Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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miércoles, 1 de febrero de 2017

"El mito del librepensamiento y el complejo de Sheldon Cooper".

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Imagina que todos lleváramos lentillas de distinta graduación pero todas ellas mal graduadas, y que, no siendo conscientes de ello, nos pasáramos el día intentando persuadir a los demás de que son miopes, tras comprobar que no perciben los objetos de igual modo que nosotros. Esto es exactamente lo que ocurre con los llamados “prismas” o “filtros” ideológicos.

A veces nos cuesta comprender que otros tengan una imagen del mundo tan alejada de la nuestra, que vean “otra realidad” casi opuesta a la que vemos nosotros. Pero no es tan difícil entender el porqué: ese mundo y esa realidad serán siempre inconmensurables, con lo que nos va a ser imposible formarnos un concepto de ellos sin algún criterio que oriente nuestra atención hacia unos puntos u otros de ese espacio inagotable, sin alguna forma de discriminar lo sustancial de lo superfluo, de separar el grano de la paja. Y en lo que cada cual entienda por “grano” y por “paja” está justo el quid del asunto, y en ello consistirá toda la dificultad de lograr un consenso.

En ciencias sociales existe una tentación constante de creer que ya se ha dicho la última palabra, seguramente debido a que nuestro cerebro, en el proceso evolutivo, fue programado para buscar certezas a cualquier precio. Sin embargo, la vaguedad y falibilidad inherente a estas “ciencias” nos obliga a ser en extremo cautos, en extremo humildes, y a concienciarnos de que el camino siempre está por hacer y de que hasta las teorías que aparentemente resultan más satisfactorias para interpretar la realidad contienen no pocas lagunas que llenar y no pocas aristas que pulir.

De ese choque entre nuestro insaciable hambre de certeza y la extrema dificultad que supone alcanzarla es de donde surge, imagino, aquel sesgo tan extendido entre intelectuales y menos intelectuales que me gusta llamar “complejo de Sheldon Cooper”: si los opiniones de los demás difieren de las nuestras sólo puede deberse a que no están a nuestra altura intelectual; una explicación conveniente que nos ahorra someter nuestras teorías a una validación más amplia, más exigente. Al apresurarnos a suponer que las explicaciones causales que sostenemos son las óptimas, nos apresurarnos a suponer también que aquel que sostiene otras distintas no puede sino acusar una estrechez de miras o bien no haber alcanzado todavía el nivel de comprensión en que nos hallamos nosotros. Se trata de un razonamiento ad hoc, el tipo de justificación que buscan y siempre encuentran las personalidades ególatras, más pendientes de afirmarse a sí mismas que de expandir genuinamente su entendimiento del mundo y de los fenómenos que lo conforman

Debe precisarse, empero, que la descripción de este tipo psicológico corresponde a un modelo ideal, por lo que no será raro encontrar trazos o manifestaciones del mismo en todos nosotros.


No podemos menos que reconocer en este “complejo” una tentación demasiado poderosa como para no caer en ella más veces de las que desearíamos. 

Porque la cruda verdad es que todos somos parcialmente "miopes": todos llevamos puestas nuestras “gafas ideológicas”; y los que más presumen de carecer de ellas, probablemente sean los más ideologizados de todos. 

Desconfiad, pues, de todo aquel que os dice: “esto no es ideología, son hechos”; porque “hechos” hay muchos, pero la mera selección o presentación de los mismos ya está guiada necesariamente por un filtro concreto: no existe ni puede existir jamás una selección “neutral”; una aproximación neutral en realidad implicaría carecer de criterio, por tanto, no seleccionar en absoluto, sino presentar todos los hechos en bruto (suponiendo que eso fuera posible). 

Y si, como digo, es necesario poseer un criterio de selección, es necesario también mantener una postura teórica, sea ésta más “flexible” o más “rígida”. En realidad no nos referimos a otra cosa que a esa “flexibilidad” cuando calificamos a alguien de “librepensador”. Pero no hay librepensamiento como tal, en el sentido de “estar por encima de ideologías”. Lo que hay son heterodoxias, o posturas que intentan ser lo menos sectarias posible, pero ninguna de ellas deja de ser ideológica.

Me temo, por ello, que estamos frente a otro mito que convendría derribar. Yo mismo he querido auto-titularme en ocasiones como "librepensador"; pero finalmente he caído en la cuenta de que el mismo concepto arrastra una ingenuidad y una arrogancia notables. Muchos lo asociamos en su momento con superar la (engañosa) dicotomía entre "izquierda" y "derecha"; pero lo cierto es que ya existen posiciones ideológicas establecidas que no pueden englobarse en ninguno de esos dos conjuntos, bien porque incluyen ideologemas contenidos en ambos o bien porque dan lugar a otros nuevos. Ejemplos de ello son el liberalismo y el tercer-posicionismo. 

Y es que, aun en el caso de no reconocernos enteramente bajo ninguno de los rótulos canónicos (conservadurismo, progresismo, liberalismo, socialismo..), jamás podremos afirmar que estemos a salvo de toda influencia, que no nos basemos en criterio alguno, o que no suscribamos ninguna de las posiciones que unos u otros mantienen. Y es en ese sentido que es imposible concebir un “pensamiento libre”, flotando en el aire sin asidero alguno, un pensamiento que se ha creado a sí mismo, como el dios del Antiguo Testamento.

