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lunes, 6 de julio de 2015

LA ÉTICA, LA LEY, Y LA EXCEPCIÓN (Anexo)



Tras la publicación de la anterior entrada, titulada "La ética, la ley y la excepción", se ha iniciado un debate sobre "qué es y qué no es el liberalismo". Es cierto que debí, seguramente, haber delimitado con más detalle mi postura ante esa cuestión, pero creí que eso supondría alargar el texto en exceso. Por ello he redactado este anexo.

Ante mi afirmación de que la definición de liberalismo que hace Juan Ramón Rallo es algo conveniente, o por lo menos, no del todo honesta, liberales de pro me afirman a su vez que "por supuesto que el liberalismo es eso. ¿Qué iba a ser si no?". Mi respuesta a esto es llanamente que Rallo puede decir lo que le venga en gana. Y que justo porque dice lo que le viene en gana, elige hacer mayor hincapié que otros en los principios libertarios como "marco en el que desarrollarse distintas tendencias", y por eso le valoro más que a esos otros. (No sólo por eso, pero principalmente.)

Ahora, por más que diga él o quién sea, los liberales siempre han hablado de "libertad en abstracto" buscando, en realidad, persuadirnos de las bondades de UNA MUY CONCRETA; y así, hacernos pasar a todos por el aro del sacrosanto mercado, la sacrosanta propiedad y los sacrosantos contratos. No digo que nos pretendan engañar necesariamente (habrá de todo). Yo estoy seguro de que la mayoría de ellos lo hacen de buena fe, y porque están firmemente convencidos de que ese es el mejor modo de solucionar nuestros problemas. Pero lo cierto es que eso es lo que ha sido el liberalismo hasta ahora, y no otra cosa. (Yo estaría encantado de que empezara a ser aquello tan "neutro" que predican). 

Y lo mismo ocurre con el economicismo, el atomismo, etc...Pueden negar cuantas veces quieran esas acusaciones, pero tan pronto las niegan se ponen otra vez a parlotear cuatro horas seguidas de economía.. y más economía.. como si en esa dimensión del quehacer humano se hallasen todas las claves y todas las soluciones. 

El liberalismo es economicista, por más que se quiera negar. Su obsesión por supeditarlo todo a la economía, de hecho, roza lo patológico, al menos a mi humilde entender. Muestra de ello es que el Instituto Juan de Mariana se precia de cumplir la misma regla que la Academia de Platón, sólo que poniendo en el lugar de la geometría a la economía.

En resumen, que si los liberales realmente apuestan por la diversidad y la voluntariedad antes que por un sistema político-económico concreto, ¿por qué ninguno, absolutamente ninguno de ellos propone otro modelo que no sea el del laissez faire, laissez passer? ¿Por qué insisten tanto en las bondades del librecomercio y del emprendedurismo (individualismo) si, supuestamente, lo que defienden no es un modelo sino "un marco para modelos de lo más diverso"?
(Al parecer, sí hay uno de ellos por el que se inclinan más que claramente.)

Y ya, para terminar mi alegato: ¿Como puede resultar válido el término "liberalismo" para definir esos principios de escrupulosa voluntariedad cuando anarco-capitalistas de renombre señalan a esa escuela (la clásica, se entiende) como el mayor enemigo de todo libertario?

...............................

Una vez concluido el alegato, vuelvo al terreno que más me preocupa: la transversalidad en la lucha libertaria.

¡Y es que se supone que miramos todos en una misma dirección, y por ello nos calificamos de libertarios! 
...Mutualistas, capitalistas, ruralistas, urbanitas, modernos y reaccionarios. Todos libertarios.
No es esa la única dirección en que miramos, lo que se desprende de los nombres adjudicados a esas "familias". Padecemos bizqueras distintas, por tanto. Pero un ojo debe estar mirando siempre en la misma dirección que el resto, o al menos, eso es lo lógico y lo deseable. 

¡Ya tenemos, pues, más en común que otros clanes con disputas familiares internas!

¿Pero como fiarse, aun así, de que verdaderamente estamos persiguiendo el mismo objetivo? 

