Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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martes, 8 de septiembre de 2015

"La moderna Confusión de Lenguas" (I)

~Los relatos socio-políticos: La nueva Torre de Babel.~

Los hechos son hechos. Por sí mismos, nada revelan sobre otros hechos. El problema empieza cuando cogemos algunos de ellos, más o menos inconexos, y los hilvanamos a la manera de las cuentas de un collar. Ahí es cuando se da la gran Confusión de Lenguas, mismamente como la del Antiguo Testamento. Cuando con esos hechos aislados decidimos construir un relato; lo que no está mal por principio, y de hecho es necesario, pero hay que saber cuando ponerle freno.

Como cada uno asumimos uno diferente, y conviven en la misma sociedad relatos conservadores y progresistas, nacionalistas e internacionalistas, libertarios y liberticidas.. nuestra correcta comunicación depende de que nos remitamos a unos mismos axiomas y mitos. El que se reconoce en una cosmovisión como la de la lucha de clases jamás podrá entablar genuíno diálogo con quien se reconoce en una cosmovisión más individualista.

La ideología funciona mediante relatos. Y según en qué medida los interiorices, más tenderás a confirmarlos al observar la realidad. Por la sencilla razón de que estarás predispuesto a centrarte en los factores que el relato al que te adscribes resalta, y a omitir aquellos que no suele tener en cuenta.

Quiero poner un ejemplo que considero sumamente revelador a este respecto. El otro día estaba viendo un interesantísimo documental sobre la explosión de la música Disco. Allí se relataba el apogeo y el declive de este género en la cultura occidental. Cuando llegó el momento de narrar la segunda etapa, nos muestran una reunión multitudinaria celebrada en un estadio con motivo del despido de un histórico disc-jockey de la radio americana. Los allí congregados querian expresar el hartazgo por la manera en que el sonido Disco lo habia copado todo, barriendo al Rock&Roll y otros estilos antes muy populares. Entonces es cuando hace su aparición ese prototipo de feminista y progresista norteamericana -mal peinada y mal vestida, con la camisa de leñador que nunca puede faltar- hablando de que, en el fondo de esto, lo que había era un movimiento anti-feminista y anti-homosexual. 

¡Maravilloso!, ¿no creen? Ésto es un magnífico pretexto para coartar la libertad de expresión prácticamente sin límite alguno. 
Entiéndanme. A mi me parece perfecto que esa señora tan politizada y tan "comprometida" con nosequé "luchas" quiera defender esa tesis sobre el movimiento anti-disco o sobre cualquier otro; siempre, claro, que se tomen también en cuenta otras perspectivas sobre el mismo fenómeno. 
Estos relatos reduccionistas, polarizados y politizados, como no me cansaré de decirles, lo único que favorecen es la incomunicacion y el conflicto. No favorecen en ningún caso el avance hacia "un mundo mejor" como parecen creer quienes se reconocen en ellos.
Lo mismo ocurre cuando se narra la historia de una celebridad que era homosexual y se comentan cosas como que "nunca dejo de mostrarse orgulloso de lo que era", o que "respondió siempre con contundencia a todo aquel que pretendió estigmatizarle". No dudo de que estas actitudes puedan verse como ejemplares. Ahora, siempre que el relato no se quiera extrapolar de la figura concreta de la que se habla a todo "el colectivo"; de tal forma que sus actitudes personales e intransferibles se usen para construir una artificial, casi arbitraria, historia de la "lucha homosexual". ¿Pero qué derecho tenemos nosotros a presuponer que las actitudes, acciones, y personalidades aisladas de todos esos personajes célebres de nuestra historia formasen parte de ninguna lucha colectiva? Y aún más: ¿por qué esas personas, que entre otras muchas cosas, fueron homosexuales, debían reconocerse en mayor medida en ese colectivo que en el de los escritores, actores, músicos.. el de los norteamericanos, ingleses, españoles..o el de los negros, blancos, o mestizos?, cosas todas ellas que también fueron esos personajes de que se nos habla.

Lo que ocurre aquí, según me huelo, es que la nueva izquierda (creo que es un fenómeno reciente) se cree tan legitimada para imponer sus valores y sus diagnósticos a los demás que apenas contempla el poner en duda que, por ejemplo, la "militancia gay" tal como ellos la entienden deba ser la prioridad para todo homosexual, sin tener en cuenta si esta misma persona forma parte también de otros grupos, minoritarios o no, a los que quizá otorga mayor papel en su vida. 
¿O es que han dado ellos con la fórmula para clasificar injusticias por orden de importancia? .. ¿Quienes somos nosotros para dictarles a los demás con qué colectivo deben sentirse más identificados o con cual de ellos deben comprometerse más?

