Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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viernes, 7 de octubre de 2016

Pornografía, feminismo y sexualidad. (II)

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Lo que se dice en este debate me ha motivado nuevas reflexiones en torno a las muchas cuestiones que se tratan en él, directa o tangencialmente, y ello me ha animado a escribir una segunda parte del texto que publiqué hace unos días.


Quizá sorprenda a algunos que sea Amarna Miller la que mantiene, de entre todos, un discurso más coherente y la que parece tener las ideas más claras. El resto de opinadoras (porque son todas mujeres excepto el moderador) no saben hilar dos frases sin meter por medio las palabras “heteronormatividad”, “patriarcado” y “capitalismo”. Sus argumentaciones no son tales: consisten más que nada en proclamas que aprendieron y que regurgitan como autómatas.

Atiborradas de dogmas, intentan pasar por “modernas” y “desinhibidas” sin poder ocultar el pestazo a moralina que rezuman sus querellas contra el que es para ellas, fuera y dentro de la pornografía, un mundo ciertamente perverso. Siguen viendo en el porno “mainstream” (es decir: mayoritario) una voluntad de modificar o fomentar ciertos deseos en los consumidores. Como tienen esa concepción tan delirante de la economía según la cual las empresas no ofrecen lo que el cliente busca sino que se afanan por orientar sus gustos en un “sentido heteronormativo y patriarcal”, parecen sugerir que si la mayoría de la gente es heterosexual es porque ven porno heterosexual, y no al revés. El mito de la Tabla Rasa hace de nuevo su aparición.. Todo proviene de la culturaLa heterosexualidad se construye..

¿Qué ocurre entonces con el porno homosexual? ¿Son conocedoras de lo importante que es ese sector de la industria o simplemente hablan de la pornografía, como de todo, de lejos y de oídas? ¿El porno homosexual pretende también “homosexualizar” a la gente? … De hecho, si comparáramos el porcentaje que hay de homosexuales entre los hombres con el porcentaje de pornografía homosexual que se hace dentro de esa industria, la heterosexualidad quedaría infra-representada en proporción. Por lo que, según su lógica, podríamos afirmar con igual o mayor convicción que ese “capitalismo neoliberal” persigue la “homo-normativización”.

Además, en qué quedamos: ¿Las empresas buscan el beneficio a cualquier precio o están dispuestas a ganar menos con tal de realizar una supuesta ingeniería social “que fortalezca al sistema”? ¡Por Júpiter! Si “el capitalismo” ha comercializado camisetas del Che y toda la iconografía comunista que se pueda imaginar, ¡qué problema va a tener, aun dando por bueno ese vínculo con el “patriarcado”, en vender todas las clases de pornografía que el público demande! Esta gente tiene la cabeza tan llena de ideología que no queda apenas espacio en ella para que el sentido común y la lógica asomen de tanto en tanto.

Pero no vayamos a dejar fuera de la crónica a Monedero. Otro que pretende jugar a dos bandas: a pro-porno y a anti-porno, a desinhibido, liberado y sin complejos por un lado, mas sin poder frenar por otro su moralismo, sus prejuicios y sus tabúes. El tipo es un trilero en toda regla, y tan siquiera se avergüenza de ello. Analicemos sus dos intervenciones estelares: En la primera se luce poniendo en cuestión que uno pueda hacer lo que quiera con su propio cuerpo “argumentando” que por esa regla de tres una podría “vender a su hijo recién nacido”.. ¡¿Acaso un niño que se acaba de dar a luz es “parte del cuerpo” de la madre y “le pertenece” igual que su brazo o su pierna?! … Ante la negativa de la Miller a aceptar ese “argumento”, Monedero se reafirma defendiendo la “racionalidad” del mismo e intenta arreglarlo reconduciéndolo a la venta de órganos. Pues no señor, tampoco. Un riñón efectivamente pertenece a su dueño pero sigue sin ser comparable a “vender tu cuerpo” en representaciones pornográficas puesto que, por muchas de ellas que uno haga, sigue conservando todos sus miembros y sus órganos en su sitio. Pero vamos a la segunda, que tampoco se queda atrás; pues, ni corto ni perezoso, este señor se lanza a comparar la realidad “capitalista” actual con el paraíso comunista soñado –no con el real, o qué os pensabais-, alegando que, mientras en las sociedades capitalistas muchos quizá se “vean obligados” a dedicarse a la pornografía o a la prostitución, en otro tipo de sociedad con renta básica y todas esas cosas las mismas profesiones "tendrían otra lógica”. Sí, que les pregunten por esa “lógica” a las cubanas, que son a buen seguro, de las mujeres de todos los países, las que menos presionadas se ven para prostituirse. De verdad hace falta ser miserable, o quizá estúpido, o sencillamente torpe, para decir algo así y quedarse tan ancho.

Y qué decir de Beatriz Gimeno. ¡Ay! La Gimeno.. Cuántos momentos de humor surrealista no nos dará esta mujer. Su percepción de la realidad camina entre lo cómico y lo grotesco. La buena señora ni admite ni aprueba que a la mayoría de las mujeres les gusten los hombres y les gusten sus penes, y que además les encante ser penetradas por ellos. Su feminismo dialéctico, como yo lo he bautizado, no es sino una versión moderna del puritanismo más enfermo. Ella viene a proclamar –entre líneas- que la Naturaleza lo hizo mal, que es esencialmente injusto que nos hiciera a unos cóncavos y a otros convexos. ¡Pero qué arbitrariedad es esa! ¿Por qué unos van a tener entrantes y otros salientes! ¡Todos planos! Y si ello nos pone francamente difícil obtener placer de nuestros cuerpos, ¡pues que así sea!: lo importante es que entonces seremos al fin iguales. Es un camino más enrevesado que aparenta ser contrario pero que acaba llegando al mismo sitio, como digo, que el puritanismo religioso: “el placer que sentimos está mal”, “¡es pecado!”; “es obra del demonio!” (léase: el capitalismo, el patriarcado, las “fuerzas oscuras” del mercado.) Así lo muestra su negativa a aceptar los argumentos en pro de los derechos individuales que blande contra ella la Miller. “Lo que a tí te guste no es un argumento”. Pero por lo visto, lo que a la Gimeno no le guste “El porno mainstream no puede gustarle a ninguna feminista”. Es decir, que ella no sólo tiene autoridad para distinguir qué valoraciones constituyen argumentos, sino que, al parecer, también sabe -o dicta- lo que puede gustarle o no a las feministas de todo el Globo, las del pasado, las del presente y las del futuro. Y ya la joya de la corona es su afirmación de que “si todo consistiese en una suma de derechos individuales, no se podría hacer política”. Porque así es: si se respetasen por entero nuestros derechos individuales, ella y los suyos no podrían meter sus narices en nuestras vidas y en lo que nos da placer o nos lo quita. ¿De verdad a nadie le espanta que algunos pretendan mezclar la política con el ámbito de la más estrecha privacidad? ¿No es esa la definición más perfecta de “totalitarismo”?
"Debemos problematizar nuestras prácticas y nuestros deseos".
"Debemos averiguar qué fuerzas oscuras
se esconden tras ellos".
....
 ¡Arrepentíos!
Pero la palabra estrella del debate, en boca de casi todos, es “problematizar”. El término-mantra en cuestión no podría ser más elocuente: convertir en problema lo que no lo es, o que hasta ahora nunca lo había sido. Por supuesto no se atreven a decir a las claras que algunas prácticas las consideran inmorales, y por eso comienzan a hacer funambulismo ético, reconociendo por un lado el derecho de cada mujer a fantasear o practicar lo que le plazca y elucubrando por otro sobre los roles que supuestamente pretende fomentar en nosotros “el heteropatriarcado capitalista”, usando tales elucubraciones carentes por completo de base empírica como pretexto para admitir la necesidad de una suerte de “ingeniería social inversa”. Es la misma lógica del Marxismo-leninismo de siempre: convencernos de que el actual estado de cosas es producto de una imposición para así justificar otra imposición: la de ellos. Elaborar teorías que ni quieren ni pueden probarse -esto es: pseudocientíficas- con el único objeto de volver legítima, y hasta necesaria, una violencia y un autoritarismo análogos a los que ellos han construido en su imaginación y en su propaganda.

Pero deben ustedes mojarse, señoras. O defienden la libertad individual o no. No hay terceras vías. Relativizar principios éticos que no podrían ser más claros inspira muy poca confianza. ¿Quieren ustedes dictar cómo deben obtener placer las mujeres o no? Díganlo claramente, y déjense de medias tintas y de vaguedades.