Lo único que hay son formas de pensamiento más informadas o más desinformadas, más vulgares o más sofisticadas, más dogmáticas o más escépticas; pero ahí acaba toda distinción; por lo demás, ninguna de ellas deja de ser ideológica. Sí, puede que algunos seamos más exigentes, más críticos, menos conformistas.. que a la hora de “comprar un paquete ideológico” no nos contentemos con los “paquetes estándar” que vemos en los supermercados (rojo o azul/progre o facha) y vayamos a tiendas especializadas donde uno escoge cuidadosamente ideologemas de unas y otras procedencias y “se construye” su propia ideología. Bien, pero de todos modos hemos adoptado un sistema de pensamiento, por más heterodoxo y minoritario que sea.

Lo demás… es pura metafísica.

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Afirmar que careces de ideología es un pretexto para permanecer en la zona de confort y vacunarte contra todo escepticismo, tan necesario éste para evitar convertirte en la peor clase de ignorante: aquel que cree que no le queda nada por aprender. El librepensamiento es el subterfugio mediante el que camuflamos una postura ideológica, y por tanto subjetiva, presentándola como de mero sentido común, y por tanto objetiva. Así, el insondable misterio de que haya gente que no comparte nuestra opinión será finalmente explicado, bien por falta de empatía o de conciencia social (subterfugio típico de las izquierdas), bien por miedo a ser políticamente incorrecto (subterfugio típico de las derechas y los neofascismos), o bien por carecer de recto entendimiento y genuína comprensión del mundo (Complejo de Cooper propiamente dicho, y a su vez subterfugio típico del liberalismo).
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viernes, 29 de julio de 2016

LA LEY, LA EXCEPCIÓN Y LA REACCIÓN.

El ´fundamentalismo buenista`, como todo extremismo, se caracteriza por 
leer la realidad en clave simplista y maniquea.
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El otro día me encontré con un post que resume con gran acierto la encrucijada en que se halla hoy Europa. Está firmado por uno de mis contactos de Facebook, Armando López, y me ha servido de inspiración para desarrollar algunas reflexiones que espero arrojen un poco de luz sobre las causas de este conflicto ya más que latente. Las consecuencias son difíciles de prever, pero algunas de ellas ya las tenemos frente a nuestros ojos, tal como describe con gran lucidez el post. Toda acción tiene su reacción, y los excesos sólo conducen a mas excesos..
Una vez confirmado que el terrorista del hacha es un refugiado afgano que se coló desde Siria, miembro de ISIS, se confirma también que los refugiados sirios no son todos sirios y que al menos algunos no son refugiados sino terroristas que los políticos europeos han dejado entrar. La oleada de atentados actual es consecuencia de las políticas europeas y de los dirigentes que una mayoría de europeos ha ido votando durante décadas, en concordancia con la escala de valores que tiene la mayor parte de la población de Europa, educados por el sistema público para ser borregos paga-impuestos. Es, ni más ni menos, que lo que Europa ha trabajado y merece. No espero que Merkel dimita, que es lo que debería hacer, ni que la gente deje de votar a socialdemócratas. Lo que sí espero -aunque no deseo- es un creciente éxito electoral de partidos nacionalistas y de corte xenófobo en toda Europa. Toda causa tiene su efecto. Así funciona, por desgracia, la historia. Con efectos de péndulo. Se han cometido excesos increíbles a base de marxismo cultural, y el efecto rebote va a ser considerable.
Esto lo vengo avisando hace un tiempo. El fundamentalismo buenista, en su ingenuidad y arrogancia, acaba acrecentando el mismo mal que pretende combatir. Y es que cuando te pasas de frenada, causas una reacción. 

Los problemas derivados de la inmigración son un tema tabú.. favorecemos a los “colectivos desprotegidos” permitiendo que los menos honrados dentro de esos colectivos se aprovechen y abusen del trato de favor.. mantenemos una concepción antropológica boba y santurrona donde a todo inmigrante, por serlo, se le supone incapaz de todo mal.. Hasta que un gran sector de la sociedad acaba tan hastiado que se pasa al extremo opuesto: la inmigración es problemática siempre.. favorecemos a los “nacionales desprotegidos” permitiendo que los peores de entre ellos abusen de los inmigrantes.. y rescatamos una concepción antropológica arcaica donde a todo europeo, por serlo, se le supone incapaz de todo mal. 

No es culpa de los europeos; no es culpa de los inmigrantes; es culpa de la estupidez insondable de los ingenieros sociales,  habitualmente niños ricos que intentan arreglar un mundo que no conocen porque jamás lo han pisado.

Todo parte de un error fundamental, que es el de sustituir la ética por el moralismo y colocarle a la justicia el apellido “social”, con lo que ambas se pervierten, dando lugar a situaciones ciertamente inmorales y ciertamente injustas. En el momento en que empezamos a considerar a los personas como miembros de un colectivo antes que como individuos y a repartir etiquetas de “privilegiado” o “excluído”, de “favorecido” o “desfavorecido” según se pertenezca a un grupo o a otro, nos es imposible distinguir al bienintencionado del malintencionado, al sincero del mentiroso, al verdadero necesitado del mero aprovechado. Los honrados serán penalizados; los tramposos serán premiados. 

Y como algunos de los tramposos son además criminales, fundamentalistas dispuestos a matar en nombre de Allah, los musulmanes honrados serán especialmente perjudicados; cosa que no hubiera ocurrido si tan sólo los hubiéramos tratado como individuos, como iguales, como sujetos de derecho. ¿A alguien le parecería extraño que en medio del conflicto ruso-ucraniano se tuviera especial cuidado con los sujetos que atraviesan la frontera entre ambos países? ¿No nos parecería por completo irresponsable que no se tomaran todas las precauciones habidas y por haber en los controles fronterizos? Se insiste en que el problema de los refugiados es esencialmente una cuestión de vidas humanas. Pues bien, lo es doblemente: se trata de proteger tanto la vida de los refugiados sirios como la de los ciudadanos europeos.
Alemania es el mejor ejemplo de cómo puede pasarse de un extremo a otro en tiempo record.
























