Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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miércoles, 3 de febrero de 2016

"LA REBELIÓN CONTRA LA REALIDAD".

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En mi periplo por los mundos de la pseudociencia y la conspiranoia aprendí algo que sólo después, contraponiendo lo observado allí con lo observado en otros lares, me sirvió de gran ayuda en el descubrimiento de trampas gnoseológicas. Más concretamente: aprendí que la manera de razonar y defender las ideas pseudocientíficas, conspiranóicas -como las religiosas- responde a un patrón muy similar a la manera de razonar y defender las ideas izquierdistas, fascistas y, en parte, las conservadoras. Hay izquierdistas (quizá no tanto fascistas y conservadores) muy críticos con la pseudociencia y la religión. Pero únicamente son críticos con la pseudociencia "dura" y la religión trascendente, no con la pseudociencia "blanda" y la religión inmanente; esto es: no son críticos, sino incluso defensores, de las PSEUDOCIENCIAS (o religiones) POLÍTICAS, LAS PSEUDOCIENCIAS (o religiones) ECONÓMICAS, Y LAS PSEUDOCIENCIAS (o religiones) SOCIOLÓGICAS.

Hay algo que nos revela mucho: Si se le pregunta a varias personas acerca de “quién gobierna en el mundo”, los que se hacen eco de ideologías socialistas, fascistas y conservadoras religiosas responderán cualquier cosa menos “los gobiernos”. Pero a aquellos que opinan que los que gobiernan no pueden ser otros que LOS GOBIERNOS es a quienes se exige la carga de la prueba. ¿Ven ustedes por qué digo que ciertas ideologías políticas adoptan actitudes pseudocientíficas?

Lo mismo respecto al principio de falsabilidad: Tanto da decir que quienes gobiernan son las corporaciones o grandes empresas como la burguesía, los ricos, los judíos, la masonería o los reptilianos. ¿Alguien puede demostrar que no es así?

Las cosmovisiones pseudocientíficas (yo he llegado a conocerlas bien) comparten todas una característica esencial: el convencimiento religioso acerca de su verdad y la capacidad para usar todo argumento en contra como uno a favor; dicho de otro modo, un razonamiento que se auto-justifica por cualquier medio a su alcance.

Entonces yo me pregunto: ¿es que hay alguna diferencia entre dar por hecho, sin prueba alguna, que todo argumento en contra del relato judeofóbico procede de un “siervo de los judíos” y dar por hecho, también sin prueba alguna, que todo argumento en contra del socialismo procede de un “siervo de los burgueses”?; ¿entre rechazar toda explicación alternativa a la de los alienígenas ancestrales y rechazar toda teoría alternativa a la de la explotación?; ¿entre afirmar “con autoridad” que somos víctimas de una conjura ateo-masónica y proclamar con parejo convencimiento que estamos en manos de plutócratas internacionales?

Les concedo que existe una diferencia de grado. Pero no desde luego cualitativa; no desde luego en su armazón o su “lógica”.
(Confesión: Yo también quise soñar una vez
..... Me desperté.)
*
El izquierdismo no es sino una conspiranoia blanda: No se cree en iluminatis ni reptilianos que nos controlan, pero sí se cree en el gobierno en las sombras de "burgueses", de banqueros, de empresarios, o de "los ricos". No se cree que la medicina y la ciencia son instrumentos creados por seres malvados que usan para envenenarnos o dominar nuestras mentes, pero sí se cree que el capitalismo fue una alianza de intereses con el único propósito de explotar a las clases bajas. No se cree en la energía libre y gratuita pero sí se cree en un dinero y una riqueza que mana de los árboles sin necesidad de crear empresas ni administrar recursos, sin innovar en tecnología ni ampliar y diversificar mercados (no se ve en la riqueza más que “una tarta a repartir”; no se es capaz de superar la idea de que ésta es constante por más que los datos muestren que nunca lo fue; se pretende imprimir dinero expresa y declaradamente dirigido a inversiones.. ¡cómo no se le ocurrió a nadie antes!)

No se afirma ser víctima de un gigantesco show de Truman pero se aceptan como “evidentes” las mil conjuras contra las clases bajas, las mujeres o los países tercermundistas a manos de banqueros, industriales, y “los mercados”: Todo rumor, toda invención y todo meme que encuentre encaje en la mitología en torno al “capitalismo salvaje” se toma por indiscutible sin un solo indicio que lo apoye. Pero la carga de la prueba recae sobre quien lo niegue.
....................

En el alma de todo capitalista secretamente habita un 
avatar del Führer que no se sabe cuando puede despertar
~
La tergiversación, el chivo expiatorio y la idea del 
mal 
absoluto son indistinguibles en la propaganda 
de unos y otros: fascistas y socialistas.
Si afirma con gran convicción que el libremercado se impuso por la fuerza; pero aún nadie ha sabido explicar cómo pudo obligarse POR LA FUERZA a tanta gente a comerciar LIBREMENTE y a ENRIQUECERSE (si aún dudan de que la mayoría se enriqueció, miren los datos). Discúlpenme, siempre se me olvida que todo lo que contradiga el credo de ustedes es tomado por obra del demonio. Sí, ríanse de la comparación. Pero créanme que no son menos sonoras mis carcajadas cuando imagino a cientos de economistas y filósofos desperdigados por decenas de universidades y tomando parte en el mayor complot de la historia: la difusión del liberalismo económico por todo el orbe.. Viajes trans-oceánicos, grandes conferencias y simposios.. Páginas y páginas, horas y horas hilvanando palabras con el único propósito de hacer más ricos a sus señores, que para eso les pagan. Y digo yo, ¿no hubiera sido menos complicado poner mil máquinas de escribir en una nave y, de paso, no tener por ahí desperdigados a esos intelectuales a sueldo, expuestos a ser pillados en un desliz y, en el peor de los casos, echar a perder toda la operación? Cuesta creer que prohombres dedicados a la industria pesada y a las altas finanzas sean tan descuidados en lo que se refiere a la industria de ideas.

*
También se da por sentado que todo estudio sobre sexo, violencia o poder que contradiga el determinismo cultural no puede sino obedecer a “oscuros intereses”. Incluso la ONU y otros organismos dedicados a extender la bondad, la paz y la justicia por el mundo afirman que “la violencia es una conducta que la cultura enseña”. 

Pero aunque fuera verdad que la violencia, los celos, la propiedad, el egoísmo, el racismo,… son conductas que “la cultura enseña”, a fin de cuentas, ¿quién inventa y propaga la cultura? … ¿Y dónde aprendió el ser humano estos vicios?

Si no hay nada innato.. ¿Cuál diantres es la base de la cultura?

Digo yo que no puede ser la imaginación, dado que hablamos de un ser angelical por naturaleza al que la sociedad convierte en demonio.. 
¡Pero quién diantres es la sociedad, más que el conjunto de esos “seres angelicales”!

Inacabables son las paradojas a que nos aboca el mito de la tabla rasa y del buen salvaje

«El sexo es bueno porque es natural, y lo natural es bueno. Pero la violación es mala; por lo tanto, la violación no tiene nada que ver con el sexo.»

Podrá sonar ridículo, y hasta resulta difícil de creer que sectores de la intelectualidad progresista hayan llegado a mantener semejante desconexión con la realidad y a sostener posiciones tan contrarias a la lógica y al sentido común; pero en verdad no es otro el razonamiento que subyace a muchas de las afirmaciones de “intelectuales” y “científicos” de nuestra época. Steven Pinker, en su monumental obra ´La Tabla Rasa`, hace un recorrido por todas las implicaciones que se derivan o podrían derivarse de aquellos mitos tan omnipresentes, especialmente en las últimas décadas. En el siguiente fragmento sintetiza perfectamente el dilema acerca del sexo y la violencia:

«Si reconocemos que la sexualidad puede ser una fuente de conflicto y no sólo un saludable placer mutuo, habremos redescubierto una verdad que los observadores de la condición humana han constatado a lo largo de la historia. Y si el hombre viola por el sexo, no significa ello que simplemente "no pueda evitarlo", ni que tengamos que excusarle, como no tenemos que excusar al hombre que dispara contra el tendero para robar la caja.»