¿Qué es eso de que "la lucha" de cada mujer, o de cada homosexual, es "la lucha de todo el colectivo"? Éste es un relato con dos caras: en un primer vistazo es cándido; y en un segundo, culpabilizador; ya que si no te sientes identificado con quienes pretenden representarte, por pertenecer a X o Y colectivo,  se desliza la idea de que esto implica de algún modo una traición. ¡Tantas cosas se dan por sentadas como si tal cosa!... ¿Por cual método obtenemos tamaña certeza de que aquellos homosexuales que "defendieron sus derechos" lo hicieron en nombre de ningún colectivo más que a título estrictamente personal? ¿Y qué maldita razón hay para dar por hecho que la condición de homosexual sea para cualquier persona más relevante que su condición de europeo, americano, hombre jovial o taciturno, literato, músico, cineasta, o equilibrista?
En el fondo, estas "luchas" consisten en el puro y duro chantaje emocional. Y a pesar de que a muchos les escueza que lo exprese así, son una moda pasajera como tantas otras. Pues lo que se persigue con ellas no es inocular un poco más de sensatez o de racionalidad en las relaciones humanas. Para hacer eso bastaría con la labor cotidiana de explicar la sinrazón de algunas ideas preconcebidas sobre los homosexuales, las mujeres, los negros o los chinos. Pero esa labor debe ser realizada con HUMILDAD y paciencia, no entrando como elefante en cacharrería. No con esa arrogancia que muestran hoy los grandes moralistas que se arrogan la representación de todos los excluidos de la Tierra. Porque, lejos de conseguir armonizar esas relaciones sociales, lo que logran es todo lo contrario: polarizar a la sociedad y crear conflictos donde antes no los había. Esto se debe a su modus operandi, que consiste en generalizar irresponsablemente, promover victimismos y culpabilizaciones sin límite, y contar relatos deformados de la historia que sirven a los anteriores propósitos.
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Uno de los habituales contertulios de los foros que frecuento, camarada libertario -aunque bastante más "escorado a la izquierda" que yo-, y persona digna de respeto intelectual, a pesar de disentir con él en tantas ocasiones, expresó hace poco de la manera más sintética concebible cual es la posición de la que parten hoy la mayoría de los feminismos. El comentario se produjo a raíz de la imagen publicitaria que vemos en el lateral. Su conclusión era la que podemos leer bajo el mismo:

El hecho de que la mujer sea aún centro de la mirada juzgadora da plena cuenta de lo lejos que estamos aún de haber alcanzado los objetivos del feminismo y por tanto de la ilusión que suponen los discursos que tratan de hacer ver lo innecesario del mismo.

A mí el anuncio no me provoca otra cosa que una sonrisa. Tiene un punto naíf y bastante bobo, como gran parte de la publicidad; pero los feministas siempre tienen que sacarlo todo de quicio. Fíjense que el niño es "conquistador" pero la niña NO es "pasiva" según dice ahí. Lo asumen ellos. 
Aún así, da igual, si no lo dice ahí, lo digo yo: LA MUJER ES , por lo general, MÁS PASIVA Y MÁS SELECTIVA, ASÍ COMO EL HOMBRE ES MÁS ACTIVO Y MENOS SELECTIVO. ¿De verdad cree alguien que pueda ser fruto del azar el que se comporten de manera análoga a sus células reproductoras?... ¿Acaso se conocían ya esas células cuando los supuestos "roles de género" se "inventaron"?... ¿Pero cómo puede alguien con dos dedos de frente defender que todo ello tenga origen en la cultura? -Con todos los respetos, y valga la expresión-, dado que aquí no pretendo referirme a la capacidad intelectual per se; pues personas de probada inteligencia y abundantes lecturas a sus espaldas, como es el caso de mi camarada, llegan a menudo a ellas. 
Ya dijimos que todo depende del relato que cada uno asuma. Y puede que el mío también sea un relato más; aunque, desde luego, lo considere mucho más próximo a la verdad.
Pero retomemos el enfoque anterior. El diagnóstico esencial es que quienes se identifican con las reclamaciones feministas están molestos con la desigualdad. Pues bien, yo lo traduzco, o lo reinterpreto de otra forma: Están peleados con la Naturaleza (aun siendo al mismo tiempo, en muchos casos, ecologistas y animalistas) ¡Y justamente están negando su animalidad! ... 

