Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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lunes, 11 de julio de 2016

EL ROL DEL CRÍTICO.

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Cuando un atleta deja de competir y de entrenar, sus músculos se atrofian. Cuando un boxeador se ha limitado a ensayar sus golpes con un saco, no podemos esperar que esté preparado para pelear con otro que tenga experiencia cuerpo a cuerpo. Lo mismo le ocurre al que se ha acostumbrado a remar a favor de la corriente, ya sea la de un río o la del pensamiento dominante.

El crítico representa en esta metáfora el sparring, la corriente en contra, la obligación de competir. Por ello los pensamientos hegemónicos de cada época se vuelven más fáciles de criticar cuantos menos críticos tienen, pues exige menos esfuerzo defenderlos cuando apenas hay contestación, lo que incentiva que los encargados de hacerlo se acomoden y se confíen.

Así, el relajamiento de los representantes del Antiguo Régimen, la confianza en que el orden social y de creencias se mantendría por siempre hizo más fácil a los ilustrados y los burgueses poner ese orden patas arriba.

Lo mismo lo podríamos aplicar al Catolicismo frente a Lutero y Calvino, al mercantilismo frente a Adam Smith, o incluso al capitalismo decimonónico frente a Karl Marx. Y ésto le ocurre al pensamiento único “progresista” de las últimas décadas. La izquierda de hoy, en general, se ha acomodado; se ha acostumbrado a lanzar su retahíla sin que apenas nadie se la discuta. Durante largo tiempo las alternativas a este pensamiento único han brillado por su ausencia. No es de sorprender, pues, que quienes se han criado en ese ambiente y no han oído ni leído nada que se saliera de esa estrecha cosmovisión hayan asumido sus memes como la única explicación posible de la realidad. Igual que lo hacían los habitantes del mundo feudal o los seguidores de la “única fe verdadera”.

Sólo esa ausencia de contestación y de posturas alternativas puede explicar el estado deplorable de las ideologías de izquierdas hoy por hoy. Porque no fue siempre así: el socialismo y el anarquismo decimonónico, por ejemplo, podían presumir de un nivel y un rigor intelectual notable, y lo ejercitaron continuamente en batallas académicas de gran altura.

Cristina Pedroche. Chica florero y politóloga en sus ratos libres.
Sin embargo, hoy ser de izquierdas se resume en “querer el bien para todo el mundo”, como dijo la "gran intelectual" Cristina Pedroche. Tanto tiempo lleva en boga el pensamiento único “progresista”, tan pocas voces disonantes se han oído en las últimas décadas que sus representantes, al verse sin apenas contrincantes en el terreno de juego, se han envalentonado y han abusado de la credulidad del público. Como le ocurre a todo el que triunfa sin esfuerzo, se han vuelto arrogantes e infantiles. 

Sólo en ese contexto les es posible subir tanto la apuesta, abusar hasta tal punto de esa credulidad para convencernos de que la diferencia entre izquierda y derecha radica esencialmente en que la primera se preocupa por los pobres y los débiles, y la segunda no. Una vez se ha logrado que asumamos esa idea, ser de derechas (o sencillamente no ser claramente de izquierdas) supone poco menos que llevar los tres seises grabados en la frente. “¿Eres de derechas? ¿Eres conservador.. liberal? Es decir, que te importan más bien poco los pobres y los débiles”. En síntesis: eres una mala persona. Y así resucitamos la vieja tradición hispana de dividir al mundo en santos cruzados y malditos herejes. A partir de ahí, como es lógico, no ha lugar a demasiada discusión: unos son los justos y otros los réprobos.

Y a partir de ahí, también, no podemos menos que resucitar otra gloriosa tradición hispana: la inquisitorial. Y una vez conformados los tribunales de la Inquisición, repartidos por radios, televisiones y periódicos, se empieza a señalar a los herejes de “la única fe verdadera”. 

Pero aún hay más. Y es que tal maniqueísmo se vuelve todavía más inconsistente cuando comprobamos que juzga a las filosofías políticas únicamente en base a sus intenciones. Pero qué más me darán a mí lo buenas que sean las intenciones si los resultados tienen tan poco de deseables. Qué más me da a mí que el socialismo afirme poner en primer lugar a los más desfavorecidos si cuando se han aplicado sus modelos han resultado ellos tan inmensamente perjudicados. En pocas palabras: me parece muy bien que se enfoquen ustedes en los más pobres, ¿pero cómo han salido beneficiados éstos de las políticas que ustedes defienden? .. ¿Mal? Pues lo siento, pero en tal caso quedan automáticamente desautorizados para erigirse en faro moral de nadie; y además, debería darle a estas alturas cierta vergüenza seguir pretendiendo convencernos de ello.
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Algunos pensarán que meto a toda la izquierda en un mismo saco, con lo que peco de reduccionismo, especialmente si pensamos en las diferencias entre medios de masas asociados a la social-democracia y otros medios más minoritarios asociados a un socialismo más radical. Y es cierto, pero la razón de que no los haya separado de inicio es la que paso a aclarar a continuación.

Es cierto que el Psoe, el partido que ha gobernado más tiempo en esta democracia, no ha aplicado políticas demasiado radicales. Pero también es cierto que mientras ese partido desarrollaba políticas en la dirección de la social-democracia europea, los medios por él controlados daban cobijo a intelectuales y divulgadores mucho más a la izquierda que sus “patronos”. Se podría decir, de forma muy resumida, que el Psoe practicó una política económica de izquierda moderada pero una política cultural, educativa y mediática que tendió la mano y acogió de buen grado a la izquierda más extremista.

Unos pocos fotogramas de la España de los ochenta: 

Mientras el ministro Boyer realizaba algunas liberalizaciones que venía necesitando hace tiempo la economía española, en la televisión se decía a los niños que “el mal es el capital”. Al gobierno no se le pasaba por la cabeza nacionalizar los medios de producción, pero cada dos por tres se emitían documentales que mostraban a los “heróicos” guerrilleros guevaristas latinoamericanos. Lo mismo respecto a la educación: muchos graduados de políticas y económicas nos cuentan que mientras estudiaron pocas veces o ninguna oyeron hablar de Hayek, Friedman o Rand, mas se hartaron de oír nombrar a Marx, a Engels o a Keynes (que sería, este último, lo más “liberal” con que se toparon).

¿Nos sorprende, o le sorprende al Psoe, que hoy las generaciones criadas en aquellos años reclamen más socialismo, y que las políticas de este partido se les antojen “demasiado blandas” y hasta en algunos casos sean tildadas de “capitalismo duro”?
No se pueden enumerar las veces que la izquierda española
ha elogiado ese "memorable programa" que fue ´La bola de cristal`.
¿Explicación de tan torpe estrategia? Me barrunto que tiene que ver con el complejo de culpa de un partido que había dejado atrás el Marxismo hacía muy pocos años y que sentía que le debía algo a la “auténtica izquierda”. Si hasta el PP, supuestamente el partido de la derecha, ha cedido al chantaje de la Progresía en tantos ámbitos –principalmente en la cultura y la educación, lo mismo que el Psoe-, ¡qué no iban a ceder aquellos que se decían de izquierdas y que contaban con numerosas amistades que ni habían abandonado el Marxismo ni aceptaban esa moderación y esa connivencia con la economía de mercado!

Pero retornemos al tema principal: la labor del crítico. Y es que quiero dejar claro que la razón por la que hoy es más vital lanzar críticas a la izquierda que a la derecha es porque la primera es la que lleva las riendas, la que marca la agenda, y la que ha logrado erigirse en el faro moral de nuestra sociedad. 

