Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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miércoles, 29 de julio de 2015

"La acción humana".

¿Quienes han estafado realmente a los ciudadanos,
"los mercados" o los propios gobernantes griegos?
¿Y no es justamente porque hay cierta democracia que se 
puede responsabilizar también en parte a los ciudadanos?
El siempre conveniente
enemigo lejano: la banca,
 la judería, el comunismo...
internacional.

Hay un consenso creciente sobre que los gobiernos están sometidos al poder financiero. En el mejor de los casos es una verdad a medias. Pero lo más reseñable radica en ser una muy conveniente desde cierto punto de vista; desde el particular prisma de quienes ansían mayor control sobre nuestras vidas.

Tal relato a menudo presenta al político como un elemento pasivo, casi como si estuviese atado de pies y manos. Esto es una imagen por completo engañosa, y como hemos dicho, sospechosamente conveniente. Todos los indicios apuntan en otra dirección: Nuestros gobernantes actúan del modo en que actúan porque están igual de interesados en medrar que sus "allegados" en las altas finanzas, la industria o los medios. 

Una vez constatado eso, la diatriba suele estar entre pensar que quienes marcan el rumbo son los bancos o que, por el contrario, son los políticos. Lo que ocurre en realidad se acercaría más a una alianza donde ambas partes, como digo, tienen mucho que ofrecer y mucho que ganar. 

Otra cosa que se debería aclarar es que no pueden ser nunca TODOS los banqueros, industriales, etc. quienes tienen el control en TODOS los paises. Resultaría ciertamente estúpido que unos tipos que tienen privilegios monopolísticos, fiscales o de otra clase, decidiesen compartir esas ventajas COMPETITIVAS precisamente con sus COMPETIDORES.

«Una misma disposición cabe favorezca a unos y perjudique a otros. (...) Pueden, desde luego, los privilegios que el Estado otorga favorecer los intereses de específicas empresas y establecimientos. Ahora bien, si tales privilegios se conceden igualmente a todas las demás instalaciones, entonces cada empresario pierde, por un lado (...) lo mismo que, por el otro, puede ganar. El mezquino interés personal tal vez induzca a determinados sujetos a reclamar protección para sus propias industrias. Pero lo que indudablemente tales personas nunca harán es pedir privilegios para todas las empresas, a no ser que esperen verse favorecidos en mayor grado que los demás.»

(Ludwig Von Mises, ´La acción humana`.)


Creo que hay una cosa que debería empezar a quedarnos clara. Y es que, mientras apostemos por darle más poder al Estado, o tan sólo por mantener el que ya tiene, podrá privilegiar a unos o a otros, pero no podremos nunca escapar a esa fatal diatriba; no podremos nunca ofrecer al ciudadano más posibilidad de elección que la existente entre males de distinta clase; ni tan siquiera males mayores o menores: el baremo será cualitativo, pero difícilmente cuantitativo.

Ahí es cuando se nos revela, al menos para algunos, la naturaleza intrínsecamente perversa de intentar orientar la acción humana en un sentido o en otro. Debiéramos hacernos la pregunta que entraña el verdadero núcleo de todos estos conflictos éticos que tanto se resisten a resolverse, o a lograr un consenso general: 

¿Puede ser la libertad, por sí misma, culpable de algo?
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La máxima expresión de aquella fatal arrogancia de buscar orientar la acción humana, no cabe duda, la encarnaron el totalitarismo soviético y el totalitarismo nacional-socialista.
Y por más que los historiadores e intelectuales de izquierda se empeñen en vincular el segundo de estos regímenes "al capital", o incluso los más lanzados de ellos hablen del nazismo como de "una estrategia desesperada" del mismo -como si éste fuese un ente con personalidad propia que toma unilateralmente decisiones-, lo cierto es que todo cuanto podemos decir es que algunas empresas, incluso importantes, llegaron a acuerdos con el gobierno nazi. Pero constituiría monumental falacia responsabilizar a un sistema, económico o político, de lo que decidan hacer unos cuantos de los actores que intervienen en, o se atienen a, tal sistema.

Una vez mostrada la conveniencia de esa tergiversación, podemos volver a centrarnos en todo aquello que de común tenían las dos cosmovisiones -siempre mucho más de lo que estarán dispuestos a reconocer sus respectivos herederos-. Lo que sabemos bien es que, tanto una como otra, se declaraban enemigas del modelo liberal, lo que venía a significar, en realidad, que eran enemigos declarados de la sensatez, de la racionalidad, de la historia, del progreso humano, y de la civilización (de esa misma gloriosa civilización europea que, al menos uno de ellos, venía a "salvar").

Parejos impulsos negadores y destructores, de parejas raíces plebeyas, fueron los manifestados por estos nuevos bárbaros de Occidente. La barbarie mostrada no podía ser otra cosa que plebeya, pues se instituyó en poderoso vehículo de las más bajas pasiones surgidas de los más bajos estratos de la sociedad, tanto en el sentido económico como en el cultural o intelectual.

Y por mucho que los nazis dijeran reivindicar lo aristocrático y tradicional, y algunos de ellos hasta pretendieran que se les viese como aristócratas, cuando ayer mismo eran plebeyos de la peor clase, no puede llevarnos ello a engaño, como no lo hizo con aquellos auténticamente imbuidos de la mentalidad tradicional y aristocrática que tenían un proyecto de III Reich bien distinto, en que sí primaba la grandeza de las auténticas élites y no la bajeza de las turbas furiosas. (Recordar, a este respecto, la opinión manifestada por los representantes de la Konservative Revolution o por Julius Evola sobre la naturaleza obrerista y plebeya del Régimen de Hitler.)

