Filosofía, Metapolítica, Aforismo, Poesía.

viernes, 24 de junio de 2016

"El judío y el burgués: dos expresiones de un mismo chivo expiatorio".

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Las mentiras más peligrosas son aquellas que contienen una porción de verdad, porque es ella la que les otorga el poder de presentarse (y propagarse) como enteras verdades aun siendo parciales.

Existe una distancia enorme entre saber que se oculta algo y saber QUÉ es lo que se oculta. No saber reprimirse ante ese "gran salto" es lo que caracteriza al conspiranoico.

La realidad es un torrente inabarcable de sucesos e interacciones entre individuos y entre grupos. Los intentos por hallar patrones que nos hagan más comprensible ese aparente caos acostumbran a conducirnos por vericuetos extremadamente equívocos.
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Teniendo en cuenta estas advertencias, vayamos a los hechos. Intentaremos desplegar un mapa exhaustivo de los posibles factores, así como de las diversas perspectivas implicadas en la llamada “cuestión judía”.

1 – Contexto metapolítico: 

Hoy todo lo referente al Holocausto Judío está legislado y se aplica una muy férrea censura (que no se aplica, sin embargo, a todos los demás genocidios del s. XX). Pocos pueden imaginarse la formidable excusa que ello supone para comprar el paquete completo del revisionismo encargado de glorificar a los nazis. Además, el hecho de que lobbies judíos estén invariablemente detrás de ello constituye a los ojos de muchos "la prueba definitiva".

Es un hecho curioso: conforme la realidad se torna más compleja, a los que siempre andan buscando explicaciones simples les es más fácil encontrar las "pruebas" que necesitan. Basta confirmar que los grupos de presión judíos tienen hoy un enorme poder, así como que este grupo étnico es con diferencia el más exitoso en la banca, la empresa, la cultura y la ciencia, para creer haber "descubierto una conspiración".

Pero la realidad, que siempre cuenta con muchísimas más aristas que cualquier fabulación, nos obliga a reconocer que las verdaderas razones de que esto sea así son muchísimo más complejas y equívocas de lo que alcanza a explicar la tesis de la “gran conjura”.

Por ello la censura sobre la revisión del Holocausto y de la cuestión judía no hace sino proveer de excusas y regalarle armas dialécticas a los neonazis de todo el mundo (que por cierto, uno diría que no paran de crecer; al menos a juzgar por lo que se observa en la red de redes, donde la gente no se corta de confesar a los cuatro vientos sus inclinaciones políticas como sí lo hace cuando no se halla protegida por el anonimato).

Con esa censura seguramente se pretendió evitar que se volvieran a repetir los trágicos episodios de la Alemania Nazi, pero lo que se consiguió fue, muy al contrario, reavivar la llama de la paranoia judeofóbica por todo el mundo.

¿Para cuándo una lacrimógena superproducción hollywodiense sobre los crímenes del comunismo? … ¿Nunca se han preguntado esto?

No sé si muchos han caído en que el nazismo triunfó en un sólo país y se han hecho decenas y decenas de películas o documentales sobre sus horrores. Pero el comunismo lo hizo en muchos más países, duro mucho más tiempo, sus horrores no fueron menores, y sin embargo hay que buscar las obras dedicadas a él con lupa. ¿La explicación? Hollywood está lleno de judíos y de socialistas. Y lo mismo ocurre en el resto de industrias culturales.

Si gustan, pueden tacharme a mí también de judeofóbico, pero lo único que he hecho es una descripción no valorativa. Sobre los motivos de que esta comunidad sea tan predominante hablaremos más tarde (lo de los socialistas tendremos que tratarlo en otra ocasión). El hecho, por otra parte, es indudable: no tienen más que fijarse en los grandes nombres de la cultura en el último siglo. Y si resalto este hecho es justamente porque diseccionarlo resulta de vital importancia para desmontar grandes bulos e ideas tan poco sensatas como las nazis o las judeofóbicas.

2 - Psicológica de la inclinación por las teorías conspirativas:

Yo he leído a autores judeofóbicos, desde los abiertamente hostiles al pueblo hebreo en conjunto hasta los pretendidamente moderados que te venden de inicio una postura no radical y muy matizada. Pero aun en esos casos se aprecia que, si en algún momento se acercaron a la cuestión con desapasionamiento y objetividad, a partir de ciertos “descubrimientos” se dejaron llevar por conclusiones apresuradas y, desde entonces, todo fue filtrado por ese prisma particular que, por la razón que fuese, ya no estaban dispuestos a cambiar. No mantuvieron su mente abierta y su espíritu científico más allá de cierto punto; tenían demasiada prisa por extraer conclusiones, y que éstas fueran además impactantes. En ello tiene algo que ver la recompensa endorfínica que procura el saberse portavoz de oscuros y terribles secretos.

Yo mismo me dejé seducir en parte por la paranoia antisionista. Pero ese fuego fatuo va desinflándose conforme uno es más consciente de las trampas gnoseológicas subyacentes a toda conspiranoia, así como del componente adictivo implicado en el complejo del "iluminado que ha alcanzado a conocer los más oscuros secretos". Buscar explicaciones simples a procesos inmensamente complejos es una tentación muy fuerte, y es muy común caer en ella porque nuestro cerebro busca desesperadamente proveerse de certezas. 

Pero, dicho esto, tampoco podemos omitir que se ha caído en un error análogo por parte de los judeófilos, presentando a los hebreos poco menos que como santos mártires y obviando, al contrario que los otros, todo aquello que los aleje de esa imagen de angelical inocencia y los muestre como lo que realmente son: seres humanos como todos, con sus grandezas y sus miserias. Tampoco ayuda nada, como expuse anteriormente, seguir persiguiendo a los revisionistas del holocausto o de la cuestión judía y seguir manteniendo un doble rasero sobre los genocidios y sobre los totalitarismos, según los practicasen unos regímenes u otros. Como tampoco ayuda pretender blanquear y relativizar la posición actual de la comunidad hebrea. No admitir que, desde hace por lo menos un siglo, una parte del pueblo judío se ha convertido en una suerte de élite intelectual y económica en Occidente es querer tapar el Sol con un dedo. Es comprensible que los neonazis y los judeófobos en general se partan de risa y, de paso, se reafirmen en sus convicciones cuando oyen a tanta gente negar lo que es, en el mejor de los casos, un secreto a voces.


3 - Judeofobia como una de las expresiones del anticapitalismo:

Las dos cosas acaban estando inevitablemente relacionadas entre sí, y ambas lo están a su vez a la “filosofía de la sospecha”, esa locura de la razón que consiste en otorgarle mayor importancia a lo que podría ser que a lo que sabemos positivamente que es. Una clave muy importante la dio Marx en su ensayo breve pero revelador sobre la cuestión que nos atañe: el judío se identifica con el burgués. Y tirando de ese hilo, uno se acaba percatando de hasta qué punto son análogos. Tanto el judío como el burgués son durante mucho tiempo despreciados, cuando no perseguidos; y las trabas con que constantemente se topan les obligan a desarrollar mayor talento para la supervivencia o, dicho de otro modo, a agudizar su ingenio.
«Las minorías nacionales o religiosas que se oponen como “sojuzgadas” a otro grupo “dominador” suelen verse impulsadas de un modo especialmente intenso hacia la carrera económica debido a su voluntaria o involuntaria exclusión de los puestos políticos influyentes.» (1)
A las iniciales reservas moralistas se unen, pues, los sentimientos de envidia una vez se les ve triunfar. 