¿Recuerdan aquello de “haz el amor y no la guerra”? Yo pensé que estaba trasnochado hace tiempo, pero muy recientemente me topé con un vídeo “en clave pacifista” realizado por un famoso actor porno y que rescataba una vez más esa ridícula idea. 
El famoso Rapto de las Sabinas es sólo un ejemplo, sea de carácter histórico
o mítico, de las muchas guerras desencadenadas en el pasado por el tan
«
inofensivo», amén de natural, impulso de buscar parejas sexuales.
Ciertamente, pensar en el sexo como algo “inofensivo” o como “lo opuesto a la guerra” contradice toda la historia y la antropología; tanto la actual como la que existía ya entre los antiguos (como bien señala Pinker). La pulsión sexual tiene conexiones con la pulsión violenta y con el poder (incluso observables en nuestro cerebro), así como las tiene con la pulsión creativa. Nuestro organismo no segrega los impulsos y las programas evolutivos como lo hace nuestro lenguaje o nuestras ciencias sociales. El sistema límbico, así como otras partes del cerebro, están dedicadas a diversas tareas y, por tanto, algunos procesos conductuales comparten necesariamente los mismos patrones o mensajes químicos.

Pero si tan sólo fuera el problema la vinculación entre sexo y violencia..
¡No, es que la mera existencia de la violencia en nuestra naturaleza –y no en nuestra cultura- es también un tabú para muchos sectores académicos!

«Muchos intelectuales han apartado la vista de la lógica evolutiva de la violencia, temerosos de que reconocerla equivalga a aceptarla o, incluso, aprobarla. En su lugar, han seguido la cómoda ficción del Buen Salvaje, donde la violencia es un producto arbitrario del aprendizaje o un agente patógeno que nos invade desde el exterior. Pero negar la lógica de la violencia propicia que se olvide lo fácilmente que ésta puede estallar, e ignorar las partes de la mente que activan la violencia propicia que se olviden las partes que la pueden sofocar.»
*
Se elige en qué se prefiere creer y se rechaza aquello que “suena feo a nuestros oídos”. Optamos por las fantasías reconfortantes y nos acurrucamos como niños bajo la manta para no ver ni oír las realidades que nos perturban.

¡Hemos recorrido milenios para convertirnos en pusilánimes criaturas 
huyendo despavoridas de sí mismas en un ambiente de histeria general! 

¿En qué momento dio término la evolución y comenzó la involución? 

¿De verdad fue tan patético el ocaso de anteriores civilizaciones? 
…....
Tanto tiempo abjurando de la fe y la superstición, aferrándonos al método científico, posponiendo el más allá y centrándonos en el acá.. para vernos fabricar otras tantas religiones y supersticiones acerca del mundo empírico, copias de carbón de las 
dedicadas al mundo de los espíritus.

¿De qué sirve tanto apego a la materia, tanta ciencia y tanta tecnología… si la usamos como mero disfraz de nuestro irracionalismo y de nuestro escapismo?

¿De qué sirve tanto estudio de la naturaleza cuando sólo está en nuestra mente negarla?

¿De qué sirve estar tan pendientes de los números y de la estadística? ¿Para qué tan estrecha vigilancia de la realidad cuando sólo buscamos renegar de ella?

*

Todas las citas están extraídas de la obra de Steven Pinker
´La Tabla Rasa: La negación moderna de la naturaleza humana`.

*

lunes, 5 de octubre de 2015

"El enemigo de TODOS."

El Papa Francisco y el dictador Raúl Castro
coinciden en su recelo hacia el sistema capitalista.
El capitalismo es el hombre de paja perfecto, la mejor diana contra la que lanzar nuestros dardos de rabia inconcreta, nuestra indignación contra todo y contra nada.

Muchas veces nos pareció que ese pelele era hoy, más que ningún otro, el fascismo. Sólo que incluso el fascismo, olvidado el rigor politológico, no sería igual de odiado por gran parte de la gente si no fuese por el estrecho vínculo que desde ciertos idearios se le supone, precisamente, con el capitalismo. Borren ustedes esa vinculación (esté más o menos fundada), y el primer puesto de los inventos humanos más odiados pasa en un santiamén a manos de este último.

El capitalismo es ese pelele, esa diana perfecta, por una razón principal. Y es que se le han ido añadiendo con el tiempo tantas connotaciones, se le han ido vinculando tantas realidades en mayor o menor medida ajenas, que a casi cualquier cosa en la qué podamos pensar como algo que nos disgusta se le puede hallar una relación, real o mítica, con este, en principio, mero sistema de producción e intercambio. No hablemos ya del fascismo. Hablemos del imperialismo, el esclavismo, el racismo, el autoritarismo, la política exterior de EEUU, la destrucción del ecosistema... 

El nacional-socialismo, así como el resto de movimientos
fascistas, también comparten enemigo con los socialistas.
¡El capitalismo mató a la madre de Bambi!

Puestos en esta coyuntura, y en un mundo donde los aludidos procesos, por más que se los mire con recelo, se han expandido por todo el Globo, podemos percatarnos de las trampas que nos juega nuestra mente (trampas que hacen más efectivas la propaganda de cientos y cientos de insatisfechos y resentidos crónicos). ¿Cuántas de nuestras quejas, muchas veces legítimas, contra este sistema económico no son, si las analizamos más rigurosamente, contra realidades ajenas por completo a dicho sistema? A mi, por ejemplo, siempre me preocupó especialmente que las lógicas mercantiles se extendiesen a muchos otros ámbitos. Hoy me doy cuenta, sin embargo, de que culpar de ello al capitalismo es como culpar a la antropología de que existan los odios raciales. Antes nos referimos también al imperialismo. ¿Por qué tantos vinculan uno y otro fenómeno, cuando para que el capitalismo sea tal se requiere justamente de la independencia de los actores? Incluso se puede afirmar, desde cierta perspectiva, que imperialismo y capitalismo son, por principio, opuestos. 

Einstein, como tantos otros, hubiera hecho bien en
limitarse a opinar sobre aquello que realmente entendía.
También dijimos antes que éste es un sistema económico que, aún odiado, o, cuando menos, visto con amplias reservas, se ha extendido por todo el mundo (habría que preguntarse asimismo el por qué). Y es el hecho de estar tan imbricado en nuestras vidas lo que explica, al menos parcialmente, la razón por la que encontramos a menudo tan convenientes pretextos para adjudicarle la causa de todos los males. 

Si hay empresarios que untan a los políticos, esto es una consecuencia del capitalismo. Si hay empresas que se saltan las normativas y abusan de los trabajadores o del medio ambiente, esto es una consecuencia directa del capitalismo. Si hay corrupción política vinculada asimismo a empresas puntuales, esto es de nuevo un efecto del sistema capitalista. Lo mismo cuando hablamos de caciquismo, de golpes militares de derechas, de guerras por petroleo, o de la sucia guerra contra la droga. Sin embargo, mucho antes de la generalización de este sistema de producción e intercambio, ya había corrupción política, ya había caciques, ya había tiranos, ya había cruzadas contra esto y contra aquello, así como gentes que abusaban de sus semejantes o del entorno natural. Del mismo modo, en los sistemas socialistas se han dado la mayoría, si no la totalidad, de los males descritos; y en lo que a los más graves se refiere, puede afirmarse que se han dado incluso en mayor medida (pensemos, sin ir más lejos, en la guerra y el imperialismo, sin olvidar los desastres ecológicos).

Y son justo aquellos dos los que se vuelven necesariamente menos frecuentes cuanta más actividad comercial exista entre los pueblos. No digo, como algunos liberales un tanto candorosos afirman, que "dos países que comercian nunca guerrean". Por supuesto que el comercio no garantiza tal cosa. Pero sí puede demostrarse, tanto lógica como empíricamente, que a mayor y más extendido intercambio pacífico de bienes y servicios entre las naciones, menor es la posibilidad de que algunos de estos países invadan o declaren la guerra a otros.
*
¿Capitalismo salvaje? ¿Competencia inhumana? ¿Mercado sin control? 
Fíjense hasta qué punto el lenguaje distorsiona, ¡traiciona la realidad!
¿Acaso no eran más salvajes, con toda propiedad, los métodos que se usaban 
anteriormente para el enriquecimiento? (A saber: la conquista, la confiscación, el expolio). 
¡Y qué decir de la competencia! ¡¿Pero es qué existe una forma más humana y civilizada 
de competir que aquella en la que uno sólo cuenta con su inventiva y su sagacidad 
para los negocios, y en donde nada va a conseguir por la fuerza bruta?! ... 
"Mercado sin control": Esto dicen quienes quisieran someterlo 
a un mucho mayor control; pero bajo ningún concepto se puede decir 
que carezca del mismo. El mercado está sometido, ya no al control de los 
diversos gobiernos (mucho mayor del que comúnmente se nos dice), 
sino al control constante y riguroso del resto de actores que 
en él desarrollan su actividad. Si usted decide inflar de repente los precios 
o bajar los salarios que paga a sus trabajadores, a no ser que goce de un 
monopolio otorgado por el estado, tanto sus compradores 
como sus trabajadores se marcharán 
de inmediato a la competencia.
*

martes, 15 de septiembre de 2015

Reinterpretación de la dialéctica y crítica de la moral.

