Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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lunes, 11 de julio de 2016

EL ROL DEL CRÍTICO.

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Cuando un atleta deja de competir y de entrenar, sus músculos se atrofian. Cuando un boxeador se ha limitado a ensayar sus golpes con un saco, no podemos esperar que esté preparado para pelear con otro que tenga experiencia cuerpo a cuerpo. Lo mismo le ocurre al que se ha acostumbrado a remar a favor de la corriente, ya sea la de un río o la del pensamiento dominante.

El crítico representa en esta metáfora el sparring, la corriente en contra, la obligación de competir. Por ello los pensamientos hegemónicos de cada época se vuelven más fáciles de criticar cuantos menos críticos tienen, pues exige menos esfuerzo defenderlos cuando apenas hay contestación, lo que incentiva que los encargados de hacerlo se acomoden y se confíen.

Así, el relajamiento de los representantes del Antiguo Régimen, la confianza en que el orden social y de creencias se mantendría por siempre hizo más fácil a los ilustrados y los burgueses poner ese orden patas arriba.

Lo mismo lo podríamos aplicar al Catolicismo frente a Lutero y Calvino, al mercantilismo frente a Adam Smith, o incluso al capitalismo decimonónico frente a Karl Marx. Y ésto le ocurre al pensamiento único “progresista” de las últimas décadas. La izquierda de hoy, en general, se ha acomodado; se ha acostumbrado a lanzar su retahíla sin que apenas nadie se la discuta. Durante largo tiempo las alternativas a este pensamiento único han brillado por su ausencia. No es de sorprender, pues, que quienes se han criado en ese ambiente y no han oído ni leído nada que se saliera de esa estrecha cosmovisión hayan asumido sus memes como la única explicación posible de la realidad. Igual que lo hacían los habitantes del mundo feudal o los seguidores de la “única fe verdadera”.

Sólo esa ausencia de contestación y de posturas alternativas puede explicar el estado deplorable de las ideologías de izquierdas hoy por hoy. Porque no fue siempre así: el socialismo y el anarquismo decimonónico, por ejemplo, podían presumir de un nivel y un rigor intelectual notable, y lo ejercitaron continuamente en batallas académicas de gran altura.

Cristina Pedroche. Chica florero y politóloga en sus ratos libres.
Sin embargo, hoy ser de izquierdas se resume en “querer el bien para todo el mundo”, como dijo la "gran intelectual" Cristina Pedroche. Tanto tiempo lleva en boga el pensamiento único “progresista”, tan pocas voces disonantes se han oído en las últimas décadas que sus representantes, al verse sin apenas contrincantes en el terreno de juego, se han envalentonado y han abusado de la credulidad del público. Como le ocurre a todo el que triunfa sin esfuerzo, se han vuelto arrogantes e infantiles. 

Sólo en ese contexto les es posible subir tanto la apuesta, abusar hasta tal punto de esa credulidad para convencernos de que la diferencia entre izquierda y derecha radica esencialmente en que la primera se preocupa por los pobres y los débiles, y la segunda no. Una vez se ha logrado que asumamos esa idea, ser de derechas (o sencillamente no ser claramente de izquierdas) supone poco menos que llevar los tres seises grabados en la frente. “¿Eres de derechas? ¿Eres conservador.. liberal? Es decir, que te importan más bien poco los pobres y los débiles”. En síntesis: eres una mala persona. Y así resucitamos la vieja tradición hispana de dividir al mundo en santos cruzados y malditos herejes. A partir de ahí, como es lógico, no ha lugar a demasiada discusión: unos son los justos y otros los réprobos.

Y a partir de ahí, también, no podemos menos que resucitar otra gloriosa tradición hispana: la inquisitorial. Y una vez conformados los tribunales de la Inquisición, repartidos por radios, televisiones y periódicos, se empieza a señalar a los herejes de “la única fe verdadera”. 

