Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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miércoles, 30 de septiembre de 2015

¿QUÉ ES LA ´REVOLUCIÓN NEO-NIETZSCHIANA`?








Expulsemos a los turbadores del cielo, obscurecedores del mundo, portadores de nubes, ¡iluminemos el reino de los cielos!

(Ecce Homo)



La revolución neo-nietzschiana vendría a ser la gran revolución pendiente que, aún hoy, más de un siglo tras la muerte del sajón, permanece dormitando, quizá, en las mentes más audaces. 
Fue necesario que se discutieran, se reinterpretaran y hasta se reinventaran muchas de las ideas propuestas por Nietzsche antes de elaborar un corpus doctrinal definitivo; cosa que no se ha hecho por el momento, y a lo que quizá ayude, hasta donde modestamente pueda, el manifiesto que sigue.


CONTRA TODO MORALISMO

Un tipo humano superior se ha dado ya con harta frecuencia, pero como golpe de fortuna, excepción, nunca como algo pretendido. Antes al contrario, precisamente el ha sido el mas temido, era casi la encarnación de lo terrible; y como producto de este temor ha sido pretendido, desarrollado y alcanzado el tipo opuesto: el animal doméstico, el hombre-rebaño, el animal enfermo “hombre”: el cristiano.

(El Anticristo)

La transvaloración nietzschiana corréctamente entendida, en su dimensión más constructiva, no consiste en machacar al débil y ensalzar al fuerte, sino en hacer más fuerte al primero y dejar a su libre obrar al segundo, pues no es él, de todas formas, quien requiere nuestra ayuda. (*)

Lo que prima hoy, por desgracia, es la glorificación del débil por el mero hecho de serlo. Y esto sólo le hace más débil, al imbuírle de victimismo, o de revanchismo, y librarle de toda responsabilidad; pues acostumbramos a persuadirle de que las causas de sus males siempre están en el exterior. Análoga y contrariamente, al fuerte se le responsabiliza de todo mal habido y por haber y se le procura hacer sentir tan culpable como esté en nuestra mano; quizá con la esperanza de que pague con su conciencia atormentada todo el insoportable rencor que su fuerza, o su grandeza, inspira en nosotros.

Esta es LA INMORALIDAD DEL MORALISMO que ha llegado a nuestros días a través de muy diversas mutaciones de la mentalidad judeo-cristiana.

.............

(*Ésto lo dijo con otras palabras, pero no muy distantes a éstas, mi camarada nietzschiano y librepensador Daorino, de las cuales obtuve parte de la inspiración y la motivación para escribir este texto que llevo rumiando hará por lo menos un año.)


EL GRIS BURGUÉS Y SU VIL INTERÉS.

Ante todos los virtuosos
quiero yo ser culpable,
¡que se me impute la mayor culpa!
Ante estos vocingleros de gloria
mi codicia se transforma en gusano.
Entre tipos semejantes me divierte
ser el más abyecto...

(Ecce homo)

Este apartado tiene dos dimensiones. La primera, que es la condena del interés, no requiere apenas revisión del pensamiento nietzschiano, pues el mismo filósofo alemán no tuvo nunca el menor embargo en hacer defensa del egoísmo.

Ya respecto a la "grisura" de la sociedad burguesa cabría hacer, aquí sí, unas cuantas enmiendas a las vehementes condenas que Nietzsche lanzó contra ella. Y es que podemos sintonizar muy bien con el ansia de retornar a tiempos más heroicos donde la grandeza de ánimo y el espíritu de sacrificio presidían cada acción; pero ciertamente sería muy poco constructivo, y muy poco inteligente, sustituir los pacíficos y provechosos métodos del comercio internacional, de los que todos salimos tarde o temprano beneficiados, por los belicosos y menos provechosos métodos de la conquista y la rapiña del pueblo vecino, por los que todos salimos tarde o temprano perjudicados.
La grandeza es una cosa. La estupidez es otra bien distinta: 
El propósito de este manifiesto es extraer de la filosofía nietzschiana aquello que no es más útil. Por ello debemos desechar igualmente todo aquello que nos entorpezca y nos confunda en vez de ayudarnos a alcanzar más pronto nuestras metas:
¡No se puede esperar de Prometeo que se avenga a devolver el fuego robado!
(No soy ni mucho menos el primero en comparar las "fuerzas desatadas" de la tecnología y la producción industrial con el fuego que robó a los dioses este personaje mítico, casi arquetipo universal, pues usaron esas mismas palabras y ese mismo tono, para describirlas, intelectuales tan diversos como Marx o Evola.)

Para acabar de cerrar esta enmienda a Nietzsche en el contexto de la revisión, actualización y re-significación de su pensamiento, acudiré a mis propias palabras en otro texto que publiqué reciéntemente:

Ésta crítica (a la sociedad burguesa) es acertada en tanto se refiere al "espíritu burgués" materialista, dócil, gris, antiheroico, de su tiempo. Pero nos lleva a error, y como dije, a callejones sin salida, si lo extrapolamos a todo lo que hoy va vinculado a la burguesía histórica (puesto que ya sólo subsiste aquel "espíritu", no así la "casta" como tal). A Nietzsche le ocurre como a tantos tradicionalistas y revolucionarios (cosas que no tienen porque ser antagónicas), que juzga a la "era de la burguesía" por la etapa de la misma que él pudo observar, y circunscrita a un contexto geográfico muy concreto. Al igual que las contra-réplicas (quizá también en parte acertadas) que le hacen los católicos "viejos" por juzgar al cristianismo enfocándose sobre todo en su "fase decadente" (de nuevo, dócil y antiheroica), el creador del concepto de "superhombre" no hubiera obtenido la misma impresión de la mentada ´Casta` si la hubiese visto desenvolverse en los albores de la Revolución Industrial, creando casi de la nada, ´cual semi-dioses prometéicos`, toda aquella imaginativa y deslumbrante maquinaria que hizo posible la expansión del bienestar (ese sí lo fue de verdad, y no el que ahora predican) a cada vez más y más sectores de la población.


MORALISTAS CRISTIANOS Y MORALISTAS PAGANOS

Vuelo vertical,
trazo precipitado,
caer sobre corderos,
hacia abajo, voraz,
ávido de corderos,
odiando toda alma de cordero,
odiando rabiosamente todo lo que parezca
virtuoso, borreguil, de rizada lana.

(Ecce Homo)

"La Humanidad" no es sino una impostura de ese moralismo de raíz cristiana, y nadie, más allá de la vana palabrería, se concibe a sí mismo como "ciudadano del mundo" con todo lo que ello implica 
-cosa que nos demuestra el que nos conmueva más el sufrimiento de un animal ante nuestros ojos que el de cientos de seres humanos al otro lado del océano, como hubiera dicho Hume-. Por otra parte, "La Nación" no es más que una extrapolación de la pequeña comunidad original. Tan sólo como imagen proyectada de aquel modo de vida ancestral, registrado en nuestros genes, funciona para causar una respuesta emocional. Pero no deja de ser otra impostura -la que correspondería, para distinguirla de la anterior, al "moralismo pagano"- y, por ello, todo lo más un truco psicológico, un método para domeñar nuestras conciencias. 