La única diferencia entre usar de chivo expiatorio a la burguesía o a la judería es que, hoy por hoy, resulta mucho más tolerable el odio hacia una clase social que hacia una etnia, raza o grupo religioso. Si los nazis no hubieran llegado al poder y su persecución de los judíos no se hubiera convertido en el paradigma de la maldad, hoy gran parte de la izquierda no tendría problema en mostrarse abiertamente judeofóbica. Claro que algo similar le podría ocurrir a la derecha, siendo que los judíos no sólo se hayan sobrerepresentados en la banca y la empresa, sino también en la intelectualidad y vanguardia revolucionaria, especialmente de corte marxista. Eso es justamente lo que ha llevado a gran parte de la Tercera Posición, como síntesis que es del pensamiento izquierdista y derechista, a construir un aparatoso relato donde la judería, en secreto, creó tanto el capitalismo como el comunismo en una inconcebiblemente ambiciosa estrategia para subyugar a los gentiles y reinar sobre ellos. Por supuesto, esta llamativa explicación les seduce más que aquella que, por más simple, es más plausible: que los judíos tendieron a especializarse en la acumulación e inversión de capital por un lado, y en las labores intelectuales por otro, y de ahí que, tal como expliqué antes, partieran con esa ventaja cuando se produjo la emancipación e igualación en derechos con los gentiles. Si resultaba que había, como resultado de las trabas culturales y legales del pasado, muchos más judíos que gentiles dedicándose a esas tareas desde hacía siglos, era de esperar que siguieran siendo predominantes en ellas por mucho tiempo.

Por ello no debemos comprar el engañoso relato que nos presenta la persecución de los judíos en Alemania como de una naturaleza por completo distinta a la de los burgueses en Rusia. También a los judíos en Alemania se les percibía como una élite; y en parte lo eran: una élite intelectual, bancaria e industrial. El resentimiento hacia el que tiene más se unía aquí a la sospecha de que todos los puestos influyentes estaban siendo copados por un grupo étnico-religioso “extraño” a Alemania.



4 - Factores históricos y socio-culturales:

La identificación que existe entre el judío y el burgués, y la razón principal por la que históricamente han sufrido el rechazo de la mayoría se halla condensada en esta cita de ´El Capital`:
«Junto a los productores independientes, que ejercen su oficio de artesanos o labran la tierra en las formas tradicionales y a la manera patriarcal, aparecen, chupando parasitariamente sus energías, el usurero o el comerciante.» (2)
Esa perspectiva nos ayuda a acercarnos al conflicto con cierta humildad y nos previene de lanzar juicios y condenas categóricas hacia unos y hacia otros. Las explicaciones más habituales de este conflicto que recorre siglos y siglos de historia caen por lo general en ese error, tanto las que se inclinan del lado de los judíos como las que se inclinan del lado de los gentiles. Lo más fácil es dar por hecho que toda la culpa viene de un lado: que los gentiles han adoptado actitudes intolerantes, irracionales y criminales respecto a los judíos sin que mediara provocación por la otra parte; o desde el relato contrario, que los judíos se han dedicado en todos los territorios por los que han pasado a explotar sus recursos y llevarse las ganancias a otra parte, o bien a estafar de diversos modos a sus gentes, puesto que es algo que encaja con la mentalidad de un pueblo nómada. En ambos casos, no nos cuesta gran esfuerzo establecer víctimas y victimarios. Pero tampoco dicto yo sentencia contra estos análisis: es comprensible que la gente intente buscar respuestas, y lo es también que no alcancen a ver simultáneamente las dos perspectivas. Como dijimos al comienzo, las medias verdades son mucho más convincentes que las mentiras, y sus trampas mucho más difíciles de descubrir. 

Pero si logramos desarrollar esa empatía y esa humildad que intentaba transmitirles, y que considero requisito imprescindible para entender el problema que nos ocupa, lo que veremos en este conflicto será simplemente grupos humanos cuyos valores y costumbres, por la razón que sea, chocan entre sí. En este sentido ya no importa tanto la peculiaridad irrepetible del Pueblo Hebreo, pues estos choques entre valores y costumbres de diversa procedencia se dan entre muchos otros grupos.

La peculiaridad se muestra sobre todo en el desarrollo específico de las relaciones entre judíos y cristianos en Europa. A grandes rasgos diríamos que la comunidad judía se hizo fuerte durante su persecución. El fin de la misma (o, al menos, la emancipación y la igualdad ante la ley) dio como resultado que quedaran en una posición de ventaja frente a los cristianos. Los hebreos se habían visto obligados a espabilarse (para conservar su riqueza, para desarrollar actividades con mala prensa, o para sobrevivir en un entorno hostil) de un modo al que no se habían visto obligados los cristianos. Estos últimos eran los responsables indirectos de haberles creado esa ventaja. Pero por aquel entonces no se percibía así: sencillamente les veían como una amenaza.

El persistente rencor hacia los judíos entronca con el persistente rencor hacia los ricos, los empresarios y las élites en general. Salvando las distancias, la razón del éxito de la comunidad judía es similar a la razón del éxito de la burguesía. Como también dijo Marx en su ensayo sobre la cuestión judía, «el judaísmo secular ha engendrado al burgués y la sociedad burguesa ha engendrado al judío secular» (3)

Al comerciante, al emprendedor y al que va por libre siempre se le ha mirado con sospecha; y él habitualmente se ha hecho más fuerte ante la adversidad y ha triunfado sobre aquellos que estaban más pendientes de envidiar el éxito ajeno que de perseguir el suyo propio. ¿No sería, pues, más útil hallar las razones del éxito de ciertos grupos, y aprender de ellas, en vez de envidiarlos y culparlos por haberlo conseguido?

5 - Factores étnicos y religiosos:

Ya dije que los factores son muchos; y no podemos olvidarnos de estos dos. No obstante, la lista siempre se nos quedará incompleta: es del todo imposible tener en cuenta todas las posibles causas que hayan podido ser relevantes en este conflicto, que es no sólo étnico y religioso, sino también socio-económico.
«El judaísmo se ubicó del lado del capitalismo “aventurero” de orientación política o especulativa; su ethos fue, en una palabra, el del capitalismo paria. El puritanismo, por su parte, sostuvo el ethos de la empresa racional burguesa y de la organización racional del trabajo. Tomó de la ética judía sólo lo que se ajustaba a este marco.» (1)
Este pasaje de la obra más conocida de Weber ya nos pone en la pista de las peculiaridades de la religión judía que sirvieron de fermento al surgimiento del capitalismo.

