Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.
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jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Cómo se origina la creatividad?

Autorretrato de Vincent Van Gogh, 1889. El pintor holandés
es una de las primeras figuras que nos viene a la mente
cuando hablamos de neurosis y creatividad.
~
Comencé a reflexionar e indagar sobre este asunto a partir de una pregunta que me vino a la mente y que pensé que podría ofrecer alguna clave al respecto. 

La pregunta era ésta: ¿Es posible que la vinculación entre neurosis y creatividad tenga que ver con el esfuerzo que se ve obligado a hacer el neurótico para encajar en el grupo, así como para dominar, o bien disimular, sus propias neuras; todo lo cual requiere un uso imaginativo (creativo) de los recursos con que cuenta?

Si lo planteo como pregunta es, evidentemente, porque no pasa de ser una hipótesis. Y, aunque prometedora y fecunda, hay explicaciones alternativas que parecen igual de plausibles y que tampoco implicarían necesariamente descartarla, si partimos de la base de que estamos ante un fenómeno multi-causal.
El proceso de darle vueltas a un asunto de forma recurrente y con pensamientos negativos (la neurosis) tendría un beneficio: la generación de nuevas ideas. (Fuente aquí)
Esta sería otra hipótesis con visos de dar una explicación, como digo, al menos parcial del fenómeno que nos hemos propuesto analizar. Guardémosla pues en la recámara, porque nos seguirá siendo útil aun en el caso de que la presentada aquí resulte tan provechosa como intuímos.

Hecha esta aclaración, puedo permitirme desarrollar la idea con más detalle.

Se ha comprobado, por un lado, que hay más porcentaje de personas creativas entre los neuróticos que entre los no neuróticos. Por otra parte, también muchos han comprobado, al menos a nivel personal, que la creatividad en una disciplina concreta ayuda con frecuencia a desarrollarla en otra, y que en cuantas más disciplinas se desarrolle, se hace cada vez más fácil extenderla al resto, igual que ocurre con la facilidad para aprender idiomas. Y quizá la forma de creatividad más básica es la social e inter-personal: idear “trucos”, caminos alternativos, creativos, para burlar los patrones de conducta que observamos en nosotros y que juzgamos contraproducentes.

Pero intuyo que va más allá de la neurosis (o de la psicosis) como rarezas concretas y que es aplicable a cualquier tipo de “rareza”, de desviación de la media. Podría tomarse en cuenta por ejemplo la relación no confirmada pero sí observada a menudo entre creatividad y homosexualidad; y aunque quizá no resulte tan clara como la anterior, parece responder a la misma lógica: la necesidad de ser creativo en orden a disimular lo que nos hace “demasiado” peculiares y así lograr encajar en el medio (y en la media) social. Y si bien hoy, y al menos en Occidente, en el caso de los homosexuales ya no resulte tan imperativo, sí lo ha sido históricamente. 

Sería por lo tanto extensible, como digo, a cualquier característica que haga al individuo marcadamente distinto al resto de sujetos en su entorno. Se aplicaría, entonces, también a una mujer en un mundo de hombres (o viceversa), así como al judío entre cristianos o al africano entre europeos. Sería bien interesante a este respecto estudiar la biografía de los más destacados músicos o artistas afroamericanos. Y sería no menos interesante relacionarlo con lo mestizo y lo fronterizo: hay también un gran porcentaje de personas creativas o que destacan en diversas disciplinas entre quienes tienen doble nacionalidad y hablan fluidamente dos idiomas; esto es: entre los que se hallan a caballo entre dos mundos.
Algunos estudios con niños bilingües indican la presencia de ventajas cognitivas en tareas de creatividad verbal. (Fuente aquí)
Desde luego, existen enfoques muy diversos sobre la creatividad. Se han ensayado muchas formas de definirla y ubicarla dentro de las capacidades cognitivas. Aquí nos hacemos eco especialmente de lo que se ha llamado modelo transaccional.

