Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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martes, 15 de septiembre de 2015

Reinterpretación de la dialéctica y crítica de la moral.

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«El marxismo obtiene su fuerza de la necesidad psicológica de creer en él.»
(Leszek Kolakowski)
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«El comunismo no es el futuro de la humanidad, sino su muy arcaico pasado.»
(Juan Ramón Rallo)

Éstas son dos citas verdaderamente elocuentes. Pero en referencia a esta última, es importante recordar también que, mientras que en ese arcaico pasado la mentalidad colectivista surgió de modo espontaneo, en tiempos recientes ha sido necesaria la violencia para "persuadir" a la mayoría social de retornar a ella. 
¿Por qué creen, si no, que llevan tanto tiempo extendiendo el mito de que el capitalismo se impuso por la fuerza? Pues por la sencilla razón de que depende de ello su legitimidad para imponer asimismo su modelo (ese que se presume "más justo"). La única forma de tornar lícita una acción violenta y autoritaria sobre la sociedad es presentar la coyuntura actual como fruto de otra acción igualmente violenta y autoritaria. Y como ese fin suele justificar cualquier medio, poco importará si la comparación entre unas y otras imposiciones es visiblemente acomodaticia, o si se tuercen los hechos para hacer pasar por violencia lo que cualquiera con sentido común nunca juzgaría como tal (aunque después sí logren persuadir a muchos de lo contrario mediante la conocida estrategia gramsciana de conquista gradual de la hegemonía ideológica). De este modo, empiezan a difundir conceptos como "violencia estructural", o a calificar de "fascista" toda ley o costumbre que encuentran indeseable ya que, de tal manera, hacen parecer menos grave su intención de combatir la "violencia" con VIOLENCIA y el "fascismo" con FASCISMO.
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Fíjense bien en que, tanto comunistas como social-demócratas, parten de estos dos axiomas:

1- Dar libertad al mercado va a perjudicar a los más pobres y a las pequeñas empresas.
2- Todo argumento procedente de las posturas liberales es una estratagema para favorecer a las grandes empresas y a "los ricos".

Hemos dicho que son axiomas. Por tanto, no cabe discusión sobre ellos. Es así como se explica la forma de operar de todos sus razonamientos. Y así, también, como se cierra toda aquella vía de reflexión que vaya en las direcciones antes señaladas como vetadas. El espectro de razonamientos queda reducido de este modo a todos aquellos que no transiten por las vías prohibidas. Es por eso, pues, que para un anti-capitalista (o "reformador del capitalismo"), en el fondo sólo cuenta desarmar las posturas del adversario como sea, y no, como se esperaría de un amante de la verdad, ajustarse lo más rígidamente a los hechos.

Cuando uno se percata de esto, percibe como nunca la peligrosidad inherente a todo moralismo.

Y no crean que concluyo esto elucubrativamente. Yo mismo, cuando era víctima en mucha mayor medida de ese moralismo en concreto, he observado en mí, y en aquellos con los que empatizaba, que la forma de operar de nuestro razonamiento era esa y no otra. Cada vez que escuchábamos a un anti-capitalista "desmontar" alguna idea defendida por un liberal o un conservador, sentíamos esa "victoria", o dicho en términos más científicos, el mecanismo de recompensa de nuestro cerebro se activaba proporcionándonos una sonrisa de satisfacción y una sensación de bienestar. No partíamos, pues, muchos de nosotros de un corpus de doctrina (quizá sí fuera el caso de los marxistas), sino que valorábamos cada-argumento-en-contra por sí mismo. Valorábamos la inconoclastia antes que cualquier icono o sistema alternativo al que buscábamos destruir; la derrota del oponente más que la defensa de una posición propia.

Creo que ahí es justo donde se DESCUBRE, se revela el motor tras ciertas vías de reflexión, el cual es, antes que racional, moral.

(Es preciso siempre distinguir la moral de la etica: La moral es un sentimiento, un instinto, mientras que la ética es una construcción social, un logro de la civilización, generalmente entendido como un conjunto de reglas cuya relación con los primitivos sentimientos morales puede llegar a ser difusa, si no indirecta. [Hume (*1)])

Probablemente todas esas ideologías, incluido el marxismo, aunque parezca un sistema en sí mismo, son pensamientos a la contra. Y al constituir su motor una negación, se hallan de inicio lastrados para ser una ciencia positiva.
No van detrás de su propia verdad, sino de negar la verdad del oponente. Y aún cuando han llegado a intentar lo primero, ha sido éste un acto derivado de lo segundo.

Mi conclusión es, por tanto, que aunque las izquierdas entiendan su posición como aquella que coloca a la ética sobre todas las demás consideraciones, lo cierto es que la verdadera postura ética es la asumida históricamente por el liberalismo; mientras que el socialismo y gran parte de lo que entendemos por "izquierda", lo que adopta es una postura moralista; pero de ningún modo ética.

Y no me baso para hacer esta afirmación únicamente en lo que expuse antes. Esto se muestra todavía más claro al contraponer la coherencia de unos al defender las mismas reglas para todos y la misma libertad en todos los ámbitos de la acción humana con la incoherencia de los otros que, sin discutir la justicia de estas normas en principio, sí plantean inacabables excepciones a las mismas basadas en los más diversos motivos, con lo que se hace inevitable que disminuya el respeto por ellas y el rigor exigido en cumplirlas. La ética, entonces, se va erosionando sin freno al tiempo que va siendo sustituída por los sentimientos morales (subjetivos, arbitrarios, volubles) del gobernante iluminado de turno, al que se cree imbuído de un conocimiento especial de la realidad social y de una empatía genuína con "el pueblo".

Una vez se cruza esa línea, aunque sea con la "legitimidad de las urnas", el camino al despotismo se alfombra de rojo y oro, y las libertades y derechos individuales empiezan a a verse en serio peligro.

