Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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viernes, 25 de mayo de 2018

Occidente contra Occidente (I)

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"Forma parte de la identidad occidental el negar la propia identidad". 
(José Javier Esparza)
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El extremado dinamismo que caracteriza a nuestra cultura hace que por comparación todas las demás parezcan casi congeladas en el tiempo.

¿Y si "tradición occidental" fuese un oxímoron? ¿Y si la genuina "tradición" de Occidente fuese la ruptura, la vanguardia y la revolución (tanto en el sentido político como en el cultural y científico)? 

Más allá de fórmulas idealistas y esencialistas, que por definición no admiten matices ni gradaciones, hay una cosa innegable: ninguna civilización presente o pasada se acercó tan siquiera al grado de inconformismo e individualismo que ha caracterizado a Occidente.

La cultura occidental fue única e irrepetible porque consistió en un dinamismo absoluto, en una fobia a todo lo estático, en un tren de alta velocidad sin frenos.

En la conciencia y en la vida occidental, como en el río de Heráclito, nada permanece, todo se transforma y lo transformado vuelve a transformarse cada vez a mayor velocidad.

La occidental es aquella mentalidad que nunca se conforma con nada. Esa es la razón de su rápido e inapelable progreso material e intelectual pero también de su rápido e inapelable suicidio colectivo.

Aquello que dijo Nietzsche de los españoles quizá sea aplicable a todo Occidente: quisimos ser demasiado, llegar demasiado lejos, y aspirar a objetivos demasiado ambiciosos. También como el viejo Imperio español, exigimos mucho a otros pero nos exigimos todavía más a nosotros mismos. Baste recordar la disputa de Salamanca sobre si era justa la conquista de América, la declaración de derechos de la Revolución Jacobina y la aún más ambiciosa de 1948; la Sociedad de Naciones, la descolonización, las ONG´s, los planes de ayuda al Tercer Mundo,... el liberalismo, el marxismo, el anarquismo y la larga lista de intelectuales dedicados a a sacarle hasta los higadillos a nuestra cuanto más exitosa más culpable civilización.

Como digo, la crítica y el inconformismo han estado tan presentes en nuestras sociedades que ellas mismas han acabado por ser el principal objeto de esa crítica. Y ha llegado a ser ésta tan cruda y despiadada que ha penetrado en nuestro espíritu y lo ha herido de muerte, hasta llegar a un punto en el cual dedicarse a rematar ese espíritu se ha convertido en nuestro principal pasatiempo. 

"No hay cosa que más guste a los occidentales que darse latigazos en la espalda", dice Villanueva en este demoledor artículo.
Occidente carga sobre sus espaldas ora toda
la responsabilidad, ora toda la culpa por 

lo que acontece en el Orbe entero.
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Lo mismo que nos hizo progresar tanto y tan rápido es lo que nos condujo a inmolarnos como civilización. Otras sociedades no lograron semejante progreso pero tampoco sembraron la semilla de su propia destrucción.

Occidente es un fulgor que atravesó la historia cegando a todos a su alrededor y que se extinguió tan rápidamente como había prendido. Las otras civilizaciones contemplaron esa gran explosión en el cielo cubriendo todo el horizonte, la cual durante un breve lapso hizo llover un "maná" que alimentó su progreso material pero dejó casi intacto su ethos.

Así, la cultura occidental desapareció, dejando como legado sus logros materiales, y el resto de culturas siguieron su sosegado camino acordándose de cuando en cuando de aquel tren que causaba tanto estruendo al pasar pero que un día, sin previo aviso, dejó de hacerlo.

Pero este final, tan deseado por aquellos críticos despiadados -se podría decir que masoquistas o suicidas-, no significa lo que ellos imaginaron. De hecho significa la muerte de esa actitud inconformista y de esa crítica despiadada.

La gran paradoja es ésta: defender hoy la tolerancia, el pacifismo, el universalismo y el multiculturalismo más allá de cierto límite elimina la posibilidad de que esos ideales subsistan mañana. 

Al no existir nada parecido fuera del contexto occidental, negar la identidad de Occidente no va a dar lugar, como parecen pensar muchos, a un mundo sin identidades sino a un mundo sin Occidente

Y ahí es donde radica la insalvable contradicción, porque un mundo sin Occidente significa un mundo en que nadie o casi nadie defenderá ya esos ideales tan preciados por los enemigos de la identidad.
“Algunos estadounidenses han promovido el multiculturalismo dentro de su país; otros han promovido el universalismo fuera de él; y los hay que han hecho ambas cosas. El multiculturalismo dentro del país amenaza a los Estados Unidos y a Occidente; el universalismo fuera de él amenaza a Occidente y al mundo.” (Samuel P. Huntington)
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miércoles, 19 de octubre de 2016

Enemigos del placer .. Enemigos de la espontaneidad .. Enemigos de la realidad.

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La nueva izquierda ya nos tiene acostumbrados a sus ocurrencias, a sus magufadas y a sus circos. Cada día nos salen con una nueva idea de bombero, y hace tiempo que nos preguntamos si carecen por completo de sentido del ridículo o si es que están tan encantados de conocerse a sí mismos, y tan arropados por un público incapaz de cuestionar ni una coma de su discurso, que se crecen.. y se crecen.. hasta que finalmente logran coronar todas las cumbres de la vergüenza ajena. 

Creo que el evento que pasamos a comentar a continuación va a ser, en este sentido, una marca difícil de superar. Reproduzco a tal efecto las reflexiones que Beatriz Gimeno, número tres por Podemos en la Comunidad de Madrid, realiza en torno al mismo. 
Espero poder estar en la presentación el día 19 porque estoy trabajando este mismo tema desde el punto de vista no gay, sino feminista y heterosexual. Me interesa mucho el culo masculino como lugar de la vergüenza y como espacio altamente simbólico donde se concentra la pasividad entendida como feminización (degradante) y como lugar de placer inasumible para los hombres heterosexuales. La penetración anal o vaginal tiene importantes significados simbólicos en torno a los cuales se concentra una parte importantísima del discurso sexual patriarcal especialmente en lo que hace referencia a la feminidad/pasividad (impotencia) y masculinidad/actividad (agencia, potencia) Y, sin embargo, el ano es una de las principales zonas erógenas para hombres y mujeres, pero especialmente para los hombres. Estoy convencida, cada vez más, que para que se produzca un verdadero cambio cultural tienen que cambiar también las prácticas sexuales hegemónicas y heteronormativas y que sin ese cambio, que afecta a lo simbólico y a la construcción de las subjetividades, no se producirá un verdadero cambio social que iguale a hombres y mujeres.

Sabía que la Gimeno tenía que andar detrás de esto. Huelga decir que mientras estos “talleres” sean voluntarios, cada cual puede perder (o no) el tiempo como más le plazca y creer en las soplapolleces que le dé la gana. Ahora, no estaría igual de tranquilo si esta sujeta tuviera acceso al BOE. De hecho, en la Comunidad de Madrid ya ha participado de un proceso legislativo que arroja no pocas sombras.