Tan sólo doy una muestra más de la intrínseca relación entre una cosa y la otra: ¿Puede existir siquiera una "barbarie aristocrática"? A lo sumo, podríamos observar en la historia la barbarie practicada por algunas noblezas por completo degradadas. Pero nunca veremos que la practice ni la aliente ninguna genuina aristocracia. De ella -de quién si no- es de donde proceden todas las que hoy tenemos por buenas formas.

«Es digno de notar que quienes más se exaltaron en ensalzar los salvajes impulsos de nuestros bárbaros antepasados fueron gentes tan enclenques que nunca habrían podido adaptarse a las exigencias de aquella "vida arriesgada". Nietzsche, aun antes de su colapso mental, era tan enfermizo que sólo resistía el clima de Engadin y el de algunos valles italianos. No hubiese podido escribir si la sociedad civilizada no hubiera protegido sus delicados nervios de la rudeza natural de la vida. Los defensores de la violencia editaron sus libros precisamente al amparo de aquella "seguridad burguesa" que tanto vilipendiaban y despreciaban. Gozaron de libertad para publicar sus incendiarias prédicas porque el propio liberalismo que ridiculizaban salvaguardaba la libertad de prensa.»

(Ludwig Von Mises, ´La acción humana`.)
Ludwig Von Mises, economista y filósofo
de la Escuela Austriaca.

Esa oposición virulenta al mundo que han alumbrado la Ilustración y el liberalismo, con la burguesía a la cabeza, tiene sentido hasta cierto punto. Yo me opongo con pareja vehemencia a muchos de los frutos de esa Modernidad; lo que no hago es reclamar que se subvierta por completo, que se arrojen todos sus frutos -buenos y malos- al basurero de la historia.

Durante mucho tiempo también me dejé seducir por esos fantasmas de insatisfacción crónica, ese fatalismo histriónico, esa pose de desprecio hacia todo y hacia todos.

Si uno los busca, desde luego, siempre va a encontrar motivos de desagrado en el mundo que le rodea. Muchos, de hecho, solemos tener los ojos más abiertos para todo lo negativo que hay en él que para todo lo que pueda haber también de positivo. Por eso dije antes que quienes se rebelaron del modo que lo hicieron contra CIERTO liberalismo y CIERTA modernidad, se rebelaban en el fondo contra la misma historia, contra la misma evolución cultural humana. Por ello acusé también a esos "rectificadores del rumbo de la historia", y acuso ya sin rubor a las ideas anti-capitalistas en general, de ser todas hijas del alma plebeya -en el sentido nietzschiano, aun enmendando a Nietzsche-, esto es: del rencor, del revanchismo, de la estrechez de miras, del moralismo empeñado en buscar culpables y víctimas. 
Y digo "en el sentido nietzschiano, aun enmendando a -o polemizando con- Nietzsche" porque sin salirme de su lógica, veo incongruencia en aquella parte de sus condenas (suyas o de sus seguidores) que se dirigen al mundo burgués en conjunto, cuando en todo caso debieran estar dirigidas a aquella parte más vulgar, más plana, más dócil, de lo que entendemos por "burgués". No guarda coherencia alguna el odio que muestran muchos de quienes se hacen eco de sus ideas hacia la riqueza en sí misma, por poner un ejemplo harto frecuente; como no la guarda tampoco la apelación al instinto primitivo de las clases bajas "enfrentadas" al "mundo de las finanzas" o a la "clase empresarial", como expresión de una cierta élite -en esto, los "nazi-nietzschianos" están hechos unos plebeyos y unos cristianos de cuidado-; siendo además éstas élites financieras y empresariales parte vital de la civilización que, bien que mal, ha posibilitado que estemos todos aquí, la mayoría de nosotros con las necesidades suficientemente cubiertas como para haber leído a incendiarios filósofos y poner en nuestra boca sus poco medidos -y en ocasiones, poco meditados- ataques contra esa misma civilización.

«A diario cabe trastocar las escalas valorativas y preferir la barbarie a la civilización o, como dicen algunos, anteponer el alma a la inteligencia, los mitos a la razón y la violencia a la paz. Pero preciso es optar. No cabe disfrutar, a un tiempo, de cosas incompatibles entre sí.»

(Ludwig Von Mises, ´La acción humana`.)

