Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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lunes, 11 de julio de 2016

EL ROL DEL CRÍTICO.

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Cuando un atleta deja de competir y de entrenar, sus músculos se atrofian. Cuando un boxeador se ha limitado a ensayar sus golpes con un saco, no podemos esperar que esté preparado para pelear con otro que tenga experiencia cuerpo a cuerpo. Lo mismo le ocurre al que se ha acostumbrado a remar a favor de la corriente, ya sea la de un río o la del pensamiento dominante.

El crítico representa en esta metáfora el sparring, la corriente en contra, la obligación de competir. Por ello los pensamientos hegemónicos de cada época se vuelven más fáciles de criticar cuantos menos críticos tienen, pues exige menos esfuerzo defenderlos cuando apenas hay contestación, lo que incentiva que los encargados de hacerlo se acomoden y se confíen.

Así, el relajamiento de los representantes del Antiguo Régimen, la confianza en que el orden social y de creencias se mantendría por siempre hizo más fácil a los ilustrados y los burgueses poner ese orden patas arriba.

Lo mismo lo podríamos aplicar al Catolicismo frente a Lutero y Calvino, al mercantilismo frente a Adam Smith, o incluso al capitalismo decimonónico frente a Karl Marx. Y ésto le ocurre al pensamiento único “progresista” de las últimas décadas. La izquierda de hoy, en general, se ha acomodado; se ha acostumbrado a lanzar su retahíla sin que apenas nadie se la discuta. Durante largo tiempo las alternativas a este pensamiento único han brillado por su ausencia. No es de sorprender, pues, que quienes se han criado en ese ambiente y no han oído ni leído nada que se saliera de esa estrecha cosmovisión hayan asumido sus memes como la única explicación posible de la realidad. Igual que lo hacían los habitantes del mundo feudal o los seguidores de la “única fe verdadera”.

Sólo esa ausencia de contestación y de posturas alternativas puede explicar el estado deplorable de las ideologías de izquierdas hoy por hoy. Porque no fue siempre así: el socialismo y el anarquismo decimonónico, por ejemplo, podían presumir de un nivel y un rigor intelectual notable, y lo ejercitaron continuamente en batallas académicas de gran altura.

Cristina Pedroche. Chica florero y politóloga en sus ratos libres.
Sin embargo, hoy ser de izquierdas se resume en “querer el bien para todo el mundo”, como dijo la "gran intelectual" Cristina Pedroche. Tanto tiempo lleva en boga el pensamiento único “progresista”, tan pocas voces disonantes se han oído en las últimas décadas que sus representantes, al verse sin apenas contrincantes en el terreno de juego, se han envalentonado y han abusado de la credulidad del público. Como le ocurre a todo el que triunfa sin esfuerzo, se han vuelto arrogantes e infantiles. 

Sólo en ese contexto les es posible subir tanto la apuesta, abusar hasta tal punto de esa credulidad para convencernos de que la diferencia entre izquierda y derecha radica esencialmente en que la primera se preocupa por los pobres y los débiles, y la segunda no. Una vez se ha logrado que asumamos esa idea, ser de derechas (o sencillamente no ser claramente de izquierdas) supone poco menos que llevar los tres seises grabados en la frente. “¿Eres de derechas? ¿Eres conservador.. liberal? Es decir, que te importan más bien poco los pobres y los débiles”. En síntesis: eres una mala persona. Y así resucitamos la vieja tradición hispana de dividir al mundo en santos cruzados y malditos herejes. A partir de ahí, como es lógico, no ha lugar a demasiada discusión: unos son los justos y otros los réprobos.

Y a partir de ahí, también, no podemos menos que resucitar otra gloriosa tradición hispana: la inquisitorial. Y una vez conformados los tribunales de la Inquisición, repartidos por radios, televisiones y periódicos, se empieza a señalar a los herejes de “la única fe verdadera”. 