Pero aún hay más. Y es que tal maniqueísmo se vuelve todavía más inconsistente cuando comprobamos que juzga a las filosofías políticas únicamente en base a sus intenciones. Pero qué más me darán a mí lo buenas que sean las intenciones si los resultados tienen tan poco de deseables. Qué más me da a mí que el socialismo afirme poner en primer lugar a los más desfavorecidos si cuando se han aplicado sus modelos han resultado ellos tan inmensamente perjudicados. En pocas palabras: me parece muy bien que se enfoquen ustedes en los más pobres, ¿pero cómo han salido beneficiados éstos de las políticas que ustedes defienden? .. ¿Mal? Pues lo siento, pero en tal caso quedan automáticamente desautorizados para erigirse en faro moral de nadie; y además, debería darle a estas alturas cierta vergüenza seguir pretendiendo convencernos de ello.
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Algunos pensarán que meto a toda la izquierda en un mismo saco, con lo que peco de reduccionismo, especialmente si pensamos en las diferencias entre medios de masas asociados a la social-democracia y otros medios más minoritarios asociados a un socialismo más radical. Y es cierto, pero la razón de que no los haya separado de inicio es la que paso a aclarar a continuación.

Es cierto que el Psoe, el partido que ha gobernado más tiempo en esta democracia, no ha aplicado políticas demasiado radicales. Pero también es cierto que mientras ese partido desarrollaba políticas en la dirección de la social-democracia europea, los medios por él controlados daban cobijo a intelectuales y divulgadores mucho más a la izquierda que sus “patronos”. Se podría decir, de forma muy resumida, que el Psoe practicó una política económica de izquierda moderada pero una política cultural, educativa y mediática que tendió la mano y acogió de buen grado a la izquierda más extremista.

Unos pocos fotogramas de la España de los ochenta: 

Mientras el ministro Boyer realizaba algunas liberalizaciones que venía necesitando hace tiempo la economía española, en la televisión se decía a los niños que “el mal es el capital”. Al gobierno no se le pasaba por la cabeza nacionalizar los medios de producción, pero cada dos por tres se emitían documentales que mostraban a los “heróicos” guerrilleros guevaristas latinoamericanos. Lo mismo respecto a la educación: muchos graduados de políticas y económicas nos cuentan que mientras estudiaron pocas veces o ninguna oyeron hablar de Hayek, Friedman o Rand, mas se hartaron de oír nombrar a Marx, a Engels o a Keynes (que sería, este último, lo más “liberal” con que se toparon).

¿Nos sorprende, o le sorprende al Psoe, que hoy las generaciones criadas en aquellos años reclamen más socialismo, y que las políticas de este partido se les antojen “demasiado blandas” y hasta en algunos casos sean tildadas de “capitalismo duro”?
No se pueden enumerar las veces que la izquierda española
ha elogiado ese "memorable programa" que fue ´La bola de cristal`.
¿Explicación de tan torpe estrategia? Me barrunto que tiene que ver con el complejo de culpa de un partido que había dejado atrás el Marxismo hacía muy pocos años y que sentía que le debía algo a la “auténtica izquierda”. Si hasta el PP, supuestamente el partido de la derecha, ha cedido al chantaje de la Progresía en tantos ámbitos –principalmente en la cultura y la educación, lo mismo que el Psoe-, ¡qué no iban a ceder aquellos que se decían de izquierdas y que contaban con numerosas amistades que ni habían abandonado el Marxismo ni aceptaban esa moderación y esa connivencia con la economía de mercado!

Pero retornemos al tema principal: la labor del crítico. Y es que quiero dejar claro que la razón por la que hoy es más vital lanzar críticas a la izquierda que a la derecha es porque la primera es la que lleva las riendas, la que marca la agenda, y la que ha logrado erigirse en el faro moral de nuestra sociedad. 

Es el deber ético del librepensador arremeter contra el pensamiento dominante de cada momento histórico, buscar sus contradicciones y meter el dedo sin cauterizar en sus llagas. Es el deber moral también de todo defensor de la libertad de expresión ridiculizar y señalar al abusón que le coloca mordazas al contrario sencillamente porque está en su mano hacerlo, y no le duelen prendas en cometer tal abuso. Si hubiese nacido en pleno Franquismo me habría tocado desmontar los mitos, las trampas y la censura de aquel nacional-católicismo; si lo hubiera hecho en el s. XIX en zona Carlista mi conciencia me habría obligado a contrapesar algunos errores de “los míos” con el acierto de algunas de las posturas liberales, y viceversa si resultaba que me hallaba en zona contraria.