A nivel religioso, parece claro que el Judaísmo tiene una vocación más pragmática que el Cristianismo, lo que guarda relación con su enfoque menos centrado en el espíritu y más en la materia. Las implicaciones de esto en el desarrollo histórico de ambas comunidades son, si no determinantes, sí al menos de cierta trascendencia. Por otra parte, el precepto bíblico de prestar con interés sólo al gentil nos revela no sólo la distancia que se establece de inicio entre la Tribu de Judá y el resto de tribus sino también algunas de las causas que motivaron la animadversión de los gentiles en tantos momentos y lugares donde los caminos de ambos se cruzaron.
«El hombre se escinde del mundo. El mundo ya no es santo, ya no está encantado. Su única finalidad es ser dominado con trabajo y sufrimiento porque Dios lo manda. (…) La ciudad, Ur, queda condenada. El hombre hebreo, por tanto, flota sin vínculos que lo unan a una tierra, a un mundo sagrado, ni a una comunidad, a una forma de organización civil.» (4)
Por un lado el carácter nómada del Pueblo Hebreo y su largo historial de expulsiones, y por otro las trabas o abierta prohibición a poseer tierras u ocupar cargos políticos, incentiva su preferencia por las formas de riqueza fácilmente transportables (el oro, las joyas); lo cual viene a reforzar u otorgar mayor funcionalidad a esa inclinación por lo material que distingue a su religión de la cristiana.

Sobre los factores étnicos se ha especulado mucho, pero si algo parece innegable es que no existe una única etnia judía. Las comunidades hebreas a lo largo del mundo muestran fisonomías que van desde la típicamente africana a la típicamente centro-europea o eslava, pasando, claro está, por la más propiamente semítica. Sobre este asunto no merece la pena extenderse, pues resulta bastante obvio a cualquiera que lo juzgue con una mínima objetividad que no existe tal cosa como una “raza hebrea”.

No obstante, también resulta innegable que, aun con todos los cruces de genes que se dieron entre judíos y gentiles, ambas comunidades permanecieron segregadas durante siglos y las actividades a las que tradicionalmente se dedicaron una y otra presentan clarísimas tendencias divergentes. Ello nos puede llevar a elucubrar que ciertas aptitudes quizá fueron potenciadas como resultado de una selección natural operada en el seno de ciertos grupos. Se han hecho varios estudios que apuntan a un mayor cociente intelectual entre los judíos askenazis que entre el resto de europeos (lo cual no es necesariamente sinónimo de mayor inteligencia en general, pues hay muchas formas de medirla y ninguna es del todo exhaustiva). A esto se refiere David Duke (5) en su interesante pero sesgada obra ´Supremacismo judío`. Las labores predominantemente intelectuales (aceptemos el término por convención, dado que el intelecto no sólo atañe a las letras y los números) a que se dedicó gran parte de la comunidad judía pudo favorecer el que sobreviviesen y se reprodujesen mejor aquellos que tuvieron más éxito precisamente en esas áreas; lo cual podría –y digo “podría”- haber operado como selección darwinista de los más aptos para este tipo de actividades; y por tanto vendría a sumarse a los factores implicados en esa sobrerepresentación de los judíos en el terreno de la ciencia, la banca o la cultura que hoy resulta tan llamativa.

Como vemos, la genealogía de la judeofobia (y de la gentil-fobia) no es una tarea tan sencilla como se pretende a menudo; y para nada puede afirmarse, como muchas veces se hace con la mejor intención, que el pueblo judío no tenga nada de especial y que el odio hacia ellos no tenga más motivo que una virulencia instintiva o un condicionamiento cultural. No: si de verdad nos interesa combatir ese odio, debemos ser honestos y reconocer las peculiaridades que han hecho a este pueblo único en la historia, y que les ha colocado en el ojo de todos los huracanes.
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Referencias:

(1) Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo.
(2) Karl Marx, El Capital, Tomo I.
(3) Karl Marx, La cuestión judía.
(4) José Javier Esparza, Curso general de disidencia.
(5) David Duke, Supremacismo judío.

martes, 21 de junio de 2016

Fábulas, trincheras y cegueras selectivas.


Conforme leía esta extensa entrevista a Wyoming no podía dar crédito al nivel de ceguera ideológica que alcanza el discurso de este tipo, y con él, el de gran parte de los españoles, tanto de izquierdas como de derechas. Se trata de un compendio exhaustivo de los lugares comunes sobre los que tantos y tantos apoyan una visión por completo deformada de la realidad política actual. 
Vivir perpetuamente atrincherado atrofia sobremanera la percepción de la realidad.
Ejemplos de esta miopía o ceguera selectiva son izquierdistas como Wyoming, Monedero o Iglesias, 

y en el otro lado, derechistas como De Prada, García Serrano o Pío Moa.

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¿Os acordáis de un programa de los ochenta que se llamaba “el planeta imaginario”?...
Pues allí es donde vive Wyoming (y por desgracia, muchos más en este país). Un planeta lejano sujeto a leyes caprichosas donde la corrupción no obedece a incentivos inherentes al sistema sino a que “esta gente de derechas es mala.. muy mala muy mala” y como “vienen del franquismo”, se ve que están “acostumbrados a actuar con impunidad”. 

Pero lo grave no es sólo que no perciba esos orígenes y esa impunidad en otros partidos, ¡es que la corrupción del Psoe ni tan siquiera se menciona!... Esta obsesión con la derecha sólo halla explicación en la necesidad que tienen algunos de imaginarse enfrentados a un archienemigo (contra Franco se vivía mejor; los que más le echan de menos son todos estos que andan huérfanos de supervillanos, tanto que se los tienen que inventar). Esta “derecha radical” como la llama él (me entra la risa de decirlo) se parece bastante más a una izquierda moderada. Pero a él le traen sin cuidado los hechos; le trae sin cuidado que la legislatura de Rajoy haya consistido realmente en preservar la herencia de Zapatero -en todos los aspectos-. Me pregunto dónde quedará la izquierda moderada para este tipo.. quizá a medio camino entre Stalin y Trotsky… 

Vive en una realidad paralela, y como digo, con él gran parte del país. Comete además la misma torpeza que muchos otros famosos: después de echarle todas las flores posibles a Podemos intenta aclarar que él no pretende promocionar a ese partido ni identificarse en especial con ellos. No se puede ser más pusilánime. Con todo, insiste una y otra vez en leer la realidad política en clave estrictamente personalista: estos son “buenos chicos con ganas de cambiar las cosas” y los otros encarnan las siete pestes más alguna otra por descubrir. Esta visión infantil, tontorrona, se le puede perdonar a un adolescente o a un veinteañero tarambana, pero no a un tío ya con canas en sitios innombrables.

Es una de los dramas de esta sociedad: la miopía selectiva, este trincherismo enemigo de toda objetividad, inconciliable con una mínima honradez. Wyoming, y con él toda la progresía, hace como que critica al sistema en conjunto, pero curiosamente siempre cae el dardo del lado del PP; aun cuando el Psoe ha gobernado muchos más años y, como es lógico, ha acumulado más casos de corrupción. Pero no nos vamos a pelear por el “y tú más”. Dejémoslo en tablas. Aun partiendo de la equidistancia entre ambos, creer que la corrupción obedece al carácter especial de los que integran la partitocracia sería como dar por hecho que todos (o la mayoría) de los cientos de cargos electos repartidos por toda España son “personas esencialmente malvadas”. Pero no: no han surgido de ningún agujero maléfico hiperdimensional, han nacido de una madre como todas las demás y se han criado como el resto de nosotros, ¡son como nosotros!, personas de carne y hueso (quizá con cierta ambición de poder) pero sin nada especial que los distinga del común de los mortales. 