Pero aún hay más. Y es que tal maniqueísmo se vuelve todavía más inconsistente cuando comprobamos que juzga a las filosofías políticas únicamente en base a sus intenciones. Pero qué más me darán a mí lo buenas que sean las intenciones si los resultados tienen tan poco de deseables. Qué más me da a mí que el socialismo afirme poner en primer lugar a los más desfavorecidos si cuando se han aplicado sus modelos han resultado ellos tan inmensamente perjudicados. En pocas palabras: me parece muy bien que se enfoquen ustedes en los más pobres, ¿pero cómo han salido beneficiados éstos de las políticas que ustedes defienden? .. ¿Mal? Pues lo siento, pero en tal caso quedan automáticamente desautorizados para erigirse en faro moral de nadie; y además, debería darle a estas alturas cierta vergüenza seguir pretendiendo convencernos de ello.
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Algunos pensarán que meto a toda la izquierda en un mismo saco, con lo que peco de reduccionismo, especialmente si pensamos en las diferencias entre medios de masas asociados a la social-democracia y otros medios más minoritarios asociados a un socialismo más radical. Y es cierto, pero la razón de que no los haya separado de inicio es la que paso a aclarar a continuación.

Es cierto que el Psoe, el partido que ha gobernado más tiempo en esta democracia, no ha aplicado políticas demasiado radicales. Pero también es cierto que mientras ese partido desarrollaba políticas en la dirección de la social-democracia europea, los medios por él controlados daban cobijo a intelectuales y divulgadores mucho más a la izquierda que sus “patronos”. Se podría decir, de forma muy resumida, que el Psoe practicó una política económica de izquierda moderada pero una política cultural, educativa y mediática que tendió la mano y acogió de buen grado a la izquierda más extremista.

Unos pocos fotogramas de la España de los ochenta: 

Mientras el ministro Boyer realizaba algunas liberalizaciones que venía necesitando hace tiempo la economía española, en la televisión se decía a los niños que “el mal es el capital”. Al gobierno no se le pasaba por la cabeza nacionalizar los medios de producción, pero cada dos por tres se emitían documentales que mostraban a los “heróicos” guerrilleros guevaristas latinoamericanos. Lo mismo respecto a la educación: muchos graduados de políticas y económicas nos cuentan que mientras estudiaron pocas veces o ninguna oyeron hablar de Hayek, Friedman o Rand, mas se hartaron de oír nombrar a Marx, a Engels o a Keynes (que sería, este último, lo más “liberal” con que se toparon).

¿Nos sorprende, o le sorprende al Psoe, que hoy las generaciones criadas en aquellos años reclamen más socialismo, y que las políticas de este partido se les antojen “demasiado blandas” y hasta en algunos casos sean tildadas de “capitalismo duro”?
No se pueden enumerar las veces que la izquierda española
ha elogiado ese "memorable programa" que fue ´La bola de cristal`.
¿Explicación de tan torpe estrategia? Me barrunto que tiene que ver con el complejo de culpa de un partido que había dejado atrás el Marxismo hacía muy pocos años y que sentía que le debía algo a la “auténtica izquierda”. Si hasta el PP, supuestamente el partido de la derecha, ha cedido al chantaje de la Progresía en tantos ámbitos –principalmente en la cultura y la educación, lo mismo que el Psoe-, ¡qué no iban a ceder aquellos que se decían de izquierdas y que contaban con numerosas amistades que ni habían abandonado el Marxismo ni aceptaban esa moderación y esa connivencia con la economía de mercado!

Pero retornemos al tema principal: la labor del crítico. Y es que quiero dejar claro que la razón por la que hoy es más vital lanzar críticas a la izquierda que a la derecha es porque la primera es la que lleva las riendas, la que marca la agenda, y la que ha logrado erigirse en el faro moral de nuestra sociedad. 

Es el deber ético del librepensador arremeter contra el pensamiento dominante de cada momento histórico, buscar sus contradicciones y meter el dedo sin cauterizar en sus llagas. Es el deber moral también de todo defensor de la libertad de expresión ridiculizar y señalar al abusón que le coloca mordazas al contrario sencillamente porque está en su mano hacerlo, y no le duelen prendas en cometer tal abuso. Si hubiese nacido en pleno Franquismo me habría tocado desmontar los mitos, las trampas y la censura de aquel nacional-católicismo; si lo hubiera hecho en el s. XIX en zona Carlista mi conciencia me habría obligado a contrapesar algunos errores de “los míos” con el acierto de algunas de las posturas liberales, y viceversa si resultaba que me hallaba en zona contraria.

