Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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miércoles, 20 de enero de 2016

"LA ACCIÓN Y LA CONTEMPLACIÓN"

(*)
~ ~
La moral es hoy la cuestión que más merece estudiarse. No es que lo “merezca”, sino que urge: de ello depende nuestra supervivencia (como sociedad primero, pero seguro que también como individuos, más tarde o más temprano).

Así como la moral, cuestiones como la libertad, la identidad, la guerra y la paz.. reclaman cada vez más sonoramente nuestra atención.. nuestra total dedicación a revisarnos por dentro y averiguar qué tripa se nos ha roto..

Clama a gritos nuestra conciencia que llevamos ya demasiado desoyendo a la naturaleza y extraviándonos de nosotros mismos.

Es cada vez más elocuente esa voz interior que nos señala que nuestro modo de vida, nuestro modelo de sociedad y nuestro modelo axiológico hace aguas.

Somos seres atemorizados, pacatos e inconsecuentes.
Somos seres, los llamados “occidentales”, aburridos de nosotros mismos, secretamente persuadidos de que hemos perdido sin remedio el horizonte.

Somos una sociedad que necesita repensarse toda ella
Somos una civilización que necesita regenerarse,..
renovarse y reinventarse de los pies a la cabeza.
~
Clinton y Bush.
Hicieron mucho por la expansión de la democracia .
Hablan mucho pero no hacen nada … Es una frase que oímos a cada rato y que no pensamos hasta qué punto implicó en nuestra historia el preludio de todos los errores.. las innumerables veces que esta inclinación por la acción y desprecio por la reflexión constituyó la garantía del desastre.

-¡Y aún más lo constituiría hoy, por lo que digo!-

Porque hacer.. antes de pensar bien qué hacer, cómo y cuándo.. 

Bien vale antes de lanzarse a la acción con el pecho al descubierto..
tener esas respuestas lo más claras posible.

Porque de “valientes” y “echaós p´alante” nunca andamos escasos. 
Pero de irreverentes ignorantes aún lo andamos menos. 
Y si se da la circunstancia de que entre ellos confabulen, 
nada lo remediará: nos catapultarán a la catástrofe.
~
Hugo Chávez y Fidel Castro:
Hicieron mucho por Latinoamérica.

¬¬¬
Nunca va a faltar quien dé el golpe encima de la mesa y presente sus razones: “¡Basta de deliberar, es hora de llevar a cabo la revolución!”

…Y puede que la hagamos.. y hasta tengamos éxito en ella.. sólo para que su aurora ilumine nuestra total falta de consenso sobre en qué dirección caminar. 

Destruiremos todo sólo para darnos cuenta 
de que no sabemos qué construir en su lugar.
.......
Quien desprecie el peligro y haga de ese desprecio su leit motiv, su modus vivendi, tiene todo mi respeto siempre que él y sólo él cargue con las consecuencias de sus extravíos. Quien quiera ser temerario, por favor, absténgase 
de arrastrarnos con él a sus temeridades.
......
"Hacer" está sobrevalorado. Hay muchos que "hacen" y no saben lo que hacen, y empeoran aún más las cosas. 

.. Pero cuando decimos de alguien que “se ha movido mucho”
es para darle una buena carta de presentación.

Asociamos el “movimiento”, esto es, el no saber pararse quieto, con una virtud. 
Extraña virtud que otorga a alguien reputación
tanto si logró mucho como si no logró nada.

Todo el que tiene un largo historial de “acción” 
sabe que va a ser aplaudido y digno del mayor respeto de sus camaradas.

Stalin.
Hizo mucho por los rusos.

¬¬¬
Hacer muchas cosas se tiene por meritorio.

Activistas sociales, emprendedores compulsivos y clérigos dedicados a su comunidad. Luchadores por grandes causas, abogados de imposibles y bienhechores de todos los colores.

Tan sólo basta convencerse de que se hace el bien para justificar todo desatino y toda ineptitud. Basta decirse sacrificado y voluntarioso para excusar todo fracaso.

Más vale hacer menos y lograr más.

Más vale una vida entera dedicada a planear una sola acción, si ésta deja una huella y arroja unos frutos que todos acuerdan en valorar, que una vida llena de acciones malogradas que no conducen a puerto alguno y que por el camino van dejando damnificados, sea mayor o menor el grado del daño causado a éstos.
.. * ..
Hitler.. también hizo mucho por los alemanes.
¬¬¬


martes, 21 de julio de 2015

"La fatal arrogancia".


Fredrik A. Hayek, filósofo y economista. 
Autor de La fatal arrogancia..
Hay una perspectiva desde la que podemos ver al Mercado como un ente amorfo, una maquina movida por el egoísmo ilimitado, una fuerza que lo arrasa todo.. y así, una serie de connotaciones tan larga como dé de sí nuestra imaginación, o nuestro odio a dicho ente.

Hay otra perspectiva desde la que podemos entenderlo como una colaboración espontánea que no para de crecer en extensión y complejidad, y mediante la cual cada vez más individuos acceden a un número cada vez mayor de bienes y oportunidades de negocio.

Mientras que a la segunda se le acusa frecuentemente de ingenua e idealista, a la primera se lo hace de recelosa y retorcida. Quizá ambas acusaciones tienen motivos fundados.

Sea como fuere, lo que hemos venido llamando capitalismo y librecambismo lleva varios siglos de recorrido y de perfeccionamiento. En estos siglos, tanto las restricciones a esa libertad de comercio como las situaciones sociales generadas en torno suyo fueron variadas. Y digo "generadas en torno suyo" y no "a causa de" porque nunca es tan fácil adjudicar responsabilidades como tanto les gusta hacer a todos los moralistas, ya sean "progresistas" o "reaccionarios".

Fredrik A. Hayek impartiendo clase.
En cualquier caso, estos nuevos modos de organización que en su momento acordamos llamar capitalismo supusieron un innegable avance para Europa, y después, para gran parte del Globo. Unidos a la revolución científica y a la industrial, consiguieron elevar el nivel de vida general de la población y permitir una explosión demográfica sin precedentes, la cual aumentó el potencial del proceso en sí mismo, al contar con más mano de obra y más cabezas pensantes (si fue este "reparto de bienestar" más o menos extendido a todas las capas sociales sería un asunto que excedería los límites de estas reflexiones, aparte de, también, los límites de mis propios conocimientos.)


