Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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lunes, 23 de noviembre de 2015

CONFUSIONES ENTRE NACIÓN, PATRIA Y ESTADO.


Quienes hoy se llaman conservadores o tradicionalistas asumen a menudo la nación-estado como parte de esa tradición, o de aquello que merece conservarse. Pocos vuelven la vista hacia modelos anteriores, aun cuando se hacen llamar enemigos de todo lo moderno -entiéndase, de la era así llamada-. Sin embargo, nadie puede cuestionar que el estado-nación es un invento moderno. Y es igualmente contradictorio reclamarse partidario de la tradición cuando se asume un modelo administrativo y gubernativo que se implantó sepultando a su paso cientos y cientos de tradiciones -culturas, instituciones, naciones, leyes, usos y costumbres-.

Es por eso que el patriotismo de los últimos siglos es un patriotismo impostado, ideal, abstracto.. tanto que se diluye en el éter si no hay un mapa o una bandera detrás. No es tanto un patriotismo de la nación como un ´patriotismo de Estado`. No nos engañemos: Es a Él a quién prestamos fidelidad; no a los ciudadanos, que son nuestros vecinos en diverso grado de cercanía. Y destaco esto último por ser otro motivo de grave arbitrariedad e injusticia, ya que una vez barrida toda institución regional, y una vez desechada toda red de apoyo local, no hay diferencia alguna entre nuestro paisano y el que habita la otra punta del territorio, la cual muchos tan siquiera han visitado.

¿Bajo qué perversa lógica se me fuerza a sentirme tan solidario con mi vecino próximo como con el que de sus costumbres y necesidades nada sé?

Es una impostura absoluta, una ficción mediante la que quienes ocupan en cada momento el estado logran de nosotros obediencia, respeto, colaboración tributaria y hasta el sacrificio de la propia vida en nombre de aquel -¡no de la nación!-. A ver si nos empieza a quedar claro: ¡Piden que nos sacrifiquemos por ellos, por personas de carne y hueso, no por nuestra tierra, el bien común, la ciudadania ni otras pamplinas! ¡Nos piden nuestra lealtad para servir a sus intereses!
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Y todo ello se ha logrado mediante técnicas psicológicas no demasiado sofisticadas, sino del todo burdas. Habida cuenta que todos tenemos un sentimiento instintivo de patriotismo, a través de los siglos este concepto fue pervirtiéndose hasta asimilarse con el moderno estado-nación. Más exactamente tomaron nuestro sentimiento ancestral de pertenencia y apego por aquella, nuestra tierra "hasta donde alcanza la vista", y lo reorientaron hacia esa nueva idea, esa mera abstracción representada por un trozo de tela y un contorno en un mapa. 

Pero nada más lejos de ese sentido de pertenencia que en otro tiempo se veía expresado con toda naturalidad ora en la identidad castellana, ora en la salmantina, ora en la española, ora en lo que se llamó "La Cristiandad"; pues se trataba éste de un sentido de pertenencia mucho más natural, orgánico, y armónico -o dicho de otro modo: de carácter incluyente en lugar de excluyente-. 


Se usó un sentimiento real hacia un objeto real (aunque de límites no del todo definidos, como es tantas veces lo orgánico) para, en el lugar que ocupó ese objeto, colocar una abstracción por la que nadie en su sano juicio experimentaría amor ni devoción alguna.
Se nos dió el cambiazo.. 

Apenas sin darnos cuenta, nos acostamos un día en un terruño de aires bucólicos, de límites difusos.. y nos despertamos al siguiente en una silueta perfectamente delineada en un mapa con una bandera colocada en el medio. Pocos podrán negar que fue, retrospectivamente, un notable empobrecimiento de nuestra idea de patria.
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La patria tradicionalmente se identificó con aquel mismo´terruño`. Y no hay otra que esa. Es la única que puede considerarse con entidad objetiva, por más que su delimitación nunca sea exacta Km. arriba, Km. abajo.. Stricto sensu, una se halla más lejos de su patria conforme se aleja de su lugar de nacimiento o de residencia (en el caso de que echara raíces por diversas razones en un lugar distinto del que naciera). Es cuestión, por tanto, de grado y no de "1 o 0" (dentro o fuera, ajeno o propio). Por eso las fronteras modernas expresan una artificialidad. Y por eso el concepto de patria asociada a estado-nación resulta absurdo una vez lo examinamos con mayor detenimiento.

La identidad cultural y territorial funciona mediante círculos concéntricos, no mediante conjuntos excluyentes. Uno no deja de ser europeo por ser alemán o francés y tampoco deja de ser alemán o francés por ser sajón u occitano, bávaro o bretón. Tampoco el franco-parlante suizo y el franco-parlante belga dejan de tener una misma o muy similar identidad lingüística por someterse a las leyes de dos estados-nación distintos. Ni tampoco cuando habitan dos ciudades distintas dentro del mismo país (las cuales vendrían a sumarse a los componentes de su identidad grupal incluso en mayor medida que los anteriores, pues las urbes acostumbran a imprimir uno de los signos de identidad más marcados.)

Cierto es que en la historia pre-moderna vemos los Estados -mejor dicho los reinos- como entidades unívocas, casi monolíticas-; y cierto es también que actuaban de ese modo en muy variadas ocasiones. Pero lo primero se lo debemos achacar a la mentalidad contemporanea con que observamos la historia antigua, así como al reduccionismo propio del estudio de los acontecimientos históricos a vista de pájaro. No vamos a discutir lo segundo pues resulta del todo innegable. Pero sobre aquello otro conviene profundizar en la ´VIDA INTERIOR` de esos reinos (todavía sólo proto-estados) para que se nos revele esa pluralidad, esa riqueza inmensa de lenguas, folklores, fueros, cortes, concejos municipales, feudos, órdenes monacales o de caballería.. muchos de ellos asumiendo el papel de CONTRAPODERES, e impidiendo a menudo que el monarca hiciese a cada momento aquello que se le antojara con los ciudadanos o territorios bajo su mando.

¡Aun el emperador Carlos V, con su inmenso poder, tenía a su cargo el gobierno de diversos reinos, cada uno de ellos con sus distintas lenguas y tradiciones, pero, asimismo, con sus distintas leyes!
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Ésta es la bandera del Estado Español.

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Ésta es la bandera de Las Españas.
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Pero llegó la hora de descender más a lo concreto: de abandonar el plural y referirnos ya en singular al estado-nación que nos toca más de cerca.

No logro aún entender las razones para defender a toda costa la "sacrosanta" unidad de España. Debe ser porque lo intento hacer desde la lógica y no desde el sentimiento religioso, que es desde el que se defienden tales cosas. 
Puede resultar inspirador, no lo niego, aquello del penta-centenario y "el estado más viejo de Europa", pero.. ¿Hasta cuando? ... ¿Hasta dentro de otros 500 años? ... ¿de 5000??... 

Echemos la vista atrás. Primero este territorio fue hogar de civilizaciones como la tartésica, luego de tribus íberas y celtas, luego de una parte del Imperio Romano, luego de tribus visigóticas, más tarde de tribus musulmanas y.. "por fin", de una casi homogenea población cristiana (aunque todavía políticamente dividida). Llegaron entonces los Reyes Católicos en el momento justo para conformar la nación como se supone debía ser ya... para siempre ¿¿ ?? ....