Es por tanto mi deber como librepensador ponérselo difícil a una izquierda que, como digo, se ha convertido en abusona de patio de colegio. Y le ha sido más fácil tomar ese papel mientras ha seguido percibiéndose a sí misma como rebelde y contestataria, aunque hace mucho que dejó de serlo. De hecho, ya se ha convertido ella misma en la nueva diana de los verdaderos rebeldes y contestatarios. Pero en la medida en que se sigue auto-convenciendo, cada vez con más dificultad, de que todavía representa esa rebeldía, no pierde su sentimiento de superioridad moral y no cesa en su empeño de amordazar, perseguir y demonizar al adversario.
Es muy común en la universidad pública española que sea la
extrema izquierda quien lleve la voz cantante y quien abuse de
esa hegemonía para llegar a boicotear y censurar a sus adversarios.
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El rol del crítico es hoy, pues, primeramente bajarle los humos a este progresismo rampante que adopta cada vez más actitudes propias de un niño malcriado; poner ante sus ojos las contradicciones que arrastran sus planteamientos y lograrle convencer del peligro que implica la ausencia de pluralidad y de debate en tantas cuestiones –cada día más- que se lanzan sin demasiado análisis al pozo de los anatemas; hacerle ver lo poco recomendable que es la uniformidad del pensamiento, sea en un sentido o en otro, pues implica el estancamiento del propio pensamiento así como la progresiva desactivación del sentido crítico.

Aunque no quiere decir ésto que debamos dejar completamente abandonada la disección de muchas ideas igualmente erradas y pertenecientes a otras tendencias. Este blog es prueba de que ambas cosas son compatibles, e incluso ayudan a reforzarse y a darse mutua coherencia.

Desde aquí les insto, por ello, a que no pierdan jamás el sentido crítico; a que no se acomoden en ninguna creencia o heurística, pues la comodidad supone la muerte progresiva de la conciencia crítica.
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jueves, 25 de junio de 2015

Sobre fanatismos e irracionalismos varios (II: Los fundamentalistas de la Concordia Universal)

[Teníamos pensado dedicar esta segunda parte a otras tipologías de extremismo. Pero después de toparme con algunas noticias más que preocupantes, no pude dejar pasar la oportunidad de dedicarle un amplio apartado a aquel que hemos bautizado como "el de la concordia universal". Fanatismo éste especialmente peculiar por ser el que goza, con gran diferencia, de una imagen más favorable; hasta el punto de apenas ser percibido como tal, excepto por una minoria de disidentes del "totalitarismo biempensante".]
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Suecia, punta de lanza de la ingenieria progresista y multicultural.

La vanguardia del "progreso humano", esos fundamentalistas de la "concordia universal", están transformando ya muchas sociedades, con el beneplácito de sus gobiernos, en auténticos infiernos.

Hoy: Estocolmo... Oslo, Londres. Mañana: tu vecindario.


[Enlace aquí]

¡Cinco musulmanes violan durante 36 horas a dos niñas británicas! - ¡¡¿ 100% de las violaciones del 2009 en Oslo fueran cometidas por musulmanes ?!! 

[Enlace aquí]


Sobre estos casos tan especialmente brutales se dirá incluso que "se hubieran dado igualmente en sus paises de origen (de los violadores), sólo que entonces no se hubieran difundido tanto, y como las víctimas hubiesen sido de su misma étnia y religión, a nadie le hubiese importado lo más mínimo". Pues bien, esta justificación -que no es otra cosa- será la última a la que acudirá aquel empeñado en echar tierra sobre el asunto; aquel que, repleto de "buenas intenciones", busca todas las triquiñuelas argumentales posibles con tal de explicarse estas circunstancias "de un modo no racista". Pero lo cierto es que tales crímenes, crueles como pocos que se recuerden, están movidos precisamente por el odio racial y religioso (que si suficientemente peligrosos son cada uno de ellos por separado, tan sólo imaginen lo que puede darse cuando confluyen a un tiempo en un mismo lugar.)

... Es cierto: no hace falta que se lo imaginen, ya lo ven.

Lo vengo advirtiendo hace mucho. Parte (o gran parte) de la culpa de que haya cada vez más nazis y "conspiranoicos del kalergi" la tiene el radicalismo contrario, el del "multiculturalismo a cualquier precio" -y si nos descuidamos, el del mestizaje forzoso-. ¿Por qué prácticamente todos los que denuncian uno de los dos radicalismos no son ni tan siquiera conscientes del otro? 



















En el caso de quienes sólo ven racismo por todas partes, y que por tanto, es ese el único extremismo que su mente procesa, la única explicación que se nos ocurre es la siguiente: La mayoria da por hecho que todo lo que se haga "en nombre de la igualdad y la justicia" no puede ser extremista ni fanático. 

