Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
Mostrando entradas con la etiqueta Nacional-Socialismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nacional-Socialismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de julio de 2015

"La acción humana".

¿Quienes han estafado realmente a los ciudadanos,
"los mercados" o los propios gobernantes griegos?
¿Y no es justamente porque hay cierta democracia que se 
puede responsabilizar también en parte a los ciudadanos?
El siempre conveniente
enemigo lejano: la banca,
 la judería, el comunismo...
internacional.

Hay un consenso creciente sobre que los gobiernos están sometidos al poder financiero. En el mejor de los casos es una verdad a medias. Pero lo más reseñable radica en ser una muy conveniente desde cierto punto de vista; desde el particular prisma de quienes ansían mayor control sobre nuestras vidas.

Tal relato a menudo presenta al político como un elemento pasivo, casi como si estuviese atado de pies y manos. Esto es una imagen por completo engañosa, y como hemos dicho, sospechosamente conveniente. Todos los indicios apuntan en otra dirección: Nuestros gobernantes actúan del modo en que actúan porque están igual de interesados en medrar que sus "allegados" en las altas finanzas, la industria o los medios. 

Una vez constatado eso, la diatriba suele estar entre pensar que quienes marcan el rumbo son los bancos o que, por el contrario, son los políticos. Lo que ocurre en realidad se acercaría más a una alianza donde ambas partes, como digo, tienen mucho que ofrecer y mucho que ganar. 

Otra cosa que se debería aclarar es que no pueden ser nunca TODOS los banqueros, industriales, etc. quienes tienen el control en TODOS los paises. Resultaría ciertamente estúpido que unos tipos que tienen privilegios monopolísticos, fiscales o de otra clase, decidiesen compartir esas ventajas COMPETITIVAS precisamente con sus COMPETIDORES.

«Una misma disposición cabe favorezca a unos y perjudique a otros. (...) Pueden, desde luego, los privilegios que el Estado otorga favorecer los intereses de específicas empresas y establecimientos. Ahora bien, si tales privilegios se conceden igualmente a todas las demás instalaciones, entonces cada empresario pierde, por un lado (...) lo mismo que, por el otro, puede ganar. El mezquino interés personal tal vez induzca a determinados sujetos a reclamar protección para sus propias industrias. Pero lo que indudablemente tales personas nunca harán es pedir privilegios para todas las empresas, a no ser que esperen verse favorecidos en mayor grado que los demás.»

(Ludwig Von Mises, ´La acción humana`.)


Creo que hay una cosa que debería empezar a quedarnos clara. Y es que, mientras apostemos por darle más poder al Estado, o tan sólo por mantener el que ya tiene, podrá privilegiar a unos o a otros, pero no podremos nunca escapar a esa fatal diatriba; no podremos nunca ofrecer al ciudadano más posibilidad de elección que la existente entre males de distinta clase; ni tan siquiera males mayores o menores: el baremo será cualitativo, pero difícilmente cuantitativo.

Ahí es cuando se nos revela, al menos para algunos, la naturaleza intrínsecamente perversa de intentar orientar la acción humana en un sentido o en otro. Debiéramos hacernos la pregunta que entraña el verdadero núcleo de todos estos conflictos éticos que tanto se resisten a resolverse, o a lograr un consenso general: 

¿Puede ser la libertad, por sí misma, culpable de algo?
----------

La máxima expresión de aquella fatal arrogancia de buscar orientar la acción humana, no cabe duda, la encarnaron el totalitarismo soviético y el totalitarismo nacional-socialista.
Y por más que los historiadores e intelectuales de izquierda se empeñen en vincular el segundo de estos regímenes "al capital", o incluso los más lanzados de ellos hablen del nazismo como de "una estrategia desesperada" del mismo -como si éste fuese un ente con personalidad propia que toma unilateralmente decisiones-, lo cierto es que todo cuanto podemos decir es que algunas empresas, incluso importantes, llegaron a acuerdos con el gobierno nazi. Pero constituiría monumental falacia responsabilizar a un sistema, económico o político, de lo que decidan hacer unos cuantos de los actores que intervienen en, o se atienen a, tal sistema.

Una vez mostrada la conveniencia de esa tergiversación, podemos volver a centrarnos en todo aquello que de común tenían las dos cosmovisiones -siempre mucho más de lo que estarán dispuestos a reconocer sus respectivos herederos-. Lo que sabemos bien es que, tanto una como otra, se declaraban enemigas del modelo liberal, lo que venía a significar, en realidad, que eran enemigos declarados de la sensatez, de la racionalidad, de la historia, del progreso humano, y de la civilización (de esa misma gloriosa civilización europea que, al menos uno de ellos, venía a "salvar").

Parejos impulsos negadores y destructores, de parejas raíces plebeyas, fueron los manifestados por estos nuevos bárbaros de Occidente. La barbarie mostrada no podía ser otra cosa que plebeya, pues se instituyó en poderoso vehículo de las más bajas pasiones surgidas de los más bajos estratos de la sociedad, tanto en el sentido económico como en el cultural o intelectual.

Y por mucho que los nazis dijeran reivindicar lo aristocrático y tradicional, y algunos de ellos hasta pretendieran que se les viese como aristócratas, cuando ayer mismo eran plebeyos de la peor clase, no puede llevarnos ello a engaño, como no lo hizo con aquellos auténticamente imbuidos de la mentalidad tradicional y aristocrática que tenían un proyecto de III Reich bien distinto, en que sí primaba la grandeza de las auténticas élites y no la bajeza de las turbas furiosas. (Recordar, a este respecto, la opinión manifestada por los representantes de la Konservative Revolution o por Julius Evola sobre la naturaleza obrerista y plebeya del Régimen de Hitler.)

Tan sólo doy una muestra más de la intrínseca relación entre una cosa y la otra: ¿Puede existir siquiera una "barbarie aristocrática"? A lo sumo, podríamos observar en la historia la barbarie practicada por algunas noblezas por completo degradadas. Pero nunca veremos que la practice ni la aliente ninguna genuina aristocracia. De ella -de quién si no- es de donde proceden todas las que hoy tenemos por buenas formas.

«Es digno de notar que quienes más se exaltaron en ensalzar los salvajes impulsos de nuestros bárbaros antepasados fueron gentes tan enclenques que nunca habrían podido adaptarse a las exigencias de aquella "vida arriesgada". Nietzsche, aun antes de su colapso mental, era tan enfermizo que sólo resistía el clima de Engadin y el de algunos valles italianos. No hubiese podido escribir si la sociedad civilizada no hubiera protegido sus delicados nervios de la rudeza natural de la vida. Los defensores de la violencia editaron sus libros precisamente al amparo de aquella "seguridad burguesa" que tanto vilipendiaban y despreciaban. Gozaron de libertad para publicar sus incendiarias prédicas porque el propio liberalismo que ridiculizaban salvaguardaba la libertad de prensa.»

(Ludwig Von Mises, ´La acción humana`.)
Ludwig Von Mises, economista y filósofo
de la Escuela Austriaca.

Esa oposición virulenta al mundo que han alumbrado la Ilustración y el liberalismo, con la burguesía a la cabeza, tiene sentido hasta cierto punto. Yo me opongo con pareja vehemencia a muchos de los frutos de esa Modernidad; lo que no hago es reclamar que se subvierta por completo, que se arrojen todos sus frutos -buenos y malos- al basurero de la historia.