No obstante, descuiden. Dejen que ella -su animalidad, su naturaleza- siga su curso y les acabe mostrando la cruda verdad: Pues tan sólo lograrán alcanzar ese arcadia igualitaria cuando todos nos hayamos convertido en cyborgs o algo parecido. 

No es de extrañar que quienes parten de estas premisas nihilistas o prometeicas (en las peores acepciones de estos términos) y construyen todo su relato a partir de ellas acaben finalmente llegando a conclusiones tan grotescas, tan ridículas, como aquella de que "la penetración en el coito es expresión del dominio patriarcal" -de lo que también se deriva diréctamente la exigencia de una "redistribución igualitaria de los placeres"- o la de que "los niños debieran ELEGIR cual es el sexo con el que se identifican antes de que la sociedad decida por ellos" -sexos que hoy ya no son sólo dos, lo cual vendría a sumarse a las muestras del arbritrarismo y relativismo desatado en que nos hallamos inmersos-.

Los hippies del futuro pasarán a representar el sector más conservador de todo Occidente en el terreno moral (y probablemente también en el cultural). Porque llegarán finalmente a percatarse de que defender el regreso a la Naturaleza o a los "modos de vida sencillos" -también llamados "tradicionales"- necesariamente debe ir unido a regresar también a los roles, también naturales o tradicionales, adjudicados a ambos sexos. Así como al aprecio de lo que, por lo general, entendemos por viejas costumbres; las cuales suelen corresponderse con virtudes sociales que nuestros ancestros, generación tras generación, seleccionaron como las más convenientes para la supervivencia del clan, de la tribu y de la especie.
Los hippies, en el fondo, buscan arraigarse. Y como nuestra decadente civilización no les ofrece raíces sustanciosas, tienen que ir a buscarlas a otras partes.

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Pero pasemos ahora a la economía:
Los socialistas llevan pensando mucho tiempo que el mundo está dominado por los valores liberales. Y quienes, por el contrario, se adscriben a éstos últimos creen que los que han predominado en los últimas décadas son los de aquellos. Es evidente que ambos exageran. La tónica habitual en sendos discursos es ver el vaso medio vacío. Lo cierto es que hay una mixtura, un cierto equilibrio precario entre valores de uno y otro signo.
El primer relato se tambalea muy mucho cuando pensamos en lo siguiente: Mientras nos dicen que en los últimos años nos ha asolado una ola de neoliberalismo, los presupuestos de la mayoría de los Estados no han parado de aumentar. ¿Hay cosa más incongruente?
El segundo se tambalea, no sé si más o menos, pero de manera cualitatívamente similar, cuando advertimos el trazo grueso que se usa desde las tribunas liberales, calificando poco menos que de "puro socialismo" a todo aquel régimen que no es "puramente liberal". Con lo que caemos de nuevo en la misma trampa: el vaso medio vacío, la parte por el todo, el reduccionismo como arma del sectarismo más irreflexivo.

Si una función primordial tienen estas posturas hiperbólicas, y de algún modo victimistas, diría que es la auto-legitimación. Una doctrina política o económica adquiere fuerza cuando asume, de algún modo, el papel de "gran incomprendida". Por muchas posiciones que haya logrado conquistar el ideario socialista, o por más valores liberales que se encuentren entre los más visibles de nuestra cultura moderna, nunca serán suficientes para ninguna de esas dos doctrinas; siempre se presentarán a sí mismos como "los perdedores", o los "marginados" de un ambiente presuntamente dominado por los valores del adversario.

Ambos se hacen mutuas acusaciones que tienen cierta razón de ser (aunque bien saben ustedes que yo comulgo bastante más con unos que con otros). No obstante, no están aquellos más cercanos a mi sentir libres de carencias y omisiones en su discurso. El liberalismo, aunque acertado y riguroso en mucha mayor medida que sus oponentes, no deja de caer en vicios, en manías, en inercias como la del tan mentado economicismo, así como la irresponsable elusión del debate en torno al avance científico y tecnológico, con lo que incurre por momentos en algo muy cercano a la cienciolatría, tecnolatría, o progresolatría. (Y ni que decir de los culos-prietos que no saben salir del Non Agression Principle).