Errar el tiro es nuestra especialidad desde tiempos inmemoriales. Dirigimos nuestra ira hacia el libremercado, hacia los principios liberales y hacia las bases que sostienen eso que hemos llamado capitalismo, cuando quizá aquellos males de que somos conscientes se deben a otros factores más dispersos y menos identificables a simple vista. Pero claro, es mucho más fácil clamar contra las ideas que constituyen la base del mundo en que vivimos, las cuales son simples y diáfanas, que hacerlo contra hechos concretos, complejos, y que se pierden en el gran escenario del tapiz que llamamos realidad. Lo que primero percibimos es el marco de dicho tapiz, por eso buscamos culpar a esa sustancia primera in-formadora antes que a cualquier otra circunstancia más contingente. 
Es muy común, por ejemplo, meter en un mismo saco al sistema capitalista y a la política exterior estadounidense, cuando esto no resiste un somero análisis en sus más básicos silogismos. No se puede aducir como argumento el que algunas corporaciones con sede en USA hagan negocio con, y tras, muchas de las guerras llevadas a cabo por su gobierno. Del mismo modo que aquellas otras, algunas también norteamericanas, no vieron problema en hacer negocios con el Régimen Nazi; y del mismo modo que, como vimos en el comienzo de estas líneas, empresarios de diverso ramo se acercan al Estado, y éste consiente tal cercanía y el trato privilegiado que suele ir unido a ella. Para ubicar correctamente las situaciones o los procesos a los que nos estamos refiriendo es necesario ubicar primero el significado de los términos que para tal uso empleamos: "Capitalismo" es, en estricto rigor, un conjunto de costumbres, modos de producción, organización y cálculo económico que lleva implícitas unas normas consensuadas, como son el respeto a la propiedad, a la competencia, y por tanto a la libertad de mercado y al cumplimiento de los contratos. Todas las figuras fantasmales que le adherimos, todo el conjunto de connotaciones que ha ido arrastrando como un imán lo haría con las esquirlas de hierro que se encuentra a su paso, o como un Mr. Potato al que cada uno le va añadiendo los rasgos que le viene en gana, sólo alegan en su defensa la torpe excusa de que "forman parte de la lógica del sistema". 

Esta frecuente confusión en la asignación de culpas, a ideas abstractas en vez de a hechos concretos, la ilustra con acierto uno de los liberales más honestos y respetables con los que yo me he topado, el argentino Alberto Benegas Lynch:

«Las llamadas "liberalizaciones", o "privatizaciones" -que se tradujeron en monopolios que pasaron de ser públicos a privados-, poseyendo los segundos mayores incentivos, han hecho más daño que los primeros (...) Claro, poniéndonos en la piel de los intelectuales de izquierda honestos, cuando ven que, bajo la etiqueta de "liberalismo", están todos esos pseudo-empresarios haciendo tratos con los gobernantes, abusando de los ciudadanos, y beneficiándose de favores de diverso tipo, exenciones fiscales incluidas, es normal que digan: "si esto es el liberalismo, quiero cualquier cosa menos el liberalismo".»

[Es un resumen redactado de manera libre para hacerlo lo más conciso y explicativo posible. Pero soy muy fiel a sus palabras -las que, como mucho, he reordenado-.]

¿No es éste el gran problema de entendimiento, que en algún punto es puramente semántico, sobre el famoso liberalismo "real"? (Curiosamente, los liberales muchas veces identifican el socialismo "real" con el que se llevó a cabo de facto con esa etiqueta, y no con el que puedan plantear los que niegan, exactamente igual que ellos frente al liberalismo actual, que eso fuese socialismo.)

Parecen no salir nunca unos y otros de esta especie de círculo vicioso. El juzgarte a tí según tus ideales y al otro según sus resultados no puede ser la norma, porque tarde o temprano se percatan muchos de que todo ello no es sino una tomadura de pelo. 
Pero el problema adquiere otra naturaleza cuando alguien con más altura de miras pone las cartas sobre la mesa. Se pone entonces fin a ese diálogo de besugos, o al menos se sientan las bases para ir más allá de él. Y para tal propósito se requiere una sencilla fórmula. Ésta es la que usa otro intelectual liberal-libertario que merece todo mi respeto, el gallego Miguel Anxo Bastos, cuando dice: «Debe compararse siempre el socialismo real con el liberalismo real, y el socialismo utópico con el liberalismo utópico». 
Otra cosa está por completo falta de rigor, y fuera de lugar. 
Y haciéndolo es cuando podemos advertir claramente que, incluso quienes hemos sido y somos muy críticos con las ideas liberales, tanto en el plano concreto como en el ideal, salta a la vista que resultan ser las "menos malas".

Pero como son las menos malas -no, por tanto, perfectas- y como seguimos poníendoles unas cuantas pegas, nos siguen llamando la atención algunas omisiones en las mismas. Sin ir más lejos, cuando quienes hablan del capitalismo de manera tan "neutra" y "aséptica" nos presentan al empresario como alguien que "no tiene más remedio, para triunfar, que atender las necesidades de los demás" nos preguntamos inmediatamente: ¿qué ocurre, entonces, con todo aquello de que se nos convence que "necesitamos", cuando hasta hace muy poco no parecíamos hacerlo? Creo verán lícito admitir quienes intentan "vendernos" la imagen anterior que, cuando menos, puede ser algo engañosa. Y de hecho, otros como el chileno Axel Kaiser nos recuerdan la visión de Adam Smith, bastante menos idealizada, y que corrobora esto que digo: 

«El interés de los dealers en cualquier rama del comercio o las manufacturas es siempre distinto e incluso opuesto al del público. Ampliar los mercados es cerrar la competencia siempre en interés del empresario, y cualquier regulación que venga de este orden de hombres vendrá de un orden de hombres que tiene el interés de engañar al público». 
Adam Smith, economista que se
asocia al "liberalismo clásico".
Kaiser tan sólo añade a las palabras de Smith que la condición humana es invariable, pero que al menos, bajo estas normas es como podemos comportarnos lo más "civilizadamente" posible. Y en ese sentido 
-siguiendo tal lógica, no digo que yo lo suscriba- lo único que debiera preocuparnos es que los empresarios, cuales sea, no logren tener influencia sobre quienes hacen las leyes.

