Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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viernes, 24 de junio de 2016

"El judío y el burgués: dos expresiones de un mismo chivo expiatorio".

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Las mentiras más peligrosas son aquellas que contienen una porción de verdad, porque es ella la que les otorga el poder de presentarse (y propagarse) como enteras verdades aun siendo parciales.

Existe una distancia enorme entre saber que se oculta algo y saber QUÉ es lo que se oculta. No saber reprimirse ante ese "gran salto" es lo que caracteriza al conspiranoico.

La realidad es un torrente inabarcable de sucesos e interacciones entre individuos y entre grupos. Los intentos por hallar patrones que nos hagan más comprensible ese aparente caos acostumbran a conducirnos por vericuetos extremadamente equívocos.
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Teniendo en cuenta estas advertencias, vayamos a los hechos. Intentaremos desplegar un mapa exhaustivo de los posibles factores, así como de las diversas perspectivas implicadas en la llamada “cuestión judía”.

1 – Contexto metapolítico: 

Hoy todo lo referente al Holocausto Judío está legislado y se aplica una muy férrea censura (que no se aplica, sin embargo, a todos los demás genocidios del s. XX). Pocos pueden imaginarse la formidable excusa que ello supone para comprar el paquete completo del revisionismo encargado de glorificar a los nazis. Además, el hecho de que lobbies judíos estén invariablemente detrás de ello constituye a los ojos de muchos "la prueba definitiva".

Es un hecho curioso: conforme la realidad se torna más compleja, a los que siempre andan buscando explicaciones simples les es más fácil encontrar las "pruebas" que necesitan. Basta confirmar que los grupos de presión judíos tienen hoy un enorme poder, así como que este grupo étnico es con diferencia el más exitoso en la banca, la empresa, la cultura y la ciencia, para creer haber "descubierto una conspiración".

Pero la realidad, que siempre cuenta con muchísimas más aristas que cualquier fabulación, nos obliga a reconocer que las verdaderas razones de que esto sea así son muchísimo más complejas y equívocas de lo que alcanza a explicar la tesis de la “gran conjura”.

Por ello la censura sobre la revisión del Holocausto y de la cuestión judía no hace sino proveer de excusas y regalarle armas dialécticas a los neonazis de todo el mundo (que por cierto, uno diría que no paran de crecer; al menos a juzgar por lo que se observa en la red de redes, donde la gente no se corta de confesar a los cuatro vientos sus inclinaciones políticas como sí lo hace cuando no se halla protegida por el anonimato).

Con esa censura seguramente se pretendió evitar que se volvieran a repetir los trágicos episodios de la Alemania Nazi, pero lo que se consiguió fue, muy al contrario, reavivar la llama de la paranoia judeofóbica por todo el mundo.

¿Para cuándo una lacrimógena superproducción hollywodiense sobre los crímenes del comunismo? … ¿Nunca se han preguntado esto?

No sé si muchos han caído en que el nazismo triunfó en un sólo país y se han hecho decenas y decenas de películas o documentales sobre sus horrores. Pero el comunismo lo hizo en muchos más países, duro mucho más tiempo, sus horrores no fueron menores, y sin embargo hay que buscar las obras dedicadas a él con lupa. ¿La explicación? Hollywood está lleno de judíos y de socialistas. Y lo mismo ocurre en el resto de industrias culturales.

Si gustan, pueden tacharme a mí también de judeofóbico, pero lo único que he hecho es una descripción no valorativa. Sobre los motivos de que esta comunidad sea tan predominante hablaremos más tarde (lo de los socialistas tendremos que tratarlo en otra ocasión). El hecho, por otra parte, es indudable: no tienen más que fijarse en los grandes nombres de la cultura en el último siglo. Y si resalto este hecho es justamente porque diseccionarlo resulta de vital importancia para desmontar grandes bulos e ideas tan poco sensatas como las nazis o las judeofóbicas.

2 - Psicológica de la inclinación por las teorías conspirativas:

Yo he leído a autores judeofóbicos, desde los abiertamente hostiles al pueblo hebreo en conjunto hasta los pretendidamente moderados que te venden de inicio una postura no radical y muy matizada. Pero aun en esos casos se aprecia que, si en algún momento se acercaron a la cuestión con desapasionamiento y objetividad, a partir de ciertos “descubrimientos” se dejaron llevar por conclusiones apresuradas y, desde entonces, todo fue filtrado por ese prisma particular que, por la razón que fuese, ya no estaban dispuestos a cambiar. No mantuvieron su mente abierta y su espíritu científico más allá de cierto punto; tenían demasiada prisa por extraer conclusiones, y que éstas fueran además impactantes. En ello tiene algo que ver la recompensa endorfínica que procura el saberse portavoz de oscuros y terribles secretos.

Yo mismo me dejé seducir en parte por la paranoia antisionista. Pero ese fuego fatuo va desinflándose conforme uno es más consciente de las trampas gnoseológicas subyacentes a toda conspiranoia, así como del componente adictivo implicado en el complejo del "iluminado que ha alcanzado a conocer los más oscuros secretos". Buscar explicaciones simples a procesos inmensamente complejos es una tentación muy fuerte, y es muy común caer en ella porque nuestro cerebro busca desesperadamente proveerse de certezas. 

Pero, dicho esto, tampoco podemos omitir que se ha caído en un error análogo por parte de los judeófilos, presentando a los hebreos poco menos que como santos mártires y obviando, al contrario que los otros, todo aquello que los aleje de esa imagen de angelical inocencia y los muestre como lo que realmente son: seres humanos como todos, con sus grandezas y sus miserias. Tampoco ayuda nada, como expuse anteriormente, seguir persiguiendo a los revisionistas del holocausto o de la cuestión judía y seguir manteniendo un doble rasero sobre los genocidios y sobre los totalitarismos, según los practicasen unos regímenes u otros. Como tampoco ayuda pretender blanquear y relativizar la posición actual de la comunidad hebrea. No admitir que, desde hace por lo menos un siglo, una parte del pueblo judío se ha convertido en una suerte de élite intelectual y económica en Occidente es querer tapar el Sol con un dedo. Es comprensible que los neonazis y los judeófobos en general se partan de risa y, de paso, se reafirmen en sus convicciones cuando oyen a tanta gente negar lo que es, en el mejor de los casos, un secreto a voces.


3 - Judeofobia como una de las expresiones del anticapitalismo:

Las dos cosas acaban estando inevitablemente relacionadas entre sí, y ambas lo están a su vez a la “filosofía de la sospecha”, esa locura de la razón que consiste en otorgarle mayor importancia a lo que podría ser que a lo que sabemos positivamente que es. Una clave muy importante la dio Marx en su ensayo breve pero revelador sobre la cuestión que nos atañe: el judío se identifica con el burgués. Y tirando de ese hilo, uno se acaba percatando de hasta qué punto son análogos. Tanto el judío como el burgués son durante mucho tiempo despreciados, cuando no perseguidos; y las trabas con que constantemente se topan les obligan a desarrollar mayor talento para la supervivencia o, dicho de otro modo, a agudizar su ingenio.
«Las minorías nacionales o religiosas que se oponen como “sojuzgadas” a otro grupo “dominador” suelen verse impulsadas de un modo especialmente intenso hacia la carrera económica debido a su voluntaria o involuntaria exclusión de los puestos políticos influyentes.» (1)
A las iniciales reservas moralistas se unen, pues, los sentimientos de envidia una vez se les ve triunfar. 