Ésta, entre otras consideraciones, me lleva a concluir que los que solemos llamar "españolistas" participan de un autoengaño (aunque no menos que los catalanistas, galleguistas o euskaldunes); un error producto de la estrechez de miras típica en quien juzga la historia sin salirse de la lógica de su época. Y un error producto de la mentalidad nacionalista, que lleva inserta la división entre amigo y enemigo; una ideología que se ha mostrado incompatible con la preservación de la raigambre y la tradición en un sentido extenso.

¿Qué es una nación? ... ¿Es la española, la francesa y la italiana.. o es la vasca, la bretona y la napolitana? Dejo eso para los historiadores y los etnólogos. Pero ya sea el caso uno u otro, si de verdad deseamos conservar la cultura española, ibérica, en toda su diversidad y riqueza, la opción más inteligente a tomar sería la RÚPTURA POLÍTICA del actual estado y su fragmentación en muy numerosas y pequeñas unidades gubernativas. 

El estado central, lo único que ha hecho y hará siempre es destruir la llamada ´cultura nacional` a base de homogenizarla, desnaturalizarla, caricaturizarla, instrumentalizarla y pervertirla. Y lo mismo se aplicaría a unos hipotéticos Paixos Catalans o a una Euskal Herría que incluyera a Navarra y su "homóloga" tras los Pirineos. Sólo las pequeñas unidades políticas poseerán el incentivo de conservar su identidad -todas las dimensiones de su identidad- porque, como explicamos antes, lo regional y lo peninsular no son excluyentes, del mismo modo que no lo son la españolidad y la europeidad. 

Sin embargo, el nacionalismo sí es excluyente, o al menos, tiende invariablemente a serlo. Como tiende asimismo a ser homogeneizador y expansionista. Por ello el ideal secesionista es opuesto al nacionalista: El secesionismo busca fragmentar porque es muy consciente de las ventajas de la ciudad-estado, del cantón y la micro-nación; mientras que el nacionalismo rara vez puede evitar sus ansias de "grandeza" y, derivadas de ella, su voluntad de fagocitar las realidades culturales en torno suyo, lo que se traduce en la negación de las mismas, cuando no en su invasión militar o en cosas aún peores.
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Podría coronar esta reflexión con la famosa cita de Nietzsche sobre el Estado y la cultura, pero está ya muy vista. Así que, en su lugar, les remito a otra de Hans-Hermann Hoppe a propósito del auge económico y cultural de los pequeños estados en que permanecía dividido Flandes a mediados de la edad moderna:

"En lugar de promover una nivelación de las distintas culturas hacia abajo, la secesión estimula un proceso cooperativo de selección cultural y avance. Esta es una lección de lo más importante, no sólo para Flandes y Europa, sino para todo el mundo."


(Extraído de una entrevista que puede leerse completa aquí.)


¡Diversidad, selección natural y evolución! Una ley que es impepinable respecto a la biología y que lo es también respecto a la cultura, las ciencias y la tecnología.


Pero el mantra que recorre todo el espectro político, de izquierda a derecha, y de arriba a abajo (desde la clase política hasta la ciudadanía) reza casi invariablemente lo contrario.. 
"Una ley para todos.. Un gobierno para todos.. Una policía para todos.. Un ejército para todos.. Una educación para todos."

Se entiende en general esta homogeneidad centralizada como algo positivo, como un valor a reivindicar. Pero insistamos en la idea: ¿qué nos muestra la evolución biológica, así como la cultural y tecnológica? Una de las cosas que nos prueban más allá de toda duda es que, a mayor diversidad, mayor oportunidad de avance, de mejora, de progreso en su sentido más objetivo. ¿Cómo es posible entonces que hayamos llegado a tal convencimiento contrario a nuestro interés, e incluso contrario a la Naturaleza? ¿Cómo hemos llegado a defender con tal ahínco LA ESCLEROSIS CULTURAL, SOCIAL Y POLÍTICA*?

¿Quién nos ha logrado convencer de agarrarnos a lo yermo y temer a lo fértil?
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(*Hablamos de centralismo político o administrativo en todas sus formas: Desde los que
defienden la "igualdad de los españoles" frente a la independencia de Cataluña o a otros particularismos cuales sean hasta los que tienen por una gran conquista la "educación igual para todos". Todas ellas son formas de escoger voluntariamente la parálisis frente a la evolución o el progreso, palabra esta última que, como vemos, ha acabado significando muchas veces lo opuesto a su sentido original.)

La nación esclerótica siendo asistida
para mantener la ficción de que sigue altiva..
Adecentemos de buen ánimo las ruinas,
y a base de fe, insuflémosles nueva vida..
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martes, 30 de junio de 2015

SOBRE MITOS ANTIGUOS Y MODERNOS (II)

¬¬¬
«Dicen que el alma humana es inmortal; que tan pronto desaparece, que es lo que llaman morir, como reaparece; pero que no perece jamás; por esta razón es preciso vivir lo más santamente posible; porque Perséfone, al cabo de nueve años, vuelve a esta vida el alma de aquellos, que la han pagado la deuda de sus antiguas faltas. De estas almas se forman los reyes ilustres y célebres por su poder y los hombres más famosos por su sabiduría; y en los siglos siguientes, ellos son considerados por los mortales como santos héroes. Así, pues, para el alma, siendo inmortal, renaciendo a la vida muchas veces, y habiendo visto todo lo que pasa, tanto en esta como en la otra, no hay nada que ella no haya aprendido. (...) En efecto; todo lo que se llama buscar y aprender no es otra cosa que recordar.»

(´Menón`, Aristocles Platón)



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«Sólo en la sociedad comunista, cuando se haya roto ya definitivamente la resistencia de los capitalistas, cuando hayan desaparecido los capitalistas, cuando no haya clases (es decir, cuando no haya diferencias entre los miembros de la sociedad por su relación hacia los medios sociales de producción), sólo entonces desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad. Sólo entonces será posible y se hará realidad una democracia verdaderamente completa, una democracia que verdaderamente no implique ninguna restricción.»

(Lenin, ´El Estado y la revolución`.)
                                                                      *
El hombre de nuestro tiempo, igual que los hombres de todos los tiempos, ha requerido proveerse de mitologías en las que reconocerse. 

Pero el más estúpido de todos los hombres (de ahora o de antes) es aquel que siente cierta honra de haber superado a sus torpes ancestros por considerar esa dependencia del mito cosa del pasado. Idiota doctorado honoris causa por toda la idiocracia en pleno, esta especie de Prometeo de juguete campa feliz por el mundo -no con otra felicidad, desde luego, que la del ingenuo, que la del inconsciente.

Cree no tener dioses, pero no sabría cual es su siguiente paso si desapareciese de repente el mito del Estado protector, de la huelga revolucionaria, de la nación histórica, del progreso humano indefinido, o el del mercado-árbitro infalible, ¡la abstracción del grupo o la abstracción del individuo!

En torno a todos ellos, e infinidad más, opera el sujeto de la "era desmitificada".
Ya se envuelva en una u otra mitología (insistimos que en el mercado de ideas se ofrece un surtido capaz de contentar a todos los paladares), pocos o ninguno se salvan, pues, de adoptar una. Incluso quienes nos esforzamos, puede que también prometéicamente, por ser tan librepensadores como nos es posible, y nos peleamos a cada paso por desprendernos de un nuevo ideologema, sesgo, o inercia peligrosa, como quién pugna por despegarse un chicle del zapato; incluso nosotros, digo, somos rehenes eventuales de ésta o aquella mitología que, sin advertirlo, opera subreptíciamente "tras el telón" de nuestros pensamientos.