Este modelo "explica la creatividad sobre la base de la interacción con el medio ambiente. La meta esencial del organismo es dar forma al entorno, más que ser conformado por él. Esta tendencia de configurar al medio puede ser bloqueada por las fuerzas sociales (educativas) impositivas que adoptan maneras de condicionamiento e instrucción en la conformidad." (Fuente aquí)

A su vez, esta perspectiva entronca en gran medida con la forma en que entiende este potencial Albert Reyndsy. Según él, la creatividad “se expresa a través de decisiones y no de productos, utiliza como medio el conocimiento de la personalidad y del mundo propio, es altamente intencional, es emergente, y se convierte en un compromiso interno.” (Fuente aquí)

Si el entorno es de algún modo hostil, si adaptarse a él constituye un desafío, el potencial creativo del individuo, que quizá en otro caso pudo quedar inexplorado, se ve obligado a desarrollarse en orden a sobrevivir y optimizar la relación con el medio.

El caso de Freddy Mercury, sin duda uno de los mayores genios
musicales del s. XX, podría ser muestra del posible vínculo entre 

la actitud o talento creativo y la peculiaridad biográfica
de hallarse tanto a caballo entre dos mundos (su 

Zanzibar natal y la Inglaterra que le acogió) 
como entre dos sexualidades.
Por tanto debería darse una coincidencia entre el potencial alojado en el sujeto y el estímulo procedente del exterior. Ya sea la creatividad algo que poseen todos los individuos o unos pocos 
–no hay datos concluyentes sobre ello- aceptaremos que no está igual de desarrollada en todos, y parecería sensato asumir que tampoco está homogéneamente extendido el potencial para desarrollarla. 

Pero aún debe darse otra coincidencia más. Pues la personalidad parece ser otro factor clave. Y aunque se ha definido a ésta de distintas formas, todos los estudiosos parecen coincidir en ciertos rasgos propensos a favorecer el desarrollo de una vocación creativa, como son el inconformismo, la ambición o la fuerte afirmación de la individualidad.
Eysenck plantea tres tipos de variables para obtener resultados creativos. En primera instancia menciona las variables cognitivas, en donde se destacan la inteligencia, los conocimientos, las habilidades técnicas y el talento especial. Luego menciona las variables ambientales, como los factores políticos, religiosos, culturales, socio-económicos y educacionales. Por último, se refiere a las variables de personalidad, que son la motivación interna, la confianza y la disconformidad. Por su parte, Gardner menciona algunos rasgos de la personalidad comúnmente presentes en los creativos: Los estudios de personas muy creativas indican que éstas tienden a destacar más por la configuración de su personalidad que por su puro poder intelectual. Cuando ya son capaces de realizar obras que se consideran creativas, difieren de sus compañeros en cuanto a ambición, confianza en sí mismos, pasión por su trabajo, insensibilidad a la crítica y por su deseo de ser creativos, de dejar huella en el mundo. Para Maslow la actitud creativa requiere fortaleza y coraje e indica que los estudios sobre personas creativas presentan algunas características relacionadas con esta condición como la obstinación, la independencia, la autosuficiencia, algo de arrogancia, fuerza de carácter y del ego. (Fuente aquí)
Hablamos pues, más que de una triple coincidencia como condición necesaria, de tres factores que contribuyen a que aparezca la “mente creativa”, los cuales se refuerzan entre ellos. No aparecerá únicamente si todos se dan con pareja intensidad, sino que dependiendo de la fuerza con que se presenten unos y otros, esa creatividad se verá más o menos potenciada. O al menos esa es la explicación que parece hasta el momento más completa y satisfactoria. Además la idea esencial parece encajar también con la Teoría Triárquica de la inteligencia de Robert J. Sternberg. 
                                                        ~
Pero todavía podemos dar un salto conceptual y enfocar la creatividad de una forma, digamos, más metafísica. Y es que, en un sentido muy esencial, la misma vida implica creatividad. Según Perls, Hefferline y Goodman, "todo contacto es el ajuste creativo entre el organismo y el entorno." 
(Fuente aquí)

Debemos recordar a colación de esto que la función evolutiva del cerebro no es otra que la adaptación al medio y la transformación del mismo. Y ese medio en el caso humano consiste en gran medida en otros humanos, lo que antes llamábamos la tribu y lo que ahora llamamos el entorno social más cercano.