La única diferencia entre usar de chivo expiatorio a la burguesía o a la judería es que, hoy por hoy, resulta mucho más tolerable el odio hacia una clase social que hacia una etnia, raza o grupo religioso. Si los nazis no hubieran llegado al poder y su persecución de los judíos no se hubiera convertido en el paradigma de la maldad, hoy gran parte de la izquierda no tendría problema en mostrarse abiertamente judeofóbica. Claro que algo similar le podría ocurrir a la derecha, siendo que los judíos no sólo se hayan sobrerepresentados en la banca y la empresa, sino también en la intelectualidad y vanguardia revolucionaria, especialmente de corte marxista. Eso es justamente lo que ha llevado a gran parte de la Tercera Posición, como síntesis que es del pensamiento izquierdista y derechista, a construir un aparatoso relato donde la judería, en secreto, creó tanto el capitalismo como el comunismo en una inconcebiblemente ambiciosa estrategia para subyugar a los gentiles y reinar sobre ellos. Por supuesto, esta llamativa explicación les seduce más que aquella que, por más simple, es más plausible: que los judíos tendieron a especializarse en la acumulación e inversión de capital por un lado, y en las labores intelectuales por otro, y de ahí que, tal como expliqué antes, partieran con esa ventaja cuando se produjo la emancipación e igualación en derechos con los gentiles. Si resultaba que había, como resultado de las trabas culturales y legales del pasado, muchos más judíos que gentiles dedicándose a esas tareas desde hacía siglos, era de esperar que siguieran siendo predominantes en ellas por mucho tiempo.

Por ello no debemos comprar el engañoso relato que nos presenta la persecución de los judíos en Alemania como de una naturaleza por completo distinta a la de los burgueses en Rusia. También a los judíos en Alemania se les percibía como una élite; y en parte lo eran: una élite intelectual, bancaria e industrial. El resentimiento hacia el que tiene más se unía aquí a la sospecha de que todos los puestos influyentes estaban siendo copados por un grupo étnico-religioso “extraño” a Alemania.



4 - Factores históricos y socio-culturales:

La identificación que existe entre el judío y el burgués, y la razón principal por la que históricamente han sufrido el rechazo de la mayoría se halla condensada en esta cita de ´El Capital`:
«Junto a los productores independientes, que ejercen su oficio de artesanos o labran la tierra en las formas tradicionales y a la manera patriarcal, aparecen, chupando parasitariamente sus energías, el usurero o el comerciante.» (2)
Esa perspectiva nos ayuda a acercarnos al conflicto con cierta humildad y nos previene de lanzar juicios y condenas categóricas hacia unos y hacia otros. Las explicaciones más habituales de este conflicto que recorre siglos y siglos de historia caen por lo general en ese error, tanto las que se inclinan del lado de los judíos como las que se inclinan del lado de los gentiles. Lo más fácil es dar por hecho que toda la culpa viene de un lado: que los gentiles han adoptado actitudes intolerantes, irracionales y criminales respecto a los judíos sin que mediara provocación por la otra parte; o desde el relato contrario, que los judíos se han dedicado en todos los territorios por los que han pasado a explotar sus recursos y llevarse las ganancias a otra parte, o bien a estafar de diversos modos a sus gentes, puesto que es algo que encaja con la mentalidad de un pueblo nómada. En ambos casos, no nos cuesta gran esfuerzo establecer víctimas y victimarios. Pero tampoco dicto yo sentencia contra estos análisis: es comprensible que la gente intente buscar respuestas, y lo es también que no alcancen a ver simultáneamente las dos perspectivas. Como dijimos al comienzo, las medias verdades son mucho más convincentes que las mentiras, y sus trampas mucho más difíciles de descubrir. 

Pero si logramos desarrollar esa empatía y esa humildad que intentaba transmitirles, y que considero requisito imprescindible para entender el problema que nos ocupa, lo que veremos en este conflicto será simplemente grupos humanos cuyos valores y costumbres, por la razón que sea, chocan entre sí. En este sentido ya no importa tanto la peculiaridad irrepetible del Pueblo Hebreo, pues estos choques entre valores y costumbres de diversa procedencia se dan entre muchos otros grupos.

La peculiaridad se muestra sobre todo en el desarrollo específico de las relaciones entre judíos y cristianos en Europa. A grandes rasgos diríamos que la comunidad judía se hizo fuerte durante su persecución. El fin de la misma (o, al menos, la emancipación y la igualdad ante la ley) dio como resultado que quedaran en una posición de ventaja frente a los cristianos. Los hebreos se habían visto obligados a espabilarse (para conservar su riqueza, para desarrollar actividades con mala prensa, o para sobrevivir en un entorno hostil) de un modo al que no se habían visto obligados los cristianos. Estos últimos eran los responsables indirectos de haberles creado esa ventaja. Pero por aquel entonces no se percibía así: sencillamente les veían como una amenaza.

El persistente rencor hacia los judíos entronca con el persistente rencor hacia los ricos, los empresarios y las élites en general. Salvando las distancias, la razón del éxito de la comunidad judía es similar a la razón del éxito de la burguesía. Como también dijo Marx en su ensayo sobre la cuestión judía, «el judaísmo secular ha engendrado al burgués y la sociedad burguesa ha engendrado al judío secular» (3)

Al comerciante, al emprendedor y al que va por libre siempre se le ha mirado con sospecha; y él habitualmente se ha hecho más fuerte ante la adversidad y ha triunfado sobre aquellos que estaban más pendientes de envidiar el éxito ajeno que de perseguir el suyo propio. ¿No sería, pues, más útil hallar las razones del éxito de ciertos grupos, y aprender de ellas, en vez de envidiarlos y culparlos por haberlo conseguido?

5 - Factores étnicos y religiosos:

Ya dije que los factores son muchos; y no podemos olvidarnos de estos dos. No obstante, la lista siempre se nos quedará incompleta: es del todo imposible tener en cuenta todas las posibles causas que hayan podido ser relevantes en este conflicto, que es no sólo étnico y religioso, sino también socio-económico.
«El judaísmo se ubicó del lado del capitalismo “aventurero” de orientación política o especulativa; su ethos fue, en una palabra, el del capitalismo paria. El puritanismo, por su parte, sostuvo el ethos de la empresa racional burguesa y de la organización racional del trabajo. Tomó de la ética judía sólo lo que se ajustaba a este marco.» (1)
Este pasaje de la obra más conocida de Weber ya nos pone en la pista de las peculiaridades de la religión judía que sirvieron de fermento al surgimiento del capitalismo.