Pero se han hecho ya demasiadas cosas mal. El problema no parte de la crisis de los refugiados, sino que viene de muy atrás. La penosa diatriba que plantea esta crisis humanitaria, como la suelen calificar, se suma a un conflicto permitido y alentado por los políticos europeos, derivado de no considerar a los musulmanes como sujetos de derecho, iguales a nosotros, sino dentro de un régimen legal especial pensado para “protegerles de la exclusión, de la islamofobia y de la instrumentalización de sus actos por la extrema derecha”. Este pretexto, el de la extrema derecha, es el que han empleado los gobiernos para justificar lo injustificable: ocultar sistemáticamente crímenes perpetrados por musulmanes, y para más inri, motivados muchos de ellos por el odio racial o religioso. Es decir, que para evitar el racismo y la islamofobia, se ha sido permisivo con la cristianofobia y la eurofobia. 

Pero la injusticia es siempre injusticia, por más bellas que sean las palabras con que se revista. Tratar de saltarse la ley para supuestamente compensar una situación desnivelada de partida, o para evitar un peligro mayor (también supuesto) acaba por producir los resultados que vemos: indignación más que justificada y un odio en ningún modo justificado pero sí muy predecible. Si sabemos que la xenofobia existe (y, como hemos visto, los políticos la tienen muy presente), ¿no creen ustedes, lumbreras bruselienses, que la fomentará en mayor medida otorgar privilegios a los inmigrantes que aplicarles la misma ley que a todos?

Se trata ésta de una postura arrogante y paternalista, una nueva y retorcida forma de clasismo y racismo. En primer lugar les estamos diciendo a ciertas personas, por pertenecer a una etnia, religión, sexo o vayaustéasaber qué otra circunstancia, que son o bien más capaces o bien más incapaces de salir adelante, de tener éxito o de fracasar, de ser reconocidos o ignorados. Con ello estamos reduciendo el inmenso potencial alojado en cada individuo a un prejuicio y una generalización extremadamente pobre, encerrando todas las posibilidades de su desarrollo personal y profesional en una categoría tan estrecha como ancha es nuestra arrogancia. Usando una expresión de moda, les estamos desempoderando. 

Pues qué sabremos nosotros de lo que son capaces unos y otros.. ¡Nosotros somos los clasistas, los racistas y los machistas por presuponer que un pobre, un extranjero o una mujer no saldrán adelante sin nuestra ayuda! Nosotros les estamos mandando el mensaje, a estos y cada vez más colectivos, de que son víctimas, de que son débiles, de que la única posibilidad que tienen es mendigar compasión o exigir un trato de favor. ¡Habrá una forma más perversa de matar los sueños, la energía y la voluntad de alguien! ….

Además, ¿cómo sabemos a priori las dificultades con que se van a encontrar, la mayor o menor discriminación que van a padecer? Para ayudar y para combatir la discriminación siempre habrá tiempo. ¿Por qué nos adelantamos entonces a conceder ventajas efectivas para compensar supuestas desventajas que pueden o no darse? ¿Por qué llevar en brazos a alguien antes de comprobar si sabe andar por sí solo?, ¿por qué tratarle como un niño y hacerle pasar por la -para muchos- indignidad de la sobreprotección, y arrebatarle así la posibilidad de enorgullecerse en el futuro de no haber requerido asistencia ni favor de nadie?

Se dirá que si asumimos el individualismo metodológico que aquí proponemos estaremos permitiendo que infinidad de personas, por una razón u otra, sean discriminadas o tratadas injustamente de diversas formas. ¿Pero es que no es igualmente posible prestarles ayuda a nivel individual, combatir las injusticias concretas y palpables, en vez de teóricas y generales, de que son víctimas los sujetos, sin importar en qué colectivo podamos encajarles? ¿Acaso importa el motivo, demostrable o teorizable, por el que hayan sido maltratados? ¿Acaso no nos mostrará el propio número de las infracciones cometidas contra unos o contra otros qué grupos son peor tratados? … ¿Por qué no dejamos que el día a día nos marque cuáles son los problemas más acuciantes en vez de partir de una presunción que nunca alcanzará a la siempre cambiante realidad?

Mientras tanto, deberemos enfrentar algunas situaciones que ya no tienen marcha atrás; porque de evitarlas, debió hacerse ya hace mucho tiempo. Mientras repensamos nuestra concepción de la ley y la ética, los fundamentalistas están aquí y seguirán usando los derechos y libertades que les otorgamos como arma para destruir la misma civilización que los sostiene. 

Por nuestra inconsciencia y nuestra irresponsabilidad, seguramente acabarán pagando el pato los de siempre: los ciudadanos honrados y respetuosos con la ley, tanto nacionales como extranjeros. Va a ser una manera amarga de aprender una vital lección: las excepciones y los privilegios, por bienintencionados que sean, van erosionando la idea de justicia e igualdad y sólo fabrican abusos y excesos; los cuales, como dijimos al inicio, sólo pueden conducir a nuevos excesos.
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¿Reaccionará Europa antes de contemplar una imagen como ésta? ....

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miércoles, 27 de julio de 2016

Diario de un ex-rebelde sin causa (Capítulo I)

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Pasé varios años de mi vida rebelándome contra el mundo moderno, ya fuera contra el capitalismo, contra la desigualdad o contra el paradigma científico. Incluso me tentó rebelarme contra lo moderno en nombre de la tradición. El caso era ver el vaso medio vacío, poner la lupa de aumento sobre los vicios y pasar de largo sobre las virtudes. La crítica por la crítica: antes señalar lo que está mal que proponer formas factibles de solucionarlo. 