Pero esta controversia tiene más caras y aristas de las que podamos imaginar a simple vista. Es habitual confundir economicismo con atribuirle su justa importancia a la economía. Por ejemplo, uno puede hacer ver que en el auge o declive de una civilización, no siendo el único factor el económico, sí puede ser el determinante; ya que si es éste el primero en manifestarse, especialmente si lo hace con crudeza, fácilmente puede arrastrar consigo el surgimiento de todos los demás.

Puede ser útil para aclarar esta clase de malentendidos lo siguiente: Cualquiera puede advertir que cuando afirmamos que "la razón es muy necesaria" no equivale esto a ser racionalista. La afirmación propia del racionalista sería la de que "la razón se basta por sí misma", o que "nada escapa a la razón". De igual modo, la afirmación propia del economicista sería que "la economía lo solventa todo" o que "todo debe supeditarse a la economía". Pero no desde luego que "la economía es de enorme trascendencia", dado que ello no es más que una constatación en la que caben pocas disensiones.
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Por esto último, especialmente, me he visto impelido desde hace tiempo a nutrirme de distintas perspectivas, tanto en economía y política como en sociología, filosofía, psicología y esoterismo, para pasar a interiorizarlas y, tras ello, procurar extraer lo que de más valioso pueda haber en ellas. Aunque aquí no puede dejarse de aclarar que valioso no siempre equivale a verdadero. Se hallan, pues, en todas ellas -en unas más que en otras- algunas certezas y también algunas dudas razonables, o acaso un hilo prometedor del que tirar. El ejercicio final, y a veces intermedio, pues siempre quedan conclusiones provisorias sujetas a posible refutación, es el de divulgar estas perspectivas procurando con extremo celo cumplir todas esas precisiones y ser lo más clarificadores que nos quepa a la hora de distinguir las dudas de las certezas y de los meros "hilos prometedores".

Lograr, como digo, nutrirse de tantas de esas perspectivas como nos sea posible en una vida constituye para mí un ejercicio de perfección en la búsqueda de las verdades que nos son esquivas (ya que, a ciencia cierta, no estamos hechos para ser objetivos, sino para engañarnos en tanta medida como haga falta con tal de sobrevivir). Es una forma como hay muchas -no alcanzo a saber si mejores o peores- de cumplir aquel viejo mandato de "extraerle todo el jugo a la vida", en este caso por la vía de la contemplación, la reflexión, y la alternancia de diversos prismas colocados sobre nuestro entendimiento.


martes, 30 de junio de 2015

SOBRE MITOS ANTIGUOS Y MODERNOS (II)

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«Dicen que el alma humana es inmortal; que tan pronto desaparece, que es lo que llaman morir, como reaparece; pero que no perece jamás; por esta razón es preciso vivir lo más santamente posible; porque Perséfone, al cabo de nueve años, vuelve a esta vida el alma de aquellos, que la han pagado la deuda de sus antiguas faltas. De estas almas se forman los reyes ilustres y célebres por su poder y los hombres más famosos por su sabiduría; y en los siglos siguientes, ellos son considerados por los mortales como santos héroes. Así, pues, para el alma, siendo inmortal, renaciendo a la vida muchas veces, y habiendo visto todo lo que pasa, tanto en esta como en la otra, no hay nada que ella no haya aprendido. (...) En efecto; todo lo que se llama buscar y aprender no es otra cosa que recordar.»

(´Menón`, Aristocles Platón)



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«Sólo en la sociedad comunista, cuando se haya roto ya definitivamente la resistencia de los capitalistas, cuando hayan desaparecido los capitalistas, cuando no haya clases (es decir, cuando no haya diferencias entre los miembros de la sociedad por su relación hacia los medios sociales de producción), sólo entonces desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad. Sólo entonces será posible y se hará realidad una democracia verdaderamente completa, una democracia que verdaderamente no implique ninguna restricción.»

(Lenin, ´El Estado y la revolución`.)
                                                                      *
El hombre de nuestro tiempo, igual que los hombres de todos los tiempos, ha requerido proveerse de mitologías en las que reconocerse. 