A nivel religioso, parece claro que el Judaísmo tiene una vocación más pragmática que el Cristianismo, lo que guarda relación con su enfoque menos centrado en el espíritu y más en la materia. Las implicaciones de esto en el desarrollo histórico de ambas comunidades son, si no determinantes, sí al menos de cierta trascendencia. Por otra parte, el precepto bíblico de prestar con interés sólo al gentil nos revela no sólo la distancia que se establece de inicio entre la Tribu de Judá y el resto de tribus sino también algunas de las causas que motivaron la animadversión de los gentiles en tantos momentos y lugares donde los caminos de ambos se cruzaron.
«El hombre se escinde del mundo. El mundo ya no es santo, ya no está encantado. Su única finalidad es ser dominado con trabajo y sufrimiento porque Dios lo manda. (…) La ciudad, Ur, queda condenada. El hombre hebreo, por tanto, flota sin vínculos que lo unan a una tierra, a un mundo sagrado, ni a una comunidad, a una forma de organización civil.» (4)
Por un lado el carácter nómada del Pueblo Hebreo y su largo historial de expulsiones, y por otro las trabas o abierta prohibición a poseer tierras u ocupar cargos políticos, incentiva su preferencia por las formas de riqueza fácilmente transportables (el oro, las joyas); lo cual viene a reforzar u otorgar mayor funcionalidad a esa inclinación por lo material que distingue a su religión de la cristiana.

Sobre los factores étnicos se ha especulado mucho, pero si algo parece innegable es que no existe una única etnia judía. Las comunidades hebreas a lo largo del mundo muestran fisonomías que van desde la típicamente africana a la típicamente centro-europea o eslava, pasando, claro está, por la más propiamente semítica. Sobre este asunto no merece la pena extenderse, pues resulta bastante obvio a cualquiera que lo juzgue con una mínima objetividad que no existe tal cosa como una “raza hebrea”.

No obstante, también resulta innegable que, aun con todos los cruces de genes que se dieron entre judíos y gentiles, ambas comunidades permanecieron segregadas durante siglos y las actividades a las que tradicionalmente se dedicaron una y otra presentan clarísimas tendencias divergentes. Ello nos puede llevar a elucubrar que ciertas aptitudes quizá fueron potenciadas como resultado de una selección natural operada en el seno de ciertos grupos. Se han hecho varios estudios que apuntan a un mayor cociente intelectual entre los judíos askenazis que entre el resto de europeos (lo cual no es necesariamente sinónimo de mayor inteligencia en general, pues hay muchas formas de medirla y ninguna es del todo exhaustiva). A esto se refiere David Duke (5) en su interesante pero sesgada obra ´Supremacismo judío`. Las labores predominantemente intelectuales (aceptemos el término por convención, dado que el intelecto no sólo atañe a las letras y los números) a que se dedicó gran parte de la comunidad judía pudo favorecer el que sobreviviesen y se reprodujesen mejor aquellos que tuvieron más éxito precisamente en esas áreas; lo cual podría –y digo “podría”- haber operado como selección darwinista de los más aptos para este tipo de actividades; y por tanto vendría a sumarse a los factores implicados en esa sobrerepresentación de los judíos en el terreno de la ciencia, la banca o la cultura que hoy resulta tan llamativa.

Como vemos, la genealogía de la judeofobia (y de la gentil-fobia) no es una tarea tan sencilla como se pretende a menudo; y para nada puede afirmarse, como muchas veces se hace con la mejor intención, que el pueblo judío no tenga nada de especial y que el odio hacia ellos no tenga más motivo que una virulencia instintiva o un condicionamiento cultural. No: si de verdad nos interesa combatir ese odio, debemos ser honestos y reconocer las peculiaridades que han hecho a este pueblo único en la historia, y que les ha colocado en el ojo de todos los huracanes.
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Referencias:

(1) Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo.
(2) Karl Marx, El Capital, Tomo I.
(3) Karl Marx, La cuestión judía.
(4) José Javier Esparza, Curso general de disidencia.
(5) David Duke, Supremacismo judío.

miércoles, 3 de febrero de 2016

"LA REBELIÓN CONTRA LA REALIDAD".

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En mi periplo por los mundos de la pseudociencia y la conspiranoia aprendí algo que sólo después, contraponiendo lo observado allí con lo observado en otros lares, me sirvió de gran ayuda en el descubrimiento de trampas gnoseológicas. Más concretamente: aprendí que la manera de razonar y defender las ideas pseudocientíficas, conspiranóicas -como las religiosas- responde a un patrón muy similar a la manera de razonar y defender las ideas izquierdistas, fascistas y, en parte, las conservadoras. Hay izquierdistas (quizá no tanto fascistas y conservadores) muy críticos con la pseudociencia y la religión. Pero únicamente son críticos con la pseudociencia "dura" y la religión trascendente, no con la pseudociencia "blanda" y la religión inmanente; esto es: no son críticos, sino incluso defensores, de las PSEUDOCIENCIAS (o religiones) POLÍTICAS, LAS PSEUDOCIENCIAS (o religiones) ECONÓMICAS, Y LAS PSEUDOCIENCIAS (o religiones) SOCIOLÓGICAS.

Hay algo que nos revela mucho: Si se le pregunta a varias personas acerca de “quién gobierna en el mundo”, los que se hacen eco de ideologías socialistas, fascistas y conservadoras religiosas responderán cualquier cosa menos “los gobiernos”. Pero a aquellos que opinan que los que gobiernan no pueden ser otros que LOS GOBIERNOS es a quienes se exige la carga de la prueba. ¿Ven ustedes por qué digo que ciertas ideologías políticas adoptan actitudes pseudocientíficas?

Lo mismo respecto al principio de falsabilidad: Tanto da decir que quienes gobiernan son las corporaciones o grandes empresas como la burguesía, los ricos, los judíos, la masonería o los reptilianos. ¿Alguien puede demostrar que no es así?

Las cosmovisiones pseudocientíficas (yo he llegado a conocerlas bien) comparten todas una característica esencial: el convencimiento religioso acerca de su verdad y la capacidad para usar todo argumento en contra como uno a favor; dicho de otro modo, un razonamiento que se auto-justifica por cualquier medio a su alcance.

Entonces yo me pregunto: ¿es que hay alguna diferencia entre dar por hecho, sin prueba alguna, que todo argumento en contra del relato judeofóbico procede de un “siervo de los judíos” y dar por hecho, también sin prueba alguna, que todo argumento en contra del socialismo procede de un “siervo de los burgueses”?; ¿entre rechazar toda explicación alternativa a la de los alienígenas ancestrales y rechazar toda teoría alternativa a la de la explotación?; ¿entre afirmar “con autoridad” que somos víctimas de una conjura ateo-masónica y proclamar con parejo convencimiento que estamos en manos de plutócratas internacionales?

