Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
Mostrando entradas con la etiqueta Marxismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marxismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de agosto de 2015

"EL MIEDO A LA LIBERTAD" (II)

El capitalismo "salvaje"
O de cómo superé el último anatema, y eso me liberó de insalvables conflictos y contradicciones.

Creí que el gran tabú de esta sociedad era la desigualdad de sexos, de culturas, de razas....
Creí luego que lo que más asustaba al biempensante medio era la llamada "cuestión judía"...
También creí que la "última frontera" de lo aceptable era negar el materialismo, cuestionar la infalibilidad de la ciencia y abrazar los mundos del espíritu, lo sobrenatural y lo eterno.
Pero no, todos esos eran tabúes menores; todos eran, al final, más digeribles para el conjunto de nuestros coetáneos que el GRAN TABÚ, EL GRAN MOLOC QUE A TODOS ASUSTA, Y DEL QUE TODOS RECELAN, POCO MÁS O MENOS, POR IGUAL.

.... ¡SÍ! Es en el que todos están pensando: ¡EL CAPITAL! ¡LA CODICIA! ¡LOS EXPLOTADORES DEL TRABAJADOR! ¡LA BANCA! ¡EL PERVERSO... PERVERSO LIBREMERCADO!

Y en este punto, me toca sincerarme con ustedes. Creo que una confesión de las trabas que puse a mi propio razonar antes de reconocer que eran en efecto trabas, más que lícitas críticas, puede ser de utilidad a muchos que se hayan encontrado ante el mismo conflicto, en el fondo, puramente filosófico. 

Es un problema filosófico porque, al final, de lo que hablamos no es de si la restricción al mercado es buena o mala, sino de si es legítimo o ilegítimo el cuestionamiento de las elecciones individuales que acaban traduciéndose en grandes tendencias sociales, siempre que éstas no sean condicionadas o dirigidas por un rey, un señor feudal o un cacique. Es indiferente que nos gusten más o menos estas nuevas costumbres que se han generalizado, pues mientras respondan a la persecución del bienestar de tantos y tantos individuos a lo largo del mundo, nosotros podemos rasgarnos las vestiduras, clamar contra la inmoralidad del beneficio a cualquier precio -que no es "a cualquier precio", primer sesgo erróneo-, ¡nosotros podemos decir misa!, que todos ellos ya han decidido por sí mismos, y no por un capricho, sino porque los resultados obtenidos les han corroborado que habían escogido la senda correcta.

Pues así es. Paradójicamente, aquella apología que resulta ser el anatema de los anatemas es la que compete al sistema de organización económico-social que a todos nosotros, anatemizadores, nos sostiene y nos mantiene con un nivel de vida bastante aceptable (no quepa duda de que mucho más aceptable que si lo cambiáramos de repente por cualquier otro: feudalismo, mutualismo, socialismo, imperialismo.)

Se dirá que no es éste el máximo tabú porque existen muchos más apologistas del libremercado que disidentes del pensamiento progresista o revisionistas de la cuestión judía. Lo cierto es que no. Lo sería si incluimos entre los defensores del capitalismo "salvaje" -connotación maliciosa por excelencia- a aquellos que concurren a elecciones calificándose de "liberales". Pero la verdad es que muchos de ellos, por no decir todos, de "defensores del libremercado" sólo tienen el nombre; pues las políticas que practican cuando han alcanzado el poder únicamente son calificadas de "liberales" por todos aquellos que abjuran del liberalismo, pero jamás por los filósofos y economistas que realmente defienden en coherencia tales ideas. Llamar liberalización del mercado a regalar empresas públicas a sus amigotes en régimen de monopolio u oligopolio, como digo, sólo puede calificarse de favorable al libremercado por quién ni sabe lo que esto es, ni sabe en absoluto lo que defiende la ideología liberal.

