla la explicación del fenómeno; y además, dijimos que no íbamos a abordar tan compleja problemática en estas lineas.)

Pero aquí viene el punto de inflexión más peligroso. Pues hoy comprobamos fácilmente que no sólo existen adicciones relacionadas con sustancias extrañas a nuestro cuerpo. Los videojuegos, las redes sociales, la pornografía, las revistas y programas de chismes (que son otra clase de pornografia de menor valor estético) son tanto o más adictivos que muchas sustancias calificadas de "estupefaciente". Al comprobar, asimismo, que con todo ello se hace negocio, inmediatamente pensamos en soluciones fáciles para remediarlo (que, lejos de serlo, finalmente nos llevan a la desastrosa inercia que ya describiéramos antes).

4. Crisis existenciales, hipocresías comerciales y memes liberticidas.

El ser humano se ha convertido en las sociedades postmodernas en un buscador compulsivo de ´vías de escape`. Y la industria del entretenimiento y otras lo han aprovechado; y gracias a herramientas como la publicidad, podemos pensar que incluso lo fomentan. ¿Pero es culpa de la actividad comercial en sí o de la naturaleza humana?.
La violencia callejera, las bandas, también causan adicción, tanta como la cocaína. Pero ya sobre eso es difícil orientar una actividad comercial. Sin embargo, no deja de ser uno de los vicios más destructivos, y en este caso, no lo es únicamente para sus usuarios.
Probablemente haya más cosas en este mundo susceptibles de convertirse en adicción que aquellas que no lo son: La misma comida. Casi cualquier alimento puede ser adictivo en un momento dado, según para quién. ¿Qué hacemos entonces?, ¿ lo prohibimos?, ¿o prohibimos tan sólo que se comercie con él? Nos quedarían muy pocos bienes con los que poder comerciar en ese caso. Y lo más peligroso, en todo caso, no es que prohibamos ciertos productos. Lo verdaderamente peligroso es que, siguiendo tal lógica, veamos en la propia actividad comercial (y así lo hemos visto muchos) una perversidad inherente. Ya que, constatado el interés de la industria del entretenimiento (entendida en sentido amplio) por alimentar nuestras adicciones potenciales, obtenemos la conclusión de que es la industria, y no nuestra naturaleza, la responsable de nuestro modo de vida crecíentemente hedonista y crecíentemente atomista. 
¿Y a qué nos va a llevar esto? Pues nos va a llevar a disparar furiosamente contra los objetivos equivocados. Y nos podría conducir fácilmente a destruir gran parte de nuestro entorno, a cargarnos sin pestañear gran parte de los avances sociales, culturales, y tecnológicos. Y éste sería un acto cobarde e hipócrita como pocos, dado que contra lo que en verdad nos estaríamos rebelando es contra NUESTRA PROPIA NATURALEZA, la cual preferimos muchas veces negar antes que aceptar tal como es, con sus cimas y sus valles.. pero también con sus abismos.
Y el desentenderse de los feos abismos no hace que estos desaparezcan, sino que, por el contrario, les otorga más poder sobre nosotros.

La cuestión aquí consistiría en empezar a ser lo suficientemente inteligentes para, en vez de prohibir aquello que puede hacernos daño, procurar en lo sucesivo educar en el buen uso de los productos, de los hábitos y de los placeres.

Hoy vuelve a resurgir aquella tendencia a la prohibición como remedio. Lo que quiero hacer ver, por tanto, es que en cualquier ámbito, ¡el que sea!, se trata de una opción treméndamente inmadura, y treméndamente contraproducente. La historia lo muestra una y otra...y otra vez. La realidad es tozuda, y casi podemos establecer relacion de causa y efecto cuando se trata de prohibicionismo, cazas de brujas, y cruzadas de lo más variopinto. El efecto es agravar el mal que se combate, y en última instancia, que éste engulla al propio cazador (o cruzado, o perseguidor).

Dijimos que ante este problema sólo caben dos opciones.
¿Cual es entonces la salida apropiada?

LA EDUCACIÓN, Y NO LA PROHIBICIÓN.
LA EDUCACIÓN, Y NO LA IMPOSICIÓN.
LA EDUCACIÓN, Y NO EL PALO O LA ZANAHORIA.
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No crean, sin embargo, que no me siguen persiguiendo las dudas sobre la actividad comercial e industrial en nuestra época. Es cierto que últimamente he logrado, o creo que he logrado, alcanzar una visión más objetiva y más coherente sobre el famoso "mercado". Pero en reflexiones como éstas me doy cuenta de que está lejos de ser una cuestión sencilla el sentenciar, sin más: "el mercado es beneficioso", o al contrario: "el mercado es perjudicial". Lo que resulta innegable es que gran parte de su actividad se nutre de nuestras miserias y nuestras derrotas, como es nuestra falta de voluntad en tantos ámbitos de nuestras vidas. Pero como el buscar culpables, hemos constatado, es inmaduro, improductivo y engañoso, será siempre más conveniente, y productivo, el buscar los....factores, circunstancias, inercias.. que confluyen en la situación descrita y procurar enmendarlos, llevarlos por mejor camino en orden a auto-construirnos mejor en el futuro, como diría Félix Rodrigo Mora.

Pero aquí quiero retomar aquella diatriba que se plantea todo ser pensante cuando constata cómo la actividad comercial se nutre, quiera o no, del atomismo, el vacío existencial de nuestra era, y la búsqueda de placeres en cadena a que nos aboca.

Nuestra vida parece convertirse a veces en eso. En las sociedades sin dios, sin tradición, y sin arraigo, por momentos parecemos buscar un sustituto de ese significado con el que contaban nuestros ancestros en el encadenamiento sucesivo de pequeños placeres; de tal forma que podamos dirigirnos sin demasiado ruido a cumplir nuestro papel final en otra cadena, la alimenticia; es decir, a concluir nuestro ciclo vital entregándonos por entero a los gusanos, como toda amada se entrega a quién está destinada.