Es el deber ético del librepensador arremeter contra el pensamiento dominante de cada momento histórico, buscar sus contradicciones y meter el dedo sin cauterizar en sus llagas. Es el deber moral también de todo defensor de la libertad de expresión ridiculizar y señalar al abusón que le coloca mordazas al contrario sencillamente porque está en su mano hacerlo, y no le duelen prendas en cometer tal abuso. Si hubiese nacido en pleno Franquismo me habría tocado desmontar los mitos, las trampas y la censura de aquel nacional-católicismo; si lo hubiera hecho en el s. XIX en zona Carlista mi conciencia me habría obligado a contrapesar algunos errores de “los míos” con el acierto de algunas de las posturas liberales, y viceversa si resultaba que me hallaba en zona contraria.

Es por tanto mi deber como librepensador ponérselo difícil a una izquierda que, como digo, se ha convertido en abusona de patio de colegio. Y le ha sido más fácil tomar ese papel mientras ha seguido percibiéndose a sí misma como rebelde y contestataria, aunque hace mucho que dejó de serlo. De hecho, ya se ha convertido ella misma en la nueva diana de los verdaderos rebeldes y contestatarios. Pero en la medida en que se sigue auto-convenciendo, cada vez con más dificultad, de que todavía representa esa rebeldía, no pierde su sentimiento de superioridad moral y no cesa en su empeño de amordazar, perseguir y demonizar al adversario.
Es muy común en la universidad pública española que sea la
extrema izquierda quien lleve la voz cantante y quien abuse de
esa hegemonía para llegar a boicotear y censurar a sus adversarios.
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El rol del crítico es hoy, pues, primeramente bajarle los humos a este progresismo rampante que adopta cada vez más actitudes propias de un niño malcriado; poner ante sus ojos las contradicciones que arrastran sus planteamientos y lograrle convencer del peligro que implica la ausencia de pluralidad y de debate en tantas cuestiones –cada día más- que se lanzan sin demasiado análisis al pozo de los anatemas; hacerle ver lo poco recomendable que es la uniformidad del pensamiento, sea en un sentido o en otro, pues implica el estancamiento del propio pensamiento así como la progresiva desactivación del sentido crítico.

Aunque no quiere decir ésto que debamos dejar completamente abandonada la disección de muchas ideas igualmente erradas y pertenecientes a otras tendencias. Este blog es prueba de que ambas cosas son compatibles, e incluso ayudan a reforzarse y a darse mutua coherencia.

Desde aquí les insto, por ello, a que no pierdan jamás el sentido crítico; a que no se acomoden en ninguna creencia o heurística, pues la comodidad supone la muerte progresiva de la conciencia crítica.
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lunes, 5 de octubre de 2015

"El enemigo de TODOS."

El Papa Francisco y el dictador Raúl Castro
coinciden en su recelo hacia el sistema capitalista.
El capitalismo es el hombre de paja perfecto, la mejor diana contra la que lanzar nuestros dardos de rabia inconcreta, nuestra indignación contra todo y contra nada.

Muchas veces nos pareció que ese pelele era hoy, más que ningún otro, el fascismo. Sólo que incluso el fascismo, olvidado el rigor politológico, no sería igual de odiado por gran parte de la gente si no fuese por el estrecho vínculo que desde ciertos idearios se le supone, precisamente, con el capitalismo. Borren ustedes esa vinculación (esté más o menos fundada), y el primer puesto de los inventos humanos más odiados pasa en un santiamén a manos de este último.

El capitalismo es ese pelele, esa diana perfecta, por una razón principal. Y es que se le han ido añadiendo con el tiempo tantas connotaciones, se le han ido vinculando tantas realidades en mayor o menor medida ajenas, que a casi cualquier cosa en la qué podamos pensar como algo que nos disgusta se le puede hallar una relación, real o mítica, con este, en principio, mero sistema de producción e intercambio. No hablemos ya del fascismo. Hablemos del imperialismo, el esclavismo, el racismo, el autoritarismo, la política exterior de EEUU, la destrucción del ecosistema... 

El nacional-socialismo, así como el resto de movimientos
fascistas, también comparten enemigo con los socialistas.
¡El capitalismo mató a la madre de Bambi!

Puestos en esta coyuntura, y en un mundo donde los aludidos procesos, por más que se los mire con recelo, se han expandido por todo el Globo, podemos percatarnos de las trampas que nos juega nuestra mente (trampas que hacen más efectivas la propaganda de cientos y cientos de insatisfechos y resentidos crónicos). ¿Cuántas de nuestras quejas, muchas veces legítimas, contra este sistema económico no son, si las analizamos más rigurosamente, contra realidades ajenas por completo a dicho sistema? A mi, por ejemplo, siempre me preocupó especialmente que las lógicas mercantiles se extendiesen a muchos otros ámbitos. Hoy me doy cuenta, sin embargo, de que culpar de ello al capitalismo es como culpar a la antropología de que existan los odios raciales. Antes nos referimos también al imperialismo. ¿Por qué tantos vinculan uno y otro fenómeno, cuando para que el capitalismo sea tal se requiere justamente de la independencia de los actores? Incluso se puede afirmar, desde cierta perspectiva, que imperialismo y capitalismo son, por principio, opuestos. 

Einstein, como tantos otros, hubiera hecho bien en
limitarse a opinar sobre aquello que realmente entendía.
También dijimos antes que éste es un sistema económico que, aún odiado, o, cuando menos, visto con amplias reservas, se ha extendido por todo el mundo (habría que preguntarse asimismo el por qué). Y es el hecho de estar tan imbricado en nuestras vidas lo que explica, al menos parcialmente, la razón por la que encontramos a menudo tan convenientes pretextos para adjudicarle la causa de todos los males. 

Si hay empresarios que untan a los políticos, esto es una consecuencia del capitalismo. Si hay empresas que se saltan las normativas y abusan de los trabajadores o del medio ambiente, esto es una consecuencia directa del capitalismo. Si hay corrupción política vinculada asimismo a empresas puntuales, esto es de nuevo un efecto del sistema capitalista. Lo mismo cuando hablamos de caciquismo, de golpes militares de derechas, de guerras por petroleo, o de la sucia guerra contra la droga. Sin embargo, mucho antes de la generalización de este sistema de producción e intercambio, ya había corrupción política, ya había caciques, ya había tiranos, ya había cruzadas contra esto y contra aquello, así como gentes que abusaban de sus semejantes o del entorno natural. Del mismo modo, en los sistemas socialistas se han dado la mayoría, si no la totalidad, de los males descritos; y en lo que a los más graves se refiere, puede afirmarse que se han dado incluso en mayor medida (pensemos, sin ir más lejos, en la guerra y el imperialismo, sin olvidar los desastres ecológicos).