Ese es nuestro principal escollo en el tan buscado y necesario diálogo trans-libertario: Desconfiamos todavía de la sinceridad del resto de las "familias". Los mutualistas no ven que los capitalistas estén tan comprometidos como ellos contra la opresión. Ambos tienen distintas manera de entender su naturaleza y sus grados. Y los capitalistas tampoco están nada convencidos de que los mutualistas proclamen una genuína libertad. Estas reservas son perfectamente entendibles. Por eso mismo quiero hacer esta crítica constructiva, no exenta de cierta mala leche, pero en todo caso, con la mira puesta siempre en el acercamiento de posturas, presidida -creo que esto es necesario- por la racionalidad, y huyendo como de la peste del ad hominem, del argumento moralizante, y de la descontextualización tramposa que degenera en chantaje emocional (y en esto sí debo señalar principalmente a la izquierda), porque todo eso no hará sino embarrar y empobrecer enormemente cualquier debate que pudiera llevarse a cabo en un futuro.

lunes, 10 de noviembre de 2014

"EL MIEDO A LA LIBERTAD" (1ª parte)























El miedo a la libertad, en sus diversas formas, siempre ha estado ahí.

Y siempre estará. Las tentaciones represivas, censuradoras, silenciadoras.. Las cruzadas contra esto o contra aquello son una constante en la Historia Humana y una piedra con la que no parecemos cansarnos de tropezar.

Una de las principales formas que adquiere este recelo es limitar, de muy distintas maneras, la libertad de opinión. Ya sea por motivos religiosos, morales, patrióticos, o culturales, y dependiendo de qué grupo ostente la hegemonía en cada momento, se vetarán unos tipos de opiniones y no otros. Cuando la hegemonía la tiene la Iglesia y las clases altas, las ideas antireligiosas, comunistas y anarquistas son las más perseguidas. Cuando la hegemonía es de la social democracia y el "izquierdismo blando", lo más imperdonable, y condenado desde todos los púlpitos, es el tradicionalismo, el "izquierdismo duro", el fascismo, y todo lo que "suene violento a nuestros delicados oídos". Cuando el fascismo y el comunismo estuvieron en el poder, casi cualquier cosa distinta del ideario "del partido" estaba, no únicamente mal vista, sino penada muy severamente. La diferencia entre esos regímenes totalitarios y las "democracias" de hoy es que estas últimas han perfeccionado magistralmente, porqué no decirlo, los métodos de censura y condena; ya no es necesario cerrarte el periódico o encarcelarte, basta con usar el aparato mediático, en tan estrecha relación con el poder político, para silenciarte y exiliarte de facto sin siquiera expulsarte del país.

Ya he manifestado en anteriores artículos que la cruzada, por ejemplo, contra el antisemitismo y el fascismo, en sus diversas formas, no ha hecho sino agravar el problema que, supuestamente, pretendía resolver; pero claro, pretendía resolverlo enterrándolo y lanzando al "infierno de los réprobos" a quién pretendiera hablar de ello, cuando no encarcelándolo, e incluso secuestrando sus publicaciones, ¡y hasta quemando sus libros! -¿Quién nos iba a decir que, en nombre de la lucha contra el totalitarismo nazi, se iban a acabar produciendo las mismas escenas que se produjeron a manos de los propios nazis?- 





¿No hemos aprendido nada? 

La respuesta es, claramente, que ¡No, no hemos aprendido nada! La prueba la tenemos delante de nuestras narices: Los partidos que se reconocen en mayor o menor medida en el Nazismo y los llamados Fascismos no hacen sino crecer, y las teorías más disparatadas sobre la "conjura judeo-masónica" no paran de extenderse a más y más sectores. Ya lo he intentado explicar en numerosas ocasiones: La censura sólo evidencia miedo por parte del que la ejerce, y el censurado percibe inmediatamente ese miedo como lo que es, una debilidad del que ahora marca el rumbo de la opinión pública, y esta debilidad será siempre su fortaleza, pues se agarra al argumento de que "le silencian porque tienen demasiado miedo a su verdad". 
Y cuanto más empeño pongan en silenciarle, más crecerá, entorno a él, el romanticismo del proscrito, de la "minoría informada, siempre tan temida por quienes desean ocultar información." 
Tal como dije la otra vez que me referí a la libertad de expresión, ¿a qué le tenemos miedo? Si los argumentos de los fascistas, los comunistas, los anarquistas, los carlistas, ¡los que quiera que encarnen en un momento dado el mal absoluto!, son tan erróneos como decimos, será exponiéndo estos ante el criterio público (en todo su espectro cultural, y de comprensión) cuando se muestren cuan pobres son, E INMEDIATAMENTE, QUEDARÁN DESACTIVADOS.