Es por tanto mi deber como librepensador ponérselo difícil a una izquierda que, como digo, se ha convertido en abusona de patio de colegio. Y le ha sido más fácil tomar ese papel mientras ha seguido percibiéndose a sí misma como rebelde y contestataria, aunque hace mucho que dejó de serlo. De hecho, ya se ha convertido ella misma en la nueva diana de los verdaderos rebeldes y contestatarios. Pero en la medida en que se sigue auto-convenciendo, cada vez con más dificultad, de que todavía representa esa rebeldía, no pierde su sentimiento de superioridad moral y no cesa en su empeño de amordazar, perseguir y demonizar al adversario.
Es muy común en la universidad pública española que sea la
extrema izquierda quien lleve la voz cantante y quien abuse de
esa hegemonía para llegar a boicotear y censurar a sus adversarios.
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El rol del crítico es hoy, pues, primeramente bajarle los humos a este progresismo rampante que adopta cada vez más actitudes propias de un niño malcriado; poner ante sus ojos las contradicciones que arrastran sus planteamientos y lograrle convencer del peligro que implica la ausencia de pluralidad y de debate en tantas cuestiones –cada día más- que se lanzan sin demasiado análisis al pozo de los anatemas; hacerle ver lo poco recomendable que es la uniformidad del pensamiento, sea en un sentido o en otro, pues implica el estancamiento del propio pensamiento así como la progresiva desactivación del sentido crítico.

Aunque no quiere decir ésto que debamos dejar completamente abandonada la disección de muchas ideas igualmente erradas y pertenecientes a otras tendencias. Este blog es prueba de que ambas cosas son compatibles, e incluso ayudan a reforzarse y a darse mutua coherencia.

Desde aquí les insto, por ello, a que no pierdan jamás el sentido crítico; a que no se acomoden en ninguna creencia o heurística, pues la comodidad supone la muerte progresiva de la conciencia crítica.
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jueves, 27 de noviembre de 2014

"ANARQUISMO vs IGUALDAD II: Abundando en la incompatibilidad de sendas aspiraciones"


Se me quedaron demasiadas cuestiones en el tintero en la entrega previa de estas reflexiones. No es tan facil como pueda parecer hacer llegar una idea, transmitir una visión que, en tu cabeza, ves clara y evidente, pero que, al traducir en palabras, requiere de la combinación de varios "ataques cognitivos" simultáneos, de una rápida serie de "ganchos de izquierda y derecha" con el fín de alcanzar algún "punto flaco" en la coherencia de las ideas de quién nos escucha (o lee.)

Recordarán que la tesis central que mantuve en aquella primera parte fue que el izquierdismo -progresismo, igualitarismo- tiene como principal esencia EL MIEDO A LA LIBERTAD, esto es, la extrema desconfianza hacia el desonvolvimiento natural de las sociedades, y la irrefrenable tentación de "ARREGLAR EL MUNDO".

Por eso he llegado también a otra poderosa conclusión, que EL ESTADO Y LA MODERNIDAD SON UNA MISMA COSA, UNA MISMA ASPIRACIÓN, pues todo tiene origen en el Iluminismo de los ilustrados, esto es, en su herencia claramente más perniciosa, y que a la postre, se ha revelado catastrófica (La Ilustración dio magníficos frutos, como expresé en otro ensayo, pero no nos dejó menos de ellos ciertamente podridos.. envenenados.. ¡auténticas bombas de relojería!)

El Estado Moderno se caracteriza por ser justo la realización total de ese concepto: ESTADO. Sólo a partir de la Ilustración, del Absolutismo -y de su reacción, la Revolución Francesa- se empieza a concebir la idea de centralización, de división territorial en departamentos o provincias, de eliminación sistemática de otros poderes, locales o no locales, los cuales se interponían en esa firme voluntad de dirigir, organizar, y controlar toda la vida de la nación desde el poder estatal. Este era, pues, un proyecto al que le estorbaba todo lo que pudiera aportar heterogeneidad y, sobre todo, contestación, independencia, u ofrecer una alternativa al que pretendía ser EL ÚNICO PODER LEGÍTIMO.

La aspiración de "igualarnos a todos", si se fijan, también tiene no poco que ver con esta mentalidad, ese "trastorno obsesivo-compulsivo" congénito del estadista, que ha acabado contagiando, al final, a toda la sociedad, convirtiéndose en nuestros dias en la nueva religión por antonomasia. 
Así, vemos al izquierdismo, que no da abasto para repartirse entre todas esas "luchas" -"las lutzschiasss", dicho en dialecto okupa/perroflauta- en nombre de uno u otro colectivo, ¡cada día aparecen nuevos!, de los percibidos como "proscritos", "oprimidos", "invisibilizados", o "en riesgo de exclusión". 
Estos son los que hemos dado en llamar los "marxismos culturales", pero que igualmente podríamos referirnos a ellos como "los cristianismos seculares" o "los nazarenismos" -¿Para qué le vamos a echar la culpa al pobre Marx de lo que tiene origen, muchísimo antes, en el ideal cristiano?-

Esta aspiración es, como digo, genuinamente estatalista, pues al Estado Moderno siempre le ha gustado tener a las personas, los territorios, y los sectores sociales, bien muestrados, bien organizados, y bien HOMOGENEIZADOS, para poder disponer de todos esos mapas, estadísticas, proyectos, cuadriculados y matematizados, que tanto gustan siempre al soberano con "una visión para su nación".