Se puede inferir por ello sin demasiado riesgo que tanto el lenguaje como la empatía y la creatividad nacieron también con esa principal función. Parece reforzarse así la idea inicial de que es esa dificultad extra en la adaptación al medio la que puede hacer saltar la chispa de un potencial creativo hasta entonces dormido.
                                                         ~
Y ya para concluir, no podría dejar de mencionar aquí otra hipótesis de la que ya he hablado más veces, y que parte de la intuición, por momentos convicción, del estrecho vínculo que existe entre la creatividad y la libido.

Freud por supuesto ya habló de algo similar. Él lo llamó sublimación, y lo describió como “el proceso en el que las fuerzas instintivas sexuales son desviadas de sus fines sexuales y orientadas hacia otros distintos, proporcionando poderosos elementos para todas las formaciones culturales.” 
(Fuente aquí)

No obstante, si bien guarda relación con la hipótesis que mantengo, no se trata exactamente de la misma idea. El proceso descrito por Freud, sea real o una mera elucubración, consiste en la transformación y redireccionamiento de los instintos sexuales, mientras que en el que intento describir yo, el impulso sexual, más que transformarse en otra cosa (en creatividad artística o de cualquier otro tipo), la potenciaría.
Sigmund Freud ideó un método de análisis y terapia
psicológica bastante cuestionable pero asimismo
aportó grandes hallazgos a la ciencia psiquiátrica
y fue enormemente fecundo en intuiciones
sobre la psique y la condición humana a las que
todavía hoy seguimos dando vueltas.
Aun con todo, sería posible que ambas cosas fuesen ciertas y resultasen complementarias. Podría ocurrir que en una fase más primitiva de nuestro desarrollo cultural, la creatividad vinculada a la búsqueda de pareja sexual se limitara a las estrategias propiamente reproductivas, y que al desarrollarse la civilización, y con ella la represión que según el mismo Freud la sostiene, parte de esa energía se sublimase y transformase en una creatividad de tipo más sofisticado; lo cual de todos modos no estaría por fuerza alejado de la pura y dura estrategia reproductiva, dado que, al mismo tiempo que nuestra sociedad se torna más compleja, también lo hacen las diversas estrategias para encontrar pareja.

Podríamos hallar una explicación de todo ello, de nuevo, en la programación evolutiva. Encontrar parejas sexuales es uno de los más acuciantes objetivos en todo ser sexuado. Tiene sentido, por tanto, que nuestra capacidad creativa se dispare ante la perspectiva del coito. Encontraría explicación así que un pico en nuestra libido vaya acompañado de otro pico en nuestra creatividad, ya que la competencia de otros machos obligaría a dar lo mejor de sí y buscar trucos y atajos varios para lograr atraer a las hembras. Y no sólo tendría sentido en el caso masculino, sino que es muy posible que lo tenga igualmente en el caso de las mujeres, dado que ellas también se ven obligadas a competir por los machos disponibles.

La capacidad creativa humana, en suma, parece consistir en una sofisticación, como en tantos otros ámbitos, de la creatividad inherente a todo ser vivo. Es por ello mucho más compleja, diversa e impredecible; y es también por ello mucho más fascinante y misteriosa, capaz incluso de obrar lo que a nuestros ojos parecen “milagros”.
~*~

miércoles, 5 de agosto de 2015

"EL MIEDO A LA LIBERTAD" (II)

El capitalismo "salvaje"
O de cómo superé el último anatema, y eso me liberó de insalvables conflictos y contradicciones.