Y hemos dicho antes que el sujeto de nuestros días no sabría hacia donde dirigir sus pasos, ni los más inmediatos, si le arrebatásemos las mitologías que precisamente guían esos pasos. Entender esto es ya entender mucho -y empezar a hacerlo cambia todo-. Porque uno proyecta sus futuras acciones, y evalúa las pasadas, ateniéndose a un esquema de prioridades abstractas (también concretas, pero estas son a posteriori, y dependientes en último término de las abstractas); ateniéndose, decíamos, guiado por ese hilo que le conduce de un concepto al otro, pero rara vez en otro sentido del marcado por el sistema de valores -de mitologías combinadas, a modo de cóctel axiológico- que acabó de conformarse en un momento dado, alcanzada la que llamamos "madurez intelectual"; y comenzó a partir de entonces su proceso inexorable de calcificación.

De ahí en adelante, en muchos casos el "fresco" de imágenes asociadas a conceptos, y símbolos asociados a emociones, ambas van arraigando y el "santoral" de nuestro altar personal va quedando configurado sin apenas huecos para futuras figuras que puedan mover a concebir nuevas asociaciones de conceptos, de impresiones, de ánimos y predisposiciones. Son estos los casos en los que diríamos que "se ha calcificado" aquel sistema de valores. Sólo unos pocos nuevos matices conseguirán perfilar el fresco -el grabado, el fosil... catedral de hueso, maqueta petrificada- atravesando ocasionalmente los únicos poros que quedaron tras aquella famosa "calcificación". 
..................

Habría que aludir también, aquí, a los arquetipos del inconsciente colectivo. En la PRIMERA PARTE de este improvisado ensayo contrapusimos mitos modernos y antiguos, e hicimos notar la forma en que, ya el mesianismo, ya el ideal de perfección, de eternidad y de universalidad, resistíeronse a ser enterrados con gran astucia por su parte. Y gracias a que el entendimiento del hombre no estuvo lo suficientemente despierto, consiguieron burlar la criba tan decidida a la que fue sometida la cultura de su época; y lo hicieron asumiendo un disfraz que logró finalmente convencer al ilustrado. Ese disfraz consistió, como hoy sabemos, en cambiar el halo sobre la cabeza por un birrete, las sagradas escrituras por una enciclopedia, y la fe en un ser supremo y un mundo perfecto más allá de éste por la fe en alcanzar aquí, en esta vida, la perfección que convertiese, en un mañana, al hombre en ser supremo.

Así es, entonces, como sobrevivieron el mesianismo, el idealismo, y hasta la escatología cristiana, camuflándose hábilmente (o tórpemente, visto desde hoy); confundiéndose en cualquier caso como pudieron en el paisanaje del nuevo mundo que traían consigo "las luces" de la Ilustración.

Por eso decía que en todo ello habían jugado un papel clave aquellos arquetipos de los que habló Jung. Por más que los ilustrados pareciesen iconoclastas sin freno, lo cierto es que algo desde el inconsciente y desde su propio entorno cultural (judeocristiano, al fin y al cabo) les frenó; de tal modo que pudieran resurgir con nueva apariencia aquellos iconos -precisamente- con los que el ser humano había convivido, en los cuales se había reflejado, y a los que se había remitido en busca de respuestas.

No pudo escapar el hombre ilustrado, pues, de esas referencias en las que había basado el hombre anterior (y el anterior del anterior) todo su mundo. No pudo desprenderse -y para tal medio se autoengañó- de las mitologías esenciales que le anclaban al mundo: Ni de la figura del Mesías que trae la Buena Nueva (testigo que a partir de entonces recogerán los científicos, filósofos, sociólogos y políticos). Ni de la idea de un ser-en-sí-mismo, completo, armonioso y realización de la verdad eterna (que si antes fue un dios lejano, ahora pasaba a contemplarse como potencialidad del propio ser humano). Ni tampoco de la idea de un "reino de dios" al final de los tiempos, donde ya no exista la desdicha, y la divinidad y el hombre se reencuentren para ya no separarse nunca (tal escatología se mantuvo en una concepción lineal y finalista de la historia, y la Parusía adoptó la forma más material de una progresiva consecución de todos los logros y una realización de todas las aspiraciones humanas.)

Las mitologías son, por ello, TODO para nosotros: homo sapiens. Tanto para los antiguos como para los modernos. Quizá se hayan convencido ya los últimos que se resistían a hacerlo. Nos son indispensables estos "mapas sobre el mundo", estos relatos epopéyicos. Fabulaciones necesarias, en cualquier caso, para proveer de dirección y motivo, de asunto y pretexto, de un quehacer, digámoslo así, en esta faena de vivir. Porque si no, con el mero cogito ergo sum no bastaría. Con estar aquí, con una conciencia capaz de preguntarse el porqué, capaz de construir abstracciones, y abstracciones de abstracciones, arrojado en un mar de potencialidades que puede escoger desarrollar, y que dependiendo de cuales elija, desencadenará mundos y humanidades que no serán en absoluto iguales.. no habríamos pasado jamás de una fase de éxtasis o parálisis. Dada nuestra naturaleza, habríamos perecido de pura perplejidad e indecisión, de no haber contado con el mito y las cosmogonías que se construyeron a partir de él, fueran las que fuesen. Y que finalmente nos dieron un quehacer. Quehaceres que abundaron en formas que se propagaron o se secaron, que perduraron o se transformaron, que se sucedieron unas a otras en las eras y en las civilizaciones.
[]
«Los cultos mistéricos -y sobre todo, entre ellos, el de la diosa Isis- 
brindaban a sus seguidores la certeza de la inmortalidad del alma, lo que constituía 
una novedad absoluta respecto a la oferta de las religiones anteriores. Consecuencia 
impepinable: había que llegar más lejos -Pablo lo comprendió en seguida-si se aspiraba 
a arrebatar parte de esa clientela (si no toda) a los hierofantes de los misterios paganos.
para ello, en principio, sólo existía una fórmula: prometer a los posibles 
catecúmenos no sólo la inmortalidad del alma, sino también la del cuerpo.
Así, como una ramplona cuestión de marketing, pudo surgir la idea de lo que 
andando el tiempo se convertiría en dogma de la resurrección carnal 
de Cristo y de todos los mortales.»

(Fernando Sánchez Dragó, ´La prueba del laberinto`.)



..... 



«Vivir: especializarse en el error. Burlarse de las verdades indubitadas, no hacer caso de lo absoluto, tomar a broma la muerte y transformar lo infinito en azar. Sólo se puede respirar en lo más hondo de la ilusión. El mero hecho de ser es tan grave que, comparado con él, Dios es pura bagatela. 

Armados por los accidentes de la vida, asolaremos las crueles certezas que nos acechan. Cargaremos contra ellas, embestiremos contra las verdades, atacaremos las luces que nos ciegan. Quiero vivir, y por todas partes salta el espíritu contra mí, defensor de las causas del no-ser. ... Así, fiel a sí mismo, blande el hombre la espada en la cruzada de los errores.»