Quienes se agarran, pues, a ella como últimos creyentes, no están abrazando sino un cadáver.

El individuo es una ardua conquista de nuestra evolución cultural. Siempre se recuerda que en el Neolítico no podríamos encontrar individuos, sino hordas. Otro dicho cuyo autor original no conozco y que vendría a colación aquí es aquel que reza que "el buen salvaje, lo único que era es.. ¡bien salvaje!"

Lo que reacciona, pues, contra tal logro de la civilización son las fuerzas del primitivismo, la cobardía de esos viejos nuevos mitos que se niegan a perecer en soledad y nos agarran de los pies cuando levantamos el vuelo, al tiempo que nos suplican, o nos reprenden encolerizados, intentando persuadirnos de no proseguir nuestro ascenso hacia el siguiente estadío de la evolución (Todavía no el superhombre, pero sí un pasito más cerca de él)

La dicha inefable en la paz, la mansedumbre, el no ser capaz de 
experimentar sentimientos hostiles, se torna aquí en moral.(...)
El miedo al dolor, incluso al mínimo dolor, por fuerza desemboca en una religión del amor.

(El Anticristo)

Los moralistas de raíz socialista-cristiana se creen intérpretes de todos los desfavorecidos de la tierra y piensan que cosas tales como los sentimientos xenófobos o insolidarios, o cualquier otra manifestación de rechazo al diferente, van a desaparecer de la noche a la mañana, como si no tuviesen un origen evolutivo, y como si todos fuésemos malditos robots con el sistema operativo "superprogre 6.O"... 

No se puede demonizar a una persona o a un grupo de ellas por tener reacciones perféctamente humanas. No se les puede increpar, ni señalar, sin tener para nada en cuenta sus circunstancias, sus fracasos y sus aspiraciones. No poseemos autoridad moral alguna para dictar al mismo tiempo veredicto y sentencia sobre las diversas reacciones de aquellos a quienes siquiera conocemos, tal como hacen hoy esos moralistas desbocados que dicen actuar en nombre de la justicia y el progreso.

Ahora bien, tampoco se pueden alentar ni explotar esas bajas pasiones por muy naturales que sean, que es en lo que tocaría recriminar, por el otro lado, o los "super-identitarios", o, como hemos convenido en llamarles, los moralistas paganos.

No se puede culpar a los grupos humanos de tener reacciones tribales, porque resulta que todos las tenemos, pero quizá en otros ámbitos que ahora andan menos vigilados por el tipo particular de moralismo que hoy nos ha tocado sufrir.

Pero no se pueden tampoco dar aliento a esas reacciones para inflamarlas. 
Si lo uno es arrogante, lo otro es irresponsable.
¡Contra todo moralismo! .. ¡Contra todo cuervo que merodée sobre nuestras cabezas esperando alimentarse de nuestro sentimentalismo, de nuestra envidia o nuestro rencor!
LA MORAL CONSPIRA CONTRA LA RAZÓN

El espíritu puro es pura mentira... Mientras el sacerdote, este negador, detractor 
y envenenador profesional de la vida, sea tenido por un tipo humano superior, no hay respuesta a la pregunta ¿qué es verdad? Se ha puesto la verdad patas arriba si el abogado consciente de la nada 
y de la negación es tenido por el representante de la “verdad”.

(El Anticristo)


Si, de entre todas, hay que escoger una razón por la que debemos prevernirnos de los excesos moralistas (que no de los sentimientos morales, pues ésto nos es imposible), es que el moralismo nubla nuestro juicio hasta el punto de volvernos obscura la verdad ante nuestros ojos. No se trata de reivindicar el racionalismo -¡a buenas horas vendría semejante ocurrencia, ya probada nefasta!- ¡No! Tan sólo se trata de no permitir que la moral nos domine, del mismo modo que nos previnieron aquellos más escépticos sobre la "infalibilidad de la razón" acerca de los males de someter a la misma toda emoción, todo instinto, y también toda ética.

Desde que ponemos nuestro pie en este mundo, nos vemos influídos por distinta clase de relatos morales. Hay una moralidad cívica y familar, la cual es la más básica y no entraña mayor problema, siempre que no degenere en moralismo. Pero hay además una moralidad acerca del trabajo, una moralidad acerca de la pereza, una moralidad acerca del placer y una moralidad acerca del dolor (morales complementarias que, éstas sí, se han invertido plenamente en los últimos siglos; de lo cual convendría hablar en otra ocasión, pues ahora nos obligaría a extendernos demasiado). Conforme vamos avanzando escalones en esta lista, los peligros van aumentando: pues ahora ya vendrían las antes aludidas sobre la riqueza, el tribalismo, la solidaridad, la xenofobia, la misoginia, y en general, todas las demás impresiones de tipo emocional que inciden en la diferencia, pues en cuanto empezamos a movernos en ese terreno, las más deplorables instintos, tales como el odio, el rencor, el revanchismo, la envidia o la proyección de culpas en un chivo expiatorio hacen aparición más tarde o más temprano, y acaban logrando que quienes tomen finalmente el liderazgo sean aquellos que mejor saben explotar tales instintos en las grandes masas.

Pero si puede decirse que hay un punto culminante en la peligrosidad del moralismo, éste bien podría manifestarse cuando alcanzamos la fase en que comienzan a hacerse variadas tentativas de desarrollar una historia moral.
Creo que la mayoría intuirá ya por donde van los tiros: La historia desde una óptica proletaria, la historia desde una óptica femenina, la historia desde una perspectiva africana, latinoamericana... ¡Por no hablar de las historias hechas a medida de las identidades nacionales y hasta étnicas, o raciales! 

Y no se equivoquen, que no digo que ésto no sea útil, y hasta encomiable, en tanto hablemos estrictamente de perspectivas. 

Pero no, todos sabemos que no es de eso de lo que se trata. En lo que se traduce a efectos de rigor histórico lo que han dado en llamar "óptica" es en un sesgo favorable; esto es, en una arbitrariedad basada en una percepción ya previamente distorsionada, lo cual no puede menos que arrojar unas conclusiones todavía más distorsionadas.

Todos esos grandes idealistas y portentosos se comportan como las mujeres: toman los “sentimientos sublimes” por argumentos, el “pecho expandido” por un fuelle de la divinidad y la convicción 
por el criterio de la verdad.