Durante mucho tiempo también me dejé seducir por esos fantasmas de insatisfacción crónica, ese fatalismo histriónico, esa pose de desprecio hacia todo y hacia todos.

Si uno los busca, desde luego, siempre va a encontrar motivos de desagrado en el mundo que le rodea. Muchos, de hecho, solemos tener los ojos más abiertos para todo lo negativo que hay en él que para todo lo que pueda haber también de positivo. Por eso dije antes que quienes se rebelaron del modo que lo hicieron contra CIERTO liberalismo y CIERTA modernidad, se rebelaban en el fondo contra la misma historia, contra la misma evolución cultural humana. Por ello acusé también a esos "rectificadores del rumbo de la historia", y acuso ya sin rubor a las ideas anti-capitalistas en general, de ser todas hijas del alma plebeya -en el sentido nietzschiano, aun enmendando a Nietzsche-, esto es: del rencor, del revanchismo, de la estrechez de miras, del moralismo empeñado en buscar culpables y víctimas. 
Y digo "en el sentido nietzschiano, aun enmendando a -o polemizando con- Nietzsche" porque sin salirme de su lógica, veo incongruencia en aquella parte de sus condenas (suyas o de sus seguidores) que se dirigen al mundo burgués en conjunto, cuando en todo caso debieran estar dirigidas a aquella parte más vulgar, más plana, más dócil, de lo que entendemos por "burgués". No guarda coherencia alguna el odio que muestran muchos de quienes se hacen eco de sus ideas hacia la riqueza en sí misma, por poner un ejemplo harto frecuente; como no la guarda tampoco la apelación al instinto primitivo de las clases bajas "enfrentadas" al "mundo de las finanzas" o a la "clase empresarial", como expresión de una cierta élite -en esto, los "nazi-nietzschianos" están hechos unos plebeyos y unos cristianos de cuidado-; siendo además éstas élites financieras y empresariales parte vital de la civilización que, bien que mal, ha posibilitado que estemos todos aquí, la mayoría de nosotros con las necesidades suficientemente cubiertas como para haber leído a incendiarios filósofos y poner en nuestra boca sus poco medidos -y en ocasiones, poco meditados- ataques contra esa misma civilización.

«A diario cabe trastocar las escalas valorativas y preferir la barbarie a la civilización o, como dicen algunos, anteponer el alma a la inteligencia, los mitos a la razón y la violencia a la paz. Pero preciso es optar. No cabe disfrutar, a un tiempo, de cosas incompatibles entre sí.»

(Ludwig Von Mises, ´La acción humana`.)

Errar el tiro es nuestra especialidad desde tiempos inmemoriales. Dirigimos nuestra ira hacia el libremercado, hacia los principios liberales y hacia las bases que sostienen eso que hemos llamado capitalismo, cuando quizá aquellos males de que somos conscientes se deben a otros factores más dispersos y menos identificables a simple vista. Pero claro, es mucho más fácil clamar contra las ideas que constituyen la base del mundo en que vivimos, las cuales son simples y diáfanas, que hacerlo contra hechos concretos, complejos, y que se pierden en el gran escenario del tapiz que llamamos realidad. Lo que primero percibimos es el marco de dicho tapiz, por eso buscamos culpar a esa sustancia primera in-formadora antes que a cualquier otra circunstancia más contingente. 
Es muy común, por ejemplo, meter en un mismo saco al sistema capitalista y a la política exterior estadounidense, cuando esto no resiste un somero análisis en sus más básicos silogismos. No se puede aducir como argumento el que algunas corporaciones con sede en USA hagan negocio con, y tras, muchas de las guerras llevadas a cabo por su gobierno. Del mismo modo que aquellas otras, algunas también norteamericanas, no vieron problema en hacer negocios con el Régimen Nazi; y del mismo modo que, como vimos en el comienzo de estas líneas, empresarios de diverso ramo se acercan al Estado, y éste consiente tal cercanía y el trato privilegiado que suele ir unido a ella. Para ubicar correctamente las situaciones o los procesos a los que nos estamos refiriendo es necesario ubicar primero el significado de los términos que para tal uso empleamos: "Capitalismo" es, en estricto rigor, un conjunto de costumbres, modos de producción, organización y cálculo económico que lleva implícitas unas normas consensuadas, como son el respeto a la propiedad, a la competencia, y por tanto a la libertad de mercado y al cumplimiento de los contratos. Todas las figuras fantasmales que le adherimos, todo el conjunto de connotaciones que ha ido arrastrando como un imán lo haría con las esquirlas de hierro que se encuentra a su paso, o como un Mr. Potato al que cada uno le va añadiendo los rasgos que le viene en gana, sólo alegan en su defensa la torpe excusa de que "forman parte de la lógica del sistema". 

Esta frecuente confusión en la asignación de culpas, a ideas abstractas en vez de a hechos concretos, la ilustra con acierto uno de los liberales más honestos y respetables con los que yo me he topado, el argentino Alberto Benegas Lynch:

«Las llamadas "liberalizaciones", o "privatizaciones" -que se tradujeron en monopolios que pasaron de ser públicos a privados-, poseyendo los segundos mayores incentivos, han hecho más daño que los primeros (...) Claro, poniéndonos en la piel de los intelectuales de izquierda honestos, cuando ven que, bajo la etiqueta de "liberalismo", están todos esos pseudo-empresarios haciendo tratos con los gobernantes, abusando de los ciudadanos, y beneficiándose de favores de diverso tipo, exenciones fiscales incluidas, es normal que digan: "si esto es el liberalismo, quiero cualquier cosa menos el liberalismo".»

[Es un resumen redactado de manera libre para hacerlo lo más conciso y explicativo posible. Pero soy muy fiel a sus palabras -las que, como mucho, he reordenado-.]

¿No es éste el gran problema de entendimiento, que en algún punto es puramente semántico, sobre el famoso liberalismo "real"? (Curiosamente, los liberales muchas veces identifican el socialismo "real" con el que se llevó a cabo de facto con esa etiqueta, y no con el que puedan plantear los que niegan, exactamente igual que ellos frente al liberalismo actual, que eso fuese socialismo.)

Parecen no salir nunca unos y otros de esta especie de círculo vicioso. El juzgarte a tí según tus ideales y al otro según sus resultados no puede ser la norma, porque tarde o temprano se percatan muchos de que todo ello no es sino una tomadura de pelo. 
Pero el problema adquiere otra naturaleza cuando alguien con más altura de miras pone las cartas sobre la mesa. Se pone entonces fin a ese diálogo de besugos, o al menos se sientan las bases para ir más allá de él. Y para tal propósito se requiere una sencilla fórmula. Ésta es la que usa otro intelectual liberal-libertario que merece todo mi respeto, el gallego Miguel Anxo Bastos, cuando dice: «Debe compararse siempre el socialismo real con el liberalismo real, y el socialismo utópico con el liberalismo utópico». 
Otra cosa está por completo falta de rigor, y fuera de lugar. 
Y haciéndolo es cuando podemos advertir claramente que, incluso quienes hemos sido y somos muy críticos con las ideas liberales, tanto en el plano concreto como en el ideal, salta a la vista que resultan ser las "menos malas".