Les concedo que existe una diferencia de grado. Pero no desde luego cualitativa; no desde luego en su armazón o su “lógica”.
(Confesión: Yo también quise soñar una vez
..... Me desperté.)
*
El izquierdismo no es sino una conspiranoia blanda: No se cree en iluminatis ni reptilianos que nos controlan, pero sí se cree en el gobierno en las sombras de "burgueses", de banqueros, de empresarios, o de "los ricos". No se cree que la medicina y la ciencia son instrumentos creados por seres malvados que usan para envenenarnos o dominar nuestras mentes, pero sí se cree que el capitalismo fue una alianza de intereses con el único propósito de explotar a las clases bajas. No se cree en la energía libre y gratuita pero sí se cree en un dinero y una riqueza que mana de los árboles sin necesidad de crear empresas ni administrar recursos, sin innovar en tecnología ni ampliar y diversificar mercados (no se ve en la riqueza más que “una tarta a repartir”; no se es capaz de superar la idea de que ésta es constante por más que los datos muestren que nunca lo fue; se pretende imprimir dinero expresa y declaradamente dirigido a inversiones.. ¡cómo no se le ocurrió a nadie antes!)

No se afirma ser víctima de un gigantesco show de Truman pero se aceptan como “evidentes” las mil conjuras contra las clases bajas, las mujeres o los países tercermundistas a manos de banqueros, industriales, y “los mercados”: Todo rumor, toda invención y todo meme que encuentre encaje en la mitología en torno al “capitalismo salvaje” se toma por indiscutible sin un solo indicio que lo apoye. Pero la carga de la prueba recae sobre quien lo niegue.
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En el alma de todo capitalista secretamente habita un 
avatar del Führer que no se sabe cuando puede despertar
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La tergiversación, el chivo expiatorio y la idea del 
mal 
absoluto son indistinguibles en la propaganda 
de unos y otros: fascistas y socialistas.
Si afirma con gran convicción que el libremercado se impuso por la fuerza; pero aún nadie ha sabido explicar cómo pudo obligarse POR LA FUERZA a tanta gente a comerciar LIBREMENTE y a ENRIQUECERSE (si aún dudan de que la mayoría se enriqueció, miren los datos). Discúlpenme, siempre se me olvida que todo lo que contradiga el credo de ustedes es tomado por obra del demonio. Sí, ríanse de la comparación. Pero créanme que no son menos sonoras mis carcajadas cuando imagino a cientos de economistas y filósofos desperdigados por decenas de universidades y tomando parte en el mayor complot de la historia: la difusión del liberalismo económico por todo el orbe.. Viajes trans-oceánicos, grandes conferencias y simposios.. Páginas y páginas, horas y horas hilvanando palabras con el único propósito de hacer más ricos a sus señores, que para eso les pagan. Y digo yo, ¿no hubiera sido menos complicado poner mil máquinas de escribir en una nave y, de paso, no tener por ahí desperdigados a esos intelectuales a sueldo, expuestos a ser pillados en un desliz y, en el peor de los casos, echar a perder toda la operación? Cuesta creer que prohombres dedicados a la industria pesada y a las altas finanzas sean tan descuidados en lo que se refiere a la industria de ideas.

*
También se da por sentado que todo estudio sobre sexo, violencia o poder que contradiga el determinismo cultural no puede sino obedecer a “oscuros intereses”. Incluso la ONU y otros organismos dedicados a extender la bondad, la paz y la justicia por el mundo afirman que “la violencia es una conducta que la cultura enseña”. 

Pero aunque fuera verdad que la violencia, los celos, la propiedad, el egoísmo, el racismo,… son conductas que “la cultura enseña”, a fin de cuentas, ¿quién inventa y propaga la cultura? … ¿Y dónde aprendió el ser humano estos vicios?

Si no hay nada innato.. ¿Cuál diantres es la base de la cultura?

Digo yo que no puede ser la imaginación, dado que hablamos de un ser angelical por naturaleza al que la sociedad convierte en demonio.. 
¡Pero quién diantres es la sociedad, más que el conjunto de esos “seres angelicales”!

Inacabables son las paradojas a que nos aboca el mito de la tabla rasa y del buen salvaje

«El sexo es bueno porque es natural, y lo natural es bueno. Pero la violación es mala; por lo tanto, la violación no tiene nada que ver con el sexo.»

Podrá sonar ridículo, y hasta resulta difícil de creer que sectores de la intelectualidad progresista hayan llegado a mantener semejante desconexión con la realidad y a sostener posiciones tan contrarias a la lógica y al sentido común; pero en verdad no es otro el razonamiento que subyace a muchas de las afirmaciones de “intelectuales” y “científicos” de nuestra época. Steven Pinker, en su monumental obra ´La Tabla Rasa`, hace un recorrido por todas las implicaciones que se derivan o podrían derivarse de aquellos mitos tan omnipresentes, especialmente en las últimas décadas. En el siguiente fragmento sintetiza perfectamente el dilema acerca del sexo y la violencia:

«Si reconocemos que la sexualidad puede ser una fuente de conflicto y no sólo un saludable placer mutuo, habremos redescubierto una verdad que los observadores de la condición humana han constatado a lo largo de la historia. Y si el hombre viola por el sexo, no significa ello que simplemente "no pueda evitarlo", ni que tengamos que excusarle, como no tenemos que excusar al hombre que dispara contra el tendero para robar la caja.»

¿Recuerdan aquello de “haz el amor y no la guerra”? Yo pensé que estaba trasnochado hace tiempo, pero muy recientemente me topé con un vídeo “en clave pacifista” realizado por un famoso actor porno y que rescataba una vez más esa ridícula idea. 
El famoso Rapto de las Sabinas es sólo un ejemplo, sea de carácter histórico
o mítico, de las muchas guerras desencadenadas en el pasado por el tan
«
inofensivo», amén de natural, impulso de buscar parejas sexuales.
Ciertamente, pensar en el sexo como algo “inofensivo” o como “lo opuesto a la guerra” contradice toda la historia y la antropología; tanto la actual como la que existía ya entre los antiguos (como bien señala Pinker). La pulsión sexual tiene conexiones con la pulsión violenta y con el poder (incluso observables en nuestro cerebro), así como las tiene con la pulsión creativa. Nuestro organismo no segrega los impulsos y las programas evolutivos como lo hace nuestro lenguaje o nuestras ciencias sociales. El sistema límbico, así como otras partes del cerebro, están dedicadas a diversas tareas y, por tanto, algunos procesos conductuales comparten necesariamente los mismos patrones o mensajes químicos.

Pero si tan sólo fuera el problema la vinculación entre sexo y violencia..
¡No, es que la mera existencia de la violencia en nuestra naturaleza –y no en nuestra cultura- es también un tabú para muchos sectores académicos!

«Muchos intelectuales han apartado la vista de la lógica evolutiva de la violencia, temerosos de que reconocerla equivalga a aceptarla o, incluso, aprobarla. En su lugar, han seguido la cómoda ficción del Buen Salvaje, donde la violencia es un producto arbitrario del aprendizaje o un agente patógeno que nos invade desde el exterior. Pero negar la lógica de la violencia propicia que se olvide lo fácilmente que ésta puede estallar, e ignorar las partes de la mente que activan la violencia propicia que se olviden las partes que la pueden sofocar.»
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Se elige en qué se prefiere creer y se rechaza aquello que “suena feo a nuestros oídos”. Optamos por las fantasías reconfortantes y nos acurrucamos como niños bajo la manta para no ver ni oír las realidades que nos perturban.