Y no se equivoquen, yo soy el primer crítico del consumismo, del individualismo atomista, del relativismo, de la adoración de cualquiera de los totems modernos, y de la imposición de modelos occidentales disfrazados de "universalidad". Pero de lo que ya no soy enemigo, desde luego, es del capitalismo como tal (sin añadidos convenientes ni connotaciones arbitrarias de las que tanto abundan). Ya que, una vez entendido el concepto desnudo, liberado de todas esas "figuras fantasmales" que le han ido adhiriendo unos y otros, yo también me uno a los que hace tiempo se vienen haciendo las siguientes preguntas:

¿Por qué nos suscita tanta suspicacia, tanta inquietud, un sistema basado en el intercambio y los contratos voluntarios? ¿Por qué le adherimos tantas de esas connotaciones, y tan imaginativas (por momentos, delirantes) cuando todo lo que suponga imposición -y todo lo que no lo sea no es legítimo criticarlo-, por propia definición no puede tener origen en el capitalismo como tal?

La competencia "inhumana". El mercado "sin control".
Este problema ha sido estudiado largamente por intelectuales como Huerta de Soto, Hayek, Von Mises, o Escohotado. Ellos apuntan a varios motivos, a cada cual más curioso. Por un lado, está el hecho de que los modos de organización basados en el ahorro y el intercambio no dejan ver todos los complejos mecanismos con los que funcionan y nunca pueden ser reducidos a fórmulas racionales-matemáticas, con lo que, aquellos empeñados en explicarlo todo mediante la razón pura se desesperan y buscan causas y efectos, responsables y víctimas, al precio que sea. Son justo los intelectuales 
-¡mucho más que los supuestos "explotados"!- quienes especialmente han fomentado esa desconfianza y esos juicios morales sobre "el capital"; y en ello tiene mucho que ver el hecho de dedicarse a las labores que se dedican, pues ven frecuentemente como personas con mucho menos nivel académico o cultural hacen fortunas con actividades "muy poco honorables", tales como una nueva forma de vender utensilios de cocina o de hacer la vida más cómoda al transportista, al fontanero o al conserje de nuestro portal. Pero el intelectual, que sí se dedica a tareas "nobles y de altura", no concibe que él perciba tan pocos ingresos mientras ese "paleto con una ocurrencia" se haya forrado de una sola vez, aunque nunca más vuelva a tener otra idea de valor en su vida. Nuestro entendimiento, además, tampoco acaba de asumir el hecho, aun siendo evidente, de que esa "avaricia y competencia descarnada" es la que posibilita que tengamos el mejor acceso posible a los mejores bienes posibles (aunque nada es tan perfecto. No hay que olvidar las artimañas publicitarias destinadas a hacernos desear infinidad de cosas de las que antes ni teníamos noticia, lo que es el pan de cada día en un "régimen de mercado".) En cualquier caso, habida cuenta de esas "fallas del sistema", ningún otro podría haber logrado que tuviéramos tan buen acceso a tan deseables bienes como lo tenemos hoy día. Sin embargo, todos esos intelectuales, críticos, condenadores, e insatisfechos crónicos únicamente centran su mirada en los presupuestos "egoistas, descarnados e inhumanos" pero nunca en los resultados que dan esos mismos presupuestos, sean más o menos "humanos". Y de la humanidad de los resultados (SUBRAYEN BIEN ESTO) sólo se puede dudar cuando no se contraponen debidamente con los resultados arrojados por el modelo anterior, o con los modelos alternativos y contemporaneos.

Nuestras persistentes e innumerables reservas con un modelo que, indudablemente, nos ha beneficiado mucho más de lo que nos ha perjudicado, y en el que seguimos mal que bien inmersos (aunque le pongamos freno aquí y allá con unas cuantas restricciones) se explica por un choque cognitivo entre nuestra percepción ancestral, incluso evolutiva -que requería circunscribirse al pequeño grupo, al clan, en orden a sobrevivir-, y la percepción que nos exige el mundo moderno, globalizado, donde los presupuestos y los razonamientos que servían para explicar el ORDEN RESTRINGIDO -el del clan o el poblado-, ya no sirven para los ÓRDENES EXTENSOS e hiper-complejizados que hemos desarrollado en los últimos siglos.

La teoría de la explotación, una falacia que ha dado pretexto
a todas las revoluciones marxistas. El valor no procede
del trabajo, sino de lo que el público esté dispuesto a pagar.
Si todo el mundo dejara de fumar, ¿qué valor  creen ustedes
que tendrían los cigarrillos, los puros y las pipas?
La solidaridad del clan era exigencia de nuestro modo de vida ancestral. Estos instintos, pues, estas respuestas emocionales que sentimos frente al interés monetario, la competencia y la propiedad privada son completamente naturales -otra cosa es que sean favorables en nuestro actual contexto-. 
La velocidad con la que ha cambiado el mundo nos asusta; y la eficiencia con la que los procesos de mercado se han extendido por ese mismo mundo, haciendo de él algo mucho más complejo, y por ello, difícil de analizar en orden a extraer conclusiones, nos asusta todavía más. 