EL AIRE FRESCO ES SIEMPRE BUENA RECETA
LA LUZ DEL SOL ES EL MEJOR REMEDIO CONTRA TODOS LOS MALES, Y TODOS LOS ACHAQUES.. 
PARA BARRER TODAS LAS SUPERCHERIAS Y MANIAS, PARA DISCRIMINAR ENTRE LO VALIOSO Y LO DESECHABLE.
............

¿Qué creen, que si el partido comunista de España estuviera prohibido no tendría muchos mas seguidores? Justo eso fue lo que se evidenció en el paso del Franquismo a la "democracia", la llamada transición, que muchos preferimos llamar transacción (por no usar términos más feos) El Partido Comunista era, además de casi el unico que vehiculaba la oposición al Régimen, una formación que contaba con enormes cantidades de afiliados y simpatizantes entre la clase estudiantil y los intelectuales progresistas. ¿Qué ocurrió una vez fue legal? Pues que los votos recibidos en cada elección fueron menguando hasta convertirse en una fuerza casi marginal. "Qué hubiera ocurrido si no hubiese sido legalizado" es un ejercicio de ucronismo nada fácil, pero me atrevo a aventurar que, al igual que los herederos de los derrotados fascismos, hubieran conservado aquel halo de romanticismo y rebeldía que despierta como nada, en la gente, la adhesión más visceral y menos racional, esto es, la de tipo más sentimental, si no abiertamente pasional (por no usar, de nuevo, términos menos generosos)

El miedo a la libertad se evidencia del mismo modo cuando nos referimos a cuestiones como la unidad nacional, el control del estado (eje democracia/autoritarismo), y el conflicto individuo/comunidad.

Yo tengo una respuesta muy clara y muy tajante al problema, tan de actualidad en el caso español, de la unidad del Estado. Sé que no es del agrado, como es previsible, de los nacionalistas de cualquier signo, pero para mí, toda esta encrucijada, tiene una tremendamente sencilla salida: ¡Dejar que las cosas sean por sí mismas, y que desemboquen donde deban desembocar, de manera espontánea! Sin querer otorgarles...nombre, categoría, y mucho menos, UNIVOCIDAD. 
¡Que lo vasco sea español y lo español vasco! Y tres cuartos de lo mismo con lo catalán, lo gallego, o lo portugués. La insistente manía de querer que las cosas sean como pensamos que deberían ser es lo que nos ha llevado a todas las causas perdidas, derrotas estrepitosas, ridículos y sinsentidos. Cuando Franco se empeñó en que lo vasco y lo catalán tenía que ser tan español como lo castellano o lo andaluz, porque él creía que lo habían sido, o que deberían serlo, o que habia una conjura judeo-moscovita para que se rebelaran contra la idea de serlo, ¡Da igual!, se trató del mismo caso de "ingeniería cultural voluntarista" que el de los nacionalistas vascos y catalanes pretendiendo "eliminar los rastros de españolidad" que ellos creían ver (lo cual siempre estará sujeto a perspectivas y es tan dificil de delimitar, o sostener argumentalmente, como aquello anterior de "tan español como lo castellano o lo andaluz", ¿qué diantres significa eso? )


Y ya, más específicamente sobre la unidad y los metodos para lograrla (ya se refieran a la unidad de España, en este caso, o de los países que pudieran surgir de su escisión en un futuro) ¿Por qué presuponemos que es bueno mantener las naciones-estado unidas, y cuidar de que no se disgreguen, llegados a un extremo, hasta alcanzar el modelo cantonal, o la fragmentación absoluta en decenas, cientos de micro-paises totalmente independientes?