Pero como son las menos malas -no, por tanto, perfectas- y como seguimos poníendoles unas cuantas pegas, nos siguen llamando la atención algunas omisiones en las mismas. Sin ir más lejos, cuando quienes hablan del capitalismo de manera tan "neutra" y "aséptica" nos presentan al empresario como alguien que "no tiene más remedio, para triunfar, que atender las necesidades de los demás" nos preguntamos inmediatamente: ¿qué ocurre, entonces, con todo aquello de que se nos convence que "necesitamos", cuando hasta hace muy poco no parecíamos hacerlo? Creo verán lícito admitir quienes intentan "vendernos" la imagen anterior que, cuando menos, puede ser algo engañosa. Y de hecho, otros como el chileno Axel Kaiser nos recuerdan la visión de Adam Smith, bastante menos idealizada, y que corrobora esto que digo: 

«El interés de los dealers en cualquier rama del comercio o las manufacturas es siempre distinto e incluso opuesto al del público. Ampliar los mercados es cerrar la competencia siempre en interés del empresario, y cualquier regulación que venga de este orden de hombres vendrá de un orden de hombres que tiene el interés de engañar al público». 
Adam Smith, economista que se
asocia al "liberalismo clásico".
Kaiser tan sólo añade a las palabras de Smith que la condición humana es invariable, pero que al menos, bajo estas normas es como podemos comportarnos lo más "civilizadamente" posible. Y en ese sentido 
-siguiendo tal lógica, no digo que yo lo suscriba- lo único que debiera preocuparnos es que los empresarios, cuales sea, no logren tener influencia sobre quienes hacen las leyes.

Ha quedado claro durante todos estos párrafos, por tanto, que ya no soy de aquellos que andan buscando el origen de todos los males en el capitalismo. Ahora, existe una diferencia entre ver las cosas lo más aséptica y néutramente que se pueda (esta vez sin comillas) y otra querer obviar las realidades que chocan con la idea que queremos presentar, y quizá hasta sin ser uno consciente, "vender" ese evidente sesgo como "pura objetividad", como aún pienso que hacen muy a menudo los liberales, tal como acabamos de ver en la idealización cuestionada por Kaiser y Smith (que constituyen honrosa excepción en este caso). Pero sobra mencionar que lo mismo hará todo aquel que intenta persuadirte de una idea cuando la juzga acertada, lo cual es del todo lícito, pero no desde luego inocente ni carente de artimañas.

Lo que sí debo reconocer es que la acusación de "mercadolatría" que frecuentemente he lanzado contra teóricos liberales y libertarios es algo que mi honestidad me obliga hoy a plantearme desde otra perspectiva. Tras empaparme de los ineludibles argumentos de Hayek sobre los "órdenes extensos", y también de los no menos ineludibles de Von Mises sobre la Acción Humana, empiezo a ver que no hay razón para presuponer que se trate de una "adoración a un ente abstracto y necesariamente benéfico", y que es más lícito entenderlo como mera defensa de esa ACCIÓN HUMANA ESPONTÁNEA, ya sea en el ámbito del Mercado O EN OTROS. 
Rodaje del film clásico ´Star Wars`.

El acierto de Hayek en "la fatal arrogancia" está en hacernos ver claramente esto y desmontar gran parte de las "metáforas que nos piensan" cada vez que nos referimos a tal "ente". El fallo sería el de aludir tan a menudo a esos otros "órdenes extensos análogos" y no especificar nunca de cuales se trata. Yo creo haber identificado algunos de ellos: 
Bien podrían estar los ejemplos que buscamos en la colaboración multi-disciplinar que encontramos en el mundo del cine, el teatro o la música. 
Me explico. Tanto en la actividad empresarial como en la artística se precisa de gran cantidad de individuos ultra-especializados -de reunir "conocimientos dispersos"- que colaboran en la consecución de un mismo fin. De igual manera, pues, que en lo que conocemos como "capitalismo" se dan cita publicistas, empresarios, industrias de infraestructura, contables, banqueros, maquinistas, obreros manuales, etc... en la música se requieren de guitarristas, percusionistas, bajistas, vocalistas, arreglistas, productores, ingenieros de sonido, roadies, de nuevo publicistas, y de nuevo empresarios, en este caso discográficos. Y en el cine y el teatro, tres cuartos de lo mismo, pero de forma aun más diversa y EXTENSA: directores, productores, actores, fotógrafos, camarógrafos, iluminadores, tramoyistas, escenógrafos, encargados de vestuario, distribuidores, proyeccionistas, etc etc...
Los órdenes extensos conjugan multitud de talentos individuales
sin requerir inter-disciplinariedad ni apenas colaboración directa 
entre los mismos. Sólo mediante ellos el individualismo logra
transmutarse en obra cooperativa, o dicho de otro modo, 
en "bien común".

Creo que, en el empeño por alcanzar una visión más completa y objetiva de nuestras sociedades modernas, esta analogía entre "diversos órdenes extensos" resultaría muy pedagógica y ayudaría a quitarnos de encima unas cuantas ideas preconcebidas y del todo infundadas, las cuales no ayudan sino a la incomunicación, a la incomprensión, y a las actitudes irracionales.


martes, 23 de junio de 2015

Sobre fanatismos e irracionalismos varios.


En el presente vivimos la apoteosis de los fanatismos. Quizá no alcancen todos en el día de hoy la cumbre de su irracionalidad -eso ya sería insoportable-. Lo que sí es seguro es que se da tal número de ellos a un tiempo como en ninguna otra época que se recuerde.

Y es que, a los de nueva hornada, se les suman todos aquellos de hornadas anteriores que aun sobreviven. Imaginen la cola que se forma en el registro de tontolabas...

"Todo el día matando tontos..." El que dijo eso, hace tiempo que se rindió,  y se inmoló.

Lo más sonrojante de todo, dicho sea de paso, es que gran parte de ellos, ya vengan de una "escuela" u otra, saben reconocer y denunciar el fanatismo de los demás pero jamás son capaces de percibir ni una sombra del propio.


Hay quién se vuelve fanático del nacionalismo (unionista, separatista, hay para todos los gustos, y todos mienten y manipulan, poco menos, por igual.) Hay también quien cree haber descubierto la gran clave de los problemas que aquejan al mundo en la dimensión étnica y racial (esto vuelve a estar de moda, imagino que, en parte, por culpa de la tibieza y las moralinas igualmente fanáticas de los llamados "antiracistas". Un polo siempre alimenta al otro.) Luego están los fanáticos del igualitarismo, ya sea en clave de "género", "raza", o "clase social" (de ellos ya hemos hablado sobradamente aquí.) Luego irían los religiosos, los que aun quedan (la verdad es que a este tipo de fanatismo ya no le resta apenas fuelle -entiéndase, en Occidente-. Porque a diferencia del de la lucha de clases, o de razas, tiene más largo recorrido, y por eso debe ser que hay ya poco "carrete del que tirar"). 

Pero los más, de verdad, los más llamativos de todos son esos de los que ya hablé; aquellos que se muestran especialmente comprometidos "contra todos los fanatismos" sin apreciar ni por un momento el suyo; el cual, en muchas ocasiones, no es menos pequeño, o menos grave que el de aquellos a quienes se pasan todo el día poniendo a caer de un burro.