~
«El marxismo obtiene su fuerza de la necesidad psicológica de creer en él.»
(Leszek Kolakowski)
~
«El comunismo no es el futuro de la humanidad, sino su muy arcaico pasado.»
(Juan Ramón Rallo)

Éstas son dos citas verdaderamente elocuentes. Pero en referencia a esta última, es importante recordar también que, mientras que en ese arcaico pasado la mentalidad colectivista surgió de modo espontaneo, en tiempos recientes ha sido necesaria la violencia para "persuadir" a la mayoría social de retornar a ella. 
¿Por qué creen, si no, que llevan tanto tiempo extendiendo el mito de que el capitalismo se impuso por la fuerza? Pues por la sencilla razón de que depende de ello su legitimidad para imponer asimismo su modelo (ese que se presume "más justo"). La única forma de tornar lícita una acción violenta y autoritaria sobre la sociedad es presentar la coyuntura actual como fruto de otra acción igualmente violenta y autoritaria. Y como ese fin suele justificar cualquier medio, poco importará si la comparación entre unas y otras imposiciones es visiblemente acomodaticia, o si se tuercen los hechos para hacer pasar por violencia lo que cualquiera con sentido común nunca juzgaría como tal (aunque después sí logren persuadir a muchos de lo contrario mediante la conocida estrategia gramsciana de conquista gradual de la hegemonía ideológica). De este modo, empiezan a difundir conceptos como "violencia estructural", o a calificar de "fascista" toda ley o costumbre que encuentran indeseable ya que, de tal manera, hacen parecer menos grave su intención de combatir la "violencia" con VIOLENCIA y el "fascismo" con FASCISMO.
.......................

Fíjense bien en que, tanto comunistas como social-demócratas, parten de estos dos axiomas:

1- Dar libertad al mercado va a perjudicar a los más pobres y a las pequeñas empresas.
2- Todo argumento procedente de las posturas liberales es una estratagema para favorecer a las grandes empresas y a "los ricos".

Hemos dicho que son axiomas. Por tanto, no cabe discusión sobre ellos. Es así como se explica la forma de operar de todos sus razonamientos. Y así, también, como se cierra toda aquella vía de reflexión que vaya en las direcciones antes señaladas como vetadas. El espectro de razonamientos queda reducido de este modo a todos aquellos que no transiten por las vías prohibidas. Es por eso, pues, que para un anti-capitalista (o "reformador del capitalismo"), en el fondo sólo cuenta desarmar las posturas del adversario como sea, y no, como se esperaría de un amante de la verdad, ajustarse lo más rígidamente a los hechos.

Cuando uno se percata de esto, percibe como nunca la peligrosidad inherente a todo moralismo.

Y no crean que concluyo esto elucubrativamente. Yo mismo, cuando era víctima en mucha mayor medida de ese moralismo en concreto, he observado en mí, y en aquellos con los que empatizaba, que la forma de operar de nuestro razonamiento era esa y no otra. Cada vez que escuchábamos a un anti-capitalista "desmontar" alguna idea defendida por un liberal o un conservador, sentíamos esa "victoria", o dicho en términos más científicos, el mecanismo de recompensa de nuestro cerebro se activaba proporcionándonos una sonrisa de satisfacción y una sensación de bienestar. No partíamos, pues, muchos de nosotros de un corpus de doctrina (quizá sí fuera el caso de los marxistas), sino que valorábamos cada-argumento-en-contra por sí mismo. Valorábamos la inconoclastia antes que cualquier icono o sistema alternativo al que buscábamos destruir; la derrota del oponente más que la defensa de una posición propia.

Creo que ahí es justo donde se DESCUBRE, se revela el motor tras ciertas vías de reflexión, el cual es, antes que racional, moral.

(Es preciso siempre distinguir la moral de la etica: La moral es un sentimiento, un instinto, mientras que la ética es una construcción social, un logro de la civilización, generalmente entendido como un conjunto de reglas cuya relación con los primitivos sentimientos morales puede llegar a ser difusa, si no indirecta. [Hume (*1)])

Probablemente todas esas ideologías, incluido el marxismo, aunque parezca un sistema en sí mismo, son pensamientos a la contra. Y al constituir su motor una negación, se hallan de inicio lastrados para ser una ciencia positiva.
No van detrás de su propia verdad, sino de negar la verdad del oponente. Y aún cuando han llegado a intentar lo primero, ha sido éste un acto derivado de lo segundo.

Mi conclusión es, por tanto, que aunque las izquierdas entiendan su posición como aquella que coloca a la ética sobre todas las demás consideraciones, lo cierto es que la verdadera postura ética es la asumida históricamente por el liberalismo; mientras que el socialismo y gran parte de lo que entendemos por "izquierda", lo que adopta es una postura moralista; pero de ningún modo ética.

Y no me baso para hacer esta afirmación únicamente en lo que expuse antes. Esto se muestra todavía más claro al contraponer la coherencia de unos al defender las mismas reglas para todos y la misma libertad en todos los ámbitos de la acción humana con la incoherencia de los otros que, sin discutir la justicia de estas normas en principio, sí plantean inacabables excepciones a las mismas basadas en los más diversos motivos, con lo que se hace inevitable que disminuya el respeto por ellas y el rigor exigido en cumplirlas. La ética, entonces, se va erosionando sin freno al tiempo que va siendo sustituída por los sentimientos morales (subjetivos, arbitrarios, volubles) del gobernante iluminado de turno, al que se cree imbuído de un conocimiento especial de la realidad social y de una empatía genuína con "el pueblo".

Una vez se cruza esa línea, aunque sea con la "legitimidad de las urnas", el camino al despotismo se alfombra de rojo y oro, y las libertades y derechos individuales empiezan a a verse en serio peligro.

Porque conviene no dejar de tener nunca presente otra constante histórica: la que muestra como toda estrategia del comunismo y la ultra-izquierda en clave "democrática" tiene el objetivo ya arriba insinuado. A saber: apoyarse en las mayorías electorales para subvertir los principios más básicos de la democracia liberal; lo que se traduce en pasar por encima de los derechos del individuo en nombre del "pueblo", entidad siempre difusa pero cuya mención causa una respuesta emocional positiva; o del "bien común", concepto aún más difuso y  peligroso, en cuanto puede instrumentalizarse para dar pretexto a las acciones más demenciales (sobran ejemplos de ello a lo largo de la historia, especialmente en el pasado siglo).
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Pero si hemos asumido la tarea de destripar el moralismo, al menos en su vertiente socio-política, nos vemos forzados a retomar la revisión de la filosofía nietzschiana que ya iniciamos en un texto anterior. Dado que el asunto que nos ocupa atañe al egoísmo, al dinero y a la clase empresarial, no vendrá mal pararse a reflexionar en torno a ello en el contexto del pensamiento moral de Nietzsche.

Y es que su crítica al mundo burgués nos puede arrastrar a caer en no pocas contradicciones, si nos fijamos bien.

Ésta crítica es acertada en tanto se refiere al "espíritu burgués" materialista, dócil, gris, antiheroico, de su tiempo. Pero nos lleva a error, y como dije, a callejones sin salida, si lo extrapolamos a todo lo que hoy va vinculado a la burguesía histórica (puesto que ya sólo subsiste aquel "espíritu", no así la "casta" como tal). A Nietzsche le ocurre como a tantos tradicionalistas y revolucionarios (cosas que no tienen porque ser antagónicas), que juzga a la "era de la burguesía" por la etapa de la misma que él pudo observar, y circunscrita a un contexto geográfico muy concreto. Al igual que las críticas (quizá también en parte acertadas) que le hacen los católicos "viejos" por juzgar al cristianismo enfocándose sobre todo en su "fase decadente" (de nuevo, dócil y antiheroica), el creador del concepto de "superhombre" no hubiera obtenido la misma impresión de la mentada Clase si la hubiese visto desenvolverse en los albores de la Revolución Industrial, creando casi de la nada, cual semi-dioses prometéicos, toda aquella imaginativa y deslumbrante maquinaria que hizo posible la expansión del bienestar (ese sí lo fue de verdad, y no el que ahora predican) a cada vez más y más sectores de la población.
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Pero no vayan pensar, por lo expuesto antes, que el liberalismo ha estado exento de incurrir en errores de bulto. Su punto de partida es más objetivo y camina en una dirección mucho más deseable, qué duda cabe. Sin embargo, cometió tan imperdonables excesos que acabó, en gran medida, trabajando contra sus propios fines. Esto lo supo ver muy bien un viejo y sabio conservador de allende los mares inspirado por otro viejo y sabio conservador de nuestro continente. Robert Nisbet, alumbrado por Tocqueville, predijo con gran tino el oscuro futuro del individuo "liberado" de las "cadenas de la tradición":

«Así es como el liberalismo puede engendrar el totalitarismo. El gran proyecto liberal de ”emancipación progresiva del individuo respecto de las tiránicas e irracionales sociedades ‘de status’ heredadas del pasado”, tomó el riesgo de hacer a esos individuos anhelar el abrazo de un poder total, mucho más tiránico que el de la iglesia, la clase o la familia. La política de ‘interés propio racional’ promovida por Hobbes y Locke creó un vacío, un anhelo de comunidad, que Rousseau y Marx vinieron presurosos a llenar.»