En el caso de la minoría francamente xenófoba -aquellos casos en que puede usarse con propiedad este adjetivo-, la explicación es de todos conocida -ésta sí  se han preocupado de describírnosla hasta la saciedad-: La proyección de las propias carencias en el otro, la tan cacareada búsqueda de chivos expiatorios -que no por ello deja de existir en muchas ocasiones, eso es cierto, pero tampoco puede usarse como argumento comodín cada vez que no tenemos respuesta a una de las innumerables contradicciones que alguien señala sobre esta nueva realidad.-
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¿Alguien vió el video donde una profesora de instituto sueca se dedica a machacar y culpabilizar a una chica blanca por el mero hecho de ser blanca, hasta el extremo de hacerla llorar? (Ante lo cual, por cierto, la profesora ni se inmuta. Hasta ese punto debe tener ya interiorizado aquello de WHITE=DEVIL. Es sabido que "cuando el fanatismo gangrena el cerebro...")

-Sirva esta imagen como muestra del extremo al que se está llegando-
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También es necesario aclarar otro punto. Muchas veces, la polémica pretende centrarse exclusivamente en el peligro del islamismo. Pero no es el Islam el único problema (aunque es una amenaza bien seria, qué duda cabe.) No, el problema capital es la imposición del multiculturalismo per se. 

Islámicas o no islámicas, hay culturas que chocan cuando comparten el mismo espacio, y es inevitable. Sería bueno que no ocurriese así, pero así ocurre, por mucho que algunos no puedan soportar la realidad -o la naturaleza- tal cual es. Y de ahí que también quieran "enmendar los errores" de esta última mediante inventos distópicos como la ideología de género.

Pero ya sabemos muchos que en nuestra celebrada "libertad de expresión" no cabe el señalar las contradicciones de este modelo multicultural (modelo, porque no ha surgido únicamente de la mera coyuntura y sin que nadie mediase en ello, tal como nos venden, sino que los políticos han tomado decisiones claves al respecto). No se pueden señalar porque, digas lo que digas, lo enfoques de la manera que lo enfoques, te acusan inmediatamente de racista. Está todo tan extremadamente polarizado que sólo se asimilan dos posiciones: o "pro" o "contra". ¡O BLANCO O NEGRO! O aceptas todo, absolutamente todo de esta situación, O ERES UN RACISTA. 
Y no hay más vuelta de hoja. Igual que darse contra un muro.

¿Nadie se da cuenta de la escalada de irracionalidad que están desatando con este polarización? ¿No ven que cada avance en el radicalismo de una de las posturas tiene respuesta inmediata en la contraria; y que de este modo, el "antiracismo" no hace más que alimentar el "racismo", y viceversa? 
¿Ninguno de estos "popes de la concordia universal" advierte la gravísima irresponsabilidad que están cometiendo, llevándonos a situaciones cada vez más extremas, poniéndonos cada vez más claramente entre la espada y la pared?

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Pues bien, intentemos razonar del siguiente modo:

¿De verdad os preocupa tanto el odio racista y xenófobo? ¿De verdad quereis evitar una escalada de conflictos étnicos? 
Entonces, ¿por qué prohibís hablar de ello? -Proveyendo así de excusas a los que quieran avivar ese odio-. ¿Por qué queréis correr un velo -más bien, un telón de acero- sobre toda la cuestión? ¿Por qué sólo escucháis y comprendéis a una parte y consideráis por defecto a la otra injusta, perversa e indigna de ser escuchada? -¡Fomentando de este modo el crecimiento sin freno de la indignación!, con lo que se revela inmediatamente cual es vuestro papel: CULPABLES POR OMISIÓN Y CEGUERA-.

¿Por qué, en resumen, os negais a afrontar las realidades -cada vez más crudas realidades- que tenéis delante de vuestras mismas narices?

Yo os lo diré: Porque os habeis convertido en fanáticos incapaces de reconocer que lo son. Porque os han seducido con un chantaje moral que encontró cómodo refugio en vuestra alma post-cristiana, y gotita a gotita, acabó por volveros ciegos a las realidades y lacayunamente fieles a LOS-PRIN-CI-PIOS. (Y la ceguera sólo puede crecer en la medida en que crece, a su vez, la fidelidad al principio abstracto. Señalar esto es clave).
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¿Culpables los inmigrantes, decís? ¡No, culpables los gobiernos y las oligarquías!
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viernes, 27 de marzo de 2015

LA BATALLA CULTURAL III: El compromiso es un pretexto para el cultivo de la ignorancia.