(Emile Ciorán, ´Breviario 
de los vencidos`.)           

miércoles, 17 de junio de 2015

La fase Post-nihilista.


«Existen enfermedades que se incuban durante mucho tiempo, pero de las que no se toma conciencia más que cuando su obra subterránea casi ha concluido. Otro tanto ocurre con la caída del hombre a lo largo de las vías de una civilización que glorificó como la civilización por excelencia. Es solamente hoy cuando los modernos han llegado a experimentar el presentimiento de un destino sombrío que amenaza a Occidente.»

(Julius Evola, ´Rebelión contra el mundo moderno`.)
Este destino sombrío es del que hablamos, y pretendimos comenzar a diseccionar, en los escritos de los que estos son anexo y conclusión: Las reflexiones inspiradas por Ortega en ´Signos de los tiempos` y también aquellas otras en torno a Evola.

Vamos a acudir a las citas de éste último más veces. Queremos arrancar con el dedo ya del todo puesto -y hundido- en la llaga abierta por este modelo de vida que, no diríamos que agoniza, sino que se deshace sin violencia, y hasta bellamente, como una duna de arena bajo la brisa -Evola diría "un nímbulo en la atmósfera"-. Como él nos deja claro si continuamos leyendo, los que agonizamos más bien somos nosotros: 

«(...) La mayor parte de los hombres se encuentran privados hoy, no sólo de toda posibilidad de revuelta y retorno a la "normalidad" y a la salud, sino igualmente, de toda posibilidad de comprender lo que esta "normalidad" y salud significan»

Y he aquí, ya sin ningún género de dudas, el diagnóstico o sentencia.. la naturaleza de nuestra des-naturalización. 
Así de descarnada se muestra nuestra desesperanza.
..como desesperada es nuestra vertiginosa huída hacia delante.

Y a esta huída hacia delante aun aludiremos un par de veces más. Pero antes nos adentraremos en una forma de huída concreta, la que opera por medio de las endorfinas.

El autor de ´Rebelión contra el mundo moderno` nos llama la atención al hecho de que «mientras que la Antigüedad consideraba como particularmente despreciables las artes que estaban al servicio del placer (...) este es, en el fondo, el tipo de trabajo más considerado hoy, el que (...) converge hacia la realización de un ideal de animal humano: una  vida más cómoda, más agradable, más segura, el máximo del  bienestar y el máximo de confort físico». Y esto entraña una contradicción que vale la pena analizar en profundidad: ¿Como ha llegado a realizarse al mismo tiempo tal alejamiento de nuestra animalidad y de la Naturaleza -como es ya patente desde hace siglos-; y por otro lado, una regresión al sometimiento de nuestro espíritu por nuestra dimensión más instintiva, primaria, que parece buscar tan enconádamente el placer en sus diversas formas como la rata de laboratorio busca la descarga de sustancia a la que, previamente, unos científicos la volvieron adicta.

"Ya no es la necesidad quien requiere el trabajo  mecánico, sino el trabajo mecánico (la producción) quien tiene necesidad de la necesidad.»

¡De esto justamente hablamos! Y no nos alejamos aun del mismo impulso, que por más que ciego, nos guía.
..Y la rueda sigue girando..

«La relación de la economía moderna con la máquina (...) una situación en que las fuerzas desencadenadas  superan los planos de aquel que los ha evocado originalmente y lo arrastran todo con ellas.»


¡Es el conjuro que erró el aprendiz de mago, y el cual desencadenó la catástrofe a su alrededor!
Como el fuego que robó Prometeo.. 
¡Es  la creación de aquel doctor de novela gótica, 
o el Golem del Nuevo Testamento, 
o el computador Hal-9000 en 2001

... ¡Lo arrastran , lo engullen, lo degluten.. TODO, y lo vuelven a engullir, y lo vuelven a escupir! ..y cada vez lo harán con mayor violencia..
......................

..Pero cuando ese círculo vicioso de deseo y frustración.. de  ímpetu y parálisis, ansiedad y desidia, de empacho y anemia, llegue a su paroxismo..

Veremos justo entonces resurgir, como acto reflejo, el viejo Ludismo, aquella furia primaria, esta vez ya incontrolada, contra toda esa meta-naturaleza.. las maquinas, los golems, los demonios de hierro y fuego, en el momento en que su crecimiento desbocado esté ya a punto de engullirnos.

Nuestra sangre oirá la llamada de nuestro pasado neolítico, y se dirigirá presta a cumplir el mandato de Dionisos y de Gaia, exhaustos de arrastrar nuestra incongruencia biológica por milenios.

«A ejemplo del fuego que se transmite de un punto a otro hasta que arde todo (...) esta "civilización", partiendo de los núcleos occidentales, ha extendido el contagio a todas las  tierras aun sanas; ha aportado la inquietud, la insatisfacción, el resentimiento, la incapacidad de poseerse en un estilo de  simplicidad, de independencia y medida, la necesidad de ir sin cesar más adelante y  más rápidamente».

Ya se expresó de manera parecida un tal Robert Ardrey cuando dijo que "el mundo moderno es semejante a un tren cargado de municiones que arremete en la niebla, en una noche sin luna, con todas las luces apagadas". Pero volvamos a Evola, que continua describiendo como este dios con pies de barro «ha llevado al  hombre cada vez más lejos, le ha impuesto la necesidad de un  número cada vez mayor de cosas, lo ha convertido en cada vez más  insuficiente e impotente» y también, como «cada nuevo invento, cada nuevo hallazgo  técnico, en lugar de ser una conquista, marca una nueva derrota,  es un nuevo latigazo destinado a volver la carrera cada vez más  rápida y ciega.»

La Disolución, lejos de frenarse al vislumbrar cerca la meta, no deja nunca de acelerarse. Esta aceleración tiene estrecha relación con la impotencia de la que se habla en la cita. No merece la pena abundar más en esto.. A mayor velocidad y mayor alejamiento del punto de partida, nos hallamos más impotentes, en tanto que más desubicados.. Y nos vemos cada vez más incapaces de bajarnos del tren en tanto desconocemos cada vez más toda referencia a medios de transporte alternativos.

Y así, del tránsito por este final de los tiempos, guíados por Julius Evola, tal como lo hiciese Virgilio con Dante por un escenario igualmente agónico, podemos volver la vista ya al renacimiento de los tiempos -un nuevo comienzo de la humanidad- bajo el signo de la síntesis racional-vitalista. Y a partir de aquí, nos guiará otra figura eminente, Ortega y Gasset.










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Dijimos en el último capítulo de los "Signos de los tiempos" que los políticos, los científicos, economistas, sociólogos.. deberán pasar a ser una secta entre tantas otras para que ninguna de ellas vuelva a usurpar el espacio ajeno. Así, la política (como toda otra ciencia blanda o dura) «pierde presión, desaparece del primer plano de las preocupaciones humanas y queda convertida en un menester, como tantos otros que son ineludibles pero no atraen el entusiasmo ni se sobrecargan de un patetismo solemne y casi religioso». De este modo, por tanto, se purifica, queda a salvo de veneraciones innecesarias, de excesos de protagonismo o de tentaciones megalómanas; todas las cuales no son sino sus más acérrimas enemigas, al menos en tanto se conciba -la política, la ciencia, etc- como humildes herramientas de conocimiento y no oráculos infalibles, cosa que precisamente queremos evitar que vuelva a ocurrir con esta propuesta de "sectarización".