Cuando pensamos en esto, es difícil no proyectar la imagen a que nos referimos antes, la de "un sistema que busca convertirte en adicto a cualquier cosa, y a cualquier precio"..
Debo admitir que muchas veces he asumido ese ideologema, ese meme, por llamarlo de alguna manera. (Al fin y al cabo, los memes son a la cultura lo que los genes a la biología, así que imagino que resulta útil para el análisis.) Y como tal ideologema -sea o no memético-, uno no sabe hasta qué punto es una acertada conclusión por deducción empírica o si lo que nuestra percepción está mostrando ya está condicionado por esa idea que estaba previamente alojada en nuestra cabeza.(1)
Pero quizá lo resolvamos de la siguiente manera. Fijémonos que antes dijimos que "la actividad comercial se nutre, quiera o no, del atomismo, el vacío existencial de nuestra era, y la búsqueda de placeres en cadena a que nos aboca." Quizá la clave esté en el "quiera o no". Probablemente hallemos ahí la solución al enigma que nos perseguía: si fue primero el huevo o la gallina. O dicho de otro modo: si es nuestra flaqueza, nuestra falta de voluntad, nuestra clara indefensión frente a las bajas pasiones, todo ello originado en un contexto de crisis axiológica y existencial de interregno (2) , la que precede en su aparición al inevitable, por otra parte, aprovechamiento de estas debilidades por las industrias dedicadas a proporcionarnos tantas dosis de placer y en tantas formas como ansíe el más hedonista y atomizado de los seres que pueblan esta confusa postmodernidad. Aunque surja sólo por un estado de enajenación transitoria. Aunque sólo arribe a tal deseo en medio del más profundo de los abismos autodestructivos...

(*1) Lo cual se explica, por cierto, también en base a los genes. Pero esta vez no se trata de una analogía. Los especialistas en psicología evolucionista los han llamado "sesgos de confirmación" o "sesgos de auto-afirmación". Imagino que incluso se pueden entender como dos fuerzas, en muchos casos, análogas y complementarias. La explicación de los mismos es bastante simple: Uno no puede andar siempre dudando "socráticamente" de todo, pues no es buena estrategia de supervivencia. Conviene, además de autoafirmarse para mantener el tipo ante la adversidad, poseer un sesgo semi-consciente que tienda a confirmar las opiniones que anteriormente expresamos sobre los más diversos asuntos. No se culpen, pues, por autoengañarse con tanta frecuencia y en tan diversos modos. Ya que estas mentiras piadosas contadas a nosotros mismos parecen ser, en origen, exitosas estrategias de supervivencia (porque de no ser así, no habrían llegado hasta nuestros días).

(*2) Fin de ciclo civilizatorio. Período entre dos etapas históricas.

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5- Comercio, comunitarismo, y respeto mutuo.

Quiero que sepan esto: ¡Yo también defiendo el socialismo! Ahora, siempre que quienes se sometan a él lo hagan voluntariamente, y que voluntario sea también el salirse del mismo si uno lo piensa mejor. Lo mismo con el capitalismo, el tradicionalismo, el ruralismo y el cosmopolitismo, el decrecimiento y el consumismo... ¡Y hasta el fascismo y el feudalismo!

Siempre que dependa de la libre elección de cada cual someterse a las normas que sean, cualquiera que sea su rigidez o laxitud, no me parece legítimo oponerme a ello. Como tampoco me parece legítimo que esto mismo se haga sin el consentimiento expreso de cada-uno-de-los-ciudadanos.

Esto no es exactamente una utopía. 
De hecho, se la ha denominado Metautopía.
La diferencia entre ambas consiste, primero, en que ésta última es bastante más realizable; y segundo, en que al ser su pilar central el respeto por las utopías de los demás, no exige el titánico, quimérico reto de aplicarla a todos por igual -cosa que, dicho sea de paso, es inmensamente arrogante, puerilmente egoísta, e implica una clara injusticia de fondo.-
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Oímos con frecuencia reflexiones como la siguiente: 
"Casi todos quieren un mundo a su manera donde impere la idea que propone. Nada mas imposible que eso." .. ¿Ah sí? ¿Estamos tan seguros de ello? Porque yo les voy a nombrar una razón, una sóla razón, por la que es imposible. Y es que, tanto fascistas, como comunistas, postfascistas, socialistas del s. XXI, conservadores, tradicionalistas, mercantilistas, y demócratas en cualquiera de los imaginativas acepciones que existen hoy de esa palabra.. siguen pretendiendo IMPONERLES A LOS DEMÁS sus valores y formas organizativas. 
Si se respetase un principio tan simple y tan inatacable como es el de la voluntariedad.. nada habría de imposible en que cada cual pudiese desarrollar sus ideas y sus modelos de sociedad.
Pero claro, renunciar a imponerles a los demás las propias ideas es un paso en nuestra evolución cultural que no se dará de un día para otro. Se requiere una madurez que no todos, ni mucho menos, han alcanzado aún.

«Los hombres se debaten impotentes frente a una masa caótica de datos y esperan con paciencia patética que el especialista halle lo que debe hacer y a dónde debe dirigirse. Este tipo de influencia produce un doble resultado: por un lado, escepticismo y cinismo frente a todo lo que se diga o escriba, y, por el otro, aceptación infantil de lo que se afirme con autoridad. Esta combinación de cinismo y de ingenuidad es muy típica del individuo moderno. Su consecuencia esencial es la de desalentar su propio pensamiento y decisión.»

(Erich Fromm, ´El miedo a la libertad`.)


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Quiero retomar, para poner fin a este alegato -y al tiempo, reflexión- lo que mencioné en el apartado dedicado al Estado del Bienestar, justo tras la cita de Anthony de Jassay. 
La gente escucha defender ciertas posiciones sin conocer el contexto ideológico, o axiológico, en que se enmarcan. Por eso cuando te quieren colgar el estigma, y dicen que "tu discurso huele a anarco-capitalismo", o peor aún,  a "neo-liberalismo", yo siempre insisto en que no hablo de otra cosa que de ´anarquismo`, sin aditivos ni adjetivos. 
¿Qué culpa tendré yo de que quienes apenas conocen la historia del pensamiento libertario -que va desde Bakunin hasta Ron Paul, pasando por los confederados norteamericanos- "oigan campanas" de "mensaje neoliberal" en algunas de las posiciones que defiendo?