Ha quedado claro durante todos estos párrafos, por tanto, que ya no soy de aquellos que andan buscando el origen de todos los males en el capitalismo. Ahora, existe una diferencia entre ver las cosas lo más aséptica y néutramente que se pueda (esta vez sin comillas) y otra querer obviar las realidades que chocan con la idea que queremos presentar, y quizá hasta sin ser uno consciente, "vender" ese evidente sesgo como "pura objetividad", como aún pienso que hacen muy a menudo los liberales, tal como acabamos de ver en la idealización cuestionada por Kaiser y Smith (que constituyen honrosa excepción en este caso). Pero sobra mencionar que lo mismo hará todo aquel que intenta persuadirte de una idea cuando la juzga acertada, lo cual es del todo lícito, pero no desde luego inocente ni carente de artimañas.

Lo que sí debo reconocer es que la acusación de "mercadolatría" que frecuentemente he lanzado contra teóricos liberales y libertarios es algo que mi honestidad me obliga hoy a plantearme desde otra perspectiva. Tras empaparme de los ineludibles argumentos de Hayek sobre los "órdenes extensos", y también de los no menos ineludibles de Von Mises sobre la Acción Humana, empiezo a ver que no hay razón para presuponer que se trate de una "adoración a un ente abstracto y necesariamente benéfico", y que es más lícito entenderlo como mera defensa de esa ACCIÓN HUMANA ESPONTÁNEA, ya sea en el ámbito del Mercado O EN OTROS. 
Rodaje del film clásico ´Star Wars`.

El acierto de Hayek en "la fatal arrogancia" está en hacernos ver claramente esto y desmontar gran parte de las "metáforas que nos piensan" cada vez que nos referimos a tal "ente". El fallo sería el de aludir tan a menudo a esos otros "órdenes extensos análogos" y no especificar nunca de cuales se trata. Yo creo haber identificado algunos de ellos: 
Bien podrían estar los ejemplos que buscamos en la colaboración multi-disciplinar que encontramos en el mundo del cine, el teatro o la música. 
Me explico. Tanto en la actividad empresarial como en la artística se precisa de gran cantidad de individuos ultra-especializados -de reunir "conocimientos dispersos"- que colaboran en la consecución de un mismo fin. De igual manera, pues, que en lo que conocemos como "capitalismo" se dan cita publicistas, empresarios, industrias de infraestructura, contables, banqueros, maquinistas, obreros manuales, etc... en la música se requieren de guitarristas, percusionistas, bajistas, vocalistas, arreglistas, productores, ingenieros de sonido, roadies, de nuevo publicistas, y de nuevo empresarios, en este caso discográficos. Y en el cine y el teatro, tres cuartos de lo mismo, pero de forma aun más diversa y EXTENSA: directores, productores, actores, fotógrafos, camarógrafos, iluminadores, tramoyistas, escenógrafos, encargados de vestuario, distribuidores, proyeccionistas, etc etc...
Los órdenes extensos conjugan multitud de talentos individuales
sin requerir inter-disciplinariedad ni apenas colaboración directa 
entre los mismos. Sólo mediante ellos el individualismo logra
transmutarse en obra cooperativa, o dicho de otro modo, 
en "bien común".

Creo que, en el empeño por alcanzar una visión más completa y objetiva de nuestras sociedades modernas, esta analogía entre "diversos órdenes extensos" resultaría muy pedagógica y ayudaría a quitarnos de encima unas cuantas ideas preconcebidas y del todo infundadas, las cuales no ayudan sino a la incomunicación, a la incomprensión, y a las actitudes irracionales.


jueves, 19 de febrero de 2015

"¿Es el Marxismo una teoría conspirativa?"

(Anexo a "Comentarios sobre ´Dialéctica del Iluminismo`".)


Dejaremos para la segunda parte del análisis sobre esta obra sus fragmentos más inspiradores, o su valor más constructivo. En este anexo nos dedicaremos a incidir en su dimensión más puramente ideológica, en la cual se halla, a mi juicio, su parte más negativa, y que considero, por ello, vital el exponer y, de algún modo, desmontar.

Para ello, será necesaria una pequeña introducción:

Como muchos de ustedes ya sabrán, el Marxismo considera al Estado, y la sociedad entera, junto con las leyes que nos son dadas, como un "sistema de dominación", sin medias tintas ni excepción alguna. Cuando ellos son quienes lo toman, entonces, sorpresiva e inexplicablemente, deja de serlo.

La realidad humana, y todo lo que la contiene, debe ser interpretada dialécticamente, o mejor dicho, MANIQUEAMENTE, en clave de "clase dominante" y "clase dominada". Todo lo que hay de injusto, o se percibe como injusto, en nuestro mundo, tiene como fundamento el "orden burgués".
¡Nada puede escaparse a esa torcida y obsesiva visión!

El Marxismo es, como escribió Karl Popper, un "sistema de pensamiento que se autojustifica, y ante el que no cabe refutación alguna, en tanto que se retroalimenta ad infinitum".