(El Anticristo)

Éste es pues mi alegato final, dirigido a todos los moralistas de este mundo, de izquierda a derecha y de Oriente a Occidente:

En el 391 D.C., un nuevo decreto de Teodosio no sólo prohibe la visita
a los templos paganos sino también el mirar las estatuas destrozadas.
¡Dejen ya ustedes de mentir, de torcer todo hecho histórico en el sentido de sus sentimentalismos particulares, cuales sean! 
¡Tuvimos suficiente con los primeros cristianos, y a dios gracias que pudimos domarles hasta donde pudimos y que, de locos que venían a arrasarlo todo, se desinflaran hasta devenir semi-cuerdos persuadidos de conservar alguna que otra cosa de valor! ... ¡Tuvimos ya suficientes moralistas con ellos, con Savonarola, con Lutero y con Calvino! 

Acudiendo también a las palabras del maestro: ¡Ya tuvimos bastantes visiones torcidas de teólogo!



La fatalidad del cristianismo reside en el hecho de que su credo tenía que volverse tan enfermo, bajo y vulgar como las necesidades que estaba llamado a satisfacer.

(El Anticristo)


martes, 8 de septiembre de 2015

"La moderna Confusión de Lenguas" (I)

~Los relatos socio-políticos: La nueva Torre de Babel.~

Los hechos son hechos. Por sí mismos, nada revelan sobre otros hechos. El problema empieza cuando cogemos algunos de ellos, más o menos inconexos, y los hilvanamos a la manera de las cuentas de un collar. Ahí es cuando se da la gran Confusión de Lenguas, mismamente como la del Antiguo Testamento. Cuando con esos hechos aislados decidimos construir un relato; lo que no está mal por principio, y de hecho es necesario, pero hay que saber cuando ponerle freno.

Como cada uno asumimos uno diferente, y conviven en la misma sociedad relatos conservadores y progresistas, nacionalistas e internacionalistas, libertarios y liberticidas.. nuestra correcta comunicación depende de que nos remitamos a unos mismos axiomas y mitos. El que se reconoce en una cosmovisión como la de la lucha de clases jamás podrá entablar genuíno diálogo con quien se reconoce en una cosmovisión más individualista.

La ideología funciona mediante relatos. Y según en qué medida los interiorices, más tenderás a confirmarlos al observar la realidad. Por la sencilla razón de que estarás predispuesto a centrarte en los factores que el relato al que te adscribes resalta, y a omitir aquellos que no suele tener en cuenta.

Quiero poner un ejemplo que considero sumamente revelador a este respecto. El otro día estaba viendo un interesantísimo documental sobre la explosión de la música Disco. Allí se relataba el apogeo y el declive de este género en la cultura occidental. Cuando llegó el momento de narrar la segunda etapa, nos muestran una reunión multitudinaria celebrada en un estadio con motivo del despido de un histórico disc-jockey de la radio americana. Los allí congregados querian expresar el hartazgo por la manera en que el sonido Disco lo habia copado todo, barriendo al Rock&Roll y otros estilos antes muy populares. Entonces es cuando hace su aparición ese prototipo de feminista y progresista norteamericana -mal peinada y mal vestida, con la camisa de leñador que nunca puede faltar- hablando de que, en el fondo de esto, lo que había era un movimiento anti-feminista y anti-homosexual. 

¡Maravilloso!, ¿no creen? Ésto es un magnífico pretexto para coartar la libertad de expresión prácticamente sin límite alguno. 
Entiéndanme. A mi me parece perfecto que esa señora tan politizada y tan "comprometida" con nosequé "luchas" quiera defender esa tesis sobre el movimiento anti-disco o sobre cualquier otro; siempre, claro, que se tomen también en cuenta otras perspectivas sobre el mismo fenómeno. 
Estos relatos reduccionistas, polarizados y politizados, como no me cansaré de decirles, lo único que favorecen es la incomunicacion y el conflicto. No favorecen en ningún caso el avance hacia "un mundo mejor" como parecen creer quienes se reconocen en ellos.
Lo mismo ocurre cuando se narra la historia de una celebridad que era homosexual y se comentan cosas como que "nunca dejo de mostrarse orgulloso de lo que era", o que "respondió siempre con contundencia a todo aquel que pretendió estigmatizarle". No dudo de que estas actitudes puedan verse como ejemplares. Ahora, siempre que el relato no se quiera extrapolar de la figura concreta de la que se habla a todo "el colectivo"; de tal forma que sus actitudes personales e intransferibles se usen para construir una artificial, casi arbitraria, historia de la "lucha homosexual". ¿Pero qué derecho tenemos nosotros a presuponer que las actitudes, acciones, y personalidades aisladas de todos esos personajes célebres de nuestra historia formasen parte de ninguna lucha colectiva? Y aún más: ¿por qué esas personas, que entre otras muchas cosas, fueron homosexuales, debían reconocerse en mayor medida en ese colectivo que en el de los escritores, actores, músicos.. el de los norteamericanos, ingleses, españoles..o el de los negros, blancos, o mestizos?, cosas todas ellas que también fueron esos personajes de que se nos habla.

Lo que ocurre aquí, según me huelo, es que la nueva izquierda (creo que es un fenómeno reciente) se cree tan legitimada para imponer sus valores y sus diagnósticos a los demás que apenas contempla el poner en duda que, por ejemplo, la "militancia gay" tal como ellos la entienden deba ser la prioridad para todo homosexual, sin tener en cuenta si esta misma persona forma parte también de otros grupos, minoritarios o no, a los que quizá otorga mayor papel en su vida. 
¿O es que han dado ellos con la fórmula para clasificar injusticias por orden de importancia? .. ¿Quienes somos nosotros para dictarles a los demás con qué colectivo deben sentirse más identificados o con cual de ellos deben comprometerse más?

¿Qué es eso de que "la lucha" de cada mujer, o de cada homosexual, es "la lucha de todo el colectivo"? Éste es un relato con dos caras: en un primer vistazo es cándido; y en un segundo, culpabilizador; ya que si no te sientes identificado con quienes pretenden representarte, por pertenecer a X o Y colectivo,  se desliza la idea de que esto implica de algún modo una traición. ¡Tantas cosas se dan por sentadas como si tal cosa!... ¿Por cual método obtenemos tamaña certeza de que aquellos homosexuales que "defendieron sus derechos" lo hicieron en nombre de ningún colectivo más que a título estrictamente personal? ¿Y qué maldita razón hay para dar por hecho que la condición de homosexual sea para cualquier persona más relevante que su condición de europeo, americano, hombre jovial o taciturno, literato, músico, cineasta, o equilibrista?
En el fondo, estas "luchas" consisten en el puro y duro chantaje emocional. Y a pesar de que a muchos les escueza que lo exprese así, son una moda pasajera como tantas otras. Pues lo que se persigue con ellas no es inocular un poco más de sensatez o de racionalidad en las relaciones humanas. Para hacer eso bastaría con la labor cotidiana de explicar la sinrazón de algunas ideas preconcebidas sobre los homosexuales, las mujeres, los negros o los chinos. Pero esa labor debe ser realizada con HUMILDAD y paciencia, no entrando como elefante en cacharrería. No con esa arrogancia que muestran hoy los grandes moralistas que se arrogan la representación de todos los excluidos de la Tierra. Porque, lejos de conseguir armonizar esas relaciones sociales, lo que logran es todo lo contrario: polarizar a la sociedad y crear conflictos donde antes no los había. Esto se debe a su modus operandi, que consiste en generalizar irresponsablemente, promover victimismos y culpabilizaciones sin límite, y contar relatos deformados de la historia que sirven a los anteriores propósitos.
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Uno de los habituales contertulios de los foros que frecuento, camarada libertario -aunque bastante más "escorado a la izquierda" que yo-, y persona digna de respeto intelectual, a pesar de disentir con él en tantas ocasiones, expresó hace poco de la manera más sintética concebible cual es la posición de la que parten hoy la mayoría de los feminismos. El comentario se produjo a raíz de la imagen publicitaria que vemos en el lateral. Su conclusión era la que podemos leer bajo el mismo:

El hecho de que la mujer sea aún centro de la mirada juzgadora da plena cuenta de lo lejos que estamos aún de haber alcanzado los objetivos del feminismo y por tanto de la ilusión que suponen los discursos que tratan de hacer ver lo innecesario del mismo.

A mí el anuncio no me provoca otra cosa que una sonrisa. Tiene un punto naíf y bastante bobo, como gran parte de la publicidad; pero los feministas siempre tienen que sacarlo todo de quicio. Fíjense que el niño es "conquistador" pero la niña NO es "pasiva" según dice ahí. Lo asumen ellos. 
Aún así, da igual, si no lo dice ahí, lo digo yo: LA MUJER ES , por lo general, MÁS PASIVA Y MÁS SELECTIVA, ASÍ COMO EL HOMBRE ES MÁS ACTIVO Y MENOS SELECTIVO. ¿De verdad cree alguien que pueda ser fruto del azar el que se comporten de manera análoga a sus células reproductoras?... ¿Acaso se conocían ya esas células cuando los supuestos "roles de género" se "inventaron"?... ¿Pero cómo puede alguien con dos dedos de frente defender que todo ello tenga origen en la cultura? -Con todos los respetos, y valga la expresión-, dado que aquí no pretendo referirme a la capacidad intelectual per se; pues personas de probada inteligencia y abundantes lecturas a sus espaldas, como es el caso de mi camarada, llegan a menudo a ellas. 
Ya dijimos que todo depende del relato que cada uno asuma. Y puede que el mío también sea un relato más; aunque, desde luego, lo considere mucho más próximo a la verdad.
Pero retomemos el enfoque anterior. El diagnóstico esencial es que quienes se identifican con las reclamaciones feministas están molestos con la desigualdad. Pues bien, yo lo traduzco, o lo reinterpreto de otra forma: Están peleados con la Naturaleza (aun siendo al mismo tiempo, en muchos casos, ecologistas y animalistas) ¡Y justamente están negando su animalidad! ... 

No obstante, descuiden. Dejen que ella -su animalidad, su naturaleza- siga su curso y les acabe mostrando la cruda verdad: Pues tan sólo lograrán alcanzar ese arcadia igualitaria cuando todos nos hayamos convertido en cyborgs o algo parecido. 

No es de extrañar que quienes parten de estas premisas nihilistas o prometeicas (en las peores acepciones de estos términos) y construyen todo su relato a partir de ellas acaben finalmente llegando a conclusiones tan grotescas, tan ridículas, como aquella de que "la penetración en el coito es expresión del dominio patriarcal" -de lo que también se deriva diréctamente la exigencia de una "redistribución igualitaria de los placeres"- o la de que "los niños debieran ELEGIR cual es el sexo con el que se identifican antes de que la sociedad decida por ellos" -sexos que hoy ya no son sólo dos, lo cual vendría a sumarse a las muestras del arbritrarismo y relativismo desatado en que nos hallamos inmersos-.

Los hippies del futuro pasarán a representar el sector más conservador de todo Occidente en el terreno moral (y probablemente también en el cultural). Porque llegarán finalmente a percatarse de que defender el regreso a la Naturaleza o a los "modos de vida sencillos" -también llamados "tradicionales"- necesariamente debe ir unido a regresar también a los roles, también naturales o tradicionales, adjudicados a ambos sexos. Así como al aprecio de lo que, por lo general, entendemos por viejas costumbres; las cuales suelen corresponderse con virtudes sociales que nuestros ancestros, generación tras generación, seleccionaron como las más convenientes para la supervivencia del clan, de la tribu y de la especie.
Los hippies, en el fondo, buscan arraigarse. Y como nuestra decadente civilización no les ofrece raíces sustanciosas, tienen que ir a buscarlas a otras partes.

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Pero pasemos ahora a la economía:
Los socialistas llevan pensando mucho tiempo que el mundo está dominado por los valores liberales. Y quienes, por el contrario, se adscriben a éstos últimos creen que los que han predominado en los últimas décadas son los de aquellos. Es evidente que ambos exageran. La tónica habitual en sendos discursos es ver el vaso medio vacío. Lo cierto es que hay una mixtura, un cierto equilibrio precario entre valores de uno y otro signo.
El primer relato se tambalea muy mucho cuando pensamos en lo siguiente: Mientras nos dicen que en los últimos años nos ha asolado una ola de neoliberalismo, los presupuestos de la mayoría de los Estados no han parado de aumentar. ¿Hay cosa más incongruente?
El segundo se tambalea, no sé si más o menos, pero de manera cualitatívamente similar, cuando advertimos el trazo grueso que se usa desde las tribunas liberales, calificando poco menos que de "puro socialismo" a todo aquel régimen que no es "puramente liberal". Con lo que caemos de nuevo en la misma trampa: el vaso medio vacío, la parte por el todo, el reduccionismo como arma del sectarismo más irreflexivo.

Si una función primordial tienen estas posturas hiperbólicas, y de algún modo victimistas, diría que es la auto-legitimación. Una doctrina política o económica adquiere fuerza cuando asume, de algún modo, el papel de "gran incomprendida". Por muchas posiciones que haya logrado conquistar el ideario socialista, o por más valores liberales que se encuentren entre los más visibles de nuestra cultura moderna, nunca serán suficientes para ninguna de esas dos doctrinas; siempre se presentarán a sí mismos como "los perdedores", o los "marginados" de un ambiente presuntamente dominado por los valores del adversario.

Ambos se hacen mutuas acusaciones que tienen cierta razón de ser (aunque bien saben ustedes que yo comulgo bastante más con unos que con otros). No obstante, no están aquellos más cercanos a mi sentir libres de carencias y omisiones en su discurso. El liberalismo, aunque acertado y riguroso en mucha mayor medida que sus oponentes, no deja de caer en vicios, en manías, en inercias como la del tan mentado economicismo, así como la irresponsable elusión del debate en torno al avance científico y tecnológico, con lo que incurre por momentos en algo muy cercano a la cienciolatría, tecnolatría, o progresolatría. (Y ni que decir de los culos-prietos que no saben salir del Non Agression Principle).