Como ya habré dicho otras veces, estamos ante una nueva especie de puritanismo. Este ya no te dice que todo placer sexual es malo: tan sólo el principal de ellos, o el preferido por la mayoría. La penetración vaginal es expresión del patriarcado, y por tanto hay que combatirla y sustituirla por “otras formas de placer”. Pero lo más llamativo es que no sólo se pretende desalentar las prácticas sexuales más habituales para sustituírlas por otras cualesquiera, sino que también se nos pretende orientar “moralmente” en esa sustitución, promoviendo prácticas concretas como la penetración de la mujer al hombre mediante, claro está, un dildo. 

Nos vemos obligados a analizar esto por partes (nunca mejor dicho). Lo primero que yo percibo es una clara intención revanchista: “hay que hacerle sentir al varón lo que es ser penetrado” … “que aprenda a ser el elemento pasivo y la mujer el activo”. Lo cual, más allá de la bajeza o inmadurez del sentimiento que motiva la idea, me lleva a preguntarme hasta qué punto no implica sacrificar el placer en aras de una impostura ideológica; porque, seamos sinceros, ¿cuántos hombres disfrutan siendo penetrados analmente?; y más importante aún: ¿cuántas mujeres obtienen genuíno placer de una práctica en que, por más que sean ellas protagonistas y parte activa, no están igual de presentes ni activas sus zonas erógenas? 

Repito: para quien guste de esas prácticas y le resulten placenteras, perfecto. Pero la mayoría de la gente disfruta con las “prácticas patriarcales”, y esto es lo que desaprueba y pretende reorientar la señora Gimeno. 

Luego hay una contradicción implícita, y muy llamativa, entre la idea de “deconstruir la masculinidad” mediante el descubrimiento del placer anal y aquella otra de que la orientación sexual de un sujeto no tiene nada que ver con la forma en que obtenga placer, cosa que suscribo, puesto que creer que uno se “vuelve homosexual” o “menos masculino” por disfrutar de ciertas zonas erógenas es propio de un total catetismo en materia sexual.

¿Cómo conciliar, entonces, ambas ideas? Pues de ninguna forma. El discurso de Beatriz Gimeno y los suyos es pura contradicción, pura inconsistencia. Hablando en plata, tienen un cacao en la cabeza de no te menées (por ser generosos y no hablar de otras sustancias de la misma coloración).
¿No estaremos confundiendo el símbolo con lo representado? ¿También deberemos
"problematizar" el acto de masticar por ser un "símbolo de agresividad",
o el de orinar, por ser un símbolo de "marcaje territorial del macho"?
¿De verdad creen que el camino más corto, o más sencillo, o más efectivo para lograr la igualdad entre hombres y mujeres en los distintos ámbitos es modificar sus hábitos sexuales y convertir el que venía siendo un espacio para la desinhibición y la entrega a tu pareja en una clase práctica de moral o política sexual, en un experimento o una representación teatral de dudoso potencial recreativo? 

Este nuevo puritanismo, este nuevo moralismo, este fascismo rosa quiere meternos la política, literalmente, hasta en los lugares más recónditos.
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jueves, 25 de febrero de 2016

"EUROPA BIPOLAR".

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ENDOFOBIA, XENOFILIA Y MASOQUISMO.

¡Somos los únicos malvados en un mar de inocentes!

Si un país árabe o una pequeña comunidad musulmana cometen una falta.. ¡Abstengámonos de generalizar!

Si la misma la comete un país europeo o pequeña comunidad cristiana… ¡Toda Europa y toda la Cristiandad es culpable!
……………
La crisis de los refugiados.. la imagen de un niño muerto en la playa.. 

¡Culpable: Europa!

Turquía y Arabia Saudí expulsan refugiados.. Europa acoge a todos los que puede (o más de los que puede). Se producen sucesos desagradables y se procuran tapar y hasta culpar a las víctimas de los mismos con tal de no ofender a los musulmanes.

DA IGUAL: EUROPA SIGUE SIENDO CULPABLE.
………………….
Sí, puedo entender que en otra época nos creímos el ombligo del mundo y nos lo disculpamos todo, y que esa no era la actitud más edificante. Pero lo es aún menos ésta, en la que seguimos creyéndonos el ombligo, sólo que DEL MAL, y a quienes disculpamos TODO es a los demás. 

¿Qué se puede esperar de una cultura que no se perdona nada a sí misma y que lo perdona todo a otras? ¿Qué futuro le espera a quien, creyéndose fuerte y sintiendo esta fuerza como culpa, toma por virtud tornarla en debilidad y concede el derecho a la fortaleza a todos menos a él?

CELEBREMOS LA GRAN REDENCIÓN DE EUROPA.. 
Comencemos por el suicidio moral, y él solo nos conducirá a la DEFINITIVA expiación de todas nuestras faltas.
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El europeo parece hallar hoy su razón de ser 
en la autoflagelación sin límites.

ES MÁS FÁCIL DESTRUIR QUE PRESERVAR.

Si el chovinismo o el complejo de superioridad son funestos, el auto-odio y el complejo de inferioridad lo son todavía más.

Hoy abundan más en el seno de Europa quienes vilipendian todo lo concerniente a su cultura e historia que quienes reconocen sus méritos; ni que decir de los realmente chovinistas o con complejo de superioridad, que ciertamente son ya una excepción.

Esta forma de pensar tan imbuída del sentimiento de culpa judeocristiano está haciendo verdaderos estragos, por cuanto nos lanza a ver con buenos ojos casi todo lo que procede de otras latitudes y a avergonzarnos de casi todo lo que halla origen en las nuestras. 

Y no está mal por principio, antes al contrario, admirar las buenas cosas que nos llegan de otros lares; siempre que no perdamos el discernimiento para separar las realmente buenas de las que lo son menos. Y esto es lo que me temo que está ocurriendo. Pues con el ánimo de huir de nuestro antiguo ombliguismo, de creernos el centro del mundo y el foco irradiador de toda grandeza, hemos acabado recalando en una postura tan diametralmente opuesta que no puede menos que considerarse SUICIDA.

Nos enfocamos ya únicamente en las perversidades y errores garrafales de nuestra civilización hasta llegar a olvidarnos de todas sus grandezas y aciertos. Sí, Europa fue belicosa, conquistadora, explotadora (como lo fueron en muchas épocas casi todas las civilizaciones); pero también es la cuna de las libertades, de la Revolución Industrial, de la Ilustración y de la tolerancia religiosa. Si opacamos de tal modo esta dimensión de nuestro continente que llegamos a darla por supuesta, como si no fuese el producto de grandes desvelos y luchas a través de los siglos, y como si el resto de continentes tuvieran estas ideas tan interiorizadas y asumidas como nosotros, corremos el serio riesgo de echar a perder sus frutos más tarde o más temprano.