Así, cada vez que alguien denuncia en él una incoherencia, rápidamente "saca de la chistera" una respuesta conveniente que vuelve a retroalimentar el sistema: 

-¿Contra quién luchamos? -Contra la burguesía. -¿Cual es nuestro fin? -La liberación del yugo burgués. -¿Quién es nuestro liberador? -¡Lenin!
-¿Y entonces, por qué Lenin se muestra tan autoritario y sus comisarios políticos han montado semejante carniceria? 
-Porque no le quedó otro remedio, los burgueses no le querian dejar establecer un sistema justo. 
-¿Oye, Y quienes son estos fascistas, que recuerdan tanto a los bolcheviques? 
-Sí, nos imitan con el fín de engañar al proletariado internacional y que vuelva al redil de su nación burguesa. Se trata de una jugada maestra 
-¿Oigan...pero los nazis estos....no recuerdan mucho, en como persiguen a los judios, a como nosotros perseguíamos a los burgueses? -No, nada que ver, los fascistas lanzan a los proletarios unos contra otros, a los penúltimos contra los últimos, y así se salva la burguesia, que es quién inventó la artimaña. 
-¡Si, si! Pero.. ¡Ellos también acusan a los judios de todos los males del mundo, igual que nosotros hacemos con los burgueses! ... 
-Puede ser, pero es que la burguesía es real, la judería es una invención. 
-...¿Pero los judíos existen, no? -Si, claro que existen, pero no son la clase dominante. 
-Bueno.. ¿Pero no es cierto que hay muchos judios en los estamentos más altos de la política, la banca, la empresa y la cultura? -Sí, pero los burgueses son los que dominan todo. 
-Pero, entonces, ¿por qué debo creerme que los burgueses son los culpables de la miseria económica, moral y espiritual.. del Imperialismo y el sojuzgamiento de la mujer, que son uno con la Iglesia y las fuerzas de la tradición, y que hasta el fascismo es invento suyo? 
-Bueno.. Porque es evidente, ¿no? 
-Puede ser, pero también resulta evidente para los nazis que en los judíos está el origen de todos los males que nos asolan... 
-¡Basta ya! ¿Qué eres, un traidor a la causa proletaria? ¡Los fascistas se equivocan y nosotros llevamos la razón! ¡Se acabó la tonteria ya, hombre! (y como digas una palabra más, te regalo unas vacaciones en Siberia)

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«La doctrina de la verdad manifiesta, no sólo engendra fanáticos -hombres poseídos por la convicción de que todos aquellos que no la ven deben estar influidos por el demonio- sino que también conduce (...) al autoritarismo.» (Karl R. Popper.)

«Volved ateos y amorales a los pueblos que queréis subyugar: mientras no adore a más Dios que a vos no tendrá más costumbres que las vuestras, seréis siempre su soberano... Ahora bien, en compensación dejadle la más amplia facultad del crimen sobre sí mismo; no le castiguéis jamás, a no ser que sus dardos vayan dirigidos contra vos» (Maquiavelo)
..................

Esto último que describe tan preclaramente Maquiavelo se ha manifestado en todos los regímenes comunistas, y por extensión, en todos los regímenes totalitarios que el siglo XX ha visto. No se trata necesariamente  de "volver a las sociedades ateas" en el sentido más literal, se trata de eliminar todos sus valores anteriores, su sentido de trascendencia, si lo tuviesen, así como sus vínculos socio-culturales y toda clase de referencia anterior a la revolución, la cual impone sus nuevas referencias; y así, todo remite, en la nueva cosmovisión generalizada, a los valores y anti-valores que proclama la "vanguardia revolucionaria". Esto vendría a ser como decir que "A partir de entonces, el mundo en que vivirán estas sociedades, y en torno al cual surgirán sus opiniones, valores, y deseos, será una costrucción de la nueva oligarquía; por tanto, un producto hecho a la medida de su perspectiva, pero sobre todo, de sus intereses."

Y esto es también lo que hacen los intelectuales marxistas en un nivel, ya no popular, sino pretendidamente academico, y hasta "científico". Así, Adorno y Horckeimer abonan y riegan con gran "celo revolucionario" -o "conciencia de clase"- las tesis que ayudan a conformar esta cosmovisión tan maniquea y, sobre todo, tan conveniente.

Fíjense en como se nos pretende convencer de la idea de que "Hitler es un producto del capitalismo y de la burguesía", o de que "el nazismo estaba, está, y estará, en el mismo germen de la sociedad industrial, o liberal". De este modo queda el mundo occidental entero dividido entre, por un lado: burgueses/liberales/capitalistas (que, en última instancia, son los que engendran "el terror totalitario"); y por otro: proletarios/marxistas/socialistas (que, si atendiéramos únicamente a lo que ellos nos dicen, no han cometido jamás ningún pecado, ni muchísimo menos han dado lugar a ninguna clase de totalitarismo.) Pero vayamos a las palabras de los propios autores:

«Al incorporar totalmente los productos culturales a la esfera de la mercancía, la radio renuncia a colocar como mercancía sus productos culturales. En Estados Unidos no reclama ninguna tasa del público y asume así el carácter engañoso de autoridad desinteresada e imparcial, que parece hecha a medida para el fascismo. En éste, la radio se convierte en la boca universal del Führer; y su voz se mezcla, mediante los altavoces de las calles, en el aullido de las sirenas que anuncian el pánico, de las cuales difícilmente puede distinguirse la propaganda moderna. Los nazis sabían que la radio daba forma a su causa, lo mismo que la imprenta se la dio a la Reforma. El carisma metafísico del Führer inventado por la sociología de la religión ha revelado ser al fin como la simple omnipresencia de sus discursos en la radio, que parodia demoníacamente la omnipresencia del espíritu divino.(....)»