Porque conviene no dejar de tener nunca presente otra constante histórica: la que muestra como toda estrategia del comunismo y la ultra-izquierda en clave "democrática" tiene el objetivo ya arriba insinuado. A saber: apoyarse en las mayorías electorales para subvertir los principios más básicos de la democracia liberal; lo que se traduce en pasar por encima de los derechos del individuo en nombre del "pueblo", entidad siempre difusa pero cuya mención causa una respuesta emocional positiva; o del "bien común", concepto aún más difuso y  peligroso, en cuanto puede instrumentalizarse para dar pretexto a las acciones más demenciales (sobran ejemplos de ello a lo largo de la historia, especialmente en el pasado siglo).
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Pero si hemos asumido la tarea de destripar el moralismo, al menos en su vertiente socio-política, nos vemos forzados a retomar la revisión de la filosofía nietzschiana que ya iniciamos en un texto anterior. Dado que el asunto que nos ocupa atañe al egoísmo, al dinero y a la clase empresarial, no vendrá mal pararse a reflexionar en torno a ello en el contexto del pensamiento moral de Nietzsche.

Y es que su crítica al mundo burgués nos puede arrastrar a caer en no pocas contradicciones, si nos fijamos bien.

Ésta crítica es acertada en tanto se refiere al "espíritu burgués" materialista, dócil, gris, antiheroico, de su tiempo. Pero nos lleva a error, y como dije, a callejones sin salida, si lo extrapolamos a todo lo que hoy va vinculado a la burguesía histórica (puesto que ya sólo subsiste aquel "espíritu", no así la "casta" como tal). A Nietzsche le ocurre como a tantos tradicionalistas y revolucionarios (cosas que no tienen porque ser antagónicas), que juzga a la "era de la burguesía" por la etapa de la misma que él pudo observar, y circunscrita a un contexto geográfico muy concreto. Al igual que las críticas (quizá también en parte acertadas) que le hacen los católicos "viejos" por juzgar al cristianismo enfocándose sobre todo en su "fase decadente" (de nuevo, dócil y antiheroica), el creador del concepto de "superhombre" no hubiera obtenido la misma impresión de la mentada Clase si la hubiese visto desenvolverse en los albores de la Revolución Industrial, creando casi de la nada, cual semi-dioses prometéicos, toda aquella imaginativa y deslumbrante maquinaria que hizo posible la expansión del bienestar (ese sí lo fue de verdad, y no el que ahora predican) a cada vez más y más sectores de la población.
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Pero no vayan pensar, por lo expuesto antes, que el liberalismo ha estado exento de incurrir en errores de bulto. Su punto de partida es más objetivo y camina en una dirección mucho más deseable, qué duda cabe. Sin embargo, cometió tan imperdonables excesos que acabó, en gran medida, trabajando contra sus propios fines. Esto lo supo ver muy bien un viejo y sabio conservador de allende los mares inspirado por otro viejo y sabio conservador de nuestro continente. Robert Nisbet, alumbrado por Tocqueville, predijo con gran tino el oscuro futuro del individuo "liberado" de las "cadenas de la tradición":

«Así es como el liberalismo puede engendrar el totalitarismo. El gran proyecto liberal de ”emancipación progresiva del individuo respecto de las tiránicas e irracionales sociedades ‘de status’ heredadas del pasado”, tomó el riesgo de hacer a esos individuos anhelar el abrazo de un poder total, mucho más tiránico que el de la iglesia, la clase o la familia. La política de ‘interés propio racional’ promovida por Hobbes y Locke creó un vacío, un anhelo de comunidad, que Rousseau y Marx vinieron presurosos a llenar.»

«Si Nisbet enseña una lección, es esta: Ud. no puede oponerse al crecimiento inexorable del poder del Estado con la defensa del solo individualismo y nada más. Ud. debe asumir la defensa del individuo y su comunidad.»

(Ross Douthat, ´Quest for community in the age of Obama`) 

Yo mismo he sugerido en más de una ocasión esta relación de causa y efecto entre el individualismo atomista y la dependencia del estado protector. Hay polémica sobre si fue primero el huevo o la gallina, como siempre ocurre en estos casos. Y no puede negarse que se alcanza en algún momento cierta retroalimentación en que el efecto se torna causa y la causa, efecto. Pero fuera como fuese, parece claro que correspondió a aquellas políticas llevadas a cabo en nombre de la libertad el incentivar en primer lugar el abandono de los viejos lazos y costumbres. Fueron "medidas liberales" las primeras causantes de la inercia que llevó a prescindir cada vez más de los antiguos vínculos -instituciones, todas ellas, que costó muchas generaciones afianzar pero que llevó muy poquito tiempo el destruir-.

Lo que nos lleva a concluir, pues, el proceso histórico descrito es que el liberalismo, sin quererlo, engendró su propia némesis al promover e incluso forzar la disolución de los lazos comunitarios que precisamente hubieran impedido en el futuro (nuestro presente) la dependencia que crea por sí misma hambre de más dependencia. O dicho de otro modo: el poder omnímodo del estado originó un vacío creciente en nuestra sociedad que, llegados a cierto punto de no retorno, ya no podía llenarse con otra cosa que con más poder omnímodo.

Hoy vemos el gran drama: El estado del bienestar colapsa, se muestra cada vez más a las claras su inviabilidad, pero las mayorías no dejan de reclamar más.. ¡y más estado!

Es el síndrome del adicto terminal. Duro es expresarlo así, pero más duras son las consecuencias de disfrazarlo y suavizarlo; y de este modo, postergarlo indefinidamente. Porque esto es lo que hacen por lo general los políticos actuales, que una vez rehenes de su propio régimen clientelar, no están dispuestos a cometer la torpeza de practicar una política responsable de esas que te dan popularidad y reconocimiento en la posteridad pero que te hacen perder las elecciones del mes que viene.

Hemos visto, pues, que el individualismo que promovió la doctrina liberal no supo frenar a tiempo y cruzó la raya entre lo metodológico y lo ideológico [Popper, Mises (*2)] al arremeter contra la tradición, la religión y todo cuerpo intermedio de la sociedad. Esto inevitablemente dejó al individuo más solo frente al Estado; desamparo que engendró con el tiempo una cada vez mayor dependencia del mismo, y derivada de ella, una también creciente necesidad de provisión/protección.