Si el tan mentado y tan instrumentalizado "neoliberalismo" existe, pueden estar seguros de que tiene muy poco de libertario. 

El llamado "neoliberalismo triunfante" no permite la libre tenencia de drogas y armas, invade países extranjeros, restringe libertades civiles (incluída la de expresión), favorece que el poder empresarial se concentre en corporaciones o círculos de empresarios que se erigen en oligarquía, centraliza el poder político en estados que nada tienen de "micro" -como sería la opción libertaria-, ¡y sí!, coarta en mayor o menor medida el libre desarrollo de los mercados.

Si usted es de aquellos que suelen acudir a esos ´estigmas arrojadizos`, por favor, en lo sucesivo, cuando contraponga ideas con el resto de la gente, hable-con-un-poquito-más-de-propiedad. Tan sólo reclamo eso, y no creo que se trate de una exigencia caprichosa. ¿O sí lo creen ustedes?

domingo, 5 de julio de 2015

LA ÉTICA, LA LEY, Y LA EXCEPCIÓN.


Hace tiempo alguien escribió en este mismo blog, comentando aquel llamamiento algo provocador a acercar las posturas de anarquistas y fascistas. Me dijo que eso era irrealizable porque "la izquierda, a diferencia del fascismo, se distingue por colocar la ética sobre todas las demás cosas". Francamente, no quise contestarle por no burlarme de él o preguntarle directamente por la ética del gulag o de la revolución cultural (es un topicazo, lo sé. Pero no por ello deja de ser una muestra sangrante -nunca mejor dicho- de la nula legitimidad de la izquierda para hablar de "ética" con mayúsculas y no de UNA muy particular forma de entender la misma. Como también lo es la del fascismo, dicho sea de paso. Otro asunto es que se comparta.)

El problema de como entender la ética en política hoy se halla polarizado en dos grandes grupos (al menos en Occidente). Estas dos concepciones podrían sintetizarse de la siguiente manera:

a) La ética meramente aplicada en el corto plazo. La ética expresada a través de excepciones a la legalidad vigente. (Ambas tendencias están relacionadas, como luego veremos.)

b) La ética pensando ante todo en el largo plazo. La ética expresada en la igualdad jurídica, y por tanto, en la aplicación impecablemente rigurosa de esa ley (sin excepción alguna.)

La forma "a" suele estar representada por la izquierda, el socialismo, la social-democracia, y muchas veces los nacionalismos y neo-fascismos. Se basa en solucionar los problemas de la gente HOY sin importar -o esa impresión da- si de esa manera pueden crear mayores problemas en el largo plazo de los que van a resolver en el corto (incluso si van a perjudicar en ese futuro a los mismos que hoy pretenden ayudar.)
Ejemplo: Impedir desahucios de personas en régimen de alquiler que no puedan pagar el importe del mismo. Por lo pronto, les ayuda a no perder el techo bajo el que habitan; pero si esa política se mantiene, los dueños de pisos destinados al alquiler se mostrarán cada vez más reticentes a sacarlos al mercado, sabiendo que podrían no pagarles, y por si fuera poco, que en tal caso ni siquiera podrían echar al moroso y buscar otro inquilino. Con lo que, en poco tiempo, será más difícil que nunca encontrar un piso que alquilar; y en consecuencia, todos perderán por igual mucho más de lo que pudieron ganar aquellos "elegidos" a quienes se ayudó. Tambien habría que mencionar la posibilidad que verá inmediatmente el caradura de turno (especialmente en la tierra cuna de la Picaresca) de destinar sus ingresos a cualquier cosa antes que al alquiler, sabiendo que sus "tan éticos gobernantes" ni siquiera se van a molestar en averiguar quién paga porque no puede y quién porque no le da la gana, dado que son tan "éticos" y "confian en el ser humano".
Vemos como se cumplen en ese ejemplo concreto ambas tendencias: El observar tan sólo el corto plazo, y el basar la acción política en la excepción a la ley. Vemos también, por tanto, como hacer salvedades puntuales a las leyes, sea en nombre de la justicia o de lo que sea, provoca que cada vez menos gente se fie de ellas (o, por lo menos, de aquellas que más a menudo están sujetas a excepciones). ¿Alguien cree que esto puede dar lugar, bajo cualquier punto de vista, a una sociedad más ética?
La forma "b" de afrontar esta diatriba quedaría, de alguna manera, mostrada por defecto. Sería la forma que, en principio, evitaría todas esas contradicciones y todos esos círculos viciosos. Se distinguiría, pues, por estar vigilante para no caer en esas trampas.
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Y sí: La defensa más firme de esta postura, hoy, procede del liberalismo. ¿Qué ocurre? Que todos los demás han renunciado a defender unos principios que no debieran pertenecer en régimen de exclusividad a ninguna escuela, sino ser moneda común entre todo DEMÓCRATA que se precie (pretendo hacer un guiño con este subrayado a cierta "neolengua" que corre por ahí, y que pretende asimilar tal palabra nada menos que a "socialista". Pero que no les engañen: Si la democracia no está en LAS FORMAS, es decir, en las REGLAS DE JUEGO -como bien diría un demócrata de pro como Trevijano-, no está EN NINGÚN SITIO.)
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Retornando un momento al texto que nombré hace un rato -y que probablemente hoy no firmaría-, aclararé que ahora mismo me inclino a pensar que esa estrategia del "anarco-fascismo" habría que ampliarla a "anarco-socialismo", "anarco-catolicismo", "anarco-carlismo", y a todos los demás ismos sin excepción (de nuevo, fieles a esa norma básica de cordura). Lo que juzgo más necesario a dia de hoy es, pues, imbuir de los principios libertarios más básicos a toda ideología socio-política. Como dice Rallo, "el liberalismo (aunque yo cambiaria la palabra, desde luego) es un marco de principios éticos en el que pueden desarrollarse luego doctrinas de todo tipo, siempre que estén presididas por la idea de voluntariedad".  Si de verdad fuese eso el liberalismo, yo me declararía liberal sin pestañear. Pero como ocurre que eso responde más bien a "qué es el liberalismo según Juan Ramón Rallo", y según ese relato puntual pensado de cara a transmitir lo que es PARA ÉL la idea esencial, deberíamos quizá buscarle otro nombre como "marco político de libertad" o "consenso previo de voluntariedad". Por falta de términos que no quede.
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Pero sigamos atendiendo a lo que tiene que decirnos este "gramsciano de derechas" (los que conozcan bien sus ideas sabrán por qué lo califico de esta manera). Insisto en que, por encima de "peleas entre bandos", se trata de un intelectual que dará mucho que hablar, y que nos moverá a cuestionar infinidad de ideas asumidas hasta hoy, en lo que resta de esta etapa histórica presidida por la crisis de valores (que aun podría abarcar unas cuantas décadas.)
Y para mostrarles que hay, cuando menos, algo de verdad en esto que digo, yo de ustedes no me perdería por nada del mundo este debate: 
Verán que, al comienzo, parece hasta nivelado, pero conforme avanza, Rallo se "merienda" a Raventós. Y no se puede expresar con mayor amabilidad, porque así es como ocurre. El primero se crece, y la convicción que inspira entra a su vez en un crescendo paralelo, desembocando en el más glorioso de los triunfos (y confieso que se me hace cuesta arriba  reconocerlo, por aquello de estar "mojándome con el liberal"). 
Pero si tienen la deferencia de escuchar ahora esos últimos 4 minutos, podrán comprobar que es, si me permiten la licencia, el final propio de una obra épica. El último en formular una pregunta resulta ser alguien que va "a cuchillo" a por el mentado -se ve que se le ha atragantado la posición defendida por éste- y acude, ya sin rubor, a las más manidas demagogias, al más rastrero chantaje moral disfrazado de argumento. Al verse blanco de semejantes acusaciones injuriosas, la defensa que esgrime Rallo es dificilmente superable en contundencia. Un diez. Chapeau!