Hablan de "metafísica", pero nada más metafísico, literario, y por completo gratuito, que la interrelación de dinámicas y procesos que ellos hacen, intentando justificar su estrambótica tesis por medio de una concatenación de vinculaciones de lo más arbitrarias (o cuando menos, subjetivas.) 
Sí, podríamos relacionar la industria cultural y la sociedad de consumo con la aparición de una figura como Hitler, pero del mismo modo que podríamos relacionarlo con cualquier otra cosa que nos viniera en gana. Lo que hacen los autores en esta parte del libro es pura divagación metafísica, algo que puede servir como una suerte de poesía febril, de aforismo delirante, pero nunca como estudio serio de la sociedad, la política o la historia.

«(....) Finalmente, el dictado de la producción, el anuncio publicitario específico, enmascarado bajo la apariencia de la posibilidad de elección, puede convertirse en la orden abierta del Führer. En una sociedad de grandes Rackets fascistas, que lograran ponerse de acuerdo sobre qué parte del producto social hay que asignar a las necesidades del pueblo, resultaría finalmente anacrónico exhortar al uso de un determinado detergente. Más modernamente, sin tantos cumplimientos, el Führer ordena tanto el camino del sacrificio como la compra de la mercancía de desecho.»



    (Sin comentarios.)
             ...............







En el anterior capítulo también mencioné, de pasada, la obra de Erich Fromm ´El miedo a la libertad` y dije que nos dedicaríamos a comentarla en un texto específicamente dedicado a ella. No es esta, por tanto, la ocasión de hacerlo, pero si de analizar esa dimensión de la obra a la que me referí aquella vez, la cual es extensible a toda la Escuela de Frankfurt y que, como también dije entonces, consiste en tomar como paradigma del "terror totalitario" al fascismo (más concretamente, el Nacional-socialismo alemán) no haciendo ni mención del otro totalitarismo (que fue, cuando menos, igual de destructivo).
Erich Fromm, como ya aclaré, es un autor al que tengo en mucha mayor estima que a los que acabamos de "destripar", pero que, como he dicho, comete el mismo "pecado" que estos, lo cual puede expresarse, a modo de resumen, en el siguiente fragmento:

«Llegamos así a definir como ideal verdadero todo propósito que favorezca el desarrollo, la libertad y la felicidad del yo, considerándose, en cambio, ficticios aquellos fines compulsivos e irracionales que, si bien subjetivamente representan experiencias atrayentes (como el impulso a la sumisión), en realidad resultan perjudiciales para la vida. Aceptada esta definición, se deduce que un ideal verdadero no constituye una fuerza oculta, superior al individuo, sino que es la expresión articulada de la suprema afirmación del yo. Todo ideal que se halle en contraste con tal afirmación representa, por ello mismo, no ya un ideal, sino un fin patológico. (....) ¿Qué pensar entonces de aquellos "ideales" que, como los del fascismo, se dirigen decididamente contra la vida? ¿Cómo podemos comprender el hecho de que haya hombres que los sigan tan fervientemente, como los adeptos de ideales verdaderos siguen los suyos?»

¿Pero no es también patológico, irracional, y perjudicial para la vida, el rencor cultivado con ahinco por los propagandistas de izquierda? ¿No sucumben también muchos de los que adoptan estas ideas (no digo que todos) a bajas pasiones como la envidia, la busqueda de culpables en el exterior, o la proyección en los demás de las propias carencias?
¿O es que es el fascismo el único que se sirve de alimentar en nosotros la lógica del chivo expiatorio?


Quizá es que consideramos legítima esta justificación cuando va dirigida contra "los fuertes", e ilegítima cuando lo hace en contra de "los débiles". Sin embargo, en uno y otro caso se trata de lo mismo, de evadir la propia responsabilidad, de calmar la conciencia por medio de la proyección de la culpa en otros, de dividir el mundo en "malos y buenos", "justos e injustos", pero no atendiendo a las acciones o a las actitudes particulares de cada individuo, sino adjudicándoles uno u otro bando por mera razón de su estrato social; colocándolos por tanto en el lado de los culpables o de los inocentes sin conocer ni un solo rasgo de su personalidad, actitud, o rutinas diarias. 
¿No es esto lo mismo que hace el fascismo? 
¿A qué se debe entonces tan sospechoso doble rasero? 
(Creo que al colocar el adjetivo "sospechoso" ya he respondido parcialmente a la pregunta. Les considero a ustedes lo suficientemente rápidos para captar por donde van los tiros.)

Recordemos a este respecto que los judíos, por acudir a la referencia más archiconocida, no eran exactamente "los más débiles" de la sociedad alemana. Al igual que "la burguesía" hoy, un amplio sector de la comunidad judeo-alemana ocupaba altos puestos en la política, la empresa, la banca, o la industria cultural; y al igual que "la burguesía" hoy -e incluso ayer- otros muchos tenían negocios no tan boyantes, y no tan destacados, pero se les tomó como parte de una misma "superclase" y, dentro de esa lógica del chivo expiatorio, pagaron justos por pecadores, y se asimiló la comunidad hebrea, en conjunto, a una "élite privilegiada y explotadora del Pueblo alemán".