¿Por qué presuponemos que el Estado -grande y centralizado, o si somos más racionales, de tipo federal- es bueno en sí mismo, o es mejor que el micro-estado? 

Eso nos llevaria, creo, demasiado tiempo, y nos desviaríamos del tema del ensayo, "el miedo a la libertad". Y como este es el mal, la baja pasión, que me he propuesto diseccionar, quiero enfocar el problema sobre la indisolubilidad del Estado, de la Nación, desde esta clave, y no desde otra. Es este, pues, el momento en que hago la pregunta que considero en el núcleo duro de esta cuestión, y me dirijo con ella a los patriotas, y adalides de "la unidad del estado a cualquier precio" (sea de España, de Euskal Herría, o de los Paixos Catalans):

Si tan incuestionable es la unidad cultural de vuestra nación -la que considerais vuestra nación- ¿Qué temeis en su disgregación política, estatal, meramente administrativa?

¿Destruiría esa división gubernativa su unidad cultural, o se encontraría, cuando menos, en serio peligro?
No será entonces tan indiscutible, tan objetiva, la idea nacional que defendeis, cuando, al menos en un nivel cultural y social, no resiste un mero cambio administrativo (Sí, sé que aquí abuso del juego argumental, pues bien sabemos que es algo más que "un mero cambio administrativo"... Aunque siendo sinceros, no tanto más.)

Zanjado este problema, a grandes rasgos y preliminarmente, quiero encaminarme hacia una última cuestión, y esta es, como adelanté, el conflicto individuo/comunidad, y democracia/autoritarismo. Cuando nos encaramos con grandes problemas de índole socio-cultural, -la pérdida de valores, el individualismo, los conflictos familiares, los enfrentamientos sociales, la inmigración- Siempre confiamos más en el control del Estado que en la espontaneidad de la respuesta social para solucionarlos -o al menos, no agravarlos, y mantenerlos a raya- Pero digamos las cosas a las claras, porque si no vamos a estar dando vueltas y sacando de la manga recetas, a cada cual, más errática. El recelo ante la espontaneidad, ante el curso natural de las cosas, y su capacidad para enmendarlas con razonable éxito, es lo que nos  lleva a proponer inacabables medidas legislativas, y a todo ese erratismo, ¡siempre recurriendo al brazo del Estado!, que rara vez soluciona algo, si no lo empeora ostensiblemente.

Y cuando hablé de "decir las cosas a las claras", ya se imaginarían que apuntaba a una cuestión no demasiado cómoda de reconocer, aunque en extremo obvia. Me refiero al error de pensar en los problemas de la gente común desde la mentalidad del intelectual, del profesional liberal, el artista, el científico, o cualquier otra profesión destacada, pues son mentalidades esencialmente distintas. Y con esto quiero decir que todo grupo que sobresale, ya se llame aristocracia, clase política, empresarial -o los gremios del cine, la literatura, y las artes- siempre se sentirá mucho más identificado con las élites correspondientes de cualquier otra nación, o continente, que con la masa, la gente común -sin ninguna connotación despectiva- de su propio país. Esto es un hecho evidente e insoslayable, por más violento que nos resulte admitirlo, inmersos en la era triunfal del pensamiento fofo y buenista. Y es esta la razón de que, en primer lugar, no confiemos en la capacidad de auto-organización y sentido común de las masas, y asímismo, erremos el tiro de manera tan reiterada cuando proponemos, desde nuestra grandilocuencia, una serie de normas muy bienintencionadas, y perfecta expresión de nuestra arrogancia "iluminista" -al más viejo estilo "Todo para el Pueblo, pero sin el Pueblo"- Ya sea desde idealismos igualitaristas (como los feminismos, multiculturalismos, y todo tipo de homogeneizantes) o diferencialistas (esto es, toda clase de nacionalismos, etnicismos y racialismos "demasiado convencidos de su película".)

Por tanto, este debiera ser el clamor más general:

¡NO MÁS INGENIERIAS SOCIALES!

¡Dejemos de jugar a la Demiúrgia! ¡Dejemos atrás de una vez los "iluminismos"! 
¡Cometamos el último atrevimiento, y renunciemos de una vez al idealismo!