Por su parte, el papel de Amarna Miller en el debate, como dijimos, representa algo así como “la voz de la sensatez”. Los principios que defiende son bien claros, a diferencia de la caterva marxofeminista. Sus reclamaciones son también claras y perfectamente entendibles por cualquiera: la situación de a-legalidad del cine porno en España deja desprotegidos a sus trabajadores ante posibles abusos o malas prácticas –no en el terreno sexual necesariamente, sino también en el laboral-. Ella, que ha trabajado también en la industria de Estados Unidos, ha podido comprobar la ventaja de desarrollar esa profesión –para ella un hobbie- con todas las garantías que ofrece una ley sensata y funcional,  con controles de ETS´s más rigurosos, y donde los contratos están bien especificados y el poder de negociación de todas las partes más equilibrado.

La porn-star madrileña lanza además una pregunta retórica que es un desafío a los prejuicios mal ocultados de las de “el sexo también es política”: ¿Quién puede, de verdad, saber lo que degrada o humilla a una mujer? Exactamente la misma pregunta que lancé yo en la primera parte de estas reflexiones. Apenas se percatan de lo terriblemente arrogante que es pretender adivinar lo que los demás sienten (y sin entrar en el terreno, en el que ellas sí entran de forma mal disimulada, de lo que deberían sentir). Por supuesto que cuando contemplamos en la pantalla una práctica sexual que a nosotros nos desagrada, y que valoramos desde nuestra perspectiva negativamente, proyectamos nuestra vivencia sobre la persona que está representándola y por cualquiera que pudiera representarla en el futuro, y por tanto asumimos instintivamente que ella experimenta, o debiera experimentar lo mismo que nosotros. Pero eso es una trampa psicológica de sobras conocida, y parece mentira que personas hechas y derechas sigan confundiendo su ego con la realidad objetiva. Es como si todavía estuvieran en esa fase de la primera infancia en que el bebé no sabe distinguir lo que forma parte de su cuerpo de lo que es exterior a él.
Cierto escritor español dijo de ´Garganta profunda” que le resultaba un film “inverosimil”.
Quizá por aquel entonces muchos no caían en que en ello consiste justamente su poder de atracción,
en que no pretende mostrarnos la realidad, sino una ensoñación tan irresistible como turbadora.

No obstante, sí hay algo de lo que dice Amarna Miller que es más debatible, y sobre lo que me gustaría hacer una reflexión en cierta profundidad. El deseo expresado por ella de que la pornografía comience a verse como un trabajo más, y que se vaya diluyendo el estigma que acompaña a quienes se dedican a ello es sin duda un deseo legítimo, pero también ingenuo, y nos plantea algunas paradojas bien interesantes. Por un lado ese halo de “prohibido”, “sucio” y “oscuro” es ingrediente fundamental de la atracción que produce en la mayor parte, por no decir todos, de sus consumidores. Ella misma alude, si mal no recuerdo, al componente transgresor del porno. Y en efecto es éste un componente sin el cual esos productos audiovisuales perderían gran parte de su atractivo. Si la pornografía no buscara desafiar los límites y jugar con nuestra idea -siempre cambiante- de “lo perverso”, sencillamente dejaría de ser pornografía y pasaría a convertirse en una aburrida clase de educación sexual.

La realización o representación de fantasías sexuales requiere mantener un difícil equilibrio entre la costumbre y el tabú, entre lo agradable y lo desagradable, entre lo bello y lo grotesco, lo dulce y lo brutal, y esencialmente entre lo falso y lo real.

Como precisamente se trata de una receta que exige ese difícil equilibrio y esa precisión en cuanto a los ingredientes que se usan para elaborarla, en la que no puede haber ni demasiado picante, porque abrasa, ni demasiada realidad, porque repele, ni demasiado fingimiento, porque distancia, no toda la pornografía nos provoca o nos interesa o nos excita a todos por igual. Por ello los autores de ´La ceremonia del porno` nos hacen ver lo mal que entendemos habitualmente en qué consiste esa ceremonia. Creemos que el producto pornográfico es “fácil”, que es fabricado en serie y que no se distingue uno de otro, que con mostrar lo que hay que mostrar basta para lograr el objetivo: la excitación.

Pero nada más lejos de la realidad. Quizá eso bastara cuando hizo su aparición (aunque, como también se nos explica en el libro, ha existido desde siempre en distintas formas). Quiero decir que quizá cualquier cosa sirviera para llamar la atención del que nunca había visto imágenes pornográficas, o meramente eróticas, proyectadas con un cinematógrafo. Pero sin duda si esta persona se hacía aficionada a esas imágenes empezaría a buscar aquellas que más sintonizasen con sus deseos, probablemente los más inconfesables.

Y es que con ello hemos aterrizado en la, digámoslo así, Piedra Rosetta del fenómeno pornográfico, y puede que también del erótico: los deseos inconfesables, nuestro lado oscuro.

Porque todos tenemos deseos inconfesables. Y las fantasías que probablemente más les espantan a las que ven conspiraciones patriarcales y capitalistas detrás de todo son una vía de escape mediante las que aquél, nuestro lado oscuro, puede salir a la luz aunque sea tímidamente y en un entorno controlado; y de ese modo quizá evitar que acabe explotando en un momento mucho menos apropiado, sin ningún control que lo frene, y en el peor de los casos, causando daño a terceros.
Las prostitutas sagradas eran muchachas jóvenes que mantenían relaciones sexuales 
como parte de rituales religiosos en lugares sagrados y como ofrenda a los dioses. 
Existen varias teorías sobre la aparición de las prostitutas sagradas y de las funciones 
que desempeñaban. Unos dicen que la sexualidad y la espiritualidad estaban tan unidas 
que el sexo se convertía en una ofrenda para los dioses. (Fuente aquí)
Ya lancé en la primera parte de este ensayo una hipótesis sobre la posible, o no, función social de la pornografía. Alguien tan poco sospechoso de relativista o postmoderno como Guillaume Faye compartía esta intuición, y lógicamente la hacía extensible al papel de las prostitutas. En su inclasificable obra ´Arqueofuturismo`, Faye recordaba al hilo cuáles eran algunas de las atribuciones de muchas sacerdotisas en los antiguas religiones paganas, y cómo en aquellas sociedades cumplían también al parecer una función irremplazable. La ventaja es que ahora tenemos acceso a todos los templos del mundo y a todas las sacerdotisas sin movernos de nuestro silla y con un click de ratón.

Así pues, concluyo lanzando una nueva provocación que puede inspirar, al menos desde mi punto de vista, fecundas reflexiones. ¿Serían las actrices porno las nuevas prostitutas sagradas? Creo que hay motivos para creerlo así: el servicio que prestan no es como el mero trabajo sexual que se desempeña en el ámbito privado. En este caso se trata, como ya dijimos, de un rito, o un aquelarre; una ceremonia de concentrada intensidad en que se funde lo íntimo y lo público, en que se transgreden calculadamente las normas y los tabúes, los límites y los pudores… hasta dar con el justo equilibrio entre perturbación y curiosidad, esa receta precisa que a usted en particular le despierta el arrebatamiento que andaba buscando desde siempre, quizá sin saberlo y sin haber oído nunca de él, pero que desde ahora no cambiaría por nada y que, al lado del cual, lo que antes conocía como excitación le resulta un mero simulacro.

Pero no las juzguen ni se juzguen: a las sacerdotisas, a las fantasías que representan, o a ustedes mismos por disfrutarlas. Tan sólo sean conscientes de ellas. No hay cosa, por terrible que parezca, que sea preferible ignorar a conocer. La ignorancia sobre las cosas del mundo puede hacernos infelices, pero nunca tanto como la ignorancia sobre nosotros mismos.

Sí, pudo escribirlo Sócrates. No pretendía reclamar la autoría por esa reflexión.

Pero ésta sí la firmo: Deseen lo que deseen, ocúltenselo a quien quieran menos a ustedes mismos. Conózcanse y acéptense con sus zonas oscuras incluídas. Se sentirán más enteros y más dueños de sí mismos. El conocimiento es poder, y el auto-conocimiento es por tanto una forma de asumir mayor control sobre nuestras decisiones: de hacernos más libres. Y en eso creo que la srta. Amarna Miller puede servir de ejemplo, por mucho que ahora la odien, la juzguen, o elucubren sobre por qué hace lo que hace y piensa lo que piensa. Y con ello me refiero a la gente en general pero también a mí mismo porque, como la mayoría, tengo sentimientos encontrados. Ninguno estamos a salvo de prejuzgar, despreciar o apartar a otras personas cuando sus valores, sus percepciones o sus sentimientos no coinciden con los nuestros.