Y son justo aquellos dos los que se vuelven necesariamente menos frecuentes cuanta más actividad comercial exista entre los pueblos. No digo, como algunos liberales un tanto candorosos afirman, que "dos países que comercian nunca guerrean". Por supuesto que el comercio no garantiza tal cosa. Pero sí puede demostrarse, tanto lógica como empíricamente, que a mayor y más extendido intercambio pacífico de bienes y servicios entre las naciones, menor es la posibilidad de que algunos de estos países invadan o declaren la guerra a otros.
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¿Capitalismo salvaje? ¿Competencia inhumana? ¿Mercado sin control? 
Fíjense hasta qué punto el lenguaje distorsiona, ¡traiciona la realidad!
¿Acaso no eran más salvajes, con toda propiedad, los métodos que se usaban 
anteriormente para el enriquecimiento? (A saber: la conquista, la confiscación, el expolio). 
¡Y qué decir de la competencia! ¡¿Pero es qué existe una forma más humana y civilizada 
de competir que aquella en la que uno sólo cuenta con su inventiva y su sagacidad 
para los negocios, y en donde nada va a conseguir por la fuerza bruta?! ... 
"Mercado sin control": Esto dicen quienes quisieran someterlo 
a un mucho mayor control; pero bajo ningún concepto se puede decir 
que carezca del mismo. El mercado está sometido, ya no al control de los 
diversos gobiernos (mucho mayor del que comúnmente se nos dice), 
sino al control constante y riguroso del resto de actores que 
en él desarrollan su actividad. Si usted decide inflar de repente los precios 
o bajar los salarios que paga a sus trabajadores, a no ser que goce de un 
monopolio otorgado por el estado, tanto sus compradores 
como sus trabajadores se marcharán 
de inmediato a la competencia.
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martes, 8 de septiembre de 2015

"La moderna Confusión de Lenguas" (I)

~Los relatos socio-políticos: La nueva Torre de Babel.~

Los hechos son hechos. Por sí mismos, nada revelan sobre otros hechos. El problema empieza cuando cogemos algunos de ellos, más o menos inconexos, y los hilvanamos a la manera de las cuentas de un collar. Ahí es cuando se da la gran Confusión de Lenguas, mismamente como la del Antiguo Testamento. Cuando con esos hechos aislados decidimos construir un relato; lo que no está mal por principio, y de hecho es necesario, pero hay que saber cuando ponerle freno.

Como cada uno asumimos uno diferente, y conviven en la misma sociedad relatos conservadores y progresistas, nacionalistas e internacionalistas, libertarios y liberticidas.. nuestra correcta comunicación depende de que nos remitamos a unos mismos axiomas y mitos. El que se reconoce en una cosmovisión como la de la lucha de clases jamás podrá entablar genuíno diálogo con quien se reconoce en una cosmovisión más individualista.

La ideología funciona mediante relatos. Y según en qué medida los interiorices, más tenderás a confirmarlos al observar la realidad. Por la sencilla razón de que estarás predispuesto a centrarte en los factores que el relato al que te adscribes resalta, y a omitir aquellos que no suele tener en cuenta.

Quiero poner un ejemplo que considero sumamente revelador a este respecto. El otro día estaba viendo un interesantísimo documental sobre la explosión de la música Disco. Allí se relataba el apogeo y el declive de este género en la cultura occidental. Cuando llegó el momento de narrar la segunda etapa, nos muestran una reunión multitudinaria celebrada en un estadio con motivo del despido de un histórico disc-jockey de la radio americana. Los allí congregados querian expresar el hartazgo por la manera en que el sonido Disco lo habia copado todo, barriendo al Rock&Roll y otros estilos antes muy populares. Entonces es cuando hace su aparición ese prototipo de feminista y progresista norteamericana -mal peinada y mal vestida, con la camisa de leñador que nunca puede faltar- hablando de que, en el fondo de esto, lo que había era un movimiento anti-feminista y anti-homosexual. 

¡Maravilloso!, ¿no creen? Ésto es un magnífico pretexto para coartar la libertad de expresión prácticamente sin límite alguno. 
Entiéndanme. A mi me parece perfecto que esa señora tan politizada y tan "comprometida" con nosequé "luchas" quiera defender esa tesis sobre el movimiento anti-disco o sobre cualquier otro; siempre, claro, que se tomen también en cuenta otras perspectivas sobre el mismo fenómeno. 
Estos relatos reduccionistas, polarizados y politizados, como no me cansaré de decirles, lo único que favorecen es la incomunicacion y el conflicto. No favorecen en ningún caso el avance hacia "un mundo mejor" como parecen creer quienes se reconocen en ellos.
Lo mismo ocurre cuando se narra la historia de una celebridad que era homosexual y se comentan cosas como que "nunca dejo de mostrarse orgulloso de lo que era", o que "respondió siempre con contundencia a todo aquel que pretendió estigmatizarle". No dudo de que estas actitudes puedan verse como ejemplares. Ahora, siempre que el relato no se quiera extrapolar de la figura concreta de la que se habla a todo "el colectivo"; de tal forma que sus actitudes personales e intransferibles se usen para construir una artificial, casi arbitraria, historia de la "lucha homosexual". ¿Pero qué derecho tenemos nosotros a presuponer que las actitudes, acciones, y personalidades aisladas de todos esos personajes célebres de nuestra historia formasen parte de ninguna lucha colectiva? Y aún más: ¿por qué esas personas, que entre otras muchas cosas, fueron homosexuales, debían reconocerse en mayor medida en ese colectivo que en el de los escritores, actores, músicos.. el de los norteamericanos, ingleses, españoles..o el de los negros, blancos, o mestizos?, cosas todas ellas que también fueron esos personajes de que se nos habla.

Lo que ocurre aquí, según me huelo, es que la nueva izquierda (creo que es un fenómeno reciente) se cree tan legitimada para imponer sus valores y sus diagnósticos a los demás que apenas contempla el poner en duda que, por ejemplo, la "militancia gay" tal como ellos la entienden deba ser la prioridad para todo homosexual, sin tener en cuenta si esta misma persona forma parte también de otros grupos, minoritarios o no, a los que quizá otorga mayor papel en su vida. 
¿O es que han dado ellos con la fórmula para clasificar injusticias por orden de importancia? .. ¿Quienes somos nosotros para dictarles a los demás con qué colectivo deben sentirse más identificados o con cual de ellos deben comprometerse más?

¿Qué es eso de que "la lucha" de cada mujer, o de cada homosexual, es "la lucha de todo el colectivo"? Éste es un relato con dos caras: en un primer vistazo es cándido; y en un segundo, culpabilizador; ya que si no te sientes identificado con quienes pretenden representarte, por pertenecer a X o Y colectivo,  se desliza la idea de que esto implica de algún modo una traición. ¡Tantas cosas se dan por sentadas como si tal cosa!... ¿Por cual método obtenemos tamaña certeza de que aquellos homosexuales que "defendieron sus derechos" lo hicieron en nombre de ningún colectivo más que a título estrictamente personal? ¿Y qué maldita razón hay para dar por hecho que la condición de homosexual sea para cualquier persona más relevante que su condición de europeo, americano, hombre jovial o taciturno, literato, músico, cineasta, o equilibrista?
En el fondo, estas "luchas" consisten en el puro y duro chantaje emocional. Y a pesar de que a muchos les escueza que lo exprese así, son una moda pasajera como tantas otras. Pues lo que se persigue con ellas no es inocular un poco más de sensatez o de racionalidad en las relaciones humanas. Para hacer eso bastaría con la labor cotidiana de explicar la sinrazón de algunas ideas preconcebidas sobre los homosexuales, las mujeres, los negros o los chinos. Pero esa labor debe ser realizada con HUMILDAD y paciencia, no entrando como elefante en cacharrería. No con esa arrogancia que muestran hoy los grandes moralistas que se arrogan la representación de todos los excluidos de la Tierra. Porque, lejos de conseguir armonizar esas relaciones sociales, lo que logran es todo lo contrario: polarizar a la sociedad y crear conflictos donde antes no los había. Esto se debe a su modus operandi, que consiste en generalizar irresponsablemente, promover victimismos y culpabilizaciones sin límite, y contar relatos deformados de la historia que sirven a los anteriores propósitos.
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Uno de los habituales contertulios de los foros que frecuento, camarada libertario -aunque bastante más "escorado a la izquierda" que yo-, y persona digna de respeto intelectual, a pesar de disentir con él en tantas ocasiones, expresó hace poco de la manera más sintética concebible cual es la posición de la que parten hoy la mayoría de los feminismos. El comentario se produjo a raíz de la imagen publicitaria que vemos en el lateral. Su conclusión era la que podemos leer bajo el mismo:

El hecho de que la mujer sea aún centro de la mirada juzgadora da plena cuenta de lo lejos que estamos aún de haber alcanzado los objetivos del feminismo y por tanto de la ilusión que suponen los discursos que tratan de hacer ver lo innecesario del mismo.