Porque otro error en que frecuentemente caemos -y tiene que ver, de nuevo, con la oposicion élites-masas- es que formamos nuestros juicios sobre la capacidad de influir en el individuo medio basándonos en nuestra propia experiencia, ya pertenezcamos a ese grupo o a otro. Y aquí, es también insoslayable que, mientras estemos por encima de la media, vamos a ser, por regla general, mucho menos influenciables que alguien de nivel intelectivo o cultural inferior (Aunque también hay otro baremo, que sería lo que llamamos "personalidad", y  tiene que ver con la insobornabilidad que muestra cada uno, más allá de su instrucción o coeficiente intelectual, ante influencias externas, vengan de la calle, de los medios, o de la política.)

Esta será, pues, una prevención que nos vendrá muy bien cuando queramos ser algo más objetivos sobre "qué es y qué no es" capaz de influir en una gran masa de población, y aquí confluirían fenómenos como el consumismo, las burbujas (inmobiliarias y de todo tipo) y las diversas, ya mencionadas, ingenierías sociales (por la izquierda o por la derecha... igualitarias o diferencialistas.)


                                                *

En realidad, el último asunto que debiéramos abordar es el de las drogas, pero en este punto, me tomo la licencia de remitirles a la opinión del mayor experto en este tema de todo el Globo, Antonio Escohotado, sobre la que no tengo nada que adjuntar, ni que refutar, pues el peso y la coherencia de sus argumentos son de tal firmeza que ¡ni una sóla coma cabe añadir!





lunes, 29 de septiembre de 2014

"LIBERTARIOS, HISTERISMOS.. LUCES, Y SOMBRAS."




Dos de los foristas con los que debato habitualmente en mi grupo de fb van a celebrar el librito que me he leído esta tarde. Pero también lo van a celebrar sus "enemigos ideológicos", puesto que ahora puedo discutir sus tesis con más conocimiento de causa.

El libelo en cuestión es el "Manifiesto Neo-Libertario" de Edward Konkin III
Diré que, después de leerlo, me siguen llamando la atención ciertas peculiaridades de este pensamiento (anarco-capitalismo). En primer lugar, el reiterado hasta el hartazgo principio de no agresión (NAP) que, cuando te paras a pensarlo, tiene una dimensión bastante ridícula, y a mi, particularmente, me hace recordar aquel hit ochentero del "Can´t touch me"..  Al final, o en el fondo, tiende a cierto histerismo..

 -"¡Me agredes, me agredes!"- Ja, Ja, Ja, Ja!! 

Esto se halla, obviamente, vinculado el otro eje central, que es el individualismo, y del que convendría resaltar algo que dice Alain de Benoist, en lo que yo también aprecio fundamento, y que no será del agrado de los liberales. El pensador de la Nouvelle Ecole llega a la conclusión de que este individualismo tiene una raíz en el concepto de "salvación individual" cristiana. De ahí que el Calvinismo, que hizo especial hincapié sobre esta idea, hiciera tan buenas migas con el Liberalismo.

[Nota: Por lo visto, dentro de esta escuela, los más LOCOS son los randyanos. Se ve que, entre estos últimos, hay un tal Gary Greenberg que defiende dispararle a un niño que intenta robar golosinas. Esto, sea con más o menos dosis de provocación o "enfanterriblismo", evidencia en cualquier modo una sacralización de la propiedad que a menudo deviene patológica.]


Pero no me quedaré sólo en las críticas -justas críticas, según yo lo aprecio- sino que, en mi firme vocación objetivista, debo reconocerle no pocos méritos a este manifiesto. (Quiero huir del papel de "mercenario de las ideas" que sólo busca "desmontar el discurso del enemigo", papel enormemente extendido, pero no por ello menos deshonesto, y del que algún día deberían empezar a avergonzarse tantos y tantos que siguen ejercitándolo sin el menor pudor) Entre esos méritos, pues, cabría destacar una muy certera descripción de los mecanismos de la economía sumergida, y de como se enfrenta, o incluso derrota, al Estado (resulta de especial valor la división entre mercado negro, gris y rojo*) ; y en la misma línea, un acercamiento envidiáblemente claro y conciso a los mecanismos de presión sobre el ente estatal, y a las posibles respuestas y contra-respuestas de los opositores libertarios.