Yo mismo me he visto dividido entre la admiración, la incomprensión y la repulsión al indagar en la figura de Amarna Miller, ojeando su blog y algunas de las entrevistas que ha concedido. Es difícil aun hoy, por más “liberados” que nos creamos, asumir que alguien pueda entender y ejercer con tanta naturalidad el sexo como profesión, negocio y/o espectáculo. Nos gusta consumirlo, pero entraríamos en cólera si nuestra hija se dedicara a ello. ¿Hipocresía? Más bien imperfección congénita humana. De nuevo: no nos culpemos, no nos fustiguemos por no ser lo suficientemente “abiertos” o “modernos”. No todos estamos hechos de la misma pasta. Porque si algo me ha quedado claro es que Amarna Miller está hecha de una pasta muy especial. Ni mejor ni peor. Simplemente distinta al resto de nosotros. Quizá sea una muestra del próximo escalón en la evolución humana: una inteligencia emocional capaz de conciliar algunas de las hasta ahora insalvables contradicciones del homo sapiens. O al contrario: su moralidad innata acusa unas carencias que no serían beneficiosas para la especie. Pero también puede que sólo constituya un rara avis. Ya dije que no tiene por qué ser ni mejor ni peor.
Ishtar, entre los semitas orientales, era equivalente a la Diosa del Cielo sumeria. 
Por su relación con la fecundidad y la maternidad fue considerada diosa del amor, 
tanto en el aspecto familiar como en el sensual y voluptuoso. De ahí el que fuera 
la patrona de la prostitución sagrada, ejercida por hombres y mujeres 
en los templos, de cuyo personal formaban parte. (Fuente aquí)

*
Pero una cosa sí es innegable. Escuchar y leer sus confesiones me excita todavía más que verla en acción. Quizá precisamente porque, mientras la escucho o la leo, sigue presente la acción en mi memoria.

Su transgresión me provoca, me repele, me intriga, me turba, me fascina, me ofende, y me excita sobremanera a un tiempo.

Ecce Homo… .
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lunes, 3 de octubre de 2016

Pornografía, feminismo y sexualidad (I)

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Decía Ernesto Castro que el acoso de algunos feministas a Amarna Miller evidenciaba que se habían perdido el debate que se produjo al respecto en los setenta, y que entonces ya quedó claro que no podía confundirse la visualización o realización de fantasías “machistas”, o cuales fueran, con la implementación de esas mismas actitudes fuera del marco controlado de la representación. Feminismo precisamente significa –o debería significar- que las mujeres escojan libremente lo que les da placer, así como sus profesiones o aficiones, opinemos lo que opinemos de ellas. 
Amarna Miller. Actriz porno española reciéntemente
acosada 
por feministas puritanas en las redes sociales.

No fueron esas sus palabras exactas; he preferido expresarlo con las mías propias. Lo cierto es que yo también me perdí ese debate pero no por ello dejo de suscribir la posición que mantiene el profesor Castro. Supongo que hemos llegado al mismo razonamiento por caminos distintos.

Si comento esta reciente anécdota es porque me ha hecho reflexionar largo y tendido sobre una cuestión que es más interesante y tiene más ramificaciones de lo que habitualmente se piensa. 

Para empezar, “pornografía” no es una categoría en absoluto objetiva. Lo que se considera pornográfico en una sociedad más bien recatada es considerado mero erotismo en otra con menos tabúes respecto al sexo. Recomiendo la lectura de un muy logrado ensayo sobre esto mismo, publicado hace unos años y que fue titulado ´La ceremonia del porno`

La pornografía ha suscitado siempre recelos y hasta abierta indignación en algunos sectores. Como todo. Como la libertad de expresión, como la libertad religiosa, como el ateísmo, el capitalismo o las drogas. Y si algo ha constatado la Historia es que intentar proscribir cualquiera de esas cosas, y tantas otras, no ha servido de nada. En todo caso, para empeorar las mismas circunstancias indeseables (al menos para algunos) que motivaron la cruzada contra ellas en primer lugar.

El feminismo hace tiempo que está dividido entre quienes condenan la pornografía y quienes la toleran (o hasta la ensalzan). Por un lado se nos dice que la mayor parte de esa industria está dedicada a proporcionar al público aquellas “fantasías machistas” de las que hablábamos al comienzo. Por el otro se nos recuerda que nadie impide a los que optan por otro tipo de fantasías el representarlas y comercializarlas. De hecho no es un secreto que existe porno feminista, porno homosexual, porno sadomasoquista, y así un largo etcétera. Todo lo que un cierto número de personas demande le va a ser tarde o temprano ofrecido por alguien: regla básica de la economía. Si resulta que, aun así, sigue habiendo mucho más porno dedicado a hombres heterosexuales que fantasean con dominar a las mujeres y no con ser dominados por ellas es porque, sencillamente, son estos mayoritarios, y por su parte las mujeres son de media menos aficionadas a la pornografía. Ya está. No hay ninguna conspiración del “Patriarcado” ni de la industria del entretenimiento ni del Sursum Corda. Los hombres que fantasean con ser dominados por las mujeres, aunque sean menos, también cuentan con productos pensados para ellos. Si no hay más pornografía de ese estilo es porque se demanda menos.

Una vez hechas estas aclaraciones, pasemos a analizar el papel de la mujer en el porno dedicado a hombres. Hay infinidad de perspectivas posibles desde las que analizar el asunto, y por más de ellas que resumiéramos aquí, siempre nos quedarían muchísimas cosas por decir que unos u otros considerarían pertinentes. Pero no le veo demasiado sentido a las divagaciones o elucubraciones morales; y tampoco creo que corresponda a nadie dictar los sentimientos y los valores con los que otros deben identificarse, por más “evidentes” que nos parezcan a nosotros. ¿Estoy defendiendo con ello un relativismo ético? No necesariamente. Pero tampoco es este momento de hacer una digresión sobre la moral, pues ello merecería un texto aparte, y bastante más extenso que éste. 

Lo que quiero hacer ver es algo más simple: las personas tenemos diferentes modos de percibir y vivir la sexualidad. ¿Hay unas “sanas” y otras “enfermizas”? Lo único verificable es que solemos considerar “sanas” las nuestras y “enfermizas” las de los demás; y esto tanto si somos puritanos como todo lo contrario. Es difícil por ello dictar desde nuestro sillón si lo que hace una mujer (o un hombre) la degrada, la humilla o la traumatiza porque no estamos dentro de su cabeza para saber realmente como ella (o él) lo percibe y lo experimenta. 

Juez Potter Stewart, quien admitió en la Corte
Suprema no poder definir la pornografía
aunque, y cito, "la reconozco cuando la veo".
*
Todos reconocemos lo que es pornografía
para nosotros, no así lo que es pornografía
para los demás. Especialmente si nos 

movemos en distintos ámbitos culturales.
Y tampoco puede afirmarse, como se ha hecho tantas veces, que las fantasías que se representan en el cine pornográfico fomenten actitudes análogas en la vida cotidiana. Este error, tan común, y que se extiende a la violencia en los videojuegos y en las películas, parte del dogma asumido en los últimos siglos de que los seres humanos venimos al mundo como pizarras en blanco y que todo aquello que nos atrae o nos repele viene dictado por los patrones culturales en que nos hemos criado. Ya hemos citado aquí más veces la tan reveladora, a este respecto, obra de Steven Pinker. No nos extenderemos pues sobre ello. Pero resumiendo: ni los videojuegos ni el cine ni la pornografía crean ni promueven tendencia alguna; lo único que hacen es ofrecer a los diversos consumidores los diversos productos que demandan. Cualquier otra estrategia sería absurda desde el punto de vista comercial.

De hecho, sería más interesante hacerse la pregunta contraria: si no habrá favorecido la pornografía, en vez de una suerte de hiper-sexualización, una disminución de los actos impulsivos de la más diversa índole, al constituir una vía de escape de esos instintos reprimidos con la que antes no se contaba (o que al menos, no era de tan fácil acceso como hoy). Si hiciésemos un estudio al respecto ponderando el peso de otros factores en una hipotética disminución estadística de violaciones y acosos, complementándolo con un seguimiento en un largo periodo de antiguos criminales sexuales en diverso grado, quizá los resultados que obtendríamos –y digo quizá- nos harían plantearnos la posibilidad de que la pornografía tuviese una función social nada desdeñable. En tal caso podrían considerarse a las actrices porno (más que a los actores, puesto que la mayoría del mercado es masculino, y la mayoría de los varones son heterosexuales) casi unas heroínas, unas benefactoras de la Humanidad.

Y manteniendo el tono serio y jocoso a un tiempo, porque el tema casi parece exigirlo, tampoco podríamos dejar de lado la discusión, acaso la más central o más habitual, en torno a la “cosificación de la mujer”. Lo cierto es que es difícil negar que la mujer sea concebida como “objeto sexual” en estos tipos de representación de fantasías masculinas. Pero es más difícil negar que la cosificación a que se ve sometido el hombre es todavía mayor. Al fin y al cabo, si la mujer se ve reducida a su cuerpo (aunque puede argüirse que su éxito no depende sólo de su apariencia sino casi en la misma medida de su “actuación”), el hombre se ve reducido a una sola parte de su cuerpo. Como dijera Marx del obrero industrial, “se secciona al individuo mismo, se le convierte en un aparato automático adscrito a un trabajo parcial, dando así realidad a aquella desazonadora fábula de Menenio Agrippa, en la que vemos a un hombre convertido en simple fragmento de su propio cuerpo.”