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Es evidente que tengo muchas muchas reservar con el liberalismo como sistema de pensamiento (probablemente más en el terreno filosófico que en el político). Pero siempre hay que discriminar claramente, primero: entre la validez (o solidez) de los argumentos concretos y la validez (o solidez) de la filosofía en que se encuadran. Y segundo: entre el sistema de pensamiento (político, filosófico) tomado como un ente homogéneo y diferenciado; y por otro lado, LOS pensadores, LOS filósofos, LOS enfoques, LAS perspectivas PAR-TI-CU-LA-RES; las cuales debieran ser, seguramente, más valuables por sí mismas que atendiendo a la "escuela" a que "pertenecen".

Es obvio, por otra parte -y esto hay que dejarlo claro- que cuando hago notar que, con frecuencia, los argumentos liberales superan en objetividad a los socialistas, ello no implica en absoluto que sean también superiores a otras muchas perspectivas políticas a las que se alude menos. (Hay mundo más allá del binomio socio-liberal). En el contexto de las ideas que allí se enfrentan, "el liberal" supera "al socialista". Pero asimismo, resultan enfrentarse, hay que recordarlo, dos paradigmas que son igualmente materialistas, economicistas y universalistas; y todo ello está, por causa directa o indirecta, en el centro de mi crítica a esa filosofía; amén del famoso individuo-átomo y el famoso mercado-libre que nadie ha visto, al menos en este Manvántara.

Por decirlo en pocas palabras: mis reservas con el liberalismo son, seguramente, más filosóficas que políticas. Aquello que defiendo en este contexto, por tanto, es la postura PARTICULAR de Rallo antes que "la postura liberal". Ya aclaré que me parece más constructivo valorar los pensamientos de los individuos al margen de la etiqueta con la que se identifiquen (los pensadores son uno de los pocos grupos que alcanzan la categoría de individuo, aunque no se excluye que se comporten como masa en otros ámbitos de la vida, pero ese sería ya tema de otro escrito). Decía que yo opto por valorar los pensamientos individuales por si mismos más que como pertenecientes a "un club". Porque ocurre que, frecúentemente, encuentro más distancia entre el valor que le otorgo a dos ideólogos de una misma escuela que la que veo entre dos de escuelas distintas. Por acudir a dos ejemplos que estarían notablemente alejados entre sí, y que efectivamente, valoro por diferentes motivos, podría nombrar al mismo Juan Ramón Rallo y al también libertario, pero anticapitalista, Félix Rodrigo Mora.
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Se me confirma, por todo esto que he intentado transmitirles, aquello que ya manifesté en otro texto dedicado a la libertad, la ética y el Estado: Los principios liberales son para mí un faro, nunca una doctrina que, desde mi perspectiva, merezca asumirse por entero. Una referencia moral en el horizonte y no, como para otros, una serie de preceptos que deban bastarse por sí mismos y presidir toda reflexión socio-política como si no existieran otras perspectivas que pueden complementar, y hasta poner en cuestión, algunos puntos de esa ética que se pretende autosuficiente. 

Y si el liberalismo es un faro, ¿el socialismo, entonces?
Más bien se asemejaría a las luces de neón de una wiskheria.


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«He aquí el estado del proceso. El socialismo denuncia sin tregua las maldades de la civilización, consigna día por día la impotencia de la economía política para satisfacer las atracciones armónicas del hombre, y presenta querella sobre querella; la economía política llena sus autos con los sistemas socialistas que pasan unos tras otros, y mueren desdeñados por el sentido común. La perseverancia del mal alimenta las quejas de los unos, y los constantes descalabros de los reformistas dan materia a la maligna ironía de los otros. ¿Cuándo llegará el día del fallo?»

(Pierre Joseph Proudhon, ´Filosofía de la miseria`.)