Pero esta controversia tiene más caras y aristas de las que podamos imaginar a simple vista. Es habitual confundir economicismo con atribuirle su justa importancia a la economía. Por ejemplo, uno puede hacer ver que en el auge o declive de una civilización, no siendo el único factor el económico, sí puede ser el determinante; ya que si es éste el primero en manifestarse, especialmente si lo hace con crudeza, fácilmente puede arrastrar consigo el surgimiento de todos los demás.

Puede ser útil para aclarar esta clase de malentendidos lo siguiente: Cualquiera puede advertir que cuando afirmamos que "la razón es muy necesaria" no equivale esto a ser racionalista. La afirmación propia del racionalista sería la de que "la razón se basta por sí misma", o que "nada escapa a la razón". De igual modo, la afirmación propia del economicista sería que "la economía lo solventa todo" o que "todo debe supeditarse a la economía". Pero no desde luego que "la economía es de enorme trascendencia", dado que ello no es más que una constatación en la que caben pocas disensiones.
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Por esto último, especialmente, me he visto impelido desde hace tiempo a nutrirme de distintas perspectivas, tanto en economía y política como en sociología, filosofía, psicología y esoterismo, para pasar a interiorizarlas y, tras ello, procurar extraer lo que de más valioso pueda haber en ellas. Aunque aquí no puede dejarse de aclarar que valioso no siempre equivale a verdadero. Se hallan, pues, en todas ellas -en unas más que en otras- algunas certezas y también algunas dudas razonables, o acaso un hilo prometedor del que tirar. El ejercicio final, y a veces intermedio, pues siempre quedan conclusiones provisorias sujetas a posible refutación, es el de divulgar estas perspectivas procurando con extremo celo cumplir todas esas precisiones y ser lo más clarificadores que nos quepa a la hora de distinguir las dudas de las certezas y de los meros "hilos prometedores".

Lograr, como digo, nutrirse de tantas de esas perspectivas como nos sea posible en una vida constituye para mí un ejercicio de perfección en la búsqueda de las verdades que nos son esquivas (ya que, a ciencia cierta, no estamos hechos para ser objetivos, sino para engañarnos en tanta medida como haga falta con tal de sobrevivir). Es una forma como hay muchas -no alcanzo a saber si mejores o peores- de cumplir aquel viejo mandato de "extraerle todo el jugo a la vida", en este caso por la vía de la contemplación, la reflexión, y la alternancia de diversos prismas colocados sobre nuestro entendimiento.


domingo, 28 de junio de 2015

Sobre fanatismos e irracionalismos varios (III: Los fundamentalistas anti-socialistas, anti-nacionalistas, y anti-bolivarianos.)

Ya venía siendo hora de colocar algunos puntos sobre algunas íes en lo que respecta a toda esta confusión malintencionada.

Muchas clases de irracionalidad han sido ya destripadas, de izquierda a derecha y de lo internacional a lo local, pero restaba hablar de toda esa nube de polvo (por no usar otra palabra más fea, y que se ajustaría mas a la realidad) levantada en torno a Venezuela y a todo aquel fenómeno político al que se le encuentre mínima relación con aquel país, su gobierno y las posiciones que defiende.

¡Violencia, totalitarismo, desabastecimiento y caos!, los mantras corren como la pólvora. Las palabras se amontonan unas sobre otras hasta formar un ruido ininteligible donde sólo se percibe el marcado tono de reproche; palabras cada vez más cargadas de connotaciones y cada vez más vacíadas de contenido:

"¡Chavez, Chavez! ¡El terror rojo!"
"¡Vinculos con la República Bolivariana de Venezuela!"...
"¿Saben lo que significa eso, no?"

Todos conocemos demasiado bien ese tipo de proclamas. Todo consiste en vendernos un relato que se sabe tramposo, pero efectivo: Recordar hechos llamativos siempre extirpados cuidadosamente de su contexto. Repetir y repetir una falacia hasta que suene creíble. 
Pero tan sólo el creer que los demás también creerán en ella ya debiera suponer el total descrédito de quién pretende tal cosa. Pues implica insultarles: pensar que la gente se tragará lo que sea, incluso una barbaridad como dar a entender que los resultados de una política son equivalentes aunque la situación de partida sea del todo distinta. "¡Si se aplican esas medidas, mañana esto será igualito que Venezuela!"
Da igual que, someramente analizado, tal argumento no se sostenga lo más mínimo. Lo único que se quiere es buscar una sucesión de conceptos e imágenes que causen impacto en el público. Repetirlas tantas veces como haga falta. Ofrecer una realidad masticada. Orientar cuidadosamente la perspectiva del televidente o del lector, torciéndola y volviéndola a retorcer para hacer que eventualmente coincida con la del encantador de serpientes de turno.