Pero el más estúpido de todos los hombres (de ahora o de antes) es aquel que siente cierta honra de haber superado a sus torpes ancestros por considerar esa dependencia del mito cosa del pasado. Idiota doctorado honoris causa por toda la idiocracia en pleno, esta especie de Prometeo de juguete campa feliz por el mundo -no con otra felicidad, desde luego, que la del ingenuo, que la del inconsciente.

Cree no tener dioses, pero no sabría cual es su siguiente paso si desapareciese de repente el mito del Estado protector, de la huelga revolucionaria, de la nación histórica, del progreso humano indefinido, o el del mercado-árbitro infalible, ¡la abstracción del grupo o la abstracción del individuo!

En torno a todos ellos, e infinidad más, opera el sujeto de la "era desmitificada".
Ya se envuelva en una u otra mitología (insistimos que en el mercado de ideas se ofrece un surtido capaz de contentar a todos los paladares), pocos o ninguno se salvan, pues, de adoptar una. Incluso quienes nos esforzamos, puede que también prometéicamente, por ser tan librepensadores como nos es posible, y nos peleamos a cada paso por desprendernos de un nuevo ideologema, sesgo, o inercia peligrosa, como quién pugna por despegarse un chicle del zapato; incluso nosotros, digo, somos rehenes eventuales de ésta o aquella mitología que, sin advertirlo, opera subreptíciamente "tras el telón" de nuestros pensamientos.

Y hemos dicho antes que el sujeto de nuestros días no sabría hacia donde dirigir sus pasos, ni los más inmediatos, si le arrebatásemos las mitologías que precisamente guían esos pasos. Entender esto es ya entender mucho -y empezar a hacerlo cambia todo-. Porque uno proyecta sus futuras acciones, y evalúa las pasadas, ateniéndose a un esquema de prioridades abstractas (también concretas, pero estas son a posteriori, y dependientes en último término de las abstractas); ateniéndose, decíamos, guiado por ese hilo que le conduce de un concepto al otro, pero rara vez en otro sentido del marcado por el sistema de valores -de mitologías combinadas, a modo de cóctel axiológico- que acabó de conformarse en un momento dado, alcanzada la que llamamos "madurez intelectual"; y comenzó a partir de entonces su proceso inexorable de calcificación.

De ahí en adelante, en muchos casos el "fresco" de imágenes asociadas a conceptos, y símbolos asociados a emociones, ambas van arraigando y el "santoral" de nuestro altar personal va quedando configurado sin apenas huecos para futuras figuras que puedan mover a concebir nuevas asociaciones de conceptos, de impresiones, de ánimos y predisposiciones. Son estos los casos en los que diríamos que "se ha calcificado" aquel sistema de valores. Sólo unos pocos nuevos matices conseguirán perfilar el fresco -el grabado, el fosil... catedral de hueso, maqueta petrificada- atravesando ocasionalmente los únicos poros que quedaron tras aquella famosa "calcificación". 
..................

Habría que aludir también, aquí, a los arquetipos del inconsciente colectivo. En la PRIMERA PARTE de este improvisado ensayo contrapusimos mitos modernos y antiguos, e hicimos notar la forma en que, ya el mesianismo, ya el ideal de perfección, de eternidad y de universalidad, resistíeronse a ser enterrados con gran astucia por su parte. Y gracias a que el entendimiento del hombre no estuvo lo suficientemente despierto, consiguieron burlar la criba tan decidida a la que fue sometida la cultura de su época; y lo hicieron asumiendo un disfraz que logró finalmente convencer al ilustrado. Ese disfraz consistió, como hoy sabemos, en cambiar el halo sobre la cabeza por un birrete, las sagradas escrituras por una enciclopedia, y la fe en un ser supremo y un mundo perfecto más allá de éste por la fe en alcanzar aquí, en esta vida, la perfección que convertiese, en un mañana, al hombre en ser supremo.

Así es, entonces, como sobrevivieron el mesianismo, el idealismo, y hasta la escatología cristiana, camuflándose hábilmente (o tórpemente, visto desde hoy); confundiéndose en cualquier caso como pudieron en el paisanaje del nuevo mundo que traían consigo "las luces" de la Ilustración.

Por eso decía que en todo ello habían jugado un papel clave aquellos arquetipos de los que habló Jung. Por más que los ilustrados pareciesen iconoclastas sin freno, lo cierto es que algo desde el inconsciente y desde su propio entorno cultural (judeocristiano, al fin y al cabo) les frenó; de tal modo que pudieran resurgir con nueva apariencia aquellos iconos -precisamente- con los que el ser humano había convivido, en los cuales se había reflejado, y a los que se había remitido en busca de respuestas.