Podría ser ésta una interesante revisión de la célebre teoría de Marx sobre la antítesis que el capitalismo engendra inevitablemente. Sólo que en este caso se trata del sistema liberal, y además, se ha mostrado que sí es evitable. Pero con todo, podemos así cerrar el círculo y aportar una nueva perspectiva sobre las contradicciones de estos dos pensamientos que han marcado nuestra post-modernidad.

De lo anterior podemos deducir, entonces, que el precario equilibrio entre individuo y comunidad se trata de un juego de poleas bien difícil de manejar sin que a uno se le vaya de las manos y acabe, por exceso de celo, creando el caldo de cultivo idoneo para engendrar su antítesis. La tesis aquí no sería por tanto el sistema económico capitalista sino el sistema político liberal. Mientras que la antítesis sería el crecimiento desmesurado y constante del Estado llegando incluso al totalitarismo, lo cual podemos ver claramente que es la negación del modelo liberal (*3). 

Bien, ¿y la síntesis? Eso sí es más difícil aseverarlo. Me gustaría creer que va a consistir en la disolución del estado-nación y el ansiado retorno a las pequeñas comunidades, cantones y ciudades-estado. Pero bien podría manifestarse de modos bien distintos a ese, como por ejemplo volviendo a un modelo no menos clásico que el anterior, como es el del imperio romano, carolingio o napoleónico.

En el primer supuesto, la síntesis se manifiesta a modo de explosión y fragmentación extrema; y es de esperar que de esta manera retornen las libertades apartadas en el período de la antítesis, puesto que la vida en las pequeñas comunidades inevitablemente traerá consigo un estilo de vida más sencillo y un ánimo más sosegado que volverá innecesaria esa antigua dependencia retroalimentada por los cazadores de voto clientelar.
En el caso de la segunda hipótesis, percibo el posible proceso como de expansión. Como un gran chicle que se estira, convirtiendo a un conjunto de Estados que caminan hacia el totalitarismo democrático en parte de un proyecto mucho más grande e inclusivo donde, por un lado mengua más la soberanía de los territorios, pero por el otro se relaja la presión gubernamental en ciertos ámbitos debido a la imposibilidad de controlar la sociedad civil hasta tal punto como fue común en la fase de los estados-nación hipertrofiados.
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(*1) La teoría de la moral de David Hume es en extremo elocuente a este respecto. Acudiendo esta vez a sus propias palabras: "Los animales son susceptibles de las mismas relaciones con respecto a los otros de la especie humana, y por lo tanto serían susceptibles de la misma moralidad si la esencia de la moralidad consistiese en estas relaciones. Su carencia de grado suficiente de razón puede impedirles percibir sus deberes y obligaciones morales; pero nunca puede impedir que estos deberes existan, pues deben existir de antemano para ser percibidos. La razón los halla, pero no los produce. (....)  El vicio nos escapa enteramente mientras se le considere como un objeto. No se le puede hallar hasta que se dirige la reflexión hacia el propio pecho y se halla un sentimiento de censura que surge en nosotros con respecto a la acción. Aquí existe un hecho; pero es objeto del sentimiento, no de la razón. Está en nosotros mismos, no en el objeto" (...) "Tener el sentido de la virtud no es más que sentir una satisfacción de un género particular ante la contemplación de un carácter. El sentimiento mismo constituye nuestra alabanza o admiración. No vamos más lejos ni investigamos la causa de la satisfacción. No inferimos que un carácter sea virtuoso porque agrada, sino que sintiendo que agrada de un modo particular sentimos, en efecto, que es virtuoso."


(*2) Para Karl Popper, el individualismo metodológico en el campo de las ciencias sociales se trata de una exigencia para alcanzar cierto rigor científico y para evitar tentaciones como lo que unos cuantos hemos calificado de "tendencia al conspiracionismo". Esta manera de razonar tiene relación, según él, con el historicismo marxista y ha sido característica, como todos sabemos, del argumentario nazi y soviético. En sus propias palabras, "la teoría conspirativa de la sociedad no puede ser cierta pues equivale a sostener que todos los resultados, aún aquellos que a primera vista no parecen obedecer a la intención de nadie, son el resultado voluntario de los actos de gente interesada en producirlos". En el caso de Von Mises prefiero atenerme a sus palabras recogidas en el tratado ´La acción humana`, donde justifica el individualismo metodológico de la siguiente manera: "La praxeología, en principio, se interesa por la actuación del hombre individualizado. Sólo más tarde, al progresar la investigación, enfréntase con la cooperación humana, siendo analizada la actuación social como un caso especial de la más universal categoría de la acción humana como tal. Este individualismo metodológico ha sido atacado duramente por diversas escuelas metafísicas, suponiéndose implica recaer en los errores de la filosofía nominalista. El propio concepto de individuo, asegúrase, constituye vacía abstracción. El hombre aparece siempre como miembro de un conjunto social. Imposible resulta incluso imaginar la existencia de un individuo aislado del resto de la humanidad y desconectado de todo lazo social. El hombre aparece invariablemente miembro de una colectividad. Por tanto, siendo así que el conjunto, lógica y cronológicamente, es anterior a sus miembros o partes integrantes, el examen de la sociedad ha de preceder al del individuo."

(*3) En mi caso, son estos errores históricos de la doctrina liberal y aquellos vicios arrastrados por muchos de sus representantes (como son el economicismo, el atomismo, y cierto racionalismo iluminista) lo que me lleva a renegar de esa etiqueta por más cercano que pueda hallarme de las posturas que suelen defenderse en su nombre. Porque ocurre que gran parte de las mismas pueden igualmente reivindicarse en nombre del anarquismo entendido en sentido amplio y alejado de utopismos, que es como yo prefiero concebirlo, pues de otra manera cae uno en maximalismos poco sensatos y difícilmente constructivos.


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lunes, 6 de julio de 2015

LA ÉTICA, LA LEY, Y LA EXCEPCIÓN (Anexo)



Tras la publicación de la anterior entrada, titulada "La ética, la ley y la excepción", se ha iniciado un debate sobre "qué es y qué no es el liberalismo". Es cierto que debí, seguramente, haber delimitado con más detalle mi postura ante esa cuestión, pero creí que eso supondría alargar el texto en exceso. Por ello he redactado este anexo.