No. No tenemos que ser férreamente etnocéntricos como exigían las urgencias de otros tiempos, ni mucho menos debemos enfrentar al resto de las naciones desde una atalaya moral, puesto que de ese modo caemos en errores fatales como el de la llamada “expansión de la democracia” practicada por los EEUU y sus aliados. Pero sí tenemos que ser conscientes de cuál es el origen de las libertades que por suerte aún disfrutamos (y en las cuales se puede todavía profundizar más) y de que, sin pretender ya ser guía del resto de naciones, no podemos abandonar hasta la guía de las nuestras y dejar que ese lugar lo ocupe cualquier otro, porque en tal caso podemos estar bastante seguros de que los valores que se desarrollarán serán muy otros, y que las libertades y bienestar que tantísima sangre, sudor y lágrimas costó extender podrían perderse paulatinamente y sólo llegar a advertirlo cuando fuese demasiado tarde.

Recordemos siempre aquellas palabras tan reveladoras que dejó escritas Montesquieu: “Así como las naciones destructoras ocasionan males más duraderos que su imperio, las naciones industriosas producen bienes que no se acaban con ellas”. No dejemos que los grandes errores arrastren consigo a los grandes aciertos y queden sepultadas las manzanas podridas junto a las sanas, echando a perder toda la cosecha y abocándonos a una inanición cultural que pueda conducirnos finalmente a la ruina moral.
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Una de las expresiones más completas del legado europeo. 
Alejandro Magno siendo instruído por Aristóteles
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miércoles, 3 de febrero de 2016

"LA REBELIÓN CONTRA LA REALIDAD".

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En mi periplo por los mundos de la pseudociencia y la conspiranoia aprendí algo que sólo después, contraponiendo lo observado allí con lo observado en otros lares, me sirvió de gran ayuda en el descubrimiento de trampas gnoseológicas. Más concretamente: aprendí que la manera de razonar y defender las ideas pseudocientíficas, conspiranóicas -como las religiosas- responde a un patrón muy similar a la manera de razonar y defender las ideas izquierdistas, fascistas y, en parte, las conservadoras. Hay izquierdistas (quizá no tanto fascistas y conservadores) muy críticos con la pseudociencia y la religión. Pero únicamente son críticos con la pseudociencia "dura" y la religión trascendente, no con la pseudociencia "blanda" y la religión inmanente; esto es: no son críticos, sino incluso defensores, de las PSEUDOCIENCIAS (o religiones) POLÍTICAS, LAS PSEUDOCIENCIAS (o religiones) ECONÓMICAS, Y LAS PSEUDOCIENCIAS (o religiones) SOCIOLÓGICAS.

Hay algo que nos revela mucho: Si se le pregunta a varias personas acerca de “quién gobierna en el mundo”, los que se hacen eco de ideologías socialistas, fascistas y conservadoras religiosas responderán cualquier cosa menos “los gobiernos”. Pero a aquellos que opinan que los que gobiernan no pueden ser otros que LOS GOBIERNOS es a quienes se exige la carga de la prueba. ¿Ven ustedes por qué digo que ciertas ideologías políticas adoptan actitudes pseudocientíficas?

Lo mismo respecto al principio de falsabilidad: Tanto da decir que quienes gobiernan son las corporaciones o grandes empresas como la burguesía, los ricos, los judíos, la masonería o los reptilianos. ¿Alguien puede demostrar que no es así?

Las cosmovisiones pseudocientíficas (yo he llegado a conocerlas bien) comparten todas una característica esencial: el convencimiento religioso acerca de su verdad y la capacidad para usar todo argumento en contra como uno a favor; dicho de otro modo, un razonamiento que se auto-justifica por cualquier medio a su alcance.

Entonces yo me pregunto: ¿es que hay alguna diferencia entre dar por hecho, sin prueba alguna, que todo argumento en contra del relato judeofóbico procede de un “siervo de los judíos” y dar por hecho, también sin prueba alguna, que todo argumento en contra del socialismo procede de un “siervo de los burgueses”?; ¿entre rechazar toda explicación alternativa a la de los alienígenas ancestrales y rechazar toda teoría alternativa a la de la explotación?; ¿entre afirmar “con autoridad” que somos víctimas de una conjura ateo-masónica y proclamar con parejo convencimiento que estamos en manos de plutócratas internacionales?

Les concedo que existe una diferencia de grado. Pero no desde luego cualitativa; no desde luego en su armazón o su “lógica”.
(Confesión: Yo también quise soñar una vez
..... Me desperté.)
*
El izquierdismo no es sino una conspiranoia blanda: No se cree en iluminatis ni reptilianos que nos controlan, pero sí se cree en el gobierno en las sombras de "burgueses", de banqueros, de empresarios, o de "los ricos". No se cree que la medicina y la ciencia son instrumentos creados por seres malvados que usan para envenenarnos o dominar nuestras mentes, pero sí se cree que el capitalismo fue una alianza de intereses con el único propósito de explotar a las clases bajas. No se cree en la energía libre y gratuita pero sí se cree en un dinero y una riqueza que mana de los árboles sin necesidad de crear empresas ni administrar recursos, sin innovar en tecnología ni ampliar y diversificar mercados (no se ve en la riqueza más que “una tarta a repartir”; no se es capaz de superar la idea de que ésta es constante por más que los datos muestren que nunca lo fue; se pretende imprimir dinero expresa y declaradamente dirigido a inversiones.. ¡cómo no se le ocurrió a nadie antes!)

No se afirma ser víctima de un gigantesco show de Truman pero se aceptan como “evidentes” las mil conjuras contra las clases bajas, las mujeres o los países tercermundistas a manos de banqueros, industriales, y “los mercados”: Todo rumor, toda invención y todo meme que encuentre encaje en la mitología en torno al “capitalismo salvaje” se toma por indiscutible sin un solo indicio que lo apoye. Pero la carga de la prueba recae sobre quien lo niegue.
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En el alma de todo capitalista secretamente habita un 
avatar del Führer que no se sabe cuando puede despertar
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La tergiversación, el chivo expiatorio y la idea del 
mal 
absoluto son indistinguibles en la propaganda 
de unos y otros: fascistas y socialistas.
Si afirma con gran convicción que el libremercado se impuso por la fuerza; pero aún nadie ha sabido explicar cómo pudo obligarse POR LA FUERZA a tanta gente a comerciar LIBREMENTE y a ENRIQUECERSE (si aún dudan de que la mayoría se enriqueció, miren los datos). Discúlpenme, siempre se me olvida que todo lo que contradiga el credo de ustedes es tomado por obra del demonio. Sí, ríanse de la comparación. Pero créanme que no son menos sonoras mis carcajadas cuando imagino a cientos de economistas y filósofos desperdigados por decenas de universidades y tomando parte en el mayor complot de la historia: la difusión del liberalismo económico por todo el orbe.. Viajes trans-oceánicos, grandes conferencias y simposios.. Páginas y páginas, horas y horas hilvanando palabras con el único propósito de hacer más ricos a sus señores, que para eso les pagan. Y digo yo, ¿no hubiera sido menos complicado poner mil máquinas de escribir en una nave y, de paso, no tener por ahí desperdigados a esos intelectuales a sueldo, expuestos a ser pillados en un desliz y, en el peor de los casos, echar a perder toda la operación? Cuesta creer que prohombres dedicados a la industria pesada y a las altas finanzas sean tan descuidados en lo que se refiere a la industria de ideas.