No pudo escapar el hombre ilustrado, pues, de esas referencias en las que había basado el hombre anterior (y el anterior del anterior) todo su mundo. No pudo desprenderse -y para tal medio se autoengañó- de las mitologías esenciales que le anclaban al mundo: Ni de la figura del Mesías que trae la Buena Nueva (testigo que a partir de entonces recogerán los científicos, filósofos, sociólogos y políticos). Ni de la idea de un ser-en-sí-mismo, completo, armonioso y realización de la verdad eterna (que si antes fue un dios lejano, ahora pasaba a contemplarse como potencialidad del propio ser humano). Ni tampoco de la idea de un "reino de dios" al final de los tiempos, donde ya no exista la desdicha, y la divinidad y el hombre se reencuentren para ya no separarse nunca (tal escatología se mantuvo en una concepción lineal y finalista de la historia, y la Parusía adoptó la forma más material de una progresiva consecución de todos los logros y una realización de todas las aspiraciones humanas.)

Las mitologías son, por ello, TODO para nosotros: homo sapiens. Tanto para los antiguos como para los modernos. Quizá se hayan convencido ya los últimos que se resistían a hacerlo. Nos son indispensables estos "mapas sobre el mundo", estos relatos epopéyicos. Fabulaciones necesarias, en cualquier caso, para proveer de dirección y motivo, de asunto y pretexto, de un quehacer, digámoslo así, en esta faena de vivir. Porque si no, con el mero cogito ergo sum no bastaría. Con estar aquí, con una conciencia capaz de preguntarse el porqué, capaz de construir abstracciones, y abstracciones de abstracciones, arrojado en un mar de potencialidades que puede escoger desarrollar, y que dependiendo de cuales elija, desencadenará mundos y humanidades que no serán en absoluto iguales.. no habríamos pasado jamás de una fase de éxtasis o parálisis. Dada nuestra naturaleza, habríamos perecido de pura perplejidad e indecisión, de no haber contado con el mito y las cosmogonías que se construyeron a partir de él, fueran las que fuesen. Y que finalmente nos dieron un quehacer. Quehaceres que abundaron en formas que se propagaron o se secaron, que perduraron o se transformaron, que se sucedieron unas a otras en las eras y en las civilizaciones.
[]
«Los cultos mistéricos -y sobre todo, entre ellos, el de la diosa Isis- 
brindaban a sus seguidores la certeza de la inmortalidad del alma, lo que constituía 
una novedad absoluta respecto a la oferta de las religiones anteriores. Consecuencia 
impepinable: había que llegar más lejos -Pablo lo comprendió en seguida-si se aspiraba 
a arrebatar parte de esa clientela (si no toda) a los hierofantes de los misterios paganos.
para ello, en principio, sólo existía una fórmula: prometer a los posibles 
catecúmenos no sólo la inmortalidad del alma, sino también la del cuerpo.
Así, como una ramplona cuestión de marketing, pudo surgir la idea de lo que 
andando el tiempo se convertiría en dogma de la resurrección carnal 
de Cristo y de todos los mortales.»

(Fernando Sánchez Dragó, ´La prueba del laberinto`.)



..... 



«Vivir: especializarse en el error. Burlarse de las verdades indubitadas, no hacer caso de lo absoluto, tomar a broma la muerte y transformar lo infinito en azar. Sólo se puede respirar en lo más hondo de la ilusión. El mero hecho de ser es tan grave que, comparado con él, Dios es pura bagatela. 

Armados por los accidentes de la vida, asolaremos las crueles certezas que nos acechan. Cargaremos contra ellas, embestiremos contra las verdades, atacaremos las luces que nos ciegan. Quiero vivir, y por todas partes salta el espíritu contra mí, defensor de las causas del no-ser. ... Así, fiel a sí mismo, blande el hombre la espada en la cruzada de los errores.»

(Emile Ciorán, ´Breviario 
de los vencidos`.)           

lunes, 13 de abril de 2015

"¿Héroes fútiles?"

Este es uno de esos libros que dejan un extraño y amargo sabor de boca. No lo he terminado, y de hecho, no creo que lo haga.. Total, ¿para qué? Sería abundar y abundar en lo mismo: el patetismo de las causas perdidas.