«Si Nisbet enseña una lección, es esta: Ud. no puede oponerse al crecimiento inexorable del poder del Estado con la defensa del solo individualismo y nada más. Ud. debe asumir la defensa del individuo y su comunidad.»

(Ross Douthat, ´Quest for community in the age of Obama`) 

Yo mismo he sugerido en más de una ocasión esta relación de causa y efecto entre el individualismo atomista y la dependencia del estado protector. Hay polémica sobre si fue primero el huevo o la gallina, como siempre ocurre en estos casos. Y no puede negarse que se alcanza en algún momento cierta retroalimentación en que el efecto se torna causa y la causa, efecto. Pero fuera como fuese, parece claro que correspondió a aquellas políticas llevadas a cabo en nombre de la libertad el incentivar en primer lugar el abandono de los viejos lazos y costumbres. Fueron "medidas liberales" las primeras causantes de la inercia que llevó a prescindir cada vez más de los antiguos vínculos -instituciones, todas ellas, que costó muchas generaciones afianzar pero que llevó muy poquito tiempo el destruir-.

Lo que nos lleva a concluir, pues, el proceso histórico descrito es que el liberalismo, sin quererlo, engendró su propia némesis al promover e incluso forzar la disolución de los lazos comunitarios que precisamente hubieran impedido en el futuro (nuestro presente) la dependencia que crea por sí misma hambre de más dependencia. O dicho de otro modo: el poder omnímodo del estado originó un vacío creciente en nuestra sociedad que, llegados a cierto punto de no retorno, ya no podía llenarse con otra cosa que con más poder omnímodo.

Hoy vemos el gran drama: El estado del bienestar colapsa, se muestra cada vez más a las claras su inviabilidad, pero las mayorías no dejan de reclamar más.. ¡y más estado!

Es el síndrome del adicto terminal. Duro es expresarlo así, pero más duras son las consecuencias de disfrazarlo y suavizarlo; y de este modo, postergarlo indefinidamente. Porque esto es lo que hacen por lo general los políticos actuales, que una vez rehenes de su propio régimen clientelar, no están dispuestos a cometer la torpeza de practicar una política responsable de esas que te dan popularidad y reconocimiento en la posteridad pero que te hacen perder las elecciones del mes que viene.

Hemos visto, pues, que el individualismo que promovió la doctrina liberal no supo frenar a tiempo y cruzó la raya entre lo metodológico y lo ideológico [Popper, Mises (*2)] al arremeter contra la tradición, la religión y todo cuerpo intermedio de la sociedad. Esto inevitablemente dejó al individuo más solo frente al Estado; desamparo que engendró con el tiempo una cada vez mayor dependencia del mismo, y derivada de ella, una también creciente necesidad de provisión/protección.

Podría ser ésta una interesante revisión de la célebre teoría de Marx sobre la antítesis que el capitalismo engendra inevitablemente. Sólo que en este caso se trata del sistema liberal, y además, se ha mostrado que sí es evitable. Pero con todo, podemos así cerrar el círculo y aportar una nueva perspectiva sobre las contradicciones de estos dos pensamientos que han marcado nuestra post-modernidad.

De lo anterior podemos deducir, entonces, que el precario equilibrio entre individuo y comunidad se trata de un juego de poleas bien difícil de manejar sin que a uno se le vaya de las manos y acabe, por exceso de celo, creando el caldo de cultivo idoneo para engendrar su antítesis. La tesis aquí no sería por tanto el sistema económico capitalista sino el sistema político liberal. Mientras que la antítesis sería el crecimiento desmesurado y constante del Estado llegando incluso al totalitarismo, lo cual podemos ver claramente que es la negación del modelo liberal (*3). 

Bien, ¿y la síntesis? Eso sí es más difícil aseverarlo. Me gustaría creer que va a consistir en la disolución del estado-nación y el ansiado retorno a las pequeñas comunidades, cantones y ciudades-estado. Pero bien podría manifestarse de modos bien distintos a ese, como por ejemplo volviendo a un modelo no menos clásico que el anterior, como es el del imperio romano, carolingio o napoleónico.

En el primer supuesto, la síntesis se manifiesta a modo de explosión y fragmentación extrema; y es de esperar que de esta manera retornen las libertades apartadas en el período de la antítesis, puesto que la vida en las pequeñas comunidades inevitablemente traerá consigo un estilo de vida más sencillo y un ánimo más sosegado que volverá innecesaria esa antigua dependencia retroalimentada por los cazadores de voto clientelar.
En el caso de la segunda hipótesis, percibo el posible proceso como de expansión. Como un gran chicle que se estira, convirtiendo a un conjunto de Estados que caminan hacia el totalitarismo democrático en parte de un proyecto mucho más grande e inclusivo donde, por un lado mengua más la soberanía de los territorios, pero por el otro se relaja la presión gubernamental en ciertos ámbitos debido a la imposibilidad de controlar la sociedad civil hasta tal punto como fue común en la fase de los estados-nación hipertrofiados.
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(*1) La teoría de la moral de David Hume es en extremo elocuente a este respecto. Acudiendo esta vez a sus propias palabras: "Los animales son susceptibles de las mismas relaciones con respecto a los otros de la especie humana, y por lo tanto serían susceptibles de la misma moralidad si la esencia de la moralidad consistiese en estas relaciones. Su carencia de grado suficiente de razón puede impedirles percibir sus deberes y obligaciones morales; pero nunca puede impedir que estos deberes existan, pues deben existir de antemano para ser percibidos. La razón los halla, pero no los produce. (....)  El vicio nos escapa enteramente mientras se le considere como un objeto. No se le puede hallar hasta que se dirige la reflexión hacia el propio pecho y se halla un sentimiento de censura que surge en nosotros con respecto a la acción. Aquí existe un hecho; pero es objeto del sentimiento, no de la razón. Está en nosotros mismos, no en el objeto" (...) "Tener el sentido de la virtud no es más que sentir una satisfacción de un género particular ante la contemplación de un carácter. El sentimiento mismo constituye nuestra alabanza o admiración. No vamos más lejos ni investigamos la causa de la satisfacción. No inferimos que un carácter sea virtuoso porque agrada, sino que sintiendo que agrada de un modo particular sentimos, en efecto, que es virtuoso."


(*2) Para Karl Popper, el individualismo metodológico en el campo de las ciencias sociales se trata de una exigencia para alcanzar cierto rigor científico y para evitar tentaciones como lo que unos cuantos hemos calificado de "tendencia al conspiracionismo". Esta manera de razonar tiene relación, según él, con el historicismo marxista y ha sido característica, como todos sabemos, del argumentario nazi y soviético. En sus propias palabras, "la teoría conspirativa de la sociedad no puede ser cierta pues equivale a sostener que todos los resultados, aún aquellos que a primera vista no parecen obedecer a la intención de nadie, son el resultado voluntario de los actos de gente interesada en producirlos". En el caso de Von Mises prefiero atenerme a sus palabras recogidas en el tratado ´La acción humana`, donde justifica el individualismo metodológico de la siguiente manera: "La praxeología, en principio, se interesa por la actuación del hombre individualizado. Sólo más tarde, al progresar la investigación, enfréntase con la cooperación humana, siendo analizada la actuación social como un caso especial de la más universal categoría de la acción humana como tal. Este individualismo metodológico ha sido atacado duramente por diversas escuelas metafísicas, suponiéndose implica recaer en los errores de la filosofía nominalista. El propio concepto de individuo, asegúrase, constituye vacía abstracción. El hombre aparece siempre como miembro de un conjunto social. Imposible resulta incluso imaginar la existencia de un individuo aislado del resto de la humanidad y desconectado de todo lazo social. El hombre aparece invariablemente miembro de una colectividad. Por tanto, siendo así que el conjunto, lógica y cronológicamente, es anterior a sus miembros o partes integrantes, el examen de la sociedad ha de preceder al del individuo."