*
También se da por sentado que todo estudio sobre sexo, violencia o poder que contradiga el determinismo cultural no puede sino obedecer a “oscuros intereses”. Incluso la ONU y otros organismos dedicados a extender la bondad, la paz y la justicia por el mundo afirman que “la violencia es una conducta que la cultura enseña”. 

Pero aunque fuera verdad que la violencia, los celos, la propiedad, el egoísmo, el racismo,… son conductas que “la cultura enseña”, a fin de cuentas, ¿quién inventa y propaga la cultura? … ¿Y dónde aprendió el ser humano estos vicios?

Si no hay nada innato.. ¿Cuál diantres es la base de la cultura?

Digo yo que no puede ser la imaginación, dado que hablamos de un ser angelical por naturaleza al que la sociedad convierte en demonio.. 
¡Pero quién diantres es la sociedad, más que el conjunto de esos “seres angelicales”!

Inacabables son las paradojas a que nos aboca el mito de la tabla rasa y del buen salvaje

«El sexo es bueno porque es natural, y lo natural es bueno. Pero la violación es mala; por lo tanto, la violación no tiene nada que ver con el sexo.»

Podrá sonar ridículo, y hasta resulta difícil de creer que sectores de la intelectualidad progresista hayan llegado a mantener semejante desconexión con la realidad y a sostener posiciones tan contrarias a la lógica y al sentido común; pero en verdad no es otro el razonamiento que subyace a muchas de las afirmaciones de “intelectuales” y “científicos” de nuestra época. Steven Pinker, en su monumental obra ´La Tabla Rasa`, hace un recorrido por todas las implicaciones que se derivan o podrían derivarse de aquellos mitos tan omnipresentes, especialmente en las últimas décadas. En el siguiente fragmento sintetiza perfectamente el dilema acerca del sexo y la violencia:

«Si reconocemos que la sexualidad puede ser una fuente de conflicto y no sólo un saludable placer mutuo, habremos redescubierto una verdad que los observadores de la condición humana han constatado a lo largo de la historia. Y si el hombre viola por el sexo, no significa ello que simplemente "no pueda evitarlo", ni que tengamos que excusarle, como no tenemos que excusar al hombre que dispara contra el tendero para robar la caja.»

¿Recuerdan aquello de “haz el amor y no la guerra”? Yo pensé que estaba trasnochado hace tiempo, pero muy recientemente me topé con un vídeo “en clave pacifista” realizado por un famoso actor porno y que rescataba una vez más esa ridícula idea. 
El famoso Rapto de las Sabinas es sólo un ejemplo, sea de carácter histórico
o mítico, de las muchas guerras desencadenadas en el pasado por el tan
«
inofensivo», amén de natural, impulso de buscar parejas sexuales.
Ciertamente, pensar en el sexo como algo “inofensivo” o como “lo opuesto a la guerra” contradice toda la historia y la antropología; tanto la actual como la que existía ya entre los antiguos (como bien señala Pinker). La pulsión sexual tiene conexiones con la pulsión violenta y con el poder (incluso observables en nuestro cerebro), así como las tiene con la pulsión creativa. Nuestro organismo no segrega los impulsos y las programas evolutivos como lo hace nuestro lenguaje o nuestras ciencias sociales. El sistema límbico, así como otras partes del cerebro, están dedicadas a diversas tareas y, por tanto, algunos procesos conductuales comparten necesariamente los mismos patrones o mensajes químicos.

Pero si tan sólo fuera el problema la vinculación entre sexo y violencia..
¡No, es que la mera existencia de la violencia en nuestra naturaleza –y no en nuestra cultura- es también un tabú para muchos sectores académicos!

«Muchos intelectuales han apartado la vista de la lógica evolutiva de la violencia, temerosos de que reconocerla equivalga a aceptarla o, incluso, aprobarla. En su lugar, han seguido la cómoda ficción del Buen Salvaje, donde la violencia es un producto arbitrario del aprendizaje o un agente patógeno que nos invade desde el exterior. Pero negar la lógica de la violencia propicia que se olvide lo fácilmente que ésta puede estallar, e ignorar las partes de la mente que activan la violencia propicia que se olviden las partes que la pueden sofocar.»
*
Se elige en qué se prefiere creer y se rechaza aquello que “suena feo a nuestros oídos”. Optamos por las fantasías reconfortantes y nos acurrucamos como niños bajo la manta para no ver ni oír las realidades que nos perturban.

¡Hemos recorrido milenios para convertirnos en pusilánimes criaturas 
huyendo despavoridas de sí mismas en un ambiente de histeria general! 

¿En qué momento dio término la evolución y comenzó la involución? 

¿De verdad fue tan patético el ocaso de anteriores civilizaciones? 
…....
Tanto tiempo abjurando de la fe y la superstición, aferrándonos al método científico, posponiendo el más allá y centrándonos en el acá.. para vernos fabricar otras tantas religiones y supersticiones acerca del mundo empírico, copias de carbón de las 
dedicadas al mundo de los espíritus.

¿De qué sirve tanto apego a la materia, tanta ciencia y tanta tecnología… si la usamos como mero disfraz de nuestro irracionalismo y de nuestro escapismo?

¿De qué sirve tanto estudio de la naturaleza cuando sólo está en nuestra mente negarla?

¿De qué sirve estar tan pendientes de los números y de la estadística? ¿Para qué tan estrecha vigilancia de la realidad cuando sólo buscamos renegar de ella?

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Todas las citas están extraídas de la obra de Steven Pinker
´La Tabla Rasa: La negación moderna de la naturaleza humana`.

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jueves, 31 de diciembre de 2015

"TODO ES CULTURAL".

«Hay razones convincentes para deducir que el modelo estándar de las ciencias sociales, es decir, el determinismo cultural, es imposible que se haya desarrollado por selección natural sin la apelación a una instancia mágica superior.» (*1)  

Algunos intentan combatir el llamado “marxismo cultural” con ideas teológicas o apelando a “la tradición”. 

¿Vencer a la pseudociencia con religión y moral? No les auguro un gran éxito. La forma de oponerse a la idea en boga de que “todo es cultural” es mediante la psicología evolucionista: Ciencia contra pseudo-ciencia.

¿Por qué afirmo que estas “tesis culturalistas” son pseudo-ciencia? Por una sencilla razón: Cualquiera que se esfuerce un poco en observar las afirmaciones del determinismo cultural situándose por encima de la obsesión igualitaria -por encima del bien y del mal- se percata de que es precisamente esta obsesión la que explica por qué esta ideología con barniz científico tiene en cuenta ciertos factores y ciertos datos mientras obvia sistemáticamente el resto (todos aquellos que pondrían en tela de juicio el axioma de la igualdad y del carácter intrínsecamente “benévolo y justo” del ser humano). No le importa la verdad. Le importa únicamente justificar mediante todas las “pruebas” que encuentre esa patología de su pensamiento: la enfermedad del igualitarismo; un auténtico trastorno obsesivo-compulsivo. Y uno especialmente molesto, por cuanto aquel que lo padece, lejos de conformarse con sufrirlo en silencio, procura contagiarlo por todos los medios al resto, llegando a adoptar las actitudes más beligerantes, y poco menos que a exigir que se expulse de la Humanidad a quienes no compartimos sus especiales manías.