Pero llega, quiero creer, un momento en la vida de todo hombre en que debe escoger entre mostrar una actitud destructiva o constructiva. 


Si por un momento es honesto consigo mismo acaba percatándose de que la crítica es un callejón sin salida, además de una estafa, si no va acompañada de alternativas razonables a aquello que se critica. Cuando se prima el enfocar todo lo que puede tener de malo este mundo y se deja de lado lo que tiene de menos malo, especialmente en comparación con tiempos pasados; es decir, cuando nos abstraemos hasta del contexto, de la perspectiva histórica, nos damos cuenta de que no es la cuestión principal cuántas cosas son susceptibles de crítica, sino cuántas formas mejores de hacer las cosas se han probado hasta ahora y cuáles de ellas han dado resultado. Entonces despertamos al hecho de que siempre habrá infinitas cosas que criticar, por bien que nos vayan las cosas, por mucho que hayamos progresado con respecto a nuestros ancestros. Hasta en el Paraíso había serpientes, trampas y un jefe de lo más tocapelotas.





















¡Cuán absurda se revela entonces aquella “vocación crítica”! (me refiero en este caso a la destructiva, pues la otra es del todo necesaria). ¡Hay cosa más improductiva que dedicarse a buscar, lupa en mano, por todos los rincones en busca de las fallas que hacen que este mundo esté todavía lejos del Paraíso soñado por algunos! … ¡Hay forma más tonta de perder el tiempo y hacérselo perder a los demás.. que quedarse mirando todas las cosas que a los constructores de cierta catedral –la catedral de la historia humana- no les han quedado perfectas y son susceptibles de mejora.. mientras los demás se afanan por aportar su escasa o gran pericia a esa obra que están construyendo en común! .. ¡Habrá clase más inútil de mosca cojonera!

Lo verdaderamente importante no es cuántos males subsisten todavía sino cuántos de ellos hemos logrado enterrar hasta hoy. Lo crucial no debería ser cuánto hambre, enfermedad, intolerancia o analfabetismo existen todavía en el mundo, sino cuánto han llegado a disminuir en los últimos tiempos. 


Pedir lo imposible lo sabe hacer cualquiera; quejarse e indignarse es lo más fácil. Son muchos menos, sin embargo, los que a lo largo de la historia han hecho posibles cosas que parecían imposibles a sus antepasados. Éstos son los que hacen avanzar el mundo. Los otros tan sólo rebuznan.


Pero no nos engañemos, que seguirá habiendo muchos de esos moscardones revoloteando y picando sin motivo mientras odiar todo esté de moda, mientras odiar sea lo más guay..



lunes, 25 de abril de 2016

"Sesgos..."

Juan Manuel De Prada, escritor e intelectual representante de la derecha
ultra-católica y enemiga ferviente de la democracia y la libertad.
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Juan Manuel De Prada no es, en realidad, un tipo que me caiga mal; pero de algún modo representa mejor que nadie un arquetipo típicamente hispano: el del misionero en tierra ya cristianizada, el del redentor de los ya redimidos; o, dicho de otro modo, el que viene a contarnos otra vez lo que ya nos contaron y, por más que le resulte incomprensible, ya casi nadie quiere oír porque, sencillamente, la mayoría de nosotros estamos a otra cosa.

Seguí mucho el programa de debate que dirigía y presentaba en Intereconomia, del que no dejé de extraer aportes interesantes; y de vez en cuando he leído artículos suyos, siempre muy bien escritos y con notables dosis de ingenio. Pero no lo he escogido como paradigma del ingenio sino de los sesgos ideológicos.

Los que, como él, llevan la cruz de cristo grabada en la frente, acostumbran a ver el mundo de un modo algo peculiar. Se podría resumir en una fórmula muy simple: todo lo que procede del cristianismo es bueno, todo lo que no procede del cristianismo es malo. Pero, dependiendo del contexto, donde dice “cristianismo” debemos poner “catolicismo”.

Porque si se trata de cargar contra todo lo anti-cristiano, no hay problema alguno en hacer frente común con ortodoxos y protestantes; pero, ¡ay!, si ya se trata de abordar las disensiones y peleas entre las distintas facciones cristianas, la fórmula anterior adopta inequívocamente la segunda de las formas, y esas dos facciones con las que no tenía problema en establecer una alianza tácita se convierten repentinamente en algo casi tan "perverso" como el mismo ateísmo. 

El tipo es capaz de cualquier villanía con tal de mantenerse en sus trece. Todavía cae en trampas de pseudo-intelectual que algunos hemos felizmente superado a mucha más temprana edad, como es la de asumir una cómoda y cobarde equidistancia frente a socialismo y liberalismo, y pretender vendernos que, si bien los crímenes cometidos en nombre de uno y otro son de cariz distinto, moralmente son poco menos que equiparables. Así, llega a acusar a la democracia liberal de arrebatarnos lo que más temíamos que nos arrebatara el comunismo; esto es: la familia, la fe, la tradición; o a proclamar, en un claro momento de enajenación transitoria, que “el liberalismo es mucho peor porque trajo la minifalda”. Sólo una mente retorcida y alejada por completo de los valores humanos –sí: humanos y no “divinos”- es capaz de tal bajeza moral: restarle importancia a los millones de víctimas del Gulag, y sus equivalentes en China o Vietnam, con tal de convencernos de su enfermizo diagnóstico del mundo moderno, donde “la minifalda”, el laicismo y la “luciferina libertad” son cosa de mayor gravedad que toda la barbarie desplegada en nombre de un ideal tan cercano, mira por dónde, al del cristianismo primitivo.