No tomemos, por tanto, la perspectiva sesgada de la izquierda como verdad manifiesta (que es lo que ellos pretenden). Procuremos ir más allá de lo que nos plantean como evidente, y no caigamos en la trampa de "comprar" los "hechos" tal como nos los muestran.

Este es mi humilde consejo, o si me lo permiten, incluso advertencia
Cúrense, en la medida de lo posible, de la neurosis de la ideología, y dejen que el aire fresco entre en sus apolilladas mentes y se lleve el aroma a rancio del viejo marxismo, el viejo liberalismo, o el viejo anarco-sindicalismo, falangismo.. o lo que quiera que conquistara, un día, su juicio sobre la realidad y que sometió, sin usted advertirlo, su pensamiento genuinamente libre.

Mens sana in sana libertas.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

"ANARQUISMO vs IGUALDAD"







La urgencia es doble: Nuestra única salida digna consiste en impulsar dos revoluciones opuestas y paralelas, de tal modo que estén sincronizadas en tiempo e intensidad.

1 -REVOLUCIÓN SOCIO-POLÍTICA "DE IZQUIERDAS":


Recuperar el poder local y cercano en detrimento del central y lejano.
[Anarquismo posibilista] Pararle los pies al Estado, por todos los medios posibles. Llevar todas las tomas de decisiones que podamos al ámbito municipal. Descentralización y construcción de una nueva y legítima representatividad política por distritos.


2 -REVOLUCIÓN SOCIO-CULTURAL "DE DERECHAS":


Inversión, incluso dirigida, de los valores post-modernos/post-cristianos igualitarios. ¡Romper la baraja y dar un golpe en la mesa!

"¡Ya está bien de tanta tonteria, hombre!" JA, JA, JA, JA!!

.. Retomar "cierto" respeto por la sabiduría popular, ancestral..  Recuperar la autoridad de la experiencia de las generaciones pasadas.. Dejar de una vez de creer que vamos a reinventar el mundo de un día para otro y a TORNARLO DE COLOR DE ROSA...
Dejar defitivamente atrás QUIMERAS como el igualitarismo, el multiculturalismo y el universalismo.

¡GAME OVER, SORRY! 

¡Despierta, incauto! ¡EL HECHIZO FUE LINDO, PERO SE ESFUMÓ!



~~

Y no es esto una salida de tiesto sin más. No defiendo una revolución política "de izquierdas" y una socio-cultural "de derechas" porque "tenga ese capricho". Todo lo contrario, defiendo esta posición, a primera vista heterodoxa, por ser la única capaz de triunfar.




El "anarquismo clásico" de izquierda -y más aún, aquello en que ha degenerado en la actualidad- se trata de una posición, no sólo utópica -como acertadamente les suelen echar en cara- sino por completo contradictoria, y en exceso deudora del Marxismo (que no de Marx, ¡ójala fueran marxistas de Marx, y no de los que han usurpado su legado!)

Estos anarquistas dogmáticos, bobalicones, que no saben decir una sóla palabra que hayan pensado por sí mismos.. preguntémonos: ¿qué pretenden? (Porque no está nada claro, y muchísimo menos como llevarlo a cabo)

Pretenden que el dirigismo del Estado sea sustituido por una organización social "horizontal", y parecen, habitualmente, más obsesionados con la horizontalidad que con la dirección, esto es... Están, al final, más preocupados por la igualdad que por la libertad; y por tanto esperan que, espontáneamente, y sin ningún tipo de coacción, la sociedad "se iguale" y nadie destaque por encima de nadie, rompiendo ese perfecto horizonte... horizontal.

¿Pero como esperan conseguir tal cosa, a no ser mediante uno u otro tipo de coacción? No se puede obligar a la gente a ser igual, por la fuerza, sin una suerte de dictadura del proletariado. Lo contrario, ya no es utopismo, sino absoluta imbecilidad.

Si somos anarquistas, si somos personas verdaderamente concienciadas de las dinámicas intínsecas -¡y sí, perversas!- del Estado, deberíamos habernos dado cuenta ya de que el sentimiento izquierdista más esencial es justo el MIEDO A LA LIBERTAD, el reclamo de que el Estado "corrija" los "desequilibrios", de que "no deje a nadie desatendido", la demanda a quienes ejercen la autoridad de que se ocupen de ellos en todo lo que sea física, humanamente, posible.


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Lo más opuesto a un anarquista, deberíamos habernos dado cuenta de una maldita vez, no es el liberal o el nacionalista, SINO EL COMUNISTA.

El comunista es una clase de persona que detesta profundamente el libre discurrir de los hechos, de las sociedades, y de la Historia. El comunista es el tipo más desconfiado y controlador que existe sobre la faz de la Tierra. Dice luchar en favor de la gente, pero NO CONFÍA EN LA GENTE; invariablemente, considera que la sociedad se equivoca, y cree ser él una persona más justa y más moral que la masa, "que si la dejaran a su antojo, enseguida volvería a fabricar intereses de clase".

Por eso no es una arbitrariedad conjugar la democracia municipalista, el anti-estatismo, con el anti-izquierdismo declarado, y sin pelos en la lengua. 