Creí que el gran tabú de esta sociedad era la desigualdad de sexos, de culturas, de razas....
Creí luego que lo que más asustaba al biempensante medio era la llamada "cuestión judía"...
También creí que la "última frontera" de lo aceptable era negar el materialismo, cuestionar la infalibilidad de la ciencia y abrazar los mundos del espíritu, lo sobrenatural y lo eterno.
Pero no, todos esos eran tabúes menores; todos eran, al final, más digeribles para el conjunto de nuestros coetáneos que el GRAN TABÚ, EL GRAN MOLOC QUE A TODOS ASUSTA, Y DEL QUE TODOS RECELAN, POCO MÁS O MENOS, POR IGUAL.

.... ¡SÍ! Es en el que todos están pensando: ¡EL CAPITAL! ¡LA CODICIA! ¡LOS EXPLOTADORES DEL TRABAJADOR! ¡LA BANCA! ¡EL PERVERSO... PERVERSO LIBREMERCADO!

Y en este punto, me toca sincerarme con ustedes. Creo que una confesión de las trabas que puse a mi propio razonar antes de reconocer que eran en efecto trabas, más que lícitas críticas, puede ser de utilidad a muchos que se hayan encontrado ante el mismo conflicto, en el fondo, puramente filosófico. 

Es un problema filosófico porque, al final, de lo que hablamos no es de si la restricción al mercado es buena o mala, sino de si es legítimo o ilegítimo el cuestionamiento de las elecciones individuales que acaban traduciéndose en grandes tendencias sociales, siempre que éstas no sean condicionadas o dirigidas por un rey, un señor feudal o un cacique. Es indiferente que nos gusten más o menos estas nuevas costumbres que se han generalizado, pues mientras respondan a la persecución del bienestar de tantos y tantos individuos a lo largo del mundo, nosotros podemos rasgarnos las vestiduras, clamar contra la inmoralidad del beneficio a cualquier precio -que no es "a cualquier precio", primer sesgo erróneo-, ¡nosotros podemos decir misa!, que todos ellos ya han decidido por sí mismos, y no por un capricho, sino porque los resultados obtenidos les han corroborado que habían escogido la senda correcta.

Pues así es. Paradójicamente, aquella apología que resulta ser el anatema de los anatemas es la que compete al sistema de organización económico-social que a todos nosotros, anatemizadores, nos sostiene y nos mantiene con un nivel de vida bastante aceptable (no quepa duda de que mucho más aceptable que si lo cambiáramos de repente por cualquier otro: feudalismo, mutualismo, socialismo, imperialismo.)

Se dirá que no es éste el máximo tabú porque existen muchos más apologistas del libremercado que disidentes del pensamiento progresista o revisionistas de la cuestión judía. Lo cierto es que no. Lo sería si incluimos entre los defensores del capitalismo "salvaje" -connotación maliciosa por excelencia- a aquellos que concurren a elecciones calificándose de "liberales". Pero la verdad es que muchos de ellos, por no decir todos, de "defensores del libremercado" sólo tienen el nombre; pues las políticas que practican cuando han alcanzado el poder únicamente son calificadas de "liberales" por todos aquellos que abjuran del liberalismo, pero jamás por los filósofos y economistas que realmente defienden en coherencia tales ideas. Llamar liberalización del mercado a regalar empresas públicas a sus amigotes en régimen de monopolio u oligopolio, como digo, sólo puede calificarse de favorable al libremercado por quién ni sabe lo que esto es, ni sabe en absoluto lo que defiende la ideología liberal.