¡Hemos recorrido milenios para convertirnos en pusilánimes criaturas 
huyendo despavoridas de sí mismas en un ambiente de histeria general! 

¿En qué momento dio término la evolución y comenzó la involución? 

¿De verdad fue tan patético el ocaso de anteriores civilizaciones? 
…....
Tanto tiempo abjurando de la fe y la superstición, aferrándonos al método científico, posponiendo el más allá y centrándonos en el acá.. para vernos fabricar otras tantas religiones y supersticiones acerca del mundo empírico, copias de carbón de las 
dedicadas al mundo de los espíritus.

¿De qué sirve tanto apego a la materia, tanta ciencia y tanta tecnología… si la usamos como mero disfraz de nuestro irracionalismo y de nuestro escapismo?

¿De qué sirve tanto estudio de la naturaleza cuando sólo está en nuestra mente negarla?

¿De qué sirve estar tan pendientes de los números y de la estadística? ¿Para qué tan estrecha vigilancia de la realidad cuando sólo buscamos renegar de ella?

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Todas las citas están extraídas de la obra de Steven Pinker
´La Tabla Rasa: La negación moderna de la naturaleza humana`.

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martes, 15 de septiembre de 2015

Reinterpretación de la dialéctica y crítica de la moral.

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«El marxismo obtiene su fuerza de la necesidad psicológica de creer en él.»
(Leszek Kolakowski)
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«El comunismo no es el futuro de la humanidad, sino su muy arcaico pasado.»
(Juan Ramón Rallo)

Éstas son dos citas verdaderamente elocuentes. Pero en referencia a esta última, es importante recordar también que, mientras que en ese arcaico pasado la mentalidad colectivista surgió de modo espontaneo, en tiempos recientes ha sido necesaria la violencia para "persuadir" a la mayoría social de retornar a ella. 
¿Por qué creen, si no, que llevan tanto tiempo extendiendo el mito de que el capitalismo se impuso por la fuerza? Pues por la sencilla razón de que depende de ello su legitimidad para imponer asimismo su modelo (ese que se presume "más justo"). La única forma de tornar lícita una acción violenta y autoritaria sobre la sociedad es presentar la coyuntura actual como fruto de otra acción igualmente violenta y autoritaria. Y como ese fin suele justificar cualquier medio, poco importará si la comparación entre unas y otras imposiciones es visiblemente acomodaticia, o si se tuercen los hechos para hacer pasar por violencia lo que cualquiera con sentido común nunca juzgaría como tal (aunque después sí logren persuadir a muchos de lo contrario mediante la conocida estrategia gramsciana de conquista gradual de la hegemonía ideológica). De este modo, empiezan a difundir conceptos como "violencia estructural", o a calificar de "fascista" toda ley o costumbre que encuentran indeseable ya que, de tal manera, hacen parecer menos grave su intención de combatir la "violencia" con VIOLENCIA y el "fascismo" con FASCISMO.
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Fíjense bien en que, tanto comunistas como social-demócratas, parten de estos dos axiomas:

1- Dar libertad al mercado va a perjudicar a los más pobres y a las pequeñas empresas.
2- Todo argumento procedente de las posturas liberales es una estratagema para favorecer a las grandes empresas y a "los ricos".

Hemos dicho que son axiomas. Por tanto, no cabe discusión sobre ellos. Es así como se explica la forma de operar de todos sus razonamientos. Y así, también, como se cierra toda aquella vía de reflexión que vaya en las direcciones antes señaladas como vetadas. El espectro de razonamientos queda reducido de este modo a todos aquellos que no transiten por las vías prohibidas. Es por eso, pues, que para un anti-capitalista (o "reformador del capitalismo"), en el fondo sólo cuenta desarmar las posturas del adversario como sea, y no, como se esperaría de un amante de la verdad, ajustarse lo más rígidamente a los hechos.

Cuando uno se percata de esto, percibe como nunca la peligrosidad inherente a todo moralismo.

Y no crean que concluyo esto elucubrativamente. Yo mismo, cuando era víctima en mucha mayor medida de ese moralismo en concreto, he observado en mí, y en aquellos con los que empatizaba, que la forma de operar de nuestro razonamiento era esa y no otra. Cada vez que escuchábamos a un anti-capitalista "desmontar" alguna idea defendida por un liberal o un conservador, sentíamos esa "victoria", o dicho en términos más científicos, el mecanismo de recompensa de nuestro cerebro se activaba proporcionándonos una sonrisa de satisfacción y una sensación de bienestar. No partíamos, pues, muchos de nosotros de un corpus de doctrina (quizá sí fuera el caso de los marxistas), sino que valorábamos cada-argumento-en-contra por sí mismo. Valorábamos la inconoclastia antes que cualquier icono o sistema alternativo al que buscábamos destruir; la derrota del oponente más que la defensa de una posición propia.

Creo que ahí es justo donde se DESCUBRE, se revela el motor tras ciertas vías de reflexión, el cual es, antes que racional, moral.

(Es preciso siempre distinguir la moral de la etica: La moral es un sentimiento, un instinto, mientras que la ética es una construcción social, un logro de la civilización, generalmente entendido como un conjunto de reglas cuya relación con los primitivos sentimientos morales puede llegar a ser difusa, si no indirecta. [Hume (*1)])

Probablemente todas esas ideologías, incluido el marxismo, aunque parezca un sistema en sí mismo, son pensamientos a la contra. Y al constituir su motor una negación, se hallan de inicio lastrados para ser una ciencia positiva.
No van detrás de su propia verdad, sino de negar la verdad del oponente. Y aún cuando han llegado a intentar lo primero, ha sido éste un acto derivado de lo segundo.

Mi conclusión es, por tanto, que aunque las izquierdas entiendan su posición como aquella que coloca a la ética sobre todas las demás consideraciones, lo cierto es que la verdadera postura ética es la asumida históricamente por el liberalismo; mientras que el socialismo y gran parte de lo que entendemos por "izquierda", lo que adopta es una postura moralista; pero de ningún modo ética.

Y no me baso para hacer esta afirmación únicamente en lo que expuse antes. Esto se muestra todavía más claro al contraponer la coherencia de unos al defender las mismas reglas para todos y la misma libertad en todos los ámbitos de la acción humana con la incoherencia de los otros que, sin discutir la justicia de estas normas en principio, sí plantean inacabables excepciones a las mismas basadas en los más diversos motivos, con lo que se hace inevitable que disminuya el respeto por ellas y el rigor exigido en cumplirlas. La ética, entonces, se va erosionando sin freno al tiempo que va siendo sustituída por los sentimientos morales (subjetivos, arbitrarios, volubles) del gobernante iluminado de turno, al que se cree imbuído de un conocimiento especial de la realidad social y de una empatía genuína con "el pueblo".