Sé que insisto mucho en ello, pero hacer ver este error es vital. Y es un terrible error porque implica leer la realidad política sólo en base a elucubraciones, juicios de valor, o ad hominems, prescindiendo de todo hecho objetivo. Implica tener fe en que los nuevos políticos no se van a corromper porque se les supone “hechos de otra pasta”, en vez de enfocarse en los orígenes materiales y objetivos de la corrupción. 

Una medida simple como liberalizar el suelo acabaría de un plumazo con toda corrupción urbanística futura; del mismo modo que eliminar las regulaciones más asfixiantes evitaría muchos de los habituales sobornos a funcionarios para “acelerar los procesos”. Los políticos son seres humanos, y como tales, son imperfectos. Los de todos los partidos. No podemos saber por adelantado quienes sucumbirán a la corrupción. Pero sí podemos eliminar de entrada la tentación, la posibilidad de corromperse, simplemente derogando las leyes que permiten que se intercambien favores los unos y los otros.
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José Miguel Monzón, alias ´Gran Wyoming`. 
Genial cómico y cuestionable analista político.

lunes, 25 de abril de 2016

"Sesgos..."

Juan Manuel De Prada, escritor e intelectual representante de la derecha
ultra-católica y enemiga ferviente de la democracia y la libertad.
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Juan Manuel De Prada no es, en realidad, un tipo que me caiga mal; pero de algún modo representa mejor que nadie un arquetipo típicamente hispano: el del misionero en tierra ya cristianizada, el del redentor de los ya redimidos; o, dicho de otro modo, el que viene a contarnos otra vez lo que ya nos contaron y, por más que le resulte incomprensible, ya casi nadie quiere oír porque, sencillamente, la mayoría de nosotros estamos a otra cosa.

Seguí mucho el programa de debate que dirigía y presentaba en Intereconomia, del que no dejé de extraer aportes interesantes; y de vez en cuando he leído artículos suyos, siempre muy bien escritos y con notables dosis de ingenio. Pero no lo he escogido como paradigma del ingenio sino de los sesgos ideológicos.

Los que, como él, llevan la cruz de cristo grabada en la frente, acostumbran a ver el mundo de un modo algo peculiar. Se podría resumir en una fórmula muy simple: todo lo que procede del cristianismo es bueno, todo lo que no procede del cristianismo es malo. Pero, dependiendo del contexto, donde dice “cristianismo” debemos poner “catolicismo”.

Porque si se trata de cargar contra todo lo anti-cristiano, no hay problema alguno en hacer frente común con ortodoxos y protestantes; pero, ¡ay!, si ya se trata de abordar las disensiones y peleas entre las distintas facciones cristianas, la fórmula anterior adopta inequívocamente la segunda de las formas, y esas dos facciones con las que no tenía problema en establecer una alianza tácita se convierten repentinamente en algo casi tan "perverso" como el mismo ateísmo. 

El tipo es capaz de cualquier villanía con tal de mantenerse en sus trece. Todavía cae en trampas de pseudo-intelectual que algunos hemos felizmente superado a mucha más temprana edad, como es la de asumir una cómoda y cobarde equidistancia frente a socialismo y liberalismo, y pretender vendernos que, si bien los crímenes cometidos en nombre de uno y otro son de cariz distinto, moralmente son poco menos que equiparables. Así, llega a acusar a la democracia liberal de arrebatarnos lo que más temíamos que nos arrebatara el comunismo; esto es: la familia, la fe, la tradición; o a proclamar, en un claro momento de enajenación transitoria, que “el liberalismo es mucho peor porque trajo la minifalda”. Sólo una mente retorcida y alejada por completo de los valores humanos –sí: humanos y no “divinos”- es capaz de tal bajeza moral: restarle importancia a los millones de víctimas del Gulag, y sus equivalentes en China o Vietnam, con tal de convencernos de su enfermizo diagnóstico del mundo moderno, donde “la minifalda”, el laicismo y la “luciferina libertad” son cosa de mayor gravedad que toda la barbarie desplegada en nombre de un ideal tan cercano, mira por dónde, al del cristianismo primitivo.

En otra de sus enajenaciones mentales, dejo a criterio del lector si transitorias o no, llegó a afirmar con gran convicción que quienes se manifiestan contra la Iglesia están motivados en el fondo por un “odio hacia la virginidad de María”. Pero lo que se trasluce en todas esas declaraciones con bastante más claridad que los supuestos sentimientos de los ateos hacia la "madre de dios" es su profundo odio, compartido por correligionarios como García Serrano, al mundo que han alumbrado el Laicismo, la Ilustración, el Protestantismo y la Masonería. (Parafraseando al gran periodista Juan José Chinchetru, "¡menos mal que su religión les prohibe odiar!")

Por otra parte, sus constantes alusiones al aborto son muestra de una bien conocida obsesión de la derecha religiosa. Una obsesión llamativa por cuanto pone más énfasis en defender la vida del no nacido que la del nacido, y por cuanto su ignorancia de la biología le lleva a creer a-científicamente que un óvulo recién fertilizado es tan “humano” como un feto de siete u ocho meses. Pero hay que comprenderlos: si no contaran con el pretexto del aborto, su discurso perdería la mitad de su fuelle.

Por ésto es que se muestra simpatizante del gobierno “identitario” (en el sentido religioso y nacional) de Vladimir Putin. Y por lo mismo, acude a Dostoievski como símbolo del mantenimiento de la fe cristiana a toda costa, o a Tocqueville en sus advertencias sobre el futuro de la democracia. Pero se le olvida, curiosamente, que Dostoievski opinaba que la Iglesia de Roma era responsable de la muerte de la conciencia cristiana; o que Tocqueville, si bien vislumbraba graves peligros en la democracia y el liberalismo, también dejó siempre claro que no era posible volver atrás y que estos nuevos modelos políticos nos traerían sin duda grandes ventajas.

En síntesis: Prada lo acomoda todo a su discurso, por más malabarismos pseudointelectuales que tenga que hacer; y de ese modo, su cosmovisión permanece como a él le gusta: esclerotizada. Extrae de cada opinión aquello que le conviene y descarta lo que no le sirve. Todo es instrumental al fin de mantener su rancia y temerosa concepción de la existencia.
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Eduardo García Serrano. Escritor y periodista. También representante de ese
catolicismo ferviente enemigo de la democracia, pero sobre todo, de la libertad.

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martes, 12 de abril de 2016

"Nación: lágrimas y conquista".

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Seguiremos siendo poetas ... hasta que toque ser soldados.
Todo lo que no podamos conquistar a través de las lágrimas,
lo conquistaremos a través de las armas.