Pero cuando a todos esos vocingleros se les llena la boca con esa palabra plena de connotaciones negativas, "bolivariano", ¿acaso saben lo que están diciendo? NO, NI LO SABEN NI LES IMPORTA LO MÁS MÍNIMO. A ellos sólo les preocupa lanzar mensajes catastrofistas, y conquistar al público mediante el miedo atávico, ya que no pueden hacerlo mediante argumentos, pues han perdido ya toda legitimidad y credibilidad en ese espacio.
¿Elevarán en algún momento el debate de lo contingente al entorno más amplio en que éste se enmarca? ¿Les hablarán alguna vez del contexto histórico, sociológico, o geopolítico en que surgió ese "gobierno tan malvado" empeñado en locuras tales como defender su soberanía o trabajar en pos de la unión de América Latina, deuda histórica pendiente, y causante en gran medida de los problemas que arrastra el continente? ¡Noooo, ¿para qué?!...¡Como si a ellos les preocupase hacer pedagogía, y explicarle a la gente con rigor qué es lo que ocurre y por qué ocurre! No, resulta mucho más útil repetir diez veces seguidas una imagen o unas declaraciones sacadas de contexto y exprimirlas tal como haría la prensa amarilla (o rosa) y acto seguido, turnarse todos esos mercenarios mediáticos para ir inflando e inflando el tono acusatorio en la misma medida en que se va esfumando todo rigor y toda honestidad.
Simón Bolivar, ´Libertador`.
A ellos desde Europa, lo mismo que a sus homólogos en Latinoamérica (declarados traidores a su patria como Vargas-Llosa), no les importa si a esa mitad del continente le va mejor o peor. Hablan de "gobernabilidad" y de favorecer el "mercado libre" para "sacarles de la pobreza"; pero como muchos de ellos ni siquiera viven allí, o si lo hacen, es ajenos a su realidad y bien alimentados por la "teta del gringo", se dedican a pregonar sin más el individualismo, el mercadeo, EL MENUDEO; y los más absolutamente desvergonzados, incluso se ponen a sí mismos como ejemplo ("escapa como puedas" parece ser, por tanto, el leit motiv del modelo de vida que este rabioso individualista le propone al latinoamericano medio). Les parece honroso, por lo visto, que toda esa mitad del continente dé gracias por las migajas y acepte como un sino su dependencia de potencias exteriores. ¿Qué le importa al liberal apátrida, siempre tan bien recibido en el Estado del Norte, esas aspiraciones plebeyas de soberania? ¡No, al mercader, al cínico y al anglófilo le traen sin ciudado los problemas de índole cultural, anímica, histórica.. todo lo que tenga que ver con comunidades, y no individuos! ¡Ni tan siquiera la geopolítica entra en sus preocupaciones! Porque él tiene su nacionalidad estadounidense, sus amigos allá en la "metrópoli", y tan sólo de cuando en cuando baja al sub-continente a lanzar mensajes optimistas en clave de "trabajen por ustedes y olvídense de patrias, ánimos populares y deudas históricas" a los "pobres desgraciados" que no tuvieron su suerte y deben seguir habitando aquel "patio trasero"; discursos, por cierto, siempre trufados de vocablos ingleses pronunciados con impecable acento yanki. (Ante todo, no permitir que olviden su destino manifiesto: seguir siendo un sirviente agradecido de la potencia del norte.)
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Se desprende de todo lo expuesto algo muy claro: Lo que estamos diciendo aquí no es que el gobierno de Chavez -que hoy heredó Maduro- sea un ejemplo para el resto del planeta. Tampoco decimos que no haya elementos dentro de ese gobierno que sean más dignos de desprecio que de admiración, o que no existan infinidad de razones para criticar al Régimen venezolano en su conjunto. Lo único que pretendemos decir es que resulta del todo deshonesto referirse al Chavismo sin ponerlo en su debido contexto histórico y geo-político; lo mismo que empeñarse en que la gente crea que, incluso si se aplicasen las mismas medidas en España que en Venezuela (cosa del todo absurda, pues son dos países muy distintos cuyas realidades no pueden llevar de ningún modo a unas exigencias paralelas), se producirían los mismos resultados, y por tanto, nuestro país no tardaría apenas nada en parecerse enormemente a aquel.

Este es, en resumen, el fanatismo e irracionalismo que queríamos denunciar en este capítulo. (Que, por supuesto, convive con un fanatismo e irracionalismo de signo contrario. ¿Pero eso hace que cualquiera de los dos lo sea tan siquiera una pizca menos?)

El que hemos abordado sería, entonces, un tipo de extremismo que se distingue especialmente por el reduccionismo y la descontextualización. Ya se dará cuenta el lector de que en todo radicalismo suelen darse estas dos tendencias. Lo que queremos decir por tanto es que, en este caso, son ellas las más reseñables. Así como es también reseñable su dimensión pragmática, la propagandista; dimensión que, no obstante, no debemos tomar nunca como si fuese la única, pues existe un gran número de individuos verdaderamente persuadidos de la necesidad de tal "cruzada anti-bolivariana", más allá de los réditos políticos puntuales que se obtengan de ella.

Y dado que, como ya habrán notado en estos párrafos, desde aquí consideramos un factor de máxima relevancia la lucha por la unidad de America Latina (que se halla en estrecha relación con la lucha por su soberanía), me gustaría concluir estas notas poniendo el foco en lo que yo considero de más vital importancia. Y es que, según yo lo veo, el drama de este subcontinente bien podría consistir en lo siguiente: En que existe una necesidad ineludible en el conjunto de sus habitantes que jamás entenderán esos liberales virulentamente anti-nacionalistas, anti-socialistas, y pro-individualistas (pero tampoco los plañideros propagadores de victimismos y cultivadores de impotencias); un clamor popular que nunca comprenderán, por tanto, ni los Vargas-Llosa ni los Galeano, a saber: que América Latina, en última instancia, sólo aspira, reclama, y lucha por... TENER SU PROPIA DIGNIDAD. 
NI MÁS, NI MENOS.

Pero ¿entenderán finalmente algo de esto todos esos mercenarios de la política y los medios? ¿Intentarán enmendar parte de su irresponsabilidad de aquí en adelante? 

Pueden ustedes estar seguros de que no.
No mientras la miseria de los partidismos y los bandos ideológicos sea lo que presida todo el debate político. No mientras la defensa de la verdad no sea la prioridad, y lo sigan siendo aquellos intereses partidistas. 

jueves, 25 de junio de 2015

Sobre fanatismos e irracionalismos varios (II: Los fundamentalistas de la Concordia Universal)

[Teníamos pensado dedicar esta segunda parte a otras tipologías de extremismo. Pero después de toparme con algunas noticias más que preocupantes, no pude dejar pasar la oportunidad de dedicarle un amplio apartado a aquel que hemos bautizado como "el de la concordia universal". Fanatismo éste especialmente peculiar por ser el que goza, con gran diferencia, de una imagen más favorable; hasta el punto de apenas ser percibido como tal, excepto por una minoria de disidentes del "totalitarismo biempensante".]
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Suecia, punta de lanza de la ingenieria progresista y multicultural.

La vanguardia del "progreso humano", esos fundamentalistas de la "concordia universal", están transformando ya muchas sociedades, con el beneplácito de sus gobiernos, en auténticos infiernos.

Hoy: Estocolmo... Oslo, Londres. Mañana: tu vecindario.


[Enlace aquí]

¡Cinco musulmanes violan durante 36 horas a dos niñas británicas! - ¡¡¿ 100% de las violaciones del 2009 en Oslo fueran cometidas por musulmanes ?!! 

[Enlace aquí]


Sobre estos casos tan especialmente brutales se dirá incluso que "se hubieran dado igualmente en sus paises de origen (de los violadores), sólo que entonces no se hubieran difundido tanto, y como las víctimas hubiesen sido de su misma étnia y religión, a nadie le hubiese importado lo más mínimo". Pues bien, esta justificación -que no es otra cosa- será la última a la que acudirá aquel empeñado en echar tierra sobre el asunto; aquel que, repleto de "buenas intenciones", busca todas las triquiñuelas argumentales posibles con tal de explicarse estas circunstancias "de un modo no racista". Pero lo cierto es que tales crímenes, crueles como pocos que se recuerden, están movidos precisamente por el odio racial y religioso (que si suficientemente peligrosos son cada uno de ellos por separado, tan sólo imaginen lo que puede darse cuando confluyen a un tiempo en un mismo lugar.)

... Es cierto: no hace falta que se lo imaginen, ya lo ven.