Y no se equivoquen, yo soy el primer crítico del consumismo, del individualismo atomista, del relativismo, de la adoración de cualquiera de los totems modernos, y de la imposición de modelos occidentales disfrazados de "universalidad". Pero de lo que ya no soy enemigo, desde luego, es del capitalismo como tal (sin añadidos convenientes ni connotaciones arbitrarias de las que tanto abundan). Ya que, una vez entendido el concepto desnudo, liberado de todas esas "figuras fantasmales" que le han ido adhiriendo unos y otros, yo también me uno a los que hace tiempo se vienen haciendo las siguientes preguntas:

¿Por qué nos suscita tanta suspicacia, tanta inquietud, un sistema basado en el intercambio y los contratos voluntarios? ¿Por qué le adherimos tantas de esas connotaciones, y tan imaginativas (por momentos, delirantes) cuando todo lo que suponga imposición -y todo lo que no lo sea no es legítimo criticarlo-, por propia definición no puede tener origen en el capitalismo como tal?

La competencia "inhumana". El mercado "sin control".
Este problema ha sido estudiado largamente por intelectuales como Huerta de Soto, Hayek, Von Mises, o Escohotado. Ellos apuntan a varios motivos, a cada cual más curioso. Por un lado, está el hecho de que los modos de organización basados en el ahorro y el intercambio no dejan ver todos los complejos mecanismos con los que funcionan y nunca pueden ser reducidos a fórmulas racionales-matemáticas, con lo que, aquellos empeñados en explicarlo todo mediante la razón pura se desesperan y buscan causas y efectos, responsables y víctimas, al precio que sea. Son justo los intelectuales 
-¡mucho más que los supuestos "explotados"!- quienes especialmente han fomentado esa desconfianza y esos juicios morales sobre "el capital"; y en ello tiene mucho que ver el hecho de dedicarse a las labores que se dedican, pues ven frecuentemente como personas con mucho menos nivel académico o cultural hacen fortunas con actividades "muy poco honorables", tales como una nueva forma de vender utensilios de cocina o de hacer la vida más cómoda al transportista, al fontanero o al conserje de nuestro portal. Pero el intelectual, que sí se dedica a tareas "nobles y de altura", no concibe que él perciba tan pocos ingresos mientras ese "paleto con una ocurrencia" se haya forrado de una sola vez, aunque nunca más vuelva a tener otra idea de valor en su vida. Nuestro entendimiento, además, tampoco acaba de asumir el hecho, aun siendo evidente, de que esa "avaricia y competencia descarnada" es la que posibilita que tengamos el mejor acceso posible a los mejores bienes posibles (aunque nada es tan perfecto. No hay que olvidar las artimañas publicitarias destinadas a hacernos desear infinidad de cosas de las que antes ni teníamos noticia, lo que es el pan de cada día en un "régimen de mercado".) En cualquier caso, habida cuenta de esas "fallas del sistema", ningún otro podría haber logrado que tuviéramos tan buen acceso a tan deseables bienes como lo tenemos hoy día. Sin embargo, todos esos intelectuales, críticos, condenadores, e insatisfechos crónicos únicamente centran su mirada en los presupuestos "egoistas, descarnados e inhumanos" pero nunca en los resultados que dan esos mismos presupuestos, sean más o menos "humanos". Y de la humanidad de los resultados (SUBRAYEN BIEN ESTO) sólo se puede dudar cuando no se contraponen debidamente con los resultados arrojados por el modelo anterior, o con los modelos alternativos y contemporaneos.

Nuestras persistentes e innumerables reservas con un modelo que, indudablemente, nos ha beneficiado mucho más de lo que nos ha perjudicado, y en el que seguimos mal que bien inmersos (aunque le pongamos freno aquí y allá con unas cuantas restricciones) se explica por un choque cognitivo entre nuestra percepción ancestral, incluso evolutiva -que requería circunscribirse al pequeño grupo, al clan, en orden a sobrevivir-, y la percepción que nos exige el mundo moderno, globalizado, donde los presupuestos y los razonamientos que servían para explicar el ORDEN RESTRINGIDO -el del clan o el poblado-, ya no sirven para los ÓRDENES EXTENSOS e hiper-complejizados que hemos desarrollado en los últimos siglos.