***
Lo que nos aporta Hayek en el texto que da título también a esta entrada es una tesis evolucionista de la cultura, y esto es, sin ninguna duda, la dimensión más valiosa de la obra. Se usa repetidamente el término "tradición", algo que sorprenderá, como me ha sorprendido a mi, a todo aquel que tuviera una imagen del liberalismo esencialmente anti-tradicionalista. Y puede que sí exista tal vertiente, porque existen tantas escuelas autodenominadas liberales, y tan alejadas entre sí en sus postulados, que el mismo vocablo "liberal" empieza a significar más bien poco.

¿Cabe decir, entonces, que el autor austriaco al que le hemos dedicado estos párrafos es un tradicionalista? 

Sería difícil negarlo.

También sería difícil negar que es liberal. 

No parecen ser, pues, términos excluyentes. 

Podríamos decir de él que es un liberal con mentalidad tradicionalista (quizá al modo de Ortega). O podríamos emplear una fórmula opuesta, y que abriría un muy fértil campo para el análisis metapolítico. Así, podriamos afirmar que se trata de un tradicionalista que no coloca un muro de contención entre la tradición antigua y la moderna; cosa que sí hacen la mayoría de los que así se califican, pues parecen decretar finalizada la "época de los tradicionalismos" una vez nacida la Revolución Industrial, como si el mundo capitalista, racionalista e ilustrado no hubiese creado también su tradición propia.

En este sentido, visto desde esta nueva perspectiva, no parece haber razón alguna (razón de peso) para colocar un límite a lo que consideramos o no tradición "legítima". Entendida la tradición en su acepción más amplia -desde luego no en la evoliana-, el mismo papel cumplen las normas morales sobre la jerarquía, la familia, la sexualidad o la urbanidad que las normas más recientes sobre la propiedad privada, los contratos, el ahorro o la inversión.
Otra de las claves, y otra idea que merece toda nuestra atención, sobre la que se insiste durante todo el libro, es el caracter a-racional o meta-racional (esta terminología la añado yo) de toda forma tradicional, es decir, de toda norma que se ha impuesto "por selección cultural" (haciendo una analogía con la selección natural. De nuevo, el término es de mi cosecha). A este respecto, la lucha que se establece entre tradicionalistas y modernos, una vez más, no se distingue en absoluto ya hablemos de tradiciones pre- o post-capitalistas; pues en ambos casos radica en la incomprensión de los modernos sobre los fundamentos de todas esas normas; normas que, al no estar basadas en la razón, sino en algo más complejo y difícil de ubicar, son rechazadas de plano por los que precisamente vienen a entronizar a La Razón con mayúscula.

La mejor síntesis de todo esto nos la da el propio Hayek cuando dice que «en este sentido, cabe considerar a las normas tradicionales "más inteligentes" que nuestra propia razón».

Y he ahí, pues, la fatal arrogancia: 
La arrogancia de considerar nuestra razón más capaz que la acumulación de saberes llevada a cabo por ensayo y error a través de las generaciones, ¡más eficiente que toda esa selección natural! -ya que en cierto momento, quienes crearon formas culturales se jugaron su propia existencia, pues aquellas que junto a ellos perecieron ya no se propagaron.- 

Y de esa arrogancia es de la que se derivan todas las demás: 
La de pretender saber lo que la gente necesita mejor que ellos mismos. 
¡La de todos esos que se alzan en nombre del Pueblo!  
La de pretender organizar la vida social desde fuera de la misma y a golpe de decreto. 
O querer mejorar el mundo mediante la razón de unos cuantos, o hasta la de uno solo. 
¡La fatal arrogancia de orientar la Acción Humana en un sentido o en otro!

Pero es más que eso. Para Hayek, el mero rebelarse contra este "orden espontáneo" es casi comparable a rebelarse contra las leyes de la evolución biológica. Y en realidad sería mucho más grave que eso, puesto que, por mucho que alguien niegue las leyes de la evolución en la Naturaleza, no por ello van a cambiar esas leyes. Sin embargo, cuestionar, condenar las leyes de la "evolución cultural", y finalmente subvertirlas en mayor o menor medida, supondría poner en riesgo las condiciones que han permitido nuestro actual nivel de vida y nuestro actual volumen demográfico.

Y del mismo modo que en la evolución darwiniana no podemos calificar los procesos como justos o injustos, Hayek afirma que «insistir en que todo cambio futuro sea justo equivale a paralizar la evolución», en este caso, la cultural y la económica.

Pero no se equivoquen, que no tiene esto nada que ver con el darwinismo social. Es algo que se deja claro ya en el comienzo de la obra. ¡Son las formas culturales, los modos de organización, quienes viven o mueren, y son seleccionados o descartados, en ningún caso los individuos! (aunque sí pudo ocurrir esto, incluso con frecuencia, en tiempos que ya dejamos hace mucho atrás, como hemos mencionado antes).

Aquí, obviamente, se nos plantearía el problema de averiguar cuales de estas formas de organización que hoy se imponen son producto de la verdadera selección incondicionada, y cuales de la intromisión de entes como el Estado u otros organismos análogos pero de carácter supra-nacional. Probablemente será imposible el acuerdo entre los que ven con mayor recelo todo aquello que parte del modelo capitalista y quienes procuran buscar, ya que su celo es inverso, las formas más "puras" de este gran invento (esto último ya no lo entrecomillo, porque cualquiera reconoce que efectivamente lo fue, empezando por toda la escuela marxista). Podemos adelantar sin temor a equivocarnos que los primeros dificilmente reconocerán algo de "natural" en el sistema que tanto enojo les suscita, mientras que los segundos serán bastante más generosos con la "niña de sus ojos".


***
Pero vamos a analizar, hasta donde podamos, una contradicción aun mayor que podría implicar la tesis del autor austriaco, al menos en un punto muy concreto, pero muy vital.

Hayek corrobora algo en lo que yo también insistí con una vehemencia que creí necesaria en estos tiempos que vivimos de "pensamiento blando": «La diversidad de habilidades personales -que da origen a una división del trabajo cada vez más amplia y articulada- deriva, en un orden extenso, fundamentalmente de la diversidad de formas tradicionales.»


La gran paradoja que deberíamos analizar aquí es la que nos plantea el problema de la aculturación, atribuido hoy, con más o menos razón, precisamente al libre mercado.

Habría que recordar antes que el mayor proceso conocido de aculturación fue el practicado por los viejos imperios coloniales. Y aun previamente, por esa suerte de imperio de la moral, ya se llamara musulmán, católico, o protestante.

Ahora, el error estaría, primeramente, en tomar esas tres etapas como entes separados, cuando forman parte de un continuum, de una ininterrumpida evolución cultural, una vez más. 