Ante mi afirmación de que la definición de liberalismo que hace Juan Ramón Rallo es algo conveniente, o por lo menos, no del todo honesta, liberales de pro me afirman a su vez que "por supuesto que el liberalismo es eso. ¿Qué iba a ser si no?". Mi respuesta a esto es llanamente que Rallo puede decir lo que le venga en gana. Y que justo porque dice lo que le viene en gana, elige hacer mayor hincapié que otros en los principios libertarios como "marco en el que desarrollarse distintas tendencias", y por eso le valoro más que a esos otros. (No sólo por eso, pero principalmente.)

Ahora, por más que diga él o quién sea, los liberales siempre han hablado de "libertad en abstracto" buscando, en realidad, persuadirnos de las bondades de UNA MUY CONCRETA; y así, hacernos pasar a todos por el aro del sacrosanto mercado, la sacrosanta propiedad y los sacrosantos contratos. No digo que nos pretendan engañar necesariamente (habrá de todo). Yo estoy seguro de que la mayoría de ellos lo hacen de buena fe, y porque están firmemente convencidos de que ese es el mejor modo de solucionar nuestros problemas. Pero lo cierto es que eso es lo que ha sido el liberalismo hasta ahora, y no otra cosa. (Yo estaría encantado de que empezara a ser aquello tan "neutro" que predican). 

Y lo mismo ocurre con el economicismo, el atomismo, etc...Pueden negar cuantas veces quieran esas acusaciones, pero tan pronto las niegan se ponen otra vez a parlotear cuatro horas seguidas de economía.. y más economía.. como si en esa dimensión del quehacer humano se hallasen todas las claves y todas las soluciones. 

El liberalismo es economicista, por más que se quiera negar. Su obsesión por supeditarlo todo a la economía, de hecho, roza lo patológico, al menos a mi humilde entender. Muestra de ello es que el Instituto Juan de Mariana se precia de cumplir la misma regla que la Academia de Platón, sólo que poniendo en el lugar de la geometría a la economía.

En resumen, que si los liberales realmente apuestan por la diversidad y la voluntariedad antes que por un sistema político-económico concreto, ¿por qué ninguno, absolutamente ninguno de ellos propone otro modelo que no sea el del laissez faire, laissez passer? ¿Por qué insisten tanto en las bondades del librecomercio y del emprendedurismo (individualismo) si, supuestamente, lo que defienden no es un modelo sino "un marco para modelos de lo más diverso"?
(Al parecer, sí hay uno de ellos por el que se inclinan más que claramente.)

Y ya, para terminar mi alegato: ¿Como puede resultar válido el término "liberalismo" para definir esos principios de escrupulosa voluntariedad cuando anarco-capitalistas de renombre señalan a esa escuela (la clásica, se entiende) como el mayor enemigo de todo libertario?

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Una vez concluido el alegato, vuelvo al terreno que más me preocupa: la transversalidad en la lucha libertaria.

¡Y es que se supone que miramos todos en una misma dirección, y por ello nos calificamos de libertarios! 
...Mutualistas, capitalistas, ruralistas, urbanitas, modernos y reaccionarios. Todos libertarios.
No es esa la única dirección en que miramos, lo que se desprende de los nombres adjudicados a esas "familias". Padecemos bizqueras distintas, por tanto. Pero un ojo debe estar mirando siempre en la misma dirección que el resto, o al menos, eso es lo lógico y lo deseable. 

¡Ya tenemos, pues, más en común que otros clanes con disputas familiares internas!

¿Pero como fiarse, aun así, de que verdaderamente estamos persiguiendo el mismo objetivo? 

Ese es nuestro principal escollo en el tan buscado y necesario diálogo trans-libertario: Desconfiamos todavía de la sinceridad del resto de las "familias". Los mutualistas no ven que los capitalistas estén tan comprometidos como ellos contra la opresión. Ambos tienen distintas manera de entender su naturaleza y sus grados. Y los capitalistas tampoco están nada convencidos de que los mutualistas proclamen una genuína libertad. Estas reservas son perfectamente entendibles. Por eso mismo quiero hacer esta crítica constructiva, no exenta de cierta mala leche, pero en todo caso, con la mira puesta siempre en el acercamiento de posturas, presidida -creo que esto es necesario- por la racionalidad, y huyendo como de la peste del ad hominem, del argumento moralizante, y de la descontextualización tramposa que degenera en chantaje emocional (y en esto sí debo señalar principalmente a la izquierda), porque todo eso no hará sino embarrar y empobrecer enormemente cualquier debate que pudiera llevarse a cabo en un futuro.

domingo, 5 de julio de 2015

LA ÉTICA, LA LEY, Y LA EXCEPCIÓN.


Hace tiempo alguien escribió en este mismo blog, comentando aquel llamamiento algo provocador a acercar las posturas de anarquistas y fascistas. Me dijo que eso era irrealizable porque "la izquierda, a diferencia del fascismo, se distingue por colocar la ética sobre todas las demás cosas". Francamente, no quise contestarle por no burlarme de él o preguntarle directamente por la ética del gulag o de la revolución cultural (es un topicazo, lo sé. Pero no por ello deja de ser una muestra sangrante -nunca mejor dicho- de la nula legitimidad de la izquierda para hablar de "ética" con mayúsculas y no de UNA muy particular forma de entender la misma. Como también lo es la del fascismo, dicho sea de paso. Otro asunto es que se comparta.)

El problema de como entender la ética en política hoy se halla polarizado en dos grandes grupos (al menos en Occidente). Estas dos concepciones podrían sintetizarse de la siguiente manera:

a) La ética meramente aplicada en el corto plazo. La ética expresada a través de excepciones a la legalidad vigente. (Ambas tendencias están relacionadas, como luego veremos.)

b) La ética pensando ante todo en el largo plazo. La ética expresada en la igualdad jurídica, y por tanto, en la aplicación impecablemente rigurosa de esa ley (sin excepción alguna.)