Y no será menos interesante abordar el asunto de los patrones de belleza. Normalmente es a la industria de la moda y la publicidad a quien se acusa principalmente de fomentar estos “estereotipos extremos e irreales”, pero desde luego que también se ha acusado de ello a la pornografía. No vamos a extendernos sobre si estos patrones son impuestos o no, aunque ya habremos dado alguna pista antes al mencionar la Tabla Rasa de Pinker. Lo cierto es que sí hay proporciones, siluetas y simetrías que resultan en general más atractivas, tanto en el caso de los hombres como de las mujeres. Lo que no hay, o al menos no tan claramente, es un nivel concreto de grasa corporal que resulte óptimo en cuanto a atractivo: eso sí depende más de las latitudes y las épocas. Por ello comprobamos como en el Caribe gustan más las mujeres algo rellenitas y en Polinesia los hombres incluso más que rellenitos, a diferencia de como ocurre hoy en Occidente. Sin embargo, es justamente en la pornografía donde menos se aprecia esa “dictadura de la delgadez”, puesto que esta industria, hoy tan diversificada, ofrece todos los productos audiovisuales que el consumidor pueda demandar; y las mujeres rellenitas y con curvas son más demandadas de lo que muchos seguramente creerán.

Pero aquí debemos hacer un alto en el camino y aclarar algo importante: de todo lo anterior no se deriva aquello de que practicar sexo sea “como beberse un vaso de agua”. Si ustedes han leído más textos de este blog seguramente ya sabrán que esa me parece una idea bien ridícula: el sexo no es “inofensivo” ni “inocuo” puesto que tanto en la Naturaleza como en la Civilización comprobamos que ha sido una de las mayores fuentes de conflicto. La “liberación sexual” que con tanta convicción abrazaron los jóvenes en los Setenta (quizá desde un poco antes y hasta un poco después de esa década) fue origen de grandes dramas y grandes frustraciones. Y aquellos jóvenes idealistas convencidos de que los celos y la fidelidad eran una imposición cultural acabaron aprendiendo por las malas que en realidad eran instintos que formaban parte de su naturaleza y que era imposible (al menos para la mayoría) apartarlos sin más de sus conciencias.

¿Esto quiere decir que para todo el mundo resulte igual de problemático y comprometedor el sexo? Obviamente no. Tanto nuestra predisposición genética como el carácter que desarrollamos a lo largo de nuestras vidas hacen que los individuos enfrentemos la sexualidad, igual que muchas otras cosas, de maneras muy diversas. Los hay que son incapaces de dormir con alguien una noche sin enamorarse como colegiales. Los hay que son capaces de compartir lecho con multitud de personas sin llegar a sentir lo más mínimo por ninguna de ellas. Esos son los dos casos extremos: entre medias, nos hallamos seguramente la mayoría.

Entonces, ¿los actores y actrices porno pertenecerían al primer grupo que describimos? Puede que sí y puede que no. Podemos preguntárselo a ellos, uno por uno; y seguramente obtendríamos respuestas bastante variadas. Seguro que no son de los que se enamoran de cualquiera con quien practiquen sexo, porque les incapacitaría para desempeñar su profesión; pero más allá de eso, no podemos estar seguros de cómo afrontan el sexo a nivel personal todos y cada uno de ellos. Podemos suponer, desde luego, que en general predomina el componente lúdico. Aun así, no podemos asegurar que no constituya en algunos casos una experiencia mística o trascendente.

Y es que, puestos a ser iconoclastas, no puedo desaprovechar esta oportunidad de rescatar mi tesis sobre la “metafísica del sexo”. Confieso que la tentación de hacerlo es superior a mis fuerzas.

En el libro de Barba y Montes que antes mencioné se incide en el hecho de que la pornografía, por muy tosca y de mal gusto que nos parezca, es una cosa muy seria en el momento de su realización y su visualización. Luego queda de nuevo relegada al cuarto oscuro que no queremos mostrar a nadie; ni a nosotros mismos. Pero en el momento preciso de ejecutarla o contemplarla, se trata de todo un rito, una ceremonia, quizá un aquelarre: un rito religioso invertido. Por ello podemos hablar de una iniciación, un compromiso, y por supuesto una comunión y un éxtasis religioso; sin comillas, pues..¿en qué otra situación que no sea ver pornografía o practicar sexo estamos más cerca del sentimiento de fundirnos con la eternidad y contemplar el rostro de Dios? ….
*
Al escribir sobre pornografía, uno ya sabe a quién habla: a gente como uno mismo. 
Gente que a veces la consume o la practica, la solicita o la teme, 
la admira, la calibra, la sopesa con precaución o la disfruta. 
(Andrés Barba y Javier Montes)
*
Uno sólo combate los prejuicios que comparte. 
(Simone Weil)

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lunes, 25 de abril de 2016

"Sesgos..."

Juan Manuel De Prada, escritor e intelectual representante de la derecha
ultra-católica y enemiga ferviente de la democracia y la libertad.
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Juan Manuel De Prada no es, en realidad, un tipo que me caiga mal; pero de algún modo representa mejor que nadie un arquetipo típicamente hispano: el del misionero en tierra ya cristianizada, el del redentor de los ya redimidos; o, dicho de otro modo, el que viene a contarnos otra vez lo que ya nos contaron y, por más que le resulte incomprensible, ya casi nadie quiere oír porque, sencillamente, la mayoría de nosotros estamos a otra cosa.

Seguí mucho el programa de debate que dirigía y presentaba en Intereconomia, del que no dejé de extraer aportes interesantes; y de vez en cuando he leído artículos suyos, siempre muy bien escritos y con notables dosis de ingenio. Pero no lo he escogido como paradigma del ingenio sino de los sesgos ideológicos.

Los que, como él, llevan la cruz de cristo grabada en la frente, acostumbran a ver el mundo de un modo algo peculiar. Se podría resumir en una fórmula muy simple: todo lo que procede del cristianismo es bueno, todo lo que no procede del cristianismo es malo. Pero, dependiendo del contexto, donde dice “cristianismo” debemos poner “catolicismo”.

Porque si se trata de cargar contra todo lo anti-cristiano, no hay problema alguno en hacer frente común con ortodoxos y protestantes; pero, ¡ay!, si ya se trata de abordar las disensiones y peleas entre las distintas facciones cristianas, la fórmula anterior adopta inequívocamente la segunda de las formas, y esas dos facciones con las que no tenía problema en establecer una alianza tácita se convierten repentinamente en algo casi tan "perverso" como el mismo ateísmo. 

El tipo es capaz de cualquier villanía con tal de mantenerse en sus trece. Todavía cae en trampas de pseudo-intelectual que algunos hemos felizmente superado a mucha más temprana edad, como es la de asumir una cómoda y cobarde equidistancia frente a socialismo y liberalismo, y pretender vendernos que, si bien los crímenes cometidos en nombre de uno y otro son de cariz distinto, moralmente son poco menos que equiparables. Así, llega a acusar a la democracia liberal de arrebatarnos lo que más temíamos que nos arrebatara el comunismo; esto es: la familia, la fe, la tradición; o a proclamar, en un claro momento de enajenación transitoria, que “el liberalismo es mucho peor porque trajo la minifalda”. Sólo una mente retorcida y alejada por completo de los valores humanos –sí: humanos y no “divinos”- es capaz de tal bajeza moral: restarle importancia a los millones de víctimas del Gulag, y sus equivalentes en China o Vietnam, con tal de convencernos de su enfermizo diagnóstico del mundo moderno, donde “la minifalda”, el laicismo y la “luciferina libertad” son cosa de mayor gravedad que toda la barbarie desplegada en nombre de un ideal tan cercano, mira por dónde, al del cristianismo primitivo.

En otra de sus enajenaciones mentales, dejo a criterio del lector si transitorias o no, llegó a afirmar con gran convicción que quienes se manifiestan contra la Iglesia están motivados en el fondo por un “odio hacia la virginidad de María”. Pero lo que se trasluce en todas esas declaraciones con bastante más claridad que los supuestos sentimientos de los ateos hacia la "madre de dios" es su profundo odio, compartido por correligionarios como García Serrano, al mundo que han alumbrado el Laicismo, la Ilustración, el Protestantismo y la Masonería. (Parafraseando al gran periodista Juan José Chinchetru, "¡menos mal que su religión les prohibe odiar!")

Por otra parte, sus constantes alusiones al aborto son muestra de una bien conocida obsesión de la derecha religiosa. Una obsesión llamativa por cuanto pone más énfasis en defender la vida del no nacido que la del nacido, y por cuanto su ignorancia de la biología le lleva a creer a-científicamente que un óvulo recién fertilizado es tan “humano” como un feto de siete u ocho meses. Pero hay que comprenderlos: si no contaran con el pretexto del aborto, su discurso perdería la mitad de su fuelle.