(*3) En mi caso, son estos errores históricos de la doctrina liberal y aquellos vicios arrastrados por muchos de sus representantes (como son el economicismo, el atomismo, y cierto racionalismo iluminista) lo que me lleva a renegar de esa etiqueta por más cercano que pueda hallarme de las posturas que suelen defenderse en su nombre. Porque ocurre que gran parte de las mismas pueden igualmente reivindicarse en nombre del anarquismo entendido en sentido amplio y alejado de utopismos, que es como yo prefiero concebirlo, pues de otra manera cae uno en maximalismos poco sensatos y difícilmente constructivos.


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lunes, 7 de septiembre de 2015

ARISTOCRACIA, TRADICIÓN Y CAPITALISMO (I)


Cree mucha gente que no se puede ser, bajo ningún concepto, tradicionalista y favorable al libremercado a un tiempo. Mises, Bastos, y especialmente Hayek, hicieron que me empezara a cuestionar ampliamente esto. Pretendo dedicar los siguientes párrafos a desmontar con profusión de argumentos este gravísimo error que llevan arrastrando las ideologías tradicionalistas desde, prácticamente, el momento en que recibieron tal nombre.

Lo primero que me gustaría poner en duda es que las personas de mentalidad tradicional que vivieron el ascenso de los modos de producción que llamamos "capitalistas" mostraran las reservas que tan vehementemente propagaron los tradicionalistas de épocas posteriores. Mucho me temo que en ésta, como en tantas otras polémicas, fueron los que no conocieron de manera directa estos impresionantes cambios quienes más autorizados se sintieron para arremeter contra ellos. Es propio de nuestra especie, y es casi un mandato de la naturaleza, el rebelarnos contra nuestros mayores y escupir sobre todo lo que ellos pusieron en valor. Va siendo hora, pues, de alcanzar la edad adulta y, tanto desde la izquierda progresista, como desde la derecha conservadora, admitir que, por más vulgar, materialista, y poco elevado que nos resulte el desarrollo del comercio y todo lo que a él va ligado, es mucho más de lo que podemos imaginar lo que le debemos a la expansión de esas normas consensuadas que sirvieron para agilizar vertiginosamente el intercambio de mercancías entre individuos y entre pueblos.

Como ya habrán visto en textos anteriores, me gusta comparar el descubrimiento de estos modos de producción e intercambio con la invención de otras técnicas que han hecho mucho más fáciles y satisfactorias nuestras vidas. La analogía que probablemente nos sea más útil a este respecto sea la del alcantarillado. Al igual que los sistemas de alcantarillas que tenemos en nuestras ciudades, las operaciones mercantiles modernas constituyen una realidad que, siéndonos por lo común desagradable, no estamos dispuestos a prescindir de ella. Al igual que esas sucias cloacas que hacen posible que nuestras calles permanezcan limpias, los procesos que en el ámbito mercantil se desarrollan tienen para nosotros un aspecto vil, bajo, vulgar, tal como dijimos antes. Pero si decidiésemos, de la noche a la mañana, prescindir de ellos por esta mera razón, poco a poco volveríamos a una economía de subsistencia y nuestro nivel de vida se vería rebajado en pocas décadas al de las zonas más subdesarrolladas del mundo.

Insisto, pues, en que el capitalismo per se, sin connotaciones subjetivas añadidas a posteriori, no es distinto de la rueda, la imprenta o el pavimentado de las calles, en cuanto técnica, invención, o modo de organización del que no se cuestiona su utilidad y al que no le son aplicables categorías morales. 

¿Acaso habrá algún tradicionalista que se oponga al uso de estas mejoras de nuestra civilización? 

Ni siquiera los Amish podrían oponerse en coherencia al intercambio libre de mercancías como se oponen a la luz eléctrica y a todas las invenciones técnicas realizadas a partir de cierto año (no recuerdo cual es el que ellos eligieron, ni el motivo de tal elección). Poco importa eso para lo que nos ocupa, puesto que hablamos de una invención abstracta y no mecánica.

La incongruencia que denuncio en muchas de las cosmovisiones tradicionales que hoy sobreviven, por tanto, no estaría amparada en otra cosa que en el puro primitivismo, en el miedo y la ignorancia: En la mentalidad primitiva del clan, que no entiende ni asimila el orden extenso e hiper-complejo del mercado. En el miedo que suscita un mundo que cambia a pasos agigantados. Y en la ignorancia acerca de la verdadera función de esas nuevas normas y costumbres adaptadas a la nueva realidad.

Pero también estaría relacionada, por otra parte, con la idea tan confusa y, en ocasiones, tan sesgada que se tiene sobre el mundo tradicional, esto es, sobre el Medievo y la Antigüedad.

A este respecto, será más que interesante retrotraer la mirada hacia la Roma Clásica, y ver el papel que tuvo el comercio y la banca en la grandeza de esa civilización que los más no pueden menos que elogiar y los menos encuentran más que problemas para vilipendiar. (Qué decir ya de los que se califican a sí mismos de tradicionalistas.. ¡Roma es la lux aeterna!)

«Los principios jurídicos universales que regulan el contrato de depósito irregular de dinero ya habían sido descubiertos y analizados por parte de los juristas clásicos romanos, en natural correspondencia con el desarrollo de una significativa economía comercial y financiera, en la que el papel de los banqueros había llegado a ser muy importante. Además, estos principios pasan luego a las compilaciones medievales de distintos países de Europa, y en concreto a las de España, y ello a pesar de la importante regresión que en el ámbito económico y financiero supuso la caída del Imperio Romano y el advenimiento de la Edad Media.»

«La prohibición canónica del interés tuvo el efecto imprevisto de eliminar la claridad doctrinal con que se había construido la figura jurídica del contrato de depósito irregular de dinero en el mundo romano, introduciendo una confusión que fue aprovechada por unos y otros para tratar de dar carta de naturaleza jurídica a la apropiación indebida y a la actividad fraudulenta de los banqueros en los contratos de depósito a la vista, creándose con todo ello una aguda confusión jurídica que no fue de nuevo doctrinalmente aclarada hasta finales del siglo XIX.»

(Jesús Huerta de Soto, ´Dinero, crédito bancario y ciclos económicos`.)


El comercio fue muy importante en Roma, eso ya lo podían sospechar muchos. Lo que probablemente ni imaginara la mayoría es que la banca fuese también una institución de tamaña relevancia en tiempos tan pretéritos y "oscuros". Pero esto nos viene precisamente a aclarar una de las tremendas confusiones a las que hice referencia antes. Pues, aunque bien es cierto que lo que hoy llamamos "capitalismo" no adquirió toda su dimensión en cuanto a los modos de producción hasta la llegada de la Revolución Industrial, sí existían sus reglas básicas desde muchísimos siglos antes; sólo que habitualmente se hallaban dispersas, no reunidas en un corpus unitario como ocurre hoy; y además, su cumplimiento no fue tan extendido y tan generalizado como sí lo fue en el s. XIX y parte del XX. Los romanos, entonces, sirven como ejemplo tan válido como muchos otros para mostrar el camino seguido por toda civilización que ha alcanzado una prosperidad económica y cultural muy por encima de la media de su tiempo. No es la dimensión conquistadora e imperial, por tanto, en la que nos debemos fijar para hallar la relación entre su audaz labor comercial y financiera, por un lado, y su prosperidad económica y cultural, por el otro. De hecho, el Imperio acostumbró a traer la miseria a la otrora próspera Roma*. Ni que decir de cuando el emperador de turno era uno de esos demagogos populistas (sí, aquellos también existían entonces. De nuevo, casi nada nuevo bajo el Sol). La riqueza de Roma se labró sobre todo en la República, y vino principalmente de las clases Patricias, cuya gran parte la integraron prominentes comerciantes (burgueses aristocratizados, quizá dijéramos hoy). Lo que concluimos, entonces, es que muchos de los valores, las reglas y los métodos de cálculo asociados hoy a ese controvertido concepto -capitalismo- son tan parte de la tradición -incluso en el sentido evoliano, me atrevería a decir-, como la misma idea de vicio y virtud, o como todas las costumbres y jurisprudencias que, desde la romana, fueron expandiéndose y transformándose a través de los siglos por el suelo europeo, y más tarde, allende los océanos.