(Internacional Nacionalista)

Recién finalizada la 1ª G.M., los nacionalistas alemanes se convirtieron en las plañideras de Occidente.. “¡Traición, traición!” … “Nuestro orgullo ha sido pisoteado”… “¡Alemania reclama justicia!” … Continuaron quejándose y reclamando esto y lo otro (con más o menos razón, no toca ahora dilucidar eso) hasta el momento en que al fin se vieron con fuerzas. Su semblante, a partir de entonces, empezó a tonarse distinto: se guardaron las lágrimas, y sacaron las garras.

¡Y menudas garras! ….

Ésta es la tónica habitual. El nacionalismo bascula entre la ´lógica` del victimismo y la ´lógica` de la agresión. Nunca falla. Cada vez que está en posición de debilidad echa mano de la estrategia victimista. Pero en cuantito empieza a tener algo de fuerza, se lanza sin el más mínimo apuro a la agresión. 

No es otra cosa –salvando las obvias distancias- lo que se ha podido apreciar en el caso catalán (y luego valenciano, y luego balear). De repente parecen haber desaparecido de escena todos los `genuinos´ nacionalistas de estas dos últimas comunidades, entendiendo “genuinos” por “provincianos” o “localistas”. Ahora todos parecen decididos a abrazar la patria grande; y obviamente no me refiero en este caso a España sino a los “paisos catalans”. 

Entendámonos. Yo no digo que no existan vínculos evidentes entre ellos. Es muy cierto que hay infinidad de cosas que los valencianos comparten con los baleares, y ambos con los catalanes*. Nadie lo duda. Pero tampoco puede negarse que hay otras que los distinguen entre sí. ¿Por qué, entonces, esa insistencia en buscar un “pan-catalanismo”? 

(*Así como todos ellos con los españoles y a su vez los españoles con el resto de europeos) 

El problema que subyace aquí, si se fijan, es en cierto modo el opuesto al que nos venden los nacionalistas, pues está en juego la pérdida de parte de la identidad de esos tres territorios en pos de una suerte de homologación –uniformización- catalanista. Pero aún es, si cabe, más preocupante su voluntad expansionista, cosa que nos muestra la lista –hasta ahora pequeña- de territorios aragoneses, franceses, e incluso italianos que reclaman para sí. 

Por ello afirmo sin ningún apuro que hoy por hoy resulta bastante más peligroso el nacionalismo catalán (o vasco) que el español. Por la sencilla razón de que el segundo ha renunciado hace ya mucho a la expansión territorial. De hecho, este conflicto, igual que el de Ceuta y Melilla, nos muestra cómo hoy todo su esfuerzo se concentra en conservar el territorio que aún posee. Como mucho aspira a recuperar El Peñón. Y para de contar.

Pero con el nacionalismo pan-catalanista y pan-vasquista ocurre algo muy distinto: Ni mucho menos se conforman con sus presentes “posesiones”, sino que la lista de sus reclamaciones territoriales nos hace sospechar que, de lograrlas todas, no se parasen ahí. 

Por eso creo que, para tener una visión más amplia del problema, debemos ir más allá de la dicotomía entre nacionalismo periférico y centralista, e incluso del "derecho a decidir". Yo tengo bien claro que una democracia que no reconoce el derecho a la secesión no es más que una cárcel donde se te permite votar al carcelero menos malo. Por ello, no puedo menos que reconocer el derecho de Cataluña o de cualquier otra región a secesionarse (aunque en realidad no les reconozco nada a abstracciones como las nacionalidades, sino únicamente a las personas). Ahora bien, haré depender este apoyo de que la futura República de Cataluña reconozca a los territorios e individuos que la compongan el mismo derecho que ella reclama al estado español. Porque, en caso contrario, lo que estarían haciendo estos señores “independentistas” es ofrecer a mucha gente la esperanza de escapar de la cárcel para encerrarles tras ello en una más pequeña. Y en ese caso, ¿diríamos que sus ciudadanos están ganando o más bien perdiendo? … Eso lo dejo a criterio del lector.
Insisto, por tanto, en que es un error equiparar, al menos en el caso español, el nacionalismo centralista y el periférico. Muchos hemos caído en tal error cuando nos faltaba, quizá, más perspectiva. El nacionalismo español es un gigante viejo y agotado, sin apenas ya fuelle para nada (y así lo muestran los escaños cosechados en cada elección por las “candidaturas patrióticas”). Pero cuidado: el catalán y el vasco son nacionalismos aún jóvenes y lozanos, con muchas ganas de dar guerra –no necesariamente en sentido literal, aunque algo de guerrilla sí se ha practicado desde sus filas-, y la intensidad de su adoctrinamiento, como la operatividad de sus mitos, así lo atestiguan.

Evidentemente, son casos análogos pero muy distantes los de la Alemania de entreguerras y la Cataluña o el País Vasco de hoy. Hasta podrían parecer los segundos torpes caricaturas del primero. No pretendo, pues, vender el horizonte, muy poco probable, de una guerra en el seno del estado español que se extendiera al francés y al italiano. Pero eso no invalida la analogía en sí; que por supuesto es extensible aún a muchos más casos, como el de los Balcanes o el de las ex-repúblicas soviéticas, entre otros.

Con lo anterior he pretendido exponer, grosso modo, el peligro que implica el nacionalismo expansionista. Pero no puedo dejar de hacer ver los males –aunque fuesen menores- que se derivarían del caso contrario; es decir, de que optaran valencianos, baleares y catalanes por identificarse como naciones separadas y, en vez de poner el énfasis en lo que los une, lo pusieran en lo que los separa. Porque en los dos casos se trataría de un intento por forzar artificialmente las "identidades naturales" de todas sus provincias y comarcas hacia un sentido o hacia otro.

No olvidemos que los nacionalismos tuvieron su origen en el Romanticismo. No debe sorprender, por ello, la enorme carga de subjetividad y de capricho que arrastran sus idearios. El nacionalista se caracteriza, entre otras cosas, por no estar jamás conforme con la “realidad nacional” que tiene ante sí. Siempre busca deformarla, bien sea para diferenciarla, bien sea para asemejarla a la del vecino. Busca identidad. Y una identidad es más fuerte en cuanto es más uniforme. El nacionalismo consiste precisamente en eso: en fronteras claramente delimitadas (tanto geográficas como lingüísticas y culturales) sobre las que no quepa ambigüedad alguna. El nacionalista es muy poco amigo de lo espontáneo y lo diverso, ama lo predecible y unívoco; le produce gran inquietud contemplar degradados en los colores, tan sólo goza contemplando colores planos.
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lunes, 11 de abril de 2016

“CONSTITUCIONALISTAS...”

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«Cuando un hombre dice que está construyendo una casa para sí y su posteridad, él no pretende que se entienda que quiere obligar a su descendencia a hacer uso de ella, ni que tiene algún derecho a obligarlos a vivir en ella. Él sólo pretende que se entienda que su esperanza y motivación para construir la casa es que ellos, o por lo menos algunos de ellos, pudieran encontrar satisfacción viviendo en ella.
(…..)
Así fue con los que originalmente adoptaron la Constitución.
(….)
Si hubieran tenido la intención de vincular a su posteridad al contrato, debieron haber dicho que su objetivo era, no “asegurarlos en las bendiciones de la libertad”, sino convertirlos en esclavos; porque si su “posteridad” está vinculada al contrato, no es más que esclava de sus tontos, tiránicos y difuntos abuelos.»