La teoría de la explotación, una falacia que ha dado pretexto
a todas las revoluciones marxistas. El valor no procede
del trabajo, sino de lo que el público esté dispuesto a pagar.
Si todo el mundo dejara de fumar, ¿qué valor  creen ustedes
que tendrían los cigarrillos, los puros y las pipas?
La solidaridad del clan era exigencia de nuestro modo de vida ancestral. Estos instintos, pues, estas respuestas emocionales que sentimos frente al interés monetario, la competencia y la propiedad privada son completamente naturales -otra cosa es que sean favorables en nuestro actual contexto-. 
La velocidad con la que ha cambiado el mundo nos asusta; y la eficiencia con la que los procesos de mercado se han extendido por ese mismo mundo, haciendo de él algo mucho más complejo, y por ello, difícil de analizar en orden a extraer conclusiones, nos asusta todavía más. 

Porque si a nuestro instinto atávico de clan le cuesta muchísimo adaptarse a estas nuevas realidades, a nuestro instinto moderno racionalista no le resulta menos arduo el aceptar que esa razón que, hasta hace poco, debía ser capaz de explicar prácticamente todo, no se basta para explicar, y sobre todo, PARA JUSTIFICAR -éste es el gran escollo- el orden de mercado. Pero no de modo distinto a como tampoco se basta para explicar y justificar el orden en que se han basado para su construcción los idiomas, las formas culturales y las innovaciones e invenciones de todo tipo. No se pueden reducir a fórmulas matemáticas ni a teoremas como los de la física todas aquellas realidades que evolucionan por la acción de incontables individuos, empleando cada uno sus conocimientos particulares a los que nadie más tiene acceso, y colaborando entre ellos, incluso SIN SABERLO, a dar a luz nuevos modos de inter-relación, de colaboración, de intercambio, de organización espontánea.

En efecto, por más que me costara reconocerlo (es tremendo tabú el del beneficio y la privacidad), no hay realmente un problema de mercadolatría, como creí en su momento. El único problema es la ESTATOLATRÍA. Porque es el Estado la gran abstracción, la verdadera imposición arbitraria que actúa también arbitraria y torpemente. Por el contrario, el mercado no es más que la acción humana libre y espontánea. Y por ello es tan ridículo querer "enmendar sus errores" como lo sería pretender dirigir o planificar centralizadamente la evolución de la lengua, la cultura, el arte o la tecnología.

La gran pregunta entonces es: ¿por qué la creatividad humana suele respetarse, y hasta venerarse, siempre que no sea en el ámbito de la empresarialidad? Porque para más inri, resulta ser ésta una de las clases de creatividad que necesariamente crean consigo oportunidades para otras personas. Visto desde esa perspectiva, no podría ser más contraproducente la actitud que mantenemos tan a menudo frente al empresario.

A ésta pregunta hay que añadir dos razonamientos básicos para completar nuestro replanteamiento del "problema del mercado". Y en ellos, ningún papel tienen los juicios morales, tan sólo la más pura y fría lógica. Tras digerirlos, les advierto que es probable que se abra un nuevo mundo ante sus recelosos ojos. (Los conceptos transforman la realidad. Las metáforas piensan por nosotros.)

El primero es aquel al que hice alusión antes: Todo cuanto suponga imposición es legítimo criticarlo, todo cuanto sea voluntario ya lo es bastante menos. Pero por propia definición, todo lo que no sea voluntario no puede tener origen en el capitalismo como tal, pues éste se basa justamente en contratos entre ciudadanos libres (además de en el ahorro, la inversión, la competencia y el cálculo económico). Por lo tanto, sólo nos quedan dos opciones: o buscamos un nuevo significante para contener lo que clásicamente se aceptó como significado de "capitalismo", o aceptamos que la definición era correcta pero nosotros nos empeñamos en "adornar" el concepto con algunas que otras imaginativas y recelosas connotaciones.