He leído otras cosas sobre Durruti, sobre el anarquismo español y la Guerra Civil: Orwell y su revelador testimonio en "Homenaje a Cataluña", o el humanísimo, y tan creíble, "Yo fuí secretario de Durruti", relato autobiográfico de un cura aragonés protegido y empleado por aquel durante el "conflicto incivil". Lecturas, en general, que inspiraron y alumbraron en mi un mar de reflexiones, revisiones, y acercamientos emocionales a aquella convulsa época y a las vidas de las gentes que la hicieron, y a la vez la padecieron.

¿La conclusión que saco? QUE NADA VALE LA PENA.. que este país se merece todo lo que le pase... 
Que entre unos y otros han hecho irrespirable la atmósfera entre los Pirineos y el Golfo de Cadiz, y desde Levante hasta Finisterre.

Una clase alta de bajísima calidad humana, abusadora, arrogante, insensata... ¡barbárica!
Una clase baja arrastrada a las mismas bajezas, y fanatizada como pocas. Pues uno acaba asemejándose, lo quiera o no, a aquellos con quienes se enfrenta; y el fanatismo de unos siempre alimenta el de los otros en un ciclo que, una vez iniciado, sólo puede crecer hasta alcanzar un paroxismo de la sinrazón, como en efecto, finalmente ocurrió.

La otra pregunta obvia es la de "quién fue Durruti": 
¿Fue no más que un pistolero?, ¿un agitador?, ¿un insatisfecho?,....
¿un rebelde?, ¿un idealista?, ¿un soñador?,... 
¿un asesino inmisericorde?, o por contrario, ¿un alma compasiva y honesta? ....

Hay testimonios sobrados que apoyarían la veracidad de todas esas imágenes proyectadas sobre el personaje como retratos dibujados al vuelo -al vuelo de sus agitadas y continuas idas y venidas, pues su vida fue digna de novela de aventuras, como reconoce el autor de la obra.-
Durruti fue todo ello al mismo tiempo. Y probablemente, quizá sea esa una de las pocas cosas que nos enseña este ejercicio de nostalgia: que los personajes históricos siempre son tibias sombras, retratos incompletos de personalidades complejas, agitadas y poliédricas, que rebasan por mucho las reduccionistas concepciones de la historiografía y los mitos modernos.

*
Como conclusión a las notas sobre este libro, cito un fragmento que expresa como pocos ese patetismo del que hablaba al principio:

«(....)Varios regimientos provistos de artillería y armas automáticas se habían apostado en la frontera. Sin el factor sorpresa, y con fuerzas inferiores, nuestro ataque no tenía sentido. Lloramos de rabia, de cólera y de vergüenza, porque debíamos regresar como vencidos sin haber entrado en batalla. Ascaso estaba entre nosotros. Durruti había ido con el grupo que cruzó la frontera en Vera. Jover participó en el ataque en Barcelona.
Había sido una tentativa inútil e ingenua. Pero digan lo que digan, merece respeto. Hay gente que se ríe de nosotros y nos considera políticamente fracasados; esto afirman incluso algunos que se llaman anarquistas. En realidad nuestra empresa fue sólo un descalabro. Ya hemos sufrido muchos descalabros. Ésta no es ninguna razón para oscurecer la memoria de los caídos ni desprestigiar la conducta de los compañeros que esperan el juicio en Pamplona. Otros, como Ascaso, Durruti y Jover, proseguirán la lucha.»


No, en efecto, los incontables descalabros no son motivo para oscurecer ni desprestigiar a nada ni a nadie. Ahora, yo me cuestiono si es, por contrario, motivo  para ensalzar, aplaudir, o celebrar algo. Y no creo que sea una pregunta, ésta, que se pueda soslayar sin más.

              ...........................



martes, 15 de julio de 2014

PROMETEO (4ª parte): "La urgencia del mito, o de otorgar sentido."

El asunto es: Somos huérfanos de la Historia.. 
en tiempos de interregno.
.........


Somos víctimas de nosotros mismos
o somos victimas de la Historia.

Quizá ambas cosas, pero ahora están de más las culpas, 
primeramente por su inutilidad.

Pero además, porque vivimos también en tiempo de interregno religioso..

y la moral, y todo lo que ahora habita nuestras huérfanas testas
se revolverá, se desangrará, e igual que todo lo demás, 
imperativamente..se diluirá.