(* La mayoría de la gente da por sentado que las conquistas imperiales engordan como ninguna otra cosa las arcas del Estado. Pero lo cierto es lo contrario. Las colonias suelen constituir a la larga una rémora y, en casos extremos, llegan a causar la ruina de las metrópolis. Como bien nos recuerda Miguel Anxo Bastos, un país hoy tan rico como Suiza jamás tuvo colonias, mientras que otro como Portugal, que las tuvo a cientos y, además, las mantuvo durante más tiempo que ninguna otra potencia europea, acabó convirtiéndose en uno de los países más empobrecidos del continente. Sin olvidar el hecho de que la Gran Bretaña jamás invirtió en sus propias colonias, pues se ve que esos anglos tan pillos ya se conocían la jugada.)

Como conclusión de este primer capítulo me limitaré a lanzar algunas ideas-fuerza que levantaran muchas -y también necesarias- ampollas:

1ª- El capitalismo no es menos parte de la tradición que las técnicas militares, las universidades de mayor renombre, o las jerarquías más básicas que han ido vertebrando las sociedades.

2ª- Sin acumulación de capital e inversión, nuestra civilización no podría sostenerse. Para poder seguir aspirando a las grandes metas intelectuales y espirituales, para tener las "altas miras" de que presumimos hace tanto en Occidente, es necesario tener una base económica fuerte, estable, y que cubra nuestras necesidades básicas (y unas cuantas más). De esto saben bastante quienes advierten el sustrato material que posibilitó la explosión del pensamiento y la ciencia de Atenas respecto a los de, por ejemplo, Esparta (cierto, no hubo filosofía ni ciencia espartana); o asimismo, la de la filosofía alemana, inglesa o francesa del s. XIX frente a la portuguesa, italiana o española. (Aunque es preciso hacer notar que, aparte de la necesaria base material que les permitía ir en busca de "superiores fines", a ésta iba unida una cultura favorable a la libertad de expresión y pensamiento; cosas ambas, no obstante, que para algunos teóricos van íntimamente ligadas.)

3ª- Querer subvertir "el orden capitalista" en nombre de la tradición o del espíritu debe descartarse porque, subvirtiéndolo, nos cargamos igualmente toda tradición y persecución de lo espiritual. 

Subvertirlo, queramos o no, implica negarnos esa base material de la que hablamos anteriormente, y por ello, se trata de una idea tan poco sensata como la de quienes quisieron acabar, en su momento con la imprenta, u hoy con internet. 

Debemos separar con mayor cuidado, y con mayor propósito constructivo, lo que son TÉCNICAS de lo que son meramente IDEAS. 

Las técnicas sólo fenecen cuando los usuarios de las mismas encuentran otras superiores. Las ideas, por el contrario, pueden sobrevivir durante siglos aun estando enormemente erradas, e incluso a pesar de jugar en contra de nuestra conveniencia. (No creo que haga falta recordar todos los ejemplos que hay de esto a lo largo de la historia.)

Las técnicas se "imponen" porque a todos les son probados, con toda claridad, sus beneficios. No caben en este orden dudas al respecto. 
Las ideas se imponen (con comillas o sin ellas) porque nos resultan cómodas, o cumplen de alguna manera la función de hacernos comprensible el mundo. Y por muy erradas que estén, no cambian a no ser que encontremos otras que nos sean más convenientes, aunque no necesariamente estén más acertadas.



lunes, 24 de agosto de 2015

"EL MIEDO A LA LIBERTAD" (III)

~
1- Autoridad, credo, o independencia.

«Aun cuando aquellos que ejercen la autoridad fueran malos o desprovistos de fe, la autoridad y el poder que ésta posee son buenos y vienen de Dios. Por lo tanto, donde existe el poder y donde éste florece, su existencia y su permanencia se deben a las órdenes de Dios. (....) Dios preferiría la subsistencia del gobierno, no importa cuán malo fuere, antes que permitir los motines de la chusma, no importa cuán justificada pudiera estar en sublevarse. (...) El príncipe debe permanecer príncipe, no interesa todo lo tiránico que pueda ser. Tan sólo puede decapitar a unos pocos, pues ha de tener súbditos para ser gobernante.» 

(Martín Lutero .. cabrón con pintas.)
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Hoy por hoy, a casi nadie se le ocurre proponer que las religiones ya no se escojan libremente  y que vuelvan a ser impuestas desde las élites gobernantes. Sin embargo, vemos por completo legítimo que se nos impongan modelos económicos o políticos. Y no hablo de regímenes dictatoriales. En las democracias de Occidente se asume sin menor problema que el 51% de los votantes (que no tiene porque ser siquiera el 51% de la población) pueda decidir sobre el resto de la ciudadanía. Quizá en un futuro resulte esto tan indefendible como lo es hoy que se nos imponga una religión desde fuera.

Y durante cierto tiempo, en torno a los siglos XVIII y XIX, esto pareció entenderse, pareció respetarse, y pareció avanzarse decididamente en ello. Aunque hay que decir que, como siempre en la historia humana, no se trató de un progreso, ni de una evolución en sentido estricto, pues no vemos constante alguna, temporal o espacial. Por eso tampoco la hay ahora. Y por eso podemos confirmar, de hecho, un franco retroceso en todo el pasado siglo respecto a esos avances que, no hay duda, se hicieron en los dos que le precedieron. Y obvio que, como hoy tampoco existen constantes geográficas, los retrocesos constatados no se han producido en la misma medida en todos los países.

Se califica al XIX como "el siglo del liberalismo". Como lo fue el XX el de los totalitarismos y las democracias progresivamente desvirtuadas y reincidentes "víctimas" de tentaciones liberticidas. Por ello en aquel siglo, en el mapa general, vemos como triunfó por doquier la idea de los derechos del individuo y las libertades civiles, al menos en nuestro contexto cultural, y siempre en distinta medida según las geografías. Y por ello en el que clausuramos hace década y media se deshizo gran parte de ese camino que se había iniciado tan decidida y exitosamente en etapas anteriores.


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2- Dependencia, bienestar y atomismo.

«La gente que se ha acostumbrado a contar con el Estado nunca aprende el arte de la 
confianza en uno mismo ni adquiere los hábitos de la acción cívica.»

(Anthony de Jasay.)

¿Anarco-capitalismo? ¿Neo-liberalismo? Nada de eso. Yo prefiero siempre hablar de ´anarquismo` sin aditivos ni adjetivos. Los anarquistas "de izquierda", igual que los "de derecha", siempre han rechazado claramente el concepto "estado de bienestar" (al menos hasta hace poco, pues los primeros, hoy por hoy, casi se han rendido del todo a esa golosina envenenada, traicionando así sus más elementales principios. Pero ese pleito lo dejamos para mejor ocasión.)

La cosa es que, hace un tiempo, todo anarquista tenía claro que, tanto en una sociedad capitalista como en una comunal, mutualista.. cual sea, el acostumbrarte a que cada vez más cosas te sean provistas desde el estado, necesariamente te vuelve perezoso, inmaduro y egoísta.

Sí, ya sé que la idea más extendida es la contraria, que el egoísta es el que se opone al estado benefactor. (Pero sucede que la opinión mayoritaria no tiene por qué ser la acertada, y de hecho, rara vez lo es). Lo hechos más bien muestran que es en la ausencia de cualquier ente benefactor cuando uno se ve obligado a colaborar socialmente, ya que, en caso de no ayudar a los demás, ellos tampoco te ayudarán en el futuro.

¡Ah! Pero en la "sociedad del bienestar", todos esos lazos sociales que costó generaciones y generaciones construir ya no tienen ningún incentivo para mantenerse -ya que "el estado provee"- con lo que, con mayor o menor rapidez, van disolviéndose atendiendo a una lógica que nos incentiva a desarrollar un individualismo, o atomismo, cada vez más acusado.

mmmm ...Entonces llega la crisis, la burbuja del gasto público..
¡El "régimen benefactor" es insostenible! 
Pero todos nosotros nos hemos acostumbrado a que esté ahí, y nos hemos vuelto casi unos inútiles funcionales a falta de él. 
Desconocemos en absoluto como proveernos nosotros mismos de los servicios de los que él nos proveía, y en el camino hemos destruido toda alternativa que una vez hubo a ese monopolio asistencial.