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«Con la excepción de Holanda y Suiza, el Estado reina triunfante en todos los países de Europa. En nuestra "nueva" civilización existe la esclavitud obligatoria de las masas y, por razones de beneficio económico, la lealtad más o menos voluntaria a las clases económicamente privilegiadas al Estado. Y las llamadas revoluciones del pasado -incluyendo la gran Revolución Francesa, pese a los magníficos conceptos que la inspiraron-, todas estas revoluciones no han sido otra cosa que las luchas entre las clases explotadoras rivales por el disfrute exclusivo de los privilegios que les brinda el Estado. No expresan otra cosa que la lucha por el dominio y la explotación de las masas.»

(Mijail Bakunin, ´Crítica del determinismo económico y el materialismo histórico.`)

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martes, 2 de junio de 2015

"Evola: Permanecer en pie sobre las ruinas, orientarse en medio del caos" (II)


Evola tiene dos dimensiones para mí, hay dos tendencias que se me abren simultáneamente tras leer parte de su obra. Dos sensaciones completamente contrarias se suscitan ante su pensamiento en conjunto. La primera es la que introduje someramente en la anterior entrega: la fascinación ante una visión novedosa, al mismo tiempo que total e integradora, del cosmos, de la vida y de la historia; un conjunto de lúcidas miradas a lo ancestral y a lo moderno que actúan como un poderoso catalizador de la imaginación reflexiva. La segunda toma la forma de un beligerante escepticismo ante unas referencias intra-históricas, meta-históricas -pseudo-históricas para muchos- cuya defensa es tan vehemente como dudosa su veracidad; cuya convicción parece mostrarse más firme cuanto más endeble es el crédito que merecen sus indicios. 

Dado que el autor valora más la pureza de las distintas formas de espiritualidad, cultura y civilización en tanto más se alejan del presente, uno no para de interrogarse por si no será todo, al final, poco más que fuegos fátuos.  Más incredulidad suscita aún su afirmación de que el género humano no ha estado sujeto a evolución en sentido darwiniano sino, muy al contrario, a una involución desde unos tipos ideales cercanos a la perfección divina, e incluso inmortales (aunque esto último no se afirme con total seguridad.)

Pero con todo, esa idea tan central en su cosmovisión que tiende a explicar la historia como perpétua batalla entre Modernidad y Tradición es vibrantemente fecunda en las reflexiones filosóficas que suscita en el tipo de lector más combativo, como es el caso de quién les habla.

Desarrollaremos a continuación cuatro aspectos, cuatro vertientes de estas tesis metahistóricas y metapolíticas, aunque el primero engloba a los otros tres, o si lo prefieren, es el tronco del que surgen esas tres ramificaciones:


TRADICIÓN Vs DISOLUCIÓN.  
-¿Por qué la Modernidad es esencialmente disolución?-

Este punto es del que se derivarán, como hemos dicho, todos los siguientes. Expresémoslo en tres o cuatro ideas-fuerza para interiorizar mejor a qué nos referimos. 
Si pensamos en clave de "culto a la grandeza vs culto a la mediania" o "cultivo de la excelencia vs cultivo de la bajeza" podemos intuír ya por qué senderos transita la idea.
O quizá nos orientamos mejor si decimos "aristocracia vs oclocracia"..
"LO HERÓICO Y PERSONALISTA VS LO ANÓNIMO Y ANODINO" ...

Que el horizonte sea EL ABSOLUTO o que el horizonte sea LA NADA.. ¿?

Sé que hoy poseemos una mentalidad tan diametralmente opuesta que todo esto nos suena a cosa rancia y reaccionaria. Tenemos tan aprehendidos los conceptos, precisamente modernos, de igualdad, humanismo y democracia, que puede resultar difícil salirse del contexto histórico y juzgar las ideas que han conformado nuestro mundo actual desde fuera del mismo.

Pero aquellos viejos temas, la oclocracia, la REBELIÓN DE LAS MASAS, son tan actuales hoy como lo fueron siempre. Y filósofos de la talla de José Ortega y Gasset han recogido esta problemática con una brillantez y una clarividencia que, como poco, nos debe hacer ver la necesidad de atender a estas cuestiones; aunque no necesariamente suscribamos las opiniones concretas de Ortega, ni mucho menos, las más radicales de Evola.

No estamos diciendo que haya que prescindir de la democracia -ese sería un tema que llevaría demasiado desarrollar, y estas no son, en ningún modo, unas reflexiones sobre formas políticas-. Lo que estamos diciendo es que urge echar el freno de estos tiempos tan acelerados para otear de vez en cuando los peligros que, desde diversos flancos, se ciernen sobre nuestra agotada civilización. Y repensar profundamente nuestra vehemente defensa del "Pueblo llano" y nuestro ataque, igual de vehemente, a lo aristocrático en su sentido más puro y más amplio. 

¡Los referentes son importantes! En esencia, esa es la cuestión que se encuentra en el centro de este problema -grave problema que, si no atajamos, traerá aun más trágicas consecuencias de las que ya ha traído- ¿A qué aludimos cuando decimos "referencias"? Obviamente, hablamos de referentes socio-culturales, de los mitos y héroes que inspiran a la gran masa. De la diatriba crucial consistente en elegir si tomamos como ejemplo la excelencia o la mediocridad, si vamos a mirar hacia las alturas o hacia el fango.  Hay que expresarlo de forma así de clara y contundente, pues si nos andamos con remilgos y medias tintas no vamos a llegar nunca al núcleo duro del asunto.

Sobre ello podríamos seguir hablando varios párrafos más, pero como todavía quedan más puntos por tratar, lanzo sin más la pregunta que tanto nos urge empezar a hacernos todos y cada uno de nosotros:

¿Creen ustedes que estamos cultivando realmente la grandeza en la sociedad actual?

A juzgar por lo que llega a nuestros ojos y oídos cada día, el horizonte no parece en exceso halagüeño, y la respuesta a esta pregunta se va aclarando conforme va oscureciéndose aquel horizonte.


TRADICIÓN Vs MATERIALISMO.

Y a este mismo respecto, pongamos el foco ahora sobre otra diatriba, aquella ya vieja pugna entre la concepción espiritual y la concepción material del mundo.