En esto es en lo que quiero insistir muy especialmente: ¿No nos damos cuenta de que dan igual las ideas o las posiciones que mantengan estos gobernantes, que más allá de la diversidad de sus perspectivas, el problema está en que haya individuos a los que permitamos "tener visiones"?

¿No nos damos cuenta de que, ya busquen "el bien" o "el mal", que.. bien se hagan eco de ideales igualitarios, bien de ideales diferencialistas, se trata en ambos casos de arrogantes cantamañanas que se creen capacitados para organizar y mejorar ellos sólos territorios y masas de población tan extensos, diversos, complejos, como las naciones actuales?... 
¡Y encima pretenden que creamos que esto es, no sólo factible, sino del todo sensato!

¿¿ ??
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Y... ¡por supuesto que te van a decir que es por tu propio bien! Y se cuidarán mucho de hacerte llegar ese mensaje de mil formas y a través de mil sitios distintos. Te harán sentir culpable si evades impuestos o no colaboras en todo lo posible con la administración, "porque el Estado somos todos"..... Y no crean, que aún quedan incautos que lo siguen creyendo.

Se sacarán de la manga, también, mil y una medidas populares y con apariencia de genuina preocupación por corregir los "males sociales", ¡porque no van a ser tan estúpidos de decirte que en ningún momento piensan en tu bien! (o que si lo hacen, en el caso de los ingenuos vocacionales que aún queden, que por muy buenas que sean sus intenciones, la Historia muestra que raramente han solucionado más de lo que han estropeado.)

Toda mafia, todo grupo de crimen organizado que existe desde que el mundo es mundo te dice que "ellos están aquí para protegerte, y que si ellos faltan, todo se tornará caótico e inseguro....que ellos son quienes aportan estabilidad". 

Esto no es ningún secreto, está bien a la vista si intentamos visualizar el "mapa general" por un momento; los reyes, los príncipes, y los señores feudales del medievo funcionaban del mismo modo, sólo que, primero: iban bastante más de cara, y a las claras, no habían perfeccionado aún el arte del cinismo y el "pielcorderismo" como los avezados gobernantes de hoy; y segundo: ni soñaban con disponer, para sus tropelías, de una maquinaria tan completa y efectiva como el Estado Moderno.


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Esa es la diferencia básica entre los tiranos de ayer y los tiranos de hoy, aunque podríamos abundar también largamente en esto. No obstante, lo dejaremos para otra ocasión.



                                                                                                                                                                     

martes, 4 de marzo de 2014

TERRORISMO METAPOLÍTICO I - "Despertemos del letargo"















Es a partir de ciertas "heterodóxias" como la mostrada en las imágenes que podemos ir "tirando del hilo" y mostrar a los "ortodoxos culo prieto" como los temas son transversales y hay muchas más confluencias de las que solemos pensar entre idearios en apariencia irreconciliables.

En este caso (Ya que lo hemos tomado como ejemplo, "tiremos del hilo" pues) Los reclamos nos parecen algo heterodoxos porque asociamos anarquismo a desaliño, drogadicción y antros mugrientos, y esto no es sino otra muestra de la degradación de los conceptos en la cultura popular, puesto que el antiguo, el "verdadero" anarquismo, poco a nada tenia que ver con este estereotipo y menos aún con la apología de la poli-tóxicomania de ciertos elementos anarcoides. Y al igual que en el pensamiento libertario SERIO siempre ha habido una genuina preocupación por la liberación y el bienestar de mente y cuerpo -así como el retorno a la Naturaleza y el Ecologismo- todas estas cuestiones fueron también caballo de batalla de los fascismos ¡Sí, los fascismos! Así como la búsqueda de una lógica natural, esto es, de una base biológica de la organización social, como inspiración de una comunidad armónica ideal, que, tirando algo más del hilo, entroncaría también, lógicamente, con el conservadurismo - Entiéndase, el auténtico, el que no vende los pantalones al Capitalismo! -