HE AHÍ, PUES, LA TRAMPA. 
Y sobre todo, HE AHÍ LA TRAGEDIA.
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El Estado del Bienestar, lejos de lo que reza la mitología que lo sustenta, no se construyó desde abajo, sino que se impuso desde arriba. No fue una "conquista social" sino la conquista del Estado sobre la sociedad.

Lo que en verdad fue construcción laboriosa de muchas generaciones son las sociedades de ayuda mutua, los vínculos que fueron creándose en las comunidades vecinales sin ayuda del estado.

Al crear los políticos una red de servicios públicos centralizada, lo que buscaban no era atender mejor a los ciudadanos (quizá sí lo creyeran los más cándidos de ellos) sino que buscaban meterlos a todos en el redil de la política, y así, controlar la sociedad civil desde arriba. 
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3- Atomismo, hedonismo y prohibicionismo.

«Si nos limitamos a considerar solamente las necesidades económicas, en lo que respecta a las personas "normales", si no alcanzamos a ver el sufrimiento del individuo automatizado, entonces no nos habremos dado cuenta del peligro que amenaza a nuestra cultura desde su base humana: la disposición a aceptar cualquier ideología o cualquier "líder", siempre que prometan una excitación emocional y sean capaces de ofrecer una estructura política, y aquellos símbolos que aparentemente dan significado y orden a la vida del individuo.»

(Erich Fromm, ´El miedo a la libertad`.)


Me he referido en otras ocasiones a la acusada tendencia al "modo de vida adicto" en nuestras sociedades modernas. Tal vez buscamos, o tal vez "nos muevan" a abrazar un modelo de existencia basado en la búsqueda del placer a cualquier precio. Gran parte de la actividad comercial y de la publicidad están orientados a ofrecernos aquellos productos (de la clase que sean) que tienen cierta capacidad de "engancharnos". Nos enganchamos a un producto de bolleria, nos enganchamos a un refresco, nos enganchamos a un programa de televisión o a un videojuego, nos enganchamos al tabaco, al alcohol o al café.
Las dos opciones (las dos únicas opciones) frente a esta situación son:
1) Considerarte un individuo libre que debe asumir la responsabilidad por sus acciones. Y..
2) Considerarte una víctima, en mayor o menor grado, de un sistema que busca convertirte en adicto a cualquier cosa, y a cualquier precio.
Muchas veces asumimos la segunda de las premisas incluso inconscientemente, de tal forma que acabamos hablando de un "sistema de dominación" casi como lo haría un marxista. Pero esto no es casual. Es propio de nuestra educación judeo-cristiana el buscar, primero de todo, un culpable. 

¡Y ahí está el error fatal!, porque, si no salimos de él, nos embarcaremos en una carrera de prohibicionismos que no tendrá fin; iniciaremos una cruzada que difícilmente ganaremos, porque ésta siempre tiene una todavía más difícil conclusión.

Primero vendrá el alcohol (está claro que me estoy refiriendo a hechos consumados y hace unas cuantas décadas). La Ley Seca engendrará su "antítesis", su consecuencia necesaria, que es el gangsterismo (los gangsters ya existían, pero es con el tráfico de alcohol cuando multiplican por cien su poder y su actividad). Una vez restablecida la normalidad -es la normalidad que el alcohol sea corriente y aceptado en toda cultura europea-, los traficantes se resistieron a perder su poder y, finalmente, encontraron una salida en el tráfico de otras sustancias más extrañas al contexto cultural de Occidente. (Pero eso es un asunto, a la vez fascinante y terrible, que nos llevaría demasiadas líneas abordar ahora.)
Decía, para sintetizar, que primero viene la tentación de prohibir el alcohol, porque se aprecian problemas derivados de su abuso. Luego (o antes, da igual) vienen otras sustancias, como hemos visto recíentemente con la demonización del tabaco y hasta de los propios fumadores. Pero en torno a los 60 se impulsa desde USA la prohibición a nivel mundial de numerosos estupefacientes que, en primer lugar, no habrían aparecido con esa virulencia de no ser por el mercado negro que originó la Ley Seca (aunque sé, desde luego, que no es ni mucho menos tan sencilla la explicación del fenómeno; y además, dijimos que no íbamos a abordar tan compleja problemática en estas lineas.)

Pero aquí viene el punto de inflexión más peligroso. Pues hoy comprobamos fácilmente que no sólo existen adicciones relacionadas con sustancias extrañas a nuestro cuerpo. Los videojuegos, las redes sociales, la pornografía, las revistas y programas de chismes (que son otra clase de pornografia de menor valor estético) son tanto o más adictivos que muchas sustancias calificadas de "estupefaciente". Al comprobar, asimismo, que con todo ello se hace negocio, inmediatamente pensamos en soluciones fáciles para remediarlo (que, lejos de serlo, finalmente nos llevan a la desastrosa inercia que ya describiéramos antes).

4. Crisis existenciales, hipocresías comerciales y memes liberticidas.

El ser humano se ha convertido en las sociedades postmodernas en un buscador compulsivo de ´vías de escape`. Y la industria del entretenimiento y otras lo han aprovechado; y gracias a herramientas como la publicidad, podemos pensar que incluso lo fomentan. ¿Pero es culpa de la actividad comercial en sí o de la naturaleza humana?.
La violencia callejera, las bandas, también causan adicción, tanta como la cocaína. Pero ya sobre eso es difícil orientar una actividad comercial. Sin embargo, no deja de ser uno de los vicios más destructivos, y en este caso, no lo es únicamente para sus usuarios.
Probablemente haya más cosas en este mundo susceptibles de convertirse en adicción que aquellas que no lo son: La misma comida. Casi cualquier alimento puede ser adictivo en un momento dado, según para quién. ¿Qué hacemos entonces?, ¿ lo prohibimos?, ¿o prohibimos tan sólo que se comercie con él? Nos quedarían muy pocos bienes con los que poder comerciar en ese caso. Y lo más peligroso, en todo caso, no es que prohibamos ciertos productos. Lo verdaderamente peligroso es que, siguiendo tal lógica, veamos en la propia actividad comercial (y así lo hemos visto muchos) una perversidad inherente. Ya que, constatado el interés de la industria del entretenimiento (entendida en sentido amplio) por alimentar nuestras adicciones potenciales, obtenemos la conclusión de que es la industria, y no nuestra naturaleza, la responsable de nuestro modo de vida crecíentemente hedonista y crecíentemente atomista. 
¿Y a qué nos va a llevar esto? Pues nos va a llevar a disparar furiosamente contra los objetivos equivocados. Y nos podría conducir fácilmente a destruir gran parte de nuestro entorno, a cargarnos sin pestañear gran parte de los avances sociales, culturales, y tecnológicos. Y éste sería un acto cobarde e hipócrita como pocos, dado que contra lo que en verdad nos estaríamos rebelando es contra NUESTRA PROPIA NATURALEZA, la cual preferimos muchas veces negar antes que aceptar tal como es, con sus cimas y sus valles.. pero también con sus abismos.
Y el desentenderse de los feos abismos no hace que estos desaparezcan, sino que, por el contrario, les otorga más poder sobre nosotros.

La cuestión aquí consistiría en empezar a ser lo suficientemente inteligentes para, en vez de prohibir aquello que puede hacernos daño, procurar en lo sucesivo educar en el buen uso de los productos, de los hábitos y de los placeres.

Hoy vuelve a resurgir aquella tendencia a la prohibición como remedio. Lo que quiero hacer ver, por tanto, es que en cualquier ámbito, ¡el que sea!, se trata de una opción treméndamente inmadura, y treméndamente contraproducente. La historia lo muestra una y otra...y otra vez. La realidad es tozuda, y casi podemos establecer relacion de causa y efecto cuando se trata de prohibicionismo, cazas de brujas, y cruzadas de lo más variopinto. El efecto es agravar el mal que se combate, y en última instancia, que éste engulla al propio cazador (o cruzado, o perseguidor).

Dijimos que ante este problema sólo caben dos opciones.
¿Cual es entonces la salida apropiada?

LA EDUCACIÓN, Y NO LA PROHIBICIÓN.
LA EDUCACIÓN, Y NO LA IMPOSICIÓN.
LA EDUCACIÓN, Y NO EL PALO O LA ZANAHORIA.
...........................