Por eso, ¡sólo renunciar a la quimérica igualdad, con todo lo que ello conlleva, es la única manera de caminar hacia futuras sociedades libres!


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Si ustedes siguen siendo de aquellos con demasiado miedo a que, sin Estado, "se desatienda a los débiles", se lo diré claro: o bien son ustedes, en el fondo, no otra cosa que tiranos, o bien, son los tontos útiles de los "hombres de Estado", engatusados por estos para seguir creyendo a pies juntillas, ¡aún a estas alturas!, que EL ESTADO PUEDE SER LA SOLUCIÓN A ALGO.

Si son ustedes de aquellos que aún están convencidos de que "la sociedad les debe algo", olvídense del municipalismo, de la libertad política, y de otras fórmulas democráticas radicales y libertarias, porque lo suyo siempre será el AUTORITARISMO Y EL DESPOTISMO.

SALUD.




sábado, 26 de julio de 2014

"EN DEFENSA DE LOS FASCISTAS" (En defensa de la libertad de expresión y pensamiento)


Nuestra sociedad no es tan libre y tan plural como nos dicen. Hay "ciertas ideas" que están apartadas, que han sido "seccionadas quirúrgicamente" del abanico de ideas permitidas. Son posturas que, sencillamente, no tienen cabida en nuestro "crisol de ideas democrático".

¿Por qué hablar contra el igualitarismo es siempre sospechoso de "nazi", pero hablar a favor de él no es sopechoso de "stalinista"?
(Hitler, Stalin, y Mao, un representante de la derecha
totalitaria y dos de la izquierda. Los tres por igual:
representantes del totalitarismo más descarnado.)

¿Por qué contemplar el factor étnico es racista y "conduce al genocidio" mientras que atacar y demonizar el mismo concepto hasta la saciedad es "propio de una sociedad libre"?

¿Por qué los considerados fascistas no pueden defender su posición y someterla a debate ante sus contrarios y sí pueden hacerlo todos los demás? ¿Acaso el liberalismo, el comunismo y el cristianismo tienen menos "muertos a sus espaldas"?

No se trata de "tener simpatía por estas ideas", puedes tenerla en parte o no tenerla en absoluto, pero ¿Qué razón de peso hay para tolerar cualquier idea menos todas aquellas que "puedan parecerse, o recordar, a lo que dijo Hitler"? Insisto de nuevo: ¿Por qué no a todas las que "puedan recordar" a lo que dijo Stalin, que a la sazón, dejó bastantes más muertos tras de sí? 


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Algunos dicen, y creo que no les falta razón, que "Se ha asesinado muchísimo más en nombre de la igualdad que en nombre de la diferencia" (Comunismo, Cristianismo, Liberalismo ilustrado,...)

Esa reflexión, simplemente, la dejo ahí para "mover sus neuronas un rato".. Tampoco pretendo que sea una tesis inapelable.


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Pero volviendo a lo que me motiva a escribir esto, la libertad de expresión y de pensamiento, no parece haber más motivo para este doble rasero que la "secreta amistad" entre el comunismo y el liberalismo, ya que son ambos, en última instancia, herederos de la Ilustración y la Revolución Francesa; y por otra parte, que fué Stalin y no Hitler quién ganó la Guerra, y quién pudo instalar mejor su discurso hegemónico. 

Es cierto, y sería muy tramposo no mencionarlo, que para gran parte de la derecha -tanto liberal como conservadora- toda idea socialista también es "potencialmente stalinista", y condeno igualmente eso. Pero no es menos cierto que los izquierdistas, por radicales que sean, tienen siempre más oportunidades de difundir sus ideas que la llamada "extrema derecha" (que muchas veces, ni es extrema ni es derecha)


¿Quién defiende hoy el totalitarismo?
Ya está fuera del debate, porque nuestras sociedades ya no desean,
de ningún modo, un modelo de esa naturaleza.
Queda por tanto claro que hay aquí una descompensación, y un monopólio de lo no admitido. Ya expliqué en el artículo sobre "el discurso antifascista" que no es necesario ser cercano a estas ideas para condenar esta "extirpación quirúrgica" de las mismas. Yo, lo repetiré otra vez, no comulgo con el fascismo ni con los movimientos de nuevo cuño que hunden sus raíces en él, aunque sí reconozco que aluden a cuestiones que son importantes en nuestros días, pero ni siquiera comparto su modo de afrontarlas, por ello, pocos que conozcan bien mi manera de pensar podrán acusarme de ser más fascista que...socialista, anarquista, o demócrata liberal (no lo podrán hacer, al menos, si son honestos y rigurosos) Por eso, creo firmemente que todo defensor auténtico de las libertades y la pluralidad debería sintonizar con lo que planteo, a no ser, como digo, que no sean realmente tan pluralistas y tan defensores de la libertad como dicen ser.

Por todo ello, considero inapelable esta lucha por crear, en un futuro, una libertad de expresión y pensamiento más amplia, MÁS VERDADERA, MÁS COMPLETA...

...Por que los caricaturizados fascistas, identitarios, o nacional-revolucionarios, puedan lanzar a la palestra, y someter a la discusión de la ciudadanía sus ideas (malas o buenas). Pero no sólo ellos, sino todos los que compartimos su preocupación por determinadas cuestiones "extirpadas del debate", más allá de que compartamos tambien su óptica particular sobre ellas o su modo concreto de afrontarlas.