Porque si a nuestro instinto atávico de clan le cuesta muchísimo adaptarse a estas nuevas realidades, a nuestro instinto moderno racionalista no le resulta menos arduo el aceptar que esa razón que, hasta hace poco, debía ser capaz de explicar prácticamente todo, no se basta para explicar, y sobre todo, PARA JUSTIFICAR -éste es el gran escollo- el orden de mercado. Pero no de modo distinto a como tampoco se basta para explicar y justificar el orden en que se han basado para su construcción los idiomas, las formas culturales y las innovaciones e invenciones de todo tipo. No se pueden reducir a fórmulas matemáticas ni a teoremas como los de la física todas aquellas realidades que evolucionan por la acción de incontables individuos, empleando cada uno sus conocimientos particulares a los que nadie más tiene acceso, y colaborando entre ellos, incluso SIN SABERLO, a dar a luz nuevos modos de inter-relación, de colaboración, de intercambio, de organización espontánea.

En efecto, por más que me costara reconocerlo (es tremendo tabú el del beneficio y la privacidad), no hay realmente un problema de mercadolatría, como creí en su momento. El único problema es la ESTATOLATRÍA. Porque es el Estado la gran abstracción, la verdadera imposición arbitraria que actúa también arbitraria y torpemente. Por el contrario, el mercado no es más que la acción humana libre y espontánea. Y por ello es tan ridículo querer "enmendar sus errores" como lo sería pretender dirigir o planificar centralizadamente la evolución de la lengua, la cultura, el arte o la tecnología.

La gran pregunta entonces es: ¿por qué la creatividad humana suele respetarse, y hasta venerarse, siempre que no sea en el ámbito de la empresarialidad? Porque para más inri, resulta ser ésta una de las clases de creatividad que necesariamente crean consigo oportunidades para otras personas. Visto desde esa perspectiva, no podría ser más contraproducente la actitud que mantenemos tan a menudo frente al empresario.

A ésta pregunta hay que añadir dos razonamientos básicos para completar nuestro replanteamiento del "problema del mercado". Y en ellos, ningún papel tienen los juicios morales, tan sólo la más pura y fría lógica. Tras digerirlos, les advierto que es probable que se abra un nuevo mundo ante sus recelosos ojos. (Los conceptos transforman la realidad. Las metáforas piensan por nosotros.)

El primero es aquel al que hice alusión antes: Todo cuanto suponga imposición es legítimo criticarlo, todo cuanto sea voluntario ya lo es bastante menos. Pero por propia definición, todo lo que no sea voluntario no puede tener origen en el capitalismo como tal, pues éste se basa justamente en contratos entre ciudadanos libres (además de en el ahorro, la inversión, la competencia y el cálculo económico). Por lo tanto, sólo nos quedan dos opciones: o buscamos un nuevo significante para contener lo que clásicamente se aceptó como significado de "capitalismo", o aceptamos que la definición era correcta pero nosotros nos empeñamos en "adornar" el concepto con algunas que otras imaginativas y recelosas connotaciones.

El segundo vendría a plantear también algo muy sencillo: Cuando se piensa que la economia, la riqueza, es una constante, es normal que se llegue a la conclusión de que "la tarta debe repartirse mejor". Por el contrario, si se piensa que la economía, la riqueza, es algo que crece, parecerá lo más lógico el fomentar que siga creciendo. 

Estas tres coordenadas conforman una nueva perspectiva sobre las realidades que tanta sospecha y desconfianza motivan, y quizá ayuden a caminar hacia una cierta objetividad (una completa sería imposible), librándonos al mismo tiempo de unas cuantas subjetividades que, aun sin tener razón de ser, han estado impidiendo que podamos enfocar correctamente los problemas a los que se enfrentan nuestras sociedades modernas.

martes, 7 de abril de 2015

"Clasismos".