El segundo vendría a plantear también algo muy sencillo: Cuando se piensa que la economia, la riqueza, es una constante, es normal que se llegue a la conclusión de que "la tarta debe repartirse mejor". Por el contrario, si se piensa que la economía, la riqueza, es algo que crece, parecerá lo más lógico el fomentar que siga creciendo. 

Estas tres coordenadas conforman una nueva perspectiva sobre las realidades que tanta sospecha y desconfianza motivan, y quizá ayuden a caminar hacia una cierta objetividad (una completa sería imposible), librándonos al mismo tiempo de unas cuantas subjetividades que, aun sin tener razón de ser, han estado impidiendo que podamos enfocar correctamente los problemas a los que se enfrentan nuestras sociedades modernas.

miércoles, 2 de julio de 2014

PROMETEO (2ª parte)

"Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender. Es el deporte y el lujo
específico del intelectual. Por eso su gesto gremial consiste en mirar al mundo
con los ojos dilatados por la extrañeza. Todo en el mundo es extraño y es
maravilloso para unas pupilas bien abiertas. Esto, maravillarse, es la delicia
vedada al futbolista, y que, en cambio, lleva al intelectual por el mundo en
perpetua embriaguez de visionario. Su atributo son los ojos en pasmo. 
Por esolos antiguos dieron a Minerva la lechuza, el pájaro 
con los ojos siempre deslumbrados."

(Ortega, ´La rebelión de las masas`)


*
Yo no me considero un intelectual, pero sí -modestamente- un pensador, y como tal me siento interpelado, me veo plenamente reflejado en este retrato. 

Me habla de tomar el papel del "extraño", del curioso, del que toma distancia, pero más que como una decisión, como una condición de la que, queramos o no, no podemos escapar.

No hemos elegido ser "extraños" u "observadores distantes". 
La Naturaleza, o la Providencia, nos ha hecho así. Ese constante interrogarse, ese insaciable inconformismo, esa rebeldía.. prometéica.. luciférica.. sin la cual, los "tocados" por ese don/maldición no sólo no seríamos nosotros, sino sencillamente: 
NO SERÍAMOS.

(No tendríamos "razón de ser")

*
La más clara esencia del Hombre es esa, 
la representada en el mito de Prometeo,
como ya adelanté en la parte previa. 
 ... El "ir más allá", el no conocer el siguiente paso 
pero avanzar casi con ciega determinación hacia él 
es lo que mejor define a este "no-animal" 
-"más que un animal y menos que un dios"-. 


De hecho, me hallo ahora plenamente convencido de que la principal "función evolutiva" de formarnos el concepto de dios fue justamente tener una referencia "por arriba" que complementara a la referencia "por abajo" que es el animal, y así, visualizar un último horizonte en esta perpetua superación y alejamiento de nuestra animalidad.

Esto no implica necesariamente una negación de una divinidad 
(o varias) con existencia objetiva. 

Que nosotros atisbemos un "algo superior" no niega, pero tampoco afirma, la realidad efectiva de ese algo.

*

La mente es un misterio. Uno de los famosos principios herméticos de Hermes Trimegisto decía que "todo es mente", el Universo,  lo que nos rodea, ¡todo!..  ¡MENTE!

La conciencia es otro misterio insondable, y me atrevo a asegurar que nunca dejará de serlo.

Por eso el ser humano es un animal...ente.. 
al que lo que mejor define
es la indefinición.


Y por eso: la angustia existencial, las contradicciones que muchas veces pueden con nosotros.

Las potencialidades, todas las posibilidades, que de tan cuantiosas, con demasiada frecuencia nos anulan 


Y por eso: el abismo.. la negrura insondable a la que a menudo nos asomamos, y la insoportable fragilidad que tantas veces está a punto de quebrarnos en dos.
*