En la obra que más me interesa de Evola, al menos de las que llevo leídas, que es la titulada "Cabalgar el tigre", se citan las certeras palabras de André Bretón:"Es preciso impedir que la precariedad completamente artificial de las condiciones sociales vele la precariedad real de la condición humana". A lo que el italiano añade después, con sus propias palabras, que "el verdadero significado del mito económico-social, sea cual sea su variedad, es la de un medio de anestesia interior o de profilaxis tendiente, no sólo a eludir el problema de una vida carente de todo sentido, sino a consolidar todas las formas de esta fundamental ausencia de sentido en la vida del hombre moderno".

¿Cuantas veces hemos expuesto la miseria economicista, cuando no historicista, del liberalismo y el socialismo? 

¿Cuanto vacío no habrán engendrado en el alma del Hombre, estos dos, prometiendo llenar su estómago?

El marxismo se ha pretendido frío y objetivo siendo burdo, superficial, y estrecho de miras.
Ver en toda realidad social una forma de dominación no es, como creyeron ellos, ni ser honesto ni tener un prisma analítico; es ser simplista, vulgar, y supone una negativa a priori a la posibilidad de profundizar. Es amputarse la capacidad de repensar y re-enfocar las realidades de nuestro entorno.

Del liberalismo se puede decir lo mismo, haciendo la salvedad de que su enfoque es optimista -donde el anterior dice "dominación", éste pone "colaboración-, pero igual de ingenuo en su exaltación de los potenciales del homo economicus como el marxismo en su visión cruel e implacable de una historia humana que, en su pluma, deja un sabor a profunda NADA.

MORAL TRADICIONAL Vs MORAL MODERNA

"Si la ley debiera prohibir todo lo que juega el papel de estupefaciente, en el sentido más general del término, haría falta suprimir gran parte de lo que compone la existencia moderna y alimenta una industria particularmente desarrollada y agresiva."

(´Cabalgar el tigre`, J.E.)

Hoy ya empieza a estar más difundida una moral alternativa a la prohicionista, pero asimismo, alejada de concepciones cómodas e irresponsables como las de ciertos apologistas del "modo de vida adicto", por darle algún nombre. 

Gentes bien conocidas en nuestro país como los señores Escohotado y Dragó llevan tiempo haciendo una encomiable labor pedagógica que puede encaminarnos a escapar de esa errada diatriba entre, por un lado, la cruzada contra ciertas sustancias y, por otro, la moral laxa y destructiva del "haz lo que quieras".

Los que tengan algo sabido el discurso de estos intelectuales, y de muchos otros, como puedan ser Castaneda, Jung o Jodorowsky, estarán en conocimiento de que todos los problemas derivados de las sustancias enteogénicas tienen por origen la ruptura del vínculo entre la sustancia en sí y la tradición que la acompañaba; entre la planta, el brebaje, el preparado, y el entorno cultural en el cual se enmarca y que lleva consigo el conocimiento acumulado de decenas de generaciones sobre el estupefaciente en cuestión.

Pero la reflexión urgente en estos "tiempos de disolución" es la que apunta Evola en la cita: Sea por medio de sustancias o por otros medios cualesquiera, la sociedad occidental post-moderna está llegando a un paroxismo de la sedación; y es cada vez más evidente que no es algo casual, porque es demasiado obvia y demasiado golosa la tentación de los poderosos, de un grupo u otro -o más bien de todos- de suministrar a la masa tantas clases de "adormecientes" como haga falta, con tal de que les dejen hacer, ocasionándoles las menos molestias posibles.

Y sin salir del mismo ámbito, veamos qué ocurre con el sexo. Evola dice sobre el papel de éste en la actualidad que "es como si esta obsesión sexual que se habia manifestado anteriormente con la mentalidad puritana bajo un signo negativo, a través de inhibiciones, tomara hoy día, incluso con carácter más agudo, un signo positivo." 

No me podría parecer más acertado el diagnóstico. Me he cansado de advertir sobre esto durante largo tiempo. Tan perniciosa y contraproducente puede resultar la inhibición generalizada como la inducción igual de generalizada. Para que uno pueda "liberarse" realmente, deberá estar tan libre de coerciones como de estímulos. Una sexualidad libre es la que no tiene miedo de expresarse tal como es, bien sea por exceso, o bien por defecto. No hemos logrado, por tanto, ninguna liberación sexual, como diría el papanatas medio de nuestro tiempo, sino que hemos cambiado represión por potenciación, ambas igual de artificiales, y ambas un efectivo medio de control social.

A continuación, Evola también advierte que "allí donde el sexo se pone de relieve, es natural que la mujer, su dispensadora y su objeto, domine la situación". Y esto resultaba evidente a cualquiera cuando nuestro juicio no estaba tan condicionado por esos nuevos complejos pequeño-burgueses, esos tabúes que hoy se expresan de forma tan pacata en el miedo atroz a reconocer diferencias entre sexos, gentes, y costumbres.

El que "la mujer domine la situación", más allá de que esto no equivalga a decir que "lo femenino domine" -confusión que ya aclaré en un texto específico sobre ello-, también entraña conflictos, tanto externos como internos, a los que no podemos dar la espalda. 

Doy por hecho que la mayoría va a convenir en que hay diferencias evidentes y que no responden al influjo cultural entre uno y otro sexo. Partiendo de este acuerdo, convendremos en que si la balanza se inclina a favor de la mujer, o del varón, la realidad socio-cultural resultante será distinta, puesto que los valores que la han impulsado también lo son.

Como la virilidad ha sufrido un proceso de demonización tal que ha acabado convirtiéndose en anatema, cuesta hablar en estos términos sin suscitar indignación -antes aludimos a los "complejos pequeño-burgueses", pero igualmente podríamos hablar de "neo-puritanismo", de un trasunto de la vieja mojigateria o santurronería- Es difícil pues, hoy, plantear abierta y claramente que nuestra sociedad está sometida a un proceso de CASTRACIÓN, no sé si con más o menos prisa, pero desde luego que sin pausa, y sin tregua.