Clasista es aquel que divide a la gente en clases.
                                                                                                                      ~
El término "clasismo" se ha ido tornando, en las últimas décadas, un concepto vacío, por lo menos en Occidente.
Pero si aquel ha perdido contenido, la realidad tras el sustantivo -que no el adjetivo-"burgués", ha devenido, sin más, pura superstición..  

Sí que es cierto que hubo clases y estamentos..
..pero eso fue en el pasado. 
Hoy, la única división real y operativa es «oligarquía/masa informe». 

Ya no hay más «burguesía y proletariado». 
     Parece evidente que, al menos en los países llamados "desarrollados", existe tal diversidad de "clases", según profesión, estudios, ingresos... y un sinfín de variables, que resultaría una tarea titánica, aparte de absurda, empeñarse en establecer alguna suerte de categorías (y desde luego que sólo podría obedecer a un terco doctrinarismo.)
.....................

¿No vemos el absurdo del que participan quienes aún insisten en hablar de "lucha de clases"?
¡Son unos fariseos, unos teólogos, con la visión torcida tan propia del teólogo!, como diría el maestro.. 

(Las palabras ya significan, nada más y nada menos, que lo que a cada 
uno le dé la gana que signifiquen, la arbitrariedad está servida.)
¡Sólo buscan hacer bandos, y mandarlos a degollarse los unos a los otros!

¡Fariseos, celosos cultivadores de nuestros más bajos impulsos!
¡Ni vosotros podéis creer en tan torpes tergiversaciones! 

¡Le decís al tendero y al plomero, al abogado y al profesor, que es "uno de los vuestros", aun cuando hace buen dinero y vive más holgadamente que algunos "burgueses" hasta el cuello de deudas! 
¡Le decís, por contrario, al empresario con sueldos a su cargo y que no llega a fin de mes, que es un explotador y un enemigo de clase! 
¡Al que vive como dios, pero en un barrio humilde, le animáis a que, encima, se indigne con la suerte que le ha tocado, y "exija justicia"! 
¡Al que trabaja todo el puto día, pero tiene mejor coche y casa que el otro, tan sólo la mirada por encima del hombro y el punto de mira secretamente imaginado sobre su cabeza!

¡Clasista es aquel que divide a la gente en clases! 
¡Quién sólo sabe hablar de lucha de clases, 
ya sabemos de qué pie cojea, y qué deseos alberga!

¡Dejad de escarbar en nuestras infra-pasiones para incendiar las calles, y calmar vuestra frustración, vuestro hambre de conflicto!

¡No le busquemos ya más pies al gato

¡Dadnos una explicación convincente de ese empeño en ver divisiones donde sólo hay una sana y libre diversidad, y si no, callaos!

No, no... ¡No os solivianteis, esperad un momento antes de poner mi cabeza en una pica!

Creía que os preciabais de ser personas racionales... ¿No me vais a satisfacer siquiera en una pregunta que considero pertinente en este asunto?

Decidme, pues, lo siguiente.. Aclarad mi duda: 
¿Cual es el baremo para medir esto de la división social? 
-porque imagino que no es puramente arbitrario, no?- 
¿Es el sueldo, o son las horas trabajadas por día? ¿O quizá es el tipo de trabajo 
(si es manual o intelectual)? 
¿Tiene alguna infuencia el dinero con que cuenta la familia del sujeto, aparte de lo que el cobre por su trabajo actualmente? ¿Las casas, coches, bienes que ha heredado, o dejado de heredar? .. ¿Si se ha preocupado de ahorrar más que otros?....
(Toda licencia es disculpada cuando es "por una buena causa", 
la propaganda se cree legitimada para deformar las realidades 
hasta que se asemejen a sus visiones torcidas.) 
¡Decidme, decidme! ...

Ya, es algo más sutil, ¿verdad? Es algo inasible que sólo podéis ver los iniciados en la cienciología histórica materialista... Perfecto, es todo lo que quería saber.

Sed buenos, y no cortéis hoy demasiadas cabezas.. 
..dejad alguna que otra para que luego quede alguien para auparos como "héroes del pueblo".

jueves, 19 de febrero de 2015

"¿Es el Marxismo una teoría conspirativa?"

(Anexo a "Comentarios sobre ´Dialéctica del Iluminismo`".)