¡Yo soy libertario y sólo creo en el mercado y en el individuo! ¡Amo la libertad, odio el comunismo y la religión! .. Pero me hago la picha un lio cuando hay que distinguir religión de religiosidad y espiritualidad, y la verdad es que da pereza ponerse a estudiar todo eso...¡Bah! Mejor rindo pleitesía a fanáticos impresentables y destructivos como Richard Dawkins y me cago en todo lo espiritual sin distinción. Al fin y al cabo, son todo rollos raros de freakies. Sin embargo, aquello de que sólo existe la materia y que no hay nada más allá parece evidente, y encima, resulta facilito de entender.

......

¡El individuo  y el mercado son lo único que existe! ¡Un mundo de mercaderes donde los contratos sustituyan a las leyes es el paradigma que YO-DIGO-QUE-RESOLVERÁ-NUESTROS-PROBLEMAS! Un mundo de intercambios donde cada uno vaya a la suya y ningún lazo colectivo sea cultivado es el modelo de civilización más sostenible a largo plazo.

Y tras eso, el mismo sujeto que viene a decir poco más o menos lo que acabamos de leer, denuncia la estrechez de miras y el fanatismo de los demás como si tal cosa. Y nada en todo ello le hace advertir contradicción alguna. Nada nos hace pensar que albergue la más mínima sospecha de que alguna de las piezas recién desplegadas pudiese no encajar en el conjunto.

Un paréntesis aquí sobre "los de la raza" antes de volver a atizar a los de la bandera negra y amarilla. Llegan a ser tan estúpidos algunos de ellos que, no contentos con asumir todas las manías persecutorias en forma de "conjuras contra su raza" (a veces ni siquiera es la suya, pero les haría ilusión que lo fuese), se esfuerzan en buscar mil pretextos arbitrarios para sostener lo insostenible. Ejemplo (extraído de un blog):


"Desde pequeño siempre me he olido que algo no cuadraba y he ido atando cabos, hasta convertirme en un todo un nacionalista ario a los 15 años. Y no veo que tiene de malo el que sea adolescente, en todo caso será aún más meritorio para mí, teniendo en cuenta mi precocidad en destapar al Sistema, y la degeneración cada vez mayor a la que someten a la juventud, según va avanzando el plan del Enemigo. Me pregunto que hacías tú a mi edad, seguro que estabas con una banda de guarros estilo San Polla Palomino, sin tocar un solo libro (salvando el “Playboy’’, si es que eso se puede considerar un “libro’’), matándote a pajas con pósters de negras y bebiendo “kalimocho versión La Bamba’’. Yo sin embargo, he pisado a fondo desde bien pequeño, tanto intelectual -leo clásicos y libros de nivel desde los 10 años- como físicamente, -pues soy practicante de varias artes marciales desde los 13, y hace 1 año he comenzado con musculación sarcomérica- y he adelantado a toda la masa depravada y plebeya que compone al resto de la juventud actual salvando otras excepciones como la mía, hasta el punto de poderme considerar como miembro “de otra casta’’.

VIVA LA NOCHE DE LOS CUCHILLOS LARGOS. MUERTE A SIÓN Y AL NAZBOLISMO."


Bueno..bueno, ¡bueno! Me parece que tenemos aquí un buen surtidito. No sé ni por donde empezar. ¿Mencionamos primero la arrogancia, la suficiencia, o la brutalidad y la violencia que destila todo el discurso? 

Despreciable y francamente repugnante. Lo que más llama la atención, sobre todo a quién conozca poco de este SUB-mundo, es el nivel cultural e intelectivo del que, en efecto, pueden presumir muchos de estos -no por ello menos fanáticos- neofascistas. Y de este mismo perfil, jóvenes casi adolescentes, existen en gran número dentro de la última generación. Son despiertos y echaos palante (demasiado), y como se han leído unos cuantos libros y -hay que reconocerlo- no redactan del todo mal, ya se creen por ello, a su corta edad, con la autoridad moral e intelectual de "iluminar al mundo" sobre el camino que debemos seguir si no queremos "ser engañados por Sión". Fijémonos en esa convicción tan propia del fanático cuando describe su "caída del caballo". Ya hemos destripado en anteriores escritos ese ego hinchado que es siempre conditio sined qua non para que sea plenamente operativo el fenómeno conspiracionista (en este caso, puramente conspiranoico, ya que todo gira en torno a una "conjura contra el hombre blanco"). Y no estará de más tampoco observar la forma en que ciertos pretextos ideológicos abren una peligrosa puerta a la permisividad hacia toda clase bajas pasiones (en el caso que nos ocupa, al odio racial más CRUDO Y PLEBEYO, como se manifiesta en esa manera de insultar al oponente sugiriendo que "se rebaja" mirando ´posters de negras`.)
En resumen: Cree haber encontrado la "gran verdad proscrita que nos salvará" (o que salvará a la raza blanca, porque la idea desprendida es que poco importa lo que les pase a las demás). Y cree haberlo hecho con apenas veinte años. Por ello ya se está preparando para "la gran batalla final", y toda su vida parece estar orientada a una misión trascendente de la cual, con toda probabilidad, tendrá que reirse pasados unos años, o incluso avergonzarse un día en petit comité, en un arranque de franqueza.

(Lo de lanzar el viva a la Noche de los Cuchillos Largos  ya es como la puntilla, como si pugnara por ser el "más malo entre los malos". Ni con las pobres S.A. tiene clemencia este proyecto de hombre con un ego que casi podemos ver inflarse en cada inflexión del lenguaje, y que si mantuvo ese mismo ritmo hasta ahora, seguro habrá reventado ya.)


Bueno, pues como se nos ha alargado el apartado dedicado al "racialismo" más de lo esperado, a los de la bandera negra y amarilla deberemos continuar dándoles azotáinas en una siguiente entrega dedicada al mundo de los irracionalismos (para la cual reservaremos también otro apartado no menos jugoso, como es el del fanatismo anti-comunista). Tengan ustedes un  buen día. Y si esto les ha "iluminado" en algún aspecto, quizá contemplen poner en el futuro algo más de racionalidad en ciertas cosas. Verán como no les hace daño.
¡Sí, de estos ya hemos hablado sobradas veces!
Pero como ven, parecen no cansarse nunca de alcanzar 
nuevas cimas en la escala de lo ridículo, de batir nuevas marcas 
y redefinir por completo conceptos como "delirante" o "descabellado".
Este radicalismo en concreto eleva a profecía apocalíptica la tan famosa
frase de Einstein sobre las cosas que son o no limitadas
en el ser humano y en el Universo.