No vamos a hacer un listado de todas las consecuencias que esto traerá a la larga -además de las que ya está trayendo-. Sería imposible abordar todos los ámbitos en que esto puede llegar a expresarse. Lo que vamos a hacer es dar unos apuntes concisos para movernos a cuestionar ciertas ideas que hoy están instaladas en el consenso social pero que bien podrían salir de él si fomentamos el diálogo crítico -cosa que escasea cada vez más por estos lares, pues como dice Rodrigo Mora: "En una sociedad hiper aleccionada y dogmatizada, los hechos cuentan poco, ya que la mayoría se guía por teorías e ideas abstractas."-

¿Decir que esta es una sociedad castrada es exagerado? ¿Suena a exabrupto de macho alpha trasnochado? Desde luego, por ahí no me pillarán, porque si bien intuyo en este apoquinamiento del varón un hecho desgraciado, no soy yo un ejemplo de extrema virilidad -y de hecho, defiendo también la posibilidad de que existan virilidades distintas- A donde yo quiero ir a parar es a algo muy básico: Antes hablábamos de una "balanza descompensada". Pues ni más ni menos que ese es el problema -todos los demás se derivan de uno u otro modo de él- ¿Les suena aquello del "yin y el yang" y la complementariedad de los opuestos? ¿Me aceptarían también, o es mucho pedir, que las mujeres tienden a ser más emocionales, generosas y tolerantes que los varones? 

Pues bien, si aceptamos estas premisas -que para algunos ya será mucho aceptar- apreciaremos claramente que, veámoslo positivo o no,  la moral social se inclinará más hacia los valores femeninos que hacia los masculinos -aunque aquí hay que hacer una importante salvedad. Y es que, como ya dije en el texto al que aludí hace un rato, estos valores ancestrales de la mujer están ya muy contaminados de los valores viriles que el feminismo, en gran parte, ha adoptado.- Pero aun habiendo asumido muchos valores masculinos como propios, las mujeres de hoy siguen siendo en cierta medida muy parecidas a las mujeres de cualquier otro tiempo; y como tales, lo emocional, lo maternal, lo "suave", sigue primando en las actitudes y en los valores de gran parte del sexo femenino. 

Y esto es lo que ocurre, o lo que recién empieza a ocurrir, que al tomar cierto dominio moral la mujer sobre el varón, aun no habiendo llegado a ser absoluto, ni mucho menos, sí se observa que cedemos cada vez más, en conjunto, al buenismo, a la compasión por defecto, al.. "dejarlo estar", movidos quizá por el chantaje emocional, digámoslo así de crudo, de la masa femenina que va tomando protagonismo en el consenso social.

E insisto en que todo lo descrito no implica que este cambio sea a mejor o a peor. Ustedes deberán decidir eso. Unos opinarán que "ya era hora", otros que convendría equilibrar la balanza, e incluso los habrá -sé que los hay- convencidos de que lo natural y lo sensato, de toda la vida, es que domine el varón.
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Y como estos párrafos se han alargado más de lo que planeé, dejaremos ya para la tercera entrega, y la dedicaremos por entero a ello, la reflexión sobre la última de estas oposiciones planteadas por el pensamiento evoliano, que es la existente entre RELIGIOSIDAD TRADICIONAL y RELIGIOSIDAD MODERNA.





viernes, 8 de agosto de 2014

"SOBRE EL ESTADO Y LA LIBERTAD, Y SOBRE LO IDEAL Y LO REAL"




Últimamente he abandonado mi sana costumbre de leer unas decenas de páginas cada día, (costumbre que, confieso con cristiana culpa, siempre fue intermitente) Seguramente algo tuvo que ver la aridez y densidad de "Dios y el estado", que no sé si algún día conseguiré terminar.

Pero sin embargo, me he enganchado a unos cuantos conferencistas, encadenando sin descanso un video tras otro. Y a pesar de esa "tregua" mía con las letras, al final estuvo el origen de mi "viaje" en ese pesado texto de Bakunin, pues enlacé las disertaciones del lúcido Felix Rodrigo Mora (el más cercano al filósofo ruso) con las de los igualmente lúcidos Antonio Escohotado o Almudena Negro (libertarios pro-mercado)

Debo confesar también que las reflexiones suscitadas por estas mentes preclaras me han vuelto, quizá, más anarquista que nunca antes, y añado, no sin sano orgullo, que también menos dogmático. 

El Mercado no es malo en sí. Hace un tiempo le comentaba a un colega que "realmente, no hay que ser anti-nada, ni siquiera anti-capitalista" -a pesar de ser el ideologema conductor de toda mi reflexión política- pero más que por qué el capitalismo sea mejor o peor, por qué, en cuanto te defines como "anti-cualquier cosa", ya estás cortando a tu raciocinio posibles vias de desarrollo. Si el Mercado, o la libre competencia, entraña problemas objetivos, y concretos, a eso es a lo que debemos atender, pero no partir de un ideologema que dice "esto es malo o erróneo en todos los casos" (lo mismo para el Estado en el caso de los libertarios, igual de izquierda que de derecha) Antonio Escohotado suele resaltar algo que lleva obsesionándome un tiempo y que está en la raíz de esto: La política, y las Ciencias Sociales, deben trabajar CON LO REAL, NO CON LO IDEAL. Cuando partimos, por ejemplo, de esa idea que es hoy epidémica -el Igualitarismo-, jamás vamos a conseguir respuestas satisfactorias ni "recetas" que funcionen a largo plazo, más bien nos daremos de bruces contra un muro, y luego tras otro (el muro es LA REALIDAD) sin explicarnos en qué hemos fallado.. La inercia propia de este axioma es huir hacia delante "¿Será pues que aún estamos poco ´igualados`?" Por supuesto, una mente poseida por este apriori dificilmente se planteará que es el apriori el que falla, por ello la respuesta no puede ser más que ahondar en el error, y agravarlo, una vez tras otra... y así hasta que todo colapse (como le ocurrió al Bolchevismo y le ocurrirá a los monoteismos)

Me empiezo a plantear seriamente si el PROBLEMA, el verdadero problema, no es el Capitalismo o el Estado, sino justamente la connivencia entre ambos. Tampoco es que me esté tentando la cosmovisión anarco-capitalista, ahora tan en voga, pues siempre desconfío de las "recetas mágicas" o unívocas, que pretenden dar solución a todo (o casi todo) con un único y estrecho paradigma.. 
..que caen en la arrogancia de reducir la complejidad de la naturaleza del Hombre y sus modos de relacionarse a unas premisas que pretenden ser válidas en todos los casos, en todos los tiempos, y en todos los meridianos.