Dejaremos para la segunda parte del análisis sobre esta obra sus fragmentos más inspiradores, o su valor más constructivo. En este anexo nos dedicaremos a incidir en su dimensión más puramente ideológica, en la cual se halla, a mi juicio, su parte más negativa, y que considero, por ello, vital el exponer y, de algún modo, desmontar.

Para ello, será necesaria una pequeña introducción:

Como muchos de ustedes ya sabrán, el Marxismo considera al Estado, y la sociedad entera, junto con las leyes que nos son dadas, como un "sistema de dominación", sin medias tintas ni excepción alguna. Cuando ellos son quienes lo toman, entonces, sorpresiva e inexplicablemente, deja de serlo.

La realidad humana, y todo lo que la contiene, debe ser interpretada dialécticamente, o mejor dicho, MANIQUEAMENTE, en clave de "clase dominante" y "clase dominada". Todo lo que hay de injusto, o se percibe como injusto, en nuestro mundo, tiene como fundamento el "orden burgués".
¡Nada puede escaparse a esa torcida y obsesiva visión!

El Marxismo es, como escribió Karl Popper, un "sistema de pensamiento que se autojustifica, y ante el que no cabe refutación alguna, en tanto que se retroalimenta ad infinitum".

Así, cada vez que alguien denuncia en él una incoherencia, rápidamente "saca de la chistera" una respuesta conveniente que vuelve a retroalimentar el sistema: 

-¿Contra quién luchamos? -Contra la burguesía. -¿Cual es nuestro fin? -La liberación del yugo burgués. -¿Quién es nuestro liberador? -¡Lenin!
-¿Y entonces, por qué Lenin se muestra tan autoritario y sus comisarios políticos han montado semejante carniceria? 
-Porque no le quedó otro remedio, los burgueses no le querian dejar establecer un sistema justo. 
-¿Oye, Y quienes son estos fascistas, que recuerdan tanto a los bolcheviques? 
-Sí, nos imitan con el fín de engañar al proletariado internacional y que vuelva al redil de su nación burguesa. Se trata de una jugada maestra 
-¿Oigan...pero los nazis estos....no recuerdan mucho, en como persiguen a los judios, a como nosotros perseguíamos a los burgueses? -No, nada que ver, los fascistas lanzan a los proletarios unos contra otros, a los penúltimos contra los últimos, y así se salva la burguesia, que es quién inventó la artimaña. 
-¡Si, si! Pero.. ¡Ellos también acusan a los judios de todos los males del mundo, igual que nosotros hacemos con los burgueses! ... 
-Puede ser, pero es que la burguesía es real, la judería es una invención. 
-...¿Pero los judíos existen, no? -Si, claro que existen, pero no son la clase dominante. 
-Bueno.. ¿Pero no es cierto que hay muchos judios en los estamentos más altos de la política, la banca, la empresa y la cultura? -Sí, pero los burgueses son los que dominan todo. 
-Pero, entonces, ¿por qué debo creerme que los burgueses son los culpables de la miseria económica, moral y espiritual.. del Imperialismo y el sojuzgamiento de la mujer, que son uno con la Iglesia y las fuerzas de la tradición, y que hasta el fascismo es invento suyo? 
-Bueno.. Porque es evidente, ¿no? 
-Puede ser, pero también resulta evidente para los nazis que en los judíos está el origen de todos los males que nos asolan... 
-¡Basta ya! ¿Qué eres, un traidor a la causa proletaria? ¡Los fascistas se equivocan y nosotros llevamos la razón! ¡Se acabó la tonteria ya, hombre! (y como digas una palabra más, te regalo unas vacaciones en Siberia)

.................

«La doctrina de la verdad manifiesta, no sólo engendra fanáticos -hombres poseídos por la convicción de que todos aquellos que no la ven deben estar influidos por el demonio- sino que también conduce (...) al autoritarismo.» (Karl R. Popper.)

«Volved ateos y amorales a los pueblos que queréis subyugar: mientras no adore a más Dios que a vos no tendrá más costumbres que las vuestras, seréis siempre su soberano... Ahora bien, en compensación dejadle la más amplia facultad del crimen sobre sí mismo; no le castiguéis jamás, a no ser que sus dardos vayan dirigidos contra vos» (Maquiavelo)
..................