Cabría pensar que las actitudes se tornan más duras cuanto más blando es el pensamiento que las motiva. No parece ser otra cosa, en efecto, lo que le sucede a este igualitarismo ramplón, a esta lógica de la lucha de clases aplicada acríticamente a todas las oposiciones imaginables: hombre y mujer, europeo y africano, cristiano y musulmán, vencedor o derrotado. ¡Fíjense bien en que el derrotado es siempre “bueno” por el mero hecho de serlo, y el vencedor “malo” por el mismo motivo! (sin importar en absoluto aquello que mostraron ser antes y durante aquella batalla de la que uno salió ganador y el otro perdedor). Los musulmanes de Al-Andalus eran “los buenos” porque fueron derrotados y gran parte de ellos expulsados. Pero es propio de quien pretende llevarte a engaño ocultarte la otra cara de la moneda. En este caso, esa otra cara nos revela que, de ser al revés, en efecto los musulmanes no nos hubieran expulsado de sus tierras: nos habrían decapitado y tomado a nuestras mujeres e hijos como esclavos. 

Quizá, por ello, no sea tan fácil repartir las condecoraciones de “víctima” y “verdugo”. Quizá no sea posible dividir a la humanidad en “justos” e “injustos”, y la historia de las civilizaciones y de los grupos humanos no se preste en todos los casos a estas veleidades moralistas, a estos juicios categóricos.


Pero insistiré las veces que haga falta en que el peligro de este pensamiento blando no sería tal si careciese de esa voluntad de imponerse por las buenas, de esa superioridad moral que se arroga. No supondría problema alguno que gran parte de la sociedad sintonizara con esas ideas mientras se nos permitiera a los demás pensar y obrar de modo distinto al igual que se les permite a ellos. Pero no: su objetivo ya casi plenamente alcanzado es educar a las próximas generaciones, aprovechando el momento en que sus cerebros son más dúctiles, para conjurar la posibilidad de que de ellas surjan “mentalidades in-igualitarias” como las que todavía hoy tienen que soportar conviviendo junto a la suya.


Si ellos tienen razón, fabricarán un mundo de paz y armonía tan idílico como el que pintó John Lennon.



.........
Si nosotros tenemos razón, nos conducirán a un infierno de máxima desarmonía, máxima desazón y máxima insatisfacción, a un interminable combate de todos contra todos (el supuesto “estado de naturaleza” de Hobbes, sólo que provocado por el estado en vez de resuelto por él).


Educaremos a los niños para que olviden su sexo, su etnia, su cultura y su religión; y les reprenderemos sin fin cada vez que se alejen de la senda marcada; grabaremos LA CULPA en su conciencia vinculándola a actitudes tan naturales (al menos para algunos) como que los niños jueguen con los niños a juegos de niños y que las niñas jueguen con las niñas a juegos de niñas.. o que los hijos de cristianos y ateos occidentales se relacionen más con los que tienen su mismo origen que con los hijos de musulmanes, orientales, o sudamericanos.


Además, se nos dirá que justamente en los niños es donde observamos que “nuestros prejuicios no están fundados”, dado que “los niños siempre tienen menos problema en aceptar en su grupo a miembros de otras culturas” (no se dice también “de otro sexo” habida cuenta de que, casi desde la más tierna infancia, la separación entre sexos se hace más que palpable). Pero esa primera afirmación, que sin duda tiene mucho de cierta, tiene a su vez una explicación que no es la escogida por los defensores del determinismo cultural. El hecho de que los niños tengan menos reservas a conformar grupos multiculturales cuando socializan y que, a medida que crecen, tiendan a reducir, por así decirlo, su nivel de tolerancia, no se debe a que “les hemos inoculado prejuicios sobre otras etnias” sino a que ya forman parte, con mucha mayor conciencia, de su etno-cultura particular, y por tanto, es ese acervo cultural el que les distingue (o les aleja) naturalmente de quienes han crecido con otras referencias.


Mediante la psicología evolucionista, tanto las diferencias en los patrones mentales y emocionales de hombres y mujeres como el instinto arraigado de rechazo al extranjero hallan explicación. Una explicación, a mi juicio, mucho más satisfactoria, mucho más objetiva que la que proporciona el determinismo cultural.
«Nuestros circuitos neurales son el resultado de un proceso evolutivo, han sido diseñados por la selección natural para resolver los problemas a los que nuestros ancestros se han enfrentado a lo largo de nuestra historia. Generación tras generación, durante más de 10 millones de años, la selección natural ha ido lentamente esculpiendo el cerebro humano, favoreciendo aquellos circuitos que permitían resolver de forma apropiada los problemas a los que se enfrentaban nuestros ancestros: encontrar pareja, conseguir alimento, buscar aliados, defenderse de los enemigos, criar a los hijos... Esto supone que, para entender nuestro comportamiento en el presente, hemos de tener en cuenta que está generado por mecanismos de procesado de información que existen porque resolvieron problemas adaptativos en el pasado, es decir, en los ambientes ancestrales en los que los humanos evolucionaron.» (*2)

Partiendo de la paranoia de que “toda norma o costumbre es una herramienta de dominio” y de la obsesión por hallar una “igualdad natural o primigenia” es previsible que se llegue a la conclusión de que las distintas maneras en que hombres y mujeres enfocan la reproducción, la familia, el hogar, la crianza de los niños y el resto de hábitos sociales sean una construcción cultural impuesta por la mentalidad masculina para autolegitimarse. Pero el problema es el siguiente: No podemos hacer depender todo nuestro razonamiento de un axioma que, no sólo no está probado, sino que resulta imposible de probar por cuanto no se trata más que de una elucubración, una teoría que se lanza al aire, tan válida como puedan ser muchas otras que se nos ocurran: Esto es pseudociencia.

Por el contrario, partiendo de hechos probados o apodícticos –necesarios-, la psicología evolucionista nos ofrece un relato infinitamente más congruente: El reparto de roles sociales y familiares entre los dos sexos responde por entero a sus respectivas estrategias reproductivas. La idiosincrasia del óvulo exige de la mujer una extremada selección: se prima la calidad muy por encima de la cantidad. El carácter del espermatozoide imprime en el hombre justo el incentivo opuesto. Esto se acentúa mucho más en nuestra especie debido al tan largo periodo que requieren nuestras crías para alcanzar la madurez. Las hembras de otras especies seguramente se distinguen menos de los machos en este aspecto por cuanto carecen de este problema (y quizá es esta observación la que también se les ha escapado a los deterministas culturales cuando han querido basar sus tesis en esa mayor igualdad entre sexos que puede apreciarse en otros animales). En la siguiente ocasión que abordemos este asunto procuraremos desarrollar los argumentos evolucionistas que explican este largo y complejo proceso que acaba por conformar el también complejo entramado cultural en torno al papel asumido por varones y hembras. No nos es posible ahora por el espacio que exigiría tal relato.