El imperialismo practicó su particular forma de aculturación sin que hubiese finalizado todavía la vieja forma del otro imperio, el del monoteísmo. Los curas y monjas viajaban junto a los colonos. Por tanto, ambas formas coexistieron en el tiempo; aunque la proporción entre una y otra fuese variable; y asimismo, debemos tener presente que una era la evolución de la anterior, esto es, que el racionalismo iluminista era heredero, como tantas veces hemos recordado, del monoteísmo en cualquiera de sus versiones.

De igual modo, pues, ese libre mercado (hasta donde fuese realmente libre) fue otra de las imposiciones de los mismos imperios coloniales, de esa misma mentalidad europea e ilustrada.

Por tanto, ¿cómo saber donde acaban las formas impuestas por los imperios europeos (incluido el libre-cambismo, fuese absoluto o no) y donde empiezan los procesos en favor de esa liberalización asumidos por decisión genuína de los gobiernos ya independientes políticamente de la metrópoli? 

¿Hasta donde cabe hablar de imperialismo económico y cultural, y hasta donde de mera influencia de unas culturas sobre otras, e incluso de asunción por parte de algunas de ellas de los modelos de otras en razón del convencimiento sobre su conveniencia y sobre sus beneficios?

Bien compleja es la respuesta a esta pregunta, por no decir imposible. Pero sí será más factible (que no sencillo) si dejamos a un lado lo cultural y nos centramos en lo económico. Si nos centramos en las empresas que, fundadas en época colonial, siguen operando en tal colonia una vez ésta se ha independizado. Aquí, el problema ético es evidente. No se trata de conflictos casi metafísicos e irresolubles como aquel de la influencia cultural. Aquí hablamos de instituciones que deben su existencia al uso del monopolio de la fuerza en un pasado. Por ello, si queremos que el tan celebrado modelo global capitalista -sea lo que diantres sea eso- gane legitimidad, o algo más llano y de trascendencia más inmediata, como es lo que llamamos "buena prensa", cabría contemplar la posibilidad de someter a proceso penal todos esos casos de colonialismo económico que resultan más indiscutibles.

viernes, 15 de mayo de 2015

"Signos de los tiempos" (1ª parte)

[Todas las citas que se reproducen aquí pertenecen a la obra En torno a Galileo de José Ortega y Gasset, valiosísimo texto en el que todavía nos apoyaremos para las reflexiones que seguirán a estas. La cuestión abordada en él no es pequeña: el estudio de las crisis históricas para orientarnos en la actual crisis de la Modernidad, en la cual llevamos instalados ya casi un siglo. Y de la misma manera que ocurre con La rebelión de las masas, nos deja estupefactos hasta qué punto se adelanta a su época el filósofo hispano.]


*
EL MIEDO A LA LIBERTAD Y EL AMOR A LA REVOLUCIÓN.

El Hombre Moderno, que tanto ha ensalzado la libertad, es justamente a ésta a lo que más teme. Porque este sujeto de nuestro tiempo, lo que persigue y lo que sacraliza no es sino LA IMAGEN DE LA LIBERTAD, la imagen perfecta e idealística que él tiene en su mente. Mientras la verdadera libertad, la cual implica SIEMPRE indeterminación, provisionalidad e incertidumbre, es la que conforma el horizonte que nuestro ser histórico quiere, por todos los medios, apartar, anular,...¡olvidar!

Así es como nacieron los Utopismos, los Iluminismos, Idealismos y Universalismos... ¡La Revolución, El Progreso, La Nación, El Estado! ¡Los mitos modernos!

«El hombre moderno es en su raíz revolucionario. Y viceversa, mientras el hombre sea revolucionario no es más que hombre moderno, no ha superado la modernidad!» 

El miedo a la libertad es un tema que ya intenté abordar en cierta profundidad. (enlace aquí) Lo cierto es que hay tantas maneras de concebir la libertad como sujetos pensantes (y con pensantes, seguramente no estamos aludiendo a toda la especie humana.) Pero las más extraviadas de ellas probablemente tengan su raíz en aquel mito de la revolución. Porque la libertad sin más, esa que incluye indeterminación, provisionalidad, incertidumbre, entre otros sinsabores, le sabe hueca -le sabe a poco, a casi nada- al hombre moderno y revolucionario. 
El hombre persuadido de la capacidad prometeica encerrada en esa idea llamada "revolución" no se conforma jamás con nada. Puesto que la promesa es tan vasta, y todo lo que alguien imagine que debe hacerse, puede efectivamente hacerse, siempre será poco lo que se ha conseguido comparado con lo que podría conseguirse. Por lo tanto, para el sujeto revolucionario, siempre, cualquier situación, será potencialmente mejorable, y por esto mismo, injusta e indeseable. 
Pareciera que el revolucionario vive en una constante insatisfacción, y que de hecho, es ella la que constituye su razón de ser; la vida no puede ser celebrada mientras sea imperfecta, mientras haya en ella realidades susceptibles de mejora.. Nada hay de que alegrarse mientras queden nuevas cosas por arreglarse.


*
DE LA FE EN EL MÁS ALLÁ A LA FE EN EL PROGRESO

«En Descartes, por vez primera, hace el hombre una afirmación radical de la superioridad del presente sobre todo pretérito, del presente como tierra de que emerge el futuro, que crea el futuro. Bascula, pues, el entusiasmo que de gravitar hacia el pasado comienza su ponderación hacia el porvenir. La Edad Moderna ha sido, desde su umbral, futurismo, loca fe en el futuro porque es humanismo, fe en el hombre, y el hombre es el anticipador de sí mismo.» 

¡Todo tiempo por venir es mejor! La fe ciega, ahora, es en el progreso indefinido y en la capacidad del Hombre para transformar el mundo y para transformarse a sí mismo, tanto en su individualidad como en su sociabilidad. La Razón lo puede todo, y mediante ella, estaban muchos convencidos de poder alcanzar el dominio sobre la Naturaleza.. ¡y hasta la felicidad! Se podría construir el Paraíso en la Tierra, puesto que la ciencia y el humanismo se prometían, en un principio, inagotables, infalibles, construcciones arquitectónicas infranqueables, en las que nada ajeno podía penetrar, y nada propio escapar. 

¡Pero vaya si tenían grietas! ¡Vaya si penetraron elementos extraños y escaparon propios! Por lo pronto, la defensa de la razón degeneró en racionalismo y la de la ciencia en cientifismo. La fe ciega en el Más Allá de la que se huía se transmutó en un abrir y cerrar de ojos en fe ciega en la razón y la ciencia. Es evidente que aún éramos adolescentes que, en su arrogancia momentanea, creen haber alcanzado ya toda la madurez y la sabiduría que al Hombre le es dada alcanzar.