A mí el anuncio no me provoca otra cosa que una sonrisa. Tiene un punto naíf y bastante bobo, como gran parte de la publicidad; pero los feministas siempre tienen que sacarlo todo de quicio. Fíjense que el niño es "conquistador" pero la niña NO es "pasiva" según dice ahí. Lo asumen ellos. 
Aún así, da igual, si no lo dice ahí, lo digo yo: LA MUJER ES , por lo general, MÁS PASIVA Y MÁS SELECTIVA, ASÍ COMO EL HOMBRE ES MÁS ACTIVO Y MENOS SELECTIVO. ¿De verdad cree alguien que pueda ser fruto del azar el que se comporten de manera análoga a sus células reproductoras?... ¿Acaso se conocían ya esas células cuando los supuestos "roles de género" se "inventaron"?... ¿Pero cómo puede alguien con dos dedos de frente defender que todo ello tenga origen en la cultura? -Con todos los respetos, y valga la expresión-, dado que aquí no pretendo referirme a la capacidad intelectual per se; pues personas de probada inteligencia y abundantes lecturas a sus espaldas, como es el caso de mi camarada, llegan a menudo a ellas. 
Ya dijimos que todo depende del relato que cada uno asuma. Y puede que el mío también sea un relato más; aunque, desde luego, lo considere mucho más próximo a la verdad.
Pero retomemos el enfoque anterior. El diagnóstico esencial es que quienes se identifican con las reclamaciones feministas están molestos con la desigualdad. Pues bien, yo lo traduzco, o lo reinterpreto de otra forma: Están peleados con la Naturaleza (aun siendo al mismo tiempo, en muchos casos, ecologistas y animalistas) ¡Y justamente están negando su animalidad! ... 

No obstante, descuiden. Dejen que ella -su animalidad, su naturaleza- siga su curso y les acabe mostrando la cruda verdad: Pues tan sólo lograrán alcanzar ese arcadia igualitaria cuando todos nos hayamos convertido en cyborgs o algo parecido. 

No es de extrañar que quienes parten de estas premisas nihilistas o prometeicas (en las peores acepciones de estos términos) y construyen todo su relato a partir de ellas acaben finalmente llegando a conclusiones tan grotescas, tan ridículas, como aquella de que "la penetración en el coito es expresión del dominio patriarcal" -de lo que también se deriva diréctamente la exigencia de una "redistribución igualitaria de los placeres"- o la de que "los niños debieran ELEGIR cual es el sexo con el que se identifican antes de que la sociedad decida por ellos" -sexos que hoy ya no son sólo dos, lo cual vendría a sumarse a las muestras del arbritrarismo y relativismo desatado en que nos hallamos inmersos-.

Los hippies del futuro pasarán a representar el sector más conservador de todo Occidente en el terreno moral (y probablemente también en el cultural). Porque llegarán finalmente a percatarse de que defender el regreso a la Naturaleza o a los "modos de vida sencillos" -también llamados "tradicionales"- necesariamente debe ir unido a regresar también a los roles, también naturales o tradicionales, adjudicados a ambos sexos. Así como al aprecio de lo que, por lo general, entendemos por viejas costumbres; las cuales suelen corresponderse con virtudes sociales que nuestros ancestros, generación tras generación, seleccionaron como las más convenientes para la supervivencia del clan, de la tribu y de la especie.
Los hippies, en el fondo, buscan arraigarse. Y como nuestra decadente civilización no les ofrece raíces sustanciosas, tienen que ir a buscarlas a otras partes.

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Pero pasemos ahora a la economía:
Los socialistas llevan pensando mucho tiempo que el mundo está dominado por los valores liberales. Y quienes, por el contrario, se adscriben a éstos últimos creen que los que han predominado en los últimas décadas son los de aquellos. Es evidente que ambos exageran. La tónica habitual en sendos discursos es ver el vaso medio vacío. Lo cierto es que hay una mixtura, un cierto equilibrio precario entre valores de uno y otro signo.
El primer relato se tambalea muy mucho cuando pensamos en lo siguiente: Mientras nos dicen que en los últimos años nos ha asolado una ola de neoliberalismo, los presupuestos de la mayoría de los Estados no han parado de aumentar. ¿Hay cosa más incongruente?
El segundo se tambalea, no sé si más o menos, pero de manera cualitatívamente similar, cuando advertimos el trazo grueso que se usa desde las tribunas liberales, calificando poco menos que de "puro socialismo" a todo aquel régimen que no es "puramente liberal". Con lo que caemos de nuevo en la misma trampa: el vaso medio vacío, la parte por el todo, el reduccionismo como arma del sectarismo más irreflexivo.

Si una función primordial tienen estas posturas hiperbólicas, y de algún modo victimistas, diría que es la auto-legitimación. Una doctrina política o económica adquiere fuerza cuando asume, de algún modo, el papel de "gran incomprendida". Por muchas posiciones que haya logrado conquistar el ideario socialista, o por más valores liberales que se encuentren entre los más visibles de nuestra cultura moderna, nunca serán suficientes para ninguna de esas dos doctrinas; siempre se presentarán a sí mismos como "los perdedores", o los "marginados" de un ambiente presuntamente dominado por los valores del adversario.

Ambos se hacen mutuas acusaciones que tienen cierta razón de ser (aunque bien saben ustedes que yo comulgo bastante más con unos que con otros). No obstante, no están aquellos más cercanos a mi sentir libres de carencias y omisiones en su discurso. El liberalismo, aunque acertado y riguroso en mucha mayor medida que sus oponentes, no deja de caer en vicios, en manías, en inercias como la del tan mentado economicismo, así como la irresponsable elusión del debate en torno al avance científico y tecnológico, con lo que incurre por momentos en algo muy cercano a la cienciolatría, tecnolatría, o progresolatría. (Y ni que decir de los culos-prietos que no saben salir del Non Agression Principle).

Pero esta controversia tiene más caras y aristas de las que podamos imaginar a simple vista. Es habitual confundir economicismo con atribuirle su justa importancia a la economía. Por ejemplo, uno puede hacer ver que en el auge o declive de una civilización, no siendo el único factor el económico, sí puede ser el determinante; ya que si es éste el primero en manifestarse, especialmente si lo hace con crudeza, fácilmente puede arrastrar consigo el surgimiento de todos los demás.

Puede ser útil para aclarar esta clase de malentendidos lo siguiente: Cualquiera puede advertir que cuando afirmamos que "la razón es muy necesaria" no equivale esto a ser racionalista. La afirmación propia del racionalista sería la de que "la razón se basta por sí misma", o que "nada escapa a la razón". De igual modo, la afirmación propia del economicista sería que "la economía lo solventa todo" o que "todo debe supeditarse a la economía". Pero no desde luego que "la economía es de enorme trascendencia", dado que ello no es más que una constatación en la que caben pocas disensiones.
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Por esto último, especialmente, me he visto impelido desde hace tiempo a nutrirme de distintas perspectivas, tanto en economía y política como en sociología, filosofía, psicología y esoterismo, para pasar a interiorizarlas y, tras ello, procurar extraer lo que de más valioso pueda haber en ellas. Aunque aquí no puede dejarse de aclarar que valioso no siempre equivale a verdadero. Se hallan, pues, en todas ellas -en unas más que en otras- algunas certezas y también algunas dudas razonables, o acaso un hilo prometedor del que tirar. El ejercicio final, y a veces intermedio, pues siempre quedan conclusiones provisorias sujetas a posible refutación, es el de divulgar estas perspectivas procurando con extremo celo cumplir todas esas precisiones y ser lo más clarificadores que nos quepa a la hora de distinguir las dudas de las certezas y de los meros "hilos prometedores".