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En tiempos tan equívocos como los presentes es algo habitual que ésta, la ignorancia, se justifique apelando a un "compromiso firme anti-nosequé o pro-nosecuantos".

Se llega a un extremo en que la estupidez, el maniqueísmo, el simplismo, son excusados sin más bajo el pretexto de las convicciones que uno tiene, a las que se "recubre de un barniz" de santidad o heroísmo. Y apoyándose en éstas, no sólo se excusa el propio desconocimiento de una u otra cuestión, sino que incluso se tiene a honra ser ignorante sobre algo a lo que, apriori, se tiene por un engaño, o alguna clase de artimaña para "captar incautos". (Imagino que han notado el círculo vicioso al que nos aboca esto: Mientras no se conozca nada sobre algo, no se sabrá realmente por qué se está en contra de ese algo.)

A poco que se piense en las consecuencias que todo ello entraña, saltará a la vista del lector lo preocupante de tal tendencia. Las generaciones pasarán, y enterrarán sin más toneladas y toneladas de saberes que el mundo en que nacieron no supo valorar o que se negó meramente a sopesar.

¿Que a qué saberes me refiero? Obviamente a todos aquellos que no se hallan en los libros -si acaso comentados-, esto es, a todo el sentido de lo común que ha ido enriqueciéndose con cada generación, y mediante el que el pasado penetra en el presente dotándolo de sentido y continuidad. Pues no existe tal cosa como tiempos superados: lo tradicional no es lo antiguo, sino la actualización constante del saber perteneciente a todo tiempo.

Pero en las últimas décadas hemos visto como ese sentido de lo común construido a la luz de la experiencia recogida por sagas y estirpes, nobles y plebeyas, es tomado en conjunto por superstición, manía, o impostura, sin apenas discriminar entre lo arbitrario y lo necesario, y sin poner límite alguno a la arrogancia de este nuevo hombre que se otorga la capacidad semi-divina de discernir por él mismo -sin ayuda de sus "ignorantes ancestros"- qué caminos son recomendables y cuales no, qué decisiones llevan a buen puerto, y qué buenas intenciones construyen senderos directos hacia toda clase de infiernos.

El moderno ideal prometético es, sin ningún lugar a dudas, el más desastroso e insensato de cuantos se han dado. Aunque no lo expresemos de viva voz,  nuestras acciones implican tácitamente la certeza de ser más sabios, más justos, más racionales que la suma de todos nuestros ancestros, dado que les suponemos habitantes de un mundo insensato y dominado por la superchería.

.... ¡Todo era ignorancia y fanatismo... hasta que llegamos nosotros, el Siglo de las Luces, y el modelo laico-racionalista! ¡Todo tiempo pasado fue mentalidad de rebaño, dogma y barbarie, y el presente es aquel tiempo en que nos hemos liberado de todo ello, y somos al fin sociedades maduras, donde sus individuos pueden decidir por sí mismos en toda cuestión que les atañe!
Los bárbaros tiempos arcaicos.
Los sensatos tiempos modernos.

Tan sonora es la carcajada que me suscita esta idea.. Tan copioso el vómito que trepa por mis entrañas... Tan insondable la mezcla de frustración y desesperación al contemplar la estupidez de mis contemporáneos, lo atrevida que puede resultar la ignorancia de los "hombres libres"... 

¡Sí, hombres libres ciertamente se creen los más rematadamente imbéciles de ellos!

Como si la gran mayoría no estuviera tan condicionada por las ideas en boga como lo estuvo en cualquier otro tiempo; como si no fuésemos todos, en mayor o menor medida, rehenes de los valores dominantes e incurables dependientes del qué dirán.

¡Como si cambiar una religión teísta por una humanista supusiese un cambio sustancial!

... Y creen ser nuestros contemporáneos, por lo general, almas emancipadas, personas sensatas, observar las cosas del mundo con objetividad.. sin darse cuenta de que toda objetividad lograda sin esfuerzo no puede ser otra cosa que una objetividad prestada, prefabricada, conformada necesariamente a partir de una u otra subjetividad que, compartida en principio por unos pocos, logra imponerse sobre el resto, convirtiéndose en hegemónica.

Así el tipo borreguil de la post-modernidad -el más intratable que se haya visto hasta ahora, por haber sido persuadido de que piensa por sí mismo- tiene a honra el ser "objetivo y racional"..

..pero no de modo distinto a como sus antepasados creían profesar "la única religión verdadera".
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El mundo no avanza realmente; y las mentalidades menos todavía. 
Sin embargo, parece que nuestro ego colectivo requiere engañarse de tal manera.