El sujeto de nuestro tiempo cree realmente (cada vez menos) que con esa razón y esa ciencia se basta, que los elementos que componen su mundo son suficientes para construirse un porvenir, y está auténticamente convencido de que no echaremos nada en falta.

Pero lo cierto es lo contrario: Echamos cada vez más cosas en falta, nos asolan cada vez más contradicciones, nos desgarran abismos cada vez más insalvables.

Nos debatimos constantemente entre las ansias de seguridad y de libertad, entre la necesidad de identidad propia y la necesidad de identidad grupal, entre lo material y lo espiritual. Y todas son diatribas que vivimos dolorosamente, dado que consisten, en el fondo, en algo parecido a elegir entre tus extremidades superiores o inferiores. Así vamos catapultándonos, violenta y bastante arbitrariamente, de unas convicciones radicales a otras; hoy puede ser la lucha de clases lo único que consideramos determinante, mañana puede ser el factor racial o religioso la clave última con la que al fin hemos dado (o eso creemos.)


*
EL ILUMINISMO Y LOS FALSOS ANTI-MODERNOS.

En los dos últimos siglos, se ha llegado a reclamar que la política, ella sola, logre la ausencia de injusticia y hasta la ausencia de sufrimiento.. Otros le piden a ésta que garantice la supervivencia, y hasta la supremacía, de su cultura o de su nación.

El Hombre de nuestro tiempo ha llegado a exigir que EL ESTADO sea el garante de su libertad, que los gobernantes que ocupan LA CÚPULA del mismo sean quienes aseguren la igualdad de todos, e incluso que éstas dos, igualdad y libertad, vayan indisolublemente unidas. 

Basten estos ejemplos para mostrar las contradicciones en que tal hombre se ha instalado.

Y no se equivoquen, que no es más moderno el que lucha por la igualdad que el que clama contra ella, y tampoco el que aspira a la libertad y el que se mofa de ella. Porque cuando hoy alguien se declara anti-igualitario o anti-libertario, sucede en realidad que propugna otra forma de entender esta igualdad y otra forma de entender esta libertad. Conviene no engañarse a este respecto. Por ejemplo, cuando los nacionalismos más belicosos (incluidos los fascismos) proclaman sus derechos territoriales, e incluso su superioridad, únicamente están reduciendo el ámbito de aplicación de aquellos principios de lo universal a lo local -nacional- Y de ahí que se niegue la igualdad de las fronteras del Estado para fuera, pero se cuide celosamente la homogeneidad de fronteras para dentro, y por ello resulte insoportable el que la nación sea diversa y que formen parte de ella gentes de distintas procedencias etno-culturales.

«La expulsión de judíos y moriscos es una idea típicamente moderna. El moderno cree que puede suprimir realidades y construir el mundo a su gusto en nombre de una idea. En este caso es la idea del Estado, que los Reyes Católicos inician.»

Quizá logren entender mejor esta relación si incidimos, en vez de en la igualdad, en el caracter iluminista que adopta, quiera o no, toda forma política desarrollada en esta era. Por ello suelo insistir en que no es menos iluminista Hitler que Lenin, o Reagan que Jomeini. Siempre se trata de la creencia ciega -o cuando menos, miope- de que se puede "esculpir" al gusto de cada cual la realidad humana (el mundo, la sociedad) por medio de una acción política planificada, racionalizada, y férreamente centralizada. 

Y en lo referente al ideal de libertad, no crean que el canje es muy distinto, porque en vez de colocar el eje de la misma en el individuo, se coloca de nuevo en la Nación; y así, es ésta la que debe "liberarse" de la "tiranía impuesta" por el concierto internacional, o por sus "archi-enemigas", que buscan explotarla y maniatarla.

Fíjense que, según trasladamos el eje de este discurso al individuo, a la clase social, o a la nación, damos lugar a todas las ideologías modernas sin movernos del mismo ideal, el de la "libertad".

El fascismo, el nacional-socialismo, como el comunismo o el liberalismo, son por ello un síntoma, no un remedio. Son signos inequívocos de la crisis de la Modernidad, en cuanto expresiones de la desesperación de una época que agoniza, la cual suele caracterizarse, como en toda crisis histórica anterior, por intentar negar la totalidad de su mundo (el contexto histórico que, quieran o no, habitan) dando un protagonismo sobredimensionado a una pequeña parte de ese mundo (la nación, la raza, la justicia social, la libertad individual.) Una forma de escapar del paradigma dominante agarrándose como a un clavo ardiendo a uno solo de sus componentes. (Como el Hombre del final del Medioevo se agarraba, bien a la palabra literal de las Sagradas Escrituras, bien a la dimensión más humana y cercana de Cristo.)

«Cuanto más absurdo y más extremo sea el extremismo, más probabilidades tiene de imponerse pasajeramente. (...) La situación extrema, al consistir en que el hombre no halla solución en la perspectiva normal, le hace buscar un escape en lo distante, excéntrico, extremo, que antes pareció menos atendido. (...) El extremismo es, por lo pronto, un truco vital de orden inferior. Hemos visto que hoy unos extremizan la idea de justicia social y otros la idea de raza, como un tercero o un cuarto podían afianzarse en cualquier otra cosa con tal que sea arbitraria y poco o nada razonable. Es esencial al extremismo la sinrazón. Querer ser razonables es ya renunciar al extremismo.» 

Nada más que añadir.

..Por el momento.



viernes, 27 de marzo de 2015

LA BATALLA CULTURAL III: El compromiso es un pretexto para el cultivo de la ignorancia.

~
En tiempos tan equívocos como los presentes es algo habitual que ésta, la ignorancia, se justifique apelando a un "compromiso firme anti-nosequé o pro-nosecuantos".

Se llega a un extremo en que la estupidez, el maniqueísmo, el simplismo, son excusados sin más bajo el pretexto de las convicciones que uno tiene, a las que se "recubre de un barniz" de santidad o heroísmo. Y apoyándose en éstas, no sólo se excusa el propio desconocimiento de una u otra cuestión, sino que incluso se tiene a honra ser ignorante sobre algo a lo que, apriori, se tiene por un engaño, o alguna clase de artimaña para "captar incautos". (Imagino que han notado el círculo vicioso al que nos aboca esto: Mientras no se conozca nada sobre algo, no se sabrá realmente por qué se está en contra de ese algo.)