Lograr, como digo, nutrirse de tantas de esas perspectivas como nos sea posible en una vida constituye para mí un ejercicio de perfección en la búsqueda de las verdades que nos son esquivas (ya que, a ciencia cierta, no estamos hechos para ser objetivos, sino para engañarnos en tanta medida como haga falta con tal de sobrevivir). Es una forma como hay muchas -no alcanzo a saber si mejores o peores- de cumplir aquel viejo mandato de "extraerle todo el jugo a la vida", en este caso por la vía de la contemplación, la reflexión, y la alternancia de diversos prismas colocados sobre nuestro entendimiento.


domingo, 5 de julio de 2015

LA ÉTICA, LA LEY, Y LA EXCEPCIÓN.


Hace tiempo alguien escribió en este mismo blog, comentando aquel llamamiento algo provocador a acercar las posturas de anarquistas y fascistas. Me dijo que eso era irrealizable porque "la izquierda, a diferencia del fascismo, se distingue por colocar la ética sobre todas las demás cosas". Francamente, no quise contestarle por no burlarme de él o preguntarle directamente por la ética del gulag o de la revolución cultural (es un topicazo, lo sé. Pero no por ello deja de ser una muestra sangrante -nunca mejor dicho- de la nula legitimidad de la izquierda para hablar de "ética" con mayúsculas y no de UNA muy particular forma de entender la misma. Como también lo es la del fascismo, dicho sea de paso. Otro asunto es que se comparta.)

El problema de como entender la ética en política hoy se halla polarizado en dos grandes grupos (al menos en Occidente). Estas dos concepciones podrían sintetizarse de la siguiente manera:

a) La ética meramente aplicada en el corto plazo. La ética expresada a través de excepciones a la legalidad vigente. (Ambas tendencias están relacionadas, como luego veremos.)

b) La ética pensando ante todo en el largo plazo. La ética expresada en la igualdad jurídica, y por tanto, en la aplicación impecablemente rigurosa de esa ley (sin excepción alguna.)

La forma "a" suele estar representada por la izquierda, el socialismo, la social-democracia, y muchas veces los nacionalismos y neo-fascismos. Se basa en solucionar los problemas de la gente HOY sin importar -o esa impresión da- si de esa manera pueden crear mayores problemas en el largo plazo de los que van a resolver en el corto (incluso si van a perjudicar en ese futuro a los mismos que hoy pretenden ayudar.)
Ejemplo: Impedir desahucios de personas en régimen de alquiler que no puedan pagar el importe del mismo. Por lo pronto, les ayuda a no perder el techo bajo el que habitan; pero si esa política se mantiene, los dueños de pisos destinados al alquiler se mostrarán cada vez más reticentes a sacarlos al mercado, sabiendo que podrían no pagarles, y por si fuera poco, que en tal caso ni siquiera podrían echar al moroso y buscar otro inquilino. Con lo que, en poco tiempo, será más difícil que nunca encontrar un piso que alquilar; y en consecuencia, todos perderán por igual mucho más de lo que pudieron ganar aquellos "elegidos" a quienes se ayudó. Tambien habría que mencionar la posibilidad que verá inmediatmente el caradura de turno (especialmente en la tierra cuna de la Picaresca) de destinar sus ingresos a cualquier cosa antes que al alquiler, sabiendo que sus "tan éticos gobernantes" ni siquiera se van a molestar en averiguar quién paga porque no puede y quién porque no le da la gana, dado que son tan "éticos" y "confian en el ser humano".
Vemos como se cumplen en ese ejemplo concreto ambas tendencias: El observar tan sólo el corto plazo, y el basar la acción política en la excepción a la ley. Vemos también, por tanto, como hacer salvedades puntuales a las leyes, sea en nombre de la justicia o de lo que sea, provoca que cada vez menos gente se fie de ellas (o, por lo menos, de aquellas que más a menudo están sujetas a excepciones). ¿Alguien cree que esto puede dar lugar, bajo cualquier punto de vista, a una sociedad más ética?
La forma "b" de afrontar esta diatriba quedaría, de alguna manera, mostrada por defecto. Sería la forma que, en principio, evitaría todas esas contradicciones y todos esos círculos viciosos. Se distinguiría, pues, por estar vigilante para no caer en esas trampas.
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Y sí: La defensa más firme de esta postura, hoy, procede del liberalismo. ¿Qué ocurre? Que todos los demás han renunciado a defender unos principios que no debieran pertenecer en régimen de exclusividad a ninguna escuela, sino ser moneda común entre todo DEMÓCRATA que se precie (pretendo hacer un guiño con este subrayado a cierta "neolengua" que corre por ahí, y que pretende asimilar tal palabra nada menos que a "socialista". Pero que no les engañen: Si la democracia no está en LAS FORMAS, es decir, en las REGLAS DE JUEGO -como bien diría un demócrata de pro como Trevijano-, no está EN NINGÚN SITIO.)
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Retornando un momento al texto que nombré hace un rato -y que probablemente hoy no firmaría-, aclararé que ahora mismo me inclino a pensar que esa estrategia del "anarco-fascismo" habría que ampliarla a "anarco-socialismo", "anarco-catolicismo", "anarco-carlismo", y a todos los demás ismos sin excepción (de nuevo, fieles a esa norma básica de cordura). Lo que juzgo más necesario a dia de hoy es, pues, imbuir de los principios libertarios más básicos a toda ideología socio-política. Como dice Rallo, "el liberalismo (aunque yo cambiaria la palabra, desde luego) es un marco de principios éticos en el que pueden desarrollarse luego doctrinas de todo tipo, siempre que estén presididas por la idea de voluntariedad".  Si de verdad fuese eso el liberalismo, yo me declararía liberal sin pestañear. Pero como ocurre que eso responde más bien a "qué es el liberalismo según Juan Ramón Rallo", y según ese relato puntual pensado de cara a transmitir lo que es PARA ÉL la idea esencial, deberíamos quizá buscarle otro nombre como "marco político de libertad" o "consenso previo de voluntariedad". Por falta de términos que no quede.
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Pero sigamos atendiendo a lo que tiene que decirnos este "gramsciano de derechas" (los que conozcan bien sus ideas sabrán por qué lo califico de esta manera). Insisto en que, por encima de "peleas entre bandos", se trata de un intelectual que dará mucho que hablar, y que nos moverá a cuestionar infinidad de ideas asumidas hasta hoy, en lo que resta de esta etapa histórica presidida por la crisis de valores (que aun podría abarcar unas cuantas décadas.)
Y para mostrarles que hay, cuando menos, algo de verdad en esto que digo, yo de ustedes no me perdería por nada del mundo este debate: 
Verán que, al comienzo, parece hasta nivelado, pero conforme avanza, Rallo se "merienda" a Raventós. Y no se puede expresar con mayor amabilidad, porque así es como ocurre. El primero se crece, y la convicción que inspira entra a su vez en un crescendo paralelo, desembocando en el más glorioso de los triunfos (y confieso que se me hace cuesta arriba  reconocerlo, por aquello de estar "mojándome con el liberal"). 
Pero si tienen la deferencia de escuchar ahora esos últimos 4 minutos, podrán comprobar que es, si me permiten la licencia, el final propio de una obra épica. El último en formular una pregunta resulta ser alguien que va "a cuchillo" a por el mentado -se ve que se le ha atragantado la posición defendida por éste- y acude, ya sin rubor, a las más manidas demagogias, al más rastrero chantaje moral disfrazado de argumento. Al verse blanco de semejantes acusaciones injuriosas, la defensa que esgrime Rallo es dificilmente superable en contundencia. Un diez. Chapeau!