Una vez se cruza esa línea, aunque sea con la "legitimidad de las urnas", el camino al despotismo se alfombra de rojo y oro, y las libertades y derechos individuales empiezan a a verse en serio peligro.

Porque conviene no dejar de tener nunca presente otra constante histórica: la que muestra como toda estrategia del comunismo y la ultra-izquierda en clave "democrática" tiene el objetivo ya arriba insinuado. A saber: apoyarse en las mayorías electorales para subvertir los principios más básicos de la democracia liberal; lo que se traduce en pasar por encima de los derechos del individuo en nombre del "pueblo", entidad siempre difusa pero cuya mención causa una respuesta emocional positiva; o del "bien común", concepto aún más difuso y  peligroso, en cuanto puede instrumentalizarse para dar pretexto a las acciones más demenciales (sobran ejemplos de ello a lo largo de la historia, especialmente en el pasado siglo).
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Pero si hemos asumido la tarea de destripar el moralismo, al menos en su vertiente socio-política, nos vemos forzados a retomar la revisión de la filosofía nietzschiana que ya iniciamos en un texto anterior. Dado que el asunto que nos ocupa atañe al egoísmo, al dinero y a la clase empresarial, no vendrá mal pararse a reflexionar en torno a ello en el contexto del pensamiento moral de Nietzsche.

Y es que su crítica al mundo burgués nos puede arrastrar a caer en no pocas contradicciones, si nos fijamos bien.

Ésta crítica es acertada en tanto se refiere al "espíritu burgués" materialista, dócil, gris, antiheroico, de su tiempo. Pero nos lleva a error, y como dije, a callejones sin salida, si lo extrapolamos a todo lo que hoy va vinculado a la burguesía histórica (puesto que ya sólo subsiste aquel "espíritu", no así la "casta" como tal). A Nietzsche le ocurre como a tantos tradicionalistas y revolucionarios (cosas que no tienen porque ser antagónicas), que juzga a la "era de la burguesía" por la etapa de la misma que él pudo observar, y circunscrita a un contexto geográfico muy concreto. Al igual que las críticas (quizá también en parte acertadas) que le hacen los católicos "viejos" por juzgar al cristianismo enfocándose sobre todo en su "fase decadente" (de nuevo, dócil y antiheroica), el creador del concepto de "superhombre" no hubiera obtenido la misma impresión de la mentada Clase si la hubiese visto desenvolverse en los albores de la Revolución Industrial, creando casi de la nada, cual semi-dioses prometéicos, toda aquella imaginativa y deslumbrante maquinaria que hizo posible la expansión del bienestar (ese sí lo fue de verdad, y no el que ahora predican) a cada vez más y más sectores de la población.
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Pero no vayan pensar, por lo expuesto antes, que el liberalismo ha estado exento de incurrir en errores de bulto. Su punto de partida es más objetivo y camina en una dirección mucho más deseable, qué duda cabe. Sin embargo, cometió tan imperdonables excesos que acabó, en gran medida, trabajando contra sus propios fines. Esto lo supo ver muy bien un viejo y sabio conservador de allende los mares inspirado por otro viejo y sabio conservador de nuestro continente. Robert Nisbet, alumbrado por Tocqueville, predijo con gran tino el oscuro futuro del individuo "liberado" de las "cadenas de la tradición":

«Así es como el liberalismo puede engendrar el totalitarismo. El gran proyecto liberal de ”emancipación progresiva del individuo respecto de las tiránicas e irracionales sociedades ‘de status’ heredadas del pasado”, tomó el riesgo de hacer a esos individuos anhelar el abrazo de un poder total, mucho más tiránico que el de la iglesia, la clase o la familia. La política de ‘interés propio racional’ promovida por Hobbes y Locke creó un vacío, un anhelo de comunidad, que Rousseau y Marx vinieron presurosos a llenar.»

«Si Nisbet enseña una lección, es esta: Ud. no puede oponerse al crecimiento inexorable del poder del Estado con la defensa del solo individualismo y nada más. Ud. debe asumir la defensa del individuo y su comunidad.»

(Ross Douthat, ´Quest for community in the age of Obama`) 

Yo mismo he sugerido en más de una ocasión esta relación de causa y efecto entre el individualismo atomista y la dependencia del estado protector. Hay polémica sobre si fue primero el huevo o la gallina, como siempre ocurre en estos casos. Y no puede negarse que se alcanza en algún momento cierta retroalimentación en que el efecto se torna causa y la causa, efecto. Pero fuera como fuese, parece claro que correspondió a aquellas políticas llevadas a cabo en nombre de la libertad el incentivar en primer lugar el abandono de los viejos lazos y costumbres. Fueron "medidas liberales" las primeras causantes de la inercia que llevó a prescindir cada vez más de los antiguos vínculos -instituciones, todas ellas, que costó muchas generaciones afianzar pero que llevó muy poquito tiempo el destruir-.

Lo que nos lleva a concluir, pues, el proceso histórico descrito es que el liberalismo, sin quererlo, engendró su propia némesis al promover e incluso forzar la disolución de los lazos comunitarios que precisamente hubieran impedido en el futuro (nuestro presente) la dependencia que crea por sí misma hambre de más dependencia. O dicho de otro modo: el poder omnímodo del estado originó un vacío creciente en nuestra sociedad que, llegados a cierto punto de no retorno, ya no podía llenarse con otra cosa que con más poder omnímodo.

Hoy vemos el gran drama: El estado del bienestar colapsa, se muestra cada vez más a las claras su inviabilidad, pero las mayorías no dejan de reclamar más.. ¡y más estado!

Es el síndrome del adicto terminal. Duro es expresarlo así, pero más duras son las consecuencias de disfrazarlo y suavizarlo; y de este modo, postergarlo indefinidamente. Porque esto es lo que hacen por lo general los políticos actuales, que una vez rehenes de su propio régimen clientelar, no están dispuestos a cometer la torpeza de practicar una política responsable de esas que te dan popularidad y reconocimiento en la posteridad pero que te hacen perder las elecciones del mes que viene.

Hemos visto, pues, que el individualismo que promovió la doctrina liberal no supo frenar a tiempo y cruzó la raya entre lo metodológico y lo ideológico [Popper, Mises (*2)] al arremeter contra la tradición, la religión y todo cuerpo intermedio de la sociedad. Esto inevitablemente dejó al individuo más solo frente al Estado; desamparo que engendró con el tiempo una cada vez mayor dependencia del mismo, y derivada de ella, una también creciente necesidad de provisión/protección.

Podría ser ésta una interesante revisión de la célebre teoría de Marx sobre la antítesis que el capitalismo engendra inevitablemente. Sólo que en este caso se trata del sistema liberal, y además, se ha mostrado que sí es evitable. Pero con todo, podemos así cerrar el círculo y aportar una nueva perspectiva sobre las contradicciones de estos dos pensamientos que han marcado nuestra post-modernidad.