En otra de sus enajenaciones mentales, dejo a criterio del lector si transitorias o no, llegó a afirmar con gran convicción que quienes se manifiestan contra la Iglesia están motivados en el fondo por un “odio hacia la virginidad de María”. Pero lo que se trasluce en todas esas declaraciones con bastante más claridad que los supuestos sentimientos de los ateos hacia la "madre de dios" es su profundo odio, compartido por correligionarios como García Serrano, al mundo que han alumbrado el Laicismo, la Ilustración, el Protestantismo y la Masonería. (Parafraseando al gran periodista Juan José Chinchetru, "¡menos mal que su religión les prohibe odiar!")

Por otra parte, sus constantes alusiones al aborto son muestra de una bien conocida obsesión de la derecha religiosa. Una obsesión llamativa por cuanto pone más énfasis en defender la vida del no nacido que la del nacido, y por cuanto su ignorancia de la biología le lleva a creer a-científicamente que un óvulo recién fertilizado es tan “humano” como un feto de siete u ocho meses. Pero hay que comprenderlos: si no contaran con el pretexto del aborto, su discurso perdería la mitad de su fuelle.

Por ésto es que se muestra simpatizante del gobierno “identitario” (en el sentido religioso y nacional) de Vladimir Putin. Y por lo mismo, acude a Dostoievski como símbolo del mantenimiento de la fe cristiana a toda costa, o a Tocqueville en sus advertencias sobre el futuro de la democracia. Pero se le olvida, curiosamente, que Dostoievski opinaba que la Iglesia de Roma era responsable de la muerte de la conciencia cristiana; o que Tocqueville, si bien vislumbraba graves peligros en la democracia y el liberalismo, también dejó siempre claro que no era posible volver atrás y que estos nuevos modelos políticos nos traerían sin duda grandes ventajas.

En síntesis: Prada lo acomoda todo a su discurso, por más malabarismos pseudointelectuales que tenga que hacer; y de ese modo, su cosmovisión permanece como a él le gusta: esclerotizada. Extrae de cada opinión aquello que le conviene y descarta lo que no le sirve. Todo es instrumental al fin de mantener su rancia y temerosa concepción de la existencia.
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Eduardo García Serrano. Escritor y periodista. También representante de ese
catolicismo ferviente enemigo de la democracia, pero sobre todo, de la libertad.

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martes, 12 de abril de 2016

"Nación: lágrimas y conquista".

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Seguiremos siendo poetas ... hasta que toque ser soldados.
Todo lo que no podamos conquistar a través de las lágrimas,
lo conquistaremos a través de las armas.

(Internacional Nacionalista)

Recién finalizada la 1ª G.M., los nacionalistas alemanes se convirtieron en las plañideras de Occidente.. “¡Traición, traición!” … “Nuestro orgullo ha sido pisoteado”… “¡Alemania reclama justicia!” … Continuaron quejándose y reclamando esto y lo otro (con más o menos razón, no toca ahora dilucidar eso) hasta el momento en que al fin se vieron con fuerzas. Su semblante, a partir de entonces, empezó a tonarse distinto: se guardaron las lágrimas, y sacaron las garras.

¡Y menudas garras! ….

Ésta es la tónica habitual. El nacionalismo bascula entre la ´lógica` del victimismo y la ´lógica` de la agresión. Nunca falla. Cada vez que está en posición de debilidad echa mano de la estrategia victimista. Pero en cuantito empieza a tener algo de fuerza, se lanza sin el más mínimo apuro a la agresión. 

No es otra cosa –salvando las obvias distancias- lo que se ha podido apreciar en el caso catalán (y luego valenciano, y luego balear). De repente parecen haber desaparecido de escena todos los `genuinos´ nacionalistas de estas dos últimas comunidades, entendiendo “genuinos” por “provincianos” o “localistas”. Ahora todos parecen decididos a abrazar la patria grande; y obviamente no me refiero en este caso a España sino a los “paisos catalans”. 

Entendámonos. Yo no digo que no existan vínculos evidentes entre ellos. Es muy cierto que hay infinidad de cosas que los valencianos comparten con los baleares, y ambos con los catalanes*. Nadie lo duda. Pero tampoco puede negarse que hay otras que los distinguen entre sí. ¿Por qué, entonces, esa insistencia en buscar un “pan-catalanismo”? 

(*Así como todos ellos con los españoles y a su vez los españoles con el resto de europeos) 

El problema que subyace aquí, si se fijan, es en cierto modo el opuesto al que nos venden los nacionalistas, pues está en juego la pérdida de parte de la identidad de esos tres territorios en pos de una suerte de homologación –uniformización- catalanista. Pero aún es, si cabe, más preocupante su voluntad expansionista, cosa que nos muestra la lista –hasta ahora pequeña- de territorios aragoneses, franceses, e incluso italianos que reclaman para sí. 

Por ello afirmo sin ningún apuro que hoy por hoy resulta bastante más peligroso el nacionalismo catalán (o vasco) que el español. Por la sencilla razón de que el segundo ha renunciado hace ya mucho a la expansión territorial. De hecho, este conflicto, igual que el de Ceuta y Melilla, nos muestra cómo hoy todo su esfuerzo se concentra en conservar el territorio que aún posee. Como mucho aspira a recuperar El Peñón. Y para de contar.

Pero con el nacionalismo pan-catalanista y pan-vasquista ocurre algo muy distinto: Ni mucho menos se conforman con sus presentes “posesiones”, sino que la lista de sus reclamaciones territoriales nos hace sospechar que, de lograrlas todas, no se parasen ahí. 