A poco que se piense en las consecuencias que todo ello entraña, saltará a la vista del lector lo preocupante de tal tendencia. Las generaciones pasarán, y enterrarán sin más toneladas y toneladas de saberes que el mundo en que nacieron no supo valorar o que se negó meramente a sopesar.

¿Que a qué saberes me refiero? Obviamente a todos aquellos que no se hallan en los libros -si acaso comentados-, esto es, a todo el sentido de lo común que ha ido enriqueciéndose con cada generación, y mediante el que el pasado penetra en el presente dotándolo de sentido y continuidad. Pues no existe tal cosa como tiempos superados: lo tradicional no es lo antiguo, sino la actualización constante del saber perteneciente a todo tiempo.

Pero en las últimas décadas hemos visto como ese sentido de lo común construido a la luz de la experiencia recogida por sagas y estirpes, nobles y plebeyas, es tomado en conjunto por superstición, manía, o impostura, sin apenas discriminar entre lo arbitrario y lo necesario, y sin poner límite alguno a la arrogancia de este nuevo hombre que se otorga la capacidad semi-divina de discernir por él mismo -sin ayuda de sus "ignorantes ancestros"- qué caminos son recomendables y cuales no, qué decisiones llevan a buen puerto, y qué buenas intenciones construyen senderos directos hacia toda clase de infiernos.

El moderno ideal prometético es, sin ningún lugar a dudas, el más desastroso e insensato de cuantos se han dado. Aunque no lo expresemos de viva voz,  nuestras acciones implican tácitamente la certeza de ser más sabios, más justos, más racionales que la suma de todos nuestros ancestros, dado que les suponemos habitantes de un mundo insensato y dominado por la superchería.

.... ¡Todo era ignorancia y fanatismo... hasta que llegamos nosotros, el Siglo de las Luces, y el modelo laico-racionalista! ¡Todo tiempo pasado fue mentalidad de rebaño, dogma y barbarie, y el presente es aquel tiempo en que nos hemos liberado de todo ello, y somos al fin sociedades maduras, donde sus individuos pueden decidir por sí mismos en toda cuestión que les atañe!
Los bárbaros tiempos arcaicos.
Los sensatos tiempos modernos.

Tan sonora es la carcajada que me suscita esta idea.. Tan copioso el vómito que trepa por mis entrañas... Tan insondable la mezcla de frustración y desesperación al contemplar la estupidez de mis contemporáneos, lo atrevida que puede resultar la ignorancia de los "hombres libres"... 

¡Sí, hombres libres ciertamente se creen los más rematadamente imbéciles de ellos!

Como si la gran mayoría no estuviera tan condicionada por las ideas en boga como lo estuvo en cualquier otro tiempo; como si no fuésemos todos, en mayor o menor medida, rehenes de los valores dominantes e incurables dependientes del qué dirán.

¡Como si cambiar una religión teísta por una humanista supusiese un cambio sustancial!

... Y creen ser nuestros contemporáneos, por lo general, almas emancipadas, personas sensatas, observar las cosas del mundo con objetividad.. sin darse cuenta de que toda objetividad lograda sin esfuerzo no puede ser otra cosa que una objetividad prestada, prefabricada, conformada necesariamente a partir de una u otra subjetividad que, compartida en principio por unos pocos, logra imponerse sobre el resto, convirtiéndose en hegemónica.

Así el tipo borreguil de la post-modernidad -el más intratable que se haya visto hasta ahora, por haber sido persuadido de que piensa por sí mismo- tiene a honra el ser "objetivo y racional"..

..pero no de modo distinto a como sus antepasados creían profesar "la única religión verdadera".
~
El mundo no avanza realmente; y las mentalidades menos todavía. 
Sin embargo, parece que nuestro ego colectivo requiere engañarse de tal manera.

{Enlaces a la primera y segunda parte}


sábado, 7 de marzo de 2015

"El Mesías Mercader" o "Cuentos para dormir el sueño de los justos" (2ª parte: La Buena Nueva)

...Pero ahora dicen que el problema no se acaba con el crimen organizado, 
que el dinero procedente de la corrupción gubernamental 
también va a parar a esos bancos, a nuestros amados "bancos libres", 
faro, y guía, de las "sociedades abiertas" del futuro, si dios quiere..

¿Y qué quieren que les diga? ¡Oigan, estamos ante un mismo caso que con la cantinela del narco y todo aquello! ¡Trabajen ustedes por acabar con esos gobiernos, o por reducir su tamaño ostensiblemente, y, de un plumazo, se acabará la corrupción!

Lo sé.. Sé que es una tarea larga, ¿pero quién dijo que LA LIBERTAD se construye de un día para otro? 
¡Sobre todo, no nos toquen los refugios a salvo del fisco! 
¡Eso es lo único que está bien hecho! 
¡Lo que debe cambiarse es todo lo demás!
...........
¿Ah, que tampoco se acaba ahí? ¿que no todo el problema, para ustedes, acaba en los negocios ilícitos, en la actividad ilegal? 

¿También me están montando ahora una querella por todos aquellos honrados ahorradores que depositan en estos "oasis" su dinero honradamente ganado? ...

Ya... que los "ciudadanos de a pie" no tienen acceso a beneficiarse de los mismos productos financieros que los "grandes hombres de negocios"; y los primeros, que ya de por sí, tienen menos, acaban pagando al fisco más que los segundos, que tienen más...

Me conozco..me conozco ésta cantinela también... ¡Oigan, que hay que espabilarse! ¿Qué quieren, que les neguemos a ellos el inalienable -¡y sagrado!- derecho de administrar sus bienes como mejor convengan? ¿y eso en nombre de qué? ¿de la justicia? ... 
¡venga ya, hombre! ¡Seamos serios! ¿A qué estamos jugando? 
O se respetan las reglas o no se respetan.
................

Como les decía en la anterior ocasión, ¡no luchen por arrebatarles a ellos su libertad, sino defiéndanla, porque es también la suya! ¡demanden a sus gobiernos que acaben con sus restricciones, en vez de reclamarles que establezcan aún más!

¡No vayan por el camino del liberticidio, aunque hoy les parezca que esa libertad sólo beneficia a unos pocos! ¡Porque en verdad les digo que, aunque no sea hoy, ni tampoco mañana, a todos llegarán los aires de libertad que, poco a poco, ensancharán los pulmones de nuestras sociedades y nos harán, por vez primera, seres humanos completos, puesto que al fin existirá la coyuntura en donde todos podremos desarrollar al máximo nuestras potencialidades!