Hablamos aquí de Racio-Vitalismo. Es, entonces, primeramente a La Razón a la que queremos "meter en una jaula", o siendo menos drásticos, "rodear de un foso cual castillo amurallado" de manera que no se vuelva a adueñar de La Vida, y someta de nuevo a ésta a un absolutismo, como ya describimos con profusión de símbolos y analogías en el ensayo recien citado.

Yo ya he declarado varias guerras al racionalismo en esta tribuna, pero va a ser Ortega quién sintetice mejor que yo esta tragedia nacida del progresivo sojuzgamiento de La Vida por la "Diosa Razón":

«Quiere el temperamento racionalista que el cuerpo social se amolde, cueste lo que cueste, a la cuadrícula de conceptos que su razón pura ha forjado.»

Y en efecto, tan sencilla como ésta es la explicación de tal drama. No igual de sencillo, por descontado, el enmendarlo. Pero, al menos, el filósofo español nos da unas cuantas referencias orientativas.

Porque justamente «la orientación, los puntos cardinales que dirigen nuestros actos, son el mundo, nuestras convicciones sobre el mundo. Y este hombre de la crisis se ha quedado sin mundo, entregado de nuevo al caos de la pura circunstancia -en lamentable desorientación». Y si quedarse sin orientación es lo mismo que quedarse sin mundo, sin suelo bajo los pies, ya no sorprenderá que «estructura tal de la vida (abra) amplio margen para muy diversas tonalidades sentimentales (...) diversas, pero todas pertenecientes a una misma fauna negativa: el hombre sentirá escéptica frialdad o bien angustia al sentirse perdido (...) o, por el contrario, sentirá furia, frenesí, apetito de venganza por el vacío de su vida que le incita a gozar brutalmente, cínicamente, de lo que encuentra a su paso.»

Volvemos como un boomerang fatal a lo mismo, o a algo muy parecido a lo que describíamos cuando aún no habíamos salido de la "fase de disolución".

Tal es el vacio que el hombre de nuestro tiempo busca llenar con creciente ansiedad, y tal es la frustración que lo consume al comprobar como cada vez es más fugaz la satisfacción lograda. Por eso la furia, el desconcierto y la continua indecisión: por tener a su disposición una abundancia de medios con la que nadie antes pudo soñar, y estar al tiempo tan falto de fines como tampoco nadie pueda recordar..
..en toda la dilatada historia humana..

«No hemos venido a la vida para dedicarla al ejercicio intelectual, sino viceversa, porque estamos, queriéndolo o no, metidos en la faena de vivir, tenemos que ejercitar nuestro intelecto, pensar, tener ideas sobre lo que nos rodea, pero tenerlas de verdad, es decir, tener las nuestras. No es, pues, la vida para la inteligencia, ciencia, cultura, sino al revés: la inteligencia, la ciencia y la cultura no tienen más realidad que la que les corresponda como utensilios para la vida».












Este hilo es el mismo del que ya procuramos tirar cuanto pudimos en las conclusiones de aquel breve ensayo -´Los signos de los tiempos`-. Y lo que cabría añadir ahora, una vez hemos tocado el túetano del mal que nos aqueja -el conflicto entre los fines y los medios-, es pararnos a observar otra llamativa contradicción -ya vimos una-; y es la que se nos acaba de mostrar sin mostrarse; la que brota inmediatamente al contrastar lo dicho en este último extracto con aquella ausencia de fines . Pues a lo que aquí volvemos es al conflicto contrario, al de sacrificar la vida como un medio que obedece al fin de la razón, la ciencia, y todo lo que ya hemos enumerado sobradas veces. Entonces: ¿Es la ausencia de fines el problema de mayor gravedad, o todo aquello que sacrificamos convirtíendolo en medio para un fin muy lejano, que parece no alcanzarse nunca, hasta el punto de cuestionar si vale la pena seguir persiguíendolo?

Temo que la respuesta sea demasiado larga y deba responderla con calma en una segunda entrega de estas "estampas del fin de los tiempos".

Hasta entonces les emplazo, confiando en que todavía nos quede, eso mismo, tiempo...

martes, 9 de junio de 2015

"Evola: Permanecer en pie sobre las ruinas, orientarse en medio del caos" (III)

Cerramos el "ciclo evoliano", es decir, estas aproximaciones por pasos sucesivos -tres en concreto-, con las que hemos querido entresacar aquellas percepciones de Evola que desde aquí juzgamos acertadas, pero sobre todo, dignas de ser "hilo del que tirar" en lo sucesivo. Eso sí, con paciencia y sosiego parejas a la determinación por llegar hasta el fondo; las implicaciones de estas percepciones son demasiado vastas y diversas para digerirlas todas de vez. Lo que conviene, pues, es ir escalando posiciones intelectivas, ir conquistando certezas y recogiendo las pequeñas gemas y diamantes que serán los valores espirituales y filosóficos que hemos sumado a nuestro acervo, consiguiendo, pues, enriquecerlo al final del proceso.

De esto es de lo único que se trata, en esencia, toda reflexión humana llevada a su más alta expresión. Cosa que, aunque nos esté vetada a los que no somos un Nietzsche, un Ortega o un Spinoza, tampoco puede ser un pretexto para cultivar el conformismo intelectual.

Esta última parte de las que son mis primeras aproximaciones a las ideas evolianas (seguro habrá segundas y terceras) me propuse dedicarla toda ella a la cuestión espiritual, pero me he dado cuenta, finalmente, de que hay otras dos temáticas que sería interesante colocar junto a ella; estas serían la nación y la raza. Las abordaremos en primer lugar.

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NACIÓN, ESTADO, E ILUSTRACIÓN.

La nación y el Estado modernos se caracterizan, los dos, por ser procesos que tienden a la homogeneización, a la nivelación de todos los, súbditos primero, ciudadanos después (palabras, nada más que palabras). El mito patriótico es creado, según el mismo Evola, pensando en el "vulgo", en el "pueblo llano", y dirigido, por tanto, a una mentalidad escasamente cultivada; por eso es juzgado por el autor como decadente, disolvente, palabras que ya usamos  cuando nos referimos a las referencias de "lo alto" y de "lo bajo" en la anterior parte.

El estado-nación como lo conocemos hoy no existía antes de los Reyes Católicos, el Despotismo Ilustrado y la Revolución Francesa (referencias que representarían los tres pasos que siguió este invento, perfeccionándose en cada una de ellas.) En el mundo tradicional, uno tenía varias pertenencias: al estamento, al gremio, a la lengua, a la religión, a su condado, a su municipio, a su orden de caballería, a su orden monástica. Nada que ver, por tanto, con la tan preponderante pertenencia a la nación, tal como se dió en los dos pasados siglos -aunque pugnase, en cierto momento, con la clase social, la raza o la religión-. Pero lo que a mi más me interesa resaltar en ello es el sumo empobrecimiento de la sociedad civil que supuso, si lo comparamos con la rica diversidad de formas de poder, de representación, y de identidades grupales que hubo en el Medievo o en la Era Clásica.
En el Estado Moderno sólo somos números, expedientes, grandes sectores muestreados. Igual ricos que pobres, eruditos que sabios populares, todos estamos reducidos POR IGUAL al anonimato, a la estadística, a la ciega burocracia.