*

Lanzo pues ya la más capital de las preguntas:
¿Es tiempo de recuperar EL MITO?


Nosotros nacimos en plena orfandad espiritual, 
-cristiana, pagana, orientalista, hereje, gnóstica, panteista, luciferina..me da igual!-
dejando de lado ahora valoraciones,
arribamos sin más a un mundo áspero,
a una Edad de Hierro, a un Kali-Yuga, como lo denomina el Hinduismo.

Llegamos al final de la historia
(con h minúscula o mayúscula, tómenlo como quieran) 
en la era post-religiosa.

¡Nosotros sólo tuvimos la materia!

Nacimos engullidos por la exclusividad celosa de la materia, 
del objeto, 
que en su insaciable revancha contra su némesis 
despoja a nuestra alma, 
a nuestra más intima humanidad, de todos sus ´pieles`, 
capa tras capa, hasta dejar ´la vida en los huesos`

-la vida tal como la conocemos, tendrán razón quienes aleguen que esta continúa. 
Harina de otro costal será que la califiquemos de verdadera o completa.. ¡vida!-



*

Repito la pregunta: 
¿Hay que recuperar el mito? 
¿Todo aquello dador de sentido?
Dicho aún más claro: La fuerza motriz.. 
¡El resorte metafísico!
*
Ante la total incertidumbre.. ¿Por qué razón guiarse?

En los momentos verdaderamente críticos..
¿A qué te agarrarás?
¿A qué potencia de la Naturaleza o del Destino te referirás? 

...¿A quién te encomendarás?


En esos pocos momentos decisivos.. 
en que te juegas algo más que en una disputa de pasillo..
-Y os aseguro que en este cambio de orden histórico 
pronto van a dejar de ser pocos-
¿Con qué ´acerbo`, religioso, mítico, cultural, nacional..te nutrirás? 
.....
¿con qué pasado y futuro "te armarás"?
.....
No estoy hablando de supercherias, estampitas o mantras..
¡hablo del símbolo! ¡del sentido! ¡de la razón más allá!
¡Me refiero con toda propiedad al espíritu! 
-a su más ancho, e íntimo, significado.-


Pues cuando sólo estés tú y la perfecta incertidumbre, 
y no haya más respuestas que un horizonte insondable que crece y se engulle a sí mismo,

entonces sentirás en toda su abismal desolación..
..aquella ´orfandad`

la expresada en el simple y llano no tener a qué recurrir..




¿Como salir airoso cuando estás obligado a improvisar tu Solo.. sin tener partitura alguna delante?

En fin, ¿vas a ser hasta tus últimos días ese huérfano de pasado que no halla manera de clavar un ancla en el futuro?
¿Tendrás la templanza de ánimo para redimirte como ser histórico y a la postre, reclamarte como actor de pleno derecho?

Porque en momentos en que todo pende de un hilo, 
¿como distinguir un heroico acto de superación
de un iluso acto kamikaze?



Hace falta fé 
-entendiéndola en un sentido supra-religioso-
Hace falta UN TELÓN DE FONDO, 
un acerbo mítico-heróico-trascendente...
UN MARCO DE REFERENCIA.. ¡Este o aquel!
*
Ante ese paso ´en falso` en el que arriesgas todo, 
ante esa temeridad que te dispones a cometer.. 
..que bien podría ser el momento que, en retrospectiva, juzgarás la clave de tu exito, de tu ´coronación`..

Pero que es tan probable como lo anterior
que no sea sino una huida hacia delante, 
y como fiel hijo de tu Tiempo
estés atrapado en su inercia de "solucionar" problemas creando otros nuevos, 
y así hasta ir amontonando una azarosa sucesión de catástrofes.
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Cada vez tendrás que volver a interrogarte..
¿estás volviendo a reproducir el sempiterno error de tu época:
levantar ese edificio babélico cuyos cimientos son las ruinas del anterior,
que a su vez son los escombros de uno pretérito? ....



Esa es la gran, insondable pregunta, 
que por más insondable no dejaremos de volver a ella,
tantas veces como haga falta, hasta hallar un mapa somero para "salir de la Modernidad".. post-modernidad...

para cruzar, en definitiva, el umbral de la Historia.
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(y creo que a cualquier observador diligente le parecerá, como a mí, que se va a tratar de un umbral "algo más áspero" que los recientes.)