(Lysander Spooner, ´Sin traición`.)

Lysander Spooner (1808-1887)
Jurista, filósofo político
y abolicionista estadounidense.
Esta misma mentira, esta misma artimaña que destripó Spooner en el contexto de la Guerra de Secesión Americana es a la que nos enfrentamos hoy en España, encarnada por los llamados constitucionalistas. La Constitución del 78 está cerrada y (como mucho) cabe alguna que otra “reformilla menor”. Entonces se decidió lo que parecía mejor para todos. Y lo que parecía mejor entonces debe seguir pareciendo, y siéndolo, para siempre ¿¿?? Esto es una impostura y un chantaje intolerable. Yo no voté ninguna constitución. Yo no estoy obligado a acatarla. Pero aunque la hubiera votado, tampoco puede obligarme nadie a mantener mi acuerdo con ella hasta el día en que me muera. Lo que sirvió entonces bien puede no servir ahora. Y está por ver hasta qué punto “sirvió”, porque de esos polvos vienen los presentes lodos, y son unos lodos especialmente densos.

En el fondo este constitucionalismo opera mediante “razonamientos” análogos a los del nacionalismo español: Como la nación española lleva mucho tiempo funcionando como tal, y no le ha ido “mal del todo” (cosa siempre susceptible de cuestionar), es de esperar que lo haga por siempre.

Pues no, señores: Las soberanías colectivas equivalen a tiranía, a convertir nuestras voluntades en esclavas de las voluntades de los muertos (aunque también de nuestros coetáneos, cuando una de esas soberanías se declara frente a nuestros ojos y sin nuestro consentimiento).

Saben todos los que me leen que me opongo por igual a todo nacionalismo. Pero si una mayoría de los catalanes decide embarcarse en una aventura secesionista-nacionalista (en vez de en una secesionista a secas, como preferiría yo), por más que el componente nacionalista pueda hacer esa futura sociedad irrespirable, y que suponga una marcha atrás hacia periodos felizmente superados (cambiando el adoctrinamiento españolista por uno catalanista), aun con todo eso, los catalanes tienen derecho a equivocarse y, si hace falta, a estrellarse. ¿O no estamos de acuerdo en que nadie aprende si no prueba en sus carnes el fracaso, y que nadie escarmienta si no comete sus propios errores y se ve obligado a enmendarlos también por sí mismo? Aunque los españolistas y los constitucionalistas estuvieran en lo cierto y, ya no por el componente nacionalista, sino por el mero hecho de secesionarse, los catalanes estuvieran incurriendo en un fatal error, ¡pues ya se darán cuenta ellos, tarde o temprano, y buscarán el remedio, por la cuenta que les trae! ¿De verdad cree el gobierno de España que puede convencer a los nacionalistas catalanes con argumentos de esta clase? Es de una ingenuidad supina…

Aquí lo que está en juego, al menos para la opinión pública catalana, es el libre consentimiento en formar parte de un proyecto político. Y al no aceptar gran parte de su ciudadanía (por los motivos que sea) seguir formando parte del estado español, están en su pleno derecho. Que yo considere el nacionalismo un grave error no me faculta para cuestionar ese derecho. Seguiré, desde luego, advirtiendo de los males derivados de ideales como el nacionalista, y seguiré criticando el pan-catalanismo, que en vez de favorecer un progresivo secesionismo, lo que plantea es prácticamente la anexión de otros dos territorios, una vez secesionados del estado español. Pero a eso me limitaré, pues el derecho a la libre secesión no debe confundirse ni mezclarse con el contenido que LIBREMENTE le den los distintos pueblos a sus estados recién fundados.
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Los padres de la Constitución española de 1978, sobre los que 
se ha erigido un mito político ya rentabilizado y agotado.

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(Nota aclaratoria: Lo único que me he propuesto tratar aquí es el derecho abstracto a la secesión; por tanto no me he referido a la forma concreta en que ese derecho se está pretendiendo ejercer actualmente por parte de los separatistas catalanes, pues ese asunto merecería un escrito aparte. No obstante, para evitar malos entendidos, aclararé que, si bien los catalanes tienen todo el derecho a decidir cuál es el proyecto político del que desean participar, es bastante más cuestionable su derecho a dilapidar los fondos públicos para sostener y vender al mundo tal proyecto –ni que decir ya para extenderlo a otras comunidades a modo de inversión para preparar la anexión-; como también es cuestionable animar a todo el estado a incumplir caprichosamente las leyes y “hacer las cosas por las bravas”. Es obvio, asimismo, que cuando hablo de mayoría en un caso como éste no puede bastar con una simple sino que conviene exigir una, al menos, de dos tercios.)


jueves, 25 de febrero de 2016

"EUROPA BIPOLAR".

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ENDOFOBIA, XENOFILIA Y MASOQUISMO.

¡Somos los únicos malvados en un mar de inocentes!

Si un país árabe o una pequeña comunidad musulmana cometen una falta.. ¡Abstengámonos de generalizar!

Si la misma la comete un país europeo o pequeña comunidad cristiana… ¡Toda Europa y toda la Cristiandad es culpable!
……………
La crisis de los refugiados.. la imagen de un niño muerto en la playa.. 

¡Culpable: Europa!

Turquía y Arabia Saudí expulsan refugiados.. Europa acoge a todos los que puede (o más de los que puede). Se producen sucesos desagradables y se procuran tapar y hasta culpar a las víctimas de los mismos con tal de no ofender a los musulmanes.

DA IGUAL: EUROPA SIGUE SIENDO CULPABLE.
………………….
Sí, puedo entender que en otra época nos creímos el ombligo del mundo y nos lo disculpamos todo, y que esa no era la actitud más edificante. Pero lo es aún menos ésta, en la que seguimos creyéndonos el ombligo, sólo que DEL MAL, y a quienes disculpamos TODO es a los demás. 

¿Qué se puede esperar de una cultura que no se perdona nada a sí misma y que lo perdona todo a otras? ¿Qué futuro le espera a quien, creyéndose fuerte y sintiendo esta fuerza como culpa, toma por virtud tornarla en debilidad y concede el derecho a la fortaleza a todos menos a él?

CELEBREMOS LA GRAN REDENCIÓN DE EUROPA.. 
Comencemos por el suicidio moral, y él solo nos conducirá a la DEFINITIVA expiación de todas nuestras faltas.
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El europeo parece hallar hoy su razón de ser 
en la autoflagelación sin límites.

ES MÁS FÁCIL DESTRUIR QUE PRESERVAR.

Si el chovinismo o el complejo de superioridad son funestos, el auto-odio y el complejo de inferioridad lo son todavía más.

Hoy abundan más en el seno de Europa quienes vilipendian todo lo concerniente a su cultura e historia que quienes reconocen sus méritos; ni que decir de los realmente chovinistas o con complejo de superioridad, que ciertamente son ya una excepción.

Esta forma de pensar tan imbuída del sentimiento de culpa judeocristiano está haciendo verdaderos estragos, por cuanto nos lanza a ver con buenos ojos casi todo lo que procede de otras latitudes y a avergonzarnos de casi todo lo que halla origen en las nuestras. 