¡Escuchen pues estas palabras que hemos venido a decirles!... Nosotros estamos aquí para traerles, al fin, "la fórmula de la armonía social", la única manera conocida de que todas las naciones del mundo prosperen... ¡Un futuro para todas las pobres gentes que sufren en nuestro planeta! 

Escuchen atentamente, porque hoy se abre ante nosotros una oportunidad de oro, pero mañana puede que ya sea tarde..

Atesoren cada palabra que sale de nuestras bocas, ¡pues hoy hemos venido a predicar la Buena Nueva!

Y la Buena Nueva es que TODOS PODEMOS ESCAPAR DE LA INMISERICORDE POBREZA, que con las claves que nos aporta el "evangelio austro-libertario", todos podemos caminar hacia un horizonte de prosperidad, paz, y armonía para todos... 
¡No habrá más pobreza, y no habrá más guerras, porque bien es sabido que "dos paises que comercian entre sí, nunca guerrean"!
~~
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Ustedes lo llaman "talasocracia", "imperio de los piratas".. 
Nosotros lo llamamos "RESISTENCIA A LA TIRANÍA".


..Pero una vez llegados aquí, esto no es distinto de cualquier otro credo..
Si se comprometen con LA LIBERTAD, este es el camino..
si se comprometen con LA AGRESIÓN, aquí acaba nuestro encuentro.
Por más que me digan que no ven que acabe de llegar, que no confían en que la libertad de la que gozan "los peces gordos" se filtre a todas las capas de la sociedad... 
Aquí ya no cabe más alternativa que CREER O NO CREER ... 
Si tienen FE, me alegraré de que nuevas almas compartan nuestra lucha trascendente, transversal, y trans-histórica.
Si no tienen FE, nuestros caminos, desgraciada e irremediablemente, se separan a partir de aquí.

....¡Ay, perdóneme!, solo una última cosa..
 ¿vive alguien en el 5º A? ¿Cree que también estarán interesados en escuchar la Buena Nueva que nos trae el Evangelio de la Emancipación Humana?
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"Si es hermoso ver florecer una rosa, 
¿cuanto más hermoso será ver florecer a un ser humano?" 
(Fred Kofman, Gran Maestre de los Mesías-Mercaderes)

miércoles, 4 de marzo de 2015

"El Mesias Mercader".. o "Cuentos para dormir el sueño de los justos"


Vuestro ideal irrenunciable es "LA LIBERTAD".. Os han hecho entenderla 
de una manera muy determinada, eso es cierto, pues hay tantas como hombres. 
Pero persuadidos de que ésta era la correcta, decidisteis defenderla contra viento y marea
y fieles a vuestro compromiso, seguís haciéndolo hasta hoy, con admirable 
porte de Quijote dignificado .

Habeis proclamado que "LA LIBERTAD ES EL OBJETO A PERSEGUIR", 
y que nada más importa, porque si ésta no se persigue, uno es un 
ignorante, un bruto, un reaccionario.

... Y os dieron más libertad, y más... 
Pero seguíais sintiéndoos constreñidos, 
y os dieron aún un poquito más.
.................

... Y esos "defensores de la tirania" se quejaban cada vez más ruidosamente, no os dejaban de señalar: "¡Criminales, criminales! ... ¡Esa libertad no es nuestra libertad, en nombre de esa libertad nos masacran y esclavizan cada día!"

Pero ellos no entendían... No entendían que vuestra lucha es también su lucha, que en un futuro ellos también podrían beneficiarse de vuestra sabia eliminación de barreras y absurdas legislaciones, de todo ese acoso y persecución de "los ahorradores"..

¡Y claman precisamente contra esos oasis de libertad! ... ¡Lo que debierais hacer es rezar porque estos se extiendan, no porque perezcan! ... ¡Seréis insensatos!

...Si tan sólo les dejaran de meter esas ideas tan erradas en la cabeza... ¡Nosotros no somos criminales, ni les defendemos! ¡Nosotros defendemos la libre circulación, la "no agresión"! ¿Quién puede estar en contra de esto? La única explicación es la obcecada ignorancia, y la infatigable propaganda de los "enemigos de la libertad".



Nosotros no defendemos a los traficantes de armas, a los narcos, a los tratantes de blancas, pero si estos disfrutan de las ventajas que les brindan aquellos trocitos de paraiso, deberíais dirigir vuestras quejas a todos los demás lugares del mundo para que ellos también se unan "al barco de la libertad", en vez de clamar precisamente contra los únicos justos en un oceano de salvajes tiranos.

....Que, como son tan pocos los unos, y tantos los otros, existe un desequilibrio?

¡¡¿Y qué quereis, acabar con la poca libertad genuína que hoy tenemos, con la excusa del desequilibrio?!! ... ¡Si la mayoría elige la tiranía, no es nuestra culpa, no por ello vamos a renunciar al bien más sagrado que poseemos! 

¡LIBERTAD!, ¡LIBERTAD!... ¡SIEMPRE LIBERTAD! 

Podrá costar mucho lograrla, pero cada paso, cada nuevo "oasis" que logremos hacer surgir en medio de la cruel selva, ¡será un triunfo de todos los amantes de los justos principios, y las justas leyes!


¿Por qué dirigis vuestro enojo hacia los sacrificados héroes que resisten a la tiranía generalizada? Decís que ellos se enriquecen con el dinero del crimen, del robo, de la esclavitud... ¡Pues entonces, canalizad vuestra frustración contra los legisladores de aquí y de allá, que no acaban de ponerse de acuerdo para eliminar sus incontables prohibiciones, y que de ese modo dan lugar al mercado negro!

¡No habrá dinero del crimen si no hay ya prohibiciones, pues éstas engendran a los criminales! ¿Acaso no es cierto esto que digo?....

¡Sí, costará, claro que costará! 
¿Que cuanto? Pues probablemente demasiado. 
¿Pero acaso hay modelo mejor que el que proponemos? ¿Hay mejor alternativa que "LA LIBERTAD"?

La única opción consiste es comprometernos todos, sólo así lograremos que llegue más pronto que tarde tan ansiado paraiso (si no se comprometen hasta el fondo, luego no nos pidan cuentas a nosotros porque la utopía no llega.) 

..Ya sé, ya sé que queda largo camino por recorrer, y que mientras sigan existiendo tiranos empeñados en prohibir esto o lo otro, habrá malhechores que se aprovecharán de esta circunstancia para medrar en actividades criminales, y que esas personas non gratas seguirán beneficiándose de las posibilidades que les ofrecen quienes ponen la mano y no preguntan.. 