Sí pienso, por el contrario, que la libertad individual es un bien que, sin ensalzarlo como absoluto o supremo, debemos siempre cuidar con extremado celo. Para mí el Liberalismo no es un planteamiento que deba estar en el centro de la reflexión política, sino más bien un "faro moral" (según exige el momento, más urgente o más postergado) pero siempre una brújula, una "alarma" que nos prevenga de tentaciones para-totalitarias.

Y sigo haciendo hincapié en la perversidad de los valores absolutos, del ideal frente a lo real.

¿No se da cuenta nadie de que, cuando los revolucionarios franceses entronizan a la Diosa Razón, están en ese mismo momento enterrando LA RAZÓN CONCRETA y cotidiana? ¿No es cuando se ensalza la Libertad con ´l` mayúscula, cuando más persecuciones se desatan, cuando más se oprime la libertad efectiva? (Y sobre todo, cuando olvidamos lo que es la genuina libertad, que muy lejos del "haz lo que quieras", está indisolublemente unida al concepto de responsabilidad) ¿No es, al final, cuando ensalzamos al individuo sobre todas las cosas, cuando más negamos al individuo real (muy distinto del individuo abstracto que sólo existe en nuestra imaginación, pues el real siempre depende de categorías supra-individuales)?

*

Hablaba antes de la inercia de los ideologemas. El ideologema no es más que una micro-ideología, una "rutina de pensamiento" instalada del mismo modo que un programa. Cuanto más abierto esté a constante revisión, menos tendrá de cómoda rutina, y más de genuino amor por la verdad. Cuanto más cerrado se muestre a posibles cuestionamientos, mayor su carácter dogmático, y  en esencia, irracional.

Pero ahondando en mi renovada conciencia anarquista, y en la luz que arrojan sobre el problema del Estado todos estos pensadores, me surgen en los últimos días unas cuantas preguntas de gran calado:



¿Como nos hemos podido tragar el cuento del "estado protector"?

¿No nos hemos dado aún cuenta de que, si delegamos nuestra responsabilidad para con nosotros mismos, Y PARA CON NUESTRA COMUNIDAD, en un ente "benefactor", nos convertimos a la larga en absolutos inútiles funcionales?

Combinemos esto con el consumismo, los medios de id(ea)iotización masiva, y el hedonismo y ombliguismo creciente: ¿Pero como no nos van a "conquistar" los chinos, los indios, o los turcos? Si nos hemos convertido en sub-humanos contemplativos, cuasi vegetativos, en piltrafas que, puestos ante una situación de excepción (y en las próximas décadas, no serán pocas) seguiremos lloriqueando a "papa estado" para que nos rescate de nuestra apabullante ineptitud en cuidar de nosotros mismos.

No se equivoquen, no estoy optando por la "solución del Mercado" -que todo lo equilibra y lo pacifica según no se sabe que ley pseudo-darwinista- Estoy llamando a la alternativa de COGER EL TORO POR LOS CUERNOS, de decirle, tanto al Estado como al Mercado, "NOSOTROS TOMAMOS LAS RIENDAS DE NUESTRAS VIDAS", pero como no me canso de insistir, NO COMO SERES ATOMIZADOS -individuos libres abstractos tan capaces como el mismo Prometeo- sino como seres reales, y por tanto comunitarios, QUE SE RESPONSABILIZAN DE SUS VIDAS INDIVIDUALES PRIMERO, PERO TAMBIÉN DE SUS PEQUEÑAS COMUNIDADES (las únicas que realmente conocen, a diferencia de abstracciones como la raza, la clase, o la nación)

¿Quiere ser usted "un capitalista", un empresario? Nadie tiene porque impedírselo, a no ser que en el transcurso de su actividad, su obrar se oponga visiblemente al bien común, y entonces NOSOTROS, no "el Gran Hermano", tomaremos cartas en el asunto. ¿Como? Eso es materia de otra reflexión que no toca ahora.

Pero si usted quiere vivir de modo mutualista, si usted toma la iniciativa de crear junto a sus vecinos sus propias instituciones, su propia policía voluntaria, o incluso milicias populares; si deciden comprometerse cada uno de ustedes al cumplimiento de las normas consensuadas, y responsabilizarse, en definitiva, de la estabilidad y seguridad de su patria chica en vez de delegar en el ente estatal, debe usted poder hacerlo. Y que no le digan que es una utopía o un sueño inalcanzable, pues en realidad, ha sido más habitual en la historia humana este modo de organización que el estado centralizado.

¿No serán ellos, pues, los "hombres de estado", los que un día tendrán que despertar de su sueño megalómano, de su monstruoso delirio mesiánico?


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Creo además que todo esto que planteo no es sólo lo que debería ocurrir, sino LO QUE VA A OCURRIR, los seres humanos estamos hartos de que se constriñan nuestros naturales modos de ser y organizarnos. Estamos, cada día que pasa, más curados de los dirigismos y los trileros, del Estado o del Mercado. Nos han engañado tanto TODOS que sólo podemos confiar en nosotros mismos 
-Reitero, no "nosotros mismos: individuos aislados", sino nosotros mismos agrupados COMO A NOSOTROS NOS PLAZCA (no como a "ellos" se les antoje VETE A SABER CON QUÉ PROPÓSITOS)-

¡Por el anarco-tradicionalismo y el estado polimorfo! ¡Por el fín de las "recetas mágicas" y la sumisión de la realidad al ideal! ¡Recuperemos lo concreto, lo diverso, y huyamos de lo unívoco! 

¡VIVA LA REALIDAD, MUERAN LOS ÍDOLOS RELIGIOSOS Y SECULARES!

¡ENTERRAD LAS TEORIAS, Y EN SU LUGAR VERÉIS SURGIR...

.. LA VIDA!
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