Por ésto es que se muestra simpatizante del gobierno “identitario” (en el sentido religioso y nacional) de Vladimir Putin. Y por lo mismo, acude a Dostoievski como símbolo del mantenimiento de la fe cristiana a toda costa, o a Tocqueville en sus advertencias sobre el futuro de la democracia. Pero se le olvida, curiosamente, que Dostoievski opinaba que la Iglesia de Roma era responsable de la muerte de la conciencia cristiana; o que Tocqueville, si bien vislumbraba graves peligros en la democracia y el liberalismo, también dejó siempre claro que no era posible volver atrás y que estos nuevos modelos políticos nos traerían sin duda grandes ventajas.

En síntesis: Prada lo acomoda todo a su discurso, por más malabarismos pseudointelectuales que tenga que hacer; y de ese modo, su cosmovisión permanece como a él le gusta: esclerotizada. Extrae de cada opinión aquello que le conviene y descarta lo que no le sirve. Todo es instrumental al fin de mantener su rancia y temerosa concepción de la existencia.
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Eduardo García Serrano. Escritor y periodista. También representante de ese
catolicismo ferviente enemigo de la democracia, pero sobre todo, de la libertad.

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lunes, 11 de abril de 2016

“CONSTITUCIONALISTAS...”

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«Cuando un hombre dice que está construyendo una casa para sí y su posteridad, él no pretende que se entienda que quiere obligar a su descendencia a hacer uso de ella, ni que tiene algún derecho a obligarlos a vivir en ella. Él sólo pretende que se entienda que su esperanza y motivación para construir la casa es que ellos, o por lo menos algunos de ellos, pudieran encontrar satisfacción viviendo en ella.
(…..)
Así fue con los que originalmente adoptaron la Constitución.
(….)
Si hubieran tenido la intención de vincular a su posteridad al contrato, debieron haber dicho que su objetivo era, no “asegurarlos en las bendiciones de la libertad”, sino convertirlos en esclavos; porque si su “posteridad” está vinculada al contrato, no es más que esclava de sus tontos, tiránicos y difuntos abuelos.»

(Lysander Spooner, ´Sin traición`.)

Lysander Spooner (1808-1887)
Jurista, filósofo político
y abolicionista estadounidense.
Esta misma mentira, esta misma artimaña que destripó Spooner en el contexto de la Guerra de Secesión Americana es a la que nos enfrentamos hoy en España, encarnada por los llamados constitucionalistas. La Constitución del 78 está cerrada y (como mucho) cabe alguna que otra “reformilla menor”. Entonces se decidió lo que parecía mejor para todos. Y lo que parecía mejor entonces debe seguir pareciendo, y siéndolo, para siempre ¿¿?? Esto es una impostura y un chantaje intolerable. Yo no voté ninguna constitución. Yo no estoy obligado a acatarla. Pero aunque la hubiera votado, tampoco puede obligarme nadie a mantener mi acuerdo con ella hasta el día en que me muera. Lo que sirvió entonces bien puede no servir ahora. Y está por ver hasta qué punto “sirvió”, porque de esos polvos vienen los presentes lodos, y son unos lodos especialmente densos.

En el fondo este constitucionalismo opera mediante “razonamientos” análogos a los del nacionalismo español: Como la nación española lleva mucho tiempo funcionando como tal, y no le ha ido “mal del todo” (cosa siempre susceptible de cuestionar), es de esperar que lo haga por siempre.

Pues no, señores: Las soberanías colectivas equivalen a tiranía, a convertir nuestras voluntades en esclavas de las voluntades de los muertos (aunque también de nuestros coetáneos, cuando una de esas soberanías se declara frente a nuestros ojos y sin nuestro consentimiento).

Saben todos los que me leen que me opongo por igual a todo nacionalismo. Pero si una mayoría de los catalanes decide embarcarse en una aventura secesionista-nacionalista (en vez de en una secesionista a secas, como preferiría yo), por más que el componente nacionalista pueda hacer esa futura sociedad irrespirable, y que suponga una marcha atrás hacia periodos felizmente superados (cambiando el adoctrinamiento españolista por uno catalanista), aun con todo eso, los catalanes tienen derecho a equivocarse y, si hace falta, a estrellarse. ¿O no estamos de acuerdo en que nadie aprende si no prueba en sus carnes el fracaso, y que nadie escarmienta si no comete sus propios errores y se ve obligado a enmendarlos también por sí mismo? Aunque los españolistas y los constitucionalistas estuvieran en lo cierto y, ya no por el componente nacionalista, sino por el mero hecho de secesionarse, los catalanes estuvieran incurriendo en un fatal error, ¡pues ya se darán cuenta ellos, tarde o temprano, y buscarán el remedio, por la cuenta que les trae! ¿De verdad cree el gobierno de España que puede convencer a los nacionalistas catalanes con argumentos de esta clase? Es de una ingenuidad supina…

Aquí lo que está en juego, al menos para la opinión pública catalana, es el libre consentimiento en formar parte de un proyecto político. Y al no aceptar gran parte de su ciudadanía (por los motivos que sea) seguir formando parte del estado español, están en su pleno derecho. Que yo considere el nacionalismo un grave error no me faculta para cuestionar ese derecho. Seguiré, desde luego, advirtiendo de los males derivados de ideales como el nacionalista, y seguiré criticando el pan-catalanismo, que en vez de favorecer un progresivo secesionismo, lo que plantea es prácticamente la anexión de otros dos territorios, una vez secesionados del estado español. Pero a eso me limitaré, pues el derecho a la libre secesión no debe confundirse ni mezclarse con el contenido que LIBREMENTE le den los distintos pueblos a sus estados recién fundados.
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Los padres de la Constitución española de 1978, sobre los que 
se ha erigido un mito político ya rentabilizado y agotado.

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(Nota aclaratoria: Lo único que me he propuesto tratar aquí es el derecho abstracto a la secesión; por tanto no me he referido a la forma concreta en que ese derecho se está pretendiendo ejercer actualmente por parte de los separatistas catalanes, pues ese asunto merecería un escrito aparte. No obstante, para evitar malos entendidos, aclararé que, si bien los catalanes tienen todo el derecho a decidir cuál es el proyecto político del que desean participar, es bastante más cuestionable su derecho a dilapidar los fondos públicos para sostener y vender al mundo tal proyecto –ni que decir ya para extenderlo a otras comunidades a modo de inversión para preparar la anexión-; como también es cuestionable animar a todo el estado a incumplir caprichosamente las leyes y “hacer las cosas por las bravas”. Es obvio, asimismo, que cuando hablo de mayoría en un caso como éste no puede bastar con una simple sino que conviene exigir una, al menos, de dos tercios.)


viernes, 11 de diciembre de 2015

¿UN VISTAZO A UN FUTURO CERCANO? ...

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Racionalización y eficiencia. 
Convierta a los sujetos en números en orden a extender el bienestar lo más homogenea y exitosamente posible. 
En vez de redes de apoyo y agrupaciones filantrópicas de ámbito localista y descoordinadas, no sujetas a inspección ni control, un único ente máximamente coordinado, máximamente unificado, máximamente eficiente. ¿Quién requiere trato humano y cercano cuando tiene acceso a un dispensador de ayudas homologado, automatizado y centralizado? ¿Quién va a perseguir, como se hacía en otros tiempos, el apoyo mutuo con sus vecinos cuando puede acudir a profesionales expertos en asistencia, dedicados a hacernos la vida más fácil y librarnos de todo escollo de un modo eficiente, racional, impersonal?...

El Gran Benefactor constituye todo un hito en el progreso humano, pues viene a sustituir los caducos y siempre imperfectos vínculos que forjaban antes las personas por sí mismas como único recurso para no quedar desamparadas ante el tan incierto futuro y la tan poco confiable espontaneidad con que se organizan las sociedades dejadas a su suerte.

Nuestra era ha acabado con tales incertidumbres, ha librado finalmente al hombre de la tortura de enfrentarse a un horizonte que ofrece infinitas alternativas pero ninguna seguridad; de ese vértigo abismal que otrora padeciera todo aquel a quien se ponía en el brete de elegir entre tantas vías de acción sin garantizarle, como nos honramos hoy de haber logrado, un camino de baldosas amarillas que recorrer, liberados ya de ese dichoso temor a no haber hecho la elección correcta. 

Todo ello gracias a la fuerte inversión realizada en formar un cuerpo de expertos que le evitan ese problema decidiendo por usted, puesto que son expertos, 
mucho mejor de lo que usted mismo lo haría.
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La libertad está sobrevalorada. La evolución también. 

... ¿Que podríamos estar mucho mejor de lo que estamos si dejáramos a los talentos desarrollarse sin freno? ... ¿Que la sociedad produciría inimaginables avances si renunciáramos a la pretensión de domeñarla? ...