Podemos ver con claridad como el mito patriótico y toda clase de nacionalismo se adecúa a ese carácter disolvente que, ya dijimos, es la esencia más nuclear de lo que Evola llama Modernidad (la cual no se corresponde exactamente con la Era Moderna, dado que él coloca el punto de inicio de esta "disolución" en la primera expansión del Cristianismo, si no antes.)

Es, por otro lado, normal que la gran masa se sienta en mayor medida identificada con sus vecinos, sus "compatriotas". Pero no tiene por qué ser el caso de quienes no encajan con el promedio, que pueden sentirse mejor integrados en una comunidad trans-nacional de intereses afines.

De hecho, Evola presiente que en esta fase final de la crisis civilizatoria, será la pertenencia a una causa, a una aspiración común, la que unirá a los individuos cada vez más por encima de su nacionalidad. Intuición que yo creo acertada.


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RAZA, ESPÍRITU, Y CIVILIZACIÓN.

"La sangre, la pureza étnica, son elementos que, incluso en las civilizaciones tradicionales, tienen su valor: valor cuya naturaleza no justifica el empleo, para los hombres, de los criterios en virtud de los cuales el carácter de "pura sangre" decide perentoriamente cualidades de un perro o de un caballo, como han afirmado, o poco más, algunas ideologías racistas modernas."

(Julius Evola, ´Revuelta contra el Mundo Moderno`.)

Aunque aquí, como en otras tantas citas, el autor parece dejar clara su posición frente al racismo biologicista -es decir, aquello que niega, o que cuestiona-, no queda igual de claro qué es lo que afirma. Y esta dificultad aumenta al tornarse la raza, en su pluma, una cuestión más compleja de lo que era el mero hecho biológico, tras la inclusión del alma y el espíritu como naturalezas superpuestas al mismo. 

Algo dijimos ya sobre esto en la primera entrega del ensayo. Las polémicas siguen suscitándose y los propios estudiosos no se ponen de acuerdo sobre la delimitación de la "doctrina racial" evoliana . 

Sí hemos logrado, al menos, entresacar una síntesis de su posición en materia de mestizaje: Para Evola, cuando la pureza de la "raza espiritual" decae, poco importa ya la pureza biológica; pero cuando la primera está en su apogéo, apenas pueda dañarla la pérdida de la segunda, esto es, el mestizaje -a no ser que sea masivo-. Y todo lo que sea aplicable a la raza, se aplica igualmente a la civilización creada por ella, ya que se la considera la natural expresión y desenvolvimiento de aquella "materia prima".

Hecha esta síntesis, confieso que yo, más allá del interés que me suscita toda teoría que tenga al ser humano por objeto, no me tomo demasiado en serio las tesis raciales evolianas; máxime cuando me habla de un proceso de involución, prácticamente, del dios al animal. No me interesa, pues, su visión antropológica asumida hasta sus últimas consecuencias; pero sí hallo interés en el mito de la divinidad perdida, precisamente ASUMIDO COMO MITO. 

Al igual que el mito -y quizá realidad- de la Edad de Oro que vendrá tras el Kali-Yuga, son IDEAS-FUERZA con la capacidad de mover potentes sinergias en nuestro ánimo, en nuestra imaginación, en nuestro espíritu, Y EN NUESTRA VOLUNTAD. 
Por eso y no por otra cosa, POR PRAGMATISMO VITALISTA y no por compromiso con ninguna "verdad metafísica", percibo y asumo el valor intrínseco a este relato.

Como conclusión provisional a este apartado, y para  acercarlo a su dimensión más cotidiana, puede venir a colación recordar que, antiguamente, cuando se decía que alguien era "de raza", se hacía referencia sobre todo al carácter. Y a este efecto, el "Mito de la Sangre" jugó un papel, a veces útil, a veces algo equívoco.


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MITO Y RELIGIÓN.

Habida cuenta de la confusión actual provocada por las decenas de sectas, cultos y sincretismos, y de la degradación general de la que participan todos ellos, para Evola queda claro que la orientación espiritual del hombre de hoy no puede venir de ninguna de estas tendencias, la mayoría de las cuales sólo expresan los "signos desesperados de los tiempos" de los que he hablado largamente en otro ensayo que guarda estrecha relación con éste.

Vimos en la primera parte que el existencialismo supuso un callejón sin salida. Y conviene destacar ahora uno de los motivos por lo que esto es así, y que no mencionamos entonces. Los existencialistas arrastraban, quizá sin ser conscientes, un "pecado" del propio cristianismo; a saber: la negación, omisión u olvido de la pre-existencia del alma -o, para ser más rigurosos, del espíritu-. Grave "pecado" cristiano y post-cristiano cuyas consecuencias en toda la metafísica y en el ánimo del hombre de Occidente han sido profundísimas. 

...Y de ahí el "ser arrojado al mundo", de ahí la "insoportable levedad del ser"...

Para ser concisos sobre esto, podemos decir que Evola concluye, a grandes rasgos, lo mismo que ya concluía en una frase que hizo suya el chileno Jodorowsky: "Sólo sé que antes de nacer fui algo, y que después de morir también seré  algo". No nos parece una mala máxima -y ya es más de lo que a ciencia cierta SABE el común de los mortales-.

Sólo a partir de estas certezas esenciales, a modo de asunción de mínimos, es como puede construirse una orientación espiritual lo menos inauténtica posible; alejándose de cualquier iglesia, credo o sincretismo de nuevo cuño, como ya dijimos, y procurándose uno mismo toda doctrina requerida -es decir, indoctrinándose-. Esta "asunción de mínimos" es una vacuna contra el barroquismo desatado, siempre tan engañoso, de esas corrientes pseudo-espirituales de las que, dijimos, queremos resguardarnos. 

Debemos, pues, esculpir nuestra idea del espíritu hasta dejarla en su expresión más desnuda y más sobria. Por ello, al vernos a nosotros en tanto seres trascendentes -en tanto rebasamos el estrecho "Yo terrenal y temporal"-, no debemos ver magnos paraísos esperándonos a nuestra muerte ni fantásticos viajes por planos astrales, sino algo mucho más puro e indubitativo: UNA DIRECCIÓN, UNA MISIÓN, UNA REALIZACIÓN de todo lo que somos en potencia -o quizá sea mejor decir: de todas las potencias que a través nuestro se expresan.-

Evola apunta un método que nos puede encaminar eficazmente hacia esa realización, y ayudarnos a no perder la orientación, la referencia, LA DIRECCIÓN HACIA EL SER. Se trata del cultivo de la perfección en una disciplina muy concreta (artesanal, intelectual, mecánica o manual - en cualquier caso, TÉCNICA.-) Y tal voluntad de perfección nos encamina hacia el Ser, y a la vez nos mantiene en su búsqueda, porque mediante ella vamos acercándonosaun sin quererlo, a LA IDEA PLATÓNICA.
Hay ejemplos riquísimos de esta, llamémosle "filosofía", en todo Oriente, y muy especialmente en China.
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En resumen: sencillez, pureza, voluntad, resolución, consciencia y dirección. Nada más se requiere, y nada más se puede exigir, al individuo que busca orientación cuando todo entorno suyo se derrumba.. ¡Más!, cuando los escombros de esas ruinas se convierten en un mar de meteoritos que el sujeto debe atravesar imperturbable, sin variar un ápice su rumbo.. como Arjuna en el MajáBharata..


martes, 2 de junio de 2015

"Evola: Permanecer en pie sobre las ruinas, orientarse en medio del caos" (II)


Evola tiene dos dimensiones para mí, hay dos tendencias que se me abren simultáneamente tras leer parte de su obra. Dos sensaciones completamente contrarias se suscitan ante su pensamiento en conjunto. La primera es la que introduje someramente en la anterior entrega: la fascinación ante una visión novedosa, al mismo tiempo que total e integradora, del cosmos, de la vida y de la historia; un conjunto de lúcidas miradas a lo ancestral y a lo moderno que actúan como un poderoso catalizador de la imaginación reflexiva. La segunda toma la forma de un beligerante escepticismo ante unas referencias intra-históricas, meta-históricas -pseudo-históricas para muchos- cuya defensa es tan vehemente como dudosa su veracidad; cuya convicción parece mostrarse más firme cuanto más endeble es el crédito que merecen sus indicios. 