                                      /
                                    /
[¡¡EJEMPLO DE LIBRO!!]   
                                /
                              /
-------------------

martes, 31 de marzo de 2015

"Evola: Permanecer en pie sobre las ruinas, orientarse en medio del caos" (I)


Tiendo por momentos a ver el pensamiento evoliano como la superación de Nietzsche, la superación del fascismo, y asimismo, de los movimientos neo-paganos, del new age, de las gnosis hiperbóreas,... y hasta del sincretismo y el ecumenismo (aunque de todos ellos pueda participar, pero sólo para quién lo observe desde una perspectiva muy profana y superficial.)
Digo "por momentos", dado que aún me hallo en pleno proceso de digestión de sus ideas, y de su particularísima cosmovisión (particular, pero al mismo tiempo, total e integradora.) Por ello, que no sabría todavía pronunciarme más en favor, o más en contra, de todas las tesis que mantiene.
Pero el que se le pueda asociar tanto al nazismo, como al new age, o al ecumenismo, nos dice ya bastante de la dificultad para catalogarle, de la arbitrariedad de querer reducir sus ideas a mera tendencia sectarizante . 
Como bien me dijo un gran conocedor de su obra: "ni nazi ni new age, Evola es Evola." 

No hablaré de sus comienzos neo-paganos, sino que avanzaremos hasta llegar a su obra "La raza del espíritu", en torno a la cual gravitan polémicas y anecdotas por igual, y no son éstas carentes de interés, sino como van a ver, ciertamente jugosas.

Julius Evola era, en esa época, alguien cercano al Fascismo triunfante en Italia, pero bastante menos cercano a su "homólogo" alemán (es importante entrecomillar este calificativo, debido a las grandes diferencias existentes entre uno y otro movimiento, amén de sus evidentes puntos de encuentro.) No obstante, viajó a Alemania y realizó encuentros y conferencias desarrollando su concepto de "raza espiritual", la cual, a pesar del acercamiento estratégico del que fue partícipe, y que suavizaba, de alguna forma, el choque entre su concepción y la del Nazismo, no podía menos que incomodar a los de Hitler, desde el momento en que el pensador italiano relativizaba muy mucho la relación entre la pureza biológica y la pureza del espíritu, o dicho de otra forma, entre el "origen hiperbóreo" de los actuales pueblos indo-europeos y la presencia efectiva que esta herencia, más espiritual que biológica, tenía en ellos. 
Que comparase, además, su política eugenésica con la crianza de perros o caballos, o que manifestara que, en ocasiones, el cruce con una "sangre extraña" actúa como revulsivo, seguro, debió torcer el semblante de los mandamases del III Reich, con los que no pareció acabar en muy buenas relaciones, como podrán imaginar.

Pero la cosa no se queda ahí, pues no contento con mostrar a los teóricos alemanes la estrechez de su visión del hecho racial, también declaró sus objeciones a las formas de neo-paganismo que adoptaron, calificándolas de vacías, meramente estetizantes, y representativas de una ritualidad decadente, carente del significado profundo que tuvieron estas tradiciones tiempo a. 
Por esto, entre otras cosas, hablé al principio de "superación del neo-paganismo". Uno de los puntos más valiosos de su estudio radica en ir más allá de la reduccionista oposición entre paganismo y judeo-cristianismo, sin atender a las diferentes fases de ambas cosmovisiones en su desarrollo histórico. Se nos muestra meridiano así que, igual que el cristianismo primigenio no es el mismo que el de Carlomagno o el de los Borgia, tampoco el paganismo greco-latino o nórdico-germánico es el mismo en sus épocas de esplendor o en sus épocas de decadencia, así como en las intermedias.

De lo que se trata, para Evola, es de distinguir la tradición pura de las formas degradadas de la misma, sea en el cristianismo, o sea en otros contextos religioso-culturales. He ahí, pues, la pureza más valiosa de todas, la que atañe a las formas de la tradición, y de la espiritualidad, dos conceptos que siempre van íntimamente ligados en el pensamiento evoliano.

Y éste es otro de los puntos que más merecen destacarse de su trabajo, la profunda atención dedicada, por igual, a las doctrinas orientales como a las occidentales, o a las de la América precolombina, en un firme propósito de trascender el hecho cultural particular, y vislumbrar una especie de "regla universal", de hilo conductor de una cierta "esencia única", esto es, LA tradición, LA espiritualidad. Es por esta idea -que, aún siendo más ambiciosa, y sobre todo, rigurosa, que la representada por ecumenismos y sincretismos- alguien podría asociarle a lo que hemos dado en llamar "New Age"; algo que, como intento aclarar ahora, supondría un reduccionismo al absurdo, o una muestra de total ignorancia.
Hay que incidir en que estamos hablando de una tarea tan fecunda como la que desarrollaron Jung, Castaneda, o Jodorowsky, y en una dirección inicial similar, aunque con otra dimensión, y otra orientación, después. Con esto quiero colocar a Julius Evola en el contexto que, creo, le corresponde -que no es, desde luego, el del New Age, el del esoterismo nazi, o el del ecumenismo post-conciliar.-

En otra de sus obras clave, "Cabalgar el tigre", deja a un lado el misterio hiperbóreo y otras cuestiones específicas en las que se centró en "La raza espiritual", para seducirnos con la idea de "permanecer de pie sobre las ruinas" (refiriéndose a la Era Moderna) y sumergirnos en un pensamiento abismal, trascendente, catártico, donde el concepto de "cabalgar el tigre" adquiere varias dimensiones, según nos adentramos en las contradicciones insalvables de estos tiempos de disolución, que identifica con el "Kali-Yuga" (Edad de Hierro, en la cosmogonía greco-romana.) La citada alegoría pertenece al universo oriental, y se relaciona con la vieja idea, más occidental, de "habitar este mundo, pero sin ser de este mundo".

A este respecto, y como conclusión de esta primera incursión en la obra de Evola, vamos a citar unas fragmentos muy breves del texto que hemos empezado a analizar, los cuales, creo que sintetizan brillantemente una serie de cuestiones clave en nuestra época, no sólo para orientarnos en como debemos "cabalgar el tigre de la modernidad" -fiero tigre-, sino también en los aspectos más esenciales en los que se expresa esta época, donde lo que prima es la disolución (al menos, según el autor.)

Por ejemplo, acerca de Nietzsche, y de sus sinceras aspiraciones de superar el decadentismo burgués y cristiano que le rodeó, dice que:

«Es un ejemplo preciso de lo que puede, e incluso, debe verificarse en quién la trascendencia se ha despertado, pero que está descentrado en relación a ella. Veremos que el existencialismo, en sus temas esenciales, debe ser interpretado sobre las mismas bases.»

«Aquí se encuentra la fuerza suprema, pero no se sabe para qué emplearla. Los medios existen, pero el fin falta.»

Creo que estas palabras resultan bastante reveladoras, o cuando menos, hacen pertinentes unas cuantas reflexiones, y revisiones, en torno al pensamiento nietzschiano. Pero eso, debido al tiempo que nos llevaría, lo dejaremos para mejor ocasión.

Sobre la espiritualidad cristiana, también hace notar una  de sus características más reseñables:

«En Occidente, la concepción devocional y moral de lo sagrado, que en los otros sistemas solamente es propio de las formas populares y regresivas, se volvió la concepción predominante y prácticamente exclusiva.»

Es sabido, como ya hemos avanzado, que la posición evoliana frente al cristianismo no es tan unívoca, ni tan categórica, como la de los diversos movimientos neo-paganos; de hecho, creo que la forma en que él aborda el hecho espiritual es bastante más honrada, completa, y rigurosa, que la de estos; los cuales tienden, con excesiva frecuencia, a usar un trazo grueso más propio de las ideas marxistas o anarquistas, donde la norma suele ser la caricatura, o aún peor, la ausencia de distinción entre las diversas formas y periodos en que se ha expresado este vasto concepto que es el Cristianismo.