La forma "a" suele estar representada por la izquierda, el socialismo, la social-democracia, y muchas veces los nacionalismos y neo-fascismos. Se basa en solucionar los problemas de la gente HOY sin importar -o esa impresión da- si de esa manera pueden crear mayores problemas en el largo plazo de los que van a resolver en el corto (incluso si van a perjudicar en ese futuro a los mismos que hoy pretenden ayudar.)
Ejemplo: Impedir desahucios de personas en régimen de alquiler que no puedan pagar el importe del mismo. Por lo pronto, les ayuda a no perder el techo bajo el que habitan; pero si esa política se mantiene, los dueños de pisos destinados al alquiler se mostrarán cada vez más reticentes a sacarlos al mercado, sabiendo que podrían no pagarles, y por si fuera poco, que en tal caso ni siquiera podrían echar al moroso y buscar otro inquilino. Con lo que, en poco tiempo, será más difícil que nunca encontrar un piso que alquilar; y en consecuencia, todos perderán por igual mucho más de lo que pudieron ganar aquellos "elegidos" a quienes se ayudó. Tambien habría que mencionar la posibilidad que verá inmediatmente el caradura de turno (especialmente en la tierra cuna de la Picaresca) de destinar sus ingresos a cualquier cosa antes que al alquiler, sabiendo que sus "tan éticos gobernantes" ni siquiera se van a molestar en averiguar quién paga porque no puede y quién porque no le da la gana, dado que son tan "éticos" y "confian en el ser humano".
Vemos como se cumplen en ese ejemplo concreto ambas tendencias: El observar tan sólo el corto plazo, y el basar la acción política en la excepción a la ley. Vemos también, por tanto, como hacer salvedades puntuales a las leyes, sea en nombre de la justicia o de lo que sea, provoca que cada vez menos gente se fie de ellas (o, por lo menos, de aquellas que más a menudo están sujetas a excepciones). ¿Alguien cree que esto puede dar lugar, bajo cualquier punto de vista, a una sociedad más ética?
La forma "b" de afrontar esta diatriba quedaría, de alguna manera, mostrada por defecto. Sería la forma que, en principio, evitaría todas esas contradicciones y todos esos círculos viciosos. Se distinguiría, pues, por estar vigilante para no caer en esas trampas.
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Y sí: La defensa más firme de esta postura, hoy, procede del liberalismo. ¿Qué ocurre? Que todos los demás han renunciado a defender unos principios que no debieran pertenecer en régimen de exclusividad a ninguna escuela, sino ser moneda común entre todo DEMÓCRATA que se precie (pretendo hacer un guiño con este subrayado a cierta "neolengua" que corre por ahí, y que pretende asimilar tal palabra nada menos que a "socialista". Pero que no les engañen: Si la democracia no está en LAS FORMAS, es decir, en las REGLAS DE JUEGO -como bien diría un demócrata de pro como Trevijano-, no está EN NINGÚN SITIO.)
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Retornando un momento al texto que nombré hace un rato -y que probablemente hoy no firmaría-, aclararé que ahora mismo me inclino a pensar que esa estrategia del "anarco-fascismo" habría que ampliarla a "anarco-socialismo", "anarco-catolicismo", "anarco-carlismo", y a todos los demás ismos sin excepción (de nuevo, fieles a esa norma básica de cordura). Lo que juzgo más necesario a dia de hoy es, pues, imbuir de los principios libertarios más básicos a toda ideología socio-política. Como dice Rallo, "el liberalismo (aunque yo cambiaria la palabra, desde luego) es un marco de principios éticos en el que pueden desarrollarse luego doctrinas de todo tipo, siempre que estén presididas por la idea de voluntariedad".  Si de verdad fuese eso el liberalismo, yo me declararía liberal sin pestañear. Pero como ocurre que eso responde más bien a "qué es el liberalismo según Juan Ramón Rallo", y según ese relato puntual pensado de cara a transmitir lo que es PARA ÉL la idea esencial, deberíamos quizá buscarle otro nombre como "marco político de libertad" o "consenso previo de voluntariedad". Por falta de términos que no quede.
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Pero sigamos atendiendo a lo que tiene que decirnos este "gramsciano de derechas" (los que conozcan bien sus ideas sabrán por qué lo califico de esta manera). Insisto en que, por encima de "peleas entre bandos", se trata de un intelectual que dará mucho que hablar, y que nos moverá a cuestionar infinidad de ideas asumidas hasta hoy, en lo que resta de esta etapa histórica presidida por la crisis de valores (que aun podría abarcar unas cuantas décadas.)
Y para mostrarles que hay, cuando menos, algo de verdad en esto que digo, yo de ustedes no me perdería por nada del mundo este debate: 
Verán que, al comienzo, parece hasta nivelado, pero conforme avanza, Rallo se "merienda" a Raventós. Y no se puede expresar con mayor amabilidad, porque así es como ocurre. El primero se crece, y la convicción que inspira entra a su vez en un crescendo paralelo, desembocando en el más glorioso de los triunfos (y confieso que se me hace cuesta arriba  reconocerlo, por aquello de estar "mojándome con el liberal"). 
Pero si tienen la deferencia de escuchar ahora esos últimos 4 minutos, podrán comprobar que es, si me permiten la licencia, el final propio de una obra épica. El último en formular una pregunta resulta ser alguien que va "a cuchillo" a por el mentado -se ve que se le ha atragantado la posición defendida por éste- y acude, ya sin rubor, a las más manidas demagogias, al más rastrero chantaje moral disfrazado de argumento. Al verse blanco de semejantes acusaciones injuriosas, la defensa que esgrime Rallo es dificilmente superable en contundencia. Un diez. Chapeau!

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Es evidente que tengo muchas muchas reservar con el liberalismo como sistema de pensamiento (probablemente más en el terreno filosófico que en el político). Pero siempre hay que discriminar claramente, primero: entre la validez (o solidez) de los argumentos concretos y la validez (o solidez) de la filosofía en que se encuadran. Y segundo: entre el sistema de pensamiento (político, filosófico) tomado como un ente homogéneo y diferenciado; y por otro lado, LOS pensadores, LOS filósofos, LOS enfoques, LAS perspectivas PAR-TI-CU-LA-RES; las cuales debieran ser, seguramente, más valuables por sí mismas que atendiendo a la "escuela" a que "pertenecen".