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Es evidente que tengo muchas muchas reservar con el liberalismo como sistema de pensamiento (probablemente más en el terreno filosófico que en el político). Pero siempre hay que discriminar claramente, primero: entre la validez (o solidez) de los argumentos concretos y la validez (o solidez) de la filosofía en que se encuadran. Y segundo: entre el sistema de pensamiento (político, filosófico) tomado como un ente homogéneo y diferenciado; y por otro lado, LOS pensadores, LOS filósofos, LOS enfoques, LAS perspectivas PAR-TI-CU-LA-RES; las cuales debieran ser, seguramente, más valuables por sí mismas que atendiendo a la "escuela" a que "pertenecen".

Es obvio, por otra parte -y esto hay que dejarlo claro- que cuando hago notar que, con frecuencia, los argumentos liberales superan en objetividad a los socialistas, ello no implica en absoluto que sean también superiores a otras muchas perspectivas políticas a las que se alude menos. (Hay mundo más allá del binomio socio-liberal). En el contexto de las ideas que allí se enfrentan, "el liberal" supera "al socialista". Pero asimismo, resultan enfrentarse, hay que recordarlo, dos paradigmas que son igualmente materialistas, economicistas y universalistas; y todo ello está, por causa directa o indirecta, en el centro de mi crítica a esa filosofía; amén del famoso individuo-átomo y el famoso mercado-libre que nadie ha visto, al menos en este Manvántara.

Por decirlo en pocas palabras: mis reservas con el liberalismo son, seguramente, más filosóficas que políticas. Aquello que defiendo en este contexto, por tanto, es la postura PARTICULAR de Rallo antes que "la postura liberal". Ya aclaré que me parece más constructivo valorar los pensamientos de los individuos al margen de la etiqueta con la que se identifiquen (los pensadores son uno de los pocos grupos que alcanzan la categoría de individuo, aunque no se excluye que se comporten como masa en otros ámbitos de la vida, pero ese sería ya tema de otro escrito). Decía que yo opto por valorar los pensamientos individuales por si mismos más que como pertenecientes a "un club". Porque ocurre que, frecúentemente, encuentro más distancia entre el valor que le otorgo a dos ideólogos de una misma escuela que la que veo entre dos de escuelas distintas. Por acudir a dos ejemplos que estarían notablemente alejados entre sí, y que efectivamente, valoro por diferentes motivos, podría nombrar al mismo Juan Ramón Rallo y al también libertario, pero anticapitalista, Félix Rodrigo Mora.
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Se me confirma, por todo esto que he intentado transmitirles, aquello que ya manifesté en otro texto dedicado a la libertad, la ética y el Estado: Los principios liberales son para mí un faro, nunca una doctrina que, desde mi perspectiva, merezca asumirse por entero. Una referencia moral en el horizonte y no, como para otros, una serie de preceptos que deban bastarse por sí mismos y presidir toda reflexión socio-política como si no existieran otras perspectivas que pueden complementar, y hasta poner en cuestión, algunos puntos de esa ética que se pretende autosuficiente. 

Y si el liberalismo es un faro, ¿el socialismo, entonces?
Más bien se asemejaría a las luces de neón de una wiskheria.


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«He aquí el estado del proceso. El socialismo denuncia sin tregua las maldades de la civilización, consigna día por día la impotencia de la economía política para satisfacer las atracciones armónicas del hombre, y presenta querella sobre querella; la economía política llena sus autos con los sistemas socialistas que pasan unos tras otros, y mueren desdeñados por el sentido común. La perseverancia del mal alimenta las quejas de los unos, y los constantes descalabros de los reformistas dan materia a la maligna ironía de los otros. ¿Cuándo llegará el día del fallo?»

(Pierre Joseph Proudhon, ´Filosofía de la miseria`.)


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«Con la excepción de Holanda y Suiza, el Estado reina triunfante en todos los países de Europa. En nuestra "nueva" civilización existe la esclavitud obligatoria de las masas y, por razones de beneficio económico, la lealtad más o menos voluntaria a las clases económicamente privilegiadas al Estado. Y las llamadas revoluciones del pasado -incluyendo la gran Revolución Francesa, pese a los magníficos conceptos que la inspiraron-, todas estas revoluciones no han sido otra cosa que las luchas entre las clases explotadoras rivales por el disfrute exclusivo de los privilegios que les brinda el Estado. No expresan otra cosa que la lucha por el dominio y la explotación de las masas.»

(Mijail Bakunin, ´Crítica del determinismo económico y el materialismo histórico.`)

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domingo, 28 de junio de 2015

Sobre fanatismos e irracionalismos varios (III: Los fundamentalistas anti-socialistas, anti-nacionalistas, y anti-bolivarianos.)

Ya venía siendo hora de colocar algunos puntos sobre algunas íes en lo que respecta a toda esta confusión malintencionada.

Muchas clases de irracionalidad han sido ya destripadas, de izquierda a derecha y de lo internacional a lo local, pero restaba hablar de toda esa nube de polvo (por no usar otra palabra más fea, y que se ajustaría mas a la realidad) levantada en torno a Venezuela y a todo aquel fenómeno político al que se le encuentre mínima relación con aquel país, su gobierno y las posiciones que defiende.

¡Violencia, totalitarismo, desabastecimiento y caos!, los mantras corren como la pólvora. Las palabras se amontonan unas sobre otras hasta formar un ruido ininteligible donde sólo se percibe el marcado tono de reproche; palabras cada vez más cargadas de connotaciones y cada vez más vacíadas de contenido:

"¡Chavez, Chavez! ¡El terror rojo!"
"¡Vinculos con la República Bolivariana de Venezuela!"...
"¿Saben lo que significa eso, no?"

Todos conocemos demasiado bien ese tipo de proclamas. Todo consiste en vendernos un relato que se sabe tramposo, pero efectivo: Recordar hechos llamativos siempre extirpados cuidadosamente de su contexto. Repetir y repetir una falacia hasta que suene creíble. 
Pero tan sólo el creer que los demás también creerán en ella ya debiera suponer el total descrédito de quién pretende tal cosa. Pues implica insultarles: pensar que la gente se tragará lo que sea, incluso una barbaridad como dar a entender que los resultados de una política son equivalentes aunque la situación de partida sea del todo distinta. "¡Si se aplican esas medidas, mañana esto será igualito que Venezuela!"
Da igual que, someramente analizado, tal argumento no se sostenga lo más mínimo. Lo único que se quiere es buscar una sucesión de conceptos e imágenes que causen impacto en el público. Repetirlas tantas veces como haga falta. Ofrecer una realidad masticada. Orientar cuidadosamente la perspectiva del televidente o del lector, torciéndola y volviéndola a retorcer para hacer que eventualmente coincida con la del encantador de serpientes de turno.