Y no está mal por principio, antes al contrario, admirar las buenas cosas que nos llegan de otros lares; siempre que no perdamos el discernimiento para separar las realmente buenas de las que lo son menos. Y esto es lo que me temo que está ocurriendo. Pues con el ánimo de huir de nuestro antiguo ombliguismo, de creernos el centro del mundo y el foco irradiador de toda grandeza, hemos acabado recalando en una postura tan diametralmente opuesta que no puede menos que considerarse SUICIDA.

Nos enfocamos ya únicamente en las perversidades y errores garrafales de nuestra civilización hasta llegar a olvidarnos de todas sus grandezas y aciertos. Sí, Europa fue belicosa, conquistadora, explotadora (como lo fueron en muchas épocas casi todas las civilizaciones); pero también es la cuna de las libertades, de la Revolución Industrial, de la Ilustración y de la tolerancia religiosa. Si opacamos de tal modo esta dimensión de nuestro continente que llegamos a darla por supuesta, como si no fuese el producto de grandes desvelos y luchas a través de los siglos, y como si el resto de continentes tuvieran estas ideas tan interiorizadas y asumidas como nosotros, corremos el serio riesgo de echar a perder sus frutos más tarde o más temprano.

No. No tenemos que ser férreamente etnocéntricos como exigían las urgencias de otros tiempos, ni mucho menos debemos enfrentar al resto de las naciones desde una atalaya moral, puesto que de ese modo caemos en errores fatales como el de la llamada “expansión de la democracia” practicada por los EEUU y sus aliados. Pero sí tenemos que ser conscientes de cuál es el origen de las libertades que por suerte aún disfrutamos (y en las cuales se puede todavía profundizar más) y de que, sin pretender ya ser guía del resto de naciones, no podemos abandonar hasta la guía de las nuestras y dejar que ese lugar lo ocupe cualquier otro, porque en tal caso podemos estar bastante seguros de que los valores que se desarrollarán serán muy otros, y que las libertades y bienestar que tantísima sangre, sudor y lágrimas costó extender podrían perderse paulatinamente y sólo llegar a advertirlo cuando fuese demasiado tarde.

Recordemos siempre aquellas palabras tan reveladoras que dejó escritas Montesquieu: “Así como las naciones destructoras ocasionan males más duraderos que su imperio, las naciones industriosas producen bienes que no se acaban con ellas”. No dejemos que los grandes errores arrastren consigo a los grandes aciertos y queden sepultadas las manzanas podridas junto a las sanas, echando a perder toda la cosecha y abocándonos a una inanición cultural que pueda conducirnos finalmente a la ruina moral.
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Una de las expresiones más completas del legado europeo. 
Alejandro Magno siendo instruído por Aristóteles
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miércoles, 3 de febrero de 2016

"LA REBELIÓN CONTRA LA REALIDAD".

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En mi periplo por los mundos de la pseudociencia y la conspiranoia aprendí algo que sólo después, contraponiendo lo observado allí con lo observado en otros lares, me sirvió de gran ayuda en el descubrimiento de trampas gnoseológicas. Más concretamente: aprendí que la manera de razonar y defender las ideas pseudocientíficas, conspiranóicas -como las religiosas- responde a un patrón muy similar a la manera de razonar y defender las ideas izquierdistas, fascistas y, en parte, las conservadoras. Hay izquierdistas (quizá no tanto fascistas y conservadores) muy críticos con la pseudociencia y la religión. Pero únicamente son críticos con la pseudociencia "dura" y la religión trascendente, no con la pseudociencia "blanda" y la religión inmanente; esto es: no son críticos, sino incluso defensores, de las PSEUDOCIENCIAS (o religiones) POLÍTICAS, LAS PSEUDOCIENCIAS (o religiones) ECONÓMICAS, Y LAS PSEUDOCIENCIAS (o religiones) SOCIOLÓGICAS.

Hay algo que nos revela mucho: Si se le pregunta a varias personas acerca de “quién gobierna en el mundo”, los que se hacen eco de ideologías socialistas, fascistas y conservadoras religiosas responderán cualquier cosa menos “los gobiernos”. Pero a aquellos que opinan que los que gobiernan no pueden ser otros que LOS GOBIERNOS es a quienes se exige la carga de la prueba. ¿Ven ustedes por qué digo que ciertas ideologías políticas adoptan actitudes pseudocientíficas?

Lo mismo respecto al principio de falsabilidad: Tanto da decir que quienes gobiernan son las corporaciones o grandes empresas como la burguesía, los ricos, los judíos, la masonería o los reptilianos. ¿Alguien puede demostrar que no es así?

Las cosmovisiones pseudocientíficas (yo he llegado a conocerlas bien) comparten todas una característica esencial: el convencimiento religioso acerca de su verdad y la capacidad para usar todo argumento en contra como uno a favor; dicho de otro modo, un razonamiento que se auto-justifica por cualquier medio a su alcance.

Entonces yo me pregunto: ¿es que hay alguna diferencia entre dar por hecho, sin prueba alguna, que todo argumento en contra del relato judeofóbico procede de un “siervo de los judíos” y dar por hecho, también sin prueba alguna, que todo argumento en contra del socialismo procede de un “siervo de los burgueses”?; ¿entre rechazar toda explicación alternativa a la de los alienígenas ancestrales y rechazar toda teoría alternativa a la de la explotación?; ¿entre afirmar “con autoridad” que somos víctimas de una conjura ateo-masónica y proclamar con parejo convencimiento que estamos en manos de plutócratas internacionales?

Les concedo que existe una diferencia de grado. Pero no desde luego cualitativa; no desde luego en su armazón o su “lógica”.
(Confesión: Yo también quise soñar una vez
..... Me desperté.)
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El izquierdismo no es sino una conspiranoia blanda: No se cree en iluminatis ni reptilianos que nos controlan, pero sí se cree en el gobierno en las sombras de "burgueses", de banqueros, de empresarios, o de "los ricos". No se cree que la medicina y la ciencia son instrumentos creados por seres malvados que usan para envenenarnos o dominar nuestras mentes, pero sí se cree que el capitalismo fue una alianza de intereses con el único propósito de explotar a las clases bajas. No se cree en la energía libre y gratuita pero sí se cree en un dinero y una riqueza que mana de los árboles sin necesidad de crear empresas ni administrar recursos, sin innovar en tecnología ni ampliar y diversificar mercados (no se ve en la riqueza más que “una tarta a repartir”; no se es capaz de superar la idea de que ésta es constante por más que los datos muestren que nunca lo fue; se pretende imprimir dinero expresa y declaradamente dirigido a inversiones.. ¡cómo no se le ocurrió a nadie antes!)