Por eso creo que, para tener una visión más amplia del problema, debemos ir más allá de la dicotomía entre nacionalismo periférico y centralista, e incluso del "derecho a decidir". Yo tengo bien claro que una democracia que no reconoce el derecho a la secesión no es más que una cárcel donde se te permite votar al carcelero menos malo. Por ello, no puedo menos que reconocer el derecho de Cataluña o de cualquier otra región a secesionarse (aunque en realidad no les reconozco nada a abstracciones como las nacionalidades, sino únicamente a las personas). Ahora bien, haré depender este apoyo de que la futura República de Cataluña reconozca a los territorios e individuos que la compongan el mismo derecho que ella reclama al estado español. Porque, en caso contrario, lo que estarían haciendo estos señores “independentistas” es ofrecer a mucha gente la esperanza de escapar de la cárcel para encerrarles tras ello en una más pequeña. Y en ese caso, ¿diríamos que sus ciudadanos están ganando o más bien perdiendo? … Eso lo dejo a criterio del lector.
Insisto, por tanto, en que es un error equiparar, al menos en el caso español, el nacionalismo centralista y el periférico. Muchos hemos caído en tal error cuando nos faltaba, quizá, más perspectiva. El nacionalismo español es un gigante viejo y agotado, sin apenas ya fuelle para nada (y así lo muestran los escaños cosechados en cada elección por las “candidaturas patrióticas”). Pero cuidado: el catalán y el vasco son nacionalismos aún jóvenes y lozanos, con muchas ganas de dar guerra –no necesariamente en sentido literal, aunque algo de guerrilla sí se ha practicado desde sus filas-, y la intensidad de su adoctrinamiento, como la operatividad de sus mitos, así lo atestiguan.

Evidentemente, son casos análogos pero muy distantes los de la Alemania de entreguerras y la Cataluña o el País Vasco de hoy. Hasta podrían parecer los segundos torpes caricaturas del primero. No pretendo, pues, vender el horizonte, muy poco probable, de una guerra en el seno del estado español que se extendiera al francés y al italiano. Pero eso no invalida la analogía en sí; que por supuesto es extensible aún a muchos más casos, como el de los Balcanes o el de las ex-repúblicas soviéticas, entre otros.

Con lo anterior he pretendido exponer, grosso modo, el peligro que implica el nacionalismo expansionista. Pero no puedo dejar de hacer ver los males –aunque fuesen menores- que se derivarían del caso contrario; es decir, de que optaran valencianos, baleares y catalanes por identificarse como naciones separadas y, en vez de poner el énfasis en lo que los une, lo pusieran en lo que los separa. Porque en los dos casos se trataría de un intento por forzar artificialmente las "identidades naturales" de todas sus provincias y comarcas hacia un sentido o hacia otro.

No olvidemos que los nacionalismos tuvieron su origen en el Romanticismo. No debe sorprender, por ello, la enorme carga de subjetividad y de capricho que arrastran sus idearios. El nacionalista se caracteriza, entre otras cosas, por no estar jamás conforme con la “realidad nacional” que tiene ante sí. Siempre busca deformarla, bien sea para diferenciarla, bien sea para asemejarla a la del vecino. Busca identidad. Y una identidad es más fuerte en cuanto es más uniforme. El nacionalismo consiste precisamente en eso: en fronteras claramente delimitadas (tanto geográficas como lingüísticas y culturales) sobre las que no quepa ambigüedad alguna. El nacionalista es muy poco amigo de lo espontáneo y lo diverso, ama lo predecible y unívoco; le produce gran inquietud contemplar degradados en los colores, tan sólo goza contemplando colores planos.
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martes, 7 de abril de 2015

"Clasismos".

Clasista es aquel que divide a la gente en clases.
                                                                                                                      ~
El término "clasismo" se ha ido tornando, en las últimas décadas, un concepto vacío, por lo menos en Occidente.
Pero si aquel ha perdido contenido, la realidad tras el sustantivo -que no el adjetivo-"burgués", ha devenido, sin más, pura superstición..  

Sí que es cierto que hubo clases y estamentos..
..pero eso fue en el pasado. 
Hoy, la única división real y operativa es «oligarquía/masa informe». 

Ya no hay más «burguesía y proletariado». 
     Parece evidente que, al menos en los países llamados "desarrollados", existe tal diversidad de "clases", según profesión, estudios, ingresos... y un sinfín de variables, que resultaría una tarea titánica, aparte de absurda, empeñarse en establecer alguna suerte de categorías (y desde luego que sólo podría obedecer a un terco doctrinarismo.)
.....................

¿No vemos el absurdo del que participan quienes aún insisten en hablar de "lucha de clases"?
¡Son unos fariseos, unos teólogos, con la visión torcida tan propia del teólogo!, como diría el maestro.. 

(Las palabras ya significan, nada más y nada menos, que lo que a cada 
uno le dé la gana que signifiquen, la arbitrariedad está servida.)
¡Sólo buscan hacer bandos, y mandarlos a degollarse los unos a los otros!

¡Fariseos, celosos cultivadores de nuestros más bajos impulsos!
¡Ni vosotros podéis creer en tan torpes tergiversaciones! 

¡Le decís al tendero y al plomero, al abogado y al profesor, que es "uno de los vuestros", aun cuando hace buen dinero y vive más holgadamente que algunos "burgueses" hasta el cuello de deudas! 
¡Le decís, por contrario, al empresario con sueldos a su cargo y que no llega a fin de mes, que es un explotador y un enemigo de clase! 
¡Al que vive como dios, pero en un barrio humilde, le animáis a que, encima, se indigne con la suerte que le ha tocado, y "exija justicia"! 
¡Al que trabaja todo el puto día, pero tiene mejor coche y casa que el otro, tan sólo la mirada por encima del hombro y el punto de mira secretamente imaginado sobre su cabeza!

¡Clasista es aquel que divide a la gente en clases! 
¡Quién sólo sabe hablar de lucha de clases, 
ya sabemos de qué pie cojea, y qué deseos alberga!