Pero cuando a todos esos vocingleros se les llena la boca con esa palabra plena de connotaciones negativas, "bolivariano", ¿acaso saben lo que están diciendo? NO, NI LO SABEN NI LES IMPORTA LO MÁS MÍNIMO. A ellos sólo les preocupa lanzar mensajes catastrofistas, y conquistar al público mediante el miedo atávico, ya que no pueden hacerlo mediante argumentos, pues han perdido ya toda legitimidad y credibilidad en ese espacio.
¿Elevarán en algún momento el debate de lo contingente al entorno más amplio en que éste se enmarca? ¿Les hablarán alguna vez del contexto histórico, sociológico, o geopolítico en que surgió ese "gobierno tan malvado" empeñado en locuras tales como defender su soberanía o trabajar en pos de la unión de América Latina, deuda histórica pendiente, y causante en gran medida de los problemas que arrastra el continente? ¡Noooo, ¿para qué?!...¡Como si a ellos les preocupase hacer pedagogía, y explicarle a la gente con rigor qué es lo que ocurre y por qué ocurre! No, resulta mucho más útil repetir diez veces seguidas una imagen o unas declaraciones sacadas de contexto y exprimirlas tal como haría la prensa amarilla (o rosa) y acto seguido, turnarse todos esos mercenarios mediáticos para ir inflando e inflando el tono acusatorio en la misma medida en que se va esfumando todo rigor y toda honestidad.
Simón Bolivar, ´Libertador`.
A ellos desde Europa, lo mismo que a sus homólogos en Latinoamérica (declarados traidores a su patria como Vargas-Llosa), no les importa si a esa mitad del continente le va mejor o peor. Hablan de "gobernabilidad" y de favorecer el "mercado libre" para "sacarles de la pobreza"; pero como muchos de ellos ni siquiera viven allí, o si lo hacen, es ajenos a su realidad y bien alimentados por la "teta del gringo", se dedican a pregonar sin más el individualismo, el mercadeo, EL MENUDEO; y los más absolutamente desvergonzados, incluso se ponen a sí mismos como ejemplo ("escapa como puedas" parece ser, por tanto, el leit motiv del modelo de vida que este rabioso individualista le propone al latinoamericano medio). Les parece honroso, por lo visto, que toda esa mitad del continente dé gracias por las migajas y acepte como un sino su dependencia de potencias exteriores. ¿Qué le importa al liberal apátrida, siempre tan bien recibido en el Estado del Norte, esas aspiraciones plebeyas de soberania? ¡No, al mercader, al cínico y al anglófilo le traen sin ciudado los problemas de índole cultural, anímica, histórica.. todo lo que tenga que ver con comunidades, y no individuos! ¡Ni tan siquiera la geopolítica entra en sus preocupaciones! Porque él tiene su nacionalidad estadounidense, sus amigos allá en la "metrópoli", y tan sólo de cuando en cuando baja al sub-continente a lanzar mensajes optimistas en clave de "trabajen por ustedes y olvídense de patrias, ánimos populares y deudas históricas" a los "pobres desgraciados" que no tuvieron su suerte y deben seguir habitando aquel "patio trasero"; discursos, por cierto, siempre trufados de vocablos ingleses pronunciados con impecable acento yanki. (Ante todo, no permitir que olviden su destino manifiesto: seguir siendo un sirviente agradecido de la potencia del norte.)
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Se desprende de todo lo expuesto algo muy claro: Lo que estamos diciendo aquí no es que el gobierno de Chavez -que hoy heredó Maduro- sea un ejemplo para el resto del planeta. Tampoco decimos que no haya elementos dentro de ese gobierno que sean más dignos de desprecio que de admiración, o que no existan infinidad de razones para criticar al Régimen venezolano en su conjunto. Lo único que pretendemos decir es que resulta del todo deshonesto referirse al Chavismo sin ponerlo en su debido contexto histórico y geo-político; lo mismo que empeñarse en que la gente crea que, incluso si se aplicasen las mismas medidas en España que en Venezuela (cosa del todo absurda, pues son dos países muy distintos cuyas realidades no pueden llevar de ningún modo a unas exigencias paralelas), se producirían los mismos resultados, y por tanto, nuestro país no tardaría apenas nada en parecerse enormemente a aquel.

Este es, en resumen, el fanatismo e irracionalismo que queríamos denunciar en este capítulo. (Que, por supuesto, convive con un fanatismo e irracionalismo de signo contrario. ¿Pero eso hace que cualquiera de los dos lo sea tan siquiera una pizca menos?)

El que hemos abordado sería, entonces, un tipo de extremismo que se distingue especialmente por el reduccionismo y la descontextualización. Ya se dará cuenta el lector de que en todo radicalismo suelen darse estas dos tendencias. Lo que queremos decir por tanto es que, en este caso, son ellas las más reseñables. Así como es también reseñable su dimensión pragmática, la propagandista; dimensión que, no obstante, no debemos tomar nunca como si fuese la única, pues existe un gran número de individuos verdaderamente persuadidos de la necesidad de tal "cruzada anti-bolivariana", más allá de los réditos políticos puntuales que se obtengan de ella.

Y dado que, como ya habrán notado en estos párrafos, desde aquí consideramos un factor de máxima relevancia la lucha por la unidad de America Latina (que se halla en estrecha relación con la lucha por su soberanía), me gustaría concluir estas notas poniendo el foco en lo que yo considero de más vital importancia. Y es que, según yo lo veo, el drama de este subcontinente bien podría consistir en lo siguiente: En que existe una necesidad ineludible en el conjunto de sus habitantes que jamás entenderán esos liberales virulentamente anti-nacionalistas, anti-socialistas, y pro-individualistas (pero tampoco los plañideros propagadores de victimismos y cultivadores de impotencias); un clamor popular que nunca comprenderán, por tanto, ni los Vargas-Llosa ni los Galeano, a saber: que América Latina, en última instancia, sólo aspira, reclama, y lucha por... TENER SU PROPIA DIGNIDAD. 
NI MÁS, NI MENOS.

Pero ¿entenderán finalmente algo de esto todos esos mercenarios de la política y los medios? ¿Intentarán enmendar parte de su irresponsabilidad de aquí en adelante? 

Pueden ustedes estar seguros de que no.
No mientras la miseria de los partidismos y los bandos ideológicos sea lo que presida todo el debate político. No mientras la defensa de la verdad no sea la prioridad, y lo sigan siendo aquellos intereses partidistas. 

lunes, 9 de febrero de 2015

"LAS DOS CARAS DE LA ESTAFA" (3ª parte)


Liberalismo y socialismo coinciden plenamente, de nuevo, en su desmesurada, irrefrenable, tendencia a la abstracción, en su "alejamiento del mundo terrenal"; ya sea para proclamar de forma compulsiva principios siempre ideales, siempre irrenunciables; ya sea renunciando, esta vez ellos, a enfrentarse al mundo real y carnal,.. imperfecto, y contradictorio.

Proclaman principios, y reclaman derechos. Los unos con gran fijación en lo individual, los otros en lo colectivo, pero sin ninguna diferencia en su caracter radicalmente, empecinadamente... ABSTRACTO.

 Y ese proclamar y reclamar, proclamar y reclamar..¡es todo lo que hacen! 
... ¡Y no les hables de aquel mundo carnal, y complejo, y lleno de contradicciones.. ni les acuses de ser ajenos al contexto histórico! Porque te diran que "los principios son los principios y los derechos son los derechos, y son irrenunciables tanto en este como en otro contexto".

Y ¡Oigan, esto suena incluso coherente y suscribible! Sólo que... en una situación histórica y global como la actual, y ya en el momento que tantos empezamos a ver nuestra civilización como "a bordo de un tren cargado de municiones que arremete en la niebla, en una noche sin luna ,con todas las luces apagadas." como describió Robert Ardrey a la Modernidad -¿quién sabe lo que hubiera dicho de esta post-post-modernidad, que no es sino el desbocamiento de ese proceso al que se refirió?- Cuando estamos, digo, ante semejante monstruosidad que todo parece engullirlo sin complejo ni apuro, ni tibio remordimiento.. 