{Enlaces a la primera y segunda parte}


lunes, 23 de febrero de 2015

"LA BATALLA CULTURAL (II)"


La realidad es un torrente inacabable de sucesos, datos, declaraciones, amistades y enemistades, choques dialécticos y físicos, tendencias fuertes y débiles, causas cercanas o remotas.. Es tan amplia y tan rica en detalles como nosotros queramos, pues no nos es posible analizar todo lo que en las sociedades acontece. Nuestra perspectiva única e intransferible dependerá de cuales son los filtros que usamos para extraer de aquel inmenso magma de sucesos lo que consideramos relevante. Estos filtros que cargamos son los responsables de que unos y otros perciban en un mismo acontecimiento detalles distintos, y que incluso puedan interpretarse unos mismos detalles en sentidos opuestos. 

En la primera parte hice una amplia introducción donde quedaron sentadas las bases de la materia a tratar y delimitados sus mecanismos y procesos, así como sus implicaciones.

Dijimos, a grandes rasgos, que aquel sector ideológico que ha logrado imponer su hegemonía fabrica unos clichés, caricaturas, lugares comunes.. con los que se construye la imagen de sus opositores que es ofrecida al gran público, y de este modo, se afianza la hegemonía al tiempo que se lanzan piedras en el camino de quienes la desafían. 

El "enemigo" es lo que nosotros decimos de él, y no lo que él dice de sí mismo; y para que esto siga así, conviene que se le oiga lo menos posible, y seguir siendo nosotros sus intérpretes; de ese modo parecerá que sabemos mejor que él lo que piensa, o dicho de otro modo, que le ahorramos al público el esfuerzo de traducir lo que realmente quiere decir.

Así se construye la hegemonía cultural, y así es como se le da a la gente "la realidad masticada". Quién no posea las herramientas para analizar ésta por su cuenta, o sencillamente carezca del interés para hacerlo, inevitablemente se convertirá en fiel vocero del discurso hegemónico y, sin siquiera percatarse de ello, hará de guardia pretoriana del sistema establecido, extendiendo y fortaleciendo cada uno de sus ticks, filias, fobias, vacas sagradas y tabúes.

Esto es lo que finalmente ha quebrado internet. Hasta la aparición de la red de redes, los medios públicos y semi-públicos (subvencionados y tutelados por el estado) tenían en sus manos una capacidad de crear opinión muy superior a la de cualquier medio privado, editorial o asociación cultural; puesto que poco podían hacer éstos frente a la competencia desleal de unas televisiones, unas radios y unos periódicos a los que se les inyecta capital o se les cancela deudas (pero que, sobre todo, ¡se les permite emitir!) ..Esto en el caso de los medios semi-públicos, porque en el caso de los inequívocamente públicos, la carta blanca para invertir en propaganda descarada del gobierno de turno y de su ideario particular no tenía apenas limites.

Antes de empezar a surgir miles de medios alternativos a los que cualquiera tiene acceso con un click de ratón, los medios hegemónicos eran pocos; y, gracias a ese consenso que va formándose entre las oligarquías y la clase política, acababan todos lanzando un mensaje casi unívoco, de tal forma que la inmensa mayoría no percibía otra imagen del mundo ni otra lectura de la realidad que la que estos medios hegemónicos le proporcionaban. Así se explica cómo, por ejemplo, las ideas social-demócratas y progresistas han llegado a asimilarse en gran parte con el sentido común; y que hoy, cuando intentamos hacerle ver a alguien que caben muchas más maneras de leer la realidad nos resulte tan cuesta arriba como intentar convencer a Carlomagno de las virtudes de la república.

Los que hoy se "rebelan contra el sistema" (la gran mayoría) son también parte del sistema, y no le reclaman a éste otro tipo de cosas que las que él lleva ofreciéndoles desde siempre. Algunos llamados "anti-sistema" son más bien los ultras del sistema: No conciben cambio de rumbo alguno; meramente se debaten entre pisar el freno o pisar el acelerador.

Los hijos de la educación social-demócrata en Europa sólo saben ser "contestarios" a base de radicalizar el mismo ideario y sistema de valores en que les han criado. Nadie se sale del redil; como mucho se infla para dar la ilusión de que no hay tal redil. La educación pública, ese engendro totalitario, ha sido a este respecto tan efectiva que, lejos de percibir los adoctrinados por ella el daño que les ha causado, abrazan sin dudarlo al liquidador de su sentido crítico y desean ardiéntemente concederle mayor poder todavía.