Lo vengo advirtiendo hace mucho. Parte (o gran parte) de la culpa de que haya cada vez más nazis y "conspiranoicos del kalergi" la tiene el radicalismo contrario, el del "multiculturalismo a cualquier precio" -y si nos descuidamos, el del mestizaje forzoso-. ¿Por qué prácticamente todos los que denuncian uno de los dos radicalismos no son ni tan siquiera conscientes del otro? 



















En el caso de quienes sólo ven racismo por todas partes, y que por tanto, es ese el único extremismo que su mente procesa, la única explicación que se nos ocurre es la siguiente: La mayoria da por hecho que todo lo que se haga "en nombre de la igualdad y la justicia" no puede ser extremista ni fanático. 

En el caso de la minoría francamente xenófoba -aquellos casos en que puede usarse con propiedad este adjetivo-, la explicación es de todos conocida -ésta sí  se han preocupado de describírnosla hasta la saciedad-: La proyección de las propias carencias en el otro, la tan cacareada búsqueda de chivos expiatorios -que no por ello deja de existir en muchas ocasiones, eso es cierto, pero tampoco puede usarse como argumento comodín cada vez que no tenemos respuesta a una de las innumerables contradicciones que alguien señala sobre esta nueva realidad.-
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¿Alguien vió el video donde una profesora de instituto sueca se dedica a machacar y culpabilizar a una chica blanca por el mero hecho de ser blanca, hasta el extremo de hacerla llorar? (Ante lo cual, por cierto, la profesora ni se inmuta. Hasta ese punto debe tener ya interiorizado aquello de WHITE=DEVIL. Es sabido que "cuando el fanatismo gangrena el cerebro...")

-Sirva esta imagen como muestra del extremo al que se está llegando-
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También es necesario aclarar otro punto. Muchas veces, la polémica pretende centrarse exclusivamente en el peligro del islamismo. Pero no es el Islam el único problema (aunque es una amenaza bien seria, qué duda cabe.) No, el problema capital es la imposición del multiculturalismo per se. 

Islámicas o no islámicas, hay culturas que chocan cuando comparten el mismo espacio, y es inevitable. Sería bueno que no ocurriese así, pero así ocurre, por mucho que algunos no puedan soportar la realidad -o la naturaleza- tal cual es. Y de ahí que también quieran "enmendar los errores" de esta última mediante inventos distópicos como la ideología de género.

Pero ya sabemos muchos que en nuestra celebrada "libertad de expresión" no cabe el señalar las contradicciones de este modelo multicultural (modelo, porque no ha surgido únicamente de la mera coyuntura y sin que nadie mediase en ello, tal como nos venden, sino que los políticos han tomado decisiones claves al respecto). No se pueden señalar porque, digas lo que digas, lo enfoques de la manera que lo enfoques, te acusan inmediatamente de racista. Está todo tan extremadamente polarizado que sólo se asimilan dos posiciones: o "pro" o "contra". ¡O BLANCO O NEGRO! O aceptas todo, absolutamente todo de esta situación, O ERES UN RACISTA. 
Y no hay más vuelta de hoja. Igual que darse contra un muro.

¿Nadie se da cuenta de la escalada de irracionalidad que están desatando con este polarización? ¿No ven que cada avance en el radicalismo de una de las posturas tiene respuesta inmediata en la contraria; y que de este modo, el "antiracismo" no hace más que alimentar el "racismo", y viceversa? 
¿Ninguno de estos "popes de la concordia universal" advierte la gravísima irresponsabilidad que están cometiendo, llevándonos a situaciones cada vez más extremas, poniéndonos cada vez más claramente entre la espada y la pared?

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Pues bien, intentemos razonar del siguiente modo:

¿De verdad os preocupa tanto el odio racista y xenófobo? ¿De verdad quereis evitar una escalada de conflictos étnicos? 
Entonces, ¿por qué prohibís hablar de ello? -Proveyendo así de excusas a los que quieran avivar ese odio-. ¿Por qué queréis correr un velo -más bien, un telón de acero- sobre toda la cuestión? ¿Por qué sólo escucháis y comprendéis a una parte y consideráis por defecto a la otra injusta, perversa e indigna de ser escuchada? -¡Fomentando de este modo el crecimiento sin freno de la indignación!, con lo que se revela inmediatamente cual es vuestro papel: CULPABLES POR OMISIÓN Y CEGUERA-.

¿Por qué, en resumen, os negais a afrontar las realidades -cada vez más crudas realidades- que tenéis delante de vuestras mismas narices?

Yo os lo diré: Porque os habeis convertido en fanáticos incapaces de reconocer que lo son. Porque os han seducido con un chantaje moral que encontró cómodo refugio en vuestra alma post-cristiana, y gotita a gotita, acabó por volveros ciegos a las realidades y lacayunamente fieles a LOS-PRIN-CI-PIOS. (Y la ceguera sólo puede crecer en la medida en que crece, a su vez, la fidelidad al principio abstracto. Señalar esto es clave).
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¿Culpables los inmigrantes, decís? ¡No, culpables los gobiernos y las oligarquías!
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martes, 23 de junio de 2015

Sobre fanatismos e irracionalismos varios.


En el presente vivimos la apoteosis de los fanatismos. Quizá no alcancen todos en el día de hoy la cumbre de su irracionalidad -eso ya sería insoportable-. Lo que sí es seguro es que se da tal número de ellos a un tiempo como en ninguna otra época que se recuerde.

Y es que, a los de nueva hornada, se les suman todos aquellos de hornadas anteriores que aun sobreviven. Imaginen la cola que se forma en el registro de tontolabas...

"Todo el día matando tontos..." El que dijo eso, hace tiempo que se rindió,  y se inmoló.

Lo más sonrojante de todo, dicho sea de paso, es que gran parte de ellos, ya vengan de una "escuela" u otra, saben reconocer y denunciar el fanatismo de los demás pero jamás son capaces de percibir ni una sombra del propio.


Hay quién se vuelve fanático del nacionalismo (unionista, separatista, hay para todos los gustos, y todos mienten y manipulan, poco menos, por igual.) Hay también quien cree haber descubierto la gran clave de los problemas que aquejan al mundo en la dimensión étnica y racial (esto vuelve a estar de moda, imagino que, en parte, por culpa de la tibieza y las moralinas igualmente fanáticas de los llamados "antiracistas". Un polo siempre alimenta al otro.) Luego están los fanáticos del igualitarismo, ya sea en clave de "género", "raza", o "clase social" (de ellos ya hemos hablado sobradamente aquí.) Luego irían los religiosos, los que aun quedan (la verdad es que a este tipo de fanatismo ya no le resta apenas fuelle -entiéndase, en Occidente-. Porque a diferencia del de la lucha de clases, o de razas, tiene más largo recorrido, y por eso debe ser que hay ya poco "carrete del que tirar"). 