*Según las categorías que establece Konkin, el mercado negro sería el que ya todos conocemos, el gris el que se mueve en la alegalidad y los llamados delitos de cuello blanco, y el rojo se referiría al controlado por mafias, que con gran acierto, las considera "el Estado dentro del mercado negro", ciertamente, un trasunto de este allá donde la ley no llega.

Quizá el valor más imperecedero de este texto es la forma en que sabe transmitir la "esencia del modelo de vida anarquista", y que además, de algún modo se eleva por encima de la división pro o anti-mercado. No sabría explicar como logra tal superación, pero ciertamente lo consigue, a través de imágenes que saben alcanzar los rincones más profundos de nuestra capacidad de abstracción.

Pero volvamos a las críticas, porque en sus conclusiones, el autor nos llega a decir,  que en la sociedad que propugna NO HABRÁ GUERRAS - Y ESTO, UNAS POCAS LÍNEAS ANTES DE NEGAR EL CARACTER UTOPISTA DE SU ALTERNATIVA- (Que no habrá guerras, al no haber ejército, se entiende) Pero claro, primero habría que saber si, en ese supuesto, su modelo se habría implantado sólo en un país o en todos los que le rodean (no creo que haga falta explicar porque) Pero, aunque supongamos que lo está, no sólo en las naciones vecinas, sino en todas las que, por aire, mar o tierra, pudieran atacar a la primera ¿Realmente vamos a creer que, por el hecho de no existir ejércitos estatales, la gente va a dejar de guerrear? Es cierto, sí, que gran parte de las guerras de hoy parten de intereses de los Estados y de "sus amigos", esto es, de la oligocracia. Pero no es menos cierto que las animadversiones y toda clase de conciencias retribucionistas son una constante entre países vecinos, o no vecinos.

...Y que no se me quede en el tintero uno de los argumentos más paradigmáticos de TODO PENSAMIENTO DOGMÁTICO, y que no he podido sino sonreirme al leerlo. Y es que el autor se lanza a predecir que, en una sociedad anarco-capitalista, incluso la estructura jerárquica de las empresas se vería muy mermada, siendo que dicha estructura es una imitación del Estado más que del sector privado ¡La culpa siempre es del Estado! ¡hasta en lo más insospechado! Ja, Ja, Ja!! 
...Cambien ustedes "Estado" por "burguesía", "masonería", "judería", "SATANÁS"... 
¡Y tan sólo cambiando de chivo expiatorio modélico, han cambiado el modelo de pensamiento entero! 

-Como digo siempre, todo ismo tiene un oscuro rincón en que se precipita sin frenos hacia el conspiracionismo.-


*

Quede, para finalizar, mi agradecimiento al autor por citar tan pocas veces a Mises y Hayek, estando tan acostumbrado al abuso que se hace de esos dos autores por parte de sus correligionarios, hasta el extremo de resultar ciertamente cargantes, y preguntarse si no tendrán más autores de los que hacerse eco (lo cual hablaría, en cierto modo, de la "pobreza" de esta escuela, o siendo menos malévolos, de su carácter más bien embrionario.)







viernes, 8 de agosto de 2014

"SOBRE EL ESTADO Y LA LIBERTAD, Y SOBRE LO IDEAL Y LO REAL"




Últimamente he abandonado mi sana costumbre de leer unas decenas de páginas cada día, (costumbre que, confieso con cristiana culpa, siempre fue intermitente) Seguramente algo tuvo que ver la aridez y densidad de "Dios y el estado", que no sé si algún día conseguiré terminar.

Pero sin embargo, me he enganchado a unos cuantos conferencistas, encadenando sin descanso un video tras otro. Y a pesar de esa "tregua" mía con las letras, al final estuvo el origen de mi "viaje" en ese pesado texto de Bakunin, pues enlacé las disertaciones del lúcido Felix Rodrigo Mora (el más cercano al filósofo ruso) con las de los igualmente lúcidos Antonio Escohotado o Almudena Negro (libertarios pro-mercado)

Debo confesar también que las reflexiones suscitadas por estas mentes preclaras me han vuelto, quizá, más anarquista que nunca antes, y añado, no sin sano orgullo, que también menos dogmático. 