Esto último que describe tan preclaramente Maquiavelo se ha manifestado en todos los regímenes comunistas, y por extensión, en todos los regímenes totalitarios que el siglo XX ha visto. No se trata necesariamente  de "volver a las sociedades ateas" en el sentido más literal, se trata de eliminar todos sus valores anteriores, su sentido de trascendencia, si lo tuviesen, así como sus vínculos socio-culturales y toda clase de referencia anterior a la revolución, la cual impone sus nuevas referencias; y así, todo remite, en la nueva cosmovisión generalizada, a los valores y anti-valores que proclama la "vanguardia revolucionaria". Esto vendría a ser como decir que "A partir de entonces, el mundo en que vivirán estas sociedades, y en torno al cual surgirán sus opiniones, valores, y deseos, será una costrucción de la nueva oligarquía; por tanto, un producto hecho a la medida de su perspectiva, pero sobre todo, de sus intereses."

Y esto es también lo que hacen los intelectuales marxistas en un nivel, ya no popular, sino pretendidamente academico, y hasta "científico". Así, Adorno y Horckeimer abonan y riegan con gran "celo revolucionario" -o "conciencia de clase"- las tesis que ayudan a conformar esta cosmovisión tan maniquea y, sobre todo, tan conveniente.

Fíjense en como se nos pretende convencer de la idea de que "Hitler es un producto del capitalismo y de la burguesía", o de que "el nazismo estaba, está, y estará, en el mismo germen de la sociedad industrial, o liberal". De este modo queda el mundo occidental entero dividido entre, por un lado: burgueses/liberales/capitalistas (que, en última instancia, son los que engendran "el terror totalitario"); y por otro: proletarios/marxistas/socialistas (que, si atendiéramos únicamente a lo que ellos nos dicen, no han cometido jamás ningún pecado, ni muchísimo menos han dado lugar a ninguna clase de totalitarismo.) Pero vayamos a las palabras de los propios autores:

«Al incorporar totalmente los productos culturales a la esfera de la mercancía, la radio renuncia a colocar como mercancía sus productos culturales. En Estados Unidos no reclama ninguna tasa del público y asume así el carácter engañoso de autoridad desinteresada e imparcial, que parece hecha a medida para el fascismo. En éste, la radio se convierte en la boca universal del Führer; y su voz se mezcla, mediante los altavoces de las calles, en el aullido de las sirenas que anuncian el pánico, de las cuales difícilmente puede distinguirse la propaganda moderna. Los nazis sabían que la radio daba forma a su causa, lo mismo que la imprenta se la dio a la Reforma. El carisma metafísico del Führer inventado por la sociología de la religión ha revelado ser al fin como la simple omnipresencia de sus discursos en la radio, que parodia demoníacamente la omnipresencia del espíritu divino.(....)»

Hablan de "metafísica", pero nada más metafísico, literario, y por completo gratuito, que la interrelación de dinámicas y procesos que ellos hacen, intentando justificar su estrambótica tesis por medio de una concatenación de vinculaciones de lo más arbitrarias (o cuando menos, subjetivas.) 
Sí, podríamos relacionar la industria cultural y la sociedad de consumo con la aparición de una figura como Hitler, pero del mismo modo que podríamos relacionarlo con cualquier otra cosa que nos viniera en gana. Lo que hacen los autores en esta parte del libro es pura divagación metafísica, algo que puede servir como una suerte de poesía febril, de aforismo delirante, pero nunca como estudio serio de la sociedad, la política o la historia.

«(....) Finalmente, el dictado de la producción, el anuncio publicitario específico, enmascarado bajo la apariencia de la posibilidad de elección, puede convertirse en la orden abierta del Führer. En una sociedad de grandes Rackets fascistas, que lograran ponerse de acuerdo sobre qué parte del producto social hay que asignar a las necesidades del pueblo, resultaría finalmente anacrónico exhortar al uso de un determinado detergente. Más modernamente, sin tantos cumplimientos, el Führer ordena tanto el camino del sacrificio como la compra de la mercancía de desecho.»



    (Sin comentarios.)
             ...............