¡Dejad de escarbar en nuestras infra-pasiones para incendiar las calles, y calmar vuestra frustración, vuestro hambre de conflicto!

¡No le busquemos ya más pies al gato

¡Dadnos una explicación convincente de ese empeño en ver divisiones donde sólo hay una sana y libre diversidad, y si no, callaos!

No, no... ¡No os solivianteis, esperad un momento antes de poner mi cabeza en una pica!

Creía que os preciabais de ser personas racionales... ¿No me vais a satisfacer siquiera en una pregunta que considero pertinente en este asunto?

Decidme, pues, lo siguiente.. Aclarad mi duda: 
¿Cual es el baremo para medir esto de la división social? 
-porque imagino que no es puramente arbitrario, no?- 
¿Es el sueldo, o son las horas trabajadas por día? ¿O quizá es el tipo de trabajo 
(si es manual o intelectual)? 
¿Tiene alguna infuencia el dinero con que cuenta la familia del sujeto, aparte de lo que el cobre por su trabajo actualmente? ¿Las casas, coches, bienes que ha heredado, o dejado de heredar? .. ¿Si se ha preocupado de ahorrar más que otros?....
(Toda licencia es disculpada cuando es "por una buena causa", 
la propaganda se cree legitimada para deformar las realidades 
hasta que se asemejen a sus visiones torcidas.) 
¡Decidme, decidme! ...

Ya, es algo más sutil, ¿verdad? Es algo inasible que sólo podéis ver los iniciados en la cienciología histórica materialista... Perfecto, es todo lo que quería saber.

Sed buenos, y no cortéis hoy demasiadas cabezas.. 
..dejad alguna que otra para que luego quede alguien para auparos como "héroes del pueblo".

viernes, 27 de marzo de 2015

LA BATALLA CULTURAL III: El compromiso es un pretexto para el cultivo de la ignorancia.

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En tiempos tan equívocos como los presentes es algo habitual que ésta, la ignorancia, se justifique apelando a un "compromiso firme anti-nosequé o pro-nosecuantos".

Se llega a un extremo en que la estupidez, el maniqueísmo, el simplismo, son excusados sin más bajo el pretexto de las convicciones que uno tiene, a las que se "recubre de un barniz" de santidad o heroísmo. Y apoyándose en éstas, no sólo se excusa el propio desconocimiento de una u otra cuestión, sino que incluso se tiene a honra ser ignorante sobre algo a lo que, apriori, se tiene por un engaño, o alguna clase de artimaña para "captar incautos". (Imagino que han notado el círculo vicioso al que nos aboca esto: Mientras no se conozca nada sobre algo, no se sabrá realmente por qué se está en contra de ese algo.)

A poco que se piense en las consecuencias que todo ello entraña, saltará a la vista del lector lo preocupante de tal tendencia. Las generaciones pasarán, y enterrarán sin más toneladas y toneladas de saberes que el mundo en que nacieron no supo valorar o que se negó meramente a sopesar.

¿Que a qué saberes me refiero? Obviamente a todos aquellos que no se hallan en los libros -si acaso comentados-, esto es, a todo el sentido de lo común que ha ido enriqueciéndose con cada generación, y mediante el que el pasado penetra en el presente dotándolo de sentido y continuidad. Pues no existe tal cosa como tiempos superados: lo tradicional no es lo antiguo, sino la actualización constante del saber perteneciente a todo tiempo.

Pero en las últimas décadas hemos visto como ese sentido de lo común construido a la luz de la experiencia recogida por sagas y estirpes, nobles y plebeyas, es tomado en conjunto por superstición, manía, o impostura, sin apenas discriminar entre lo arbitrario y lo necesario, y sin poner límite alguno a la arrogancia de este nuevo hombre que se otorga la capacidad semi-divina de discernir por él mismo -sin ayuda de sus "ignorantes ancestros"- qué caminos son recomendables y cuales no, qué decisiones llevan a buen puerto, y qué buenas intenciones construyen senderos directos hacia toda clase de infiernos.

El moderno ideal prometético es, sin ningún lugar a dudas, el más desastroso e insensato de cuantos se han dado. Aunque no lo expresemos de viva voz,  nuestras acciones implican tácitamente la certeza de ser más sabios, más justos, más racionales que la suma de todos nuestros ancestros, dado que les suponemos habitantes de un mundo insensato y dominado por la superchería.

.... ¡Todo era ignorancia y fanatismo... hasta que llegamos nosotros, el Siglo de las Luces, y el modelo laico-racionalista! ¡Todo tiempo pasado fue mentalidad de rebaño, dogma y barbarie, y el presente es aquel tiempo en que nos hemos liberado de todo ello, y somos al fin sociedades maduras, donde sus individuos pueden decidir por sí mismos en toda cuestión que les atañe!
Los bárbaros tiempos arcaicos.
Los sensatos tiempos modernos.

Tan sonora es la carcajada que me suscita esta idea.. Tan copioso el vómito que trepa por mis entrañas... Tan insondable la mezcla de frustración y desesperación al contemplar la estupidez de mis contemporáneos, lo atrevida que puede resultar la ignorancia de los "hombres libres"... 

¡Sí, hombres libres ciertamente se creen los más rematadamente imbéciles de ellos!

Como si la gran mayoría no estuviera tan condicionada por las ideas en boga como lo estuvo en cualquier otro tiempo; como si no fuésemos todos, en mayor o menor medida, rehenes de los valores dominantes e incurables dependientes del qué dirán.

¡Como si cambiar una religión teísta por una humanista supusiese un cambio sustancial!