Sólo así puede explicarse tal confusión generalizada, tal desconexión de la realidad como la existente en la Europa actual. Aquella "realidad masticada" de la que antes hablamos, administrada regular y concienzudamente, ha dado lugar a una sociedad que ya sólo puede digerir alimentos procesados. Si le presentas el solomillo crudo no va a saber qué hacer con él.
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martes, 17 de febrero de 2015

"LA BATALLA CULTURAL" (1ª parte)

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El mundo es lo que las palabras nos dicen que es. 
¡Sí, las palabras cambian la realidad! No sólo las palabras, sino la forma en que evolucionan sus significados y connotaciones, de lo cual se ocupa la semióticaLas palabras no sólo tienen connotaciones que nos remiten a otras palabras, sino que, en la sociedad mediática, la connotaciones son constituidas por imágenes, relatos ilustrados y musicados. Cuando alguien dice "democracia", "derechos", "bienestar", "humanidad".... inmediatamente se reunen en nuestra mente las imágenes, sonidos, y sensaciones con las que los medios han ido nutriendo la comprensión que tenemos de esos conceptos.
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El conjunto de todas estas imagenes, relatos, y emociones adosadas, e identificadas con, esos relatos.. son los que conforman la imagen que tenemos del mundo, y de todas los conceptos que en él se hallan. Mientras no se añadan nuevos relatos, nuevas impresiones, nuevas sensibilidades a nuestro acerbo, seremos incapaces de leer las circunstancias de nuestro entorno en otra clave que no sea aquella en la que nos han "educado" (aunque este es un término muy generoso, siendo que hablamos, en realidad, de "inculcación" o "indoctrinamiento".)

Por eso mismo, la batalla cultural, la lucha metapolítica, se hace tan necesaria para quienes se encuentran en una posición intelectual marginal, apartada de la "normalidad" y de lo aceptable. No es que sus ideas sean inferiores, ni moral ni pragmáticamente, sino que la ideología dominante (la superestructura, que dirían los marxistas) las presenta como detestables, o meramente desechables, y las interpreta desde su muy particular perspectiva. Esa perspectiva, claro está, incluye una sucesión de connotaciones (lingüísticas, gráficas, sonoras, emocionales, morales,..) así como un "croquis" de interrelaciones con otros muchos conceptos que el pensamiento hegemónico ha creído lícito vincular entre sí; aunque, como toda visión subjetiva, se trata de una elección personal y de ningún modo, pues, una conclusión certera en términos científicos, positivistas.

El discurso dominante fabrica, por tanto, un esquema ilustrado de las ideas del contrario que muestra lo que el cree que son -incluso lo que quiere que sean- pero muy poco a menudo lo que realmente son.

¿Qué ocurre, entonces, cuando cualquiera de estos grupos que representan cosmovisiones alejadas, y apartadas de la norma, intentan defender su posición?

Lo que ocurre es que se encuentran en muy franca inferioridad de condiciones, ya que quien en ese momento domina las ideas más extendidas cuenta con todo el acerbo de definiciones, relatos, connotaciones, y juicios que ha ido inculcando en las mentes del público, los cuales juegan en su favor; y por el contrario, quién viene a defender posiciones nuevas (aunque no sean estrictamente nuevas, pero sí  en comparación con las archiconocidas y archidescritas y archiensalzadas) debe primero desandar el camino hecho por el pensamiento único, procurando matizar qué es lo que defiende y que es lo que no defiende, qué significa realmente esta idea o esta otra -por más que la mayoría dé por hecho otra cosa- y debe confiar en que el público le crea, a lo cual no va a favorecer precisamente su interlocutor, más encuadrado en las ideas ahora dominantes, y más conocedor de lo que el público entiende y como lo entiende, pues él y su discurso son los responsables de que así lo haga.