Dado que el autor valora más la pureza de las distintas formas de espiritualidad, cultura y civilización en tanto más se alejan del presente, uno no para de interrogarse por si no será todo, al final, poco más que fuegos fátuos.  Más incredulidad suscita aún su afirmación de que el género humano no ha estado sujeto a evolución en sentido darwiniano sino, muy al contrario, a una involución desde unos tipos ideales cercanos a la perfección divina, e incluso inmortales (aunque esto último no se afirme con total seguridad.)

Pero con todo, esa idea tan central en su cosmovisión que tiende a explicar la historia como perpétua batalla entre Modernidad y Tradición es vibrantemente fecunda en las reflexiones filosóficas que suscita en el tipo de lector más combativo, como es el caso de quién les habla.

Desarrollaremos a continuación cuatro aspectos, cuatro vertientes de estas tesis metahistóricas y metapolíticas, aunque el primero engloba a los otros tres, o si lo prefieren, es el tronco del que surgen esas tres ramificaciones:


TRADICIÓN Vs DISOLUCIÓN.  
-¿Por qué la Modernidad es esencialmente disolución?-

Este punto es del que se derivarán, como hemos dicho, todos los siguientes. Expresémoslo en tres o cuatro ideas-fuerza para interiorizar mejor a qué nos referimos. 
Si pensamos en clave de "culto a la grandeza vs culto a la mediania" o "cultivo de la excelencia vs cultivo de la bajeza" podemos intuír ya por qué senderos transita la idea.
O quizá nos orientamos mejor si decimos "aristocracia vs oclocracia"..
"LO HERÓICO Y PERSONALISTA VS LO ANÓNIMO Y ANODINO" ...

Que el horizonte sea EL ABSOLUTO o que el horizonte sea LA NADA.. ¿?

Sé que hoy poseemos una mentalidad tan diametralmente opuesta que todo esto nos suena a cosa rancia y reaccionaria. Tenemos tan aprehendidos los conceptos, precisamente modernos, de igualdad, humanismo y democracia, que puede resultar difícil salirse del contexto histórico y juzgar las ideas que han conformado nuestro mundo actual desde fuera del mismo.

Pero aquellos viejos temas, la oclocracia, la REBELIÓN DE LAS MASAS, son tan actuales hoy como lo fueron siempre. Y filósofos de la talla de José Ortega y Gasset han recogido esta problemática con una brillantez y una clarividencia que, como poco, nos debe hacer ver la necesidad de atender a estas cuestiones; aunque no necesariamente suscribamos las opiniones concretas de Ortega, ni mucho menos, las más radicales de Evola.

No estamos diciendo que haya que prescindir de la democracia -ese sería un tema que llevaría demasiado desarrollar, y estas no son, en ningún modo, unas reflexiones sobre formas políticas-. Lo que estamos diciendo es que urge echar el freno de estos tiempos tan acelerados para otear de vez en cuando los peligros que, desde diversos flancos, se ciernen sobre nuestra agotada civilización. Y repensar profundamente nuestra vehemente defensa del "Pueblo llano" y nuestro ataque, igual de vehemente, a lo aristocrático en su sentido más puro y más amplio. 

¡Los referentes son importantes! En esencia, esa es la cuestión que se encuentra en el centro de este problema -grave problema que, si no atajamos, traerá aun más trágicas consecuencias de las que ya ha traído- ¿A qué aludimos cuando decimos "referencias"? Obviamente, hablamos de referentes socio-culturales, de los mitos y héroes que inspiran a la gran masa. De la diatriba crucial consistente en elegir si tomamos como ejemplo la excelencia o la mediocridad, si vamos a mirar hacia las alturas o hacia el fango.  Hay que expresarlo de forma así de clara y contundente, pues si nos andamos con remilgos y medias tintas no vamos a llegar nunca al núcleo duro del asunto.

Sobre ello podríamos seguir hablando varios párrafos más, pero como todavía quedan más puntos por tratar, lanzo sin más la pregunta que tanto nos urge empezar a hacernos todos y cada uno de nosotros:

¿Creen ustedes que estamos cultivando realmente la grandeza en la sociedad actual?

A juzgar por lo que llega a nuestros ojos y oídos cada día, el horizonte no parece en exceso halagüeño, y la respuesta a esta pregunta se va aclarando conforme va oscureciéndose aquel horizonte.


TRADICIÓN Vs MATERIALISMO.

Y a este mismo respecto, pongamos el foco ahora sobre otra diatriba, aquella ya vieja pugna entre la concepción espiritual y la concepción material del mundo.

En la obra que más me interesa de Evola, al menos de las que llevo leídas, que es la titulada "Cabalgar el tigre", se citan las certeras palabras de André Bretón:"Es preciso impedir que la precariedad completamente artificial de las condiciones sociales vele la precariedad real de la condición humana". A lo que el italiano añade después, con sus propias palabras, que "el verdadero significado del mito económico-social, sea cual sea su variedad, es la de un medio de anestesia interior o de profilaxis tendiente, no sólo a eludir el problema de una vida carente de todo sentido, sino a consolidar todas las formas de esta fundamental ausencia de sentido en la vida del hombre moderno".

¿Cuantas veces hemos expuesto la miseria economicista, cuando no historicista, del liberalismo y el socialismo? 

¿Cuanto vacío no habrán engendrado en el alma del Hombre, estos dos, prometiendo llenar su estómago?

El marxismo se ha pretendido frío y objetivo siendo burdo, superficial, y estrecho de miras.
Ver en toda realidad social una forma de dominación no es, como creyeron ellos, ni ser honesto ni tener un prisma analítico; es ser simplista, vulgar, y supone una negativa a priori a la posibilidad de profundizar. Es amputarse la capacidad de repensar y re-enfocar las realidades de nuestro entorno.

Del liberalismo se puede decir lo mismo, haciendo la salvedad de que su enfoque es optimista -donde el anterior dice "dominación", éste pone "colaboración-, pero igual de ingenuo en su exaltación de los potenciales del homo economicus como el marxismo en su visión cruel e implacable de una historia humana que, en su pluma, deja un sabor a profunda NADA.

MORAL TRADICIONAL Vs MORAL MODERNA

"Si la ley debiera prohibir todo lo que juega el papel de estupefaciente, en el sentido más general del término, haría falta suprimir gran parte de lo que compone la existencia moderna y alimenta una industria particularmente desarrollada y agresiva."

(´Cabalgar el tigre`, J.E.)