Es muy posible. Pero la mayoría no está tan interesada en el avance como en poner 
a buen recaudo lo obtenido hasta ahora. 

Puede ser la aspiración de las "grandes almas" el zambullirse en lo incierto y a la vez prometedor de un futuro abierto a todas las posibilidades. Pero es el instinto de casi todos los demás blindarse frente a ese campo abierto a inmensos beneficios no menos que a inmensas pérdidas. Y por más que aquellas mentes más audaces hayan sido en todo tiempo los que hicieron avanzar a regañadientes al resto, y que estos sólo les reconociesen su mérito cuando, pasados los lustros, gozaron de la perspectiva adecuada para hacerlo, hoy reinan las mayorías, y son ellas a las que se debe todo gobernante.

Si el interés de las masas es la protección del presente y la negación del futuro.. Incluso si es regresar a la subsistencia, al quietismo de la tribu, y hasta más atrás, a la mera satisfacción de los apetitos animales y la renuncia a toda preocupación ulterior, ¿quién es el gobernante, ¡aún más!, quienes somos las minorías persuadidas de la necesidad de apertura y progreso para no acatar, o meramente para poner en cuestión lo que es a todas luces el interés general? ...
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Se ha decretado sagrada la seguridad y un pacto de silencio sobrevuela todo lo relacionado con la libertad. El miedo ha opacado toda otra motivación por la cual guiarse. Quien no se guía por él está fuera del sentir general y, en consecuencia, fuera de la vida civil. Se le ha declarado tácitamente un sujeto irresponsable y al suyo un carácter esencialmente incompatible con la vida en sociedad y la persecución de fines comunes.

Ya existe una fractura  cada vez más visible entre esa mayoría dominada por el miedo y la creciente minoría que se siente asfixiada por tal ambiente social. Los que consideran la unidad nacional y democrática un bien irrenunciable se muestran por momentos beligerantes con aquellos que califican de "desertores" y "traidores"; y hasta se han producido ya conatos de violencia, de amedrentamiento o increpación al grito de "lo libertario es temerario", o aquel otro no menos popular de "el bien de la nación no es reacción .. ponerlo en cuestión es morir de inanición" ..a lo que respondían tímidamente los otros con algún que otro improperio dirigido más a la clase política que había inflamado los ánimos que a aquellos que les increpaban, pues siempre han considerado a estos meras correas de transmisión de aquella clase cada vez más omnipresente y omnipotente.

Tanto da. Se ha logrado finalmente que el temor a lo que vendrá sea el motor principal de todo sentimiento popular y de todo interés por lo social y lo político; que el porvenir sea una amenazante nube negra de la que no cabe sino resguardarse.

Así los demiurgos de las masas han construído la cárcel perfecta, que es aquella en la que los presos no sólo están contentos de vivir sino que colaboran con buen ánimo a asegurarla contra incursiones del exterior igual que contra excursiones a ese mismo lugar. 

Ofrecen la seguridad que las masas le reclaman, y realizan tan impecablemente esta tarea que, cuanta más le ofrecen, más le reclaman.
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Aún con todo, crece día a día aquel grupo que exige el derecho a emanciparse del Gran Benefactor: Estos son los insolidarios, los que sólo miran por ellos mismos y nada quieren saber del interés general que, ahora más que nunca, debiera tender a unirnos en vez de a separarnos. 

Estos rebeldes secesionistas, misántropos acratoides.. ven en la aplicación escrupulosa del principio de la mayoría un atentado contra su capacidad de libre decisión; y de este modo, pretenden que La Democracia Nacional posee una naturaleza tiránica, y hasta algunos se atreven a calificarla de "cárcel donde se permite votar". ¡Habrase visto mayor incivismo! Estos salvajes inspirados por locos antisociales de la calaña de Stirner o Thoureau no están hechos para vivir en civilización. Más valdría librarse de ellos de un modo que no levantase excesiva polvareda. Quizá podamos impulsar una nueva ley de delitos de odio y terrorismo en nombre de la estabilidad nacional y el respeto por la democracia..
¡¿Quién puede ser tan canalla para poner en cuestión LA DEMOCRACIA?!! .... No será difícil llevarlo a cabo en la coyuntura en que actualmente se haya la opinión pública.

... Sí, nosotros hemos hecho algo para favorecer esa coyuntura. ¿Pero de qué se nos puede acusar? ¿Quizá de.. LUCHAR POR LA DEMOCRACIA? ... ¿De orientar esa opinión pública cada vez más en favor del INTERÉS DE TODOS? 
Con gusto asumiremos esa culpa.
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... And show must go on..

lunes, 24 de agosto de 2015

"EL MIEDO A LA LIBERTAD" (III)

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1- Autoridad, credo, o independencia.

«Aun cuando aquellos que ejercen la autoridad fueran malos o desprovistos de fe, la autoridad y el poder que ésta posee son buenos y vienen de Dios. Por lo tanto, donde existe el poder y donde éste florece, su existencia y su permanencia se deben a las órdenes de Dios. (....) Dios preferiría la subsistencia del gobierno, no importa cuán malo fuere, antes que permitir los motines de la chusma, no importa cuán justificada pudiera estar en sublevarse. (...) El príncipe debe permanecer príncipe, no interesa todo lo tiránico que pueda ser. Tan sólo puede decapitar a unos pocos, pues ha de tener súbditos para ser gobernante.» 

(Martín Lutero .. cabrón con pintas.)
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Hoy por hoy, a casi nadie se le ocurre proponer que las religiones ya no se escojan libremente  y que vuelvan a ser impuestas desde las élites gobernantes. Sin embargo, vemos por completo legítimo que se nos impongan modelos económicos o políticos. Y no hablo de regímenes dictatoriales. En las democracias de Occidente se asume sin menor problema que el 51% de los votantes (que no tiene porque ser siquiera el 51% de la población) pueda decidir sobre el resto de la ciudadanía. Quizá en un futuro resulte esto tan indefendible como lo es hoy que se nos imponga una religión desde fuera.

Y durante cierto tiempo, en torno a los siglos XVIII y XIX, esto pareció entenderse, pareció respetarse, y pareció avanzarse decididamente en ello. Aunque hay que decir que, como siempre en la historia humana, no se trató de un progreso, ni de una evolución en sentido estricto, pues no vemos constante alguna, temporal o espacial. Por eso tampoco la hay ahora. Y por eso podemos confirmar, de hecho, un franco retroceso en todo el pasado siglo respecto a esos avances que, no hay duda, se hicieron en los dos que le precedieron. Y obvio que, como hoy tampoco existen constantes geográficas, los retrocesos constatados no se han producido en la misma medida en todos los países.

Se califica al XIX como "el siglo del liberalismo". Como lo fue el XX el de los totalitarismos y las democracias progresivamente desvirtuadas y reincidentes "víctimas" de tentaciones liberticidas. Por ello en aquel siglo, en el mapa general, vemos como triunfó por doquier la idea de los derechos del individuo y las libertades civiles, al menos en nuestro contexto cultural, y siempre en distinta medida según las geografías. Y por ello en el que clausuramos hace década y media se deshizo gran parte de ese camino que se había iniciado tan decidida y exitosamente en etapas anteriores.


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2- Dependencia, bienestar y atomismo.

«La gente que se ha acostumbrado a contar con el Estado nunca aprende el arte de la 
confianza en uno mismo ni adquiere los hábitos de la acción cívica.»

(Anthony de Jasay.)

¿Anarco-capitalismo? ¿Neo-liberalismo? Nada de eso. Yo prefiero siempre hablar de ´anarquismo` sin aditivos ni adjetivos. Los anarquistas "de izquierda", igual que los "de derecha", siempre han rechazado claramente el concepto "estado de bienestar" (al menos hasta hace poco, pues los primeros, hoy por hoy, casi se han rendido del todo a esa golosina envenenada, traicionando así sus más elementales principios. Pero ese pleito lo dejamos para mejor ocasión.)

La cosa es que, hace un tiempo, todo anarquista tenía claro que, tanto en una sociedad capitalista como en una comunal, mutualista.. cual sea, el acostumbrarte a que cada vez más cosas te sean provistas desde el estado, necesariamente te vuelve perezoso, inmaduro y egoísta.

Sí, ya sé que la idea más extendida es la contraria, que el egoísta es el que se opone al estado benefactor. (Pero sucede que la opinión mayoritaria no tiene por qué ser la acertada, y de hecho, rara vez lo es). Lo hechos más bien muestran que es en la ausencia de cualquier ente benefactor cuando uno se ve obligado a colaborar socialmente, ya que, en caso de no ayudar a los demás, ellos tampoco te ayudarán en el futuro.