Pero, para que no nos perdamos, vayamos ya a lo concreto. Esto lo expresé, creo que de manera dificilmente más clara, cuando en un texto sobre los debates en los medios comparé la hegemonía actual de las ideas social-demócratas (o de "izquierda blanda") con la hegemonía que tuvo décadas antes el Franquismo (no es importante aquí la distinción entre dictadura y democracia puesto que, una vez lograda la mayoría, las hegemonías funcionan de la misma manera, con la exención obvia de la censura -no obstante, también deberíamos profundizar en como de auténtica es la libertad de expresión en esta "democracia"-) Pues bien, en aquellas reflexiones defendí una tesis en la que, desde luego, me reafirmo: Todo gran grupo ideológico cercano al pensamiento único del momento cae, lo quiera o no, en un proceso de acomodamiento y conformismo, se confía y deja de esforzarse, dado que constantemente rema a favor de la corriente; sin embargo, a todos aquellos grupos alejados de ese discurso hegemónico no les queda más remedio que batallar, pensar, esforzarse, por todo lo que no se esfuerzan los anteriores; ellos deben "remar" mucho más fuerte para, de todos modos, quedar casi siempre derrotados por quienes tienen "la corriente" a su favor, que pueden permitirse ser descuidados, poco rigurosos, pero aún así, ganar la batalla.

Cuando este proceso se perfecciona, y se asienta (como por ejemplo, en el caso español con los 14 años de gobierno del partido "socialista") la estrategia de todos los grupos ideológicos marginales debe cambiar, y hacerse mucho más ambiciosa ya que, en caso contrario, tienen la batalla perdida para siempre (y de hecho, exactamente eso fue lo que les ocurrió a tantos y tantos sectores del pensamiento político durante largo tiempo.) ¿Y cual es esa estrategia, tan compleja, que a partir de entonces van a desarrollar, con mayor o menor fortuna? Pues no es otra que la metapolítica, la batalla cultural.

Pero de esto ya les hablaré con profusión de detalles en la próxima segunda parte.

viernes, 18 de abril de 2014

TERRORISMO METAPOLÍTICO VIII: Hegemonia cultural y cazas de brujas.





La hegemonía cultural la tienen las izquierdas, y esto es algo que no les gusta nada escuchar a los izquierdistas, porque su pensamiento queda en parte invalidado si ya no son ellos los perdedores, los agredidos, o "los que se rebelan contra el orden impuesto", sino justamente..  

EL ORDEN IMPUESTO de hoy..
.. Con patente de corso para señalar "herejes" y "enemigos del pueblo".

Como ya dije en un anterior capítulo: SOMOS DE IZQUIERDAS EN LO CULTURAL Y DE DERECHAS EN LO ECONÓMICO. [Ver capítulo III]

El progresista gusta de provocar al "reaccionario" ciudadano medio
(La pregunta sería si hay una base fundada detrás
o si es la provocación un valor en si misma)

Si no, compruébenlo ustedes mismos:

Cada vez que un político, o un juez, o un profesor, o un intelectual, se rebela contra los dogmas del Marxismo Cultural (Des-legitimación de toda tradición, Ideología de Género, etc) enseguida le llueven descalificativos y exabruptos referidos a su persona, más que a su posición, y se clama desde todos los púlpitos por su CONDENA, al modo del tribunal inquisitorial. 


Al conservador, por su parte, le gusta
cobijarse en los brazos de La Santa Madre,
y delegar parte de su raciocinio en ella.

EL DEBATE DE IDEAS NO EXISTE, TAN SOLO EL FANATISMO DE UN BANDO O DE OTRO.

(Porque aunque la derecha haya perdido su hegemonía en lo cultural, sigue haciendo gala del mismo sectarismo de siempre, quizá precisamente como defensa instintiva ante esta nueva hegemonía.)

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El problema no es ser de izquierdas o de derechas, el GIGANTESCO PROBLEMA es que para serlo haga falta mostrarse SECTARIO, IRREFLEXIVO E INAMOVIBLE.
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El problema es que la política se mueve principalmente por instintos viscerales, y casi nunca por reflexiones de fondo.

EL PROBLEMA..

..ES QUE LAS IDEAS, DESNATURALIZADAS, ULTRA-SIMPLIFICADAS, Y "DESHIDRATADAS" PARA ASIMILARLAS AL LENGUAJE DE LA PUBLICIDAD (Es decir, el LENGUAJE DEL SISTEMA, DEL CAPITAL) TAN SOLO SIRVEN PARA ESO: 

PARA HACER CARICATURAS DE LA REALIDAD, O DEL OPONENTE... PARA "QUEMAR BRUJAS".

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PARA PENSAR PRIMERO EN LA DEFENSA DE NUESTRO CATECISMO, GRABADO A HIERRO Y FUEGO, QUE EN LA RESOLUCIÓN DE LOS PROBLEMAS QUE NOS AFECTAN A TODOS.

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Ego dixit.