Es obvio, por otra parte -y esto hay que dejarlo claro- que cuando hago notar que, con frecuencia, los argumentos liberales superan en objetividad a los socialistas, ello no implica en absoluto que sean también superiores a otras muchas perspectivas políticas a las que se alude menos. (Hay mundo más allá del binomio socio-liberal). En el contexto de las ideas que allí se enfrentan, "el liberal" supera "al socialista". Pero asimismo, resultan enfrentarse, hay que recordarlo, dos paradigmas que son igualmente materialistas, economicistas y universalistas; y todo ello está, por causa directa o indirecta, en el centro de mi crítica a esa filosofía; amén del famoso individuo-átomo y el famoso mercado-libre que nadie ha visto, al menos en este Manvántara.

Por decirlo en pocas palabras: mis reservas con el liberalismo son, seguramente, más filosóficas que políticas. Aquello que defiendo en este contexto, por tanto, es la postura PARTICULAR de Rallo antes que "la postura liberal". Ya aclaré que me parece más constructivo valorar los pensamientos de los individuos al margen de la etiqueta con la que se identifiquen (los pensadores son uno de los pocos grupos que alcanzan la categoría de individuo, aunque no se excluye que se comporten como masa en otros ámbitos de la vida, pero ese sería ya tema de otro escrito). Decía que yo opto por valorar los pensamientos individuales por si mismos más que como pertenecientes a "un club". Porque ocurre que, frecúentemente, encuentro más distancia entre el valor que le otorgo a dos ideólogos de una misma escuela que la que veo entre dos de escuelas distintas. Por acudir a dos ejemplos que estarían notablemente alejados entre sí, y que efectivamente, valoro por diferentes motivos, podría nombrar al mismo Juan Ramón Rallo y al también libertario, pero anticapitalista, Félix Rodrigo Mora.
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Se me confirma, por todo esto que he intentado transmitirles, aquello que ya manifesté en otro texto dedicado a la libertad, la ética y el Estado: Los principios liberales son para mí un faro, nunca una doctrina que, desde mi perspectiva, merezca asumirse por entero. Una referencia moral en el horizonte y no, como para otros, una serie de preceptos que deban bastarse por sí mismos y presidir toda reflexión socio-política como si no existieran otras perspectivas que pueden complementar, y hasta poner en cuestión, algunos puntos de esa ética que se pretende autosuficiente. 

Y si el liberalismo es un faro, ¿el socialismo, entonces?
Más bien se asemejaría a las luces de neón de una wiskheria.


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«He aquí el estado del proceso. El socialismo denuncia sin tregua las maldades de la civilización, consigna día por día la impotencia de la economía política para satisfacer las atracciones armónicas del hombre, y presenta querella sobre querella; la economía política llena sus autos con los sistemas socialistas que pasan unos tras otros, y mueren desdeñados por el sentido común. La perseverancia del mal alimenta las quejas de los unos, y los constantes descalabros de los reformistas dan materia a la maligna ironía de los otros. ¿Cuándo llegará el día del fallo?»

(Pierre Joseph Proudhon, ´Filosofía de la miseria`.)


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«Con la excepción de Holanda y Suiza, el Estado reina triunfante en todos los países de Europa. En nuestra "nueva" civilización existe la esclavitud obligatoria de las masas y, por razones de beneficio económico, la lealtad más o menos voluntaria a las clases económicamente privilegiadas al Estado. Y las llamadas revoluciones del pasado -incluyendo la gran Revolución Francesa, pese a los magníficos conceptos que la inspiraron-, todas estas revoluciones no han sido otra cosa que las luchas entre las clases explotadoras rivales por el disfrute exclusivo de los privilegios que les brinda el Estado. No expresan otra cosa que la lucha por el dominio y la explotación de las masas.»

(Mijail Bakunin, ´Crítica del determinismo económico y el materialismo histórico.`)

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jueves, 11 de diciembre de 2014

"LA CRÍTICA ESENCIAL DEL LIBERALISMO II: Los hijos de la Ilustración y el germen totalitario"

"Crazy Rothbard strikes back"


Parte de estas notas servirán para mostrar que algunos críticos severos de la izquierda, como yo, sintonizamos con ella en no pocas cuestiones. 

Otra sustanciosa parte de las mismas servirá para que esta vea como comparte con los liberales mucho más de lo que usualmente piensa; y como la suya es, en gran medida, la misma lucha que la de ellos, por inconcebible que se le antoje.

Quede claro en primer lugar, no vaya a ser que me acusen de "repartir a todos por igual" y no mojarme, que les reconozco a las "familias liberales", por lo general,  más honestidad y coherencia que a las socialistas, y del mismo modo, aprecio en ellas que siempre intenten apelar a la razón, en vez de a la pura visceralidad, como hacen aquellas. Esto es algo muy a destacar, y creo que es de justicia reconocérselo.

Será, entonces, que por llevar ese empeño al extremo, y por olvidar todo lo que comparten  con "sus contrarios" -al ser ambos "hijos de la Modernidad"- que en ciertos aspectos, y en cierta esencia... una vez más debo decir con pesar que.. El liberalismo y el socialismo son, ambos, parte de una misma estafa intelectual.