«La cría del Ser Humano necesita muchísimos recursos que en el ambiente primitivo una hembra sola no podía brindar. Por eso los hijos de aquellos machos que ayudaban a sus hembras que heredaron ese comportamiento, son los que perpetuaron esa conducta. A su vez, el que la cría humana necesitara más cuidados era por su infancia prolongada, y eso a su vez, por el aumento de tamaño del cerebro.» (*1) 
«Nuestra experiencia cotidiana nos muestra que hombres y mujeres afrontan la sexualidad de forma muy diferente. Esto tiene sentido desde una perspectiva evolutiva, ya que como ocurre en otras especies animales, las mujeres realizan una mayor inversión parental y tienen un potencial reproductor mucho menor que los hombres. Un hombre puede engendrar muchos más hijos de lo que la monogamia le permite. Por tanto, ha habido un conflicto de intereses que ha llevado a que hombres y mujeres hayan evolucionado hacia estrategias sexuales diferentes.» (*2)

Respecto a los instintos xenófobos ya hemos adelantado algo sobre los motivos que los explican. Por un lado, la historia ha dado lugar a cientos de entes culturales diferenciados; y a través de los siglos, estos entes han tendido a cerrarse en gran medida sobre sí mismos porque sólo los que así lo hicieron (regla básica de la selección natural) sobrevivieron como tales culturas diferenciadas. Por el otro, el rechazo instintivo al extranjero tiene como primer origen la organización del clan (en la que no cabe sino concebir como amigo al miembro del clan y como enemigo al que no lo es); pero luego sigue fortaleciéndose y evolucionando paralelamente a los sucesivos modos de organización social (la ciudad-estado, el reino medieval, el estado-nación). La comunidad siempre debe estar razonablemente delimitada. No cualquiera puede formar parte de ella; no se puede justificar una idea de comunidad donde todo cabe o nada es ajeno; es preciso establecer una frontera, no sólo geográfica, sino también intelectual y moral (de ahí que “La Humanidad” como grupo de pertenencia sea en exceso abstracto y, por tanto, inoperativo más allá de las grandes palabras; y de ahí que la identidad que ha pretendido crear el moderno estado-nación –ni que decir ya la Unión Europea- se halle también peligrosamente cerca de devenir vacua abstracción). Me permito aquí autocitarme, puesto que creo haber resuelto ya esta falsa diatriba que se plantean algunos entre "luchar contra el racismo" o "ampararlo por omisión" cuando en otra ocasión expuse claramente mi posición al respecto: No se puede culpabilizar (o demonizar) a un sujeto o un grupo de ellos por tener reacciones tribales; porque resulta que todos las tenemos, sólo que quizá en otros ámbitos que ahora andan menos vigilados por el tipo particular de moralismo que hoy nos ha tocado sufrir. Pero no es tampoco ético ni constructivo dar aliento a esas reacciones para inflamarlas. Si lo uno es arrogante, lo otro es irresponsable.
«En los enfoques aplicados por los investigadores, el etnocentrismo ha sido evaluado en dos vertientes, según se considere su función social y cultural. El enfoque positivo del etnocentrismo destaca que mantiene la cohesión social y la lealtad a los principios en el grupo. Según autores como Caruana o Luque–Martínez, el etnocentrismo constituye una pauta de referencia para conservar la cultura, la solidaridad, la lealtad, la cooperación, la defensa y la supervivencia del grupo. La visión negativa enfatiza como el etnocentrismo radical puede conducir a actitudes y fenómenos como el nacionalismo violento o el racismo. (...) Jones y Smith sugieren, en un estudio que remarca la distinción entre identidad étnica e identidad cívica nacional, que la primera sigue siendo sólida a pesar de la globalización, las migraciones masivas y el pluralismo cultural.» (*3)
Quede, para finalizar, la recomendación de algunos textos sobre psicología evolucionista (los mismos que hemos citado a lo largo de estos párrafos), y que espero les sirvan para abrir sus horizontes o hallar nuevas respuestas.

(1) Introducción a la psicología evolucionista.

(2) La elección de pareja en humanos.
(3) Etnocentrismo, xenofobia, y migraciones internacionales.
(4) Entrevista a Francisco Capella.

viernes, 13 de febrero de 2015

Comentarios sobre ´Dialéctica del Iluminismo`.

Un texto del que se ha hablado mucho, y con motivo. Un ensayo necesario, pero más que por la tesis que defiende (si es que está clara), por las diversas lecturas, críticas, o revisiones, que se pueden hacer de ella.

"Dialéctica del Iluminismo" pretende nada menos que "ilustrar a la Ilustración", y someterla a dura crítica, entendiendo que este es el único modo de que sobreviva lo que en ella hay de tan valioso, y de tan juicioso.


Max Weber dice que "la modernidad, la Ilustración, es un proceso progresivo e irreversible de racionalización de todas las esferas de la vida social, proceso que comporta, a la vez, la progresiva funcionalización e instrumentalización de la razón, con la consiguiente pérdida de sentido y libertad."


He aquí la forma en que "la Ilustración se destruye a sí misma": De la racionalización a la formalización e instrumentalización, y de ahí a la barbarie.


La Ilustración, el Iluminismo, consistió en el dominio de la Naturaleza, pero ahora, la Naturaleza, tanto la exterior a nosotros como la  que habita en nuestro interior, se rebela y se toma la revancha.Esta sería la síntesis más esquemática del problema tratado en el ambicioso texto.


Sin embargo, una vez leída con detenimiento, mi conclusión apunta a que "la idea", la pregunta qué se hace, es más interesante, en sí, que la propia obra, la cual no acaba de cerrar su tesis, o si la cierra, lo hace de un modo que no comparto -al menos, a grandes rasgos- o que no atino a comprender, puesto que la juzgo, apriori, confusa, contradictoria, y algo enrevesada.

Los autores, Theodor Adorno y Max Horkheimer.

Por supuesto, posee unos cuantos fragmentos reveladores, pero algunos lo son "en positivo" 
-dado que sí arrojan luz sobre ciertas cuestiones- 
y otros "en negativo" -por arrojar, más que luz, sombras y ofuscación- pero, al mismo tiempo, revelar con enorme claridad el sesgo ideológico detrás de gran parte de las reflexiones. Sesgo que se muestra claramente en la frecuencia 
-creciente a lo largo de la obra, como si cabalgara hacia una catarsis final- con la que aparecen los términos "burgués", "sociedad burguesa", "capitalismo", o "instrumento de dominio"; y que lo hacen, además, dotados de una "elasticidad" que los hace surgir en contextos tan ajenos, en principio, como el de los mitos clásicos -´La Odisea`, en torno a la cual desarrolla una sugerente reflexión-, el descubrimiento de América, o la sociedad feudal.
Pero debo agradecerle a la ambición de esta obra (algunos dirán "pretenciosidad", y puede que tengan razón) el haberme encaminado a concluir algunas cosas sobre problemáticas que van más allá de la propia obra, y con ello me estoy refiriendo a la cosmovisión heredera del marxismo, más concretamente, la marxiana -o marxista occidental- que es la seguida por Adorno y Horckeimer, junto a toda la Escuela de Frankfurt.