De lo anterior podemos deducir, entonces, que el precario equilibrio entre individuo y comunidad se trata de un juego de poleas bien difícil de manejar sin que a uno se le vaya de las manos y acabe, por exceso de celo, creando el caldo de cultivo idoneo para engendrar su antítesis. La tesis aquí no sería por tanto el sistema económico capitalista sino el sistema político liberal. Mientras que la antítesis sería el crecimiento desmesurado y constante del Estado llegando incluso al totalitarismo, lo cual podemos ver claramente que es la negación del modelo liberal (*3). 

Bien, ¿y la síntesis? Eso sí es más difícil aseverarlo. Me gustaría creer que va a consistir en la disolución del estado-nación y el ansiado retorno a las pequeñas comunidades, cantones y ciudades-estado. Pero bien podría manifestarse de modos bien distintos a ese, como por ejemplo volviendo a un modelo no menos clásico que el anterior, como es el del imperio romano, carolingio o napoleónico.

En el primer supuesto, la síntesis se manifiesta a modo de explosión y fragmentación extrema; y es de esperar que de esta manera retornen las libertades apartadas en el período de la antítesis, puesto que la vida en las pequeñas comunidades inevitablemente traerá consigo un estilo de vida más sencillo y un ánimo más sosegado que volverá innecesaria esa antigua dependencia retroalimentada por los cazadores de voto clientelar.
En el caso de la segunda hipótesis, percibo el posible proceso como de expansión. Como un gran chicle que se estira, convirtiendo a un conjunto de Estados que caminan hacia el totalitarismo democrático en parte de un proyecto mucho más grande e inclusivo donde, por un lado mengua más la soberanía de los territorios, pero por el otro se relaja la presión gubernamental en ciertos ámbitos debido a la imposibilidad de controlar la sociedad civil hasta tal punto como fue común en la fase de los estados-nación hipertrofiados.
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(*1) La teoría de la moral de David Hume es en extremo elocuente a este respecto. Acudiendo esta vez a sus propias palabras: "Los animales son susceptibles de las mismas relaciones con respecto a los otros de la especie humana, y por lo tanto serían susceptibles de la misma moralidad si la esencia de la moralidad consistiese en estas relaciones. Su carencia de grado suficiente de razón puede impedirles percibir sus deberes y obligaciones morales; pero nunca puede impedir que estos deberes existan, pues deben existir de antemano para ser percibidos. La razón los halla, pero no los produce. (....)  El vicio nos escapa enteramente mientras se le considere como un objeto. No se le puede hallar hasta que se dirige la reflexión hacia el propio pecho y se halla un sentimiento de censura que surge en nosotros con respecto a la acción. Aquí existe un hecho; pero es objeto del sentimiento, no de la razón. Está en nosotros mismos, no en el objeto" (...) "Tener el sentido de la virtud no es más que sentir una satisfacción de un género particular ante la contemplación de un carácter. El sentimiento mismo constituye nuestra alabanza o admiración. No vamos más lejos ni investigamos la causa de la satisfacción. No inferimos que un carácter sea virtuoso porque agrada, sino que sintiendo que agrada de un modo particular sentimos, en efecto, que es virtuoso."


(*2) Para Karl Popper, el individualismo metodológico en el campo de las ciencias sociales se trata de una exigencia para alcanzar cierto rigor científico y para evitar tentaciones como lo que unos cuantos hemos calificado de "tendencia al conspiracionismo". Esta manera de razonar tiene relación, según él, con el historicismo marxista y ha sido característica, como todos sabemos, del argumentario nazi y soviético. En sus propias palabras, "la teoría conspirativa de la sociedad no puede ser cierta pues equivale a sostener que todos los resultados, aún aquellos que a primera vista no parecen obedecer a la intención de nadie, son el resultado voluntario de los actos de gente interesada en producirlos". En el caso de Von Mises prefiero atenerme a sus palabras recogidas en el tratado ´La acción humana`, donde justifica el individualismo metodológico de la siguiente manera: "La praxeología, en principio, se interesa por la actuación del hombre individualizado. Sólo más tarde, al progresar la investigación, enfréntase con la cooperación humana, siendo analizada la actuación social como un caso especial de la más universal categoría de la acción humana como tal. Este individualismo metodológico ha sido atacado duramente por diversas escuelas metafísicas, suponiéndose implica recaer en los errores de la filosofía nominalista. El propio concepto de individuo, asegúrase, constituye vacía abstracción. El hombre aparece siempre como miembro de un conjunto social. Imposible resulta incluso imaginar la existencia de un individuo aislado del resto de la humanidad y desconectado de todo lazo social. El hombre aparece invariablemente miembro de una colectividad. Por tanto, siendo así que el conjunto, lógica y cronológicamente, es anterior a sus miembros o partes integrantes, el examen de la sociedad ha de preceder al del individuo."

(*3) En mi caso, son estos errores históricos de la doctrina liberal y aquellos vicios arrastrados por muchos de sus representantes (como son el economicismo, el atomismo, y cierto racionalismo iluminista) lo que me lleva a renegar de esa etiqueta por más cercano que pueda hallarme de las posturas que suelen defenderse en su nombre. Porque ocurre que gran parte de las mismas pueden igualmente reivindicarse en nombre del anarquismo entendido en sentido amplio y alejado de utopismos, que es como yo prefiero concebirlo, pues de otra manera cae uno en maximalismos poco sensatos y difícilmente constructivos.


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martes, 23 de junio de 2015

Sobre fanatismos e irracionalismos varios.


En el presente vivimos la apoteosis de los fanatismos. Quizá no alcancen todos en el día de hoy la cumbre de su irracionalidad -eso ya sería insoportable-. Lo que sí es seguro es que se da tal número de ellos a un tiempo como en ninguna otra época que se recuerde.

Y es que, a los de nueva hornada, se les suman todos aquellos de hornadas anteriores que aun sobreviven. Imaginen la cola que se forma en el registro de tontolabas...

"Todo el día matando tontos..." El que dijo eso, hace tiempo que se rindió,  y se inmoló.

Lo más sonrojante de todo, dicho sea de paso, es que gran parte de ellos, ya vengan de una "escuela" u otra, saben reconocer y denunciar el fanatismo de los demás pero jamás son capaces de percibir ni una sombra del propio.


Hay quién se vuelve fanático del nacionalismo (unionista, separatista, hay para todos los gustos, y todos mienten y manipulan, poco menos, por igual.) Hay también quien cree haber descubierto la gran clave de los problemas que aquejan al mundo en la dimensión étnica y racial (esto vuelve a estar de moda, imagino que, en parte, por culpa de la tibieza y las moralinas igualmente fanáticas de los llamados "antiracistas". Un polo siempre alimenta al otro.) Luego están los fanáticos del igualitarismo, ya sea en clave de "género", "raza", o "clase social" (de ellos ya hemos hablado sobradamente aquí.) Luego irían los religiosos, los que aun quedan (la verdad es que a este tipo de fanatismo ya no le resta apenas fuelle -entiéndase, en Occidente-. Porque a diferencia del de la lucha de clases, o de razas, tiene más largo recorrido, y por eso debe ser que hay ya poco "carrete del que tirar"). 