No se afirma ser víctima de un gigantesco show de Truman pero se aceptan como “evidentes” las mil conjuras contra las clases bajas, las mujeres o los países tercermundistas a manos de banqueros, industriales, y “los mercados”: Todo rumor, toda invención y todo meme que encuentre encaje en la mitología en torno al “capitalismo salvaje” se toma por indiscutible sin un solo indicio que lo apoye. Pero la carga de la prueba recae sobre quien lo niegue.
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En el alma de todo capitalista secretamente habita un 
avatar del Führer que no se sabe cuando puede despertar
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La tergiversación, el chivo expiatorio y la idea del 
mal 
absoluto son indistinguibles en la propaganda 
de unos y otros: fascistas y socialistas.
Si afirma con gran convicción que el libremercado se impuso por la fuerza; pero aún nadie ha sabido explicar cómo pudo obligarse POR LA FUERZA a tanta gente a comerciar LIBREMENTE y a ENRIQUECERSE (si aún dudan de que la mayoría se enriqueció, miren los datos). Discúlpenme, siempre se me olvida que todo lo que contradiga el credo de ustedes es tomado por obra del demonio. Sí, ríanse de la comparación. Pero créanme que no son menos sonoras mis carcajadas cuando imagino a cientos de economistas y filósofos desperdigados por decenas de universidades y tomando parte en el mayor complot de la historia: la difusión del liberalismo económico por todo el orbe.. Viajes trans-oceánicos, grandes conferencias y simposios.. Páginas y páginas, horas y horas hilvanando palabras con el único propósito de hacer más ricos a sus señores, que para eso les pagan. Y digo yo, ¿no hubiera sido menos complicado poner mil máquinas de escribir en una nave y, de paso, no tener por ahí desperdigados a esos intelectuales a sueldo, expuestos a ser pillados en un desliz y, en el peor de los casos, echar a perder toda la operación? Cuesta creer que prohombres dedicados a la industria pesada y a las altas finanzas sean tan descuidados en lo que se refiere a la industria de ideas.

*
También se da por sentado que todo estudio sobre sexo, violencia o poder que contradiga el determinismo cultural no puede sino obedecer a “oscuros intereses”. Incluso la ONU y otros organismos dedicados a extender la bondad, la paz y la justicia por el mundo afirman que “la violencia es una conducta que la cultura enseña”. 

Pero aunque fuera verdad que la violencia, los celos, la propiedad, el egoísmo, el racismo,… son conductas que “la cultura enseña”, a fin de cuentas, ¿quién inventa y propaga la cultura? … ¿Y dónde aprendió el ser humano estos vicios?

Si no hay nada innato.. ¿Cuál diantres es la base de la cultura?

Digo yo que no puede ser la imaginación, dado que hablamos de un ser angelical por naturaleza al que la sociedad convierte en demonio.. 
¡Pero quién diantres es la sociedad, más que el conjunto de esos “seres angelicales”!

Inacabables son las paradojas a que nos aboca el mito de la tabla rasa y del buen salvaje

«El sexo es bueno porque es natural, y lo natural es bueno. Pero la violación es mala; por lo tanto, la violación no tiene nada que ver con el sexo.»

Podrá sonar ridículo, y hasta resulta difícil de creer que sectores de la intelectualidad progresista hayan llegado a mantener semejante desconexión con la realidad y a sostener posiciones tan contrarias a la lógica y al sentido común; pero en verdad no es otro el razonamiento que subyace a muchas de las afirmaciones de “intelectuales” y “científicos” de nuestra época. Steven Pinker, en su monumental obra ´La Tabla Rasa`, hace un recorrido por todas las implicaciones que se derivan o podrían derivarse de aquellos mitos tan omnipresentes, especialmente en las últimas décadas. En el siguiente fragmento sintetiza perfectamente el dilema acerca del sexo y la violencia:

«Si reconocemos que la sexualidad puede ser una fuente de conflicto y no sólo un saludable placer mutuo, habremos redescubierto una verdad que los observadores de la condición humana han constatado a lo largo de la historia. Y si el hombre viola por el sexo, no significa ello que simplemente "no pueda evitarlo", ni que tengamos que excusarle, como no tenemos que excusar al hombre que dispara contra el tendero para robar la caja.»

¿Recuerdan aquello de “haz el amor y no la guerra”? Yo pensé que estaba trasnochado hace tiempo, pero muy recientemente me topé con un vídeo “en clave pacifista” realizado por un famoso actor porno y que rescataba una vez más esa ridícula idea. 
El famoso Rapto de las Sabinas es sólo un ejemplo, sea de carácter histórico
o mítico, de las muchas guerras desencadenadas en el pasado por el tan
«
inofensivo», amén de natural, impulso de buscar parejas sexuales.
Ciertamente, pensar en el sexo como algo “inofensivo” o como “lo opuesto a la guerra” contradice toda la historia y la antropología; tanto la actual como la que existía ya entre los antiguos (como bien señala Pinker). La pulsión sexual tiene conexiones con la pulsión violenta y con el poder (incluso observables en nuestro cerebro), así como las tiene con la pulsión creativa. Nuestro organismo no segrega los impulsos y las programas evolutivos como lo hace nuestro lenguaje o nuestras ciencias sociales. El sistema límbico, así como otras partes del cerebro, están dedicadas a diversas tareas y, por tanto, algunos procesos conductuales comparten necesariamente los mismos patrones o mensajes químicos.

Pero si tan sólo fuera el problema la vinculación entre sexo y violencia..
¡No, es que la mera existencia de la violencia en nuestra naturaleza –y no en nuestra cultura- es también un tabú para muchos sectores académicos!

«Muchos intelectuales han apartado la vista de la lógica evolutiva de la violencia, temerosos de que reconocerla equivalga a aceptarla o, incluso, aprobarla. En su lugar, han seguido la cómoda ficción del Buen Salvaje, donde la violencia es un producto arbitrario del aprendizaje o un agente patógeno que nos invade desde el exterior. Pero negar la lógica de la violencia propicia que se olvide lo fácilmente que ésta puede estallar, e ignorar las partes de la mente que activan la violencia propicia que se olviden las partes que la pueden sofocar.»
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Se elige en qué se prefiere creer y se rechaza aquello que “suena feo a nuestros oídos”. Optamos por las fantasías reconfortantes y nos acurrucamos como niños bajo la manta para no ver ni oír las realidades que nos perturban.

¡Hemos recorrido milenios para convertirnos en pusilánimes criaturas 
huyendo despavoridas de sí mismas en un ambiente de histeria general! 

¿En qué momento dio término la evolución y comenzó la involución? 

¿De verdad fue tan patético el ocaso de anteriores civilizaciones? 
…....
Tanto tiempo abjurando de la fe y la superstición, aferrándonos al método científico, posponiendo el más allá y centrándonos en el acá.. para vernos fabricar otras tantas religiones y supersticiones acerca del mundo empírico, copias de carbón de las 
dedicadas al mundo de los espíritus.

¿De qué sirve tanto apego a la materia, tanta ciencia y tanta tecnología… si la usamos como mero disfraz de nuestro irracionalismo y de nuestro escapismo?

¿De qué sirve tanto estudio de la naturaleza cuando sólo está en nuestra mente negarla?

¿De qué sirve estar tan pendientes de los números y de la estadística? ¿Para qué tan estrecha vigilancia de la realidad cuando sólo buscamos renegar de ella?

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Todas las citas están extraídas de la obra de Steven Pinker
´La Tabla Rasa: La negación moderna de la naturaleza humana`.

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