¿Como hacer entender a seres tan empecinadamente idealistas que existen urgencias, hoy, que son muchísimo más prioritarias que sus ABSTRACCIONES?

¿Como hacerles entender?....

Me temo que en los casos extremos, cuando se trata de sujetos portadores de ese "gen del teólogo", parafraseando a Nietzsche, no se percatarán de su desastroso empecinamiento hasta que "el lobo" (la realidad, la Historia, ¡la Naturaleza!) les "MUERDA EL CULO" ya de lleno.

Ese es el destino, mucho me temo, de los idealistas más persistentes en "preferir la fantasía a la realidad", como diría el maestro Escohotado.
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Dirijámonos, pues, a esos peligros que, desde tantos flancos, amenazan a Europa y Occidente. ¿Qué me dicen del peligro de los autoritarismos en nuestro horizonte cercano?
Personalmente, estoy convencido, y no soy el único, de que los Pueblos europeos ya no admiten un totalitarismo de ningún modo. Están demasiado curados de espanto. 
Aunque, aquí, hay otro factor que juega en contra, y es que estos Pueblos se encuentran más desarmados que nunca, en el sentido de que se han abandonado al sedentarismo, al Estado del Bienestar, a la vida cómoda, y sin sacrificios.. con lo que, quizá no admitan de ningun modo una dictadura, pero veremos si tienen los suficientes arrestos para rebelarse contra ella.

Esto es algo de lo que, vuelvo e insistir, nunca van a hablar los liberales o los socialistas, sencillamente, porque "no está en su hoja de ruta"; por más real que sea, y por más que esté apunto de estallarles en las narices. (Lo cual puede mostrar, sin ir más lejos, la proyección del sonado atentado al semanario satírico francés.)

Por ello, reitero lo dicho una y mil veces: la ideología avanza, incluso por encima del sentido común ..es inasequibe al desaliento y arrasa con todo!
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Ulises, haciéndose atar para no sucumbir a
 las fuerzas que no puede controlar.
Y así, ellos sólo te hablarán de "derechos humanos" y "derechos individuales" en abstracto.. de libertades civiles y demás "buenismos", y abstracciones.. pretendiendo omitir el contexto socio-histórico-cultural (de ahí mi insistencia en la ABSTRACCIÓN)... 

¡Pues engañarán a algunos, pero no a los que tienen la cabeza sobre los hombros

Pero.. ¡es lo mismo! ..Por muy urgente que se les muestre a unas cuantas personas con dos dedos de frente, nuestras "élites" (políticas o intelectuales) no osarán referirse al "ethos" de nuestra civilización, en comparación con el "ethos" de las potenciales oponentes, o a toda una serie de cuestiones, por lo general, más incómodas y complejas que los lemas "que regalan los oídos de la plebe" -donde ellos se han movido, hasta ahora, como pez en el agua- y para los que ya es necesaria cierta ALTURA DE MIRAS Y PERSPECTIVA HISTÓRICA. 

¡Pero si ni tan apenas incluyen en su "ecuación" el hecho de que existen civilizaciones en conflicto en el momento presente!
No se les va a ocurrir, por tanto, meterse a fondo en lo que implica el hecho de que existan estos modelos civilizatorios enfrentados.. ¡Ni pensar ya en la proyección histórica de los mismos!....¡NO! demasiado pedir para unas "élites" que, de verdaderas élites, sólo tienen el nombre.
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Casí empiezo a echar de menos a esos Hombres de Estado del XIX y principios del XX. Eran unas canallas, seguro, la mayoria de ellos, ¡pero al menos tenian otra altura, carajo!
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´El Reino de Jauja.`
Y no se confundan en esto, no mezclemos churras con merinas, porque un servidor defiende con tanto convencimiento como el que más principios como el de libertad de expresión o el de voluntariedad (y por la "parte socialista", entiendo igualmente la idea de justicia social y el compromiso ético en su más amplia extensión) pero lo que no voy a cometer es la insensatez de abstraer estos ideales por completo de la realidad efectiva, y proclamarlos contra viento y marea. Como si con la "fuerza poética y trascendente" de mi voz fuese a acallar y a hacer retroceder a esa ingrata realidad...

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Dos hijos de la Ilustración, dos hijos del Iluminismo: 

Social y liberal: dos caras de un mismo idealismo, dos caras 
de un mismo engaño, dos caras de un falso y desastroso prometeismo.
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Pero sigamos hablando de ideales y de quimeras. Y detengámonos ahora en las utopias universalistas y en los caminos que se nos sugieren para llegar a ellas. 

Fijémonos bien en que, tanto la tolerancia religiosa como la tolerancia inter-cultural o el anti-racismo, de los que hace bandera aqui, especialmente la izquierda, no son sino expresión de deseos, de una pura voluntad de materializar paraisos imaginarios, abstracciones sin correspondencia alguna con situaciones reales, ya sean del presente o del pasado.
Pero como deseos, como "buenas intenciones", son cáscaras vacias, no llevan nada dentro, todo es "intención", "voluntad", o "quimera". Cuando escarbas más allá no hay, generalmente, una reflexión, o un análisis a pie de campo (aunque luego se efectúen algunas reflexiones y algunos análisis con estas premisas como base, pero ya de manera axiomática, y por tanto, gratuitamente irrefutable.)

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La verdad es el deseo.. 
El fin es materializar el sueño a cualquier precio.
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La Quimera, en la mente del que la piensa.
Y volviendo sobre todos estos "factores excluidos de la ecuación", el factor religioso puede mostrarse más claro para algunos, pero tampoco puede ser tomado, de ningún modo, separadamente del factor étnico. No voy a meterme en la cuestion de hasta qué punto existen  grandes grupos raciales, y de cuanta importancia merece otorgársele a los mismos en relación con el caracter y las aptitudes , porque como siempre he dicho, esa es una pregunta que debe responder la ciencia, y yo no soy antropólogo ni genetista. Hablaré, pues, del factor etno-cultural, pero prescindiendo también de la diferencia étnica que pudiera o no haber en un sentido biológico, genético; y limitándome, por tanto, a lo estrictamente cultural. 

Los entes culturales, serían, entonces, lo que presento como hechos objetivos y sobre los que la ciencia tiene más bien poco que decir. Y estos entes culturales -inevitablemente, en conflicto- son los que, yo "denuncio", pretenden omitir por completo de la reflexión socio-política tanto socialistas, como liberales. Muy especialmente los liberales -con escasas y honrosas excepciones- Ustedes mismos podrán comprobar que apenas se prestan a debatir estos temas. Han decidido que no tienen importancia ..arbitrariamente.. y pues, arbitrariamente, los "excluyen de su ecuación". 
Por eso, y por otras arbitrariedades similares, que les acuso de lo mismo que ellos acusan al progresismo, esto es: de PENSAMIENTO BLANDO. De no ver más allá de principios abstractos, de deseos y voluntarismos.

Ellos sólo hablan de abstracciones, de "derechos individuales", de "derechos de propiedad", de "derecho de no agresión", pero todo, ajenamente a los contextos históricos y a lo que hay en las mentes de las personas, y de los Pueblos.
La Quimera, tal como se materializa en la realidad.

No deja de impactarme, por tanto, esta clamorosa contradicción: que asuntos tan cruciales para el ser humano como lo religioso, lo etno-cultural, o el contexto histórico, pasen por completo desapercibidos para quienes se tienen por tan objetivos y por tan comprometidos con la verdad. (al menos, en comparación con sus contrarios.)

A mi me impacta, pero ellos...deberían ya empezar a sonrojarse notoriamente, y a replantearse, y recuestionarse, unas cuantas cosas.