En este sentido, creo que el sesgo se manifiesta, ya, de una manera que yo calificaría de "muy grave", en el foco insistente que se coloca sobre el fascismo, y no por que las críticas vertidas sobre éste no sean acertadas, sino porque salta a la vista que muchas de ellas podrían hacerse igualmente del Bolchevismo, ya que comparten, ambos, no pocas características cuestionables de las que ellos analizan, como son el autoritarismo, el fanatismo, el dirigismo, la adoración al lider, y lo que entraña quizá el mayor hallazgo en la reflexión de estos dos autores: la razón instrumental, que es impecablemente racional en sus métodos, aún estando al servicio de fines plenamente irracionales; algo que puede aplicarse, sin una sóla salvedad, igual al Nazismo que al Bolchevismo; y que, desde luego, se muestra evidente para cualquiera menos, al parecer, para los que "piensan en clave materialista-dialéctica". Porque este "pecadillo" no es adjudicable sólo a esta obra, sino que es extensible a toda la Escuela de Frankfurt. Incluso Erich Fromm, a quién respeto y valoro mucho más que a los autores que nos ocupan, comete esa misma falta en su obra "El miedo a la libertad", sobre la cual hablaremos, seguro, en otra ocasión.

No olvidemos, a este respecto, que la Escuela de Frankfurt se define, entre otras cosas, por su marxismo crítico con la Unión Soviética y, por tanto, alejado de la misma.

¡Diantres!...Pues si llegan a ser un poco menos críticos, ¡le hacen una oda a Lenin!

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Pero dejémonos las generalidades y vayamos a la concreto. Pasemos, por tanto, a leer algunos fragmentos de la obra que nos hemos propuesto "destripar":


"En la adoración exaltada del amante, lo mismo que en la admiración sin límites de la que éste era objeto por parte de la amada, se transfiguraba, ocultándola, siempre de nuevo la efectiva servidumbre de la mujer. Sobre la base del reconocimiento de esta servidumbre se reconciliaban los sexos una y otra vez de nuevo: la mujer parecía asumir libremente la derrota y el varón atribuirle la victoria. La jerarquía de los sexos, el yugo impuesto al carácter femenino por el ordenamiento masculino de la propiedad, fue idealizado por el cristianismo en el matrimonio como unión de corazones, y así se bagatelizó el recuerdo de la edad prepatriarcal como pasado mejor del sexo. (....) Antes, la servidumbre de la joven en la casa paterna encendía en ella la pasión que parecía conducir a la libertad, aun cuando luego no se realizaba en el matrimonio ni en ningún otro lugar fuera de casa."

Sí, el pensamiento marxista, como ya he dicho tantas veces, es incapaz de leer la realidad en otras claves que no sean la dialéctica del amo y el esclavo; para ellos, siempre debe haber un dominador y un dominado, no se contempla la posibilidad de los quid pro quo. Las relaciones armónicas de complementariedad son desterradas de la razón analítica como una suerte de "ingenuidad pre-hegeliana", dado que su sistema presume de duro materialismo y cientifismo.



No vale la pena detenerse demasiado en esto. Quién quiera ver la realidad a través de este prisma no va a dejar de hacerlo; y quién piense, como yo, que éste añade un "barniz de neurosis" al análisis de las relaciones humanas (en el mejor de los casos) seguirá reafirmado en su posición.


El siguiente fragmento entraña, ya, mayor complejidad, dado que aquí sí se esconde no poco "grano" mezclado con la "paja" y las "malas hierbas". Prestemos atención a todo lo que nos dicen en este extracto Adorno y Horckeimer.


"Hoy, en la producción material, el mecanismo de la oferta y la demanda se halla en vías de disolución, dicho mecanismo actúa en la superestructura como control en favor de los que dominan. Los consumidores son los obreros y empleados, agricultores y pequeños burgueses. La producción capitalista los encadena de tal modo en cuerpo y alma que se someten sin resistencia a todo lo que se les ofrece. Pero lo mismo que los dominados se han tomado la moral que les venía de los señores más en serio que estos últimos, así hoy las masas engañadas sucumben, más aún que los afortunados, al mito del éxito. Las masas tienen lo que desean y se aferran obstinadamente a la ideología mediante la cual se les esclaviza. El funesto apego del pueblo al mal que se le hace se anticipa a la astucia de las instancias que lo someten."

Los mecanismos, e inercias, de generalización de la mediocridad, de aceptación tácita del engaño, o de extensión de la desidia, forman parte de la sociedad mediática-consumista, y esto, pocos lo negarán (si acaso, los cínicos adoradores del mercado y de todo lo que engendra, como el infame traidor latinoamericano Vargas-Llosa) Pero debemos pararnos un instante a separar, como digo, "el grano de la paja", porque aquí estamos mezclando demasiadas cosas. Por un lado, la equiparación entre consumidores-espectadores y siervos sometidos puede resultar, al menos, cuestionable en tanto la "servidumbre" no es impuesta mediante la fuerza (aunque, por supuesto, no podemos caer tampoco en el cinismo del liberal, que sólo percibe el "delito" cuando la "sentencia" aparece en titulares y a todo color, valga la improvisada analogía.) Por otra parte, incluye en la misma reflexión, como quién no quiere la cosa, el ideologema marxista de que "los dominados se han tomado la moral que les venía de los señores más en serio que estos últimos". De esta manera, revalida el lugar común ideológico. Pero no caigamos en la vieja trampa de "tomar por verdad una mentira (por más veces que se repita)" ¡No! Esto un axioma que se nos pretende colar desde hace tiempo; las izquierdas radicales asumieron esta falacia y nos han machacado con ella hasta conseguir que muchos la den por cierta -tratándose, en el fondo, de un juicio que se da por sentado, habitualmente, sin la menor explicación al respecto.- 
¿A qué moral se refieren? Evidentemente, a la representada por el "orden social tradicional", pero en la que, de nuevo, nos quieren colar, en un mismo concepto amorfo, la servidumbre de los campesinos o los obreros industriales mezclada, como si de una misma cosa se tratase, con la "servidumbre" de la mujer frente al varón, de los hijos frente a los padres, o del alumno frente al maestro.

El último extracto que les ofrezco no me va robar mucho tiempo, pues no añadiría nada relevante extendiéndome sobre él. Verán que el prisma con el que se enjuicia la realidad, si bien es certero parcialmente, es víctima también de su propio ensimismamiento, de su dogmatismo categórico, y de esa patológica mirada que supone que todo aquello que le rodea está tan plagado de patologías como quién mira.


"La permanente renuncia que impone la civilización es nuevamente infligida y demostrada a sus víctimas, de modo claro e indefectible, en toda exhibición de la industria cultural. Ofrecer a tales víctimas algo y privarlas de ello es, en realidad, una y la misma cosa. Éste es el efecto de todo el aparato erótico. Justamente porque no puede cumplirse jamás, todo gira en torno al coito. Admitir en una película una relación ilegítima sin que los culpables reciban el justo castigo está marcado por un tabú más rígido que el que el futuro yerno del millonario desarrolle una actividad en el movimiento obrero. En contraste con la era liberal, Ia cultura industrializada puede, como la fascista, permitirse la indignación frente al capitalismo, pero no la renuncia a la amenaza de castración. Ésta última constituye toda su esencia."