¿Pero es que acaso tienen la culpa ellos, por llevar sus negocios de manera tan ejemplar? ¡No, tienen la culpa todos los reyezuelos y presidentes de república bananera, todos los amigos del arancel y el decreto, para entendernos!
......
Sabemos...sabemos que no todas las naciones, ni todos esos reyezuelos y presidenzuelos van a "entrar en razón" a un tiempo, y a algunos les costará bastante.
¡Lo sabemos! ¡Dejad de poner el acento en lo evidente! También somos nosotros conscientes de que, mientras una sóla de esas grandes naciones siga erre que erre con su afán prohibicionista, el crimen organizado tendrá aún donde operar, y éste acudirá a las antiguas "islas del tesoro" a depositar su botín a resguardo del ojo del gobernador de turno, empeñado en meterse donde no le llaman.
................
¿Pero todavía insistís en lo mismo?
 ... ¿Todavía con la cantinela de que seguís muriendo, y os siguen explotando, y esclavizando? ... ¡¡¿Pero como podeis ser tan obtusos?!! ¡No entendeis nada! ¡Ni aúnque os iluminara el mismo Hacedor con el conocimiento y la verdad, desnuda y transparente, seríais capaces de verla! ... Lo que deberiais hacer, si al fín os entra en esa dura cabezota aquello sobre lo que, abnegadamente, persistimos en instruiros, es compartir nuestra lucha, la única verdadera, la única justa. Sólo así, un día, quizá no vosotros, quizá tampoco vuestros hijos, pero sí vuestros nietos o bisnietos... Podrán ver que tantos muertos, tantas mujeres esclavizadas, tanto padecimiento y miseria.... ¡Han valido finalmente la pena, y hoy tenemos un mundo auténticamente justo, equitativo, y que respeta la iniciativa individual del ser humano allá donde esté, allá donde alumbre en su mente otra ingeniosa forma de hacer dinero, y servir, mientras lo hace, a miles de agradecidos nuevos consumidores!

viernes, 13 de febrero de 2015

Comentarios sobre ´Dialéctica del Iluminismo`.

Un texto del que se ha hablado mucho, y con motivo. Un ensayo necesario, pero más que por la tesis que defiende (si es que está clara), por las diversas lecturas, críticas, o revisiones, que se pueden hacer de ella.

"Dialéctica del Iluminismo" pretende nada menos que "ilustrar a la Ilustración", y someterla a dura crítica, entendiendo que este es el único modo de que sobreviva lo que en ella hay de tan valioso, y de tan juicioso.


Max Weber dice que "la modernidad, la Ilustración, es un proceso progresivo e irreversible de racionalización de todas las esferas de la vida social, proceso que comporta, a la vez, la progresiva funcionalización e instrumentalización de la razón, con la consiguiente pérdida de sentido y libertad."


He aquí la forma en que "la Ilustración se destruye a sí misma": De la racionalización a la formalización e instrumentalización, y de ahí a la barbarie.


La Ilustración, el Iluminismo, consistió en el dominio de la Naturaleza, pero ahora, la Naturaleza, tanto la exterior a nosotros como la  que habita en nuestro interior, se rebela y se toma la revancha.Esta sería la síntesis más esquemática del problema tratado en el ambicioso texto.


Sin embargo, una vez leída con detenimiento, mi conclusión apunta a que "la idea", la pregunta qué se hace, es más interesante, en sí, que la propia obra, la cual no acaba de cerrar su tesis, o si la cierra, lo hace de un modo que no comparto -al menos, a grandes rasgos- o que no atino a comprender, puesto que la juzgo, apriori, confusa, contradictoria, y algo enrevesada.

Los autores, Theodor Adorno y Max Horkheimer.

Por supuesto, posee unos cuantos fragmentos reveladores, pero algunos lo son "en positivo" 
-dado que sí arrojan luz sobre ciertas cuestiones- 
y otros "en negativo" -por arrojar, más que luz, sombras y ofuscación- pero, al mismo tiempo, revelar con enorme claridad el sesgo ideológico detrás de gran parte de las reflexiones. Sesgo que se muestra claramente en la frecuencia 
-creciente a lo largo de la obra, como si cabalgara hacia una catarsis final- con la que aparecen los términos "burgués", "sociedad burguesa", "capitalismo", o "instrumento de dominio"; y que lo hacen, además, dotados de una "elasticidad" que los hace surgir en contextos tan ajenos, en principio, como el de los mitos clásicos -´La Odisea`, en torno a la cual desarrolla una sugerente reflexión-, el descubrimiento de América, o la sociedad feudal.
Pero debo agradecerle a la ambición de esta obra (algunos dirán "pretenciosidad", y puede que tengan razón) el haberme encaminado a concluir algunas cosas sobre problemáticas que van más allá de la propia obra, y con ello me estoy refiriendo a la cosmovisión heredera del marxismo, más concretamente, la marxiana -o marxista occidental- que es la seguida por Adorno y Horckeimer, junto a toda la Escuela de Frankfurt.

En este sentido, creo que el sesgo se manifiesta, ya, de una manera que yo calificaría de "muy grave", en el foco insistente que se coloca sobre el fascismo, y no por que las críticas vertidas sobre éste no sean acertadas, sino porque salta a la vista que muchas de ellas podrían hacerse igualmente del Bolchevismo, ya que comparten, ambos, no pocas características cuestionables de las que ellos analizan, como son el autoritarismo, el fanatismo, el dirigismo, la adoración al lider, y lo que entraña quizá el mayor hallazgo en la reflexión de estos dos autores: la razón instrumental, que es impecablemente racional en sus métodos, aún estando al servicio de fines plenamente irracionales; algo que puede aplicarse, sin una sóla salvedad, igual al Nazismo que al Bolchevismo; y que, desde luego, se muestra evidente para cualquiera menos, al parecer, para los que "piensan en clave materialista-dialéctica". Porque este "pecadillo" no es adjudicable sólo a esta obra, sino que es extensible a toda la Escuela de Frankfurt. Incluso Erich Fromm, a quién respeto y valoro mucho más que a los autores que nos ocupan, comete esa misma falta en su obra "El miedo a la libertad", sobre la cual hablaremos, seguro, en otra ocasión.

No olvidemos, a este respecto, que la Escuela de Frankfurt se define, entre otras cosas, por su marxismo crítico con la Unión Soviética y, por tanto, alejado de la misma.

¡Diantres!...Pues si llegan a ser un poco menos críticos, ¡le hacen una oda a Lenin!