¡Ah! Pero en la "sociedad del bienestar", todos esos lazos sociales que costó generaciones y generaciones construir ya no tienen ningún incentivo para mantenerse -ya que "el estado provee"- con lo que, con mayor o menor rapidez, van disolviéndose atendiendo a una lógica que nos incentiva a desarrollar un individualismo, o atomismo, cada vez más acusado.

mmmm ...Entonces llega la crisis, la burbuja del gasto público..
¡El "régimen benefactor" es insostenible! 
Pero todos nosotros nos hemos acostumbrado a que esté ahí, y nos hemos vuelto casi unos inútiles funcionales a falta de él. 
Desconocemos en absoluto como proveernos nosotros mismos de los servicios de los que él nos proveía, y en el camino hemos destruido toda alternativa que una vez hubo a ese monopolio asistencial.

HE AHÍ, PUES, LA TRAMPA. 
Y sobre todo, HE AHÍ LA TRAGEDIA.
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El Estado del Bienestar, lejos de lo que reza la mitología que lo sustenta, no se construyó desde abajo, sino que se impuso desde arriba. No fue una "conquista social" sino la conquista del Estado sobre la sociedad.

Lo que en verdad fue construcción laboriosa de muchas generaciones son las sociedades de ayuda mutua, los vínculos que fueron creándose en las comunidades vecinales sin ayuda del estado.

Al crear los políticos una red de servicios públicos centralizada, lo que buscaban no era atender mejor a los ciudadanos (quizá sí lo creyeran los más cándidos de ellos) sino que buscaban meterlos a todos en el redil de la política, y así, controlar la sociedad civil desde arriba. 
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3- Atomismo, hedonismo y prohibicionismo.

«Si nos limitamos a considerar solamente las necesidades económicas, en lo que respecta a las personas "normales", si no alcanzamos a ver el sufrimiento del individuo automatizado, entonces no nos habremos dado cuenta del peligro que amenaza a nuestra cultura desde su base humana: la disposición a aceptar cualquier ideología o cualquier "líder", siempre que prometan una excitación emocional y sean capaces de ofrecer una estructura política, y aquellos símbolos que aparentemente dan significado y orden a la vida del individuo.»

(Erich Fromm, ´El miedo a la libertad`.)


Me he referido en otras ocasiones a la acusada tendencia al "modo de vida adicto" en nuestras sociedades modernas. Tal vez buscamos, o tal vez "nos muevan" a abrazar un modelo de existencia basado en la búsqueda del placer a cualquier precio. Gran parte de la actividad comercial y de la publicidad están orientados a ofrecernos aquellos productos (de la clase que sean) que tienen cierta capacidad de "engancharnos". Nos enganchamos a un producto de bolleria, nos enganchamos a un refresco, nos enganchamos a un programa de televisión o a un videojuego, nos enganchamos al tabaco, al alcohol o al café.
Las dos opciones (las dos únicas opciones) frente a esta situación son:
1) Considerarte un individuo libre que debe asumir la responsabilidad por sus acciones. Y..
2) Considerarte una víctima, en mayor o menor grado, de un sistema que busca convertirte en adicto a cualquier cosa, y a cualquier precio.
Muchas veces asumimos la segunda de las premisas incluso inconscientemente, de tal forma que acabamos hablando de un "sistema de dominación" casi como lo haría un marxista. Pero esto no es casual. Es propio de nuestra educación judeo-cristiana el buscar, primero de todo, un culpable. 

¡Y ahí está el error fatal!, porque, si no salimos de él, nos embarcaremos en una carrera de prohibicionismos que no tendrá fin; iniciaremos una cruzada que difícilmente ganaremos, porque ésta siempre tiene una todavía más difícil conclusión.

Primero vendrá el alcohol (está claro que me estoy refiriendo a hechos consumados y hace unas cuantas décadas). La Ley Seca engendrará su "antítesis", su consecuencia necesaria, que es el gangsterismo (los gangsters ya existían, pero es con el tráfico de alcohol cuando multiplican por cien su poder y su actividad). Una vez restablecida la normalidad -es la normalidad que el alcohol sea corriente y aceptado en toda cultura europea-, los traficantes se resistieron a perder su poder y, finalmente, encontraron una salida en el tráfico de otras sustancias más extrañas al contexto cultural de Occidente. (Pero eso es un asunto, a la vez fascinante y terrible, que nos llevaría demasiadas líneas abordar ahora.)
Decía, para sintetizar, que primero viene la tentación de prohibir el alcohol, porque se aprecian problemas derivados de su abuso. Luego (o antes, da igual) vienen otras sustancias, como hemos visto recíentemente con la demonización del tabaco y hasta de los propios fumadores. Pero en torno a los 60 se impulsa desde USA la prohibición a nivel mundial de numerosos estupefacientes que, en primer lugar, no habrían aparecido con esa virulencia de no ser por el mercado negro que originó la Ley Seca (aunque sé, desde luego, que no es ni mucho menos tan sencilla la explicación del fenómeno; y además, dijimos que no íbamos a abordar tan compleja problemática en estas lineas.)

Pero aquí viene el punto de inflexión más peligroso. Pues hoy comprobamos fácilmente que no sólo existen adicciones relacionadas con sustancias extrañas a nuestro cuerpo. Los videojuegos, las redes sociales, la pornografía, las revistas y programas de chismes (que son otra clase de pornografia de menor valor estético) son tanto o más adictivos que muchas sustancias calificadas de "estupefaciente". Al comprobar, asimismo, que con todo ello se hace negocio, inmediatamente pensamos en soluciones fáciles para remediarlo (que, lejos de serlo, finalmente nos llevan a la desastrosa inercia que ya describiéramos antes).

4. Crisis existenciales, hipocresías comerciales y memes liberticidas.

El ser humano se ha convertido en las sociedades postmodernas en un buscador compulsivo de ´vías de escape`. Y la industria del entretenimiento y otras lo han aprovechado; y gracias a herramientas como la publicidad, podemos pensar que incluso lo fomentan. ¿Pero es culpa de la actividad comercial en sí o de la naturaleza humana?.
La violencia callejera, las bandas, también causan adicción, tanta como la cocaína. Pero ya sobre eso es difícil orientar una actividad comercial. Sin embargo, no deja de ser uno de los vicios más destructivos, y en este caso, no lo es únicamente para sus usuarios.
Probablemente haya más cosas en este mundo susceptibles de convertirse en adicción que aquellas que no lo son: La misma comida. Casi cualquier alimento puede ser adictivo en un momento dado, según para quién. ¿Qué hacemos entonces?, ¿ lo prohibimos?, ¿o prohibimos tan sólo que se comercie con él? Nos quedarían muy pocos bienes con los que poder comerciar en ese caso. Y lo más peligroso, en todo caso, no es que prohibamos ciertos productos. Lo verdaderamente peligroso es que, siguiendo tal lógica, veamos en la propia actividad comercial (y así lo hemos visto muchos) una perversidad inherente. Ya que, constatado el interés de la industria del entretenimiento (entendida en sentido amplio) por alimentar nuestras adicciones potenciales, obtenemos la conclusión de que es la industria, y no nuestra naturaleza, la responsable de nuestro modo de vida crecíentemente hedonista y crecíentemente atomista. 
¿Y a qué nos va a llevar esto? Pues nos va a llevar a disparar furiosamente contra los objetivos equivocados. Y nos podría conducir fácilmente a destruir gran parte de nuestro entorno, a cargarnos sin pestañear gran parte de los avances sociales, culturales, y tecnológicos. Y éste sería un acto cobarde e hipócrita como pocos, dado que contra lo que en verdad nos estaríamos rebelando es contra NUESTRA PROPIA NATURALEZA, la cual preferimos muchas veces negar antes que aceptar tal como es, con sus cimas y sus valles.. pero también con sus abismos.
Y el desentenderse de los feos abismos no hace que estos desaparezcan, sino que, por el contrario, les otorga más poder sobre nosotros.

La cuestión aquí consistiría en empezar a ser lo suficientemente inteligentes para, en vez de prohibir aquello que puede hacernos daño, procurar en lo sucesivo educar en el buen uso de los productos, de los hábitos y de los placeres.

Hoy vuelve a resurgir aquella tendencia a la prohibición como remedio. Lo que quiero hacer ver, por tanto, es que en cualquier ámbito, ¡el que sea!, se trata de una opción treméndamente inmadura, y treméndamente contraproducente. La historia lo muestra una y otra...y otra vez. La realidad es tozuda, y casi podemos establecer relacion de causa y efecto cuando se trata de prohibicionismo, cazas de brujas, y cruzadas de lo más variopinto. El efecto es agravar el mal que se combate, y en última instancia, que éste engulla al propio cazador (o cruzado, o perseguidor).

Dijimos que ante este problema sólo caben dos opciones.
¿Cual es entonces la salida apropiada?

LA EDUCACIÓN, Y NO LA PROHIBICIÓN.
LA EDUCACIÓN, Y NO LA IMPOSICIÓN.
LA EDUCACIÓN, Y NO EL PALO O LA ZANAHORIA.
...........................