Para finalizar, quiero tomar unas reflexiones -de nuevo bastante reveladoras-, esta vez, sobre las contradicciones y el caracter de "huida hacia delante" que él ve en el existencialismo.

«El tipo de hombre receptivo a las ideas existencialistas se caracteriza por una voluntad quebrada que permanece quebrada. La voluntad del "antes", al cual se refiere el misterio del existir, y la voluntad de este mismo "existir", en el mundo y en la "situación", no están soldadas de nuevo ("volver a soldar los fragmentos de una espada rota" es un tema ya propuesto por el simbolismo de la literatura esotérica y caballeresca de la Edad Media).»

«La angustía metafísica es expulsada, mientras que al contrario, debido a su constitución interior diferente, el hombre que conciben los existencialistas la padece, e incluso debe padecerla.»

«En todo ello, asistimos a la aparicion de sentimientos análogos a los que Nietzsche hubiera previsto que asaltarían al hombre que se hubiera liberado sin tener, por ello, la altura necesaria. Sentimientos que rompen y matan al hombre -al hombre moderno- si él no es capaz de matarlos.»

Pareciera, pues, que lo postulado por los existencialistas fuera aquello a lo que aboca, necesariamente, el camino nihilista iniciado por Nietzsche.

«La oscuridad propia del existencialismo se acentúa en Heiddeger porque el hombre es presentado como no teniendo el ser en su interior (o detrás de sí, como su raíz) sino delante de sí, incluso como algo que uno debe perseguir y atrapar.»

El existencialismo es, en efecto, el último escalón de la filosofía, y bien podría ser el último en sentido estricto, osea, un precipicio, un callejón sin salida, como bien lo define Evola. 
Y no es menos reveladora la analogía que se establece entre el Pecado Original y la "maldición de existir", entre la "Caída de Adán" y el "ser meramente arrojado al mundo", especialmente si identificamos la "Caída" con la Modernidad (la cual se acentúa -la primera- en la postrimerías de la segunda.)

Pero de eso, y de todo lo introducido aquí, que no es poco, hablaremos en una próxima entrega dedicada a este autor y a sus implicaciones, que también son muchas.

Espero, para entonces, haber "digerido" más sus ideas, y así, tomar una postura más definida sobre las mismas. 

Hasta entonces, que la eterna batalla entre Tradición y Modernidad prosiga en buena lid, si esto es posible en batalla de tal trascendencia.
~

jueves, 19 de febrero de 2015

"¿Es el Marxismo una teoría conspirativa?"

(Anexo a "Comentarios sobre ´Dialéctica del Iluminismo`".)


Dejaremos para la segunda parte del análisis sobre esta obra sus fragmentos más inspiradores, o su valor más constructivo. En este anexo nos dedicaremos a incidir en su dimensión más puramente ideológica, en la cual se halla, a mi juicio, su parte más negativa, y que considero, por ello, vital el exponer y, de algún modo, desmontar.

Para ello, será necesaria una pequeña introducción:

Como muchos de ustedes ya sabrán, el Marxismo considera al Estado, y la sociedad entera, junto con las leyes que nos son dadas, como un "sistema de dominación", sin medias tintas ni excepción alguna. Cuando ellos son quienes lo toman, entonces, sorpresiva e inexplicablemente, deja de serlo.

La realidad humana, y todo lo que la contiene, debe ser interpretada dialécticamente, o mejor dicho, MANIQUEAMENTE, en clave de "clase dominante" y "clase dominada". Todo lo que hay de injusto, o se percibe como injusto, en nuestro mundo, tiene como fundamento el "orden burgués".
¡Nada puede escaparse a esa torcida y obsesiva visión!

El Marxismo es, como escribió Karl Popper, un "sistema de pensamiento que se autojustifica, y ante el que no cabe refutación alguna, en tanto que se retroalimenta ad infinitum".

Así, cada vez que alguien denuncia en él una incoherencia, rápidamente "saca de la chistera" una respuesta conveniente que vuelve a retroalimentar el sistema: 

-¿Contra quién luchamos? -Contra la burguesía. -¿Cual es nuestro fin? -La liberación del yugo burgués. -¿Quién es nuestro liberador? -¡Lenin!
-¿Y entonces, por qué Lenin se muestra tan autoritario y sus comisarios políticos han montado semejante carniceria? 
-Porque no le quedó otro remedio, los burgueses no le querian dejar establecer un sistema justo. 
-¿Oye, Y quienes son estos fascistas, que recuerdan tanto a los bolcheviques? 
-Sí, nos imitan con el fín de engañar al proletariado internacional y que vuelva al redil de su nación burguesa. Se trata de una jugada maestra 
-¿Oigan...pero los nazis estos....no recuerdan mucho, en como persiguen a los judios, a como nosotros perseguíamos a los burgueses? -No, nada que ver, los fascistas lanzan a los proletarios unos contra otros, a los penúltimos contra los últimos, y así se salva la burguesia, que es quién inventó la artimaña. 
-¡Si, si! Pero.. ¡Ellos también acusan a los judios de todos los males del mundo, igual que nosotros hacemos con los burgueses! ... 
-Puede ser, pero es que la burguesía es real, la judería es una invención. 
-...¿Pero los judíos existen, no? -Si, claro que existen, pero no son la clase dominante. 
-Bueno.. ¿Pero no es cierto que hay muchos judios en los estamentos más altos de la política, la banca, la empresa y la cultura? -Sí, pero los burgueses son los que dominan todo. 
-Pero, entonces, ¿por qué debo creerme que los burgueses son los culpables de la miseria económica, moral y espiritual.. del Imperialismo y el sojuzgamiento de la mujer, que son uno con la Iglesia y las fuerzas de la tradición, y que hasta el fascismo es invento suyo? 
-Bueno.. Porque es evidente, ¿no? 
-Puede ser, pero también resulta evidente para los nazis que en los judíos está el origen de todos los males que nos asolan... 
-¡Basta ya! ¿Qué eres, un traidor a la causa proletaria? ¡Los fascistas se equivocan y nosotros llevamos la razón! ¡Se acabó la tonteria ya, hombre! (y como digas una palabra más, te regalo unas vacaciones en Siberia)

.................

«La doctrina de la verdad manifiesta, no sólo engendra fanáticos -hombres poseídos por la convicción de que todos aquellos que no la ven deben estar influidos por el demonio- sino que también conduce (...) al autoritarismo.» (Karl R. Popper.)

«Volved ateos y amorales a los pueblos que queréis subyugar: mientras no adore a más Dios que a vos no tendrá más costumbres que las vuestras, seréis siempre su soberano... Ahora bien, en compensación dejadle la más amplia facultad del crimen sobre sí mismo; no le castiguéis jamás, a no ser que sus dardos vayan dirigidos contra vos» (Maquiavelo)
..................