El Mercado no es malo en sí. Hace un tiempo le comentaba a un colega que "realmente, no hay que ser anti-nada, ni siquiera anti-capitalista" -a pesar de ser el ideologema conductor de toda mi reflexión política- pero más que por qué el capitalismo sea mejor o peor, por qué, en cuanto te defines como "anti-cualquier cosa", ya estás cortando a tu raciocinio posibles vias de desarrollo. Si el Mercado, o la libre competencia, entraña problemas objetivos, y concretos, a eso es a lo que debemos atender, pero no partir de un ideologema que dice "esto es malo o erróneo en todos los casos" (lo mismo para el Estado en el caso de los libertarios, igual de izquierda que de derecha) Antonio Escohotado suele resaltar algo que lleva obsesionándome un tiempo y que está en la raíz de esto: La política, y las Ciencias Sociales, deben trabajar CON LO REAL, NO CON LO IDEAL. Cuando partimos, por ejemplo, de esa idea que es hoy epidémica -el Igualitarismo-, jamás vamos a conseguir respuestas satisfactorias ni "recetas" que funcionen a largo plazo, más bien nos daremos de bruces contra un muro, y luego tras otro (el muro es LA REALIDAD) sin explicarnos en qué hemos fallado.. La inercia propia de este axioma es huir hacia delante "¿Será pues que aún estamos poco ´igualados`?" Por supuesto, una mente poseida por este apriori dificilmente se planteará que es el apriori el que falla, por ello la respuesta no puede ser más que ahondar en el error, y agravarlo, una vez tras otra... y así hasta que todo colapse (como le ocurrió al Bolchevismo y le ocurrirá a los monoteismos)

Me empiezo a plantear seriamente si el PROBLEMA, el verdadero problema, no es el Capitalismo o el Estado, sino justamente la connivencia entre ambos. Tampoco es que me esté tentando la cosmovisión anarco-capitalista, ahora tan en voga, pues siempre desconfío de las "recetas mágicas" o unívocas, que pretenden dar solución a todo (o casi todo) con un único y estrecho paradigma.. 
..que caen en la arrogancia de reducir la complejidad de la naturaleza del Hombre y sus modos de relacionarse a unas premisas que pretenden ser válidas en todos los casos, en todos los tiempos, y en todos los meridianos.

Sí pienso, por el contrario, que la libertad individual es un bien que, sin ensalzarlo como absoluto o supremo, debemos siempre cuidar con extremado celo. Para mí el Liberalismo no es un planteamiento que deba estar en el centro de la reflexión política, sino más bien un "faro moral" (según exige el momento, más urgente o más postergado) pero siempre una brújula, una "alarma" que nos prevenga de tentaciones para-totalitarias.

Y sigo haciendo hincapié en la perversidad de los valores absolutos, del ideal frente a lo real.

¿No se da cuenta nadie de que, cuando los revolucionarios franceses entronizan a la Diosa Razón, están en ese mismo momento enterrando LA RAZÓN CONCRETA y cotidiana? ¿No es cuando se ensalza la Libertad con ´l` mayúscula, cuando más persecuciones se desatan, cuando más se oprime la libertad efectiva? (Y sobre todo, cuando olvidamos lo que es la genuina libertad, que muy lejos del "haz lo que quieras", está indisolublemente unida al concepto de responsabilidad) ¿No es, al final, cuando ensalzamos al individuo sobre todas las cosas, cuando más negamos al individuo real (muy distinto del individuo abstracto que sólo existe en nuestra imaginación, pues el real siempre depende de categorías supra-individuales)?

*

Hablaba antes de la inercia de los ideologemas. El ideologema no es más que una micro-ideología, una "rutina de pensamiento" instalada del mismo modo que un programa. Cuanto más abierto esté a constante revisión, menos tendrá de cómoda rutina, y más de genuino amor por la verdad. Cuanto más cerrado se muestre a posibles cuestionamientos, mayor su carácter dogmático, y  en esencia, irracional.