En el anterior capítulo también mencioné, de pasada, la obra de Erich Fromm ´El miedo a la libertad` y dije que nos dedicaríamos a comentarla en un texto específicamente dedicado a ella. No es esta, por tanto, la ocasión de hacerlo, pero si de analizar esa dimensión de la obra a la que me referí aquella vez, la cual es extensible a toda la Escuela de Frankfurt y que, como también dije entonces, consiste en tomar como paradigma del "terror totalitario" al fascismo (más concretamente, el Nacional-socialismo alemán) no haciendo ni mención del otro totalitarismo (que fue, cuando menos, igual de destructivo).
Erich Fromm, como ya aclaré, es un autor al que tengo en mucha mayor estima que a los que acabamos de "destripar", pero que, como he dicho, comete el mismo "pecado" que estos, lo cual puede expresarse, a modo de resumen, en el siguiente fragmento:

«Llegamos así a definir como ideal verdadero todo propósito que favorezca el desarrollo, la libertad y la felicidad del yo, considerándose, en cambio, ficticios aquellos fines compulsivos e irracionales que, si bien subjetivamente representan experiencias atrayentes (como el impulso a la sumisión), en realidad resultan perjudiciales para la vida. Aceptada esta definición, se deduce que un ideal verdadero no constituye una fuerza oculta, superior al individuo, sino que es la expresión articulada de la suprema afirmación del yo. Todo ideal que se halle en contraste con tal afirmación representa, por ello mismo, no ya un ideal, sino un fin patológico. (....) ¿Qué pensar entonces de aquellos "ideales" que, como los del fascismo, se dirigen decididamente contra la vida? ¿Cómo podemos comprender el hecho de que haya hombres que los sigan tan fervientemente, como los adeptos de ideales verdaderos siguen los suyos?»

¿Pero no es también patológico, irracional, y perjudicial para la vida, el rencor cultivado con ahinco por los propagandistas de izquierda? ¿No sucumben también muchos de los que adoptan estas ideas (no digo que todos) a bajas pasiones como la envidia, la busqueda de culpables en el exterior, o la proyección en los demás de las propias carencias?
¿O es que es el fascismo el único que se sirve de alimentar en nosotros la lógica del chivo expiatorio?


Quizá es que consideramos legítima esta justificación cuando va dirigida contra "los fuertes", e ilegítima cuando lo hace en contra de "los débiles". Sin embargo, en uno y otro caso se trata de lo mismo, de evadir la propia responsabilidad, de calmar la conciencia por medio de la proyección de la culpa en otros, de dividir el mundo en "malos y buenos", "justos e injustos", pero no atendiendo a las acciones o a las actitudes particulares de cada individuo, sino adjudicándoles uno u otro bando por mera razón de su estrato social; colocándolos por tanto en el lado de los culpables o de los inocentes sin conocer ni un solo rasgo de su personalidad, actitud, o rutinas diarias. 
¿No es esto lo mismo que hace el fascismo? 
¿A qué se debe entonces tan sospechoso doble rasero? 
(Creo que al colocar el adjetivo "sospechoso" ya he respondido parcialmente a la pregunta. Les considero a ustedes lo suficientemente rápidos para captar por donde van los tiros.)

Recordemos a este respecto que los judíos, por acudir a la referencia más archiconocida, no eran exactamente "los más débiles" de la sociedad alemana. Al igual que "la burguesía" hoy, un amplio sector de la comunidad judeo-alemana ocupaba altos puestos en la política, la empresa, la banca, o la industria cultural; y al igual que "la burguesía" hoy -e incluso ayer- otros muchos tenían negocios no tan boyantes, y no tan destacados, pero se les tomó como parte de una misma "superclase" y, dentro de esa lógica del chivo expiatorio, pagaron justos por pecadores, y se asimiló la comunidad hebrea, en conjunto, a una "élite privilegiada y explotadora del Pueblo alemán".

No tomemos, por tanto, la perspectiva sesgada de la izquierda como verdad manifiesta (que es lo que ellos pretenden). Procuremos ir más allá de lo que nos plantean como evidente, y no caigamos en la trampa de "comprar" los "hechos" tal como nos los muestran.

Este es mi humilde consejo, o si me lo permiten, incluso advertencia
Cúrense, en la medida de lo posible, de la neurosis de la ideología, y dejen que el aire fresco entre en sus apolilladas mentes y se lleve el aroma a rancio del viejo marxismo, el viejo liberalismo, o el viejo anarco-sindicalismo, falangismo.. o lo que quiera que conquistara, un día, su juicio sobre la realidad y que sometió, sin usted advertirlo, su pensamiento genuinamente libre.

Mens sana in sana libertas.