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Pero dejémonos las generalidades y vayamos a la concreto. Pasemos, por tanto, a leer algunos fragmentos de la obra que nos hemos propuesto "destripar":


"En la adoración exaltada del amante, lo mismo que en la admiración sin límites de la que éste era objeto por parte de la amada, se transfiguraba, ocultándola, siempre de nuevo la efectiva servidumbre de la mujer. Sobre la base del reconocimiento de esta servidumbre se reconciliaban los sexos una y otra vez de nuevo: la mujer parecía asumir libremente la derrota y el varón atribuirle la victoria. La jerarquía de los sexos, el yugo impuesto al carácter femenino por el ordenamiento masculino de la propiedad, fue idealizado por el cristianismo en el matrimonio como unión de corazones, y así se bagatelizó el recuerdo de la edad prepatriarcal como pasado mejor del sexo. (....) Antes, la servidumbre de la joven en la casa paterna encendía en ella la pasión que parecía conducir a la libertad, aun cuando luego no se realizaba en el matrimonio ni en ningún otro lugar fuera de casa."

Sí, el pensamiento marxista, como ya he dicho tantas veces, es incapaz de leer la realidad en otras claves que no sean la dialéctica del amo y el esclavo; para ellos, siempre debe haber un dominador y un dominado, no se contempla la posibilidad de los quid pro quo. Las relaciones armónicas de complementariedad son desterradas de la razón analítica como una suerte de "ingenuidad pre-hegeliana", dado que su sistema presume de duro materialismo y cientifismo.



No vale la pena detenerse demasiado en esto. Quién quiera ver la realidad a través de este prisma no va a dejar de hacerlo; y quién piense, como yo, que éste añade un "barniz de neurosis" al análisis de las relaciones humanas (en el mejor de los casos) seguirá reafirmado en su posición.


El siguiente fragmento entraña, ya, mayor complejidad, dado que aquí sí se esconde no poco "grano" mezclado con la "paja" y las "malas hierbas". Prestemos atención a todo lo que nos dicen en este extracto Adorno y Horckeimer.


"Hoy, en la producción material, el mecanismo de la oferta y la demanda se halla en vías de disolución, dicho mecanismo actúa en la superestructura como control en favor de los que dominan. Los consumidores son los obreros y empleados, agricultores y pequeños burgueses. La producción capitalista los encadena de tal modo en cuerpo y alma que se someten sin resistencia a todo lo que se les ofrece. Pero lo mismo que los dominados se han tomado la moral que les venía de los señores más en serio que estos últimos, así hoy las masas engañadas sucumben, más aún que los afortunados, al mito del éxito. Las masas tienen lo que desean y se aferran obstinadamente a la ideología mediante la cual se les esclaviza. El funesto apego del pueblo al mal que se le hace se anticipa a la astucia de las instancias que lo someten."

Los mecanismos, e inercias, de generalización de la mediocridad, de aceptación tácita del engaño, o de extensión de la desidia, forman parte de la sociedad mediática-consumista, y esto, pocos lo negarán (si acaso, los cínicos adoradores del mercado y de todo lo que engendra, como el infame traidor latinoamericano Vargas-Llosa) Pero debemos pararnos un instante a separar, como digo, "el grano de la paja", porque aquí estamos mezclando demasiadas cosas. Por un lado, la equiparación entre consumidores-espectadores y siervos sometidos puede resultar, al menos, cuestionable en tanto la "servidumbre" no es impuesta mediante la fuerza (aunque, por supuesto, no podemos caer tampoco en el cinismo del liberal, que sólo percibe el "delito" cuando la "sentencia" aparece en titulares y a todo color, valga la improvisada analogía.) Por otra parte, incluye en la misma reflexión, como quién no quiere la cosa, el ideologema marxista de que "los dominados se han tomado la moral que les venía de los señores más en serio que estos últimos". De esta manera, revalida el lugar común ideológico. Pero no caigamos en la vieja trampa de "tomar por verdad una mentira (por más veces que se repita)" ¡No! Esto un axioma que se nos pretende colar desde hace tiempo; las izquierdas radicales asumieron esta falacia y nos han machacado con ella hasta conseguir que muchos la den por cierta -tratándose, en el fondo, de un juicio que se da por sentado, habitualmente, sin la menor explicación al respecto.- 
¿A qué moral se refieren? Evidentemente, a la representada por el "orden social tradicional", pero en la que, de nuevo, nos quieren colar, en un mismo concepto amorfo, la servidumbre de los campesinos o los obreros industriales mezclada, como si de una misma cosa se tratase, con la "servidumbre" de la mujer frente al varón, de los hijos frente a los padres, o del alumno frente al maestro.

El último extracto que les ofrezco no me va robar mucho tiempo, pues no añadiría nada relevante extendiéndome sobre él. Verán que el prisma con el que se enjuicia la realidad, si bien es certero parcialmente, es víctima también de su propio ensimismamiento, de su dogmatismo categórico, y de esa patológica mirada que supone que todo aquello que le rodea está tan plagado de patologías como quién mira.


"La permanente renuncia que impone la civilización es nuevamente infligida y demostrada a sus víctimas, de modo claro e indefectible, en toda exhibición de la industria cultural. Ofrecer a tales víctimas algo y privarlas de ello es, en realidad, una y la misma cosa. Éste es el efecto de todo el aparato erótico. Justamente porque no puede cumplirse jamás, todo gira en torno al coito. Admitir en una película una relación ilegítima sin que los culpables reciban el justo castigo está marcado por un tabú más rígido que el que el futuro yerno del millonario desarrolle una actividad en el movimiento obrero. En contraste con la era liberal, Ia cultura industrializada puede, como la fascista, permitirse la indignación frente al capitalismo, pero no la renuncia a la amenaza de castración. Ésta última constituye toda su esencia."

¿Qué duda pueda ya caber, tras leer estos fragmentos, de que el Marxismo es pura neurosis?

Cierto es que todas las ideologías lo son, pero el Marxismo en mucha mayor medida. (Que me perdonen los que aún sean marxistas, pero me he reafirmado en esa tesis tras leer con atención la obra que aquí comento.) La mayor parte de sus juicios y análisis están presididos por esa insistencia en ver siempre "el vaso medio vacio", se trata de una postura propia de un sacerdote oscurantista, que se pasa el día denunciando "la perversión de nuestra sociedad", de alguien tan resentido que sólo parece realizarse extendiendo su mala baba al mundo que lo circunda, y logrando cultivar en las conciencias ajenas el mismo rencor, insatisfacción, y amargura, que él padece.