Esto último que describe tan preclaramente Maquiavelo se ha manifestado en todos los regímenes comunistas, y por extensión, en todos los regímenes totalitarios que el siglo XX ha visto. No se trata necesariamente  de "volver a las sociedades ateas" en el sentido más literal, se trata de eliminar todos sus valores anteriores, su sentido de trascendencia, si lo tuviesen, así como sus vínculos socio-culturales y toda clase de referencia anterior a la revolución, la cual impone sus nuevas referencias; y así, todo remite, en la nueva cosmovisión generalizada, a los valores y anti-valores que proclama la "vanguardia revolucionaria". Esto vendría a ser como decir que "A partir de entonces, el mundo en que vivirán estas sociedades, y en torno al cual surgirán sus opiniones, valores, y deseos, será una costrucción de la nueva oligarquía; por tanto, un producto hecho a la medida de su perspectiva, pero sobre todo, de sus intereses."

Y esto es también lo que hacen los intelectuales marxistas en un nivel, ya no popular, sino pretendidamente academico, y hasta "científico". Así, Adorno y Horckeimer abonan y riegan con gran "celo revolucionario" -o "conciencia de clase"- las tesis que ayudan a conformar esta cosmovisión tan maniquea y, sobre todo, tan conveniente.

Fíjense en como se nos pretende convencer de la idea de que "Hitler es un producto del capitalismo y de la burguesía", o de que "el nazismo estaba, está, y estará, en el mismo germen de la sociedad industrial, o liberal". De este modo queda el mundo occidental entero dividido entre, por un lado: burgueses/liberales/capitalistas (que, en última instancia, son los que engendran "el terror totalitario"); y por otro: proletarios/marxistas/socialistas (que, si atendiéramos únicamente a lo que ellos nos dicen, no han cometido jamás ningún pecado, ni muchísimo menos han dado lugar a ninguna clase de totalitarismo.) Pero vayamos a las palabras de los propios autores:

«Al incorporar totalmente los productos culturales a la esfera de la mercancía, la radio renuncia a colocar como mercancía sus productos culturales. En Estados Unidos no reclama ninguna tasa del público y asume así el carácter engañoso de autoridad desinteresada e imparcial, que parece hecha a medida para el fascismo. En éste, la radio se convierte en la boca universal del Führer; y su voz se mezcla, mediante los altavoces de las calles, en el aullido de las sirenas que anuncian el pánico, de las cuales difícilmente puede distinguirse la propaganda moderna. Los nazis sabían que la radio daba forma a su causa, lo mismo que la imprenta se la dio a la Reforma. El carisma metafísico del Führer inventado por la sociología de la religión ha revelado ser al fin como la simple omnipresencia de sus discursos en la radio, que parodia demoníacamente la omnipresencia del espíritu divino.(....)»

Hablan de "metafísica", pero nada más metafísico, literario, y por completo gratuito, que la interrelación de dinámicas y procesos que ellos hacen, intentando justificar su estrambótica tesis por medio de una concatenación de vinculaciones de lo más arbitrarias (o cuando menos, subjetivas.) 
Sí, podríamos relacionar la industria cultural y la sociedad de consumo con la aparición de una figura como Hitler, pero del mismo modo que podríamos relacionarlo con cualquier otra cosa que nos viniera en gana. Lo que hacen los autores en esta parte del libro es pura divagación metafísica, algo que puede servir como una suerte de poesía febril, de aforismo delirante, pero nunca como estudio serio de la sociedad, la política o la historia.

«(....) Finalmente, el dictado de la producción, el anuncio publicitario específico, enmascarado bajo la apariencia de la posibilidad de elección, puede convertirse en la orden abierta del Führer. En una sociedad de grandes Rackets fascistas, que lograran ponerse de acuerdo sobre qué parte del producto social hay que asignar a las necesidades del pueblo, resultaría finalmente anacrónico exhortar al uso de un determinado detergente. Más modernamente, sin tantos cumplimientos, el Führer ordena tanto el camino del sacrificio como la compra de la mercancía de desecho.»



    (Sin comentarios.)
             ...............







En el anterior capítulo también mencioné, de pasada, la obra de Erich Fromm ´El miedo a la libertad` y dije que nos dedicaríamos a comentarla en un texto específicamente dedicado a ella. No es esta, por tanto, la ocasión de hacerlo, pero si de analizar esa dimensión de la obra a la que me referí aquella vez, la cual es extensible a toda la Escuela de Frankfurt y que, como también dije entonces, consiste en tomar como paradigma del "terror totalitario" al fascismo (más concretamente, el Nacional-socialismo alemán) no haciendo ni mención del otro totalitarismo (que fue, cuando menos, igual de destructivo).
Erich Fromm, como ya aclaré, es un autor al que tengo en mucha mayor estima que a los que acabamos de "destripar", pero que, como he dicho, comete el mismo "pecado" que estos, lo cual puede expresarse, a modo de resumen, en el siguiente fragmento:

«Llegamos así a definir como ideal verdadero todo propósito que favorezca el desarrollo, la libertad y la felicidad del yo, considerándose, en cambio, ficticios aquellos fines compulsivos e irracionales que, si bien subjetivamente representan experiencias atrayentes (como el impulso a la sumisión), en realidad resultan perjudiciales para la vida. Aceptada esta definición, se deduce que un ideal verdadero no constituye una fuerza oculta, superior al individuo, sino que es la expresión articulada de la suprema afirmación del yo. Todo ideal que se halle en contraste con tal afirmación representa, por ello mismo, no ya un ideal, sino un fin patológico. (....) ¿Qué pensar entonces de aquellos "ideales" que, como los del fascismo, se dirigen decididamente contra la vida? ¿Cómo podemos comprender el hecho de que haya hombres que los sigan tan fervientemente, como los adeptos de ideales verdaderos siguen los suyos?»

¿Pero no es también patológico, irracional, y perjudicial para la vida, el rencor cultivado con ahinco por los propagandistas de izquierda? ¿No sucumben también muchos de los que adoptan estas ideas (no digo que todos) a bajas pasiones como la envidia, la busqueda de culpables en el exterior, o la proyección en los demás de las propias carencias?
¿O es que es el fascismo el único que se sirve de alimentar en nosotros la lógica del chivo expiatorio?


Quizá es que consideramos legítima esta justificación cuando va dirigida contra "los fuertes", e ilegítima cuando lo hace en contra de "los débiles". Sin embargo, en uno y otro caso se trata de lo mismo, de evadir la propia responsabilidad, de calmar la conciencia por medio de la proyección de la culpa en otros, de dividir el mundo en "malos y buenos", "justos e injustos", pero no atendiendo a las acciones o a las actitudes particulares de cada individuo, sino adjudicándoles uno u otro bando por mera razón de su estrato social; colocándolos por tanto en el lado de los culpables o de los inocentes sin conocer ni un solo rasgo de su personalidad, actitud, o rutinas diarias. 
¿No es esto lo mismo que hace el fascismo? 
¿A qué se debe entonces tan sospechoso doble rasero? 
(Creo que al colocar el adjetivo "sospechoso" ya he respondido parcialmente a la pregunta. Les considero a ustedes lo suficientemente rápidos para captar por donde van los tiros.)