Cabría hacer mención por último lugar de "heterodóxias" como las del Nacional-Comunismo de Verstrynge, que vincula a su oposición al capitalismo, la grave problemática de la inmigración masiva como desestabilizador social, cebándose especialmente en la clase obrera ("Heterodóxia", por cierto, que guarda mayor coherencia con el ideario socialista y emancipador que la ortodoxa visión multiculturalista de la izquierda de hoy.) Y así mismo, la "audácia" del anarquista Georges Sorel, que tras analizar la superestructura de la clase dominante, advierte que en su seno existe una "super-clase" que monopoliza los grandes capitales, y que no es otra que la élite judía. (¿Pero eso no era una "manía" del fundamentalismo católico, una "obsesión doctrinaria" del Nazismo?)

Tanto el primer como el segundo ejemplo,  nos están advirtiendo de una casi clamorosa contradicción entre tener un ideario anticapitalista y rechazar de plano temas en el centro del debate sobre el capital, la oligarquía o la justicia social. En el primer caso, tocando varias dimensiones, puesto que la mano de obra barata venida de fuera responde al interés de las grandes empresas, de igual manera que la explotación de sus países de origen -causante en gran medida de su empobrecimiento- y además, porque quienes favorecen la inmigración y se benefician económicamente de ella no son quienes padecen día a día los problemas que se derivan de esta. En el segundo caso ya se trata de superar un tabú aún mayor, por la constante y tremebunda propaganda que llevamos padeciendo varias décadas y en la que no me detendré ahora, pero hablariamos esencialmente de que, EN EL CASO de que el señor Sorel u otros tantos que han tocado esta misma cuestión NO ESTUVIERAN DEL TODO ERRADOS, sería cerrar los ojos a un factor que, como revolucionarios y convencidos enemigos del capital, supondría una clave..
Estaríamos pues.. Cerrando el cajón de un tema a sabiendas de su importancia.

¿Realmente es sensato?

Si empezamos a verlo de esta manera, y escarbamos un poco más allá de la superficie, es cuando empezamos por fín a entender la futilidad, en gran parte, de "jugar en bandos enfrentados".
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Pero estas no son, ni muchos menos, las únicas contradicciones que afectan a la izquierda de hoy. 

¿Y por qué tanta insistencia en deconstruir la izquierda? Se preguntarán ustedes.. Con cierta suspicacia sobre mis "verdaderas intenciones".

En realidad, no es que quiera criticar únicamente a la izquierda, si insisto más sobre ella es porqué yo mismo estuve dentro de ese espectro y, sobre todo, porque se supone que es esta la que "combate el sistema"; y son justo estas contradicciones que señalo las que desinflan su potencial regenerador.

Todas las incoherencias pues tienen que ver con el origen anti-capitalista y anti-hegemónico de este pensamiento. Veamos por ejemplo la controvertida cuestión del aborto: Sabemos que la inmensa mayoría de la izquierda de las últimas décadas reclama el aborto libre como "un derecho inalienable de la mujer", y que cualquier postura que no suscriba esto enteramente es "retrógada" y "de fachas", si alguien aboga por prohibirlo en toda su extensión, es peor que Hitler, Gargamel y la bruja de Blancanieves juntos! Y si alguien acepta algunos supuestos bajo los que debería permitirse, será visto como una especie de "derechón moderado" o "progresista cobarde", ¡El solo hecho de nombrar supuestos es ya un atentado contra uno de los dogmas inamovibles del progresismo actual!

Pero pasemos pues a analizar todos los actores que toman parte en esta compleja cuestión, y para ello, partamos del doble rasero que parece usar la izquierda para analizar "la influencia del Sistema" y el "discurso hegemónico": ¿No se han dado cuenta ustedes de que cuando los "anti-sistema" hablan de los males del liberalismo, tales como la mercantilización, la hegemonía de los medios o el consumismo, nadie duda del impacto crucial que todo esto tiene en la sociedad, pero que sin embargo, cuando se habla de las inercias sociales que llevan a "normalizar" o "desdramatizar" el aborto niegan tajántemente la mayor? ¿Como es pues que unas tendencias sociales están claramente dirigidas y otras no? La metáfora perfecta sería la de alguien que agudiza mucho la vista para observar ciertas cosas y se venda los ojos frente a otras.