¿Qué duda pueda ya caber, tras leer estos fragmentos, de que el Marxismo es pura neurosis?

Cierto es que todas las ideologías lo son, pero el Marxismo en mucha mayor medida. (Que me perdonen los que aún sean marxistas, pero me he reafirmado en esa tesis tras leer con atención la obra que aquí comento.) La mayor parte de sus juicios y análisis están presididos por esa insistencia en ver siempre "el vaso medio vacio", se trata de una postura propia de un sacerdote oscurantista, que se pasa el día denunciando "la perversión de nuestra sociedad", de alguien tan resentido que sólo parece realizarse extendiendo su mala baba al mundo que lo circunda, y logrando cultivar en las conciencias ajenas el mismo rencor, insatisfacción, y amargura, que él padece.



viernes, 6 de febrero de 2015

"Sobre el Post-Marxismo y el ´mito` de la violencia estructural"

Creo que justo acabo de dar con la clave última del error que comete esta teoría sociológica, y al mismo tiempo, de su parcial acierto -confieso, sorprendentemente mayor de lo que sospechaba- pero que es, paradójicamente, el que me ha señalado la dirección del extravío.

Repasemos. 
Siendo lo más esquemático posible, la idea de la "violencia estructural" postula la tesis de que la sociedad se estructura en base a intrincados y muy diversos mecanismos de poder, los cuales "hallan acomodo" en la aceptación de sumisión (normalmente, tácita) de otros, que servirían  de "yin" al "yan" del ´dominador`.

Pues bien, yo sostenía hasta ahora que el error consistía en la visión paranoide, neurótica, obsesionada con leer todo en clave de "opresor y oprimido"; viniendo a decir que, si bien las relaciones tácitas de dominador y dominado se han dado siempre, es, cuando menos, exagerado querer ver esa dialéctica hasta en las gestos más nimios y las cuestiones más ridículas.

Pero no. Resulta ser que los "marxistas culturales" están muy en lo cierto al decirnos que practicamente toda relación entre seres humanos tiene como factor relevante, aunque no necesariamente predominante, el poder (el poder en sí, en su concepto más puro y arcaico.)

Todos hacemos uso de la autoridad, y procuramos aderezarla todo lo bien que podemos con emociones, gestos, y cierta labia; elementos, en definitiva, que jueguen en nuestro favor. 
Todos usamos las armas de que disponemos, ya sea la autoridad carismática (a falta de mejor término) ya sea la locuacidad, o la apelación a las emociones, el lenguaje gestual, corporal.. las armas, en general, con las que contamos. Y, obviamente, no nos paramos a pensar en si estamos usando "estrategias de dominación" o a escudriñar lo impolutamente éticas que son todas nuestras técnicas para lograr imponer nuestras opciones; pues, en primer lugar, si el cerebro humano debiese plegarse a semejantes requerimientos, nos habríamos extinguido ya en la última glaciación; y en segundo, eso sí sería apostar por un método del todo neurótico y delirante.

Entonces, se estarán preguntando ahora ustedes:  ¿Donde estaba pues el error de Foucault y los de Frankfurt?
Pues en algo muy sencillo, que aunque bien es cierto que les deja en mejor lugar que la torpe y superficial tesis que yo mantenía, no entraña tampoco excesiva complejidad, y se resume brevemente en lo siguiente:

La sociedad, en efecto, se vertebra, funciona, y se desarrolla, en gran parte mediante intercambios de poder y aceptación de la propia sumisión, PERO, el fallo de partida está en presuponer que de este "poder" sólo se beneficia el que lo ejerce, y sólo perjudica a quién a él se somete, pues es, a grosso modo, falso.

Veamos por qué digo que esto es falso.
Indaguemos en la imagen que he sugerido antes: ¿Y si el equilíbrio "yin-yan" que hemos usado como metáfora de estas "relaciones de poder" lo sustituyéramos por la idea de "simbiosis"? Quizá así quede más clara la sugerencia de que puede tratarse de una complementariedad, por tanto, de una relación no necesariamente descompensada.

Y cuando digo "no necesariamente", creo que todos entenderán con ello que hay muchos casos en los que, efectivamente, obtiene mayor beneficio el dominador que el dominado (como en el extremo caso de esclavista y esclavo, o en la casi igual de extrema relación entre abusador y abusado, entre explotador y explotado, o entre colonizador y colonizado.)
Sin embargo, no creo que sea así, en absoluto, en los ámbitos más naturales (menos forzados) de la familia, la educación, el orden social, el liderazgo, la medicina (aunque sí, en parte, la psiquiatría, como bien vió Foucault) o la sociedad rural (aunque no tan claramente la urbana, y menos aún la moderna.)

Habrá excepciones en las que sí exista descompensación en estas "relaciones de poder", por abuso o perversión de este poder, y que por ello, rompan esa "orgánica simbiosis"; pero a este respecto, conviene tener muy presente la diferencia entre regla y excepción, porque yo creo percibir un sesgo importante, y no desprovisto de maliciosidad, en la confusión entre ambas que suele cometer el neo-marxismo, empeñado como está en subvertir todo lo subvertible y en cuestionar todo lo cuestionable (lo cual es lícito siempre que el cuestionamiento no vaya ineluctablemente seguido de la condena, como parece ser el caso.)

La otra pregunta importante que nos debemos hacer, y que no sé si se la hicieron en algún momento los estructuralistas o los miembros de la Escuela de Frankfurt, es igual de crucial que la anterior para la cuestión que estamos abordando: ¿Es el poder prescindible, al menos parcialmente, o es necesario, para el desarrollo de las sociedades y la civilización? Porque si es necesario, y a mí me parece indiscutible que lo es, juzgaríamos la crítica que realizan estructuralistas y "marxistas culturales" como un ejercicio, en gran medida, futil, y en gran medida, gratuito; de lo cual se seguiría impepinablemente que se trata, también en gran parte, de una crítica en ningún modo constructiva, y de un puro ejercicio de "cuestionar por cuestionar".  

Pero dejo ya al juicio de cada cual dar el siguiente paso, y calificarla sin ambages de "crítica destructiva", o incluso de "puro mecanismo de disolución" ( Huelga mencionar que yo no iría tan lejos puesto que, como ya he hecho notar, algunos aciertos sí tuvieron quienes participaron de este ejercicio, en parte nihilista y categórico, en parte revelador y minucioso.)


Como conclusión, insistir en esto último, en que ustedes obtengan sus respuestas por sí mismos. No es mi intención aquí sentenciar, sino plantear preguntas y adelantar algunas impresiones por mi parte, que puedan resultar útiles para el discernimiento entre lo que es "trigo" y lo que es "paja" (o hasta "malas hierbas") pero de ningún modo condenar categóricamente el estructuralismo, el neo-marxismo, o el concepto de violencia estructural (aunque sí me parecería vital sustituir el término "violencia" por el término "poder", pues veo en esa mera cuestión lingüistica una de las claves detrás de la radicalización del concepto que lleva a un claro fanatismo, y a una visión cuasi neurótica y paranoide, en quienes se han hecho eco de esta teoría sociológica.)