... Y creen ser nuestros contemporáneos, por lo general, almas emancipadas, personas sensatas, observar las cosas del mundo con objetividad.. sin darse cuenta de que toda objetividad lograda sin esfuerzo no puede ser otra cosa que una objetividad prestada, prefabricada, conformada necesariamente a partir de una u otra subjetividad que, compartida en principio por unos pocos, logra imponerse sobre el resto, convirtiéndose en hegemónica.

Así el tipo borreguil de la post-modernidad -el más intratable que se haya visto hasta ahora, por haber sido persuadido de que piensa por sí mismo- tiene a honra el ser "objetivo y racional"..

..pero no de modo distinto a como sus antepasados creían profesar "la única religión verdadera".
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El mundo no avanza realmente; y las mentalidades menos todavía. 
Sin embargo, parece que nuestro ego colectivo requiere engañarse de tal manera.

{Enlaces a la primera y segunda parte}


sábado, 7 de marzo de 2015

"El Mesías Mercader" o "Cuentos para dormir el sueño de los justos" (2ª parte: La Buena Nueva)

...Pero ahora dicen que el problema no se acaba con el crimen organizado, 
que el dinero procedente de la corrupción gubernamental 
también va a parar a esos bancos, a nuestros amados "bancos libres", 
faro, y guía, de las "sociedades abiertas" del futuro, si dios quiere..

¿Y qué quieren que les diga? ¡Oigan, estamos ante un mismo caso que con la cantinela del narco y todo aquello! ¡Trabajen ustedes por acabar con esos gobiernos, o por reducir su tamaño ostensiblemente, y, de un plumazo, se acabará la corrupción!

Lo sé.. Sé que es una tarea larga, ¿pero quién dijo que LA LIBERTAD se construye de un día para otro? 
¡Sobre todo, no nos toquen los refugios a salvo del fisco! 
¡Eso es lo único que está bien hecho! 
¡Lo que debe cambiarse es todo lo demás!
...........
¿Ah, que tampoco se acaba ahí? ¿que no todo el problema, para ustedes, acaba en los negocios ilícitos, en la actividad ilegal? 

¿También me están montando ahora una querella por todos aquellos honrados ahorradores que depositan en estos "oasis" su dinero honradamente ganado? ...

Ya... que los "ciudadanos de a pie" no tienen acceso a beneficiarse de los mismos productos financieros que los "grandes hombres de negocios"; y los primeros, que ya de por sí, tienen menos, acaban pagando al fisco más que los segundos, que tienen más...

Me conozco..me conozco ésta cantinela también... ¡Oigan, que hay que espabilarse! ¿Qué quieren, que les neguemos a ellos el inalienable -¡y sagrado!- derecho de administrar sus bienes como mejor convengan? ¿y eso en nombre de qué? ¿de la justicia? ... 
¡venga ya, hombre! ¡Seamos serios! ¿A qué estamos jugando? 
O se respetan las reglas o no se respetan.
................

Como les decía en la anterior ocasión, ¡no luchen por arrebatarles a ellos su libertad, sino defiéndanla, porque es también la suya! ¡demanden a sus gobiernos que acaben con sus restricciones, en vez de reclamarles que establezcan aún más!

¡No vayan por el camino del liberticidio, aunque hoy les parezca que esa libertad sólo beneficia a unos pocos! ¡Porque en verdad les digo que, aunque no sea hoy, ni tampoco mañana, a todos llegarán los aires de libertad que, poco a poco, ensancharán los pulmones de nuestras sociedades y nos harán, por vez primera, seres humanos completos, puesto que al fin existirá la coyuntura en donde todos podremos desarrollar al máximo nuestras potencialidades!

¡Escuchen pues estas palabras que hemos venido a decirles!... Nosotros estamos aquí para traerles, al fin, "la fórmula de la armonía social", la única manera conocida de que todas las naciones del mundo prosperen... ¡Un futuro para todas las pobres gentes que sufren en nuestro planeta! 

Escuchen atentamente, porque hoy se abre ante nosotros una oportunidad de oro, pero mañana puede que ya sea tarde..

Atesoren cada palabra que sale de nuestras bocas, ¡pues hoy hemos venido a predicar la Buena Nueva!

Y la Buena Nueva es que TODOS PODEMOS ESCAPAR DE LA INMISERICORDE POBREZA, que con las claves que nos aporta el "evangelio austro-libertario", todos podemos caminar hacia un horizonte de prosperidad, paz, y armonía para todos... 
¡No habrá más pobreza, y no habrá más guerras, porque bien es sabido que "dos paises que comercian entre sí, nunca guerrean"!
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Ustedes lo llaman "talasocracia", "imperio de los piratas".. 
Nosotros lo llamamos "RESISTENCIA A LA TIRANÍA".


..Pero una vez llegados aquí, esto no es distinto de cualquier otro credo..
Si se comprometen con LA LIBERTAD, este es el camino..
si se comprometen con LA AGRESIÓN, aquí acaba nuestro encuentro.
Por más que me digan que no ven que acabe de llegar, que no confían en que la libertad de la que gozan "los peces gordos" se filtre a todas las capas de la sociedad... 
Aquí ya no cabe más alternativa que CREER O NO CREER ... 
Si tienen FE, me alegraré de que nuevas almas compartan nuestra lucha trascendente, transversal, y trans-histórica.
Si no tienen FE, nuestros caminos, desgraciada e irremediablemente, se separan a partir de aquí.

....¡Ay, perdóneme!, solo una última cosa..
 ¿vive alguien en el 5º A? ¿Cree que también estarán interesados en escuchar la Buena Nueva que nos trae el Evangelio de la Emancipación Humana?
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"Si es hermoso ver florecer una rosa, 
¿cuanto más hermoso será ver florecer a un ser humano?" 
(Fred Kofman, Gran Maestre de los Mesías-Mercaderes)