Lo mismo ocurre con la llamada ideología de género, el discurso "radical" y "revolucionario"apunta a que tanto el sexo como la orientación sexual son meros constructos culturales, e incluso en algunos casos, que el hecho de que la heterosexualidad sea mayoritaria responde tan solo a que es "lo bien visto". Curioso.. Ciertamente curioso, cuando estos mismos ideólogos niegan de nuevo la mayor si se les sugiere que las tendencias no heterosexuales pueden ser reforzadas mediante la propaganda. 



Respecto al aborto, la izquierda no quiere oír nada que se salga de la defensa de su legitimación sin ambages, como dijo la ilustre Cristina Almeida como colofón a un debate televisivo, "A mi me da igual que digan esto o lo otro, no quiero oir más, cualquier cosa que no sea defender este inalienable derecho de la mujer no me interesa". Cristina Almeida evidencia lo peor de la izquierda en este ámbito, ella no quiere oir argumentos, ella solo quiere defender al modo talibán su doctrina ... Y ya está demasiado mayor para plantearse ninguna revisión de conceptos porque requiere de un sobre-esfuerzo neuronal que, la verdad, da bastante pereza.

En oposición, la derecha más "pro-vida", no crean que es tampoco la cumbre de la racionalidad o de la sensatez, también arrastran axiomas inamovibles y declaran "el caracter sagrado e inviolable de toda vida humana por encima de todo", discurso que se vuelve aún más doctrinario y mentecato cuando se halla vinculado a lo religioso. Un pro-vida radical, por ejemplo, admite como mucho el derecho al aborto en caso de violación, pero jamás en caso de malformación severa o deficiencia genética, y yo aquí me posicionaré claramente: ¡Una mujer no puede ser obligada a vivir el infierno que entraña en muchos casos traer al mundo y criar a un niño con problemas severos! Y así mismo, estos anti-abortistas radicales se niegan a ver los casos de embarazos traumáticos para la madre, y de hijos no deseados, pero en un sentido que va mucho más allá del "este no es buen momento para quedarme embarazada" -el cual digo desde ya que jamás puede ser uno de los supuestos a contemplar- pero no hablo de caprichos o inconveniencias, hablo de casos tan dramáticos que acaban condenando a la madre a la culpabilidad y la frustración por sentir la crianza como una imposición, como una pesada losa, sintiéndose ajena al instinto maternal "normal" y a la felicidad y plenitud que se supone que debe acompañar a este proceso, pero que en el caso de la criatura, es aún peor si cabe, puesto que toda su vida va a estar presidida por la carencia de ese pilar que es la madre, y por infinidad de severos problemas emocionales con esa misma raíz.

Por tanto, al afrontar cuestiones tan poliédricas y delicadas como esta, o la de la "liberación sexual" a la que antes aludía sucintamente, es preciso desde ya operar desde la más pura racionalidad y apartar de una maldita vez los catecismos ideológicos grabados a fuego.. Que nos impiden observar todas las dimensiones del fenómeno.

Y volvamos, ya que nos centramos en lo sexual y reproductivo, a la ideología de género y la liberación sexual: Al igual que antes señalaba el doble rasero que se usa para analizar el capitalismo y la propaganda sistémica según se trate de unas cuestiones o de otras, cabría ampliar esta contradicción no solo a la heterosexualidad y las diferencias entre hombres y mujeres, sino a toda la idea de la "liberación sexual", aquí ocurre lo mismo solo que, si cabe, de manera más sangrante, puesto que "la progresía" también obvia que los "perversos medios de comunicación hegemónicos" puedan ser perversos no solo en su promoción y reforzamiento del discurso liberal dominante, sino tambien en su deliberada pretensión de hiper-sexualizar a la sociedad, con objetivos bien obvios como ahogar la rebeldia con hedonismo o hacer caja con innumerables productos orientados a esto.


Creo que por el momento, con estas no pocas cuestiones, tenemos suficiente para darle otra vuelta a esta tramposa división derecha-izquierda y consultar una o varias noches con la almohada hasta que punto somos maduros como sociedad en cuestiones socio-políticas. Gracias por tomarse el esfuerzo y la valentía de replantearse sus correspondientes idearios y les emplazo a la siguiente entrega donde seguiremos profundizando en estas y otras tantas cuestiones de capital importancia para estos tiempos de ineludible crisis del SISTEMA EN EL SENTIDO MÁS AMPLÍSIMO DEL TÉRMINO.