Hoy ya empieza a estar más difundida una moral alternativa a la prohicionista, pero asimismo, alejada de concepciones cómodas e irresponsables como las de ciertos apologistas del "modo de vida adicto", por darle algún nombre. 

Gentes bien conocidas en nuestro país como los señores Escohotado y Dragó llevan tiempo haciendo una encomiable labor pedagógica que puede encaminarnos a escapar de esa errada diatriba entre, por un lado, la cruzada contra ciertas sustancias y, por otro, la moral laxa y destructiva del "haz lo que quieras".

Los que tengan algo sabido el discurso de estos intelectuales, y de muchos otros, como puedan ser Castaneda, Jung o Jodorowsky, estarán en conocimiento de que todos los problemas derivados de las sustancias enteogénicas tienen por origen la ruptura del vínculo entre la sustancia en sí y la tradición que la acompañaba; entre la planta, el brebaje, el preparado, y el entorno cultural en el cual se enmarca y que lleva consigo el conocimiento acumulado de decenas de generaciones sobre el estupefaciente en cuestión.

Pero la reflexión urgente en estos "tiempos de disolución" es la que apunta Evola en la cita: Sea por medio de sustancias o por otros medios cualesquiera, la sociedad occidental post-moderna está llegando a un paroxismo de la sedación; y es cada vez más evidente que no es algo casual, porque es demasiado obvia y demasiado golosa la tentación de los poderosos, de un grupo u otro -o más bien de todos- de suministrar a la masa tantas clases de "adormecientes" como haga falta, con tal de que les dejen hacer, ocasionándoles las menos molestias posibles.

Y sin salir del mismo ámbito, veamos qué ocurre con el sexo. Evola dice sobre el papel de éste en la actualidad que "es como si esta obsesión sexual que se habia manifestado anteriormente con la mentalidad puritana bajo un signo negativo, a través de inhibiciones, tomara hoy día, incluso con carácter más agudo, un signo positivo." 

No me podría parecer más acertado el diagnóstico. Me he cansado de advertir sobre esto durante largo tiempo. Tan perniciosa y contraproducente puede resultar la inhibición generalizada como la inducción igual de generalizada. Para que uno pueda "liberarse" realmente, deberá estar tan libre de coerciones como de estímulos. Una sexualidad libre es la que no tiene miedo de expresarse tal como es, bien sea por exceso, o bien por defecto. No hemos logrado, por tanto, ninguna liberación sexual, como diría el papanatas medio de nuestro tiempo, sino que hemos cambiado represión por potenciación, ambas igual de artificiales, y ambas un efectivo medio de control social.

A continuación, Evola también advierte que "allí donde el sexo se pone de relieve, es natural que la mujer, su dispensadora y su objeto, domine la situación". Y esto resultaba evidente a cualquiera cuando nuestro juicio no estaba tan condicionado por esos nuevos complejos pequeño-burgueses, esos tabúes que hoy se expresan de forma tan pacata en el miedo atroz a reconocer diferencias entre sexos, gentes, y costumbres.

El que "la mujer domine la situación", más allá de que esto no equivalga a decir que "lo femenino domine" -confusión que ya aclaré en un texto específico sobre ello-, también entraña conflictos, tanto externos como internos, a los que no podemos dar la espalda. 

Doy por hecho que la mayoría va a convenir en que hay diferencias evidentes y que no responden al influjo cultural entre uno y otro sexo. Partiendo de este acuerdo, convendremos en que si la balanza se inclina a favor de la mujer, o del varón, la realidad socio-cultural resultante será distinta, puesto que los valores que la han impulsado también lo son.

Como la virilidad ha sufrido un proceso de demonización tal que ha acabado convirtiéndose en anatema, cuesta hablar en estos términos sin suscitar indignación -antes aludimos a los "complejos pequeño-burgueses", pero igualmente podríamos hablar de "neo-puritanismo", de un trasunto de la vieja mojigateria o santurronería- Es difícil pues, hoy, plantear abierta y claramente que nuestra sociedad está sometida a un proceso de CASTRACIÓN, no sé si con más o menos prisa, pero desde luego que sin pausa, y sin tregua.

No vamos a hacer un listado de todas las consecuencias que esto traerá a la larga -además de las que ya está trayendo-. Sería imposible abordar todos los ámbitos en que esto puede llegar a expresarse. Lo que vamos a hacer es dar unos apuntes concisos para movernos a cuestionar ciertas ideas que hoy están instaladas en el consenso social pero que bien podrían salir de él si fomentamos el diálogo crítico -cosa que escasea cada vez más por estos lares, pues como dice Rodrigo Mora: "En una sociedad hiper aleccionada y dogmatizada, los hechos cuentan poco, ya que la mayoría se guía por teorías e ideas abstractas."-

¿Decir que esta es una sociedad castrada es exagerado? ¿Suena a exabrupto de macho alpha trasnochado? Desde luego, por ahí no me pillarán, porque si bien intuyo en este apoquinamiento del varón un hecho desgraciado, no soy yo un ejemplo de extrema virilidad -y de hecho, defiendo también la posibilidad de que existan virilidades distintas- A donde yo quiero ir a parar es a algo muy básico: Antes hablábamos de una "balanza descompensada". Pues ni más ni menos que ese es el problema -todos los demás se derivan de uno u otro modo de él- ¿Les suena aquello del "yin y el yang" y la complementariedad de los opuestos? ¿Me aceptarían también, o es mucho pedir, que las mujeres tienden a ser más emocionales, generosas y tolerantes que los varones? 

Pues bien, si aceptamos estas premisas -que para algunos ya será mucho aceptar- apreciaremos claramente que, veámoslo positivo o no,  la moral social se inclinará más hacia los valores femeninos que hacia los masculinos -aunque aquí hay que hacer una importante salvedad. Y es que, como ya dije en el texto al que aludí hace un rato, estos valores ancestrales de la mujer están ya muy contaminados de los valores viriles que el feminismo, en gran parte, ha adoptado.- Pero aun habiendo asumido muchos valores masculinos como propios, las mujeres de hoy siguen siendo en cierta medida muy parecidas a las mujeres de cualquier otro tiempo; y como tales, lo emocional, lo maternal, lo "suave", sigue primando en las actitudes y en los valores de gran parte del sexo femenino. 

Y esto es lo que ocurre, o lo que recién empieza a ocurrir, que al tomar cierto dominio moral la mujer sobre el varón, aun no habiendo llegado a ser absoluto, ni mucho menos, sí se observa que cedemos cada vez más, en conjunto, al buenismo, a la compasión por defecto, al.. "dejarlo estar", movidos quizá por el chantaje emocional, digámoslo así de crudo, de la masa femenina que va tomando protagonismo en el consenso social.

E insisto en que todo lo descrito no implica que este cambio sea a mejor o a peor. Ustedes deberán decidir eso. Unos opinarán que "ya era hora", otros que convendría equilibrar la balanza, e incluso los habrá -sé que los hay- convencidos de que lo natural y lo sensato, de toda la vida, es que domine el varón.
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Y como estos párrafos se han alargado más de lo que planeé, dejaremos ya para la tercera entrega, y la dedicaremos por entero a ello, la reflexión sobre la última de estas oposiciones planteadas por el pensamiento evoliano, que es la existente entre RELIGIOSIDAD TRADICIONAL y RELIGIOSIDAD MODERNA.