Lean si no estos fragmentos de la obra más reconocida del citado pope de la escuela austriaca, y díganme si tengo o no razón:

"Las pérdidas para todos como consumidores por entorpecer la división internacional del trabajo y la localización eficiente de la producción no deberían minimizarse al considerar los efectos de las barreras a la inmigración.  La reducción al absurdo, aunque no es tan devastadora como en el caso de los aranceles, también es relevante en este caso. Como apuntan Cooley y Poirot:
´´Si es sensato erigir una barrera a lo largo de nuestras fronteras nacionales contra quienes ven mayores oportunidades aquí que en sus países de origen, ¿por qué no deberíamos erigir barreras similares entre estados y localidades en nuestra nación? ¿Por qué debería, a un trabajador con bajo salario, (…) permitírsele emigrar de una empresa de calesas en Massachusetts a las flamantes tiendas de automóviles en Detroit?``"

¡Claro! ¡Diga usted que sí!....¿Qué puede importar la etnia, la cultura, la geografía, la geopolítica, la historia, y "todas esas mierdas"....frente al P R O G R E S O ??? 
-"Progreso" como nosotros lo entendemos y SÓLO como nosotros lo entendemos.... Si usted se muestra en contra de esto, ES PORQUE ES USTED UN DESPRECIABLE TIRANO!-

Por otra parte, no deja de causar asombro (o espanto, según gustos) esa fijación por la eficiencia, sin atender a más aspectos. De verdad no sabemos bien, en cierto punto, si tratamos con ideólogos, o con una suerte de calculadoras humanas.

Continuemos desgranando las joyitas que nos obsequia, aquí, el "anarco-mercader de Venecia":

"El defensor de las leyes de inmigración que teme una rebaja en su nivel de vida está en realidad equivocándose acerca de a dónde tiene que apuntar. Implícitamente, cree que su área geográfica excede ahora mismo su punto óptimo de población. Por tanto, lo que realmente teme no es tanto la inmigración como cualquier aumento de la población. Por tanto, para ser coherente, debería defender un control obligatorio de la natalidad para frenar el crecimiento de la población que desean padres individuales."


¡Claro! ¿Pero qué más da de donde sea la gente, y qué más da a donde vaya?

¿Qué más da Oriente que Occidente, Norte que Sur, si todo es ...GENTE?

¡Modernidad, Relativismo, Liberalismo, Universalismo .... 

¡¡TRANSHUMANISMO!!!

.................

¿Te cansaste de la insoportable levedad, o gravedad, de ser un mamifero superior?

¡BIENVENIDO A LA NUEVA HUMANIDAD ROBOT! 
¡Ya no habrá penas, ni conflictos, ni padecimientos, pues todos seremos ....... 

I G U A L E S !!!! 

"Beeeeeeeehhhhhh!!" 






Pero esta última afirmación es la más impagable de todas:

"Las barreras a la inmigración generan ganancias a costa de los trabajadores extranjeros. A pocos residentes del área les preocupan" 

¡Claro! Y nos lo creemos tan sólo porque tú, y sólo tú, lo dices; o si no.. basándonos en los exhaustivos datos que nos aportas... NINGUNO.

Al fin y al cabo, somos todos intercambiables, ¿no? Si lo único que importa a ALGUNOS es la productividad y la competencia "en servicio del consumidor" (expresión a la que se acude insistentemente, quizá por no tener mejor razón a la que agarrarse) 

... ¡Lo único que importa es el mercadeo! ¡Y la única libertad verdadera es la de comerciar con quién te dé la gana! ¿Aún no se han enterado, rojos y fachos de mierda?

"Las leyes de trabajo infantil son un claro ejemplo de restricciones al empleo de algunos trabajadores para beneficiarse de niveles salariales restringidos para el resto. En una era de grandes discusiones acerca del “problema del desempleo”, muchos de quienes se preocupan por este defienden a la vez leyes de trabajo infantil, que impiden coactivamente emplear a cierto tipo de trabajadores. Luego las leyes de trabajo infantil equivalen a desempleo obligatorio. Por supuesto, el desempleo obligatorio reduce la oferta general de mano de obra y sube los niveles salariales restrictivamente, pues la conexión del mercado laboral difumina los efectos por todo el mercado. No solo se prohíbe trabajar al niño, sino que asimismo el gobierno disminuye arbitrariamente el ingreso de las familias con hijos y las familias sin hijos se benefician a costa de las que los tienen."

-¿Qué malvados, los que coaccionan a los empleadores de niños, verdad?....-

Si lo que se ha propuesto esta gente es ser justo lo contrario de la izquierda, y por tanto, primar la razón y los argumentos lógicos sobre la pura viscera y el chantaje emocional, ¡oigan, les tengo que decir que se han esmerado en ello! 
Quizá demasiado, pues mucho me temo que, queriendo ser tan extremadamente racionales y asépticos, se han deslizado ustedes hacia el cinismo más absoluto y la misantropia más grotesca.. 

¡Enhorabuena! Debo reconocerles que, en efecto, no son ustedes  nada "sobre-emocionales". Se han convertido, de hecho, en verdaderas "máquinas de cálculo económico" de aspecto vagamente humano.


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"Juan Ramón Rallo.. Anarco-mutualista ¿?"


Juan Ramón Rallo, sin embargo -y al menos en sus conferencias- me acerca mucho más a esta escuela de pensamiento que los comentados textos del austriaco. 
El director del Instituto Juan de Mariana nos habla de las sociedades de apoyo mútuo previas a la implantación del Estado del bienestar, y desarrolla a partir de ahí una reflexión que nos puede resultar de gran valía. El punto clave de su digresión apunta a la cuestión de la responsabilidad y la solidaridad vecinal. 

El Estado del Bienestar debilita progresivamente los lazos sociales, y acaba finalmente por diluirlos practicamente del todo. Sólo cuando ya es demasiado tarde nos percatamos de la trampa mortal en la que hemos caido, pues nos vemos atados al Estado, en una relación, a la vez, de dependencia y sumisión; y ya no poseemos, en este punto, las herramientas que tuvieron nuestros antepasados para plantear alternativas de autogestión, o autoorganización, dado que aceptamos tácitamente el Contrato Social.. nos volvimos comodones.. nos dejamos llevar, y con no poco susto, caímos un día en lo que nos habiamos convertido: en indefensos lactantes de por vida, en patológicos dependientes de la teta del Estado.