Recordemos a este respecto que los judíos, por acudir a la referencia más archiconocida, no eran exactamente "los más débiles" de la sociedad alemana. Al igual que "la burguesía" hoy, un amplio sector de la comunidad judeo-alemana ocupaba altos puestos en la política, la empresa, la banca, o la industria cultural; y al igual que "la burguesía" hoy -e incluso ayer- otros muchos tenían negocios no tan boyantes, y no tan destacados, pero se les tomó como parte de una misma "superclase" y, dentro de esa lógica del chivo expiatorio, pagaron justos por pecadores, y se asimiló la comunidad hebrea, en conjunto, a una "élite privilegiada y explotadora del Pueblo alemán".

No tomemos, por tanto, la perspectiva sesgada de la izquierda como verdad manifiesta (que es lo que ellos pretenden). Procuremos ir más allá de lo que nos plantean como evidente, y no caigamos en la trampa de "comprar" los "hechos" tal como nos los muestran.

Este es mi humilde consejo, o si me lo permiten, incluso advertencia
Cúrense, en la medida de lo posible, de la neurosis de la ideología, y dejen que el aire fresco entre en sus apolilladas mentes y se lleve el aroma a rancio del viejo marxismo, el viejo liberalismo, o el viejo anarco-sindicalismo, falangismo.. o lo que quiera que conquistara, un día, su juicio sobre la realidad y que sometió, sin usted advertirlo, su pensamiento genuinamente libre.

Mens sana in sana libertas.


lunes, 22 de diciembre de 2014

"EUROPA Y SUS PALADINES AUTO-NOMBRADOS" (Sobre convicciones NO MÁS ALLÁ de toda duda razonable)


Dedicado a aquellas personas cerebrales que se dejan seducir por ideas descerebradas.



Mi amigo, y admirado autor de reflexiones, ensayos y aforismos, Daorino de Librepensamiento Revolucionario, siempre me resultó algo ambiguo en sus posicionamientos. No obstante, era innegable la fuerza y la profundidad de sus visiones, e inmediatamente me sentí enormemente identificado con su nietzschianismo, y con sus análisis metapolíticos. Debo confesar que hasta tuvieron influencia sus escritos en los míos, no sé si más grande o más pequeña, pero desde luego que no fue tan sólo en la forma o en el fondo, sino en algo más sutil, e inasible, que podría asimilarse a lo que llamamos "esencia".

Siempre he pensado que la postura más enriquecedora en el "camino del conocimiento" consiste en nutrirse de la mayor gama de perspectivas, cosmovisiones, teorías, a las que uno tenga acceso.. pues dificil será encontrar una sóla de la que no se pueda extraer nada en positivo (o en negativo, que también resulta útil, por aquello de los "descartes".)
En un caso o en otro, la opción inteligente consiste en tomar, asumir como propias, aquellas conclusiones que arrojan, tras una concienzuda labor de observación y reflexión, una evidencia más allá de CASI toda duda razonable.

Así, yo siempre coincidí con Daorino en gran número de percepciones y juicios sobre la sociedad moderna, la política, las ideologías, las izquierdas, las derechas, la moral cristiana y post-cristiana... Sin que por ello dejara de disentir poderosamente en muchas opiniones ni dejara de percibir la mentada ambigüedad en sus posiciones (diferencialismo/supremacismo, superación del Nazismo/casi plena identificación con el mismo, crítica del totalitarismo y la lógica del chivo expiatorio tan sólo sugerida, y nunca firme y clara)

"Encontronazos dialécticos", como es normal, tuvimos unos cuantos, porque como digo, disentimos quizá en tantas cosas como en las que coincidimos; y encima, ambos nos preciamos de ser auténticos librepensadores, y constantemente parecemos competir en nuestros debates por ver quién está más desadoctrinado de toda doctrina y quién se hace más eco de lugares comunes o emplea el tan socorrido relativismo en su favor.

Yo siempre le manifesté que, compartiendo su genuina preocupación por la Globalización, el Multiculturalismo, y la Aculturación (sobre los que yo también he advertido en numerosas ocasiones), me parecía que él le concedía un protagonismo excesivo al tema migratorio, y aún mucho más, al llamado mestizaje "forzoso" -y ni hablar del "genocidio blanco".-

Mi opinión es que aquí, mi amigo, se hace eco de ideologemas herederos de las doctrinas raciales hitlerianas -aunque es de justicia admitir que "actualizados y desmitificados", pues ya no se habla de razas europeas, como la germánica o la eslava, sino de una sóla raza blanca- lo que, de todos modos, tampoco acaba de mostrárseme tan evidente como lo es para él y para otros que comparten su pensamiento.

Hablar de "genocidio" para referirse a masacres en toda regla, y al mismo tiempo, a UN mestizaje supuestamente inducido (¡y aunque fuese forzoso!) es una de esas formas de usar el relativismo -que tanto criticamos en los "progres"- pero en beneficio de nuestro ideario; y de entre todas las artimañas que se sirven de esta útil herramienta post-moderna, ESTA NO ES UNA PEQUEÑA.
También es usado con frecuencia (dentro de ese club ideológico) el término "colonización", OTRA TRAMPA RELATIVISTA CONVENIENTE: ¡Nunca se podrá equiparar al ejército napoleónico entrando por las armas en España y a los inmigrantes africanos que, individualmente y con lo puesto, entran en el país con contrato de trabajo o sin él.
Y por más que queramos tirar del argumento de la "reconquista de Al-Andalus", de las "oligarquías mundialistas" o, no quiera dios, del de la "conjuta afro-semita", estamos patinando seriamente y no deberia extrañarnos tanto que, luego, muchos no nos tomen del todo en serio.


Ser inteligente, y leído.. reflexivo, y con sentido crítico -esta pretende ser mi advertencia- no te libra de caer en tentaciones intelectuales como el conspiracionismo -"Yo conozco una terrible y crucial verdad que la mayoría de la gente ni sospecha"- u otros relacionados con este como el "síndrome del proscrito", o de la "verdad proscrita", que por el nombre ya pueden ver ustedes que va en una dirección similar.
Todas esas "golosinas intelectuales" están basadas en lo mismo, no hay gran diferencia.

Así pues, y acudiendo a otro ejemplo, estar plenamente convencido de que el III Reich, en comparación con el Stalinismo, fue tan
vilipendiado, caricaturizado, e insistentemente retratado en los medios y la cultura, NO SÓLO PORQUE PERDIÓ LA GUERRA -y los otros carniceros totalitarios la ganaron- sino porque "ELLOS TENÍAN RAZÓN"  y "NOS ADVIRTIERON SOBRE LOS MISMOS MALEANTES QUE HOY NOS GOBIERNAN"...
Esto es, a mi juicio, dejarse vencer por la irresistible tentación de la "píldora roja de la verdad", y en consecuencia, evidenciar poca seriedad académica, o intelectual, y primar las convicciones puramente emocionales sobre las racionales.

Concluiré estas reflexiones dedicándole unas últimas palabras al que aun considero, a pesar de los pesares, mi camarada en esa futura, y tan necesaria, Revolución Nietzschiana:

ESTIMADO DAORINO ...desde la sincera amistad y admiración que le profeso..

¡BÁJESE USTED DE LA PARRA ... Y DEJE LAS CRUZADAS PARA LOS HIJOS DE ABRAHAM!

--------------------------------------------------------------------


(Texto relacionado: "De cruzadas, gestas, y películas varias")