Pero los más, de verdad, los más llamativos de todos son esos de los que ya hablé; aquellos que se muestran especialmente comprometidos "contra todos los fanatismos" sin apreciar ni por un momento el suyo; el cual, en muchas ocasiones, no es menos pequeño, o menos grave que el de aquellos a quienes se pasan todo el día poniendo a caer de un burro.

¡Yo soy libertario y sólo creo en el mercado y en el individuo! ¡Amo la libertad, odio el comunismo y la religión! .. Pero me hago la picha un lio cuando hay que distinguir religión de religiosidad y espiritualidad, y la verdad es que da pereza ponerse a estudiar todo eso...¡Bah! Mejor rindo pleitesía a fanáticos impresentables y destructivos como Richard Dawkins y me cago en todo lo espiritual sin distinción. Al fin y al cabo, son todo rollos raros de freakies. Sin embargo, aquello de que sólo existe la materia y que no hay nada más allá parece evidente, y encima, resulta facilito de entender.

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¡El individuo  y el mercado son lo único que existe! ¡Un mundo de mercaderes donde los contratos sustituyan a las leyes es el paradigma que YO-DIGO-QUE-RESOLVERÁ-NUESTROS-PROBLEMAS! Un mundo de intercambios donde cada uno vaya a la suya y ningún lazo colectivo sea cultivado es el modelo de civilización más sostenible a largo plazo.

Y tras eso, el mismo sujeto que viene a decir poco más o menos lo que acabamos de leer, denuncia la estrechez de miras y el fanatismo de los demás como si tal cosa. Y nada en todo ello le hace advertir contradicción alguna. Nada nos hace pensar que albergue la más mínima sospecha de que alguna de las piezas recién desplegadas pudiese no encajar en el conjunto.

Un paréntesis aquí sobre "los de la raza" antes de volver a atizar a los de la bandera negra y amarilla. Llegan a ser tan estúpidos algunos de ellos que, no contentos con asumir todas las manías persecutorias en forma de "conjuras contra su raza" (a veces ni siquiera es la suya, pero les haría ilusión que lo fuese), se esfuerzan en buscar mil pretextos arbitrarios para sostener lo insostenible. Ejemplo (extraído de un blog):


"Desde pequeño siempre me he olido que algo no cuadraba y he ido atando cabos, hasta convertirme en un todo un nacionalista ario a los 15 años. Y no veo que tiene de malo el que sea adolescente, en todo caso será aún más meritorio para mí, teniendo en cuenta mi precocidad en destapar al Sistema, y la degeneración cada vez mayor a la que someten a la juventud, según va avanzando el plan del Enemigo. Me pregunto que hacías tú a mi edad, seguro que estabas con una banda de guarros estilo San Polla Palomino, sin tocar un solo libro (salvando el “Playboy’’, si es que eso se puede considerar un “libro’’), matándote a pajas con pósters de negras y bebiendo “kalimocho versión La Bamba’’. Yo sin embargo, he pisado a fondo desde bien pequeño, tanto intelectual -leo clásicos y libros de nivel desde los 10 años- como físicamente, -pues soy practicante de varias artes marciales desde los 13, y hace 1 año he comenzado con musculación sarcomérica- y he adelantado a toda la masa depravada y plebeya que compone al resto de la juventud actual salvando otras excepciones como la mía, hasta el punto de poderme considerar como miembro “de otra casta’’.

VIVA LA NOCHE DE LOS CUCHILLOS LARGOS. MUERTE A SIÓN Y AL NAZBOLISMO."


Bueno..bueno, ¡bueno! Me parece que tenemos aquí un buen surtidito. No sé ni por donde empezar. ¿Mencionamos primero la arrogancia, la suficiencia, o la brutalidad y la violencia que destila todo el discurso? 

Despreciable y francamente repugnante. Lo que más llama la atención, sobre todo a quién conozca poco de este SUB-mundo, es el nivel cultural e intelectivo del que, en efecto, pueden presumir muchos de estos -no por ello menos fanáticos- neofascistas. Y de este mismo perfil, jóvenes casi adolescentes, existen en gran número dentro de la última generación. Son despiertos y echaos palante (demasiado), y como se han leído unos cuantos libros y -hay que reconocerlo- no redactan del todo mal, ya se creen por ello, a su corta edad, con la autoridad moral e intelectual de "iluminar al mundo" sobre el camino que debemos seguir si no queremos "ser engañados por Sión". Fijémonos en esa convicción tan propia del fanático cuando describe su "caída del caballo". Ya hemos destripado en anteriores escritos ese ego hinchado que es siempre conditio sined qua non para que sea plenamente operativo el fenómeno conspiracionista (en este caso, puramente conspiranoico, ya que todo gira en torno a una "conjura contra el hombre blanco"). Y no estará de más tampoco observar la forma en que ciertos pretextos ideológicos abren una peligrosa puerta a la permisividad hacia toda clase bajas pasiones (en el caso que nos ocupa, al odio racial más CRUDO Y PLEBEYO, como se manifiesta en esa manera de insultar al oponente sugiriendo que "se rebaja" mirando ´posters de negras`.)
En resumen: Cree haber encontrado la "gran verdad proscrita que nos salvará" (o que salvará a la raza blanca, porque la idea desprendida es que poco importa lo que les pase a las demás). Y cree haberlo hecho con apenas veinte años. Por ello ya se está preparando para "la gran batalla final", y toda su vida parece estar orientada a una misión trascendente de la cual, con toda probabilidad, tendrá que reirse pasados unos años, o incluso avergonzarse un día en petit comité, en un arranque de franqueza.

(Lo de lanzar el viva a la Noche de los Cuchillos Largos  ya es como la puntilla, como si pugnara por ser el "más malo entre los malos". Ni con las pobres S.A. tiene clemencia este proyecto de hombre con un ego que casi podemos ver inflarse en cada inflexión del lenguaje, y que si mantuvo ese mismo ritmo hasta ahora, seguro habrá reventado ya.)


Bueno, pues como se nos ha alargado el apartado dedicado al "racialismo" más de lo esperado, a los de la bandera negra y amarilla deberemos continuar dándoles azotáinas en una siguiente entrega dedicada al mundo de los irracionalismos (para la cual reservaremos también otro apartado no menos jugoso, como es el del fanatismo anti-comunista). Tengan ustedes un  buen día. Y si esto les ha "iluminado" en algún aspecto, quizá contemplen poner en el futuro algo más de racionalidad en ciertas cosas. Verán como no les hace daño.
¡Sí, de estos ya hemos hablado sobradas veces!
Pero como ven, parecen no cansarse nunca de alcanzar 
nuevas cimas en la escala de lo ridículo, de batir nuevas marcas 
y redefinir por completo conceptos como "delirante" o "descabellado".
Este radicalismo en concreto eleva a profecía apocalíptica la tan famosa
frase de Einstein sobre las cosas que son o no limitadas
en el ser humano y en el Universo.

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[¡¡EJEMPLO DE LIBRO!!]   
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