No crean, sin embargo, que no me siguen persiguiendo las dudas sobre la actividad comercial e industrial en nuestra época. Es cierto que últimamente he logrado, o creo que he logrado, alcanzar una visión más objetiva y más coherente sobre el famoso "mercado". Pero en reflexiones como éstas me doy cuenta de que está lejos de ser una cuestión sencilla el sentenciar, sin más: "el mercado es beneficioso", o al contrario: "el mercado es perjudicial". Lo que resulta innegable es que gran parte de su actividad se nutre de nuestras miserias y nuestras derrotas, como es nuestra falta de voluntad en tantos ámbitos de nuestras vidas. Pero como el buscar culpables, hemos constatado, es inmaduro, improductivo y engañoso, será siempre más conveniente, y productivo, el buscar los....factores, circunstancias, inercias.. que confluyen en la situación descrita y procurar enmendarlos, llevarlos por mejor camino en orden a auto-construirnos mejor en el futuro, como diría Félix Rodrigo Mora.

Pero aquí quiero retomar aquella diatriba que se plantea todo ser pensante cuando constata cómo la actividad comercial se nutre, quiera o no, del atomismo, el vacío existencial de nuestra era, y la búsqueda de placeres en cadena a que nos aboca.

Nuestra vida parece convertirse a veces en eso. En las sociedades sin dios, sin tradición, y sin arraigo, por momentos parecemos buscar un sustituto de ese significado con el que contaban nuestros ancestros en el encadenamiento sucesivo de pequeños placeres; de tal forma que podamos dirigirnos sin demasiado ruido a cumplir nuestro papel final en otra cadena, la alimenticia; es decir, a concluir nuestro ciclo vital entregándonos por entero a los gusanos, como toda amada se entrega a quién está destinada.

Cuando pensamos en esto, es difícil no proyectar la imagen a que nos referimos antes, la de "un sistema que busca convertirte en adicto a cualquier cosa, y a cualquier precio"..
Debo admitir que muchas veces he asumido ese ideologema, ese meme, por llamarlo de alguna manera. (Al fin y al cabo, los memes son a la cultura lo que los genes a la biología, así que imagino que resulta útil para el análisis.) Y como tal ideologema -sea o no memético-, uno no sabe hasta qué punto es una acertada conclusión por deducción empírica o si lo que nuestra percepción está mostrando ya está condicionado por esa idea que estaba previamente alojada en nuestra cabeza.(1)
Pero quizá lo resolvamos de la siguiente manera. Fijémonos que antes dijimos que "la actividad comercial se nutre, quiera o no, del atomismo, el vacío existencial de nuestra era, y la búsqueda de placeres en cadena a que nos aboca." Quizá la clave esté en el "quiera o no". Probablemente hallemos ahí la solución al enigma que nos perseguía: si fue primero el huevo o la gallina. O dicho de otro modo: si es nuestra flaqueza, nuestra falta de voluntad, nuestra clara indefensión frente a las bajas pasiones, todo ello originado en un contexto de crisis axiológica y existencial de interregno (2) , la que precede en su aparición al inevitable, por otra parte, aprovechamiento de estas debilidades por las industrias dedicadas a proporcionarnos tantas dosis de placer y en tantas formas como ansíe el más hedonista y atomizado de los seres que pueblan esta confusa postmodernidad. Aunque surja sólo por un estado de enajenación transitoria. Aunque sólo arribe a tal deseo en medio del más profundo de los abismos autodestructivos...

(*1) Lo cual se explica, por cierto, también en base a los genes. Pero esta vez no se trata de una analogía. Los especialistas en psicología evolucionista los han llamado "sesgos de confirmación" o "sesgos de auto-afirmación". Imagino que incluso se pueden entender como dos fuerzas, en muchos casos, análogas y complementarias. La explicación de los mismos es bastante simple: Uno no puede andar siempre dudando "socráticamente" de todo, pues no es buena estrategia de supervivencia. Conviene, además de autoafirmarse para mantener el tipo ante la adversidad, poseer un sesgo semi-consciente que tienda a confirmar las opiniones que anteriormente expresamos sobre los más diversos asuntos. No se culpen, pues, por autoengañarse con tanta frecuencia y en tan diversos modos. Ya que estas mentiras piadosas contadas a nosotros mismos parecen ser, en origen, exitosas estrategias de supervivencia (porque de no ser así, no habrían llegado hasta nuestros días).

(*2) Fin de ciclo civilizatorio. Período entre dos etapas históricas.

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5- Comercio, comunitarismo, y respeto mutuo.

Quiero que sepan esto: ¡Yo también defiendo el socialismo! Ahora, siempre que quienes se sometan a él lo hagan voluntariamente, y que voluntario sea también el salirse del mismo si uno lo piensa mejor. Lo mismo con el capitalismo, el tradicionalismo, el ruralismo y el cosmopolitismo, el decrecimiento y el consumismo... ¡Y hasta el fascismo y el feudalismo!

Siempre que dependa de la libre elección de cada cual someterse a las normas que sean, cualquiera que sea su rigidez o laxitud, no me parece legítimo oponerme a ello. Como tampoco me parece legítimo que esto mismo se haga sin el consentimiento expreso de cada-uno-de-los-ciudadanos.

Esto no es exactamente una utopía. 
De hecho, se la ha denominado Metautopía.
La diferencia entre ambas consiste, primero, en que ésta última es bastante más realizable; y segundo, en que al ser su pilar central el respeto por las utopías de los demás, no exige el titánico, quimérico reto de aplicarla a todos por igual -cosa que, dicho sea de paso, es inmensamente arrogante, puerilmente egoísta, e implica una clara injusticia de fondo.-
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Oímos con frecuencia reflexiones como la siguiente: 
"Casi todos quieren un mundo a su manera donde impere la idea que propone. Nada mas imposible que eso." .. ¿Ah sí? ¿Estamos tan seguros de ello? Porque yo les voy a nombrar una razón, una sóla razón, por la que es imposible. Y es que, tanto fascistas, como comunistas, postfascistas, socialistas del s. XXI, conservadores, tradicionalistas, mercantilistas, y demócratas en cualquiera de los imaginativas acepciones que existen hoy de esa palabra.. siguen pretendiendo IMPONERLES A LOS DEMÁS sus valores y formas organizativas. 
Si se respetase un principio tan simple y tan inatacable como es el de la voluntariedad.. nada habría de imposible en que cada cual pudiese desarrollar sus ideas y sus modelos de sociedad.
Pero claro, renunciar a imponerles a los demás las propias ideas es un paso en nuestra evolución cultural que no se dará de un día para otro. Se requiere una madurez que no todos, ni mucho menos, han alcanzado aún.

«Los hombres se debaten impotentes frente a una masa caótica de datos y esperan con paciencia patética que el especialista halle lo que debe hacer y a dónde debe dirigirse. Este tipo de influencia produce un doble resultado: por un lado, escepticismo y cinismo frente a todo lo que se diga o escriba, y, por el otro, aceptación infantil de lo que se afirme con autoridad. Esta combinación de cinismo y de ingenuidad es muy típica del individuo moderno. Su consecuencia esencial es la de desalentar su propio pensamiento y decisión.»

(Erich Fromm, ´El miedo a la libertad`.)


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Quiero retomar, para poner fin a este alegato -y al tiempo, reflexión- lo que mencioné en el apartado dedicado al Estado del Bienestar, justo tras la cita de Anthony de Jassay. 
La gente escucha defender ciertas posiciones sin conocer el contexto ideológico, o axiológico, en que se enmarcan. Por eso cuando te quieren colgar el estigma, y dicen que "tu discurso huele a anarco-capitalismo", o peor aún,  a "neo-liberalismo", yo siempre insisto en que no hablo de otra cosa que de ´anarquismo`, sin aditivos ni adjetivos. 
¿Qué culpa tendré yo de que quienes apenas conocen la historia del pensamiento libertario -que va desde Bakunin hasta Ron Paul, pasando por los confederados norteamericanos- "oigan campanas" de "mensaje neoliberal" en algunas de las posiciones que defiendo?

Si el tan mentado y tan instrumentalizado "neoliberalismo" existe, pueden estar seguros de que tiene muy poco de libertario. 

El llamado "neoliberalismo triunfante" no permite la libre tenencia de drogas y armas, invade países extranjeros, restringe libertades civiles (incluída la de expresión), favorece que el poder empresarial se concentre en corporaciones o círculos de empresarios que se erigen en oligarquía, centraliza el poder político en estados que nada tienen de "micro" -como sería la opción libertaria-, ¡y sí!, coarta en mayor o menor medida el libre desarrollo de los mercados.

Si usted es de aquellos que suelen acudir a esos ´estigmas arrojadizos`, por favor, en lo sucesivo, cuando contraponga ideas con el resto de la gente, hable-con-un-poquito-más-de-propiedad. Tan sólo reclamo eso, y no creo que se trate de una exigencia caprichosa. ¿O sí lo creen ustedes?