No crean, sin embargo, que no me siguen persiguiendo las dudas sobre la actividad comercial e industrial en nuestra época. Es cierto que últimamente he logrado, o creo que he logrado, alcanzar una visión más objetiva y más coherente sobre el famoso "mercado". Pero en reflexiones como éstas me doy cuenta de que está lejos de ser una cuestión sencilla el sentenciar, sin más: "el mercado es beneficioso", o al contrario: "el mercado es perjudicial". Lo que resulta innegable es que gran parte de su actividad se nutre de nuestras miserias y nuestras derrotas, como es nuestra falta de voluntad en tantos ámbitos de nuestras vidas. Pero como el buscar culpables, hemos constatado, es inmaduro, improductivo y engañoso, será siempre más conveniente, y productivo, el buscar los....factores, circunstancias, inercias.. que confluyen en la situación descrita y procurar enmendarlos, llevarlos por mejor camino en orden a auto-construirnos mejor en el futuro, como diría Félix Rodrigo Mora.

Pero aquí quiero retomar aquella diatriba que se plantea todo ser pensante cuando constata cómo la actividad comercial se nutre, quiera o no, del atomismo, el vacío existencial de nuestra era, y la búsqueda de placeres en cadena a que nos aboca.

Nuestra vida parece convertirse a veces en eso. En las sociedades sin dios, sin tradición, y sin arraigo, por momentos parecemos buscar un sustituto de ese significado con el que contaban nuestros ancestros en el encadenamiento sucesivo de pequeños placeres; de tal forma que podamos dirigirnos sin demasiado ruido a cumplir nuestro papel final en otra cadena, la alimenticia; es decir, a concluir nuestro ciclo vital entregándonos por entero a los gusanos, como toda amada se entrega a quién está destinada.

Cuando pensamos en esto, es difícil no proyectar la imagen a que nos referimos antes, la de "un sistema que busca convertirte en adicto a cualquier cosa, y a cualquier precio"..
Debo admitir que muchas veces he asumido ese ideologema, ese meme, por llamarlo de alguna manera. (Al fin y al cabo, los memes son a la cultura lo que los genes a la biología, así que imagino que resulta útil para el análisis.) Y como tal ideologema -sea o no memético-, uno no sabe hasta qué punto es una acertada conclusión por deducción empírica o si lo que nuestra percepción está mostrando ya está condicionado por esa idea que estaba previamente alojada en nuestra cabeza.(1)
Pero quizá lo resolvamos de la siguiente manera. Fijémonos que antes dijimos que "la actividad comercial se nutre, quiera o no, del atomismo, el vacío existencial de nuestra era, y la búsqueda de placeres en cadena a que nos aboca." Quizá la clave esté en el "quiera o no". Probablemente hallemos ahí la solución al enigma que nos perseguía: si fue primero el huevo o la gallina. O dicho de otro modo: si es nuestra flaqueza, nuestra falta de voluntad, nuestra clara indefensión frente a las bajas pasiones, todo ello originado en un contexto de crisis axiológica y existencial de interregno (2) , la que precede en su aparición al inevitable, por otra parte, aprovechamiento de estas debilidades por las industrias dedicadas a proporcionarnos tantas dosis de placer y en tantas formas como ansíe el más hedonista y atomizado de los seres que pueblan esta confusa postmodernidad. Aunque surja sólo por un estado de enajenación transitoria. Aunque sólo arribe a tal deseo en medio del más profundo de los abismos autodestructivos...

(*1) Lo cual se explica, por cierto, también en base a los genes. Pero esta vez no se trata de una analogía. Los especialistas en psicología evolucionista los han llamado "sesgos de confirmación" o "sesgos de auto-afirmación". Imagino que incluso se pueden entender como dos fuerzas, en muchos casos, análogas y complementarias. La explicación de los mismos es bastante simple: Uno no puede andar siempre dudando "socráticamente" de todo, pues no es buena estrategia de supervivencia. Conviene, además de autoafirmarse para mantener el tipo ante la adversidad, poseer un sesgo semi-consciente que tienda a confirmar las opiniones que anteriormente expresamos sobre los más diversos asuntos. No se culpen, pues, por autoengañarse con tanta frecuencia y en tan diversos modos. Ya que estas mentiras piadosas contadas a nosotros mismos parecen ser, en origen, exitosas estrategias de supervivencia (porque de no ser así, no habrían llegado hasta nuestros días).

(*2) Fin de ciclo civilizatorio. Período entre dos etapas históricas.

***

5- Comercio, comunitarismo, y respeto mutuo.

Quiero que sepan esto: ¡Yo también defiendo el socialismo! Ahora, siempre que quienes se sometan a él lo hagan voluntariamente, y que voluntario sea también el salirse del mismo si uno lo piensa mejor. Lo mismo con el capitalismo, el tradicionalismo, el ruralismo y el cosmopolitismo, el decrecimiento y el consumismo... ¡Y hasta el fascismo y el feudalismo!

Siempre que dependa de la libre elección de cada cual someterse a las normas que sean, cualquiera que sea su rigidez o laxitud, no me parece legítimo oponerme a ello. Como tampoco me parece legítimo que esto mismo se haga sin el consentimiento expreso de cada-uno-de-los-ciudadanos.

Esto no es exactamente una utopía. 
De hecho, se la ha denominado Metautopía.
La diferencia entre ambas consiste, primero, en que ésta última es bastante más realizable; y segundo, en que al ser su pilar central el respeto por las utopías de los demás, no exige el titánico, quimérico reto de aplicarla a todos por igual -cosa que, dicho sea de paso, es inmensamente arrogante, puerilmente egoísta, e implica una clara injusticia de fondo.-
.............
Oímos con frecuencia reflexiones como la siguiente: 
"Casi todos quieren un mundo a su manera donde impere la idea que propone. Nada mas imposible que eso." .. ¿Ah sí? ¿Estamos tan seguros de ello? Porque yo les voy a nombrar una razón, una sóla razón, por la que es imposible. Y es que, tanto fascistas, como comunistas, postfascistas, socialistas del s. XXI, conservadores, tradicionalistas, mercantilistas, y demócratas en cualquiera de los imaginativas acepciones que existen hoy de esa palabra.. siguen pretendiendo IMPONERLES A LOS DEMÁS sus valores y formas organizativas. 
Si se respetase un principio tan simple y tan inatacable como es el de la voluntariedad.. nada habría de imposible en que cada cual pudiese desarrollar sus ideas y sus modelos de sociedad.
Pero claro, renunciar a imponerles a los demás las propias ideas es un paso en nuestra evolución cultural que no se dará de un día para otro. Se requiere una madurez que no todos, ni mucho menos, han alcanzado aún.

«Los hombres se debaten impotentes frente a una masa caótica de datos y esperan con paciencia patética que el especialista halle lo que debe hacer y a dónde debe dirigirse. Este tipo de influencia produce un doble resultado: por un lado, escepticismo y cinismo frente a todo lo que se diga o escriba, y, por el otro, aceptación infantil de lo que se afirme con autoridad. Esta combinación de cinismo y de ingenuidad es muy típica del individuo moderno. Su consecuencia esencial es la de desalentar su propio pensamiento y decisión.»

(Erich Fromm, ´El miedo a la libertad`.)


...............................

Quiero retomar, para poner fin a este alegato -y al tiempo, reflexión- lo que mencioné en el apartado dedicado al Estado del Bienestar, justo tras la cita de Anthony de Jassay. 
La gente escucha defender ciertas posiciones sin conocer el contexto ideológico, o axiológico, en que se enmarcan. Por eso cuando te quieren colgar el estigma, y dicen que "tu discurso huele a anarco-capitalismo", o peor aún,  a "neo-liberalismo", yo siempre insisto en que no hablo de otra cosa que de ´anarquismo`, sin aditivos ni adjetivos. 
¿Qué culpa tendré yo de que quienes apenas conocen la historia del pensamiento libertario -que va desde Bakunin hasta Ron Paul, pasando por los confederados norteamericanos- "oigan campanas" de "mensaje neoliberal" en algunas de las posiciones que defiendo?

Si el tan mentado y tan instrumentalizado "neoliberalismo" existe, pueden estar seguros de que tiene muy poco de libertario. 

El llamado "neoliberalismo triunfante" no permite la libre tenencia de drogas y armas, invade países extranjeros, restringe libertades civiles (incluída la de expresión), favorece que el poder empresarial se concentre en corporaciones o círculos de empresarios que se erigen en oligarquía, centraliza el poder político en estados que nada tienen de "micro" -como sería la opción libertaria-, ¡y sí!, coarta en mayor o menor medida el libre desarrollo de los mercados.

Si usted es de aquellos que suelen acudir a esos ´estigmas arrojadizos`, por favor, en lo sucesivo, cuando contraponga ideas con el resto de la gente, hable-con-un-poquito-más-de-propiedad. Tan sólo reclamo eso, y no creo que se trate de una exigencia caprichosa. ¿O sí lo creen ustedes?