Pero los más, de verdad, los más llamativos de todos son esos de los que ya hablé; aquellos que se muestran especialmente comprometidos "contra todos los fanatismos" sin apreciar ni por un momento el suyo; el cual, en muchas ocasiones, no es menos pequeño, o menos grave que el de aquellos a quienes se pasan todo el día poniendo a caer de un burro.

¡Yo soy libertario y sólo creo en el mercado y en el individuo! ¡Amo la libertad, odio el comunismo y la religión! .. Pero me hago la picha un lio cuando hay que distinguir religión de religiosidad y espiritualidad, y la verdad es que da pereza ponerse a estudiar todo eso...¡Bah! Mejor rindo pleitesía a fanáticos impresentables y destructivos como Richard Dawkins y me cago en todo lo espiritual sin distinción. Al fin y al cabo, son todo rollos raros de freakies. Sin embargo, aquello de que sólo existe la materia y que no hay nada más allá parece evidente, y encima, resulta facilito de entender.

......

¡El individuo  y el mercado son lo único que existe! ¡Un mundo de mercaderes donde los contratos sustituyan a las leyes es el paradigma que YO-DIGO-QUE-RESOLVERÁ-NUESTROS-PROBLEMAS! Un mundo de intercambios donde cada uno vaya a la suya y ningún lazo colectivo sea cultivado es el modelo de civilización más sostenible a largo plazo.

Y tras eso, el mismo sujeto que viene a decir poco más o menos lo que acabamos de leer, denuncia la estrechez de miras y el fanatismo de los demás como si tal cosa. Y nada en todo ello le hace advertir contradicción alguna. Nada nos hace pensar que albergue la más mínima sospecha de que alguna de las piezas recién desplegadas pudiese no encajar en el conjunto.

Un paréntesis aquí sobre "los de la raza" antes de volver a atizar a los de la bandera negra y amarilla. Llegan a ser tan estúpidos algunos de ellos que, no contentos con asumir todas las manías persecutorias en forma de "conjuras contra su raza" (a veces ni siquiera es la suya, pero les haría ilusión que lo fuese), se esfuerzan en buscar mil pretextos arbitrarios para sostener lo insostenible. Ejemplo (extraído de un blog):


"Desde pequeño siempre me he olido que algo no cuadraba y he ido atando cabos, hasta convertirme en un todo un nacionalista ario a los 15 años. Y no veo que tiene de malo el que sea adolescente, en todo caso será aún más meritorio para mí, teniendo en cuenta mi precocidad en destapar al Sistema, y la degeneración cada vez mayor a la que someten a la juventud, según va avanzando el plan del Enemigo. Me pregunto que hacías tú a mi edad, seguro que estabas con una banda de guarros estilo San Polla Palomino, sin tocar un solo libro (salvando el “Playboy’’, si es que eso se puede considerar un “libro’’), matándote a pajas con pósters de negras y bebiendo “kalimocho versión La Bamba’’. Yo sin embargo, he pisado a fondo desde bien pequeño, tanto intelectual -leo clásicos y libros de nivel desde los 10 años- como físicamente, -pues soy practicante de varias artes marciales desde los 13, y hace 1 año he comenzado con musculación sarcomérica- y he adelantado a toda la masa depravada y plebeya que compone al resto de la juventud actual salvando otras excepciones como la mía, hasta el punto de poderme considerar como miembro “de otra casta’’.

VIVA LA NOCHE DE LOS CUCHILLOS LARGOS. MUERTE A SIÓN Y AL NAZBOLISMO."


Bueno..bueno, ¡bueno! Me parece que tenemos aquí un buen surtidito. No sé ni por donde empezar. ¿Mencionamos primero la arrogancia, la suficiencia, o la brutalidad y la violencia que destila todo el discurso? 

Despreciable y francamente repugnante. Lo que más llama la atención, sobre todo a quién conozca poco de este SUB-mundo, es el nivel cultural e intelectivo del que, en efecto, pueden presumir muchos de estos -no por ello menos fanáticos- neofascistas. Y de este mismo perfil, jóvenes casi adolescentes, existen en gran número dentro de la última generación. Son despiertos y echaos palante (demasiado), y como se han leído unos cuantos libros y -hay que reconocerlo- no redactan del todo mal, ya se creen por ello, a su corta edad, con la autoridad moral e intelectual de "iluminar al mundo" sobre el camino que debemos seguir si no queremos "ser engañados por Sión". Fijémonos en esa convicción tan propia del fanático cuando describe su "caída del caballo". Ya hemos destripado en anteriores escritos ese ego hinchado que es siempre conditio sined qua non para que sea plenamente operativo el fenómeno conspiracionista (en este caso, puramente conspiranoico, ya que todo gira en torno a una "conjura contra el hombre blanco"). Y no estará de más tampoco observar la forma en que ciertos pretextos ideológicos abren una peligrosa puerta a la permisividad hacia toda clase bajas pasiones (en el caso que nos ocupa, al odio racial más CRUDO Y PLEBEYO, como se manifiesta en esa manera de insultar al oponente sugiriendo que "se rebaja" mirando ´posters de negras`.)
En resumen: Cree haber encontrado la "gran verdad proscrita que nos salvará" (o que salvará a la raza blanca, porque la idea desprendida es que poco importa lo que les pase a las demás). Y cree haberlo hecho con apenas veinte años. Por ello ya se está preparando para "la gran batalla final", y toda su vida parece estar orientada a una misión trascendente de la cual, con toda probabilidad, tendrá que reirse pasados unos años, o incluso avergonzarse un día en petit comité, en un arranque de franqueza.

(Lo de lanzar el viva a la Noche de los Cuchillos Largos  ya es como la puntilla, como si pugnara por ser el "más malo entre los malos". Ni con las pobres S.A. tiene clemencia este proyecto de hombre con un ego que casi podemos ver inflarse en cada inflexión del lenguaje, y que si mantuvo ese mismo ritmo hasta ahora, seguro habrá reventado ya.)


Bueno, pues como se nos ha alargado el apartado dedicado al "racialismo" más de lo esperado, a los de la bandera negra y amarilla deberemos continuar dándoles azotáinas en una siguiente entrega dedicada al mundo de los irracionalismos (para la cual reservaremos también otro apartado no menos jugoso, como es el del fanatismo anti-comunista). Tengan ustedes un  buen día. Y si esto les ha "iluminado" en algún aspecto, quizá contemplen poner en el futuro algo más de racionalidad en ciertas cosas. Verán como no les hace daño.
¡Sí, de estos ya hemos hablado sobradas veces!
Pero como ven, parecen no cansarse nunca de alcanzar 
nuevas cimas en la escala de lo ridículo, de batir nuevas marcas 
y redefinir por completo conceptos como "delirante" o "descabellado".
Este radicalismo en concreto eleva a profecía apocalíptica la tan famosa
frase de Einstein sobre las cosas que son o no limitadas
en el ser humano y en el Universo.

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[¡¡EJEMPLO DE LIBRO!!]   
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