La social-democracia es muy confortable, y como certeramente apunta Juan Ramón Rallo, no potencia, no favorece, la solidaridad, sino muy al contrario, el egoismo. El ciudadano, antes del Estado del bienestar, debía cultivar día a día los lazos sociales, y preocuparse por los intereses de sus vecinos, si quería que sus vecinos también se preocupasen por los suyos. El ciudadano del llamado Estado Social, o Estado clientelar, puede perfectamente desatender por completo la buena relación con sus conciudadanos, no colaborar jamás en ninguna iniciativa de apoyo mútuo, incluso ser un perfecto ingrato, arrogante, o ciudadano del todo deplorable, que a fines prácticos, será tan "solidario" como cualquier hijo de vecino, pues su solidaridad estriba tan sólo en la parte de sus ingresos que acaba en las arcas del Estado, que de cualquier modo no revelan nada sobre su catadura como individuo, siendo que no se trata de un acto voluntario. 

Deberíamos reflexionar profundamente sobre este asunto. Fuera del anarquismo, incluyendo sus diversas familias, esto no ha sido casi nunca abordado, aunque, como digo, lo mismo para un anarco-capitalista que para un anarco-mutualista, o anarco-individualista, es el ABC de su "credo" político. 
Dentro del libertarismo, por muy "de izquierdas o comunista" que se sea, creo que hay, o debería haber, una amplia concienciación sobre la cuestión del individuo, y la comunidad, frente al Estado del bienestar. 

No nos trae nada bueno este modelo, y los que quieren volver, anacrónicamente, a él -y que están cosechando tanto éxito- debería hacernos ver la urgencia de difundir mejor nuestro argumentario  (obviamente menos popular, pero superior al de ellos.) 




Pregonar la responsabilidad y el compromiso frente al que "te lo den todo hecho", desde luego, lleva de primeras las de perder, pero no cabe duda, una vez comprendido el caracter verdadero del Estado protector, de que la nuestra es la opción que mira al futuro y a la realización completa del ser humano, a diferencia de todos los modelos estatólatras, que no ofrecen sino sumisión, dependencia, e infantilización.

Háganse dueños de ustedes mismos. Háganse fuertes, responsables, y libres. Sean miembros de su comunidad, de pleno derecho, y no sólo nominalmente, y en la declaración de la renta.
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También me inclino a simpatizar especialmente con el profesor Rallo cuando deja deslizar que libertarios de izquierda y de derecha pueden, no sólo convivir, sino compartir una misma lucha, pues todo estriba en el respeto mútuo y el respeto a la voluntariedad. No es esto, sin embargo, lo que transmiten muchos anarco-capitalistas, o liberales. 
Como manifesté en el anterior capítulo, aquello que bauticé como el "Síndrome Pinochet" empuja, a muchos de ellos, a rasgarse las vestiduras vehementemente mientras claman, como los patricios romanos, "¡Tirano, tirano!", frente a cualquiera que plantée un modelo igualmente libertario, pero de tipo mutualista, proteccionista, nacionalista,... alejado, en cualquier caso, de la mercadolatría que ellos profesan. 
Parece, en este sentido, que los ancaps y libertarians sólo conciben su paradigma a modo global; pareciese que si un sólo territorio del planeta decide no seguir sus principios, todo se fuera al traste; más aún, que no es lícito seguir otro camino... que con lo maravillosamente bien que funciona el libremercado -"Parece mentira que aún no se hayan dado cuenta"- supone un atropello intolerable el que algunos, por pocos que sean, se empeñen en entorpecer tan perfecta "fábrica de prosperidad y realización personal"..

Pues oigan, señores, no hay que ser avaricioso (uy! me ha salido un doble sentido malicioso sin siquiera buscarlo, pero lo dejo tal cual, ciertas provocaciones nunca están de más) 
Sigo con mi interrogatorio socrático: ¿No es cierto que respetan ustedes, por encima de cualquier cosa, la libertad individual, y la diversidad? 
¿Qué ocurre entonces con la diversidad de modelos económicos, políticos, sociales? ¿No estamos aquí ante el mismo caso? 
Seamos coherentes, entonces, también en esto. 
Si no me van a hacer compararles otra vez con esos a los que tanto odian, y con los que siempre afirman tener tan poco en común. (Igual que les pasa a los comunistas con los fascistas.) 



Sólo un idealista, un universalista, el cual siempre lleva en su seno un germen totalitario, puede mostrar tal arrogancia "prometeica" (en la más nefasta de sus versiones): 
La arrogancia de pretender que todo el maldito globo se adhiera al paradigma económico, social, político, que él defiende.

Pues no puede ser, oigan! 
Ni siquiera podemos conseguir que todos los Pueblos caminen hacia la micro-nación, el municipalismo, y la subsidiariedad que nosotros, libertarios de unas u otras familias, propugnamos. 
Como para pensar en, además de tornar a toda la humanidad libertaria, que lo sea en un sentido específico de libertarismo, y no en otro.
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Si algunas de las regiones con las que ustedes, un día, desean comerciar, han establecido aranceles, no les están "robando", como gustan de decir.
Nadie les obliga a comerciar con ellos. 
Entiéndanlo de una maldita vez, y sólo así podremos unir al fín, sin reservas, nuestras luchas, las aludidas familias libertarias.

No soy yo quién quiere "vetar" al anarco-capitalismo, de hecho, reconozco el acierto en diversos aspectos, de sus teóricos, y por tanto, veo positivo que se experimente con este paradigma. Pero como también aprecio interesantes, y provechosas, iniciativas anarco-mutualistas -o mis predilectas, aunque menos difundidas, las anarco-reaccionarias, o anarco-fascistas-

Justo eso es lo que pretendo transmitir, que YO SÍ DEFIENDO LA LIBERTAD, LA VOLUNTARIEDAD, Y LA DIVERSIDAD. No me parece sensato, ni deseable, que se imponga, por una hegemonía ideológica, o por la fuerza de las circunstancias, uno sólo de los modelos libertarios mencionados, ya que de lo que se trata es de la EXPERIMENTACIÓN, de la que tanto hablan los ancaps con respecto a los modelos, también, de educación o sanidad. 
Pues con la organización político-social ocurre lo mismo; no sabremos qué funciona, o qué nos satisface más, hasta que lo probemos en todas las formas que puedan surgir, muchas veces, en el mismo proceso de caminar hacia ellas.
Porque ¡sí!, estamos hablando, en gran parte, de ensayo y error.