Pero ahondando en mi renovada conciencia anarquista, y en la luz que arrojan sobre el problema del Estado todos estos pensadores, me surgen en los últimos días unas cuantas preguntas de gran calado:



¿Como nos hemos podido tragar el cuento del "estado protector"?

¿No nos hemos dado aún cuenta de que, si delegamos nuestra responsabilidad para con nosotros mismos, Y PARA CON NUESTRA COMUNIDAD, en un ente "benefactor", nos convertimos a la larga en absolutos inútiles funcionales?

Combinemos esto con el consumismo, los medios de id(ea)iotización masiva, y el hedonismo y ombliguismo creciente: ¿Pero como no nos van a "conquistar" los chinos, los indios, o los turcos? Si nos hemos convertido en sub-humanos contemplativos, cuasi vegetativos, en piltrafas que, puestos ante una situación de excepción (y en las próximas décadas, no serán pocas) seguiremos lloriqueando a "papa estado" para que nos rescate de nuestra apabullante ineptitud en cuidar de nosotros mismos.

No se equivoquen, no estoy optando por la "solución del Mercado" -que todo lo equilibra y lo pacifica según no se sabe que ley pseudo-darwinista- Estoy llamando a la alternativa de COGER EL TORO POR LOS CUERNOS, de decirle, tanto al Estado como al Mercado, "NOSOTROS TOMAMOS LAS RIENDAS DE NUESTRAS VIDAS", pero como no me canso de insistir, NO COMO SERES ATOMIZADOS -individuos libres abstractos tan capaces como el mismo Prometeo- sino como seres reales, y por tanto comunitarios, QUE SE RESPONSABILIZAN DE SUS VIDAS INDIVIDUALES PRIMERO, PERO TAMBIÉN DE SUS PEQUEÑAS COMUNIDADES (las únicas que realmente conocen, a diferencia de abstracciones como la raza, la clase, o la nación)

¿Quiere ser usted "un capitalista", un empresario? Nadie tiene porque impedírselo, a no ser que en el transcurso de su actividad, su obrar se oponga visiblemente al bien común, y entonces NOSOTROS, no "el Gran Hermano", tomaremos cartas en el asunto. ¿Como? Eso es materia de otra reflexión que no toca ahora.

Pero si usted quiere vivir de modo mutualista, si usted toma la iniciativa de crear junto a sus vecinos sus propias instituciones, su propia policía voluntaria, o incluso milicias populares; si deciden comprometerse cada uno de ustedes al cumplimiento de las normas consensuadas, y responsabilizarse, en definitiva, de la estabilidad y seguridad de su patria chica en vez de delegar en el ente estatal, debe usted poder hacerlo. Y que no le digan que es una utopía o un sueño inalcanzable, pues en realidad, ha sido más habitual en la historia humana este modo de organización que el estado centralizado.

¿No serán ellos, pues, los "hombres de estado", los que un día tendrán que despertar de su sueño megalómano, de su monstruoso delirio mesiánico?


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Creo además que todo esto que planteo no es sólo lo que debería ocurrir, sino LO QUE VA A OCURRIR, los seres humanos estamos hartos de que se constriñan nuestros naturales modos de ser y organizarnos. Estamos, cada día que pasa, más curados de los dirigismos y los trileros, del Estado o del Mercado. Nos han engañado tanto TODOS que sólo podemos confiar en nosotros mismos 
-Reitero, no "nosotros mismos: individuos aislados", sino nosotros mismos agrupados COMO A NOSOTROS NOS PLAZCA (no como a "ellos" se les antoje VETE A SABER CON QUÉ PROPÓSITOS)-

¡Por el anarco-tradicionalismo y el estado polimorfo! ¡Por el fín de las "recetas mágicas" y la sumisión de la realidad al ideal! ¡Recuperemos lo concreto, lo diverso, y huyamos de lo unívoco! 

¡VIVA LA REALIDAD, MUERAN LOS ÍDOLOS RELIGIOSOS Y SECULARES!

¡ENTERRAD LAS TEORIAS, Y EN SU LUGAR VERÉIS SURGIR...

.. LA VIDA!
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